Sobre la Nueva Democracia
I. ¿Adónde ha de Ir China?
Desde que comenzó la Guerra
de Resistencia, todo el pueblo vivía en un ambiente de
efervescencia; la sensación general de que se había
encontrado una salida hizo desaparecer las caras tristes y preocupadas.
No obstante, en los últimos tiempos, repentinos clamores
de conciliación y anticomunismo han llenado de nuevo el
aire, y el pueblo entero se encuentra sumido otra vez en la incertidumbre.
Los intelectuales y los jóvenes estudiantes, particularmente
sensibles a los acontecimientos, son los primeros afectados. Una
vez más se plantea la cuestión: ¿Qué
hacer? ¿Adónde ha de ir China? Por ello, quizá
sea provechoso aclarar, con motivo de la aparición de Cultura
China, la dinámica de la política y la cultura
chinas. Soy profano en problemas culturales; me he propuesto estudiarlos,
pero apenas he empezado a hacerlo. Por fortuna, muchos camaradas
de Yenán han escrito detalladamente a este respecto; que
las generalidades que voy a decir sean como el sonar de batintines
y tambores que anuncia una representación teatral. Para
los trabajadores avanzados de la cultura de todo el país,
estas observaciones nuestras, que quizá contengan un grano
de verdad, no son más que un pedazo de ladrillo que mostramos
para incitarlos a enseñar sus jades; esperamos que una
discusión en común nos conducirá a correctas
conclusiones que respondan a las necesidades de nuestra nación.
La actitud científica es "buscar la verdad en los
hechos". Nada se puede resolver con actitudes petulantes
tales como "estimarse infalible" o "dárselas
de maestro". Extremadamente graves son los males que aquejan
a nuestra nación, que sólo puede ser conducida por
el camino de la liberación con una actitud científica
y espíritu de responsabilidad. La verdad es una sola, y
lo que determina quién la ha descubierto no son las fanfarronerías
subjetivas, sino la práctica objetiva. La práctica
revolucionaria de millones de hombres es el único criterio
de la verdad. A mi juicio, ésta debe ser la actitud de
Cultura China.
II. NOS PROPONEMOS CONSTRUIR LUNA NUEVA
CHINA
Desde hace años, los comunistas venimos luchando tanto
por una revolución política y económica como
por una revolución cultural en China; nuestro objetivo
es construir para la nación china una nueva sociedad y
un nuevo Estado, en los cuales no solamente habrá una nueva
política y una nueva economía, sino también
una nueva cultura. En otras palabras, no sólo deseamos
convertir la China políticamente oprimida y económicamente
explotada en una China políticamente libre y económicamente
próspera; deseamos asimismo convertir la China ignorante
y atrasada bajo el imperio de la vieja cultura en una China culta
y avanzada en la que impere una nueva cultura. En resumen, queremos
construir una nueva China. Y en el terreno cultural, nuestro objetivo
es forjar una nueva cultura de la nación china.
III. CARACTERISTICAS HISTORICAS DE CHINA
Queremos forjar una nueva cultura de la nación china, pero
¿qué tipo de cultura debe ser ésta?
Una cultura dada (como forma ideológica) es el reflejo
de la política y la economía de una sociedad determinada
y, a su vez, influye y actúa en gran medida sobre éstas;
la economía es la base, y la política, la expresión
concentrada de la economía. Este es nuestro punto de vista
fundamental sobre la relación entre la cultura, por una
parte, y la política y la economía, por la otra,
y sobre la relación entre la política y la economía.
De este modo, son primero la política y la economía
de una formación social dada las que determinan la cultura
de esa misma formación, y sólo después esta
cultura influye y actúa sobre aquéllas. Marx dice:
"No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser,
sino, por el contrario, su ser social lo que determina su conciencia."
Y dice además: "Los filósofos no han hecho
más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de
lo que se trata es de transformarlo”. Esta formulación
científica, por primera vez en la historia humana, resolvió
correctamente el problema de la relación entre la conciencia
y el ser, y constituye la tesis básica de la dinámica
y revolucionaria teoría del reflejo, tan profundamente
desarrollada más tarde por Lenin. No debemos olvidar esta
tesis básica al discutir los problemas culturales de China.
