La
Tercera Internacional y su Puesto en la Historia
V. I. Lenin
Los imperialistas de los países
de la "Entente" bloquean a Rusia, tratando de aislar
a la República Soviética, como foco contaminador,
del mundo capitalista. Estas gentes, que se jactan del "democratismo"
de sus instituciones, están tan cegadas por el odio a la
República Soviética que no advierten cómo
ellos mismos hacen el ridículo. Figúrense ustedes:
los países más adelantados, más civilizados
y "democráticos", armados hasta los dientes,
que tienen bajo dominio militar indiviso a todo el mundo, temen
como al fuego el contagio ideológico procedente de un país
arruinado, hambriento, atrasado y que, según ellos, ¡es
incluso un país semisalvaje!
Esta sola contradicción abre
ya los ojos a las masas trabajadoras de todos los países
y ayuda a desenmascarar la hipocresía de los imperialistas
como Clemenceau, Lloyd George, Wilson y sus gobiernos.
Pero a nosotros nos ayuda no sólo
la ceguera que el odio a los Soviets causa a los capitalistas,
sino también las disensiones entre ellos, que les llevan
a ponerse zancadillas mutuamente. Han organizado entre sí
una verdadera conspiración del silencio, temiendo más
que nada la difusión de noticias verídicas sobre
la República Soviética, en general, y de sus documentos
oficiales, en particular. Sin embargo, el órgano principal
de la burguesía francesa, Le Temps (1), ha publicado la
noticia sobre la fundación, en Moscú, de la III
Internacional, de la Internacional Comunista.
Expresamos a este órgano principal
de la burguesía francesa, a este portavoz del chovinismo
y del imperialismo francés, nuestro más respetuoso
agradecimiento. Estamos dispuestos a remitir a Le Temps un mensaje
solemne para manifestarle nuestro reconocimiento por la ayuda
que nos presta de un modo tan acertado y hábil.
La manera en que dicho periódico
ha redactado su información, basándose en nuestro
comunicado por radio, muestra con claridad meridiana los motivos
que han guiado a este órgano del dinero. Quería
disparar un dardo contra Wilson, como para mortificarle, cuando
decía: "¡Vea qué gentes son ésas
con las que usted admite que se entablen negociaciones!"
Los sabihondos que escriben por encargo de la gente adinerada
no ven que su empeño de atemorizar a Wilson con los bolcheviques
se transforma, a los ojos de las masas trabajadoras, en una propaganda
a favor de los bolcheviques. Otra vez: ¡Nuestro más
respetuoso agradecimiento al órgano de los millonarios
franceses!
La III Internacional fue fundada bajo
una situación mundial en que ni las prohibiciones ni los
pequeños y mezquinos subterfugios de los imperialistas
de la "Entente" o de los lacayos del capitalismo, como
Scheidemann en Alemania y Renner en Austria, son capaces de impedir
que entre la clase obrera del mundo entero se difundan las noticias
acerca de esta Internacional y las simpatías que ella despierta.
Esta situación ha sido creada por la revolución
proletaria, que, de un modo evidente, se está incrementando
en todas partes cada día, cada hora. Esta situación
ha sido creada por el movimiento soviético entre las masas
trabajadoras, el cual ha alcanzado ya una potencia tal que se
ha convertido verdaderamente en un movimiento internacional.
La I Internacional (1864-1872) echó
los cimientos de la organización internacional de los obreros
para la preparación de su ofensiva revolucionaria contra
el capital. La II Internacional (1889-1914) ha sido una organización
internacional del movimiento proletario, cuyo crecimiento se realizaba
en amplitud, a costa de un descenso temporal del nivel revolucionario,
en el fortalecimiento temporal del oportunismo, que, en fin de
cuentas, llevó a dicha Internacional a una bancarrota ignominiosa.
De hecho, la III Internacional fue
creada en 1918, cuando el largo proceso de la lucha contra el
oportunismo y el socialchovinismo condujo sobre todo durante la
guerra a la formación de partidos comunistas en una serie
de naciones. Formalmente, la III Internacional ha sido fundada
en su I Congreso (2), celebrado en marzo de 1919 en Moscú.
