Textos Sobre Historia
El Descubrimiento
"Aunque el Descubrimiento se deba a los adelantos de aquel
período, parta de la hipótesis de la redondez de
la Tierra, corresponda a la pericia y a la tenacidad de Colón
e ilumine la Era Moderna, lleva el timbre, si se me permite la
licencia, de las fascinantes realizaciones del Renacimiento: que
sus autores se planteaban los problemas, definían los objetivos
y los coronaban, pero sin dominar a ciencia cierta el motivo y
las repercusiones de sus triunfos, ni los basamentos esenciales
en que se sustentan.
"La llegada un tanto fortuita de
las primeras carabelas a nuestras costas de cualquier modo fue
una salida a las urgencias de la Europa del siglo XV, en especial
la de romper el cerco en que la habían situado la toma
de Constantinopla por los turcos otomanos, que bloqueó
sus rutas comerciales hacia el Oriente, y el hecho de que los
combatientes del Islam constituían de suyo una barrera
infranqueable en el Norte del África. De ahí que
exclusivamente restara buscar el ‘Levante por Poniente’
según la conocida y certera intuición del genovés.
Sin embargo, al intentar comprobarla, se le atravesó otro
mundo, inmenso, distinto al anhelado... y no lo supo nunca. Una
meta fallida, que fuera de encarnar uno de los más notables
éxitos del hombre, da pábulo a otros desenlaces
no menos contradictorios y deslumbrantes". ("En Respaldo
a Germán Arciniegas", El Tiempo, Octubre 11 de 1992).
Conquista y Colonización
"Hasta dónde nos hallamos ligados a las vicisitudes
del quehacer internacional lo registran los propios albores de
nuestros pueblos. Luego del Descubrimiento, al Norte del Río
Grande arribó la emigración más avanzada
de entonces a colonizar unos parajes apenas habitados por aborígenes
que en su retardo evolutivo no pasaban del estadio superior del
salvajismo, de acuerdo con la sinopsis de Lewis H. Morgan, en
tanto que al Sur vinieron los representantes de las formas más
atrasadas de producción de Europa, a disponer de unas tierras
cuyos bárbaros propietarios ya habían conseguido,
entre sus hazañas, cultivar.
"Este hecho paradójico,
el que lo aventajado del viejo mundo se tropezara con lo rezagado
del nuevo, y viceversa, selló la suerte de las dos porciones
tan dispares y tan encontradas de América. En lo que después
sería Estados Unidos, los colonos, con una mano de obra
salvaje no utilizable, tuvieron ellos mismos que descuajar los
bosques y hendir los surcos, hasta ver florecer a la postre un
capitalismo puro, exento de las interferencias de sistemas caducos
heredados a los que fuera necesario barrer, como le tocara a la
burguesía europea en sus batallas por el desarrollo. Idéntica
afirmación cabe para las normas democráticas de
organización social, cuyas embrionarias encarnaciones comenzaron
allí a manifestarse desde un principio y a facilitar las
actividades productivas.
"En cambio, el rancio coloniaje
monárquico, de severo molde absolutista y al que prácticamente
le correspondiera fundar a Latinoamérica, trasplantó
intacto aquí el régimen feudal, dada la feliz coincidencia
de que se toparía con una abundante población indígena
apta para la agricultura y las labores manuales, a la cual, además
de evangelizar, transformaría en siervos de la gleba. Sobre
la mita, la encomienda, y el resguardo reverdecieron las obediencias
jerarquizadas, los tributos y prestaciones personales, la justicia
inquisitorial y el resto de instituciones de una sociedad que
allende el océano exhibía síntomas inequívocos
de senectud, pero que bajo nuestros cielos tendría mucho
por vivir, hasta el punto de que al cabo de los siglos aún
observamos sus vestigios saboteando la marcha del progreso".
("Unámonos Contra la Amenaza Principal", Intervención
en el Foro sobre Centroamérica, Tribuna Roja No. 47, Octubre
19 de 1983).
La Independencia
"Vertiginosamente Norteamérica adelantaría,
y pronto haría sentir también su influjo bienhechor
con su Declaración de Independencia, convenida en 1776
y enfilada en general contra la monarquía y la divinidad
de los reyes; documento consagratorio de los preceptos de la democracia
burguesa, cuyos derechos humanos presididos por la sonada máxima
de que todos ‘todos los hombres son creados iguales’,
estaban llamados a contribuir durante decenios, y de contera,
con la gestas de emancipación de las colonias españolas.