Así, está muy claro que
lo que hay de reaccionario en la vieja cultura de la nación
china, y que nos proponemos eliminar, es inseparable de la vieja
política y la vieja economía, mientras la nueva
cultura de la nación china, que nos proponemos construir,
es inseparable de la nueva política y la nueva economía.
La vieja política y la vieja economía de la nación
china forman la base de su vieja cultura, del mismo modo que su
nueva política y su nueva economía formarán
la base de su nueva cultura.
¿Qué se entiende
por vieja política y vieja economía de la nación
china? Y ¿qué por su vieja cultura?
De las dinastías Chou y Chin en adelante, la sociedad china
fue feudal, feudales su política y su economía.
Y la cultura dominante, reflejo de esta política y esta
economía, fue igualmente feudal.
Con la invasión del capitalismo
extranjero y el paulatino crecimiento de elementos de capitalismo
en la sociedad china, ésta ha pasado gradualmente a ser
una sociedad colonial, semicolonial y semifeudal. Hoy, la sociedad
china es colonial en las zonas ocupadas por el Japón y
básicamente semicolonial en las zonas dominadas por el
Kuomintang, y en unas y otras prevalece el sistema feudal o semifeudal.
Tal es, pues, la naturaleza de la actual sociedad china; tal es
la índole de la China de hoy. La política y la economía
de esta sociedad son preponderantemente coloniales, semicoloniales
y semifeudales, y la cultura dominante, reflejo de esa política
y esa economía, es también colonial, semicolonial
y semifeudal.
Nuestra revolución está
dirigida precisamente contra estas formas política, económica
y cultural preponderantes. Lo que queremos eliminar es justamente
esta vieja política y esta vieja economía, coloniales,
semicoloniales y semifeudales, así como la vieja cultura
a su servicio. Y lo que queremos construir es lo contrario: una
política, una economía y una cultura nuevas de la
nación china.
Ahora bien, ¿qué son
esa política y economía nuevas de la nación
china, y qué es su nueva cultura?
En su curso histórico, la revolución china tiene
que pasar por dos etapas: primero, la revolución democrática,
y segundo, la revolución socialista; éstos son dos
procesos revolucionarios cualitativamente distintos. La democracia
de que hablamos ya no pertenece a la vieja categoría, no
es la vieja democracia, sino que pertenece a la nueva categoría,
es la nueva democracia.
Por lo tanto, puede afirmarse que la
nueva política de la nación china es la política
de nueva democracia, que su nueva economía es la economía
de nueva democracia y que su nueva cultura es la cultura de nueva
democracia.
Tal es la característica histórica
de la revolución china en la actualidad. Todo partido,
grupo político o individuo participante en la revolución
china que no la comprenda, será incapaz de dirigir esta
revolución y llevarla a la victoria, y será abandonado
por el pueblo y condenado a lamentarse miserablemente en un rincón.
IV. LA REVOLUCION CHINA, PARTE DE LA
REVOLUCION MUNDIAL
La característica histórica de la revolución
china consiste en que se divide en dos etapas: democracia y socialismo,
y la primera ya no es la democracia corriente, sino una democracia
de tipo chino, de tipo particular y nuevo, o sea, la nueva democracia.
Ahora bien, ¿cómo se ha formado esta característica
histórica? ¿Existe desde hace un siglo, o ha surgido
más tarde?
Basta con estudiar un poco el desarrollo
histórico de China y del mundo para comprender que esta
característica no existe desde la Guerra del Opio, sino
que se ha formado más tarde, después de la Primera
Guerra Mundial imperialista y de la Revolución de Octubre
en Rusia. Examinemos ahora el proceso de su formación.
Es evidente que, dada la naturaleza
colonial, semicolonial y semifeudal de la actual sociedad, la
revolución china ha de pasar por dos etapas. La primera
consiste en transformar esa sociedad colonial, semicolonial y
semifeudal en una sociedad democrática independiente, y
la segunda, en hacer avanzar la revolución y construir
una sociedad socialista. La revolución china se encuentra
ahora en su primera etapa.
