Proposición Acerca
de la Línea General del Movimiento Comunista Internacional
Respuesta del Comité Central
del Partido Comunista de China a la Carta del Comité Central
del Partido Comunista de la Unión Soviética del
30 de Marzo de 1963
(14 de junio de 1963)
Al Comité Central del Partido
Comunista de la Unión Soviética
Queridos camaradas:
El Comité Central del Partido Comunista de China ha estudiado
la carta del Comité Central del Partido Comunista de la
Unión Soviética de fecha 30 de marzo de 1963.
Todos los que se preocupan por la unidad
del campo socialista y del movimiento comunista internacional
prestan gran atención a las conversaciones que se celebrarán
entre el P.C.Ch y el P.C.U.S. y esperan que nuestras conversaciones
contribuirán a allanar las divergencias y a fortalecer
la unidad y crearán condiciones favorables para la convocatoria
de una conferencia de representantes de todos los Partidos Comunistas
y Obreros.
Salvaguardar y fortalecer la unidad
del movimiento comunista internacional es el deber sagrado y común
de todos los Partidos Comunistas y Obreros. El P.C.Ch. y el P.C.U.S.
tienen una responsabilidad aún mayor por la unidad de todo
el campo socialista y de todo el movimiento comunista internacional
y les corresponde naturalmente hacer mayores esfuerzos.
En el momento presente, existe toda
una serie de importantes divergencias de principio en el movimiento
comunista internacional. Sin embargo, por muy serias que sean
estas divergencias, debemos buscar, con suma paciencia, el camino
de su allanamiento, a fin de unir nuestras fuerzas y fortalecer
la lucha contra nuestro enemigo común.
Es con este sincero deseo que el C.C.
del P.C.Ch. enfoca las próximas conversaciones entre en
P.C.Ch. y el P.C.U.S.
En su carta del 30 del marzo, el C.C.
del P.C.U.S. expuso sistemáticamente sus puntos de vista
acerca de los problemas que deben discutirse en las conversaciones
entre el P.C.Ch. y el P.C.U.S. y planteó, en particular,
el problema de la línea general del movimiento comunista
internacional. En la presente, nos gustaría expresar también,
como proposición, nuestros puntos de vista sobre la línea
general del movimiento comunista internacional y sobre algunos
problemas de principio relacionados con ella.
Esperamos que esta exposición
de nuestros puntos de vista será útil para la comprensión
mutua entre nuestros dos Partidos y facilitará una discusión
detallada, punto por punto, en las conversaciones entre ambos
Partidos.
Esperamos, además, que esta exposición
contribuirá a que los partidos hermanos comprendan nuestros
puntos de vista y a que se efectúe un pleno intercambió
de opiniones en la conferencia internacional de los partidos hermanos.
(1) La línea general del movimiento
comunista internacional debe basarse en la teoría revolucionaria
marxista-leninista sobre la misión histórica del
proletariado, y no debe apartarse de ella.
Las Conferencias de Moscú de
1957 y 1960 adoptaron las dos Declaraciones después de
un pleno intercambio de opiniones y con arreglo al principio de
alcanzar 1a unanimidad mediante consultas. Estos dos documentos
señalan los rasgos distintivos de nuestra época
y las leyes generales de la revolución y la edificación
socialistas, y definen la línea común de todos los
Partidos Comunistas y Obreros. Constituyen el programa común
del movimiento comunista internacional.
Durante los últimos años,
en el movimiento comunista internacional ha habido, efectivamente,
diferencias en la comprensión de las Declaraciones de 1957
y 1960, así como en la actitud hacia ellas. Aquí,
el problema central consiste en reconocer o no los, principios
revolucionarios de las dos Declaraciones. El último término,
es un problema de reconocer o no la verdad universal del marxismo-leninismo,
reconocer o no la significación universal del camino de
la Revolución de Octubre, reconocer o no la necesidad de
que hagan la revolución los pueblos que viven aun bajo
el sistema imperialista y capitalista y que constituyen dos tercios
de la población mundial, y reconocer o no la necesidad
de que los pueblos que ya han emprendido el camino socialista
y que constituyen un tercio de la población mundial lleven
su revolución hasta el fin.
La defensa resuelta de los principios
revolucionarios de las Declaraciones de 1957 y 1960 ha llegado
a ser ahora una tarea importante y urgente del movimiento comunista
internacional.
Sólo siguiendo firmemente la doctrina revolucionaria del
marxismo-leninismo y el camino común de la Revolución
de Octubre, se puede tener una comprensión correcta de
los principios revolucionarios de las dos Declaraciones y una
actitud acertada hacia ellos.
(2) ¿Cuáles son los principios
revolucionarios de las dos Declaraciones? En líneas generales,
son los siguientes:
Unión de los proletarios de todos los países; unión
de los proletarios y pueblos y naciones oprimidos del mundo; lucha
contra el imperialismo y los reaccionarios de los diversos países;
lucha por la paz mundial, la liberación nacional, la democracia
popular y el socialismo; consolidación y crecimiento del
campo socialista: consecución paulatina de la victoria
completa de la revolución mundial proletaria, y establecimiento
de un mundo nuevo, sin imperialismo, sin capitalismo y sin explotación.
En nuestra opinión, ésta
es la línea general del movimiento comunista internacional
en la etapa contemporánea.
