La Vieja y la Nueva Democracia
Es curioso en los últimos meses,
alrededor del punto de la democracia, se ha levantado en Colombia
un enorme debate; y quienes se hayan tomado la molestia de rastrearlo
seriamente habrán concluido que, no obstante el mentís
cruzado que entre gobiernistas y opositores, unos y otros, al
final, dictaminan contra los males del momento la receta univoca
de restaurar los derechos humanos y reivindicar las normas de
la constitución vigente.
El gobierno vocifera energúmeno:
“Somos defensores de los derechos humanos”; el eco
de la indignada oposición repite: “somos defensores
de los derechos humanos”. ¿Qué sucede? ¿Quizás
la identidad del lenguaje encubre contradicciones de postulados
a todas luces antagónicos? ¿o se trata de enfoques
diferentes de una misma verdad? A descifrar el enigma, o mejor,
a empezar a descifrarlo dedicaremos este articulo.
LA DEMOCRACIA UN TEMA EN BOGA
Múltiples factores convergen
para que la democracia sea el tema de moda. Antes que nada el
auge que ha adquirido la escalada represiva, con la reimplantación
por enésima vez del estado de sitio, mediante el cual se
promulgo el execrable estatuto de seguridad, engendro de molde
fascista y destinado a acentuar la militarización del régimen.
El fenómeno no consiste solo en coartar sistemáticamente
las libertades públicas, interferir la actividad legal
de las agrupaciones políticas contrarias a la coalición
gobernante, ampliar el radio de acción de las cortes marciales
o sofocar violentamente la lucha de masas. Este ha sido el pan
de cada día y durante muchos años de la republica
colombiana. Lo que estamos viendo ahora es que las clases dominantes
vendepatria, los grandes proletarios de capital y de la tierra,
han soltado la jauría y la azuzan contra un país
inerme. Hay que meterle terronera al pueblo para que acepte con
resignación cristiana los zarpazos de la mala fortuna y
se avenga sin chistar a los designios oficiales. Produce escalofrió
siquiera repasar con la memoria los casos conocidos de allanamientos,
detenciones, torturas y crímenes sin cuento. Una mañana,
en el anfiteatro del hospital militar de Bogota, Apareció
el cuerpo sin vida de un estudiante. Nadie proporcionaba explicación
de lo sucedido, ni aun los directores de la entidad. Luego, los
mandos castrenses, al cundir la protesta, con el mayor desparpajo
confesaron que tuvieron sin mas ni mas que aplicarle la “ley
de fuga”. En otra oportunidad se supo que la esposa de un
agricultor de la dorada recibió, amortajado y dentro de
una hermética caja, el cadáver de su compañero
que la tropa había sacado de su casa y arrestado anteriormente.
Quisieron los uniformados no dejar abrir el ataúd para
ocultar y sepultar junto con la victima las marcas del tormento.
Y así podríamos narrar cientos y miles de episodios
dantescos. No se respeta la edad, ni el sexo, ni la profesión.
Niños, ancianos, religiosos, mujeres embarazadas han sufrido
en carne propia las brutalidades de la soldadesca. Ser conducido
a las brigadas es transitar la senda del martirio, donde los expertos
acopian pruebas y sustancian los sumarios por medio de choques
eléctricos, suspensiones, ahogamientos, pinzas, picanas,
hormigueros, fusilamientos fingidos, celdas asfixiantes y otros
métodos refinados aprendidos de la ultima escuela investigativa
de la inteligencia estadinense. En los consejos verbales de guerra,
verdaderas ordalías, a la defensa se le cohíbe para
actuar. La subordinación jerárquico-militar entre
acusadores y jurado predetermina el fallo. Cuando el juez pregunta
a los vocales si el reo es culpable, los tenientes contestan,
“si, mi coronel, culpable”.
Ni el gobierno ni el ejército
han logrado desvanecer los cargos que reiteradamente se les formula
acerca de las torturas a los presos políticos. Por el contrario,
sus alegatos consolidan el convencimiento que al respecto la opinión
mantiene. Sobre el bárbaro procedimiento de vendar a los
detenidos, por ejemplo, las autoridades no refutaron la imputación;
Se limitaron a justificarla con el grotesco argumento de que “no
podemos exponer a nuestros interrogadores para que sean reconocidos
por personas que en un momento puedan resultar delincuentes”,
como afirmara el general Vega Uribe, comandante de la BIM. “y
el estado esta obligado a proteger la vida sus agente”,
recalco el ministro de justicia.
En el juicio seguido al grupo autodenominado
Mao por la muerte de Rafael Pardo Vuelvas, el defensor de uno
de los incriminados sostuvo que las declaraciones que comprometían
a su poderdante fueron arrancadas a la fuerza, y, por lo tanto,
carecían de validez; a lo que replico el fiscal de consejo
de guerra: “que el testimonio se hecho con coacción,
no le quita el merito de la verdad” .
Ante las quejas elevadas a su despacho,
referentes a los suplicios y tratamientos vejatorios a que son
sometidos los desdichados que quedan atrapados entre los piñones
de la justicia penal militar, la Procuraduría General de
la Nación, sin conseguir eludir las evidencias, opto por
señala “la posibilidad” de que se “estén
haciendo imputaciones en relación con una autolesión,
es decir, atribuyendo a terceros lo que pudo ser obra propia o
consentida, para pretender demostrar una acusación temeraria”
.
Hemos traído exposiciones de
distintas fuentes para resaltar que el estado no niega de plano
la tortura. La fundamenta. Con el vendaje de los cautivos durante
semanas enteras únicamente se busca proteger la integridad
de los funcionarios; los testimonios obtenidos apunta de dolor
no demeritan la verdad, y los sacrificados se maceran a si mismos
y perecen para empañar la pureza del mandato democrático.
Colombia se haya regentada por la perfidia y la desvergüenza.
El estatuto de seguridad, fiel reflejo de esa situación,
es el flagicio embozado en el cinismo.
El cuadro de la represión que
acabamos de esbozar en pocas pinceladas aparece acabado en las
denuncias que, con lujo de detalles, hacen a diario las organizaciones
de las masas y las colectividades políticas adversas a
la hegemonía bipartidista. Todos se percatan de cuanto
esta aconteciendo por que cuando no padecen las arbitrariedades
las ven cometidas en el pellejo de sus vecinos, parientes o camaradas
de trabajo. Hasta en los medios de información, controlados
principalmente por la oligarquía, repercute, distorsionado
o no, el clamor de las gentes que condenan la tiranía reinante.
Sin embargo, no todos comprenden las causas de la propensión
hacia el recrudecimiento de las disposiciones opresivas; ni la
raíz profunda, económica, de las trasmutaciones
por las cuales nuestros mandatarios se asemejan mas y mas a los
prohombres de las satrapías legendarias del caribe. El
MOIR Viene repicando desde hace varios años que bajo el
sistema neocolonial y semifeudal imperante no solo no habrá
democracia, si no que con el desvalijamiento progresivo de la
nación por parte del imperialismo norteamericano y sus
secuaces, la gran burguesía y los grandes terratenientes,
proliferaran las formas típicamente fascistoides de gobierno
. A medida que los saqueadores aumentan el apetito por los bienes
terrenales, el régimen disminuye la confianza en la eficacia
de sus fortalezas desarmadas como el Parlamento, el poder judicial,
la educación confesional, la prensa, etc; y para preservar
la tranquilidad ciudadana echa mano sin dudarlo del militarismo,
el instrumento apaciguador por excelencia.