El período preparatorio de la
primera etapa comenzó con la Guerra del Opio de 1840, esto
es, cuando la sociedad china empezó a transformarse de
feudal en semicolonial y semifeudal. Luego se han sucedido el
Movimiento del Reino Celestial Taiping, la Guerra Chino-Francesa,
la Guerra Chino-Japonesa, el Movimiento Reformista de 1898, la
Revolución de 1911, el Movimiento del 4 de Mayo, la Expedición
al Norte, la Guerra Revolucionaria Agraria y la actual Guerra
de Resistencia contra el Japón. Estas numerosas fases abarcan
un siglo entero y, en cierto sentido, todas forman parte de esta
primera etapa; son luchas realizadas por el pueblo chino, en diferentes
ocasiones y grados, contra el imperialismo y las fuerzas feudales,
a fin de construir una sociedad democrática independiente
y llevar a cabo la primera revolución. Sin embargo, es
la Revolución de 1911 la que marca, en un sentido más
completo, el comienzo de dicha revolución. La primera revolución
es, por su carácter social, democrático-burguesa,
y no socialista proletaria. Todavía no está consumada,
y exige ingentes esfuerzos, porque sus enemigos siguen siendo
muy poderosos. Cuando el Dr. Sun Yat-sen decía: "No
se ha consumado aún la revolución; todos mis camaradas
deben continuar luchando", se refería precisamente
a esta revolución democrático-burguesa.
Sin embargo, la revolución democrático-burguesa
de China experimentó un cambio con el estallido de la Primera
Guerra Mundial imperialista en 1919 y el establecimiento de un
Estado socialista sobre una sexta parte del globo a consecuencia
de la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia.
Antes de estos acontecimientos, la
revolución democrático-burguesa china pertenecía
a la vieja categoría, a la de la revolución democrático-burguesa
mundial, y formaba parte de esta revolución.
Después de dichos acontecimientos, la revolución
democrático-burguesa china pasó a pertenecer a una
nueva categoría de la revolución democrático-burguesa,
y el frente del que forma parte es el de la revolución
socialista proletaria mundial.
¿Por qué? Porque
la Primera Guerra Mundial imperialista y la primera revolución
socialista victoriosa, la Revolución de Octubre, han cambiado
totalmente el curso de la historia mundial, abriendo en ella una
nueva era.
Es una era en que el frente capitalista
mundial se ha derrumbado en un sector del globo (un sexto de su
superficie) y ha revelado plenamente su podredumbre en el resto;
en que lo que queda del mundo capitalista no puede sobrevivir
sin depender más que nunca de las colonias y semicolonias;
una era en que se ha fundado un Estado socialista, dispuesto,
como lo ha proclamado, a dar activo apoyo al movimiento de liberación
de todas las colonias y semicolonias, y en que el proletariado
de los países capitalistas se libera cada día más
de la influencia de los partidos socialdemócratas, social-imperialistas,
y ha proclamado su apoyo al movimiento de liberación de
las colonias y semicolonias. En esta era, toda revolución
emprendida por una colonia o semicolonia contra el imperialismo,
o sea, contra la burguesía o capitalismo internacional,
ya no pertenece a la vieja categoría, a la de la revolución
democrático-burguesa mundial, sino a la nueva categoría;
ya no forma parte de la vieja revolución burguesa o capitalista
mundial, sino de la nueva revolución mundial: la revolución
mundial socialista proletaria. Estas colonias o semicolonias en
revolución no pueden ser consideradas como aliadas del
frente de la contrarrevolución capitalista mundial; se
han convertido en aliadas del frente de la revolución socialista
mundial.
En su primera etapa o primer paso,
tal revolución de un país colonial o semicolonial,
aunque por su carácter social sigue siendo fundamentalmente
democrático-burguesa y sus reivindicaciones tienden objetivamente
a desbrozar el camino al desarrollo del capitalismo, ya no es
una revolución de viejo tipo, dirigida por la burguesía
y destinada a establecer una sociedad capitalista y un Estado
de dictadura burguesa, sino una revolución de nuevo tipo,
dirigida por el proletariado y destinada a establecer, en esa
primera etapa, una sociedad de nueva democracia y un Estado de
dictadura conjunta de todas las clases revolucionarias. Por consiguiente,
esta revolución abre precisamente un camino aún
más amplio al desarrollo del socialismo. Durante su curso,
atraviesa varias fases debido a los cambios en el campo contrario
y entre sus propios aliados, pero su carácter fundamental
permanece inalterado.
Tal revolución combate consecuentemente
al imperialismo, y por lo tanto este no la tolera y lucha contra
ella. En cambio, el socialismo la aprueba, y el Estado socialista
y el proletariado internacional socialista la ayudan.
