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Parte Uno Viene

VI. LA ECONOMIA DE NUEVA DEMOCRACIA

La república de este tipo que se establezca en China debe ser de nueva democracia no sólo en su política, sino también en su economía.
Los grandes bancos y las grandes empresas industriales y comerciales deben ser propiedad estatal en esta república.

"Todas las empresas, pertenecientes a chinos o extranjeros, que fueren de carácter monopolista o demasiado grandes para la administración privada, tales como bancos, ferrocarriles y líneas aéreas, serán administradas por el Estado, con el fin de que el capital privado no pueda dominar la vida material del pueblo; éste es el sentido fundamental de la limitación del capital".

Así lo declaró también solemnemente el "Manifiesto del I Congreso Nacional del Kuomintang", que fue un congreso de cooperación entre el Kuomintang y el Partido Comunista, y ésa es una política correcta en cuanto a la estructura económica de la república de nueva democracia. En esta república, dirigida por el proletariado, el sector estatal de la economía será de carácter socialista y constituirá la fuerza dirigente en toda la economía nacional; no obstante, la república no confiscará el resto de la propiedad privada capitalista, ni prohibirá el desarrollo de aquella producción capitalista que "no pueda dominar la vida material del pueblo", ya que la economía china está todavía muy atrasada.

La república adoptará ciertas medidas necesarias para confiscarlas tierras de los terratenientes y distribuirlas entre los campesinos que no tienen tierra o tienen poca, haciendo realidad la consigna del Dr. Sun Yat-sen de "La tierra para el que la trabaja", con el fin de abolir las relaciones feudales en el campo y convertir la tierra en propiedad privada de los campesinos. Se permitirá la existencia de la economía de campesino rico. Tal es la política de "igualamiento del derecha a la propiedad de la tierra". La consigna correcta para esta política es "La tierra para el que la trabaja". En general, no se establecerá aún en esta etapa una agricultura socialista; no obstante, contendrán elementos de socialismo las diversas formas de economía cooperativa que se desarrollen sobre la base de "La tierra para el que la trabaja".

La economía china tiene que seguir el camino de la "limitación del capital" y del "igualamiento del derecho a la propiedad de la tierra"; nunca permitiremos que sea "propiedad exclusiva de unos pocos", ni que un puñado de capitalistas y terratenientes "dominen la vida material del pueblo", ni que se establezca una sociedad capitalista al estilo europeo y norteamericano o subsista la vieja sociedad semifeudal. Quien se atreva a tomar un rumbo contrario, no logrará su propósito, sino que fracasará rotundamente.

Tales son las relaciones económicas internas que una China revolucionaria, una China en lucha contra la agresión japonesa, debe y ha de establecer.
Tal es la economía de nueva democracia.
Y la política de nueva democracia es la expresión concentrada de esta economía.

VII. REFUTACION DE LA DICTADURA BURGUESA
Más del 90 por ciento de la población del país está por un tipo de república cuya política y economía sean de nueva democracia; no hay otro camino.
¿Y el camino que conduce a una sociedad capitalista bajo la dictadura de la burguesía? Es verdad que este camino lo tomó la burguesía europea y norteamericana, pero ni la situación internacional ni la nacional permiten a China hacer lo mismo.

En la actual situación internacional, este camino es impracticable. La situación internacional se caracteriza hoy fundamentalmente por la lucha entre el capitalismo y el socialismo y por la declinación del capitalismo y el ascenso del socialismo. En primer lugar, el capitalismo internacional o imperialismo no permitirá que se establezca en nuestro país una sociedad capitalista de dictadura burguesa. La historia moderna de China es precisamente la historia de la agresión imperialista contra ella, de la oposición imperialista a su independencia y al desarrollo de su capitalismo. Las anteriores revoluciones de China fracasaron siempre porque el imperialismo las estranguló, e innumerables mártires revolucionarios cayeron con el pesar de no haber podido cumplir su misión. Hoy, el poderoso imperialismo japonés ha invadido nuestro país y quiere convertirlo en colonia suya; es el Japón el que desarrolla su capitalismo en China, y no ésta la que desarrolla el suyo propio, y es la burguesía japonesa, y no la china, la que ejerce aquí su dictadura. Es cierto que vivimos en el período de los últimos forcejeos del imperialismo, que está a punto de morir; el imperialismo es el "capitalismo agonizante". Pero, justamente porque está a punto de morir, depende aún más de las colonias y semicolonias y no permitirá en absoluto que en ninguna de ellas se establezca una sociedad capitalista de dictadura burguesa. Precisamente porque el imperialismo japonés está hundido en una grave crisis económica y política, es decir, porque está a punto de morir, tiene que invadir China y convertirla en colonia, cerrándole de este modo el camino hacia la dictadura burguesa y el desarrollo del capitalismo nacional.