Bastante transcurrida la centuria pasada, la semblanza estadinense
todavía seguía infundiendo entusiasmo a las luchas
progresistas de los distintos países. La guerra de secesión,
concluida en 1865 con la refrendación de la libertad de
los esclavos negros, recibió el fervoroso apoyo de las
corrientes revolucionarias, especialmente de los obreros europeos."
El Capital Monopolista Norteamericano
"No obstante, en víspera del siglo XX, junto a una
banca omnipotente, reguladora de los engranajes industriales puestos
a la sazón bajo sus arbitrios, irrumpen los gigantescos
monopolios, suprema expresión de la concentración
del capital, los cuales estiman demasiados angostos sus linderos
fronterizos y han de hacer de la rapiña una divisa, renegando
de las sanas tradiciones y trastornando la mente de la gran nación
de Jefferson. La guerra contra España en 1898, su primera
confrontación netamente imperialista, no se emprendió
ya en aras de las claúsulas de 'no colonización'
de la Doctrina Monroe, sino al revés, para apropiarse de
lugares ajenos, como lo llevó a cabo aquel año el
gobierno de Mackinley con Filipinas, Guam y Puerto Rico. Contra
Cuba, asimismo arrancada de la corona ibérica, expidiose
más tarde la oprobiosa Enmienda Platt por la cual se coartaba
su soberanía y quedaba Estados Unidos facultado para entrometerse
en los asuntos de la Isla cuando le pluguiera. Sobrevendría
de igual modo la desmembración de Panamá de Colombia,
con el propósito de construir en el Istmo el canal interoceánico
que los franceses no fueron capaces de materializar. Y posteriormente
la habilitación de las interminables tiranías castrenses
tipo Carías, Martínez, Duvalier, Ubico, Somoza,
Trujillo, respectivamente de Honduras, El Salvador, Haití,
Guatemala, Nicaragua y República Dominicana, para sólo
señalar unas pocas de las muchas que han soportado las
masas escarnecidas y apaleadas de América Central y el
Caribe. Y los tratados leoninos sobre diversos tópicos,
dirigidos a garantizar franquicias para las inversiones, los consorcios,
las mercancías o los empréstitos procedentes de
la metrópoli recién configurada. Y las repetidas
conferencias panamericanas, gestoras del sistema del mismo nombre
pero bajo la batuta de Washington, preferencialmente la IX, celebrada
en Bogotá durante los días aciagos del asesinato
de Gaitán y que diera vía a la Organización
de Estados Americanos, la inefable OEA, tildada por algunos como
el 'ministerio de colonias yanquis'. Y las intervenciones militares
contabilizadas por docenas en el Hemisferio, entre las que vale
la pena recordar la de 1914, en el puerto de Veracruz, México,
a fin de presionar la dimisión del presidente Victoriano
Huerta; la de 1926, en auxilio del títere nicaragüense
Adolfo Díaz; la de 1954, para derrocar el gobierno guatemalteco
de Juan Jacobo Arbenz; la de 1961, fallidamente contra la revolución
cubana, y la de 1965, tras el objetivo de aplastar al insubordinado
coronel Francisco Caamaño, en Santo Domingo.
"La metamorfosis de la república
estadinense en una potencia imperialista se había consumado
definitivamente. Dejemos referir al Washington Post, en editorial
publicado preciso en los preliminares de la guerra de 1898, cómo
percibió aquella transmutación en los momentos históricos
en que se estaba efectuando: "Una nueva conciencia parece
haber surgido entre nosotros la conciencia de la fuerza y junto
con ello un nuevo apetito, el anhelo de mostrar nuestra fuerza...
El sabor a imperio está en la boca de la gente, lo mismo
que el sabor de la sangre reina en la jungla". (...) (Id.).
El Neocolonialismo
“La entronización de la hegemonía norteamericana
constituyó un vuelco notorio; mas hubo también otro
digno de mencionarse: la generalización del neocolonialismo,
que suplanta las antiguas formas coloniales de dominio directo
de la metrópoli, por las del control indirecto, a través
de gobiernos títeres, elegidos incluso por voto popular
y adornados con todos los oropeles de la democracia burguesa.