Por eso, esta revolución no puede ser sino parte de la
revolución mundial socialista proletaria.
"La revolución china
es parte de la revolución mundial" -- esta correcta
tesis fue planteada ya durante la Primera Gran Revolución
china de 1924-1927. Fue planteada por los comunistas chinos y
aprobada por todos cuantos participaban entonces en la lucha antiimperialista
y antifeudal. Sin embargo, la significación de esta tesis
no fue esclarecida en aquellos días, de suerte que la gente
sólo tenía una vaga idea al respecto.
"Revolución mundial"
ya no se refiere a la vieja revolución mundial, puesto
que la vieja revolución mundial burguesa tocó a
su fin hace tiempo; se refiere a la nueva revolución mundial,
la revolución mundial socialista. Igualmente, "parte"
ya no significa parte de la vieja revolución burguesa,
sino de la nueva revolución socialista. Este es un formidable
cambio, sin parangón en la historia de China ni del mundo.
Esta correcta tesis, planteada por
los comunistas chinos, se basa en la teoría de Stalin.
Ya en 1918, en un artículo conmemorativo del I aniversario
de la Revolución de Octubre, Stalin escribía:
"La grandiosa significación mundial de la Revolución
de Octubre consiste principalmente:
1) en que ha ensanchado el marco de la cuestión nacional,
convirtiéndola de problema particular de la lucha contra
la opresión nacional en Europa, en el problema general
de liberar del imperialismo a los pueblos oprimidos, a las colonias
y semicolonias;
2) en que ha abierto amplias posibilidades y caminos efectivos
para esta liberación, facilitando así considerablemente
a los pueblos oprimidos del Occidente y del Oriente su liberación
y llevándolos al cauce común de la lucha victoriosa
contra el imperialismo;
3) en que de este modo ha tendido un puente entre el Occidente
socialista y el Oriente esclavizado, formando un nuevo frente
de revoluciones contra el imperialismo mundial, que va desde los
proletarios del Occidente, pasando por la revolución rusa,
hasta los pueblos oprimidos del Oriente”.
Después de escribir este artículo,
Stalin ha desarrollado en muchas ocasiones la teoría de
que las revoluciones de las colonias y semicolonias han dejado
de pertenecer a la vieja categoría y pasado a formar parte
de la revolución socialista proletaria. La explicación
más clara y precisa la da Stalin en un artículo
publicado el 30 de junio de 1925, en el que polemiza con los nacionalistas
yugoslavos de la época. Este artículo, titulado
"Una vez más sobre la cuestión nacional",
se incluye en un libro traducido por Chang Chung-shi y publicado
bajo el título de Stalin sobre la cuestión nacional.
En dicho artículo se lee el siguiente párrafo: "Semic
se remite a un pasaje del folleto de Stalin El marxismo y la cuestión
nacional, escrito a fines de 1912. En dicho pasaje se dice que
`bajo el capitalismo ascensional, la lucha nacional es una lucha
entre las clases burguesas'. Por lo visto, con esto, Semic quiere
dar a entender que es acertada la fórmula con que determina
el sentido social del movimiento nacional en las presentes condiciones
históricas. Pero el folleto de Stalin fue escrito antes
de la guerra imperialista, cuando el problema nacional aún
no era considerado por los marxistas un problema de significación
mundial, cuando la reivindicación fundamental de los marxistas
sobre el derecho de autodeterminación no era considerada
una parte de la revolución proletaria, sino una parte de
la revolución democrático-burguesa. Sería
ridículo perder de vista que desde entonces ha cambiado
radicalmente la situación internacional, que la guerra,
por un lado, y la Revolución de Octubre en Rusia, por otro,
han convertido el problema nacional, de parte integrante de la
revolución democrático-burguesa, en parte integrante
de la revolución socialista proletaria. Ya en octubre de
1926, en su artículo `Balance de la discusión sobre
la autodeterminación', Lenin decía que el derecho
de autodeterminación, punto básico del problema
nacional, había dejado de ser una parte del movimiento
democrático general y se había convertido ya en
parte integrante de la revolución proletaria general, de
la revolución socialista. No hablo ya de trabajos posteriores,
tanto de Lenin como de otros representantes del comunismo ruso,
sobre la cuestión nacional. ¿Qué significación
puede tener, después de todo esto, la referencia de Semic
al indicado pasaje del folleto de Stalin, escrito en el período
de la revolución democrático-burguesa en Rusia,
ahora cuando, en virtud de la nueva situación histórica,
hemos entrado en una nueva época, en la época de
la revolución proletaria? Sólo puede tener una significación:
la de que Semic cita fuera del espacio y del tiempo, independientemente
de la situación histórica real, violando así
los requisitos elementales de la dialéctica, y sin tener
presente que lo que es acertado en una situación histórica
puede resultar desacertado en otra".