En segundo lugar, el socialismo no permitirá que se establezca en China una sociedad capitalista de dictadura burguesa. Todas las potencias imperialistas del mundo son enemigas nuestras, y China no puede conseguir su independencia sin la ayuda del Estado socialista y del proletariado internacional, esto es, sin la ayuda de la Unión Soviética y sin la ayuda que el proletariado del Japón, Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia y otros países le presta luchando contra el capitalismo en cada uno de estos países. Aunque no cabe afirmar que la victoria de la revolución china sólo será posible después del triunfo de la revolución en todos estos países o en uno o dos de ellos está fuera de duda que esa victoria no será posible sin contar con La fuerza adicional del proletariado de esos países. En particular, la ayuda soviética es una condición absolutamente indispensable para la victoria final de China en su Guerra de Resistencia. Rechazar esa ayuda es llevar la revolución al fracaso. ¿No constituyen una lección extraordinariamente clara las campañas antisoviéticas lanzadas a partir de 1927? El mundo se encuentra hoy en una nueva era de revoluciones y guerras, la era de la ruina inevitable del capitalismo y el florecimiento irresistible del socialismo. En tales circunstancias, ¿no es puro delirio querer establecer en China una sociedad capitalista de dictadura burguesa después del triunfo sobre el imperialismo y el feudalismo?

Si bien tras la Primera Guerra Mundial imperialista y la Revolución de Octubre surgió una pequeña Turquía kemalista de dictadura burguesa por obra de determinadas condiciones específicas (victorea de la burguesía sobre la agresión griega y escasa fuerza del proletariado), es imposible que, después de la Segunda Guerra Mundial y de la realización de la construcción socialista en la Unión Soviética, surja una segunda Turquía, ni mucho menos una Turquía de 450 millones de habitantes. Debido a las condiciones específicas de China (debilidad y carácter conciliador de la burguesía, y poderío y consecuencia revolucionaria del proletariado), aquí nunca se ha obtenido una ganga como la de Turquía. ¿Acaso los burgueses chinos no pregonaron el kemalismo tras el fracaso de la Primera Gran Revolución en 1927? Pero, ¿dónde está el Kemal de China? ¿Dónde están la dictadura burguesa y la sociedad capitalista de China? Más aún incluso esa Turquía kemalista ha tenido finalmente que entregarse en brazos del imperialismo anglo-francés y se ha convertido poco a poco en una semicolonia y en parte del reaccionario mundo imperialista. En la actual situación internacional, todos los "héroes" de las colonias y semicolonias o bien se ponen del lado del Frente imperialista y pasan a formar parte de las fuerzas de la contrarrevolución mundial, o bien se ponen del lado del frente antiimperialista y pasan a formar parte de las fuerzas de la revolución mundial. Una de dos, no hay otro camino.

En cuanto a la situación nacional, la burguesía china debería haber sacado ya las lecciones necesarias. Apenas se hubo logrado la victorea en la revolución de 1927 gracias a la fuerza del proletariado y del campesinado y demás sectores de la pequeña burguesía, la burguesía china, encabezada por la gran burguesía, apartó de un puntapié a las masas populares, usurpó los frutos de la revolución, formó una alianza contrarrevolucionaria con el imperialismo y las fuerzas feudales y, durante diez años, se entregó de lleno a una guerra de "exterminio de los comunistas". Pero ¿cuál fue el resultado? Hoy, cuando un enemigo poderoso ha penetrado profundamente en el territorio nacional y la Guerra de Resistencia lleva ya dos años, ¿es posible que todavía se quiera calcar las anticuadas recetas de la burguesía europea y norteamericana? Ha habido un "decenio de exterminio de los comunistas", pero de este "exterminio" no ha salido ninguna sociedad capitalista de dictadura burguesa. ¿Se quiere hacer una nueva tentativa? Es verdad que del "decenio de exterminio de los comunistas" ha salido la "dictadura de un solo partido", pero ésta es una dictadura semicolonial y semifeudal. Más todavía, tras cuatro años de "exterminio de los comunistas" (desde 1927 hasta el Incidente del 18 de Septiembre de 1931) apareció el "Manchukuo", y después de otros seis años de "exterminio", en 1937, los imperialistas japoneses penetraron hasta el territorio al Sur de la Gran Muralla. Quien desee emprender hoy otro decenio de "exterminio", tendrá que realizar un nuevo tipo de "exterminio de los comunistas", un poco diferente del viejo tipo. Pero, ¿acaso no ha aparecido ya el hombre que, adelantándose a todos los demás, ha tomado intrépidamente a su cargo esta nueva empresa de "exterminio de los comunistas"? Claro que sí; es Wang Ching-wei, que se ha convertido en la celebridad anticomunista de nuevo tipo. Quien desee sumarse a su banda es muy dueño de hacerlo; pero, si así hace, ¿no le daría aún más vergüenza entonar monsergas como dictadura burguesa, sociedad capitalista, kemalismo, Estado moderno, dictadura de un solo partido, "doctrina única", etc., etc.? Y si, en vez de sumarse a la pandilla de Wang Ching-wei, alguien desea ingresar en el campo de la Resistencia contra el Japón, pero imagina que, una vez ganada la guerra, podrá apartar de un puntapié al pueblo, que es quien combate al Japón, adueñarse de los frutos de la Resistencia y representar el número: "¡Viva la dictadura de un solo partido!", ¿no es esto soñar despierto? "¡Resistir al Japón!" "¡Resistir al Japón!" Pero ¿con el esfuerzo de quienes? Sin los obreros y sin los campesinos y demás sectores de la pequeña burguesía, no se puede avanzar ni un solo paso. Quien se atreva a darles el puntapié será pulverizado. ¿No es ésta una verdad elemental? Sin embargo, parece que los recalcitrantes dela burguesía china (me refiero solamente a los recalcitrantes) no han aprendido nada durante los últimos veinte años. ¿No hemos visto cómo siguen vociferando que hay que "restringir", "diluir" y "combatir" al Partido Comunista? ¿No hemos visto que a las "Medidas para restringir las actividades de los partidos ajenos" han seguido las "Medidas para solucionar el problema de los partidos ajenos" y después el "Proyecto para solucionar el problema de los partidos ajenos"? ¡Diantre! ¡Con tanto "restringir" y "solucionar", uno se pregunta qué destino están preparando a nuestra nación y a sí mismos! Aconsejamos con toda sinceridad a estos caballeros: Abran los ojos, miren bien a China y al mundo, vean cuanto pasa dentro y fuera del país y cuál es la situación actual, y no repitan sus errores. Si persiste en ellos, el futuro de nuestra nación será, naturalmente, desastroso, pero creo que las cosas tampoco irán bien para ustedes. Es categórico, seguro e indudable que, si los recalcitrantes de la burguesía china no despiertan, su futuro estará lejos de ser brillante: sólo conseguirán su propia destrucción. Por ello, esperamos que en China se mantendrá el frente único antijaponés y que la causa de la Resistencia, con la cooperación de todos y no el monopolio de una camarilla, será llevada a la victoria. Esta es la única política correcta, cualquiera otra es mala. Este sincero consejo les damos los comunistas, y no digan después que no les hemos prevenido.

