Ser Promotores de la Revolución
Documento
pronunciado por el propio Mao Tse-tung en el Comité Central
de 1957 en el que habla sobre las orientaciones de la revolución
china y los cambios que se habían realizado en los últimos
tiempos en el país. Destaca el papel fundamental del proletariado
como el instrumento más eficaz para ir adelante con los
proyectos del Partido Comunista de China
---------------
Esta reunión ha sido un éxito: Una sesión
plenaria ampliada del Comité Central como ésta,
con la participación de camaradas de los comités
provinciales y prefecturales, constituye en realidad una conferencia
de cuadros de tres niveles, y es útil para clarificar orientaciones,
intercambiar experiencias y aunar voluntades.
En adelante, quizá sea necesario
celebrar una vez al año este tipo de reuniones, pues en
un país tan grande como el nuestro el trabajo es muy complicado.
El año pasado, por no haber efectuado una reunión
así, pagamos el pato con la aparición de una desviación
de derecha. El año antepasado se registró un ascenso,
pero al siguiente sobrevino un relajamiento de los esfuerzos.
Desde luego, habiendo realizado el año pasado el VIII Congreso,
no nos quedó tiempo para más. Cuando celebremos
otras reuniones como la presente, podríamos hacer que se
sumaran a ellas unos cuantos secretarios de comités distritales
y de comités de distritos urbanos de algunas grandes ciudades,
elevando la cifra de participantes, digamos, en unos cien. Propongo
que cada provincia reúna, a su vez, una conferencia provincial
de cuadros de tres o cuatro niveles que incluya a cierto número
de cuadros de cooperativas, para discutir y dejar en claro los
problemas. Este es el primer punto.
Segundo. Algunas palabras sobre la rectificación.
Hay que abrir campo a las opiniones audazmente, radicalmente,
decididamente, y proceder a las reformas de igual manera. Debemos
tomar tal determinación. Ahora bien, ¿será
necesaria, además de esto, otra campaña contra los
derechistas, una vigorosa campaña en este sentido? No,
pues la lucha contra los derechistas está bien encarrilada
y en algunos lugares ha finalizado ya. Actualmente, debe ponerse
el acento en la apertura de opiniones y la introducción
de reformas en la base, o sea, en los tres niveles de distrito,
territorio y cantón. En cuanto a los niveles central y
provincial (municipal), aunque en algunos departamentos sigue
siendo necesaria la apertura de opiniones, hay que poner el énfasis
en las reformas.
Este año, las masas han creado
una forma revolucionaria, una forma de lucha de masas que consiste
en la gran competencia de ideas, la gran apertura de opiniones,
el gran debate y el empleo del dazibao. La revolución actual
ha encontrado una forma que se ajusta muy bien a su contenido.
Esta no podía haber surgido en el pasado. Como en ese tiempo
nos dedicábamos a la guerra, a los cinco grandes movimientos
y a las tres grandes transformaciones, era imposible que apareciera
esta forma de debate no apurado. Entonces habría sido inadmisible
dedicar todo un año a un debate no apurado, a la presentación
de hechos y la exposición de argumentos. Pero ahora se
lo puede hacer. Hemos encontrado esta forma, que se ajusta al
contenido de la actual lucha de masas, al contenido de la actual
lucha de clases y al tratamiento correcto de las contradicciones
en el seno del pueblo. Si aprehendemos esta forma, en adelante
será mucho más fácil manejar las cosas. Tanto
los problemas importantes relativos a lo correcto y lo erróneo
como los de segundo orden, tanto los problemas de la revolución
como los de la construcción, podrán ser resueltos
empleando esta forma de competencia, apertura y debate; además,
su solución será así más rápida.
La izquierda entra en la competencia de ideas y en el debate no
sólo con el centro, sino también, y de manera completamente
abierta, con la derecha y, en el campo, con los terratenientes
y los campesinos ricos. Ya que no tenemos miedo al "desprestigio",
hemos publicado en la prensa absurdos tales como "el Partido
Comunista lo monopoliza todo", "el Partido Comunista
debe abdicar" y "debe bajarse del palanquín".
Acabamos de "subir al palanquín", y ya los derechistas
exigen que "nos bajemos". Esta forma de gran competencia,
gran apertura, gran debate y dazibao es la que más favorece
el despliegue de la iniciativa de las masas y la elevación
de su sentido de responsabilidad.
Nuestro Partido posee una tradición
democrática. Sin ella, le sería imposible aceptar
esta forma de gran competencia, gran apertura, gran debate y dazibao.
Cuando la campaña de rectificación en Yenán,
todos tomaban notas, hacían autocríticas y se ayudaban
mutuamente; esto se hizo en grupos de siete u ocho y duró
varios meses. Todos aquellos con quienes he tenido contacto están
agradecidos a esa campaña de rectificación y dicen
que fue entonces cuando empezaron a corregir el subjetivismo.
Luego, en el curso de la reforma agraria, al surgir problemas,
hablábamos con las masas a fin de esclarecer ideas. En
nuestro ejército, los jefes de compañía se
preocupaban de abrigar a los soldados mal cobijados en sus horas
de sueño y conversaban con ellos amistosamente y de igual
a igual. Toda una variedad de formas de democracia se pueden hallar
en la campaña de rectificación en Yenán,
en la reforma agraria, en la vida democrática del ejército,
en las "tres verificaciones y tres rectificaciones",
así como en las posteriores campañas contra los
"tres males" y contra los "cinco males" en
el proceso de transformación ideológica de los intelectuales.