(3) Esta línea general parte
de la situación real del mundo en su conjunto y de un análisis
de clase de las contradicciones fundamentales en el mundo contemporáneo,
y está dirigida contra la estrategia global contrarrevolucionaria
del imperialismo norteamericano.
Esta línea general es una línea
de formar, con el campo socialista y el proletariado internacional
como núcleo, un amplio frente único contra el imperialismo
y las fuerzas reaccionarias con los EE. UU. a la cabeza, es una
línea de movilizar audazmente a las masas, desarropar las
fuerzas revolucionarías, ganarse las fuerzas intermedias
y aislar las fuerzas reaccionarias.
Esta línea general es una línea
que está por la resuelta lucha revolucionaria de los pueblos,
una línea de llevar hasta el fin la revolución mundial
proletaria; es también una línea de luchar de la
manera más eficaz contra el imperialismo y en defensa de
la paz mundial.
Definir con criterio unilateral la línea
general del movimiento comunista internacional como "coexistencia
pacífica", "emulación pacífica"
y "transición pacífica" significa infringir
los principios revolucionarios de las Declaraciones de 1957 y
1960, arrojar por la borda la misión histórica de
la revolución mundial proletaria y apartarse de la doctrina
revolucionaria del marxismo-leninismo.
La línea general del movimiento
comunista internacional debe reflejar las leyes generales que
rigen el desarrollo de la historia mundial. La lucha revolucionaria
del proletariado y del pueblo de cada país atraviesa diferentes
etapas y tiene sus rasgos peculiares, pero nunca se sale del marco
de las leyes generales por las que se rige el desarrollo de la
historia mundial. Esta línea general debe señalar
la dirección fundamental para la lucha revolucionaria del
proletariado y de los pueblos de todos los países.
Es sumamente importante que, al elaborar
su línea y su política concretas, todos los Partidos
Comunistas y Obreros se atengan firmemente al principio de conjugar
la verdad universal del marxismo-leninismo con la práctica
concreta de la revolución y la edificación de sus
respectivos países.
(4) El punto de partida para definir
la línea general del movimiento comunista internacional,
es un análisis de clase concreto de la política
y la economía mundiales en su conjunto y de las condiciones
concretas del mundo, esto es, de las contradicciones fundamentales
en el mundo contemporáneo.
Quien haga conjeturas subjetivas eludiendo
el análisis de clase concreto o aferrándose al azar
a ciertos fenómenos superficiales, no podrá de ninguna
manera llegar a conclusiones correctas con respecto a la línea
general del movimiento comunista internacional y se deslizará
inevitablemente por una senda totalmente distinta de la del marxismo-leninismo.
¿Cuáles son las contradicciones
fundamentales en el mundo contemporáneo? Los marxistas-leninistas
sostienen invariablemente que ellas son:
la contradicción entre el campo socialista y el campo imperialista;
la contradicción entre el proletariado y la burguesía
en los países capitalistas;
la contradicción entre las naciones oprimidas y el imperialismo;
la contradicción entre los países imperialistas
y entre los grupos monopolistas.
La contradicción entre el campo
socialista y el campo imperialista es una contradicción
entre dos sistemas sociales fundamentalmente distintos, el socialismo
y el capitalismo. Esta contradicción es, sin duda, muy
aguda. Sin embargo, los marxistas-leninistas no deben reducir
las contradicciones en el mundo pura y simplemente a la contradicción
entre el campo socialista y el campo imperialista.
La correlación de fuerzas en
el mundo ha cambiado y se ha tornado cada vez más favorable
al socialismo y a los pueblos y naciones oprimidos del mundo,
y cada vez más desfavorable al imperialismo y a los reaccionarios
de todos los países. No obstante, siguen existiendo objetivamente
las contradicciones arriba enumeradas.
Dichas contradicciones, así como
las luchas que engendran, están vinculadas entre sí
e influyen unas en otras. Nadie puede borrar ninguna de estas
contradicciones fundamentales ni sustituir de modo subjetivo por
una de ellas todas las demás.
Dichas contradicciones darán,
inevitablemente, origen a revoluciones de los pueblos, y son éstas
las únicas que pueden resolverlas.
(5) En el problema de las contradicciones
fundamentales del mundo contemporáneo, deben ser sometidos
a critica los puntos de vista erróneos que consisten:
a) en borrar el contenido de clase de la contradicción
entre el campo socialista y el campo imperialista y no ver en
ella una contradicción entre los Estados de dictadura del
proletariado y los Estados de dictadura de la burguesía
monopolista;
b) en reconocer tan sólo la contradicción entre
el campo socialista y el campo imperialista desatendiendo o subestimando
las contradicciones entre el proletariado y la burguesía
en el mundo capitalista, entre las naciones oprimidas y el imperialismo,
entre los países imperialistas entre los grupos monopolistas,
así como las lucha que dichas contradicciones engendran;
c) en sostener que la contradicción entre el proletariado
y la burguesía en el mundo capitalista puede resolverse
sin una revolución proletaria dentro de cada país,
y que la contradicción entre las naciones oprimidas y el
imperialismo puede resolverse sin una revolución de las
naciones oprimidas;
d) en negar que el desarrollo de las contradicciones inherentes
al mundo capitalista contemporáneo lleva inevitablemente
a una nueva situación en la intensa lucha entre los países
imperialistas, y creer que la contradicción entre los países
imperialistas puede ser reconciliada o eliminada mediante “la
conclusión de acuerdos entre los grandes monopolios”
e) en sostener que la contradicción entre los dos sistemas
mundiales, el socialismo y el capitalismo, desaparecerá
automáticamente en el curso de una "emulación
económica", que las demás contradicciones fundamentales
en el mundo desaparecerán automáticamente a medida
que desaparezca la contradicción entre los dos sistemas,
y que surgirá un "mundo sin guerras", un nuevo
mundo de "cooperación general”.