"Si hay comida, que la compartan todos." Esta vieja máxima china tiene mucha razón. Puesto que todos debemos combatir al enemigo, todos deberíamos tener igual derecho a comer, a trabajar y a estudiar. Actitudes como "todo para mí" y "que nadie se atreva a oponérseme" no son sino viejas prácticas de señor feudal, que no sirven ya en los años 40 del siglo XX.

Los comunistas jamás descartaremos a nadie que sea revolucionario; perseveraremos en el frente único y practicaremos la cooperación a largo plazo con todas aquellas clases y capas sociales, partidos y grupos políticos e individuos que estén dispuestos a resistir al Japón hasta el fin. Pero si alguien desea descartar al Partido Comunista, no lo permitiremos jamás; tampoco permitiremos que se intente dividir el frente único. China debe persistir en la resistencia, la unidad y el progreso, y no toleraremos que nadie imponga la capitulación, la ruptura y el retroceso.

VIII. REFUTACION DE LA PALABRERIA DE "IZQUIERDA"
Siendo impracticable el camino capitalista de la dictadura burguesa, ¿es posible entonces el camino socialista de la dictadura del proletariado?
No, tampoco es posible.
No cabe duda de que la actual revolución, que es la primera etapa, se desarrollará hasta llegar al socialismo, que es la segunda. Sólo con el socialismo conocerá China la verdadera felicidad. Pero todavía no es el momento de realizar el socialismo. Luchar contra el imperialismo y el feudalismo es la actual tarea de la revolución china, y mientras no se la haya cumplido, no se puede hablar de socialismo. La revolución china pasará forzosamente por dos etapas: primero, la de la nueva democracia, y luego, la del socialismo. Además, la primera llevará bastante tiempo, no puede consumarse de la noche a la mañana. No somos uarribaistas y no podemos apartarnos de las condiciones reales que enfrentamos.