Pero sólo en el presente momento ha podido surgir esta
forma de gran competencia de ideas, gran apertura de opiniones,
gran discusión y gran debate, seguida de consultas y de
educación inductiva, que se efectúan con la suavidad
de una brisa. El hallazgo de esta forma traerá muchos beneficios
a nuestra causa, pues ella facilitará la superación
del subjetivismo, el burocratismo y el autoritarismo (lo que entendemos
por autoritarismo es el hábito de recurrir a los golpes,
los insultos y la coacción), así como la fusión
de los cuadros de dirección con las masas.
En el presente año, nuestra tradición
democrática ha cobrado gran desarrollo; debemos transmitir
a las futuras generaciones esta forma de gran competencia de ideas,
gran apertura de opiniones, gran debate y dazibao. Ella ha permitido
activar plenamente la democracia socialista, que sólo puede
existir en los países socialistas, no en los capitalistas.
Sobre la base de una democracia como ésta, el centralismo
no se debilita, sino que se fortalece, y la dictadura del proletariado
se afianza, pues para ejercerla, el proletariado tiene que apoyarse
en la gran masa de sus aliados, no se basta por sí solo.
El proletariado chino es numéricamente pequeño,
ya que sólo lo integran algo más de diez millones
de personas. Sólo podrá ejercer la dictadura apoyándose
en los cientos de millones de campesinos pobres, campesinos medios
inferiores, pobres de la ciudad, artesanos necesitados e intelectuales
revolucionarios; de otro modo, le será imposible hacerlo.
Ahora, cuando hemos puesto en marcha la iniciativa de todos ellos,
la dictadura del proletariado se está consolidando.
Tercero. La agricultura. El Programa
Nacional para el Desarrollo Agrícola, de cuarenta artículos,
ya ha sido modificado y pronto será dado a conocer. Solicito
a ustedes que, en el campo, organicen bien un debate, una discusión,
al respecto. Yo pregunté a algunos camaradas si era necesario
que las prefecturas elaboraran planes agrícolas, y me contestaron
que sí. ¿Y los territorios?, les pregunté
otra vez. También lo afirmaron. ¿Y en cuanto a los
cantones? Respondieron de nuevo afirmativamente. Las cooperativas,
a su vez, deberían hacer lo mismo. Esto significa que deben
hacerlo los seis niveles: provincia, prefectura, distrito, territorio,
cantón y cooperativa. Por favor, presten ustedes gran atención
a la planificación agrícola. Planificación
y plan son una y la misma cosa, pero, como ya nos hemos acostumbrado
al término "planificación", no está
mal usarlo. Es imperativo perseverar en la planificación
global, el fortalecimiento de la dirección y la práctica
de que el secretario del Partido ponga manos a la obra y todos
los militantes se ocupen del manejo de las cooperativas. Al parecer,
en la segunda mitad del año pasado, ya no todos los militantes
se ocupaban del manejo de las cooperativas, ni los secretarios
del Partido ponían manos a la obra con mucha frecuencia.
Este año, debemos persistir en la práctica arriba
mencionada.
¿Cuándo podrá,
en fin de cuentas, terminar la elaboración de los planes?
He preguntado esto a algunos camaradas y por ellos me he enterado
de que en algunos lugares ya están listos, mientras que
en otros no han sido del todo terminados. Ahora, el énfasis
debe ponerse en las instancias provincial, prefectural y distrital,
a ver si pueden concluir sus planes para este invierno o la próxima
primavera. Si no alcanzan a hacerlo, de todas maneras tendrán
que darles remate el año entrante; esto es válido
también para el resto de los seis niveles. Es que contamos
con una experiencia de varios años y los cuarenta artículos
del Programa Nacional para el Desarrollo Agrícola están
ya prácticamente elaborados. Tanto éstos como los
planes de provincias y de los restantes niveles deben llevarse
al campo para su discusión. Sin embargo, discutir siete
planes a la vez sería demasiado, y por eso es preferible
entregarlos por partidas a las masas para que se dé curso
a las opiniones sobre ellos y se los debata. Aquí nos referimos
a la planificación a largo plazo. ¿Qué hacer
si más tarde los planes elaborados resultan inadecuados?
Será necesario modificarlos con base en las experiencias
que se adquieran en unos años más. Los cuarenta
artículos, por ejemplo, tendrán que sufrir enmiendas
al cabo de varios años. Y no puede ser de otra manera.
Según veo, probablemente se necesitará una pequeña
revisión cada tres años y una grande cada cinco.
Más vale tener un plan que no tenerlo. Habiendo transcurrido
ya dos años de los doce que cubre el Programa, sólo
nos quedan diez; si no los aprehendemos firmemente, correrán
el riesgo de quedarse en el aire las metas de 400, 500 y 800 jin
de cereales por mu establecidas en los cuarenta artículos
para las tres grandes zonas. Pero si los agarramos con firmeza,
es posible alcanzar esas metas.
A mi modo de ver, para alimentarse,
China depende del cultivo intensivo. Llegará el día
en que sea el primer país del mundo en rendimiento de cereales.