En el transcurso de los años
setentas se han registrado notables cambios en el mundo. Estados
unidos tropieza con inmensos y crecientes escollos para mantener
en pie la mole de su edificio imperial, construido con tanto en
tanto a todo lo largote la primera mitad del siglo. Sus intereses
vitales se recienten con las arremetidas que en procura de los
consumidores del orbe despliega constantemente la retoñada
industria de Europa y el Japón. Desde el fracaso del Viet
Nam comenzó a descender hacia las simas sin que surjan
indicios de recuperación. Por cada amigo que pierde gana
diez enemigos, y su influencia en Asia y África declina
como declinan las cotizaciones del dólar en las bolsas
de la banca internacional. Las luchas de los pueblos y gobiernos
del tercer mundo por la defensa de los recursos naturales y por
mejores términos de intercambio también lo afectan
seriamente. A pesar de que continua siendo una potencia económica
de principalísima magnitud, muestra la endebles de sus
relaciones de producción en el siguiente contraste: al
tiempo que depende de afuera para el abastecimiento de combustibles
y materias primas estratégicas y para darle salida a sus
mercancías, esta impelido a recurrir cada vez mas al proteccionismo,
a fin de guarecerse de los embates de sus competidores. Alo anterior
hay que agregar que la Unión Soviética, dueña
ya de un poderío bélico superior, saca ventajas
de las complicaciones gringas y, en la partida por el reparto
del planeta le arrebata al imperialismo norteamericano regiones
y países cual si fueran figuritas de ajedrez.
En tales condiciones, Washintong vuelve
la mirada esperanzadora hacia su coto de caza más próximo,
la América latina, en donde empezó sus hazañas
filibusteras, por allá en los días del aventurero
William Walker. Ahí cuenta con una retaguardia no despreciable,
si desea conservar o rescatar baluartes en los otros continentes.
No es que la cosa este de un tirón, porque el vasto territorio
que se extiende al sur del río Grande, a servido, desde
antaño, de teatro a múltiples desobediencias y conflictos
independentistas de diversa índole; no obstante, de las
zonas en disputa, estas sigue distinguiéndose por la marcada
intromisión de los monopolios norteamericanos, que al verse
obligados a aflojar la presa en otras latitudes, aquí la
exprimen, ávidos, para compensar. El peso de si crisis
lo descargan sobre nuestras naciones a través de innumerables
mecanismos. Aumentando el endeudamiento externo, con las secuelas
del déficit fiscal crónico, los no, los reajustes
de impuestos y las tarifas de reajuste de los servicios públicos;
multiplicando la exportación de capitales y productos,
para lo cual hay que ampliar y controlar el mercado, manipular
al máximo los planes de integración y desalojar
y arruinar a los insipientes fabricantes nativos; incrementando
el escamoteo de los recursos naturales; con lo que se priva a
los pueblos atrasados de su base fundamental de desarrollo, o
atizando la inflación, que se deriva del sostenimiento
de tasas especulativas en los créditos y del resto de la
política de superexplotación imperialista. Por ello
en el hemisferio discurren tiempos muy aciagos en la espaciosa
porción neocolonial, donde destácanse el latifundio
ocioso y el minifundio improductivo, los campos feraces se despoblan,
mientras las ciudades se abarrotan de desempleados. Los desposeídos
que encuentran ocupación tampoco disfrutan de los ingresos
mínimos de una existencia llevadera. El hambre aniquila
a decenas de millones de habitantes, hoy, en la edad de la cibernética,
tal ves de manera idéntica o peor a como se asediaba hace
quinientos años a los aborígenes americanos, quienes,
los mas prósperos escasamente sabían arar, desconocían
el hierro y no habían sobrepasado el estado medio de la
barbarie, según el esquema de Morgan. No resulta sorprendente
entonces que aun hambre de ribetes bárbaros corresponda
métodos de organización social que podrían
considerarse más dignos del barbarismo que de la civilización
moderna.
La tendencia a la represión y
a la regresión será inevitable, por encima de las
promesas y de la misma voluntad de las clases lacayunas dominantes.
El imperialismo yanqui hincará sus garras con mayor acerbía
que nunca en América latina, su expoliación llegara
a extremos jamás igualados y sus últimos coletazos
de dragón herido los descargara sobre estas tierras. Definitivamente
no habrá libertad en los países latinoamericanos
atascados en las redes de la superpotencia de occidente. Ni de
la nación para decidir su destino ni del pueblo para hacer
valer sus derechos. Y allí donde subsistan los remedos
democráticos, al estilo colombiano o venezolano, la farsa
tornara mas exacerbante el despotismo y la hipocresía ara
menos tolerables los abusos.
Los sectores de la oposición
que dentro de su labor proselitista se han mostrado especialmente
activos en la denuncia de los atropellos y vejámenes del
régimen, no atinan a señalar las razones reales
que mueven a este a rodar sin alternativa hacia la fasticización.
Hablan desde luego de la concentración económica
de la moneda insana, de las estructuras injustas, de las naciones
pobres y ricas, y demás manifestaciones externas de la
crisis; así como propenden gaseosamente por ciertos reajustes
sociales. Empero, ignoran, o eluden precisar que la desastrosa
ingerencia de los estados unidos sintetizada en la creciente y
atroz explotación de los monopolios neocolonizadores, constituyen
el factor clave, decisivo, del hundimiento acelerado de Colombia
en el pantano de una dictadura omnímoda y sangrienta. Nos
tropezamos, pues, con una diferencia sustantiva, no transigible,
entre tales sectores y nosotros. Como sus discursos y proclamas
borran la causa básica, concreta, determinante, de la agudización
de la violencia gubernamental contra las masas, ellos consideran
viable, si se presiona, el retorno a un supuesto clima democrático,
favorable para todos, que restaure el imperio de las normas constitucionales
y exonere al estado del acompañamiento disonante de la
caverna reaccionaria y pro militarista. La consecuencia de semejante
concepción del problema democrático consiste en
que de nuevo los oprimidos se les pintan pajaritos de oro en torno
a la coincidencia de aspiraciones con el mandatario de turno,
o torquemada de turno, y se les desarma espiritualmente para afrontar
lo que les espera: el desencadenamiento de la represión
centuplicada que precipitase sobre la faz del territorio patrio.
Aquí, la divergencia exacta con el revisionismo y el oportunismo
liberal no estriba en que nosotros propaguemos la renuncia a la
lucha por la democracia y las reformas, con lo que seguramente
irán a responder, deformando nuestros planteamientos y
calumniándonos, en su desespero por defenderse de la crítica
y ocultar la felonía, tal cual obraron en el inmediato
pasado.