Y el rasgo más característico de esta Internacional,
su misión, es cumplir, llevar a la práctica los
preceptos del marxismo y realizar los ideales seculares del socialismo
y del movimiento obrero. Este rasgo, el más característico
de la III Internacional, se ha revelado inmediatamente en que
la nueva, la tercera "Asociación Internacional de
los Trabajadores" ha comenzado a coincidir, ya desde ahora,
en cierto grado, con la Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas.
La I Internacional echó los
cimientos de la lucha proletaria internacional por el socialismo.
La II Internacional marcó la
época de la preparación del terreno para una amplia
extensión del movimiento entre las masas en una serie de
países.
La III Internacional ha recogido los
frutos del trabajo de la II Internacional, ha amputado la parte
corrompida, oportunista, socialchovinista, burguesa y pequeñoburguesa
y ha comenzado a implantar la dictadura del proletariado.
La alianza internacional de los partidos
que dirigen el movimiento más revolucionario del mundo,
el movimiento del proletariado para el derrocamiento del yugo
del capital, cuenta ahora con una base más sólida
que nunca: varias Repúblicas Soviéticas, que convierten
en realidad, en escala internacional, la dictadura del proletariado,
la victoria de éste sobre el capitalismo.
La importancia histórica universal
de la III Internacional, la Internacional Comunista, reside en
que ha comenzado a llevar a la práctica la consigna más
importante de Marx, la consigna que resume el desarrollo secular
del socialismo y del movimiento obrero, la consigna expresada
en este concepto: dictadura del proletariado.
Esta previsión genial, esta
teoría genial se está transformando en realidad.
Estas palabras latinas están
traducidas actualmente a los idiomas de todos los pueblos de la
Europa contemporánea más aún, a todos los
idiomas del mundo.
Ha comenzado una nueva época
en la historia universal.
La humanidad se sacude la última
forma de esclavitud: la esclavitud capitalista, o sea, la esclavitud
asalariada.
Al liberarse de la esclavitud, la humanidad
adquiere por vez primera la verdadera libertad.
¿Cómo ha podido
suceder que haya sido precisamente uno de los países más
attasados de Europa el primero en implantar la dictadura del proletariado,
en organizar la República Soviética? Quizá
no nos equivoquemos si afirmamos que precisamente esta contradicción
entre el atraso de Rusia y su "salto" a la forma más
elevada de democracia, a la democracia soviética o proletaria,
por encima de la democracia burguesa; que precisamente esta contradicción
ha sido una de las causas (además del peso de las costumbres
oportunistas y de los prejuicios filisteos sobre la mayoría
de los jefes del socialismo) que hizo particularmente difícil
o retardó la comprensión del papel de los Soviets
en Occidente.
Las masas obreras del mundo entero
percibieron instintivamente el significado de los Soviets como
arma de lucha del proletariado y como forma del Estado proletario.
Pero los "líderes", corrompidos por el oportunismo,
seguían y siguen rindiendo culto a la democracia burguesa,
calificándola de "democracia" en general.
¿Es acaso sorprendente
que la implantación de la dictadura del proletariado haya
mostrado, ante todo, la "contradicción" entre
el atraso de Rusia y su "salto" por encima de la democracia
burguesa? Cabría extrañarse si la historia nos brindara
la posibilidad de implantar una nueva forma de democracia s i
n una serie de contradicciones.
Cualquier marxista, iucluso todo hombre
familiarizado con la ciencia moderna en general, al que preguntáramos
si es posible el paso uniforme, armónicamente proporcional
de los diversos países capitalistas a la dictadura del
proletariado, nos respondería, sin duda, negativamente.
En el mundo del capitalismo no hubo ni pudo haber jamás
nada uniforme, ni armónico, ni proporcional. Cada país
ha ido desarrollando con particular relieve uno u otro aspecto
o rasgo, o todo un grupo de rasgos, inherentes al capitalismo
y al movimiento obrero. El proceso de desarrollo ha tenido lugar
en forma desigual.