Ahora, en algunos distritos, el rendimiento por mu ya asciende
a los mil jin. ¿No podrá éste alcanzar, dentro
de medio siglo, los dos mil? ¿Será posible o no
que en el futuro el rendimiento por mu llegue a ochocientos jin
al Norte del río Amarillo, a mil al Norte del río
Juai y a dos mil al Sur del mismo? Para alcanzar estas metas a
comienzos del siglo XXI, nos quedan todavía varios decenios
y quizá no se necesite tanto tiempo. Para comer dependemos
del cultivo intensivo, y con esta manera de cultivar tendremos
de qué alimentarnos aunque nuestra población llegue
a ser algo mayor. Pienso que el promedio de tres mu de tierra
por persona es demasiado y que en el futuro unos decimos de mu
bastarán para alimentar a un individuo. Desde luego, sigue
siendo necesario el control de la natalidad, y en modo alguno
estoy estimulando aquí la proliferación.
Deseo que los camaradas presentes tomen
el pulso al consumo de cereales por parte de los campesinos. Con
miras a acumular reservas, hay que promover el espíritu
de laboriosidad y economía en el manejo del hogar, así
como el ahorro de cereales. Si el Estado guarda reservas y lo
mismo hacen cada cooperativa y cada familia, tendremos tres tipos
de reservas y podremos vivir holgadamente. Si, por el contrario,
nos comemos todos los cereales, ¿a qué holgura podremos
aspirar?
Este año, en la totalidad de
aquellos lugares que han obtenido cosecha abundante o no han sufrido
calamidades naturales, se debe incrementar un poco la acumulación.
Es del todo indispensable compensar las malas cosechas con las
buenas. En las cooperativas de algunas provincias, los gastos
de producción -- sin mencionar los fondos de acumulación
colectiva (5 por ciento), los fondos de bienestar público
(5 por ciento) y los gastos de administración -- representan
un 20 por ciento del valor global de la producción y, de
éstos, los dedicados a la construcción básica
ocupan, a su vez, un 20 por ciento. Consulté esta cuestión
con camaradas de otras provincias y ellos me dijeron que los gastos
de la construcción básica son tal vez un poco altos.
Todo cuanto hoy les he dicho no puede tomarse sino como sugerencias.
Si resulta aplicable, aplíquenlo, y si no, descártenlo.
Además, no se debe imponer el mismo molde a todas las provincias
y distritos. Estudien ustedes todo esto. En algunos lugares los
gastos de administración de las cooperativas han ocupado
un porcentaje demasiado elevado y es necesario reducirlos al 1
por ciento. Los gastos de administración los componen las
compensaciones remunerativas para los cuadros de las cooperativas
y los gastos de oficina. Es preciso disminuir los gastos de administración
y aumentar los de la construcción básica en el campo.
Los chinos debemos tener altas aspiraciones.
Debemos educar a cada persona de las ciudades y de las zonas rurales
para que tenga objetivos y aspiraciones de largo alcance. Comer
y beber opíparamente, comerse y beberse todo cuanto se
tenga, ¿puede considerarse como una alta aspiración?
De ninguna manera. Es menester manejar el hogar con laboriosidad
y economía y hacer planes a largo plazo. Cuando la gente
se viste de color o de blanco con motivo de un matrimonio o una
defunción, es de todo punto innecesario ofrecer banquetes
ostentosos. Hay que hacer economías en estos aspectos y
no malgastar los recursos, lo que implica el cambio de las viejas
costumbres. Para cambiarlas será necesario recurrir a la
gran competencia de ideas y la gran apertura de opiniones, o tal
vez baste con una competencia y una apertura en pequeño.
Existe también el problema de los juegos de azar. En el
pasado no había manera de prohibirlos. Su eliminación
sólo es posible a través de la gran competencia
de ideas, la gran apertura de opiniones y el debate. Pienso que
la reforma de las viejas costumbres también debe ser incluida
en nuestros planes.
Otra cuestión es la del exterminio
de las cuatro plagas y la promoción de la higiene. A mí
me interesa mucho este problema del exterminio de los ratones,
gorriones, moscas y mosquitos. Como nos quedan sólo diez
años, ¿no podríamos hacer este año
algunos preparativos y realizar una movilización entre
las masas para acometer la labor en la próxima primavera?
En esta estación es cuando salen las moscas. Pienso que
es preciso acabar con dichas plagas y conseguir que todo el país
preste mucha atención a la higiene. Esto forma parte de
la cultura, una cultura que se debe elevar en gran medida. Es
indispensable desplegar una emulación destinada a eliminar,
sea como fuere, estas especies y a lograr que todo el mundo se
preocupe de la higiene. Los progresos que se hagan podrán
ser desiguales en diferentes provincias y también en diferentes
distritos, pero, al final, veremos quiénes son los paladines.
China debe convertirse en un país libre de estas cuatro
plagas: ratones, gorriones, moscas y mosquitos.
También es menester trazar un
programa de diez años para la planificación de la
natalidad. Pero, ésta no debe ser promovida en las zonas
de minorías nacionales ni en los lugares de escasa población.
Aun en las regiones densamente pobladas, primero hay que aplicarla
de modo experimental en lugares escogidos y luego extenderla poco
a poco hasta convertirla en una práctica generalizada.