Nuestro partido surgió precisamente
en el histórico combate contra las tesis y las practicas
del estremoizquierdismo, fruto, entre otras cosas de la interpretación
y aplicación mecánica de la experiencia cubana,
a cargo de un sartal de grupos revolucionarios pequeño
burgueses en que se atomizo aquella desviación. Estas capillas
de anarquistas iluminados rechazaban la política el aprovechamiento
de la democracia formal, la utilización del Parlamento.
Con sus cavilaciones trotskistas acerca de la realidad del país,
salvaguardaban el dominio neocolonial del imperialismo, se mofaban
de la presencia de una burguesía patriótica susceptible
de aliarse con los obreros y campesinos en la etapa actual de
la revolución nacional y democrática y propendían
por u socialismo iluso, a deshoras, contrapuesto a la conformación
del frente de la unidad del pueblo. En ningún momento el
MOIR cayo en la tentación de guiñarles el ojo a
estas elucubraciones liquidadoras. No hizo foquismo franco ni
velado. N ha recurrido a el atentado personal n al secuestro;
sabe que nos hayamos en un periodo de acumulación de fuerzas,
y su principio táctico primordial radica en actuar siempre
al lado de las masas conforme a la evolución de la lucha
de clases.
Pugna por las libertades publicas para
el pueblo, aun bajo las administraciones fantoches, se subentiende;
y las dos o tres prerrogativas arrancadas en la contienda las
emplea no en sublimarlos “aspectos positivos” de la
carta reguladora de la sociedad neocolonial y semifeudal, sino
en ayudarles a comprender a los obreros y a los campesinos, esclavos
del capital y de la gleba, que incluso en el mas magnánimo
de los estados oligárquicos, la franquicias se instituyeron
para el zángano y los grilletes para el tobillo del trabajador.
Sin combatir constante y consecuentemente por el democratismo
en todos los órdenes no lograremos movilizar a las mayorías
tras las metas de la revolución. Mas nuestra enseña
izada por la democracia lejos de significar el acuerdo con los
adversarios de clase, representa la palanca para derrocarlos de
cada una de las posiciones usurpadas.
Como se ve, la cuestión no oscila
ya en si conviene o no las luchas por las conquistas democráticas,
objeto de nuestros enfrentamientos con el oportunismo de “izquierda”,
aproximadamente hasta 1974, en que la grupusculería seudomarxista
fue descolgando a hurtadillas los dogmas con que armaron tanto
alboroto en la década del sesenta. Algunos de tales conversos
– vale la pena anotarlo – terminaron por abandonar
las pretensiones de hacer carrera por si solos y compraron su
billete para el expreso revisionista. Ahora nos hayamos cara a
cara con una contracorriente de derecha mucho mas dañina,
que no distingue entre la democracia de los explotadores y la
de los explotados y que cuando denuncia las torturas, aboga por
que la republica de los torturadores funcione impecablemente,
tras la estricta vigencia de la constitución y de las leyes.
El análisis del encrespamiento de la ola represiva lo desconecta
por completo de las necesidades económicas que conducen
al imperialismo norteamericano a incrementar el pillaje en sus
neocolonias, preferencialmente las latinoamericanas. Y por ende,
los portavoces de la mencionada contracorriente dejan de alertar
sobre el auge inevitable del despotismo en el futuro cercano,
y difunden la creencia conciliacionista y desorientadora de que
los colombianos sin excepción, los hambrientos y los ahítos,
gozaran de las garantías consignadas en convenios internacionales
y en la codificación jurídica, a condición
de que logremos discernir entre los “aciertos” y los
“desarcietos” del gobierno y lo obliguemos a privarse
de sus colaboradores patibularios.
Muchos de los fracasos de la revolución
se le deben a esa inveterada manía del Partido Comunista
de descubrir un ala moderada, una actitud, un no se qué
que merece reconocerse, en los sucesivos regimenes oligárquicos,
los cuales, desde la época de la separación de Panamá
han servido de obsecuentes y solícitos saca-micas de los
estados unidos. Siempre indefectiblemente, en el momento álgido,
los domines del mamertismo arrumaron en el cuarto de aparejos
la teoría Marxista del estado y, prevalidos de un pretexto
vano, ofrecieron el respaldo al títere ungido, con salvedades,
con ellas o sin ellas, pero al fin y al cabo para aportar el granito
de arena. Lo mismo con Santos que con López, el viejo,
el abuelo de los nietos del ejecutivo, Al propio Ospina Pérez
le pillaron su tópico correcto. Alberto Lleras, mister
Lleras, el fundador del frente nacional, la musa inspiradora del
plebiscito del 1º de Diciembre que refrendo la mas abyecta
de las reformas constitucionales del país, puesto que instauro
la paridad y la alternación, excluyendo de los derechos
del sufragio a las agrupaciones diferentes del bipartidismo tradicional,
recibió en 1958 los votos comunistas; en esa oportunidad
con el sofisma de cerrarle el paso a Jorge Leiva, la otra opción
siniestra. Y en 1974 dijeron que el triunfo electoral del Mandato
de Hambre era de “signo de democrático y progresista”,
lo que se comprobaba con la abrumadora derrota de Álvaro
Gómez Hurtado, el “sector ultraderechista”.
Estos acontecimientos sino se han desvanecido por completo en
los recuerdos de las gentes. Desde un principio López Michelsen
cultivo un estrechísimo entendimiento con los ultras vencidos
en las urnas y con la asistencia de ellos reino hasta la culminación
de su cuatrienio, parapetado, como sus antecesores, en las alambradas
de las normas de emergencia que dictaminan la turbación
del orden público. En su mensaje de despedida al congreso,
el, el penúltimo de los demagogos en ocupar el solio de
Bolívar, El niño díscolo de la rancia burguesía
santafereña, el franco tirador en el penthouse, el ex-compañero
jefe del MRL, ilustre por otros tantos blasones de demócrata
liberal, que había cuadrado con sus ofrecimientos libertarios
un armadijo para cazar tres millones de papeletas en los tejemanejes
comiciales, admitió entre líneas que su obra epónima
salpicada con la sangre del 14 de septiembre, requirió
también con frecuencia del tartamudeo de la fusilería.
Y profetizó idéntico sino a las generaciones de
presidentes por pasar. “Los hechos han sido mas fuertes
que mis ilusiones. Poco a poco he ido convenciéndome de
que la normalidad entre nosotros esta dada por la vigencia del
articulo 121”. La “supervivencia de nuestro régimen
democrático - agrego en otro párrafo- a estado ligada
en buena parte al uso y abuso del articulo 121 de la constitución
nacional”. He aquí la profecía: “En
Colombia hemos venido refinando este estatuto jurídico
hasta crear una institución que a mi parecer nos permita
responder apropiadamente a los desafíos que estamos viviendo.
Por eso, y lo digo con franqueza, no creo que el país pueda
darse el lujo de prescindir del estado de sitio en los próximos
años”.
