¡Viva la Gloriosa Resistencia
Afgana!
Discurso pronunciado por Francisco
Mosquera en el Teatro Libre de Bogotá, en homenaje a la
delegación afgana, el 12 de diciembre de 1984.
Para nosotros constituye motivo de
inmenso placer y orgullo recibir en Colombia a una delegación
del Frente Unido Nacional de Afganistán. De un lado, podemos
testimoniar el cálido apoyo que los trabajadores y el pueblo
colombianos le brindan, a la valerosa lucha libertaria del pueblo
afgano; y del otro, tenemos la feliz oportunidad de departir con
nuestros queridos visitantes acerca de sus apreciables aportaciones
a la causa de la revolución mundial y aprender de ellas.
La lógica de la historia ciertamente es extraña.
Hace alrededor de ochenta años que las principales fuerzas
animadoras del progreso humano se hallaban ubicadas en las vastedades
de Asia, África y América Latina, zonas por lo general
relegadas en su desarrollo y oprimidas nacionalmente. Mientras
que Europa, Estados Unidos, el resto de las boyantes repúblicas
capitalistas y últimamente la Unión Soviética
juegan en conjunto un papel regresivo, no obstante existir entre
estos poderes, desde luego, diferencias de supremacía e
intereses. Aquello obedece a que las metrópolis imperialistas,
para preservar su esplendor, no encuentran otro medio que el saqueo
y la sojuzgación de más de un centenar de países,
condenando a miles de millones de habitantes a la indigencia y
el marginamiento. En romper tan ignominiosa relación estriba
el venturoso futuro de la especie, lo mismo en el Norte que en
el Sur de la pelota terráquea. Es decir, en el siglo XX,
lo que ha sido atrasado y débil se ha puesto a la vanguardia
del progreso y sin duda obtendrá la victoria final; entretanto
lo materialmente avanzado y poderoso representa el estancamiento
y marcha hacia el fracaso. He ahí una curiosidad histórica.
Pero hay otra paradoja aún más
trascendente. Al principio de la centuria los destacamentos democráticos
del orbe hubieron de enfilar sus baterías contra las grandes
potencias europeas, y a partir de la Segunda Guerra Mundial de
modo preferente contra los Estados Unidos. De esas memorables
batallas por la libertad emergió y se consolidó
la Unión Soviética, forjada por Lenin, y el llamado
campo socialista. Sin embargo, Krushev y seguidores abandonaron
la senda del socialismo, se comprometieron en la aventura de conquistar
el planeta y sometieron a su autocrática voluntad, en primer
término, a las naciones de Europa Oriental que se hallaban
bajo su influencia. Esta transmutación de la naturaleza
del gigante socialista, junto a la decadencia de lo que se conoce
como Occidente, particularmente en Norteamérica, a causa
de las crisis económicas, las riñas interimperialistas
y el auge del movimiento de liberación nacional del Tercer
Mundo, ocasionaron un giro inusitado de las condiciones internacionales.
Desde entonces los combatientes por la emancipación, la
democracia y el bienestar, de las naciones pobres han de cuidarse
ante todo de los zarpazos del oso ruso. Esta ha sido otra enorme
ironía universal: el que a finales del milenio los pueblos
hayan de enfrentar como a su principal enemigo a quien por definición
y legado debiera encarnar los principios del respeto mutuo y el
beneficio recíproco característicos de las relaciones
entre países soberanos. Siendo esta lucha más difícil
de llevar a cabo, por lo menos en sus fases preliminares, puesto
que los nuevos zares del Kremlin se embozan en falsas banderas
socialistas y democráticas. Y digo falsas porque la verdadera
democracia y el verdadero socialismo nunca han propendido a la
anexión o a la ocupación de terrritorios ajenos,
sino que han rechazado siempre, en la forma más enérgica,
la mínima interferencia de una nación en los asuntos
internos de otra. Por eso cuando los soviéticos huellan
el sagrado suelo de Afganistán con sus propias tropas,
o invaden a Kanipuchea y Lao a través de los fantoches
vietnamitas, o controlan a Angola con los mercenarios cubanos,
no hacen otra cosa que sumar el crimen de la traición a
su vandalismo de piratas internacionales.
Por los daños que el socialimperialismo
soviético le ha propinado a la gesta revolucionaria, por
la sevicia y el salvajismo de que han hecho gala en los países
sometidos a su despótico dominio, por haberse constituido
en el primer peligro para la paz mundial, la tarea prioritaria
de los pueblos y movimientos de avanzada consiste en desenmascararlo
y combatirlo hasta la tumba. Las organizaciones y partidos que
contiendan en las áreas de hegemonía de los viejos
imperialismos deben persistir, por supuesto, en alcanzar la autodeterminación
nacional para sus propios pueblos, pero precaviéndose de
no caer en las celadas de la superpotencia del Este. En Colombia
sostenemos una gran pelea ideológica y política
en tomo a este asunto fundamental. El MOIR jamás ha participado
del criterio de que para librarnos de la coyunda norteamericana
les tengamos que abrir las puertas a los vándalos de Moscú.
Y en nuestro continente existen numerosos grupos y tendencias
seudorrevolucionarios que pretenden compaginar la defensa de la
soberanía de Centroamérica con la colaboración
directa o indirecta que les prestan a los amos soviéticos.
Pero quienes no trepiden, ni se indignen, ni protesten vehementemente
por las atrocidades socialimperialistas en Afganistán,
por mucho que hablen de democracia y liberación, no pueden
ser creídos en su fe de demócratas ni en sus ansias
de libertad. Serán acaso lobos con piel de ovejas, o mercenarios
en potencia.
Todo esto es para concluir, queridos
compañeros del Frente Unido Nacional de Afganistán,
que la presencia de ustedes en Colombia representa para nuestro
pueblo y nuestro Partido una ayuda valiosa. Ustedes son los embajadores
de una nación que se halla en el primer frente de batalla
y que ha asombrado al mundo por sus cinco años de gloriosa
resistencia contra un adversario sanguinario e infinitamente más
fuerte. Afganistán está demostrando que cuando se
ama más la patria que la vida no hay poder en la Tierra
que impida el triunfo de una nación resuelta a ser libre,
por más pequeña y pobre que ésta fuere. Por
ello Afganistán ha recibido la solidaridad de todas las
fuerzas revolucionarias, democráticas y progresistas de
los cinco continentes, y en el campo internacional ha conseguido
acorralar a la intrigante diplomacia de los Romanov del "socialismo
real". El que ustedes, en nombre de esa valerosa nación,
lleguen a nuestras playas a contar las duras y heroicas experiencias
de la resistencia afgana, no sólo contribuye a la contienda
ideológica y política que estamos manteniendo, sino
que templa además nuestros espíritus de luchadores
revolucionarios.
¡Muchas gracias, queridos visitantes!