La planificación de la natalidad requiere una educación
abierta, una educación que no supone otra cosa que la gran
competencia de ideas, la gran apertura de opiniones y el gran
debate. En lo que respecta a la natalidad, el género humano
se halla en una situación de completa anarquía,
ha sido incapaz de controlarse a sí mismo. Sin el peso
de la sociedad en su conjunto, vale decir, sin el consenso general
ni los esfuerzos mancomunados de todos, será imposible
llegar en el futuro a una completa planificación de la
natalidad.
Hay todavía otro problema, el
plan integral. Acabo de referirme al plan para la agricultura,
pero debe haber también planes para la industria, el comercio,
la cultura y la educación. Es totalmente imprescindible
hacer un plan integral, un plan que comprenda todas las ramas
arriba mencionadas para establecer una coordinación entre
ellas.
El cultivo de parcelas experimentales
es una experiencia que vale la pena popularizar. Todos los cuadros
dirigentes de distritos, territorios, cantones y cooperativas
deben cultivar pequeñas parcelas para ver si se puede obtener
un alto rendimiento y a través de qué métodos.
Debemos conocer el fondo general de
la técnica agrícola. No es posible realizar bien
el trabajo del frente agrícola cuando se carece de conocimientos
técnicos. La política y la actividad profesional
conforman una unidad de contrarios. La política es lo principal,
ocupa el primer lugar. Debemos luchar contra la tendencia al apoliticismo;
sin embargo, tampoco está bien dedicarse exclusivamente
a la política y no preocuparse por adquirir conocimientos
técnicos y profesionales. Todos nuestros camaradas, sea
que se ocupen de la industria, la agricultura, el comercio o el
trabajo cultural-educacional, deben adquirir algunos conocimientos
técnicos y profesionales pertinentes. En mi opinión,
sobre este asunto también hay que elaborar un plan decenal.
Los cuadros en todos nuestros frentes de trabajo deben esforzarse
por dominar la técnica y los conocimientos profesionales
para convertirse en expertos; deben ser rojos y a la vez calificados.
Eso de hacerse primero calificado y después rojo, lo que
equivaldría a hacerse primero blanco y luego rojo, es erróneo,
porque, quienes así hablan, lo que realmente desean es
hacerse blancos para siempre y, en cuanto a lo de hacerse rojos
después, no son más que palabras huecas. Actualmente
hay cuadros que han dejado de ser rojos y lo que albergan son
ideas de campesino rico. Hay quienes se distinguen por el color
blanco, como es el caso de los derechistas de dentro del Partido,
que son blancos en lo político y, además, no calificados
en lo técnico. Hay algunos que llevan el color gris y otros,
el rosado. Los que de verdad tienen un rojo subido como el de
nuestra bandera de cinco estrellas, constituyen la izquierda.
Sin embargo, no basta con ser rojo solamente, sino que es preciso
poseer también conocimientos profesionales y técnicos.
Al presente, muchos de nuestros cuadros son sólo rojos
y no calificados, no poseen conocimientos profesionales y técnicos.
Los derechistas dicen que nosotros no tenemos capacidad para ejercer
la dirección, que "los profanos no pueden dirigir
a los expertos". Nosotros los refutamos diciéndoles
que sí somos capaces de dirigir. Cuando afirmamos que somos
capaces, nos referimos a lo político. En lo que respecta
a la técnica, todavía somos ignorantes en muchos
aspectos, pero la técnica es algo que se puede aprender.
El proletariado no puede construir el
socialismo a menos que cuente con un inmenso contingente técnico
y teórico propio. Tenemos que formar un contingente de
intelectuales proletarios en estos diez años (el programa
para el desarrollo de la ciencia también cubre doce años
y ahora sólo quedan diez). Tanto nuestros militantes como
los activistas de fuera del Partido deben esforzarse por llegar
a ser intelectuales del proletariado. La dirección del
Partido a los distintos niveles, particularmente de provincia,
prefectura y distrito, debe planificar la formación de
intelectuales del proletariado; de lo contrario, pasará
el tiempo sin que ésta se haga realidad. Hay un viejo proverbio
chino que reza: "Diez años para ver erguido un árbol,
cien para formar un hombre." A esos cien años para
formar un hombre se les deben restar noventa, quedando así
la cifra en diez. Levantar un árbol en diez años
es una aseveración errónea, pues eso requiere veinticinco
años en el Sur de nuestro país, y más todavía
en el Norte. A un hombre, en cambio, sí es posible formarlo
en diez años. Ya han pasado ocho años desde la Liberación,
que harán dieciocho con los diez que vamos a agregarles;
calculamos que al cabo de este lapso habremos formado, en lo fundamental,
un contingente de especialistas de la clase obrera con ideología
marxista. Pasados diez años, la tarea será ampliar
ese contingente y elevar su nivel.
En cuanto a la relación entre
la agricultura y la industria, el centro de atención debe
estar, por supuesto, en la industria pesada, a cuyo desarrollo
le corresponde el lugar prioritario. Esto está fuera de
toda cuestión y no debe haber ningún titubeo al
respecto. Sin embargo, garantizada esta condición, debe
desarrollarse simultáneamente la industria y la agricultura
para establecer, paso a paso, una industria y una agricultura
modernas. Antes solíamos hablar de hacer de China un país
industrial, lo que implica, de hecho, la modernización
de la agricultura. Ahora hay que poner el énfasis en la
propaganda sobre la agricultura. El camarada Teng Siao-ping ya
habló de este problema.