Cuando Francia llevó a cabo
su gran revolución burguesa, despertando a todo el continente
europeo a una vida histórica nueva, Inglaterra, aunque
estaba mucho más desarrollada que Francia en el sentido
capitalista, se puso a la cabeza de la coalición contrarrevolucionaria.
Pero el movimiento obrero inglés de aquella época
anticipó ya, genialmente, muchos de los aspectos del futuro
marxismo.
Cuando Inglaterra dio al mundo el primer
movimiento proletario y revolucionario, movimiento amplio, verdaderamente
de masas y políticamente formado, el cartismo, en el continente
europeo se desarrollaban revoluciones burguesas, en su mayoría
débiles, mientras que en Francia estalló la primera
gran guerra civil entre el proletariado y la burguesía.
La burguesía derrotó a los diversos destacamentos
nacionales del proletariado por separado y de manera distinta
en los diferentes países.
Inglaterra constituyó el modelo
de país en el que, según expresión de Engels,
la burguesía, junto con la aristocracia aburguesada, había
creado la élite más aburguesada del proletariado
(3). Este país capitalista adelantado resultó estar
atrasado en varios decenios en el sentido de la lucha revolucionaria
del proletariado. Francia parecía haber agotado las fuerzas
del proletariado en las dos heroicas insurrecciones de la clase
obrera contra la burguesía en 1848 y 1871, insurrecciones
que fueron una aportación valiosísima en el sentido
histórico universal. Luego, desde los años 70 del
siglo XIX, la hegemonía del movimiento obrero en la Internacional
pasó a Alemania, cuando este país marchaba económicamente
a la zaga de Inglaterra y Francia. Y cuando Alemania sobrepasó
económicamente a estos dos países, esto es, en el
segundo decenio del siglo XX, a la cabeza del partido obrero marxista
de Alemania, que servía de modelo universal, se encontraba
un puñado de canallas declarados, desde Scheidemann y Noske
hasta David y Legien, inmunda patulea vendida a los capitalistas,
los verdugos más repugnantes salidos de la clase obrera
al servicio de la monarquía y de la burguesía contrarrevolucionaria.
La historia mundial conduce indefectiblemente
a la dictadura del proletariado. Pero no lo hace, ni mucho menos,
por caminos lisos, llanos y rectos.
Cuando Carlos Kautsky era todavía
marxista, y no el renegado del marxismo en que se ha convertido
al luchar por la unidad con los Scheidemann y por la democracia
burguesa contra la democracia soviética o proletaria, escribió
a principios del siglo XX un artículo titulado Los eslavos
y la revolución. En este artículo exponía
las condiciones históricas que marcaban la posibilidad
del paso de la hegemonía en el movimiento revolucionario
mundial a los eslavos.
Y asi sucedió en realidad. Temporalmente
-se sobrentiende que sólo por un breve periodo de tiempo-,
la hegemonía en la Internacional revolucionaria del proletariado
pasó a los rusos, tal como pasó, en diversos periodos
del siglo XIX, a los ingleses, luego a los franceses y más
tarde a los alemanes.
He tenido ocasión de decir reiteradas
veces: en comparación con los países adelantados,
a los rusos les ha sido más fácil comenzar la gran
revolución proletaria, pero les será más
dificil continuarla y llevarla hasta el triunfo definitivo, en
el sentido de la organización completa de la sociedad socialista.