La lógica de clase del burgués
ducho en los ajetreos del poder, advierte y enseña muchísimo
mas a las masas sojuzgadas de los malabarismos del revisionista
adocenado, apopléjico, que solo cuando de buscar acomodamiento
se refiere, o de inventar el mejor motivo para encubrir la peor
infamia, muestra la habilidad del gato que se desliza entre porcelanas,
sin romperlas. El transito de la larga caravana de las dictaduras
bipartidistas, especialmente las del llamado Frente Nacional,
nos deja instructivas lecciones: que conservadores y liberales
han de mantener la alianza para sobrevivir; que quien se ciña
la banda presidencial sean cuales fueren sus ofertas, a de guiarse
por los patrones trazados por sus despóticos predecesores,
y que la superexplotación imperialista conduce a la militarización
y facistización progresivas, con exclusión del tipo
de gobierno, democrático venezolano, parlamentario boliviano
o cuartelario argentino.
Pero fue un miembro del gabinete de Turbay Ayala el encargado
de revelar el misterio de la represión. En Paris, al intervenir
ante el grupo de consulta del Banco Mundial, los amos del capital
financiero internacional, a donde concurrió recientemente
a solicitar mas empréstitos, el ministro de hacienda, cabeza
de la delegación colombiana, reconoció: “El
propio desarrollo económico el equilibrio social y las
libertades democráticas no son posibles en nuestra opinión
con altas tasas de inflación” . ¿De modo que
las libertades democráticas han resultado incompatibles
con la inflación? ¿ Que indican las altas tasas
inflacionarias sino el encarecimiento del costo de la vida ocasionado
por la permanente elevación de los precios de las mercancías,
materias primas, e insumos traídos desde la metrópoli;
Por la usura y el agio de la banca; por el desalojo del campesinado
en beneficio de los latifundistas parasitarios; por la proliferación
de los impuestos indirectos; por el saqueo de los recursos naturales;
por la acción en suma de los monopolios que controlan a
su arbitrio los mercados del país y quiebran la producción
nacional? ¿Y la inflación que oronda recorre de
arriba abajo el continente latinoamericano, no ha sido el socorrido
mecanismo con el que los grandes potentados medran a costa del
envilecimiento diario, automático, de los míseros
ingresos de las inmensas masas, únicas creadoras de la
riqueza social? En otros términos la política expoliadora
de los imperialistas y sus agentes conlleva la total anulación
de las libertades democráticas para las mayorías.
No podría ser en otra forma. De tan sencilla pero certera
observación surge nuestro criterio sobre la democracia
y hondo foso que nos separa de la vacía verborragia del
revisionismo y el oportunismo liberal. El choque de intereses
dentro de la sociedad es tal, que, a pesar de la montaña
de papel escrito realzando las excelsas virtudes de unos derechos
humanos en abstracto y al margen de las clases, la libertad de
los saqueadores se yergue irremisiblemente sobre la esclavitud
de los saqueados, de igual manera a como la victoria de la democracia
de estos repercutirá en la supresión inmediata de
la republica de aquellos. Cada contingencia, cada evento, cada
conflicto de cuantos acaecen con rapidez pasmosa en el hemisferio
coloca de manifiesto lo irreconciliable de la pugna mencionada;
Lo antagónico de los enfrentamientos entre las naciones
sometidas y el imperialismo de un lado y entre las clases oprimidas
y las minorías intermediarias dominantes, del otro. A ello
obedece el abigarrado mosaico de las dictaduras militares, el
desespero reformista de los expoliadores y los continuos brotes
de rebeldía de los pueblos en busca de su emancipación.
A implantar la moda del tema de la democracia,
a incidido también la promoción de los derechos
humanos que efectúa la administración Carter en
la mas basta escala cósmica. La singular campaña
tampoco debería asombrar ni confundir a nadie, lo afirmamos
no obstante estar al tanto de que a uno de los máximos
lideres de firmes o sea de la oposición liberaloide, se
le ocurre mas bien “importante y positivo que el jefe de
estado de un país como EE.UU. haya levantado esta bandera”
. No cabria en el asombro ni la confusión, si tuviéramos
en cuenta que el imperio del norte ha perpetrado invariablemente
sus mas abominables fechorías en nombre de la “libertad”,
De la “paz”, de la “convivencia”, etc.
En las circunstancias prevalecientes, lo que ambiciona el actual
inquilino de la casa blanca es recomponer el caótico sistema
del imperialismo norteamericano. Estirarle así sea la piel
y embellecerle el cutis por que, fuera de hallarse en bancarrota
y en declive, ostenta por doquier una fachada de carnicero nazi
que le puede. Aunque, como queda visto, le sobren anestesiólogos
para la cirugía plástica proyectada, allí
donde a intentado llevar a cabo el experimento de suplantar el
generalato por testaferros civiles, escucho, en lugar del reconocimiento
ciudadano, el estruendo de la turbamulta. En el Brasil, un temporal
huelguístico, que puso en pie de lucha a decenas de miles
de obreros, sacudió al coloso encadenado. Bolivia estuvo
al borde de la guerra civil y solo la transacción de ubicar
un hibrido militar-parlamentario en la presidencia aplazó
la refriega. En nicaragua, donde estallo una revolución
genuina dispuesta a barrer cualquier conato de intervención
externa para ser realmente libre, las masas volvieron a exteriorizar
cuan poca estima guardan por la tiránica y desueta democracia
imperialista de los derechos burgueses humanos del señor
carter, y cuanto anhela poner en practica la naciente democracia
de los trabajadores y patriotas auténticos. Y el lánguido
conjunto de países salvados de la epidemia de los golpes
de cuartel y que por consiguiente, encarna el ideal democrático
del neocolonialismo gringo, sin ningún rubor alterna en
sus carteleras la comedia de los comicios ecuatorianos con la
tragedia de los genocidios Chilenos. Y Costa rica “la suiza
de América”, acaba de notificar con lo incidentes
de puerto limón, en los cuales la guardia nacional aplasto
implacablemente el movimiento de seis mil proletarios en paro,
que el derecho a la vida de los asalariados nada vale si se halla
en peligro uno o dos puntos del porcentaje de la ganancia de los
cupones de los grandes accionistas. ¡ Que tremendo chasco!
Ni las bendiciones papales a las jornadas por la propagacion de
la fe en los derechos humanos de los explotadores rescato a Carter
de los padecimientos del fracaso. Hubo hasta rechazos frontales
por ejemplo, mi general Videla, hecho un basilisco dio a entender
que antes de convocar a elecciones prefería entregar argentina
a los soviéticos que no se andan con escrúpulos
de monja; y procedió en efecto a fomentar los negocios
de toda laya con la superpotencia de oriente.
El infinito descaro de los imperialistas
en lo tocante a los derechos humanos quedo patentizado cuando
en Seúl, La capital del sur de Corea, el presidente estadinense
a principios de Julio pasado , a tiempo que demandaba a su marioneta
Park Chung-Hee correctivos en tales materias, adquiría
el solemne compromiso de conservar las legiones militares yanquis
en la región, uno de los prominentes impedimentos para
la liberación total y la unificación pacifica del
pueblo coreano. La democracia norteamericana, además del
vandalismo, la mordaza y la venda, incluye, pues, la ocupación
armada de los países pequeños o débiles,
como la incluye también el internacionalismo de los Zares
soviéticos. Los actos de los hombres delatan sus intenciones.