Ciertos propagandistas malintencionados, confundiendo deliberadamente estas dos etapas distintas de la revolución, predican la llamada "teoría de una sola revolución" con la intención de demostrar que todas las etapas de la revolución están contenidas en los 'Tres Principios del Pueblo y que, por consiguiente, el comunismo no tiene razón de ser. Valiéndose de esta "teoría", se oponen frenéticamente al comunismo y al Partido Comunista, al VIII Ejército y al Nuevo 4º Cuerpo de Ejército y a la Región Fronteriza de Shensí-Kansú-Ningsia. Su propósito es suprimir lisa y llanamente toda revolución, oponerse a una revolución democrático-burguesa cabal y a una resistencia consecuente al Japón, y preparar la opinión pública para la capitulación ante el invasor. Todo esto ha sido planeado por el imperialismo japonés. En efecto, después de haber ocupado Wuján, éste se ha dado cuenta de que no le basta la fuerza militar para subyugar a China, y por ello ha recurrido a una ofensiva política y a señuelos económicos. Su ofensiva política consiste en seducir a los elementos vacilantes dentro del frente antijaponés, dividir el frente único y socavar la cooperación entre el Kuomintang y el Partido Comunista. Los señuelos económicos son las llamadas "empresas mixtas". En el Centro y el Sur de China, los invasores japoneses permiten a los capitalistas chinos aportar el 51 por ciento del capital de tales empresas, completando el capital japonés el 49 por ciento restante; en el Norte de China, les permiten el 49 por ciento, mientras que el capital japonés pone el 51 por ciento restante. Han prometido, además, devolver a los capitalistas chinos sus antiguos bienes en forma de acciones de capital. Algunos capitalistas sin conciencia olvidan todos los principios morales ante la perspectiva de ganancias, y arden en deseos de hacer la prueba. Un sector de ellos, representado por Wang Ching-wei, ya ha capitulado. Otro sector, oculto en el seno del frente antijaponés, también desea pasarse al otro lado. Sin embargo, con la zozobra del ladrón, temen que los comunistas les cierren el paso y, sobre todo, que la gente sencilla los estigmatice como colaboracionistas. Entonces, se han reunido y han decidido, como primera medida, preparar el terreno en los círculos culturales y a través de la prensa. Una vez decidida su política, no han tardado en contratar algunos "traficantes en metafísica" más unos cuantos trotskistas, que, pluma en ristre, alborotan y alancean a diestro y siniestro. De aquí todo el repertorio: "teoría de una sola revolución", "el comunismo es extraño a la índole nacional de China", "el Partido Comunista no tiene razón de ser en China", "el VIII Ejército y el Nuevo 4º Cuerpo de Ejército sabotean la Resistencia contra el Japón y se mueven sin combatir", "la Región Fronteriza de Shensí-Kansú-Ningsia es un régimen separatista feudal", "el Partido Comunista es desobediente, disociador, intrigante y perturbador"; todo esto con el fin de engañar a quienes no saben lo que está pasando en el mundo y suministrar a los capitalistas buenos argumentos para que, en el momento oportuno, puedan embolsarse su 49 ó 51 por ciento y vender al enemigo los intereses de toda la nación. Esto se llama dorar la píldora; es la preparación ideológica, o preparación de la opinión pública, antes de capitular. Estos caballeros, que con fingida seriedad propugnan la "teoría de una sola revolución" para oponerse al comunismo y al Partido Comunista, no persiguen más que su 49 ó 51 por ciento. ¡Cómo se habrán devanado los sesos! La "teoría de una sola revolución" es simplemente la teoría de no hacer la revolución; éste es el quid del asunto.
Pero hay otros que, al parecer sin mala fe, se han dejado embaucar por la "teoría de una sola revolución" y por la idea puramente subjetiva de "hacer de un solo golpe la revolución política y la revolución social"; no comprenden que la revolución se divide en etapas, que sólo se puede pasar a la segunda etapa luego de cumplida la primera y que es imposible hacerlo todo "de un solo golpe". Su punto de vista es igualmente muy dañino, porque confunde las etapas de la revolución y debilita los esfuerzos dirigidos a la tarea presente.

Sería correcto y conforme a la teoría marxista del desarrollo de la revolución decir que, de las dos etapas de la revolución, la primera proporciona las condiciones para la segunda y que las dos deben ser consecutivas, sin que sea permisible intercalar una etapa de dictadura burguesa. Sin embargo, es utópico e inaceptable para los verdaderos revolucionarios afirmar que 1a revolución democrática no tiene sus tareas específicas ni un período determinado, sino que simultáneamente con sus tareas se puede cumplir tareas realizables sólo en otro período, por ejemplo las tareas socialistas, hacerlo todo, como ellos dicen, "de un solo golpe".

IX. REFUTACION A LOS RECALCITRANTES
En esto, los recalcitrantes de la burguesía saltan diciendo: Bueno, ya que ustedes, los comunistas, dejan el sistema socialista para una etapa posterior, y declaran que "siendo los Tres Principios del Pueblo [. . .] lo que China necesita hoy, nuestro Partido está dispuesto a luchar por su completa realización", entonces, ¡archiven su comunismo por el momento! Este argumento, bajo el lema de "doctrina única", se ha convertido en una Febril batahola, cuya esencia es el despotismo burgués de los recalcitrantes. Sin embargo, por cortesía, podríamos llamarlo simplemente crasa ignorancia.
El comunismo es la ideología completa del proletariado y, a la vez, un nuevo sistema social. Esta ideología y este sistema social difieren de todos los demás, y son los más completos, progresistas, revolucionarios y racionales que haya conocido la historia humana. La ideología y el sistema social feudales ya pasaron al museo de la historia. La ideología y el sistema social capitalistas se han convertido en piezas de museo en una parte del mundo (la Unión Soviética), mientras que en los demás países se asemejan al "moribundo que se extingue como el sol tras las colinas de Occidente", y pronto serán también relegados al museo. Sólo la ideología y el sistema social comunistas, llenos de juventud y vitalidad, se extienden por todo el mundo con el ímpetu del alud y la Fuerza del rayo. Desde que el comunismo científico se introdujo en China, nuevos horizontes se han abierto ante la gente y también ha cambiado la fisonomía de la revolución china. Sin el comunismo como guía, la revolución democrática de China jamás podría triunfar, para no hablar de la etapa siguiente. Esta es la razón por la cual los recalcitrantes de la burguesía exigen con tal griterío que "se archive" el comunismo. En realidad, no se puede "archivar" porque en tal caso China sería subyugada. Hoy, la salvación del mundo depende del comunismo, y China no constituye una excepción.