Es obvio que estos puntos de vista erróneos
conducen inevitablemente a una política errónea
y dañina, y, por consiguiente, acarrean de una manera u
otra reveses y pérdidas a la causa de los pueblos y del
socialismo.
(6) Después de la Segunda Guerra
Mundial, se ha operado un cambio fundamental en la correlación
de fuerzas entre el imperialismo y el socialismo. El rasgo característico
principal de este cambio radica en que ya existe en el mundo,
en vez de uno solo, una serie de países socialistas, que
forman un poderoso campo socialista, y que los pueblos que han
emprendido el camino del socialismo ya tienen, en vez de cerca
de doscientos millones, mil millones de habitantes, o sea ,una
tercera parte de la población mundial.
El campo socialista es producto de la
lucha del proletariado internacional y de los demás trabajadores.
Pertenece no sólo a los pueblos de los países socialistas,
sino también al proletariado internacional y a todos los
trabajadores.
Las demandas comunes de los pueblos
del campo socialista, del proletariado internacional y de los
demás trabajadores consisten principalmente en que los
Partidos Comunistas y Obreros de los países del campo socialista
deben:
Atenerse firmemente a la línea marxista-leninista y aplicar
una acertada política interior y exterior marxista-leninista:
.
Consolidar la dictadura del proletariado y la alianza obrero-campesina
dirigida por el proletariado, y llevar hasta el fin la revolución
socialista en Ios frentes económico, político e
ideológico;
Desplegar la actividad y la iniciativa creadora de las grandes
masas populares llevar a cabo de modo planificado la edificación
socialista, desarrollar la producción, mejorar las condiciones
de vida del pueblo y consolidar la defensa nacional;
Fortalecer la unidad del campo socialista basada en el marxismo-leninismo
y llevar a la práctica el apoyo recíproco entre
los países socialistas sobre la base del internacionalismo
proletario;
Luchar contra la política de agresión y de guerra
del imperialismo y en defensa de la paz mundial;
Luchar contra la política anticomunista, antipopular y
contrarrevolucionaria de los reaccionarios de todos los países,
y Ayudar a las clases y naciones oprimidas del mundo en su lucha
revolucionaria.
Realizar estas demandas es el deber
de los Partidos Comunistas y Obreros del campo socialista hacia
sus propios pueblos y hacia el proletariado internacional y los
demás trabajadores.
Realizando estas demandas, el campo
socialista puede ejercer una influencia decisiva sobre la marcha
de la historia humana.
Precisamente por esta razón,
los imperialistas y los reaccionarios tratan invariablemente,
y de mil maneras, de influir en la política interior y
exterior de los países del campo socialista, de socavar
este campo y de quebrantar la unidad de los países socialistas,
sobre todo la unidad entre China y la Unión Soviética.
Tratan invariablemente de penetrar en los países socialistas
y subvertirlos, e incluso abrigan la vana esperanza de destruir
el campo socialista.
La cuestión de cuál es
la actitud correcta hacia el campo socialista constituye un importantísimo
problema de principio que se plantea ante todos los Partidos Comunistas
y Obreros.
La unión y la lucha común
de los Partidos Comunistas y Obreros sobre la base del internacionalismo
proletario, se realizan ahora en nuevas condiciones históricas.
Cuando existía en el mundo un solo país socialista,
y cuando este país, por aplicar firmemente una línea
y una política correctas, marxistas-leninistas, era objeto
de la hostilidad y la amenaza de todos los imperialistas y reaccionarios,
defender resueltamente o no ese único país socialista
era la piedra de toque del internacionalismo proletario para todo
Partido Comunista. Ahora, existe en el mundo un campo socialista,
compuesto de trece países “Albania, República
Democrática Alemana, Bulgaria, República Popular
Democrática de Corea, Cuba, Checoslovaquia, China, Hungría,
Mongolia, Polonia, Rumania, Unión Soviética y República
Democrática del Vietnam. En estas circunstancias, la piedra
de toque del internacionalismo proletario para todo Partido Comunista
es defender resueltamente o no el campo socialista en su conjunto,
defender o no la unidad de todos los países de este campo
sobre la base del marxismo-leninismo y defender o no la línea
y la política marxistas-leninistas que deben seguir los
países socialistas.
Si alguien, en vez de seguir una línea
y una política acertadas, marxistas-leninistas, y defender
la unidad del campo socialista, crea tensiones y escisiones en
el seno de este campo, e incluso sigue la política de los
revisionistas yugoslavos, trata de liquidar el campo socialista
o ayuda a países capitalistas a atacar a países
socialistas hermanos, ese alguien traiciona a los intereses de
todo el proletariado internacional y de los pueblos del mundo
entero.