Quien cabalga sobre el lomo de los demás a de estar pronto
restallar el látigo. Aun cuando Washington se bata en retirada
y se deslía en embajadas de buena voluntad, el rendimiento
de los títulos de los magnates de Wall Street arrinconados
por la crisis, arrojara a los “Salt”, a la vorágine
de otra guerra mundial. Ya proveyó la creación de
una fuerza movible de mas de 100.000 soldados destinada a invadir
el medio oriente y, llegado el caso, asegurar así el abastecimiento
del petróleo tan preciado para su economía.
En fin, a toda democracia la rige un
contenido de clase. Los imperialistas y sus acólitos en
su labor ideológica bregan por velar esta realidad y pregonan
una republica que cobije idílicamente a poseedores y desposeídos,
explotadores y explotados, naciones opresoras y naciones oprimidas.
En base a este aberrante engaño erigen su rampante dictadura.
Ciertamente el manicero de Georgia contribuyo a insuflar el asunto
pero, como era natural, enredo la pita. Al proletariado le toca
colocar los puntos sobre las íes y disipar la barahúnda.
EL FORO DE LOS DERECHOS HUMANOS.
En medio de un despliegue de prensa
inusual para certámenes no programados por la coalición-conservadora,
culmino el 1º. de abril del corriente año el foro
cuyos coordinadores bautizaron como de los derechos humanos en
una de las copiosas oraciones de clausura, Gerardo Molina se congratulaba
con que “En torno a esa gran causa, hemos visto formarse
una alianza que va desde la derecha de Gerlein, hasta el trostkismo
de nuestros jóvenes mas radicales” . Redunda aclarar
que el MOIR fue una de las poquísimas agrupaciones partidarias
que no se merecen la congratulación sencillamente por que
no concurrimos.
Primero estábamos catalogados
como merced al desenlace de los últimos eventos políticos
como en esa especie de invitados indeseables a los que no hay
mas remedio que cruzarles la tarjeta de participación.
Segundo, de nuestra parte, detentábamos y seguimos detentando
insuperables reservas en cuanto a las concepciones y objetivos
del convite, partiendo del mensaje que enviara García Márquez,
el mas celebre de los animadores de la iniciativa, que, después
de atacar el estado de sitio y el Estatuto de Seguridad, desemboca
en esta deplorable reconvención: “Es de esperarse
también, que el señor presidente de la republica
responsable máximo de las directrices de nuestro país,
tome por fin decisiones serias para restaurar el prestigio de
su gobierno, la dignidad de nuestras fuerzas armadas y el buen
nombre de Colombia en el mundo” . El hecho de que se haya
desatado el temporal represivo; que persista la duda de cual de
los dos Camacho Leiva o Turbay Ayala imparten las ordenes, y que
en el exterior los comentaristas confundan a la Colombia del banquero
Michelsen Uribe con el Haiti del Nené Doc, no puede llevarnos
a sembrar falsas esperanzas respecto a un gobierno desprestigiado
a tiempo, a un ejército que no es nuestro si no que han
instaurado contra la dignidad del pueblo y una nación que
mientras no se emancipe no gozara realmente de buen nombre. Ni
el hijo dilecto de macondo, con todo y su alucinante ficción,
alcanzo a convencernos de que el camino a transitar corresponda
al de las claudicaciones.
Se dirá que Gavo antes que político
a sido novelista y que lo cogemos de chivo expiatorio para desacreditar
el foro con sus gazapos. No. Repásense los pronunciamientos
de sus principales gestores, los discursos durante las deliberaciones,
los documentos aprobados, hasta la declaración final, y
se constatara que la cruzada no rebaso los linderos de la democracia
oligárquica. Róndo y róndo alrededor de la
preocupación de cómo restaurar a plenitud el viejo
derecho burgués y sus tres ramas del poder operando separadamente,
con forme a la mas rigurosa exégesis de la doctrina de
Montesquiu; con una procuraduría atenta a sofrenar los
desmanes, con una justicia ordinaria actuante y cabal, con unos
militares cumplidores de los deberes inherentes a su rango. El
foro concluyo siendo un simposio de abogados. Y los jurisperitos
después de vagar entre manuales e incisos, aterrizan invariablemente
en la propuesta para corregir las intervenciones del régimen
despótico. La ponencia al quitársele los tapones
jurídicos derrama el menjurje de los mezquinos intereses
antipopulares que carga por dentro. Los acertijos del legista,
en lenguaje profano traducen: ¡Traición a las masas
trabajadoras y a la nación Colombiana! Leamos algunas de
tales traducciones.
En la comisión I del foro de
los derechos humanos se proclamó:
“Si queremos que Colombia sea
realmente una potencia moral en el concierto de las naciones,
es imprescindible que dentro de los límites de su territorio,
gobernantes y gobernados preserven intactos los derechos esenciales
de la persona humana, sin distinción por motivos de sexo,
raza, idioma y credo religioso o político” .
En la comisión II se recomendó:
“ Si se desea que exista menos
impunidad y mas confianza en la justicia judicial, haciéndola
mejor y mas acelerada, y con ello contribuir a crear un clima
de armonía, paz y seguridad, que resulte fecundo para el
progreso de la patria, lo que debe hacerse es modernizar los procedimientos
aumentar magistrados y jueces en la cantidad que exija el numero
de asuntos que deben investigar y juzgar, elevar su categoría
social y darles justa remuneración, dotarlos en cantidad
adecuada de implementos modernos, de auxiliares técnicos,
de investigadores y laboratorios, de policía judicial apta,
de personal subalterno capaz” .
Alfredo Vásquez Carrisoza, en
su alocución inaugural, preciso:
“Hemos profesado un gran respeto
a las Fuerzas Armadas y nos preguntamos si les conviene para la
insustituible misión de vigilancia de nuestras fronteras
asumir tareas propias de los organismos de investigación
policiva y judicial. La tradición de imparcialidad que
caracteriza alas instituciones militares en Colombia, para fortuna
de nuestra democracia quedaría quebrantada al mezclarlas
a nuestras fragorosas luchas de partidos y corrientes ideológicas”
.
Fabio Lozano Simonelli, En el acto de
cierre, asintió:
“Lo que no queremos es que un
ejercito equivocado de la autoridad, además de activar
el desbarajuste institucional, provoque una enemistad aciaga entre
el estado y los colombianos rasos” .
Roberto Arenas protesto en la misma
sesión:
“las afirmaciones del Ministro
de Educación Nacional, diciendo que quienes promueven este
foro son enemigos de las instituciones, son temerarias y faltan
al respeto de la conciencia de los colombianos” .
Gilberto Vieira, el decano de los revisionistas
colombianos, anotó en su condolida intervención:
“Es lamentable que Colombia esté
perdiendo el prestigio internacional que tuvo en otras épocas
hasta cuando fue canciller de la republica nuestro amigo aquí
presente, el doctor Vásquez Carrisoza. Y como colombianos
tenemos que luchar por que Colombia recobre su fisonomía
moral internacionalmente” .