Es del dominio público que el Partido Comunista tiene, respecto al sistema social que propugna, un programa para el presente y otro para el futuro, o sea, un programa mínimo y uno máximo. Para el presente, la nueva democracia, y para el futuro, el socialismo: éstas son dos partes de un todo orgánico, guiadas por una y la misma ideología comunista. ¿No son el colmo del absurdo los furiosos gritos de que "se archive" el comunismo en razón de que el programa mínimo del Partido Comunista coincide en lo fundamental con los postulados políticos de los Tres Principios del Pueblo? Precisamente esta coincidencia fundamental nos hace posible a los comunistas reconocer que "los Tres Principios del Pueblo constituyen la base política del frente único nacional antijapones" y declarar que "siendo los Tres Principios del Pueblo [. . .] lo que China necesita hoy, nuestro Partido está dispuesto a luchar por su completa realización"; de otro modo, no podríamos hacerlo. Aquí se trata de un frente único entre el comunismo y los Tres Principios del Pueblo en la etapa de la revolución democrática, el tipo de frente único en que pensaba el Dr. Sun Yat-sen al decir: "El comunismo es el buen amigo de los Tres Principios del Pueblo". Rechazar el comunismo es, en realidad, rechazar el frente único. Los recalcitrantes han urdido sus argumentos absurdos para rechazar el comunismo justamente porque quieren hacer valer su doctrina de un solo partido y rechazar el frente único.

Por su parte, la teoría de la "doctrina única" es asimismo un absurdo. Mientras existan clases, habrá tantas doctrinas como clases haya, e incluso distintos grupos de una misma clase tienen sus respectivas doctrinas. Puesto que la clase feudal tiene el feudalismo; la burguesía, el capitalismo; los budistas, el budismo; los cristianos, el cristianismo, y los campesinos, el politeísmo, y que, en los últimos años, alguna gente ha abogado también por el kemalismo, el fascismo, el vitalismo y la "doctrina de la distribución según el trabajo", ¿por qué el proletariado no puede tener el comunismo? Puesto que hay innumerables "ismos", ¿por qué a la sola vista del comunismo se alza el grito de "¡archívenlo!" Francamente, no se lo puede "archivar". Más vale que hagamos una competencia. Si el comunismo pierde, los comunistas reconoceremos de buen talante la derrota. Pero, si no, "archiven" cuanto antes su paparrucha de "doctrina única", contraria al Principio de la Democracia.
Para evitar equívocos y abrir los ojos a los recalcitrantes, se hace necesario dejar en claro las diferencias y los puntos comunes entre los Tres Principios del Pueblo y el comunismo.

La comparación de las dos doctrinas revela analogías y diferencias.
Primero, las analogías. Estas se encuentran entre los programas políticos básicos de ambas doctrinas para la etapa de la revolución democrático-burguesa en China. Los tres postulados políticos revolucionarios: Nacionalismo, Democracia y Vida del Pueblo, según la nueva interpretación que dio Sun Yat-sen en 1924 a los Tres Principios del Pueblo, son en lo fundamental análogos al programa político del comunismo para la etapa de la revolución democrática de China. Gracias a estos puntos comunes y a la puesta en práctica de los Tres Principios del Pueblo, nació el frente único entre las dos doctrinas entre los dos partidos. Es erróneo pasar por alto este aspecto.

Segundo, las diferencias. 1) Diferencia parcial entre los dos programas para la etapa de la revolución democrática. El programa político del comunismo para todo el curso de la revolución democrática incluye la implantación definitiva del Poder popular, la jornada de ocho horas y una revolución agraria cabal, pero no así los Tres Principios del Pueblo. A menos que esto se añada a los Tres Principios del Pueblo y haya disposición a ponerlo en práctica, ambos programas democráticos serán análogos sólo en lo Fundamental, y no totalmente. 2) diferencia entre incluir y no incluir la etapa de la revolución socialista. El comunismo prevé, además de la etapa de la revolución democrática, la etapa de la revolución socialista y, por consiguiente, no sólo tiene un programa mínimo, sino también un programa máximo, es decir, el programa para el establecimiento del socialismo y del comunismo. Los Tres Principios del Pueblo prevén solamente la etapa de la revolución democrática y no la de la revolución socialista, y, por ende, contienen sólo un programa mínimo y no un programa máximo, es decir, no tienen un programa para el establecimiento del socialismo y del comunismo. 3) Diferencia en la concepción del mundo. La concepción comunista del mundo es el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, mientras que la de los Tres Principios del Pueblo es la que explica la historia en términos de la vida del pueblo, que en esencia es dualismo o idealismo; estas dos concepciones del mundo son opuestas entre sí. 4) Diferencia en cuanto a la consecuencia revolucionaria. Los comunistas hacen concordar teoría y práctica, esto es, tienen consecuencia revolucionaria. Entre los partidarios de los Tres Principios del Pueblo, excepto los más leales a la revolución y a la verdad, no existe unidad de la teoría con la práctica, sino contradicción entre lo que dicen y lo que hacen, o sea, no tienen consecuencia revolucionaria. 'Tales son las diferencias entre las dos doctrinas, diferencias que distinguen a los comunistas de los partidarios de los Tres Principios del Pueblo. Indudablemente, es muy erróneo pasar por alto estas diferencias, ver solamente la unidad y no la contradicción.
Una vez comprendido todo esto, queda claro por qué los recalcitrantes de la burguesía exigen que "se archive" el comunismo: o por despotismo burgués, o por crasa ignorancia.