Si alguien, siguiendo los pasos de otros,
defiende la línea y política erróneas y oportunistas
aplicadas por algún país socialista, en lugar de
salvaguardar la línea y política correctas, marxista-leninistas
que deben seguir los países socialistas, y defiende la
política de escisión en lugar de salvaguardar la
política de unidad, ese alguien se aparta del marxismo-leninismo
y del internacionalismo proletario.
(7) Los imperialistas norteamericanos,
aprovechando las condiciones surgidas después de la Según
da Guerra Mundial, han ocupado el lugar de los fascistas alemanes,
italianos y japoneses, y han venido tratando de fundar un gran
imperio mundial sin precedentes en la historia. El objetivo estratégico
del imperialismo norteamericano consiste siempre en agredir y
controlar la zona intermedia que se extiende entre los Estados
Unidos y el campo socialista, sofocar las revoluciones de los
pueblos y naciones oprimidos y, luego, destruir a los países
socialistas, y someter así a los pueblos y países
del mundo entero, incluidos los países aliados de los Estados
Unidos, a la esclavitud y control del capital monopolista norteamericano.
A partir del fin de la Segunda Guerra
Mundial, los imperialistas norteamericanos han venido haciendo
propaganda acerca de una guerra contra la Unión Soviética
y el campo socialista. Hay dos aspectos en esta propaganda: por
un lado, el imperialismo norteamericano está preparando
efectivamente semejante guerra; por el otro, utiliza esta propaganda
como cortina de humo para encubrir la opresión a que someten
al pueblo norteamericano y la extensión de su agresión
contra el mundo capitalista.
La Declaración de 1960 señala:
"El imperialismo estadounidense se ha convertido en el mayor
explotador internacional.
"El baluarte principal del colonialismo contemporáneo
son los Estados Unidos".
"La principal fuerza de la agresión y de la guerra
es el imperialismo norteamericano".
"El curso de los acontecimientos internacionales en los últimos
años ha suministrado muchas nuevas pruebas de que el imperialismo
norteamericano es el principal bastión de la reacción
mundial y un gendarme internacional, enemigo de los pueblos del
mundo entero".
El imperialismo norteamericano lleva
adelante en todo el mundo su política de agresión
y de guerra, pero esto sólo puede conducir a un resultado
contrario a lo que desea, es decir, sólo puede acelerar
el despertar de los pueblos de los distintos países e impulsar
su revolución.
De este modo, el imperialismo norteamericano
se ha colocado a si mismo en una posición opuesta a los
pueblos del mundo entero y ha quedado cercado por estos últimos.
El proletariado internacional debe y puede unir todas las fuerzas
susceptibles de ser unidas, aprovechar las contradicciones internas
del enemigo y establecer el más amplio frente único
contra los imperialistas norteamericanos y sus lacayos.
El camino realista y correcto es confiar
el destino de los pueblos, el destino de la humanidad, a la unión
y a la lucha del proletariado mundial y a la unión y a
la lucha de todos los pueblos.
En cambio, significa desorientar a la
gente el no distinguir entre los enemigos, los amigos y los propios,
y el confiar el destino de los pueblos, el destino de la humanidad,
a la colaboración con el imperialismo norteamericano. La
bancarrota de esta ilusión ha quedado evidenciada por los
acontecimientos de los últimos años.
(8) Las vastas zonas de Asia, África
y América Latina, son las zonas donde convergen contradicciones
en el mundo contemporáneo; son las más vulnerables
de las zonas que están bajo la dominación imperialista,
y constituyen los centros de la tempestad de la revolución
mundial, que en la actualidad asesta golpes directos al imperialismo.
El movimiento revolucionario democrático
nacional en estas zonas y el movimiento revolucionario socialista
internacional son las dos grandes corrientes históricas
de nuestra época.
La revolución democrática
nacional en estas zonas es una importante parte integrante de
la revolución mundial proletaria de nuestros días.
La lucha revolucionaria antiimperialista
de los pueblos de Asia, África y América Latina
golpea y debilita seriamente los cimientos mismos de la dominación
del imperialismo y del colonialismo viejo y nuevo, y es en la
actualidad una fuerza poderosa en defensa de la paz mundial.
Por lo tanto, en cierto sentido, la
causa revolucionaria del proletariado internacional en su conjunto
depende del desenlace de la lucha revolucionaria de los pueblos
de esas zonas, que constituyen la abrumadora mayoría de
la población del mundo.
Por lo tanto, la lucha revolucionaria
antiimperialista de los pueblos de Asia, África y América
Latina no es en absoluto un asunto de mera significación
regional, sino de importancia general para la causa de la revolución
mundial del proletariado internacional en su conjunto.
Ahora hay quienes niegan la gran significación
internacional de la lucha revolucionaria antiimperialista de los
pueblos de Asia, África y América Latina y, so pretexto
de eliminar las barreras que dividen a la gente según la
pertenencia nacional, el color de la piel o el principio geográfico,
tratan de borrar la línea divisoria entre las naciones
oprimidas y las opresoras y entre los países oprimidos
y los opresores y procuran refrenar la lucha revolucionaria de
los pueblos de dichas zonas. Intentan, en realidad, acomodarse
a las necesidades del imperialismo y crear una nueva "teoría"
para justificar la dominación del imperialismo en estas
zonas y la promoción de su política de colonialismo
viejo y nuevo. Semejante "teoría" no está
destinada en verdad a eliminar las barreras que dividen a la gente
según la pertenencia nacional, el color de la piel o el
principio geográfico, sino a preservar la dominación
de las llamadas "naciones superiores" sobre las naciones
oprimidas. Es del todo natural que semejante "teoría"
demagógica tropiece con el boicot de los pueblos de dichas
zonas.