Cuarto. Dos métodos diferentes.
Para hacer cualquier trabajo existen, por lo menos, dos métodos:
Uno conduce a la meta relativamente despacio y con resultados
no muy buenos, mientras que el otro lo hace más rápido
y mejor. Aquí se trata tanto del ritmo como de la calidad.
No se debe tomar en consideración una solución única,
siempre hay que tener en cuenta, por lo menos, dos. Por ejemplo,
en la construcción ferroviaria, es indispensable presentar
varios proyectos del recorrido de una vía, de tal modo
que haya posibilidad de elegir. Teniendo varios métodos,
dos como mínimo, podemos establecer comparaciones. Veamos:
¿Desplegar en gran escala la competencia de ideas y la
apertura de opiniones o hacerlo en pequeño? ¿Permitir
el empleo del dazibao o descartarlo? ¿Cuál de estos
dos métodos es el mejor? Son muchísimos los problemas
que se pueden plantear de tal manera, pero lo que ocurre ahora
es que no se quiere dar curso a la apertura. Ninguno de los treinta
y cuatro centros de enseñanza superior de Pekín
permitió la apertura, y, si alguno lo hizo, fue con reparos
y vacilaciones. ¡Pues esto habría equivalido a prenderse
fuego a sí mismo! Para conseguir que la gente dé
curso a la apertura, es preciso hacer un trabajo suficiente de
persuasión e incluso ejercer considerable presión,
esto es, hacer un llamamiento público y celebrar numerosas
reuniones poniéndola en jaque y obligándola a "subir
a la montaña Liangshan". En nuestra revolución
de los años pasados, se presentaron dentro del Partido
numerosas opiniones diferentes sobre tal o cual método
y tal o cual política; pero, al final, nosotros escogimos
la política que mejor se adecuaba a la situación
y fue así como, durante los períodos de la Guerra
de Resistencia contra el Japón y de la Guerra de Liberación,
hicimos mayores progresos que en los períodos anteriores.
En cuanto a la orientación para la construcción,
también es posible que se presente una diversidad de pareceres,
pero nosotros debemos adoptar la que más se ajuste a nuestras
condiciones.
Las experiencias de la Unión
Soviética en la construcción son relativamente completas,
y al decir completas incluimos los errores. Ninguna experiencia
que excluya los errores cometidos puede ser considerada completa.
Aprender de la Unión Soviética no implica trasladarlo
todo en forma mecánica, que es justamente lo que hacen
los dogmáticos. Fue sólo después de haber
criticado el dogmatismo cuando llamamos a aprender de la Unión
Soviética, razón por la cual no hubo en esto peligro
alguno. El haber subrayado la necesidad de aprender de la Unión
Soviética después de la rectificación en
Yenán y del VII Congreso, no nos ha traído daños
sino beneficios. Tenemos experiencia en cuanto a la revolución
se refiere. Pero, en lo tocante a la construcción, acabamos
de empezar, sólo llevamos ocho años en ella. Los
éxitos que hemos obtenido en la construcción constituyen
su aspecto principal, mas esto no quiere decir que estemos exentos
de errores. En el futuro, todavía cometeremos errores,
pero esperamos que sean menos. Nuestro aprendizaje de la Unión
Soviética debe incluir el estudio de sus errores. Una vez
hecho tal estudio, podremos ahorrarnos algunas vueltas y revueltas.
¿Conseguiremos o no evitar los recodos transitados por
la Unión Soviética y llevar adelante nuestra construcción
de manera más rápida y mejor que ella? Es preciso
esforzarnos por conseguirlo. Veamos: Respecto a la producción
de acero, ¿podremos o no llegar a producir 20 millones
de toneladas al cabo de tres planes quinquenales o algo más?
Alcanzaremos esta meta si nos esforzamos. Para ello es necesario
construir un mayor número de pequeñas acerías.
A mi juicio, debemos construir más acerías del tipo
de las que producen anualmente de 30 a 50 mil toneladas o de 70
a 80 mil toneladas, pues estas plantas son muy útiles.
Por otra parte, hay que construir acerías medianas cuya
producción anual sea del orden de las 300 a 400 mil toneladas.
Quinto. El año pasado se barrió
con una serie de cosas. Una de ellas es la consigna de cantidad,
rapidez, calidad y economía. Se renunció a la cantidad
y la rapidez y, de paso, se barrió también con la
calidad y la economía. Pienso que nadie se opone a estas
dos últimas, pero sí hay gente a la que no le gustan
la cantidad y la rapidez, que algunos camaradas tildan de "avance
temerario". De por sí, calidad y economía restringen
a cantidad y rapidez. "Calidad" significa que las cosas
deben tener buena factura; "economía", gastar
menos dinero; "cantidad hacer más cosas, y "rapidez",
igualmente hacer más cosas. La consigna se restringe a
sí misma, porque al exigir calidad y economía, es
decir, buena factura al tiempo que menos gasto, hace imposibles
una cantidad y una rapidez que no concuerden con la realidad.
Me alegro de que en la presente sesión alguno que otro
camarada haya hablado de este problema. Además, he leído
en la prensa un artículo que se refiere a él. De
lo que nosotros hablamos es de una cantidad, una rapidez, una
calidad y una economía realistas, ajustadas a las circunstancias,
y no subjetivistas. En todo caso, debemos empeñar nuestros
esfuerzos en hacer una mayor cantidad de cosas y con más
rapidez, y a lo que nos oponemos es a una cantidad y rapidez subjetivistas.