Al someter a su égida a las naciones más atrasadas,
feudales y semifeudales, y verter en ellas las cornucopias rebosantes
de dinero, el imperialismo, fuera de centuplicar su poderío
económico con las materias primas así apropiadas
y con los mercados así abiertos, propaga por doquier el
modo de producción capitalista y, sin proponérselo,
esparce los gérmenes de la rebeldía de los pueblos
colonizados. Cuanto más desarrollo haya adquirido un país
y más capital nacional posea, con mayor acucia siente los
impulsos de recuperar sus riquezas, manejar sus recursos, obtener
la soberanía y disfrutar realmente de la autodeterminación.
Las poblaciones sacadas del aislamiento provinciano y puestas
en contacto con la cultura mundial ya no pueden ser tratadas,
tan fácilmente, con las herramientas medievales de sojuzgación;
se requiere de otras más sutiles y, sobre todo, más
eficaces. Además, el grado de concentración y de
pujanza del monopolio llega a extremos tales en superpotencias
como los Estados Unidos, que ningún régimen burgués,
por democrático que sea, se halla exento de ver a sus funcionarios
y mandatarios sobornados por el imperialismo más pudiente,
es decir de caer bajo la subordinación económica
mediante los contratos leoninos, las leyes elásticas y
el 'serrucho', tristemente célebre en Colombia. ("Experiencias
de la Segunda Guerra Mundial para Tener en Cuenta" Prólogo
al Libro: José Stalin. La Gran Guerra Patria de la Unión
Soviética. Trad. de Gabriel Iriarte, Agosto de 1990).
El Fascismo y la Segunda Guerra Mundial
Aunque el fascismo configura una de las cuantas doctrinas imperialistas,
lo escabroso de sus postulaciones y la brutalidad de sus procedimientos
la hacen más acabada, más típica, más
propia de la etapa en que el capital se convierte en monopolio
e inicia su estado de descomposición y de expoliación
parasitarias sobre las naciones oprimidas. La versión nazi
recurre desaforadamente al nacionalismo y al racismo para encubrir
las ambiciones de supremacía mundial...
El despotismo hitleriano proporcionó
una disciplina vandálica, extremando el trabajo, distorsionando
la mente de la juventud y eliminando sin contemplación
a quienes disintieran de los planes oficiales. Creó un
ejército altamente calificado acorde con los adelantos
técnicos y con formas organizativas apropiadas a estos,
verbigracia, las unidades mecanizadas de rápida movilidad
muy distintas a las antiguas formaciones de caballería,
supérstites aún en no pocas de las instituciones
militares...
El nazismo, que funda su éxito
en la intimidación y el engaño, como cualquier contracorriente
reaccionaria no soporta la adversidad. Únicamente sobrevive
llevando la delantera, pero tan pronto se le nublan las perspectivas
de vencer todo estará finiquitado sin remedio...
Concertar la cooperación con
los enemigos comunes del Eje, así encarnaran fuerzas de
naturaleza expoliadora y colonialista pero inhabilitadas para
hacer valer su iniciativa, respondía a una necesidad de
legítima defensa que Stalin avizoró con bastante
antelación e insistió en ella hasta satisfacerla.
El acta de no agresión firmada con Ribbentrop y Molotov
a mediados de 1939, absolutamente indispensable luego de la contumaz
negativa de Occidente a convenir la lucha conjunta contra el fascismo,
sobre la cual tanto especularon los más disímiles
comentaristas burgueses, no dejaría de ser un acuerdo eminentemente
pasajero que, según el enfoque objetivo de la URSS, permitía
ganar tiempo y esperar la arremetida germana desde posiciones
militares lo más favorable posibles...
... el heroísmo del pueblo
soviético incide en el cambio de la situación en
un lapso relativamente corto; a lo que debemos agregar la orientación
política y militar, sin cuyo acierto, ni la sangre vertida
ni la laboriosidad desplegada hubieran dado sus frutos. Partiendo
del mismo vaticinio sobre el desencadenamiento de las contradicciones
de la preguerra; pasando por la utilización de los factores
positivos contemplados en la estrategia trazada, y concluyendo
en el hábil maniobrar para, sin vender los principios,
salir airosos, de cada una de las complejísimas encrucijadas,
el alto mando soviético hizo alarde de visión, sapiencia,
audacia y capacidad, cual raras veces ocurre en la historia. Aquél
era el Partido Comunista. Integrado por los continuadores de la
magnífica tradición revolucionaria de Rusia y los
herederos de las sublimes virtudes de Lenin: educado en los fundamentos
científicos del marxismo y dirigido por un jefe formidable:
Stalin. (Experiencias de la Segunda Guerra.... op. cit.).