La clase obrera de los países
socialistas y de todos los países capitalistas debe realmente
llevar a la práctica las consignas combativas de "¡Proletarios
de todos los países, unios!" y de "¡Proletarios
y naciones oprimidas de todo el mundo, unios!'”, estudiar
la experiencia revolucionaria de los pueblos de Asia, África
y América Latina y apoyar con resolución sus acciones
revolucionarias; debe considerar la causa de la liberación
de estos pueblos como el más seguro apoyo a su propia causa
y como algo que va directamente en su propio interés. Esta
es la única manera de quebrar efectivamente las barreras
que dividen a la gente según la pertenencia nacional, el
color de la piel o el principio geográfico, y así
es el verdadero internacionalismo proletario.
La clase obrera de los países
capitalistas de Europa y América no puede liberarse sin
la alianza con las naciones oprimidas y sin la liberación
de estas últimas. Lenin tenía razón cuando
decía: "En realidad, el movimiento revolucionario
en los países adelantados seria prácticamente un
engaño, sin la unión completa y más estrecha
de los obreros en la lucha contra el capital en Europa y América
con los cientos y cientos de millones de esclavos 'coloniales'
oprimidos por el capital” (1).
Ahora, en los destacamentos del movimiento
comunista internacional hay quienes adoptan una actitud pasiva,
desdeñosa y negativa hacia la lucha de las naciones oprimidas
por la liberación. Están de hecho protegiendo los
intereses de la burguesía monopolista, traicionando los
del proletariado y degenerando en socialdemócratas.
La actitud que se adopte hacia la lucha
revolucionaria de los pueblos asiáticos, africanos y latinoamericanos,
es un importante criterio para distinguir a los revolucionarios
de los no revolucionarios, a los que defienden realmente la paz
mundial de los que alientan a las fuerzas de la agresión
y de la guerra.
(9) Las naciones y pueblos oprimidos
de Asia, África y América Latina están enfrentados
a la tarea urgente de luchar contra el imperialismo y sus lacayos.
La historia ha encomendado a los partidos
proletarios de estas zonas la gloriosa misión de mantener
en alto la bandera de lucha contra el imperialismo, contra el
colonialismo viejo y nuevo, por la independencia nacional y por
la democracia popular, colocarse en las primeras filas del movimiento
revolucionario democrático nacional y luchar por el porvenir
socialista.
En estas zonas, los más amplios
sectores de la población rehúsan vivir bajo el yugo
del imperialismo. 'Estos sectores no solamente comprenden a los
obreros. campesinos, intelectuales y pequeño burgueses,
sino también a la burguesía nacional patriótica
y hasta a un número de reyes, príncipes y aristócratas
de sentimientos patrióticos.
El proletariado y su partido deben tener
confianza en la fuerza de las masas populares y, sobre todo, unirse
con los campesinos y establecer una sólida alianza obrero-campesina.
Es de importancia primordial que los elementos avanzados del proletariado
realicen actividades en las zonas rurales, ayuden a los campesinos
a organizarse y eleven su conciencia de clase, su sentimiento
de dignidad nacional y su confianza en las fuerzas propias.
EI proletariado y su partido deben,
sobre la base de la alianza obrero-campesina, unir a todas las
capas sociales que puedan ser unidas y organizar un amplio frente
único contra el imperialismo y sus lacayos. Para consolidar
y ampliar este frente único, es necesario que el partido
del proletariado conserve su independencia ideológica,
política y de organización y mantenga firmemente
su hegemonía en la revolución.
El partido proletario y el pueblo revolucionario
deben dominar todas las formas de lucha, incluida la lucha armada.
Deben emplear la fuerza armada revolucionaria para derrotar a
la fuerza armada contrarrevolucionaria cuando el imperialismo
y sus lacayos recurren a la represión armada.
Los países nacionalistas que
han conquistado recientemente la independencia política,
aún tienen ante sí las arduas tareas de consolidar,
liquidar las fuerzas del imperialismo y a los reaccionarios internos,
llevar a cabo la reforma agraria y otras reformas sociales y desarrollar
la economía y la cultura nacionales. Para estos países,
es de vital importancia práctica mantenerse alerta y luchar
contra la política neocolonialista que aplican los viejos
colonialistas para preservar sus intereses y, sobre todo, contra
el neocolonialismo de los Estados Unidos.
En algunos de estos países, la
burguesía nacional patriótica sigue junto a las
masas populares en la lucha contra el imperialismo y el colonialismo
y toma algunas medidas en bien del progreso social. Esto exige
que el partido del proletariado aprecie en su justo valor el papel
progresista de la burguesía nacional patriótica
y consolide la unidad con ella.
En algunos países recién
independizados, a medida que se agudizan las contradicciones sociales
internas y la lucha de clases en la palestra internacional, la
burguesía, y sobre todo la gran burguesía, tiende
cada vez más a entregarse al imperialismo y aplicar una
política antipopular, anticomunista y contrarrevolucionaria.
Esto exige que el partido del proletariado se oponga resueltamente
a semejante política reaccionaria.