En la segunda mitad del año pasado, una ráfaga de
viento barrió con esa consigna, y yo quisiera revalidarla.
¿Es esto posible o no? Estúdienlo ustedes, por favor.
Se barrió también con
los cuarenta artículos del Programa Nacional para el Desarrollo
Agrícola. Estos fueron considerados como pasados de moda
a partir del año pasado. Ahora los "rehabilitamos".
Además, se barrió con
los "comités de promoción del avance".
Yo pregunté alguna vez: El Comité Central del Partido
Comunista, los comités del Partido a todos los niveles
y el Consejo de Estado, así como los comités populares
de todas las instancias -- en una palabra, una multitud de "comités"
con los del Partido en lugar principal --, ¿son todos ellos,
por su naturaleza, comités de promoción del avance
o comités de promoción del retroceso? Deben ser
lo primero. En mi opinión, el Kuomintang es un comité
de promoción del retroceso, mientras que el Partido Comunista
lo es del avance. ¿Se pueden o no restablecer ahora los
comités de promoción del avance, que fueron barridos
por aquella ráfaga de viento del año pasado? Si
todos ustedes se pronunciaran en contra, insistiendo en organizar
comités de promoción del retroceso, yo no tendría
otro remedio, pues ¡tanta gente estaría por promover
el retroceso! Pero, a juzgar por el desarrollo de esta sesión,
todos desean promover el avance y en ningún discurso se
ha manifestado el deseo de promover el retroceso. Quien pretende
hacernos retroceder es la alianza derechista de Chang Po-chün
y Luo Lung-chi. Respecto de algunas cosas que de veras están
marchando demasiado rápido, a un ritmo realmente inadecuado,
se puede, temporal y parcialmente, promover el retroceso, lo que
quiere decir dar un paso atrás o aflojar un paso. Sin embargo,
nuestra orientación general es siempre la de promover el
avance.
Sexto. La contradicción entre
el proletariado y la burguesía, entre el camino socialista
y el capitalista, es sin duda alguna la contradicción principal
en nuestra sociedad actual. La tarea que enfrentamos hoy es diferente
a la del pasado. Antes, la principal tarea del proletariado era
dirigir a las amplias masas populares en la lucha contra el imperialismo
y el feudalismo, tarea que ya fue cumplida. ¿Cuál
es entonces la contradicción principal de hoy? Actualmente,
cuando hacemos la revolución socialista, una revolución
enfilada contra la burguesía y, al mismo tiempo, destinada
a transformar el sistema de la pequeña producción,
es decir, a llevar a cabo la cooperativización, la contradicción
principal es la que existe entre el socialismo y el capitalismo,
entre el colectivismo y el individualismo, en resumen, la contradicción
entre el camino socialista y el capitalista. La resolución
del VIII Congreso no mencionó este problema. En ella hay
un párrafo según el cual la contradicción
principal es la existente entre el avanzado sistema socialista
y las atrasadas fuerzas productivas de la sociedad. Esa Formulación
es errónea. En la II Sesión Plenaria del VII Comité
Central, nosotros dejamos ya señalado que, después
de la conquista de la victoria en todo el país, la contradicción
principal en el plano interno sería la existente entre
la clase obrera y la burguesía y, en el plano externo,
la contradicción entre China y el imperialismo. Desde que
tuvo lugar dicha sesión, si bien no hemos hecho público
este punto de vista, en la práctica hemos venido actuando
de acuerdo con él. La revolución ha pasado a ser
socialista y lo que estamos realizando es una revolución
socialista. Las tres grandes transformaciones, concluidas ya en
lo fundamental, formaron parte de ella y constituyeron una revolución
socialista hecha principalmente sobre la propiedad de los medios
de producción. Implicaron una aguda lucha de clases.
En la segunda mitad del año pasado
se produjo una distensión de la lucha de clases, distensión
que nosotros propiciamos de intento. Pero tan pronto como la distendimos,
la burguesía, los intelectuales burgueses, los terratenientes,
los campesinos ricos y parte de los campesinos medios acomodados
emprendieron un ataque contra nosotros, tal como ocurrió
este año. No bien nosotros morigeramos la lucha, ellos
lanzaron el ataque; eso no estuvo mal, pues nos permitió
ganar la iniciativa. Como dice un editorial de Diario del Pueblo,
"el árbol preferiría la calma, pero el viento
no cesa". ¡Ellos se empeñan en levantar un viento,
un tifón de gran intensidad! Así las cosas, nosotros
erigimos, por nuestra parte, una "franja forestal protectora":
la lucha contra los derechistas, la campaña de rectificación.
La campaña de rectificación
tiene dos tareas: Una es la lucha contra los derechistas, incluida
la lucha contra la ideología burguesa, y la otra, las rectificaciones
y reformas, que implican también una lucha entre las dos
líneas. El subjetivismo, el burocratismo y el sectarismo
son cosas de la burguesía, y su existencia en el seno del
Partido es una cuenta que hay que cargar a ésta. ¿Podrá
seguírsele cargando transcurridos cien o doscientos años?
