Sólo el Socialismo
Logrará la Emancipación de la Mujer
"La rápida y turbia acumulación
de fortunas no vistas en Colombia, exonera a las altas esferas
del recato con que han escudado siempre su concupiscencia, y ahora
hasta las aventuras amorosas y los excesos dionisíacos
de las estatuas andantes se controvierten en público, desde
los diarios o desde los púlpitos, en santo olor de republicanismo.
El intercambio de esposas que escandalizó a los tiempos
camanduleros de don Rafael Núñez y doña Soledad
Román, en el presente imprime distinción, como el
tráfico de narcóticos, entre una burguesía
hipócrita que aún continúa discutiendo las
conveniencias e inconveniencias morales del divorcio.
"Y en la base de la pirámide,
en donde la miseria se enseñorea y hace su agosto dentro
de millones de indigentes, los hogares se desgarran sin escapatoria.
Si en esos niveles de por sí nunca tuvieron sentido los
supuestos que regulan las relaciones familiares de las clases
poseedoras, lo que la crisis actual destapa, atroz e inhumanamente,
a su manera, con la prostitución decuplicada, el desempleo
expandido y la floración de niños desamparados,
es que aquellas idílicas imágenes de la madre bondadosa
circuida de unos hijos felices y de un marido solícito
que vela, o está en condiciones de velar por el bienestar
de los suyos, imágenes tan caras para los doctrinarios
del bipartidismo tradicional, constituyen para la pobrería
el más cruel de los sarcasmos.
Aunque en esta tragedia la mujer personifique
la desgracia y por doloroso que sea el procedimiento, las 'amas
de casa', aguijoneadas por las necesidades, terminan saliéndose
del cautiverio doméstico en busca de unos ingresos que
cada vez le llegan menos a las cuatro paredes de su universo vacío
y rutinario. Y cuando se presentan a pedir una oportunidad para
no perecer, se estrellan con la espantosa realidad de que, salvo
planchar, lavar y cocinar, nada han aprendido a hacer, y de que
el desarrollo fabril se ha erigido sobre la hipótesis de
repeler el concurso femenino. Descubren que a ellas les han tocado
en suerte los peores, los más mal pagados, los más
humillantes oficios, y eso si corren con la dicha de adquirirlos.
"Los portavoces del imperialismo
y sus lacayos, aunque posen de liberales modernos que han roto
con los vetustos convencionalismos, le rinden culto al orden establecido,
categoría que junto a otras, como las de tradición,
familia y propiedad, han de conservar intactas al máximo
para el suceso feliz de sus planes expoliadores. Y aunque consideren
el matrimonio un contrato "libre" al que concurren en
condiciones iguales las partes interesadas, no cesan de infiltrar
las execrables concepciones acerca de la superioridad del hombre,
la sublimación de los insignificantes quehaceres caseros
de la esposa, o lo natural de la subordinación económica
de ésta, que aguarda abnegadamente en su encierro domiciliario
a que su cónyuge la provea del sustento.
"Sin embargo, por más que
se empeñen en idiotizar a la mujer con el halago de que
ella es la reina consentida del hogar, además de escucharse
ya bastante ridículo, nada de eso funciona en la fecha.
El sexo femenino comienza a preferir que se le trate con menos
fingimiento y vana galantería, e incluso trabajar lo duro
que sea, con tal de ganarse el pan por sus propios medios, alcanzar
su independencia de acción, integrarse a las actividades
sociales y convertirse realmente en un ser digno y útil.
Y las que sin pertenecer a la cúspide privilegiada todavía
suspiran por las creencias de sus abuelas, los hechos las sacarán
del letargo, o por lo menos les sembrarán la espina de
la duda.(...) Empero. ¿cuál matrimonio?, ¿cuál
casa?, ¿cómo salvar a los hijos?, ¿para qué
la abnegación y la espera?, si no hay corrosivo peor que
la indigencia, si el refugio hogareño se va reduciendo
y transmutando en una cloaca infecta a donde difícilmente
penetra la luz del sol, si los rezos no alimentan ni obran el
milagro. Con la crisis, la proletarización progresiva y
el común empobrecimiento se percibe la caducidad de las
normas que la minoría dominante se obstina en idealizar
contra cualquier evidencia.
"El caos desbordado clama
a gritos por un vuelco de raíz, no sólo en lo concerniente
a la soberanía nacional y a los modos de apropiación
y producción, sino en todos y cada uno de los aspectos
de la vida de las personas. Y las que menos tienen que llorar
por el pasado que se fue son las mujeres. No se aterrorizarán
tampoco por las transformaciones revolucionarias que propugnamos,
incluida la de la creación de una unidad familiar en la
que desaparezca precisamente la servidumbre femenina. Comprenderán
que todo cambia y debe cambiar. En el proceso del conocimiento
primero se transforman las cosas y después las mentes.
Y como de la vieja familia no queda piedra sobre piedra, ahora
corresponde edificar una nueva. ("A Propósito de la
Mesa Redonda Sobre la Mujer" Tribuna Roja. No. 42, Marzo
de l982).