Por lo general, la burguesía
de esos países tiene un carácter doble. El partido
del proletariado, cuando establece un frente único con
la burguesía, debe seguir una política tanto de
unidad como de lucha. Su política debe ser la de unirse
con la burguesía a medida que ésta se inclina a
ser progresista, antiimperialista y antifeudal, y de luchar al
mismo tiempo contra las tendencias reaccionarias de la burguesía
al compromiso y colusión con el imperialismo y las fuerzas
del feudalismo.
La concepción del mundo del partido
proletario en relación con el problema nacional es el internacionalismo,
y no el nacionalismo. En la lucha revolucionaria, el partido proletario
apoya al nacionalismo progresista y se opone al nacionalismo reaccionario.
Debe siempre deslindar los campos con el nacionalismo burgués,
y jamás debe dejarse cautivar por éste.
La Declaración de 1960 señala:
"Los comunistas denuncian los intentos que el ala reaccionaria
de la burguesía hace para presentar sus estrechos intereses
egoístas de clase como los intereses de toda la nación
y el uso demagógico que las consignas socialistas hacen,
con los mismos fines, los políticos burgueses".
Si en el transcurso de la revolución
el proletariado llega a marchar a la cola de los terratenientes
y de la burguesía, será imposible la victoria real
y completa de la revolución democrática nacional
e incluso si se obtiene cierto tipo de victoria, será imposible
consolidarla.
En el curso de la lucha revolucionaria
de las naciones y pueblos oprimidos, el partido del proletariado
sólo puede llevar hasta el fin la revolución democrática
nacional y conducirla al camino del socialismo, si plantea independientemente
su programa de lucha consecuente contra el imperialismo y los
reaccionarios internos y por la independencia nacional y la democracia
popular, trabaja independientemente entre las masas, desarrolla
constantemente las fuerzas progresistas, se gana las fuerzas intermedias
y aísla las fuerzas reaccionarias.
(10) En los países imperialistas
y capitalistas, para resolver definitivamente las contradicciones
de la sociedad capitalista, es indispensable realizar la revolución
proletaria y la dictadura del proletariado.
En el curso del cumplimiento de esta
tarea, el partido del proletariado debe, en las circunstancias
actuales, dirigir activamente a la clase obrera y a los demás
trabajadores en la lucha contra el capital monopolista, por la
defensa de los derechos democráticos. contra el peligro
del fascismo, por el mejoramiento de las condiciones de vida,
contra la expansión armamentista y los preparativos bélicos
del imperialismo, en defensa de la paz mundial, y en apoyo activo
de las luchas revolucionarias de las naciones oprimidas.
En los países capitalistas que
el imperialismo norteamericano controla o trata de controlar,
la clase obrera y las masas populares dirigen su golpe principal
contra el imperialismo norteamericano, así como contra
la burguesía monopolista y otras fuerzas reaccionarias
internas que traicionan los intereses nacionales.
Las grandes luchas de masas libradas
en los países capitalistas durante los últimos años
demuestran que la clase obrera y los demás trabajadores
de dichos países experimentan un nuevo despertar. Sus luchas,
que asestan golpes al capital monopolista y a la reacción,
no sólo abren perspectivas luminosas para la causa revolucionaria
en sus propios países, sino que constituyen un apoyo poderoso
para la lucha revolucionaria de los pueblos asiáticos,
africanos y latinoamericanos, así como para los países
del campo socialista.
Al dirigir la lucha revolucionaria en
los países imperialistas y capitalistas, los partidos proletarios
deben mantener su independencia ideológica, política
y orgánica. Al mismo tiempo, deben unir a todas las fuerzas
susceptibles de ser unidas y formar un amplio frente único
contra el capital monopolista y contra la política imperialista
de agresión y de guerra.
Los comunistas de los países
capitalistas, al dirigir activamente las luchas actuales, deben
vincularlas con la lucha por los intereses de largo alcance y
de la causa en su conjunto, educar a las masas en el espíritu
revolucionario del marxismo-Ieninismo, elevar sin cesar su conciencia
política y tomar sobre si la tarea histórica de
la revolución proletaria. Proceder de otra manera, considerar
que el movimiento actual es todo, determinar el comportamiento
de un caso para otro, adaptarse a los acontecimientos del día
y sacrificar los intereses fundamentales del proletariado, esto
es pura socialdemocracia.
La socialdemocracia es una corriente
ideológica burguesa. Lenin señaló hace mucho
que los partidos socialdemócratas son destacamentos políticos
de la burguesía, sus agentes en el movimiento obrero y
su principal pilar social. Los comunistas deben, en todo momento,
deslindar claramente los campos con los partidos socialdemócratas
en el problema fundamental de la revolución proletaria
y de la dictadura del proletariado, y eliminar la influencia ideológica
de la socialdemocracia en el movimiento obrero internacional y
entre las masas obreras de los diversos países. Sin duda
alguna, deben conquistar a las masas que se hallan bajo la influencia
de los partidos socialdemócratas, y ganarse a los elementos
izquierdistas e intermedios de dichos partidos que estén
dispuestos a luchar contra el capital monopolista doméstico
y el control del imperialismo extranjero y deben desplegar amplias
acciones conjuntas con ellos en las luchas cotidianas del movimiento
obrero y en la lucha por la defensa de la paz mundial.