Tal vez sea difícil. ¿Subsistirán para ese
entonces el burocratismo y el subjetivismo? Sin duda alguna, pero
ya correrán por cuenta del atraso. En la sociedad siempre
existirán la izquierda, el centro y la derecha, siempre
existirán lo avanzado, lo intermedio y lo atrasado. Quien
incurra, para ese entonces, en burocratismo o subjetivismo, será
un elemento atrasado.
La campaña de rectificación
se prolongará hasta el 1 de mayo del próximo año,
y así es bastante el tiempo que nos queda. Vencida esa
fecha, ¿será necesario o no que distendamos otra
vez la lucha? Me parece que sí. ¿Se puede llamar
desviación de derecha a esta distensión? Pienso
que no. Tomemos como ejemplo el hecho de reunirse: Si una reunión
se prolongara indefinidamente, día y noche, y así
sin parar durante medio año, supongo que mucha gente desaparecería
de la vista. Por consiguiente, debemos hacer el trabajo conforme
a las circunstancias, tensando unas veces las energías
y otras distendiéndolas. El año pasado obtuvimos
una victoria tan grande que los capitalistas, para mostrar su
docilidad, desfilaron tocando gongs y tambores; en esas circunstancias,
habría sido difícil negarnos a morigerar la lucha,
pues habríamos carecido de razones de peso para ello. Hemos
dicho que el problema de la propiedad se ha resuelto en lo fundamental,
pero no que se haya resuelto por completo. La lucha de clases
no se ha extinguido. Por eso, no se trata aquí de una concesión
de principio, sino de una distensión exigida por las circunstancias.
Mi opinión es que la campaña
de rectificación se prolongue hasta el 1 de mayo del año
entrante y no se haga más en lo que resta del año.
El problema de si, en la segunda mitad del próximo, es
necesario o no emprender otra campaña de rectificación
y librar otro debate en las zonas rurales, lo veremos el año
que viene. Pero, de todos modos, al año subsiguiente habrá
que abrir otra campaña. Si nos abstenemos de hacerlo entonces
e incluso durante varios años consecutivos, los viejos
y nuevos derechistas y los que ahora están emergiendo se
sentirán tentados de entrar en acción, siendo posible,
además, que cambien de posición algunos elementos
de centro-derecha, de centro y hasta de izquierda. En el mundo
hay personas tan extrañas que basta que aflojemos los esfuerzos,
que los aflojemos durante cierto tiempo, para que manifiesten
un estado de ánimo tendente a la derecha y para que se
pongan a hacer comentarios malévolos y pronunciamientos
derechistas. En nuestro Ejército es necesario llevar a
cabo una constante educación en el espíritu de las
Tres Reglas Cardinales de Disciplina y las Ocho Advertencias,
pues con sólo suspender esa educación por algunos
meses aparece allí un ambiente de relajamiento. Hay que
insuflar este espíritu varias veces al año. Es preciso
realizar una labor de educación entre los reclutas. Incluso
entre los soldados y cuadros veteranos se presentarán cambios
ideológicos si no hacemos campañas de rectificación.
Hablaré aquí de paso sobre
los puntos en que diferimos de la Unión Soviética.
En primer lugar, sobre el problema de Stalin tenemos contradicciones
con Jruschov. El ha desfigurado terriblemente a Stalin, y nosotros
no estamos de acuerdo. ¡Es que lo ha afeado tanto! Esto
ya no es asunto exclusivo de su país, sino un asunto de
todos los países. Mantenemos el retrato de Stalin en la
Plaza Tienanmen, lo cual responde al deseo del pueblo trabajador
de todo el mundo y expresa nuestra divergencia fundamental con
Jruschov. ¡De Stalin, de su persona, tú deberías
hacer una apreciación de 7 a 3! Consideramos que los méritos
de Stalin suman un 70 por ciento y sus errores, un 30 por ciento.
Es probable que esta apreciación no sea muy exacta, pues
a lo mejor él sólo tuvo un 20 ó 10 por ciento
de errores, o un poco más de un 30 por ciento. Sea como
fuere, los méritos de Stalin constituyen su aspecto principal
y sus defectos y errores, el secundario. Sobre este punto tenemos
opiniones diferentes a las de Jruschov.
Sobre el problema de la transición
pacífica, también divergirnos de Jruschov y sus
semejantes. Consideramos que el partido político proletario
de no importa qué país debe tomar en consideración
dos puntos: El primero es la paz y el segundo, la guerra. En cuanto
al primero se refiere, el Partido Comunista exige a las clases
dominantes un tránsito pacífico, siguiendo la consigna
planteada por Lenin en el período que va de la Revolución
de Febrero a la Revolución de Octubre. Nosotros, por nuestra
parte, también propusimos en el pasado a Chiang Kai-shek
negociar la paz. Esta es una consigna de carácter defensivo
frente a la burguesía, frente a los enemigos, y sirve para
demostrar que nosotros queremos la paz y no la guerra, lo que
nos ayuda a ganar a las masas. Es una consigna dirigida a lograr
la iniciativa, una consigna de carácter táctico.