El poeta Luis Vidales exteriorizó
cuanto sentía:
“Los mas interesados en fortalecer
al gobierno al ejercito, al parlamento, a la entidad de justicia,
son los miembros del foro, como prueban los documentos surgidos
del seno de este “ .
Y el vocero del esquirolaje, Tulio Cuevas,
resumió:
“Por fin estamos los colombianos
hablando en un mismo lenguaje: contra la injusticia” .
La anterior transcripción de
citas nos proporciona un inventario bastante fidedigno de los
infundíos bajo los cuales los heraldos de los fueros humanos
adelantan su oposición a la administración Turbayista.
La selección bien podría ser otra. Sobra la tela
por cortar en los cientos de infolios de las ponencias de los
ensayistas del derecho y de los derechistas en ensayo. No caben
los memoriales de apelación. Y como se expresaría
el magistrado, tampoco proceden los sobreseimientos definitivos,
ni los temporales alegándose el atenuante de que fulano
o perencejo solo se excedió en su celo profesoral, o se
le salio un lapsus linguae. Los acuerdos que van “desde
Gerlein hasta el Trostkismo” se han cocido con la cháchara
de la teoría burguesa del estado, puesta en la picota por
la clase obrera desde hace cerca de siglo y medio. Esto explica
plenamente la envergadura de la alianza y las repercusiones que
tuvo dentro de la prensa liberal, conturbada al contemplar cómo
sus ideales de una forma armónica sociedad policlasista,
regida por una burocracia y una milicia ecuánimes y justicieras,
funcionando sosegadamente, sin sobresaltos, cual un relojito,
se le esfuma al contacto de la atmósfera de la inseguridad
galopante. Ellos los liberales no se resignan a creer que Montesquieu
se les murió, y los revisionistas los acompañan
en la congoja. Al evocar el espíritu de aquel no logran
revivir las condiciones sociales de la época en que la
burguesía tallaba el mundo con sus predicas y naufragan,
por que los de arriba no los toman en serio y los de abajo les
faltan al respeto. Hace mucho que a la libre competencia la suplanto
el monopolio y que surgió el imperialismo con su comunidad
de decenas de naciones y de miles de millones de personas sometidas
al arbitrio de un puñado de multimillonarios. El sistema
de estado que impera en dicha comunidad consiste en la dictadura
de los monopolistas ejercida directamente o por comisión,
a través de los agentes intermediarios vendepatrias, así
su forma de gobierno fuere democrático-representativa.
Si en su amanecer la democracia burguesa encaro el desafió
de derruir los torreones feudales, hoy, a duras penas presta la
pelleja con que los depredadores modernos disfrazan su inefable
despotismo contra las masas subyugadas. En un movimiento por la
restauración de la vieja democracia, los trabajadores de
la Colombia saqueada y atrasada no tendrían nada por ganar.
Al contrario, la alianza que buscan, la unidad por la que vienen
combatiendo, el frente que pregonan, es para abrirles el paso
a las ideas y a las fuerzas de la nueva democracia de los obreros
y los campesinos. La única que liberara a la nación
Colombiana y no secunda los propósitos del imperialismo;
que contempla el beneficio de las inmensas mayorías y no
el lucro de un reducido círculo de potentados, y la única
que congregara en torno suyo al pueblo, incluidos los productores
nacionales y patriotas sinceros, y desbordará las miras
de los restauradores de la trasnochada ilustración de las
centurias XVIII y XIX.
Los forenses fantasean acerca de la
esencia de la persona, del hombre en general como sujeto de derechos,
de la substancia humana, etc; Pero todos esos entes abstractos,
a los que les gastan tanta saliva, solo habitan en sus necios
cerebros. El proletariado ha mucho ajustó cuentas a si
mismo con la rutinaria inclinación de los explotadores
a esconder que los hombres han estado divididos desde eras remotas
en clases rivales, y que la especie se ha desarrollado mediante
la luchas de estas clases, y así seguirá durante
un intervalo supremamente extenso. Lo humano, dentro del capitalismo,
se concreta en el asalariado de carne y hueso que vende su fuerza
de trabajo para no perecer, y en el burgués, también
corporal, que se enriquece con la compraventa. Este vive de aquel.
El uno es libre y el otro no. ¿Cómo disertar indiscriminadamente
sobre unos derechos humanos para ambos, siendo que los privilegios
con que se deleita el segundo significan la indigencia absoluta
del primero? ¡Dadme un punto de apoyo y moveré el
mundo dijo Arquímedes! en la antigüedad ¡Hipócritas,
concededme uno solo de mis derechos y os desplomare vuestro asqueroso
mundo!, les increpa el proletario moderno a los entibadores del
orden jurídico capitalista.
La sociedad colombiana actual se halla
compuesta en lo fundamental por obreros, campesinos, pequeños
burgueses urbanos, burgueses nacionales y finalmente por grandes
burgueses y grandes terratenientes, intermediarios de los monopolios
imperialistas, a los que solemos calificar popularmente de oligarcas
vendepatria. Tales componentes sociales no son iguales entre si
y cada cual desempeña un rol distinto del en la producción
y en la política. Colombia tampoco disfruta de autodeterminación,
pues gira en la orbita de los Estados Unidos. La urgencia de alcanzar
la soberanía nacional y sepultar los vestigios feudales
hace que se vayan configurando dos enormes bandos; el uno integrado
por las cuatro primeras clases enumeradas, con la vanguardia del
proletariado, y el otro por las dos ultimas, lacayas del imperialismo.
Por eso la revolución liberadora posee no un carácter
socialista, sino democrático, aunque de nuevo tipo, a causa
de la dirección obrera. Su instante crucial y su sueño
dorado arribaran cuando, entre el humo y el clarín, expire
la dictadura oligárquica pro imperialista y nazca la de
las fuerzas revolucionarias y patrióticas. Cualquier campaña
por la democracia que soslaye el problema de las clases y de la
dictadura, no deja de entrañar una vil engañifa,
destinada a contrarrestar las ansias de emancipación del
pueblo con farisaicas defensas del régimen expoliador,
o con el expendio de un edén bíblico imposible.
¡Cuanta falta hace airear el ambiente! La preponderancia
que aun conservan los partidos tradicionales en Colombia, se explica,
con creces, por el hecho de que nadie en el pasado insistió
con la claridad y la energía suficientes en combatir el
democratismo embaucador de los saqueadores y sus turiferarios.
Nos encontramos en mora de rescatar, de manos del tutelaje ideológico
de la coalición liberal - conservadora, el portentoso movimiento
democrático de las masas populares. Mientras subsistan
amplios sectores de indigentes engarzados en las trapisondas de
los democrateros burgueses y terratenientes no hay que pensar
siquiera en la más mínima transformación
de la situación política. He ahí para los
revolucionarios colombianos el compromiso ineludible de la hora:
educar al pueblo en los postulados de una democracia consecuente,
que le faciliten entender el azaroso período por el cual
transcurre y distinguir las clases con las cuales realmente cuenta
en la hazañosa pelea contra sus seculares opresores.