A fin de dirigir al proletariado y a
las demás masas trabajadoras en la revolución. Los
partidos marxistas-leninistas deben dominar todas las formas de
lucha y saber sustituir rápidamente una forma por otra,
según cambien las condiciones de lucha. El destacamento
de vanguardia del proletariado sólo será invencible
en todas las circunstancias, si domina todas las formas de lucha,
pacifica y armada, abierta y secreta, legal e ilegal, parlamentaria
y de masas, etc. Es erróneo negarse a utilizar la forma
parlamentaría y otras formas legales de lucha cuando es
posible y necesario utilizarlas. Sin embargo, si un partido marxista-leninista
incurre en el cretinismo parlamentario o legalismo, limitando
su lucha al marco de lo permitido por la burguesía, desembocará
inevitablemente en la renuncia a la revolución proletaria
y a la dictadura del proletariado.
(11) Respecto al problema de la transición
del capitalismo al socialismo, el partido del proletariado debe
partir del punto de vista de la lucha de clases y de la revolución,
y apoyarse en la doctrina marxista-leninista sobre la revolución
proletaria y la dictadura del proletariado.
Los comunistas preferirían siempre
realizar la transición al socialismo por vía pacifica,
Sin embargo, ¿se puede hacer de la transición pacífica
un principio nuevo de la estrategia mundial del movimiento comunista
internacional? No, de ninguna manera.
El marxismo-leninismo ha sostenido siempre
que el problema fundamental de toda revolución es el problema
del Poder estatal.
Tanto la Declaración de 1957
como la da 1960 señalan con claridad: "El leninismo
enseña —y la experiencia histórica lo confirma—
que las clases dominantes no ceden voluntariamente el Poder".
Ningún gobierno reaccionario se vendrá abajo ni
siquiera en tiempos de crisis si no se le empuja. Esta es una
ley general de la lucha de clases.
Marx y Lenin plantearon, en determinadas
condiciones históricas, la cuestión de la posibilidad
del desarrollo pacífico de la revolución. Pero,
como lo señaló Lenin, el desarrollo pacífico
de la revolución es "una posibilidad extremadamente
rara en la historia de las revoluciones".
De hecho, no hay ningún precedente
de transición pacífica del capitalismo al socialismo
en la historia mundial.
Algunos dicen que no había ningún
precedente cuando Marx predijo que el socialismo reemplazaría
inevitablemente al capitalismo. ¿Por qué, preguntan,
no podemos predecir, aunque no haya precedente alguno, una transición
pacifica del capitalismo al socialismo?
Semejante paralelo es absurdo. Marx,
basándose en el materialismo dialéctico e histórico,
analizó las contradicciones de la sociedad capitalista,
descubrió las leyes objetivas del desarrollo de la sociedad
humana y llegó a una conclusión científica,
en tanto que los profetas que depositan todas sus esperanzas en
la "transición pacifica", parten del idealismo
histórico, borran las contradicciones más fundamentales
de la sociedad capitalista, repudian la doctrina marxista-leninista
sobre la lucha de clases y llegan a una conclusión subjetiva
e infundada. ¿Cómo pueden obtener ayuda de Marx
los que repudian el marxismo?
En la actualidad es evidente para todo
el mundo que los países capitalistas están fortaleciendo
su aparato estatal, y en particular su aparato militar, lo cual
tiene como propósito, antes que nada, reprimir a los pueblos
de sus propios países.
El partido del proletariado no debe
en absoluto basar su pensamiento, su política para la revolución
y todo su trabajo en la suposición de que el imperialismo
y los reaccionarios están dispuestos a aceptar la transformación
pacífica.
El partido del proletariado debe prepararse
para dos eventualidades, es decir, mientras se preparan para un
desarrollo pacifico de la revolución, tiene que prepararse
plenamente para un desarrollo no pacifico. Debe concentrar su
principal atención en la ardua tarea de acumular fuerzas
revolucionarias y prepararse para conquistar la victoria de la
revolución cuando las condiciones estén maduras,
o para dar duros contragolpes al imperialismo y a la reacción
cuando éstos lancen ataques sorpresivos y acometidas armadas.
Si el partido del proletariado no se
prepara de esta manera, paralizará la voluntad revolucionaria
del proletariado, se desarmará ideológicamente,
se encontrará completamente desprevenido y pasivo tanto
en lo político como en materia de organización y,
por consiguiente, arruinará la causa revolucionaria del
proletariado.
(12) Las revoluciones sociales en las
distintas etapas de la historia de la humanidad son históricamente
inevitables y se rigen por leyes objetivas, independientes de
la voluntad del hombre. La historia demuestra que no ha habido
ninguna revolución que haya podido coronarse con la victoria
sin recodos en el camino ni sacrificios.
La tarea del partido del proletariado
reside en analizar, sobre la base de la teoría marxista-leninista
las condiciones históricas concretas, plantear una estrategia
y una táctica correctas, y conducir a las masas populares
a sortear los escollos, evitar sacrificios innecesarios y llegar
a la meta paso a paso. ¿ Es posible evitar todo sacrificio?