De esto se desprende que hay dos tipos
de revolución mundial, y el primero pertenece a la categoría
burguesa o capitalista. La era de este tipo de revolución
mundial pasó hace mucho tiempo; tocó a su fin con
el estallido de la Primera Guerra Mundial imperialista de 1914,
y, sobre todo, con la Revolución de Octubre de 1917 en
Rusia. Desde entonces, comenzó el segundo tipo de revolución
mundial: la revolución mundial socialista proletaria. Esta
revolución tiene como Fuerza principal al proletariado
de los países capitalistas, y como aliados, a las naciones
oprimidas de las colonias y semicolonias. Sean cuales fueren las
clases, partidos o individuos de una nación oprimida que
se incorporen a la revolución, tengan o no conciencia de
este punto, lo entiendan o no en el plano subjetivo, basta con
que luchen contra el imperialismo para que su revolución
sea parte de la revolución mundial socialista proletaria,
y ellos mismos, aliados de ésta.
Hoy, la revolución china tiene
una significación aún mayor. Vivimos una época
en que la crisis económica y política del capitalismo
hunde cada día más al mundo en la Segunda Guerra
Mundial; en que la Unión Soviética ha llegado al
período de transición del socialismo al comunismo
y está capacitada para dirigir y ayudar al proletariado
y a las naciones oprimidas de todo el mundo en la lucha contra
la guerra imperialista y la reacción capitalista; en que
el proletariado de los países capitalistas se está
preparando para derrocar el capitalismo e implantar el socialismo,
y en que el proletariado, el campesinado y los intelectuales y
demás sectores de la pequeña burguesía de
China han Llegado a constituir, bajo la dirección del Partido
Comunista de China, una gran fuerza política independiente.
En esta época, ¿debemos o no atribuir a la revolución
china una significación mundial aún mayor? Creo
que sí. La revolución china es una parte muy importante
de la revolución mundial.
La revolución china en su primera
etapa (subdividida en múltiples fases) es, por su carácter
social, una revolución democrático-burguesa de nuevo
tipo, y no es todavía una revolución socialista
proletaria; sin embargo, hace ya mucho tiempo que forma parte
de la revolución mundial socialista proletaria, y, más
aún, constituye actualmente una parte muy importante de
ella y es una gran aliada suya. La primera etapa o primer paso
de esta revolución, de ningún modo es ni puede ser
el establecimiento de una sociedad capitalista bajo la dictadura
de la burguesía china, sino el establecimiento de una sociedad
de nueva democracia bajo la dictadura conjunta de todas las clases
revolucionarias del país dirigida por el proletariado;
con ello culminará la primera etapa. Entonces, será
el momento de llevar la revolución a su segunda etapa:
el establecimiento en China de una sociedad socialista.
He ahí la característica más fundamental
de la actual revolución china, el nuevo proceso revolucionario
de los últimos veinte años (a contar del Movimiento
del 4 de Mayo de 1919) y el contenido vivo y concreto de esta
revolución.
V. LA POLITICA DE NUEVA DEMOCRACIA
La revolución china se divide en dos etapas históricas,
y la primera es la revolución de nueva democracia; ésta
es la nueva característica histórica de la revolución
china. Ahora bien, ¿cómo se manifiesta concretamente
esta nueva característica en las relaciones políticas
y económicas internas de China? Esto es lo que examinaremos
a continuación.