Los del foro, al revés, llaman
a “gobernantes y gobernados” a que “preserven
intactos los derechos esenciales de la persona humana”,
sin distinción de “sexo”, de “raza”
e inclusive de “credo político”. Una de dos
, o estos señores concientemente le hacen el mandado a
la reacción, o su ignorancia supera las cavidades oceánicas.
Basta con que un gobierno se automoteje de democrático
para quedar convencidos de la conjunción de fines entre
subyugadores y subyugados. ¿Acaso el Estado no constituye
el supremo aparato burocrático-militar con que una clase
somete a otra? Y si la democracia no es mas que el reconocimiento
de la sujeción de la minoría a la mayoría,
un Estado democrático no pasará de ser aquella misma
máquina de opresión que se gobierna con el método
de acatamiento a la voluntad mayoritaria de la clase dominante,
método que se establece, según el caso, para mejor
golpear a los enemigos sometidos. Con el objeto de ilustrar la
cuestión, Lenin nos recuerda que aun cuando la Roma esclavista
conoció la republica democrática, de esta únicamente
formaban parte, como es, obvio, los dueños de esclavos.
Otro tanto acaece en la sociedad capitalista, en donde los esclavos
contemporáneos, los obreros asalariados, no participan
de ninguna democracia. Las restricciones en Colombia ni por equivocación
lastiman a liberales y conservadores; se promulgan deliberadamente
contra los partidos de las clases revolucionarias. Los iscariotes
que huyeron del MOIR decepcionados por nuestro exiguo poder electoral
tampoco asimilaron tan elementalísimo principio. Las elecciones
funcionan sobre el tácito entendimiento en que alguna de
las porciones en que ocasionalmente se fracciona la masa de oligarcas,
el ala gobernante o la opositora, terminará depositaria
del complejo engranaje administrativo. El dinero, los medios de
comunicación, los estatutos de seguridad, todo, en redondo,
esta combinado y convenido para que los subversivos, la izquierda,
los libertos, nunca salgan de su condición de minoría
ni abandonen jamás las catacumbas, no obstante abarcar
la nueve décimas partes de la población. Pero en
el momento en que no sea así y por los empujes de la revolución
al sufragio no le quede otra que reconocer la mayoría de
las mayorías. ¡adiós sufragio!
Idéntica suerte corre el resto
de libertades. Son espejismos que se desvanecen a medida que nos
vamos aproximando a ellos. ¿Cuándo los desharrapados
recolectores del café, por ejemplo adquirieran una rotativa
para difundir su verdad, tan distante de la de los Santos tío
y sobrino? Si aquel milagro llegare a verificarse en esta sociedad
el día de ese mes y de ese año, la censura de prensa
se generalizaría. Y todo dentro de la mas escrupulosa legalidad,
porque “quien hizo la ley hizo la trampa”, reza el
adagio. Acomodados al código han sido los despidos masivos
de los batalladores proletarios, las prohibiciones de las huelgas,
los tribunales de arbitramento obligatorio la congelación
de los fondos sindicales. En cambio, ¿será ilegal
Santofimio? Mientras Turbay ocupe el solio, no aparece. El terrateniente
como tal, como clase tampoco caerá en flagrante delito,
a pesar de sus reiteradas y monstruosas villanías contra
el campesino. Empero, la peor de las ruindades consiste en pugnar
por persuadir a los desheredados de siempre de que aun pueden
obtener su dicha bajo la vieja dictadura, si acceden a cooperar
con los empeños reformistas.
Paulatinamente los cantos de sirena
se ahogaran en los estampidos de la reyerta. El niño desvalido,
el anciano indefenso, el negro proscrito, el indígena humillado
y la mujer discriminada, especialmente la mujer, calaran, al abrigo
de la experiencia cuotidiana y de la propaganda revolucionaria,
que sus justas aspiraciones a una vida pletorica y fructífera
en el mar de las masas laboriosas, se hallan indisolublemente
entrelazadas al triunfo de la nueva democracia de los obreros
y los campesinos.
Los del foro de los derechos humanos
reclaman “menos impunidad y mas confianza en la justicia
“, “haciéndola mejor y mas acelerada”,
en bien de la “paz”, “la seguridad” y
el “progreso de la patria”. Para lo cual habrá
que “modernizar los procedimientos”, “aumentar
magistrados”, etcétera, etcétera. Una cosa
es combatir la militarización y las iniquidades de los
consejos verbales de guerra, y otra muy distinta reivindicar la
vetusta y corrompida justicia ordinaria. Aquí “modernizar
los procedimientos” equivale a pulir las herramientas punitivas
con las que las clases dominantes sancionan a quienes, en la esfera
individual o colectiva, por acto espontáneo o acción
organizada, atenta contra la integridad o la propiedad de los
explotadores. ¿No es esto lo que el gobierno busca con
sus proyectos de reforma a la constitución y a la rama
jurisdiccional? Una justicia dócil, rápida en despachar
los asuntos encomendados a su severo veredicto, articulada directamente
con la cúpula del Poder y por ella férreamente regida,
que permita eximir a los militares, aunque solo fuere por una
temporada, de la carga de juzgar a los civiles; encargo que se
ha tornado tan pernicioso para el fosforescente prestigio y las
tradiciones republicanas de las Fuerzas Armadas, según
quejumbres de los mas recalcitrantes apologistas del régimen.
Las cárceles están repletas de personas carentes
de recursos hasta para cancelar las costas de un juicio. Fuera
de los rebeldes confesos, son carne de presidio el proletariado
cesante, el campesino desalojado, el lumpen sin salida, los residentes
del tugurio, en una palabra la pobrería. Ningún
remiendo a la norma jurídica modificara esta historia maldita
de la democracia colombiana. El pueblo, que asimila muchísimo
mas que los cancerberos con toga, lo ha expresado en breve máxima:
”la justicia es un perro bravo que solo muerde a los de
ruana”.
Asimismo los humanos del foro se identifican
con la ortodoxia liberal-conservadora en la preocupación
de salvar el lustre del contingente armado. Que las tropas se
circunscriban a la “misión” para las que fueron
creadas y que no se quebrante su “imparcialidad”,
al “mezclarlas con nuestras fragorosas luchas de partidos
y de corrientes ideológicas”. ¿Su “misión”?
No será la de defender las fronteras patrias, puesto que
el ejercito colombiano a suscrito obedientemente cada uno de los
acuerdos demandados por el imperialismo norteamericano y a Corea
marcho en 1951 a ofrendar con sangre su tributo de “imparcialidad”
a la política filibustero de los Estados Unidos. El soporte
principal de un Estado lo encarnan sus instituciones militares.
Hasta el punto que sin estas aquel no sobreviviría un minuto.
En Colombia lo corroboramos permanentemente. Ninguna de las medidas
oficiales se aplica haciendo caso omiso al amedrantamiento de
los fusiles y del ceñudo asentimiento de sus portadores.
Cualquier decreto gubernamental presupone desfiles de tanques
y cañones por las calles de las ciudades y expediciones
pacificadoras por los campos. El alza de la gasolina o del transporte,
inquirimos, ¿Se hubiera conseguido imponer sin el ejército?