X. LOS VIEJOS Y LOS NUEVOS TRES PRINCIPIOS DEL PUEBLO
Los recalcitrantes de la burguesía no tienen la menor noción de los cambios históricos; sus conocimientos son tan pobres que prácticamente son iguales a cero. Ignoran las diferencias tanto entre el comunismo y los Tres Principios del Pueblo como entre los nuevos y los viejos Tres Principios del Pueblo.

Los comunistas reconocemos que "los Tres Principios del Pueblo constituyen la base política del frente único nacional antijaponés"; declaramos que "siendo los Tres Principios del Pueblo [. . .] lo que China necesita hoy, nuestro Partido está dispuesto a luchar por su completa realización", y reconocemos que el programa mínimo del comunismo y los postulados políticos de los Tres Principios del Pueblo son, en lo fundamental, idénticos. Pero ¿de qué Tres Principios del Pueblo se trata? De los Tres Principios del Pueblo reinterpretados por el Dr. Sun Yat-sen en el "Manifiesto del I Congreso Nacional del Kuomintang", y no de otros. Yo desearía que los caballeros recalcitrantes echasen un vistazo a este Manifiesto en los momentos libres que les deja su reconfortante trabajo de "restringir", "diluir" y "combatir" al Partido Comunista. En este Manifiesto, el Dr. Sun Yat-sen dice: "Aquí está la verdadera interpretación de los Tres Principios del Pueblo del Kuomintang." De ahí se deduce que estos son los únicos Tres Principios del Pueblo verdaderos y que todas las demás versiones son espurias. Sólo la contenida en el "Manifiesto del I Congreso Nacional del Kuomintang" es la "interpretación verdadera" de los Tres Principios del Pueblo, y todas las demás son falsas. No creo que esto sea un "cuento" comunista, pues muchos miembros del Kuomintang y yo mismo personalmente fuimos testigos de la aprobación del Manifiesto.

El Manifiesto marca el límite entre dos épocas en la historia de los Tres Principios del Pueblo. Antes de él, los Tres Principios del Pueblo eran de la vieja categoría, de la vieja revolución democrático-burguesa en una semicolonia, de la vieja democracia, eran los viejos Tres Principios del Pueblo.
Después de él, los Tres Principios del Pueblo pasaron a ser de la nueva categoría, de la nueva revolución democrático-burguesa en una semicolonia, de la nueva democracia, son los nuevos Tres Principios del Pueblo. Estos, y solamente éstos, son los Tres Principios del Pueblo revolucionarios, que corresponden al nuevo período.

Estos Tres Principios del Pueblo revolucionarios del nuevo período, los nuevos, los verdaderos, son los que entrañan las Tres Grandes Políticas: alianza con Rusia, alianza con el Partido Comunista y ayuda a los campesinos y obreros. En el nuevo período, los Tres Principios del Pueblo serían falsos o incompletos si les faltaran las Tres Grandes Políticas o una cualquiera de ellas.

En primer lugar, los Tres Principios del Pueblo revolucionarios, los nuevos, los verdaderos, han de prever la alianza con Rusia. Es perfectamente claro que si no se adopta la política de alianza con Rusia, el país del socialismo, inevitablemente se adoptará la política de alianza con el imperialismo, con las potencias imperialistas. ¿No presenciamos ya esto a raíz de 1927? Cuando la lucha entre la Unión Soviética socialista y las potencias imperialistas se haga más aguda, China tendrá que ponerse de un lado o del otro. Esto es inevitable. ¿Cabe no inclinarse a ningún lado? No, eso es una ilusión. Todos los países del mundo terminarán siendo arrastrados a uno u otro de estos dos frentes, y, de aquí en adelante, la "neutralidad" no será más que una simple superchería. Esto es tanto más cierto en el caso de China por cuanto para ella, empeñada como está en la lucha contra una potencia imperialista que ha penetrado profundamente en su territorio, resulta inconcebible la victoria final sin la ayuda de la Unión Soviética. Si se abandona la alianza con Rusia por una alianza con el imperialismo, habrá que quitarles el adjetivo "revolucionarios" a los Tres Principios del Pueblo, que entonces se habrán convertido en reaccionarios. Al fin y al cabo, no hay Tres Principios del Pueblo "neutrales"; sólo los hay revolucionarios o contrarrevolucionarios.

Pero, ¿no sería heroico emprender, siguiendo la vieja fórmula de Wang Ching-wei, un "combate entre dos fuegos" y sacar una versión de los Tres Principios del Pueblo que convenga a este "combate"? Desgraciadamente, hasta Wang Ching-wei, el inventor de esta versión, la ha abandonado (o "archivado") para adoptar ahora los Tres Principios del Pueblo de alianza con el imperialismo. Se puede argüir: Como los imperialistas orientales y los occidentales son distintos, yo, al contrario de Wang Ching-wei, que se ha aliado con el imperialismo oriental, me aliaré con un grupo de imperialistas occidentales y apuntaré el ataque hacia el Este. ¿No sería esto muy revolucionario? Pero el caso es que los imperialistas occidentales se oponen a la Unión Soviética y al comunismo, y si se alía usted con ellos, le pedirán que dirija su ataque hacia el Norte y entonces su revolución quedará en nada. Todas estas circunstancias determinan que los Tres Principios del Pueblo revolucionarios, los nuevos, los verdaderos, entrañen la alianza con Rusia y en ningún caso la alianza con el imperialismo en contra de Rusia.