Antes del Movimiento del 4 de Mayo
de 1919 (que tuvo lugar después de la Primera Guerra Mundial
imperialista de 1914 y de la Revolución de Octubre de 1917
en Rusia), la pequeña burguesía y la burguesía
(a través de sus intelectuales) ejercían la dirección
política de la revolución democrático-burguesa
de China. En esa época, el proletariado chino aún
no había aparecido en la escena política como fuerza
de clase consciente e independiente, sino que participaba en la
revolución siguiendo a la pequeña burguesía
y la burguesía. Este fue el caso, por ejemplo, en la época
de la Revolución de 1911. Después del Movimiento
del 4 de Mayo, la dirección política de la revolución
democrático-burguesa de China dejó de pertenecer
a la burguesía y pasó a manos del proletariado,
aunque la burguesía nacional continuó participando
en la revolución. El proletariado chino, gracias a su propio
crecimiento y a la influencia de la Revolución Rusa, se
convirtió rápidamente en una fuerza política
consciente e independiente. Fue el Partido Comunista de China
el que lanzó la consigna de "¡Abajo el imperialismo!"
y planteó un programa consecuente para toda la revolución
democrático-burguesa, y él fue el único partido
que llevó adelante la revolución agraria.
La burguesía nacional china,
por pertenecer a un país colonial y semicolonial y verse
oprimida por el imperialismo, aún tiene en ciertos períodos
y hasta cierto punto un carácter revolucionario, incluso
en la época del imperialismo, en el sentido de que se opone
a los imperialistas extranjeros y, como testimonian la Revolución
de 1911 y la Expedición al Norte, a los gobiernos de burócratas
y caudillos militares del país, y puede aliarse con el
proletariado y la pequeña burguesía contra los enemigos
que a todos les interesa combatir. En esto se diferencia la burguesía
china de la burguesía de la vieja Rusia zarista. Como esta
última era ya una potencia imperialista militar-feudal,
un Estado agresor, su burguesía no tenía ningún
carácter revolucionario. Allí, el deber del proletariado
era luchar contra l a burguesía, y no aliarse con ella.
En cambio, dado que China es un país colonial y semicolonial,
víctima de la agresión, su burguesía nacional
tiene en ciertos períodos y hasta cierto punto un carácter
revolucionario. Aquí, el proletariado tiene el deber de
no pasar por alto este carácter revolucionario de la burguesía
nacional y de formar con ella un frente único contra el
imperialismo y los gobiernos de burócratas y caudillos
militares.
Pero, al mismo tiempo, precisamente
por pertenecer a un país colonial y semicolonial y ser,
en consecuencia, extremadamente débiles los terrenos económico
y político, la burguesía nacional china tiene también
otro carácter, o sea, su tendencia a la conciliación
con los enemigos de la revolución. Aun en los momentos
en que participa en la revolución, es reacia a romper por
entero con el imperialismo; además, está estrechamente
vinculada a la explotación que se ejerce en el campo mediante
el arriendo de la tierra. Por ello, no quiere ni puede derrocar
completamente al imperialismo y aún menos a las fuerzas
feudales. Así, no es capaz de solucionar ninguno de los
dos problemas o tareas fundamentales de la revolución democrático-burguesa
China. En cuanto a la gran burguesía china, representada
por el Kuomintang, se entregó en brazos del imperialismo
y se confabuló con las fuerzas feudales para combatir al
pueblo revolucionario durante el largo período de 1927
a 1937. A partir de 1927, la burguesía nacional china también
siguió por algún tiempo a la contrarrevolución.
Y ahora, durante la Guerra de Resistencia contra el Japón,
el sector de la gran burguesía representado por Wang Ching-wei
ha capitulado ante el enemigo, lo que constituye una nueva traición
de esta clase. Esta es otra diferencia entre la burguesía
china y la antigua burguesía de los países de Europa
y Norteamérica, especialmente de Francia. Cuando la burguesía
de estos países, y en particular la de Francia, se encontraba
todavía en su época revolucionaria, la revolución
burguesa fue allí relativamente consecuente; en cambio,
la burguesía china no tiene ni siquiera ese grado de consecuencia.
De un lado, la posibilidad de que participe
en la revolución, del otro, la tendencia a la conciliación
con los enemigos de la revolución: tal es el doble carácter
de la burguesía, la que desempeña dos papeles a
la vez. Este doble carácter lo tuvo también la antigua
burguesía de Europa y Norteamérica. Frente a un
enemigo poderoso, la burguesía se une con los obreros y
campesinos para combatirlo, pero cuando éstos despiertan,
la burguesía se alía en contra suya con el enemigo.
Esta es una ley general válida para la burguesía
de todos los países, pero dicha característica resulta
aún más pronunciada en la burguesía china.