Ni el impuesto a las ventas, ni la liberación de importaciones,
ni los programas sectoriales del Pacto Andino, ni siquiera las
piñatas filantrópicas de Doña Nydia podrían
concretarse entre las ejecutorias de la administración,
si el ejército no cumpliera con sus obligaciones. Sin “mezclar”
a las fuerzas armadas en “nuestras fragorosas luchas de
partidos”, ¿Cómo se las hubiera arreglado
Carlos Lleras Restrepo, aquella noche del 19 de abril de 1970,
para alterar los guarismos electorales y sacar de entre las cenizas
el candidato achicharradote la gran coalición? ¡Suprimid
el ejercito de los explotadores y suprimiréis su estado!
En Colombia, esta constante, peculiar en las sociedades basadas
en el apoderamiento de los frutos del sudor ajeno, la señala
con claridad meridiana el obrero consiente; e incluso lo ha admitido
el burgués obstinado abierta o subrepticiamente, en innúmeros
pronunciamientos. Y el que no la vislumbre todavía la percibirá
en un tiempo corto, por la velocidad con la que se precipitan
las contradicciones. Los trabajadores comprueban a menudo como
sus reclamos mas sentidos se estrellan en el escudo antimotín
de los batallones disponibles, detrás del cual hay siempre
agazapado un fabuloso negocio. Muy pronto ya nadie desconocerá
esta realidad. Salvo, desde luego, los leguleyos, perdidos en
el limbo forense.
Y así, los demás enunciados
de la susodicha reunión se distinguen por su incorregible
conciliación con los beneficiarios de los poderes tradicionales.
Volvamos la vista atrás y releamos los pasajes transcritos.
No desean que se “provoque una enemistad aciaga entre el
estado y los colombianos rasos”. Se encolerizan por que
les cuelgan el sambenito de que los promotores del foro “son
enemigos de las instituciones”. El mismísimo Vieira
lamentase de que “ Colombia este perdiendo el prestigio
internacional que tuvo en otras épocas hasta cuando fue
canciller de la republica nuestro amigo aquí presente,
el doctor Vásquez Carrizosa”. Echaron sobre sus espaldas
la pesada cruz de pujar por que la republica oligárquica
“recobre su fisonomía moral internacionalmente”.
Estos afanes ya han producido sus escaramuzas. Como el gobierno
les saliera al paso lanza en ristre, increpándoles que
algunos de sus críticos, exministros de Pastrana Borrero,
habían firmado disposiciones compulsivas similares a las
actualmente en rigor, los aludíos, Galán, Arenas
y el propio Vásquez, defendieron con denuedo el nefasto
periodo del Frente Nacional del cual son coautores. ¿De
suerte que el estado de sitio pastranista se trocó en bueno,
democrático, al compararlo con el de Turbay Ayala? Los
pleitos que cazan estos cruzados de los fueros humanos apenas
simbolizan rencillas de ajadas banderías con nostalgia
ministerial. Y los revisionistas, como de costumbre, actúan
de restauradores, sí, de restauradores o de recobradotes
de la añeja moral republicana, que, acorde ahora con la
versión de su foro, se les refundió hace un lustro,
a partir de la vacancia del amigo canciller.
El foro humano además de albergue
que le prodigaron publicistas de los grandes diarios, particularmente
de “El Espectador”, recluto entre la pequeña
burguesía intelectual a sus mas fervorosos paladines. Luego,
con cada declaración, reportaje o escrito que los gestores
del evento iban dando a la luz, se echaba un baldado de agua fría
sobre el entusiasmo de sus seguidores.
Estos palparon como la campaña en lugar de abrir brecha
cogía por la senda trillada de la huera fraseología
burguesa. No renovaba, restauraba.
Miraba hacia el pasado, no al futuro.
No obstante la falta de un diagnostico certero de los hechos,
se consolaron a si mismos con la excusas de que el foro no engloba
un acuerdo político y a el confluyen la mas diversas vertientes,
proporciona una tribuna de denuncia, es apartidista y no pretende
suplantar al frente, etc. Tales reflexiones confirman los estragos
que el revisionismo y el oportunismo liberal llevan a cabo dentro
de importantes estamentos que, por el puesto ocupado en la sociedad
neocolonial y semifeudal, están llamados a engrosar la
marcha liberadora de la nueva Colombia y no a besar la tierra
que pisa la oligarquía vendepatria. Unas denuncias de atrocidades
oficiales sustentadas como insucesos episódicos resarcibles
bajo el régimen antinacional y antipopular, o como desmanes
de ocasionales funcionarios, y que para colmo de colmos se adornen
con farisaicas promesas de libertades iguales para opresores y
oprimidos, en el fondo solo favorecen a los monopolios imperialistas
y sus intermediarios. Obviando las consideraciones de matiz, a
la postre las clases dominantes aplaudirán todo acuerdo,
llámese partidista o no, que plantee la reparación
de su trajinada maquina estatal. Por eso el pugilato entre oposición
y gobierno, atinente al tema en boga, se ha reducido a ver quien
sobrepuja en la subasta de los derechos humanos. Y a ello obedece
que Tulio Cuevas les haya dicho a sus aliados con cierto toque
de sarcasmo: “por fin estamos los colombianos hablando en
un mismo lenguaje”.
La lucha contra el despotismo y la facistización
progresiva del país y por desgajarle al enemigo unas cuantas
conquistan en bien del pueblo, antes que suavizar las contradicciones
entre la reacción y la revolución, ente la nueva
y la vieja democracia, habrá de hacérselas mas patentes
y comprensibles para los obreros, los campesinos y demás
destacamentos progresistas y patrióticos. Repudiamos la
barbarie oficial y nos solidarizamos con quienes padezcan los
sádicos tratamientos de los aparatos represivos, mas nada
ni nadie conseguirá que el MOIR contemporice con el oportunismo.
Para que se nos entienda a cabalidad: condenamos la arbitraria
detención del poeta Vidales, un atropello inocuo; pero
no dejamos de calificar cuan imperdonable alevosía que
él, concordante con su calidad de miembro del Foro de los
Derechos Humanos, se situé junto a “los mas interesados
en fortalecer al gobierno, al ejercito, al parlamento, a la entidad
de justicia”. Si las masas trabajadoras no arrancan de cuajo
a los 50 o mas años de mamertismo, ni bajan a empellones
del escenario a los farsantes, ni cierran filas en derredor de
sus justos intereses, antagónicos a la coalición
bipartidista liberal-conservadora, la revolución colombiana
se empantanaría paradójicamente en una coyuntura
tan propicia como la presente. El MOIR, para evitar semejante
peligro, va a requerir al máximo poner en juego la energía,
la capacidad y la disciplina de sus cuadros y militantes, los
abnegados fogoneros de la causa revolucionaria.
El incontenible movimiento por la nueva
democracia derrotará las contracorrientes portadoras de
la confusión ideológica y del veneno conciliacionista,
romperá con la arcaicas creencias de las centurias anteriores
y enarbolara muy alto las ideas avanzadas de la cultura de los
obreros y los campesinos.
Septiembre de 1979.
Tribuna Roja Nº 34