En segundo lugar, los Tres Principios del Pueblo revolucionarios, los nuevos, los verdaderos, han de prever la alianza con el Partido Comunista. O bien se es aliado del Partido Comunista, o bien se le combate. El anticomunismo es la política de los imperialistas japoneses y de Wang Ching-wei; si es eso lo que usted quiere, está muy bien, y ellos lo invitarán a entrar en su Compañía Anticomunista. Pero, ¿no sería eso un poco sospechoso de colaboracionismo? "Yo no sigo al Japón, sino a otra potencia." Esto es también ridículo. Siga a quien siga, basta que usted se oponga al Partido Comunista para que sea colaboracionista, porque ya no puede combatir al Japón. "Voy a luchar contra el Partido Comunista independientemente." Eso es pura quimera. ¿Cómo podrían los "héroes" de una colonia o semicolonia acometer una empresa contrarrevolucionaria de esa magnitud sin contar con la fuerza del imperialismo? En el pasado, el imperialismo mundial puso en juego casi todas sus fuerzas para combatir al Partido Comunista durante diez largos años, pero en vano. ¿Cómo es que hoy, de repente, resulta posible combatirlo "independientemente"? Se cuenta que hay gente de fuera de la Región Fronteriza que dice: "Está bien combatir al Partido Comunista, pero nunca dará resultado." Si no se trata de un rumor, esta observación es errónea a medias, porque ¿cómo puede "estar bien" combatir al Partido Comunista? Empero, la otra mitad es correcta, pues, efectivamente, eso "nunca dará resultado". La razón fundamental de ello no reside en los comunistas, sino en la gente sencilla, porque ésta quiere al Partido Comunista y no le gusta "combatirlo". La gente sencilla es severa, y le hará pagar con la vida si usted se permite combatir al Partido Comunista en los momentos en que un enemigo de la nación ha penetrado profundamente en el territorio patrio. Seguro: quien quiera combatir al Partido Comunista debe estar dispuesto a que lo hagan polvo. Si no lo está, más le valdrá abstenerse. Este es nuestro sincero consejo a todos los "héroes" anticomunistas. Por lo tanto, nada está más claro: los Tres Principios del Pueblo de hoy deben entrañar la alianza con el Partido Comunista; en caso contrario, estos Principios perecerán. Esta es para ellos una cuestión de vida o muerte. Aliándose con el Partido Comunista, sobrevivirán; oponiéndose al Partido Comunista, perecerán. ¿Puede alguien probar lo contrario?

En tercer lugar, los Tres Principios del Pueblo revolucionarios, los nuevos, los verdaderos, han de prever la política de ayuda a los campesinos y obreros. Rechazar esta política, no ayudar de todo corazón a los campesinos y obreros, y no "despertar a las masas populares", como señalaba el Dr. Sun Yat-sen en su Testamento, significa preparar la derrota de la revolución y, a la vez, la propia derrota. Stalin dice que "el problema nacional es, en esencia, un problema campesino". Esto quiere decir que la revolución china es, en esencia, una revolución campesina, y la actual resistencia al Japón, una resistencia campesina. La política de nueva democracia significa, en esencia, colocar a los campesinos en el Poder. Los nuevos Tres Principios del Pueblo, los verdaderos, son, en esencia, la doctrina de la revolución campesina. El problema de la cultura de las masas es, en esencia, el de elevar el nivel cultural de los campesinos. La Guerra de Resistencia contra el Japón es, en esencia, una guerra campesina. Vivimos en la época del "montañismo"; reuniones, trabajo, clases, periódicos, libros, piezas teatrales: todo se hace en las montañas y todo está destinado, en esencia, a los campesinos. Todo lo necesario para la resistencia al Japón y para nuestra propia subsistencia es suministrado, en esencia, por los campesinos. Cuando decimos "en esencia" queremos decir "en lo fundamental", lo que no significa, como el propio Stalin ha explicado, pasar por alto a los otros sectores. Cualquier escolar sabe que el 80 por ciento de la población de China es campesina. Por eso, el problema campesino es el problema básico de la revolución china, y la fuerza de los campesinos constituye la fuerza principal de ésta. Después de los campesinos vienen los obreros, que ocupan el segundo lugar en la población china. Hay en China varios millones de obreros industriales y varias decenas de millones de obreros artesanos y agrícolas. China no puede vivir sin los obreros de las distintas ramas de la industria, puesto que son ellos los productores en el sector industrial de la economía. La revolución no puede triunfar sin la clase obrera industrial moderna, porque es ésta la clase dirigente de la revolución china y la más revolucionaria. En tales circunstancias, los Tres Principios del Pueblo revolucionarios, los nuevos, los verdaderos, son necesariamente los que entrañan la política de ayuda a los campesinos y obreros. Está condenada a desaparecer toda versión de los Tres Principios del Pueblo que no entrañe esta política, que no prevea una ayuda sincera a los campesinos y obreros y no tienda a "despertar a las masas populares".