Nos fue más fácil comenzar,
en primer lugar, porque el inusual -para la Europa del siglo XX-
atraso politico de la monarquía zarista originaba un empuje
revolucionario de las masas de una fuerza excepcional. Segundo,
porque el atraso de Rusia hizo coincidir de un modo peculiar la
revolución proletaria contra la burguesía con la
revolución campesina contra los terratenientes. De ahí
partimos en octubre de 1917 y no hubiéramos vencido entonces
con tanta facilidad de no haber partido de ahí. Ya en 1856,
Marx, al referirse a Prusia, indicaba la posibilidad de una combinación
peculiar de la revolución proletaria con una guerra campesina
(4). Los bolcheviques, desde el comienzo de 1905, abogaban por
la idea de la dictadura revolucionario-democrática del
proletariado y de los campesinos. Tercero, la revolución
de 1905 contribuyó muchísimo a la educación
política de las masas obreras y campesinas, tanto en el
sentido de familiarizar a su vanguardia con la "última
palabra" del socialismo en Occidente, como en el sentido
de la acción revolucionaria de las masas. Sin este "ensayo
general" de 1905, las revoluciones de 1917, tanto la burguesa
de febrero como la proletaria de Octubre, habrían sido
imposibles. Cuarto, las condiciones geográficas de Rusia
le permitieron sostenerse más tiempo que otros países
frente a la superioridad militar de los países capitalistas
adelantados. Quinto, la actitud peculiar del proletariado ante
los campesinos facilitaba la transición de la revolución
burguesa a la revolución socialista, facilitaba la influencia
de los proletarios de la ciudad sobre las capas semiproletarias,
más pobres de los trabajadores del campo. Sexto, la larga
escuela de lucha huelguistica y la experiencia del movimiento
obrero de masas de Europa facilitaron el surgimiento, en una situación
revolucionaria que se exacerbaba profunda y rápidamente,
de una forma tan peculiar de organización revolucionaria
del proletariado como son los Soviets.
Esta enumeración, claro está,
no es completa. Pero, por ahora, podemos limitarnos a ella.
La democracia soviética o proletaria
ha nacido en Rusia. En comparación con la Comuna de París,
se ha dado el segundo paso de importancia histórica universal.
La República Soviética Proletaria y Campesina ha
resultado ser la primera república socialista sólida
en el mundo. Esta República no puede ya morir como nuevo
tipo de Estado. Esta República ya no está sola en
el mundo.
Para continuar la obra de la construcción
del socialismo, para llevarla a cabo, aún hace falta mucho,
muchísimo. Las Repúblicas Soviéticas de los
países más cultos, donde el proletariado goza de
mayor peso e influencia, cuentan con todas las probabilidades
de sobrepasar a Rusia, si es que emprenden el camino de la dictadura
del proletariado.
La II Internacional en bancarrota cstá
agonizando y se pudre en vida. De hecho, desempeña el papel
de lacayo de la burguesía internacional. Es una verdadera
Internacional amarilla. Sus jefes ideológicos más
destacados, como Kautsky, cantan loas a la democracia burguesa,
calificándola de "democracia'' en general o -lo que
es más necio y burdo todavía- de "democracia
pura".
La democracia burguesa ha caducado,
lo mismo que la II Internacional, aunque cumplía un trabajo
históricamente necesario y útil, cuando estaba planteada
al orden del día la obra de preparar a las masas obreras
en los marcos de esta democracia burguesa.
La república burguesa más
democrática ha sido siempre, y no podía ser otra
cosa que una máquina para la opresión de los trabajadores
por el capital, un instrumento del Poder político del capital,
la dictadura de la burguesía. La república democrática
burguesa prometía el Poder a la mayoría, lo proclamaba,
pero jamás pudo realizarlo, ya que existía la propiedad
privada de la tierra y demás medios de producción.
La "libertad" en la república
democrática burguesa era, de hecho, la libertad para los
ricos. Los proletarios y los campesinos trabajadores podían
y debían aprovecharla con objeto de preparar sus fuerzas
para derrocar el capital, para vencer a la democracia burguesa;
pero, de hecho, las masas trabajadoras, como regla general, no
podían gozar de la democracia bajo el capitalismo.
Por vez primera en el mundo, la democracia
soviética o proletaria ha creado una democracia para las
masas, para los trabajadores, para los obreros y los pequeños
campesinos.
Jamás ha existido en el mundo
un poder estatal ejercido por la mayoría de la población,
un poder efectivamente de esta mayoría, como lo es el Poder
soviético.
Este reprime la "libertad"
de los explotadores y de sus auxiliares, les priva de la "libertad"
de explotar, de la "libertad" de enriquecerse a costa
del hambre, de la "libertad" de luchar por la restauración
del Poder del capital, de la "libertad" de confabularse
con la burguesía extranjera contra los obreros y campesinos
de su patria.
Que los Kautsky defiendan semejante
libertad. Para ello hay que ser un renegado del marxismo, un renegado
del sociálismo.