Está perfectamente claro que,
en China, ganará la confianza del pueblo quien sepa dirigirlo
en la lucha por derrocar al imperialismo y a las fuerzas feudales,
porque tanto aquél como éstas, en especial el imperialismo,
son los enemigos mortales del pueblo. En la actualidad, el salvador
del pueblo será quien sepa dirigirlo en la lucha por expulsar
al imperialismo japonés y establecer un sistema democrático.
La historia ha probado que la burguesía china no es capaz
de cumplir esta tarea, la cual, por lo tanto, recae inevitablemente
sobre los hombros del proletariado.
En consecuencia, como quiera que sea,
el proletariado, el campesinado y los intelectuales y demás
sectores de la pequeña burguesía de China constituyen
las fuerzas fundamentales que deciden el destino del país.
Estas clases, unas ya conscientes y otras en vías de serlo,
necesariamente se convertirán en los elementos básicos
en la estructura del Estado y del Poder de la república
democrática china, con el proletariado como fuerza dirigente.
La república democrática china que queremos establecer
ahora, sólo puede ser una república democrática
bajo la dictadura conjunta de todos los sectores antiimperialistas
y antifeudales, dirigida por el proletariado, es decir, una república
de nueva democracia, una república de los nuevos Tres Principios
del Pueblo auténticamente revolucionarios con sus Tres
Grandes Políticas.
Esta república de nueva democracia
será diferente, por una parte, de la vieja república
capitalista, al estilo europeo y norteamericano, bajo la dictadura
de la burguesía, esto es, la república de vieja
democracia, ya caduca. Por otra parte, será diferente también
de la república socialista, al estilo soviético,
bajo la dictadura del proletariado, república que ya florece
en la Unión Soviética y que se establecerá
también en todos los países capitalistas y llegará
a ser indudablemente la forma dominante de estructura del Estado
y del Poder en todos los países industrialmente avanzados.
Esta forma, sin embargo, no puede ser adoptada, por un determinado
período histórico, en la revolución de los
países coloniales y semicoloniales. Consecuentemente, en
todos estos países, la revolución sólo puede
adoptar en dicho período una tercera forma de Estado: la
república de nueva democracia. Esta es la forma que corresponde
a un determinado período histórico y, por lo tanto,
es una forma de transición, pero obligatoria y necesaria.
De esto se desprende que los múltiples
sistemas de Estado en el mundo pueden reducirse a tres tipos fundamentales,
si se clasifican según el carácter de clase de su
Poder: 1) república bajo la dictadura de la burguesía;
2) república bajo la dictadura del proletariado, y 3) república
bajo la dictadura conjunta de las diversas clases revolucionarias.
El primer tipo lo constituyen los Estados
de vieja democracia. En la actualidad, después del estallido
de la Segunda Guerra imperialista, ya no queda rastro de democracia
en muchos países capitalistas, transformados o en vías
de transformarse en Estados donde la burguesía ejerce una
sangrienta dictadura militar. Pueden ser incluidos en este tipo
los Estados bajo la dictadura conjunta de los terratenientes y
la burguesía.
El segundo tipo es el vigente en la
Unión Soviética, y se halla en gestación
en los países capitalistas. En el futuro, ésta será
la forma dominante en todo el mundo por un determinado período.
El tercer tipo es una forma de Estado
de transición que debe adoptarse en las revoluciones de
los países coloniales y semicoloniales. Cada una de dichas
revoluciones tendrá necesariamente características
propias, pero éstas representarán ligeras diferencias
dentro de la semejanza general. Siempre que se trate de revoluciones
en colonias o semicolonias, la estructura del Estado y del Poder
será forzosamente idéntica en lo fundamental, es
decir, se establecerá un Estado de nueva democracia bajo
la dictadura conjunta de las diversas clases antiimperialistas.
En la China de hoy, el frente único antijaponés
representa esta forma de Estado de nueva democracia. Es antijaponés,
antiimperialista, y es, además, una alianza de las diversas
clases revolucionarias, un frente único. Desgraciadamente,
aunque la Guerra de Resistencia lleva ya tanto tiempo, la labor
de democratización del Estado apenas si se ha iniciado
en la mayor parte del país -- salvo en las bases de apoyo
democráticas antijaponesas, dirigidas por el Partido Comunista
--, debilidad fundamental que el imperialismo japonés ha
explotado para penetrar a paso largo en China. Si no se cambia
de política, el futuro de nuestra nación correrá
grave peligro.