De esto se deduce que no tiene futuro ningún tipo de Tres Principios del Pueblo que se aleje de las Tres Grandes Políticas: alianza con Rusia, alianza con el Partido Comunista y ayuda a los campesinos y obreros. Todo partidario honesto de los Tres Principios del Pueblo debe reflexionar seriamente sobre este punto.

Los Tres Principios del Pueblo con sus Tres Grandes Políticas, los Tres Principios del Pueblo revolucionarios, los nuevos, los verdaderos, son los de nueva democracia, son el desarrollo de los viejos Tres Principios del Pueblo, una gran contribución del Dr. Sun Yat-sen y un producto de la era en que la revolución china se ha convertido en parte de la revolución mundial socialista. Sólo a estos Tres Principios del Pueblo el Partido Comunista de China los considera como "lo que China necesita hoy" y se declara "dispuesto a luchar por su completa realización". Estos son los únicos Tres Principios del Pueblo que coinciden en lo básico con el programa político del Partido Comunista para la etapa de la revolución democrática, es decir, con su programa mínimo.

Por su parte, los viejos Tres Principios del Pueblo fueron producto del antiguo período de la revolución china. En aquel entonces, Rusia era una potencia imperialista y, naturalmente, no podía haber política de alianza con ella; en nuestro país no existía el Partido Comunista y, naturalmente, no podía haber política de alianza con él; tampoco el movimiento obrero y campesino había revelado plenamente su importancia política ni despertado la atención de la gente y, naturalmente, no podía haber política de alianza con los obreros y campesinos. Por ello, los Tres Principios del Pueblo del período anterior a la reorganización del Kuomintang en 1924, pertenecen a la vieja categoría y han caducado. El Kuomintang no habría podido seguir adelante si no los hubiera desarrollado hasta convertirlos en los nuevos Tres Principios del Pueblo. El clarividente Dr. Sun Yat-sen se dio cuenta de esto y, con la ayuda de la Unión Soviética y del Partido Comunista de China, reinterpretó los Tres Principios del Pueblo, dotándolos de nuevas características adecuadas a la época, lo que permitió formar el frente único entre los Tres Principios del Pueblo y el comunismo, establecer la primera cooperación entre el Kuomintang y el Partido Comunista, ganar la simpatía de todo el pueblo y emprender la revolución de 1924-1927.

Los viejos Tres Principios del Pueblo eran revolucionarios en el antiguo período, y reflejaban sus características históricas. Pero si en el nuevo período, después de establecidos los nuevos Tres Principios del Pueblo, uno sigue aferrado a lo viejo; si uno se opone a la alianza con Rusia después del nacimiento del Estado socialista, si se opone a la alianza con el Partido Comunista después de su fundación, si se opone a la política de ayuda a los campesinos y obreros después de que éstos han despertado y demostrado su fuerza política, entonces actuará en forma reaccionaria, ignorando las circunstancias de la época. El período reaccionario posterior a 1927 fue resultado de semejante ignorancia. "Hombre sagaz es quien comprende las circunstancias de la época", dice el proverbio. Espero que los actuales partidarios de los Tres Principios del Pueblo lo tengan presente.

Los Tres Principios del Pueblo de la vieja categoría no presentan ninguna analogía fundamental con el programa mínimo del comunismo, porque pertenecen al pasado y han caducado. Y cualesquiera Tres Principios del Pueblo que se opongan a Rusia, al Partido Comunista o a los campesinos y obreros, serán principios reaccionarios que, lejos de tener nada en común con el programa mínimo del comunismo, serán enemigos del comunismo y, por lo tanto, no habrá discusión posible. Sobre esto también deben reflexionar cuidadosamente los partidarios de los Tres Principios del Pueblo.

Pero, en todo caso, ningún hombre de conciencia abandonará los nuevos Tres Principios del Pueblo antes de que se haya cumplido en lo fundamental la tarea antiimperialista y antifeudal. Los únicos que los abandonan son sujetos como Wang Ching-wei. Por más celosamente que estos elementos lleven adelante sus espurios Tres Principios del Pueblo, opuestos a Rusia, al Partido Comunista y a los campesinos y obreros, siempre habrá hombres justos y de conciencia que continúen defendiendo los verdaderos Tres Principios del Pueblo de Sun Yat-sen. Si, aun durante el período reaccionario iniciado en 1927, fueron muchos los genuinos partidarios de los Tres Principios del Pueblo que continuaron la lucha por la revolución china, hoy, cuando un enemigo de la nación ha penetrado profundamente en el territorio patrio, es incontestable que tales hombres se contarán por decenas y decenas de miles. Los comunistas practicaremos la cooperación a largo plazo con todos los sinceros partidarios de los Tres Principios del Pueblo; rechazaremos sólo a los colaboracionistas y a los anticomunistas empedernidos, y jamás abandonaremos a ningún amigo.

Sigue Parte Tres

 

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