La bancarrota de los jefes ideológicos
de la II Internacional, como Hilferding y Kautsky, en ninguna
otra cosa se ha manifestado con tanta evidencia como en su total
incapacidad de comprender la significación de la democracia
soviética o proletaria, su relación con la Comuna
de París, su lugar en la historia, su necesidad como forma
de díctadura del proletariado.
El periódico Die Freiheit -"La
Libertad"- (5), órgano de prensa de la socialdemocracia
alemana "independiente" (léase: mezquina, filistea,
pequeñoburguesa), publica en su Nƒ 74, del 11 de febrero
de 1919, un llamamiento titulado "Al proletariado revolucionario
de Alemania".
Este llamamiento está firmado
por la dirección de dicho partido y por toda su minoría
de la "Asamblea Nacional", la "Constituyente"
alemana.
En él se acusa a los Scheidemann
de tener la intención de eliminar los Soviets y propone
-¡no se rían!- combinar los Soviets con la Constituyente,
conferir a los Soviets ciertos derechos estatales, un determinado
lugar en la Constitución.
¡Conciliar, unir la dictadura
de la burguesía con la dictadura del proletariado! ¡Qué
sencillo! ¡Qué idea filistea más genial!
Sólo es de lamentar que la hayan
experimentado ya bajo Kerenski, en Rusia, los mencheviques y eseristas
unidos, esos demócratas pequeñoburgueses que se
creen socialistas.
Quien, al leer a Marx, no haya comprendido
que en la sociedad capitalista, en cada situación grave,
en cada importante conflicto de clases, sólo es posible
la dictadura de la burguesía o la dictadura del proletariado,
no ha comprendido nada de la doctrina económica ni de la
doctrina política de Marx.
Pero la idea genialmente filistea de
Hilferding, Kautsky y Cía. de unir de un modo pacifico
la dictadura de la burguesía con la dictadura del proletariado
exige un análisis especial, siempre que se quiera analizar
a fondo los absurdos económicos y políticos acumulados
en este notabilisimo y ridiculísimo llamamiento del 11
de febrero. Habrá que aplazarlo, pues, para otro artículo*.
Moscú, 15 de abril de 1919.
* Véase V. I. Lenin, "Los
héroes de la Internacional Berna", Obras Completas,
t. XXIX.
________________________________________
NOTAS
1> Le Temps, diario aparecido en París de 1861 a 1942;
representaba los intereses del círculo gobernante francés
y fue, en realidad, el órgano oficial del Ministerio de
los Asuntos Exteriores.
2> El I Congreso de la Internacional
Comunista se realizó en Moscú entre el 2 y el 6
de marzo de 1919; participaron 52 delegados, de 30 países:
34 con voz y voto y 18 con voz. El Congreso fue dirigido directamente
por Lenin. El informe de Lenin, sobre el problema principal de
la orden del día, la democracia burguesa y la dictadura
del proletariado, fue presentado en la sesión diurna del
4 de marzo. El Congreso aprobó, sin discusiones por unanimidad,
las tesis de Lenin y resolvió trasmitirlas al Buró
del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista encargándolo
de darles la mayor difusión posible; ratificó, además,
una resolución propuesta por Lenin como complemento de
las tesis.
Por iniciativa de Lenin se aprobó
unánimemente una resolución respecto a la disolución
del grupo de Zimmerwald. El Congreso ratificó la plataforma
de la Internacional Comunista y aprobó un manifiesto en
el que llamaba a los proletarios de todo el mundo a luchar por
la conquista del Poder y por la dictadura del proletariado; decidió
además crear dos órganos dirigentes: el Comité
Ejecutivo y el Buró, elegido por éste, compuesto
por cinco miembros.
3> Véase la carta de F. Engels
a C. Marx de 7 de octubre de 1858.
4> Véase la carta de C. Marx
a F. Engels fechada 16 de abril de 1856.
5> Die Freiheit ("La Libertad"):
órgano diario del Partido Independiente Centrista Socialdemócrata
Alemán; apareció en Berlín desde noviembre
de 1918 hasta octubre de 1922.