Estamos hablando aquí de la
cuestión del "sistema de Estado". Decenios de
disputas, comenzadas en los últimos años de la dinastía
Ching, no han conseguido esclarecer esta cuestión. En realidad,
el problema se refiere simplemente al lugar que ocupan las diversas
clases sociales dentro del Estado. La burguesía oculta
siempre el lugar que ocupan las clases y ejerce su dictadura de
una sola clase bajo la etiqueta de "nacional". Tal ocultación
no beneficia en nada al pueblo revolucionario y a éste
hay que explicarle con claridad el asunto. El término "nacional"
está bien, pero no debe abarcar a los contrarrevolucionarios
y colaboracionistas. El tipo de Estado que necesitamos hoy es
una dictadura de todas las clases revolucionarias sobre los contrarrevolucionarios
y colaboracionistas.
"En los Estados modernos,
el llamado sistema democrático está en general monopolizado
por la burguesía y se ha convertido simplemente en un instrumento
de opresión contra la gente sencilla. En cambio, según
el Principio de la Democracia sostenido por el Kuomintang, el
sistema democrático es un bien común de toda la
gente sencilla y no se permite que sea propiedad exclusiva de
unos pocos".
Así lo declaró solemnemente
el "Manifiesto del I Congreso Nacional del Kuomintang",
en 1924, que fue un congreso de cooperación entre el Kuomintang
y el Partido Comunista. En los últimos dieciséis
años el propio Kuomintang ha venido violando esta declaración,
lo que ha creado la presente grave crisis nacional. Este es un
craso error, y esperamos que lo corrija en las purificadoras llamas
de la Guerra de Resistencia contra el Japón.
En cuanto a la cuestión del
"sistema de gobierno", se trata de la forma en que se
organiza el Poder, la forma que una clase social determinada imprime
a los órganos de Poder que establece con miras a luchar
contra sus enemigos y protegerse a sí misma. Sin órganos
de Poder adecuados que lo representen, no hay Estado. En las circunstancias
actuales, China puede adoptar un sistema de asambleas populares:
asamblea popular nacional, provincial, distrital, territorial
y cantonal, correspondiendo a las asambleas populares de los diversos
niveles elegir los respectivos gobiernos. Pero este sistema debe
fundarse sobre elecciones con sufragio realmente universal e igual
para todos, sin distinción de sexo, creencia, fortuna,
instrucción, etc.; sólo un sistema electoral así
dará a cada clase revolucionaria una representación
acorde con el lugar que ocupe en el Estado, permitirá expresar
la voluntad del pueblo, facilitará la dirección
de la lucha revolucionaria y encarnará el espíritu
de la nueva democracia. Este es el centralismo democrático.
Sólo un gobierno basado en el centralismo democrático
puede poner en pleno juego la voluntad de todo el pueblo revolucionario
y luchar con la mayor eficacia contra los enemigos de la revolución.
El espíritu de "no permitir que sea propiedad exclusiva
de unos pocos", debe reflejarse en la composición
del gobierno y del ejército; sin un sistema auténticamente
democrático no podrá alcanzarse este objetivo, y
no habrá correspondencia entre el sistema de Estado y el
sistema de gobierno.
Como sistema de Estado, dictadura conjunta
de las diversas clases revolucionarias; como sistema de gobierno,
centralismo democrático. He ahí la política
de nueva democracia, la república de nueva democracia,
la república de frente único antijaponés,
la república de los nuevos Tres Principios del Pueblo con
sus Tres Grandes Políticas, la República de China
digna de su nombre. Hoy tenemos una República de China
de nombre, pero no de hecho, y nuestra tarea actual es hacer que
la realidad llegue a corresponder al nombre.
Tales son las relaciones políticas internas que una China
revolucionaria, una China en lucha contra la agresión japonesa,
debe y tiene que establecer; ésta es la única orientación
correcta para nuestra presente labor de "reconstrucción
nacional".
Mao Tse-tung, Enero de
1939.
Obras Escogidas de Mao Tse-tung. Pekín,
Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1976 Primera edición
1968, (3a impresión 1976) Tomo II, págs. 353-400.
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