Este no es el caso ni en las revoluciones de los esclavos, ni
en las revoluciones de los siervos, ni en las revoluciones burguesas,
ni en las revoluciones nacionales; ni tampoco es así en
las revoluciones proletarias. Aun cuando la línea de dirección
de la revolución sea correcta, es imposible garantizar
completamente que no se sufran ciertos reveses y sacrificios en
el curso de la revolución. Pero siempre que se mantenga
firmemente una línea correcta, la revolución se
coronará finalmente con la victoria; renunciar a la revolución
so pretexto de evitar los sacrificios, significa en realidad condenar
al pueblo para siempre a la esclavitud y a infinitos sufrimientos
y sacrificios.
El abecé del marxismo-leninismo
nos enseña que el parto de una revolución es, en
fin de cuentas, mucho menos doloroso que el sufrimiento crónico
en la vieja sociedad. Lenin tenía razón cuando decía
que el orden capitalista, "impone constante e inevitablemente,
aun en el curso más pacífico de los acontecimientos,
incontables sacrificios a la clase obrera" (2).
No es en absoluto revolucionario quien
considera que sólo se puede hacer la revolución
si todo marcha viento en popa y si hay una garantía previa
contra todo sacrificio y fracaso.
Por difíciles que sean las condiciones
y cualesquiera que sean los sacrificios y derrotas en la revolución,
los revolucionarios proletarios deben educar a las masas en el
espíritu revolucionario y mantener firmemente la bandera
revolucionaria en vez de abandonarla.
Sería aventurerismo de "izquierda"
que el partido del proletariado iniciara imprudentemente una revolución
cuando no están aún maduras las condiciones objetivas.
Y sería oportunismo de derecha que el partido proletario
no se atreviera a dirigir la revolución y a conquistar
el Poder estatal cuando están maduras las condiciones.
Aun en tiempos ordinarios, el partido
del proletariado, mientras dirige a las masas en la lucha cotidiana,
debe efectuar la preparación ideológica, política
y orgánica de sus propias filas y de las masas populares
para la revolución y hacer avanzar la lucha revolucionaria,
a fin de no perder la oportunidad para derrocar la dominación
reaccionaria y establecer un nuevo Poder estatal cuando estén
maduras las condiciones para la revolución. De otro modo,
aun cuando estén maduras las condiciones objetivas, el
partido proletario dejará simplemente escapar la oportunidad
de conquistar la victoria de la revolución.
El partido del proletariado debe mantener
invariablemente un elevado espíritu de principio, también
debe ser flexible y acordar a veces los compromisos que sean necesarios
en interés de la revolución. Pero no se debe renunciar
nunca a la política de principio y a los objetivos de la
revolución so pretexto de flexibilidad y de compromisos
necesarios.
El partido del proletariado debe dirigir
a las masas populares en la lucha contra los enemigos y saber
utilizar las contradicciones entre ellos. Pero la utilización
de estas contradicciones tiene como propósito alcanzar
con mayor facilidad los objetivos de la lucha revolucionaria del
pueblo, y no anular esta lucha.
Incontables hechos han demostrado que
dondequiera que exista la tenebrosa dominación del imperialismo
y, de los reaccionarios, el pueblo, que constituye más
del noventa por ciento de la población, se levantará,
de todas maneras, para hacer la revolución.
Si los comunistas se apartan de las
demandas revolucionarias de las masas populares, perderán
infaliblemente la confianza de las masas y el torrente revolucionario
los dejará atrás.
Si la dirección de un partido
adopta una línea no revolucionaria y convierte su partido
en un partido reformista, su lugar en la revolución será
ocupado por los marxistas-leninistas que haya dentro y fuera del
partido, los cuales dirigirán al pueblo en la revolución;
o, en otras circunstancias, los revolucionarios burgueses se presentarán
a dirigir la revolución y el partido del proletariado perderá
su hegemonía en la revolución. Y cuando la burguesía
reaccionaria traicione a la revolución y reprima al pueblo,
la línea oportunista causará a los comunistas y
a las masas revolucionarias sacrificios trágicos e innecesarios.
Si los comunistas se deslizan por el
camino del oportunismo, degenerarán en nacionalistas burgueses
y en apéndices del imperialismo y de la burguesía
reaccionaria.
En la actualidad, hay ciertas personas
que afirman que, después de Lenin, son ellas quienes han
hecho la más grande aportación creadora a la teoría
revolucionaria y representan, sólo ellas, lo correcto.
Sin embargo, es muy dudoso que estas personas hayan reflexionado
realmente sobre la experiencia general de todo el movimiento comunista
mundial, que tomen realmente en cuenta los intereses, los objetivos
y las tareas del movimiento proletario internacional en su conjunto,
y que tengan realmente, para el movimiento comunista internacional,
una línea general que concuerde con el marxismo-leninismo.
Se han conocido en estos últimos
años muchas experiencias y lecciones en el movimiento comunista
internacional y en el movimiento de liberación nacional.
Hay experiencias que merecen elogios, y las hay que nos duelen.
Los comunistas y pueblos revolucionarios de todos los países
deben reflexionar y examinar concienzudamente estas experiencias
de éxito y de fracaso para sacar de ellas conclusiones
correctas y lecciones útiles.
Notas:
(1) "El Segundo Congreso de la
Internacional Comunista". Obras Completas de Lenin, Pág.
238, Tomo 31, Versión China.
(2) "Nueva Batalla". Obras
Completas de Lenin, Pág. 11, Tomo 5.
Sigue
Parte Dos: Puntos Restantes