Sin embargo, la burguesía nunca entregará el Poder
por su propia voluntad, sino que, invariablemente, recurrirá
a la violencia. Para eso tenemos entonces el segundo punto: Si
la burguesía quiere pelea, si dispara el primer tiro, nos
veremos obligados a pelear. Tomar el Poder por la fuerza de las
armas es la consigna estratégica. Si tú insistes
en la transición pacífica, no te diferenciarás
en nada de los socialistas. Así es justamente el Partido
Socialista Japonés, que sólo tiene en sus manos
un punto, esto es, no recurrir nunca a la violencia. Y lo mismo
ocurre con los demás partidos socialistas del mundo. Como
regla general, un partido político proletario debe atenerse
a dos puntos: primero, acudir a las palabras y no a los puños,
como es propio del caballero; segundo, recurrir a los puños
cuando así lo hace el hombre mediocre. Esta Formulación
está exenta de fallas, pues contempla todos los casos posibles.
De otra manera, la cosa no funciona. Actualmente, los Partidos
Comunistas de algunos países, como el Partido Comunista
de Inglaterra, solamente levantan la consigna de la transición
pacífica. Nosotros hablamos con un dirigente de este Partido,
pero no llegamos a nada con él. Los de ese Partido, por
supuesto, se sienten orgullosos de que su dirigente haya reclamado:
¿Cómo es eso de que Jruschov fue el que planteó
la transición pacífica? ¡Hace ya mucho que
yo la planteé!
Por otra parte, los camaradas soviéticos
no comprenden nuestra política de "Que se abran cien
flores y que compitan cien escuelas". Esta a la que nos referimos
es una política que sólo se aplica dentro del marco
del socialismo y en el seno del pueblo y que no se extiende a
los contrarrevolucionarios. Desde luego, pueden ocurrir realineamientos
en el seno del pueblo, convirtiéndose una parte de sus
componentes en enemigos. Por ejemplo, los que hoy son derechistas
pertenecían antes al pueblo, mas ahora, según pienso,
son del pueblo en un tercio de sí mismos, y de la contrarrevolución
en los dos tercios restantes. ¿Hay que privarlos o no de
derechos electorales? En general, es mejor no quitarles tales
derechos, excepto a unos cuantos a quienes es necesario castigar
con el rigor de la ley u obligar a remodelarse mediante el trabajo
físico, privándolos de esos derechos. Algunos pueden
permanecer como miembros del Comité Nacional de la Conferencia
Consultiva Política, ya que no hay ningún inconveniente
en que la Conferencia se componga de unas mil personas. Los derechistas,
aunque desde un punto de vista formal todavía están
dentro del pueblo, en realidad son enemigos. Declaramos abiertamente
que lo son, que la contradicción que nos enfrenta a ellos
es una contradicción entre nosotros y el enemigo, pues
se oponen al socialismo, a la dirección del Partido Comunista
y a la dictadura del proletariado. En una palabra, ¡van
en contra de los seis criterios establecidos! Son hierbas venenosas.
En todos los tiempos, es inevitable que en el seno del pueblo
aparezcan unas cuantas hierbas venenosas.
Por último, tenemos que dar un
sacudón a nuestro espíritu y hacer tenaces esfuerzos
en el estudio. Fíjense en estas tres palabras: "hacer",
"tenaces" y "esfuerzos". Dar un sacudón
a nuestro espíritu y hacer tenaces esfuerzos es nuestro
deber. Ahora hay muchos camaradas que no hacen tenaces esfuerzos
y algunos de ellos dedican las energías que les quedan
luego del trabajo principalmente a diversiones como el juego de
cartas, el juego de mah-jong y el baile, lo cual me parece no
está bien. Hay que dedicar las energías sobrantes
particularmente al estudio y cultivar el hábito de estudiar.
¿estudiar que cosas? Una, el marxismo-leninismo; otra,
la tecnología, y otra, las ciencias naturales. Además,
la literatura, sobre todo la teoría del arte y la literatura,
de la que los cuadros de dirección deben tener algún
conocimiento. También deben conocer algo de periodismo,
de pedagogía, etc. En una palabra, son muchas las ramas
del saber de las que debemos tener una idea general, ya que estamos
llamados a ejercer la dirección sobre estos asuntos. ¿Expertos
en que podemos denominarnos nosotros? Expertos en política.
¿Cómo podemos arreglárnoslas si no entendemos
de estas cosas ni las dirigimos? Cada provincia tiene sus periódicos,
de los cuales no nos ocupamos en el pasado, y tiene también
revistas y organizaciones artístico-literarias, así
como trabajo de frente único, trabajo con los partidos
democráticos y labor de educación, materias todas
ellas que no supimos asir en otros años. No hincamos nuestros
esfuerzos en ninguna de éstas y, como consecuencia de ello,
se produjo la rebelión precisamente en tales dominios.
Sin embargo, bastó que las aprehendiéramos para
que la situación cambiara en cuestión de meses.
Luo Lung-chi dijo una vez: ¿Cómo pueden los pequeños
intelectuales proletarios dirigir a los grandes intelectuales
pequeñoburgueses? Se equivocó al decir esto. El
afirma ser de la pequeña burguesía, pero, en realidad,
pertenece a la burguesía. Los "pequeños intelectuales"
del proletariado son justamente los que deben dirigir a los grandes
intelectuales de la burguesía. El proletariado cuenta con
un contingente de intelectuales a su servicio; a la cabeza de
ellos figura Marx, y luego vienen Engels, Lenin y Stalin, así
como nosotros mismos y muchos más. El proletariado es la
clase más avanzada y a él le incumbe dirigir la
revolución en el mundo entero.