¿QUE HACER?
V. I. Lenin
Problemas Candentes de Nuestro Movimiento
EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS
PEKIN 1975
Primera edición 1974
(2a impresión 1975)
NOTA DEL EDITOR
La presente es una versión revisada
de la traducción al castellano de ¿Qué hacer?
aparecida en Moscú el año 1948 (Ediciones en Lenguas
Extranjeras)
pág. 1
¿QUE HACER?
Problemas Candentes de Nuestro Movimiento
" . . . La lucha interior da al
partido fuerza y vitalidad; la prueba más grande de la
debilidad de un partido es el amorfismo y la ausencia de fronteras
netamente de limitadas; el partido se fortalece depurándose.
. ."
(Extracto de una carta de Lassalle a
Marx, 24 de junio de 1852)
Escrito desde el otoño de 1901
hasta febrero de 1902.
Primera edición en forma de
libro: marzo de 1902.
pág. 2 [blanca]
pág. 3
PROLOGO
Según el plan inicial del autor,
el presente folleto debía estar consagrado a desarrollar
detalladamente las ideas expuestas en el artículo "¿Por
dónde empezar?" (Iskra, núm. 4, mayo de 1901)[*].
Ante todo, debemos disculparnos ante el lector por haber cumplido
tardíamente la promesa que hicimos en dicho artículo
(y que repetimos en respuesta a muchos requerimientos y cartas
particulares). Una de las causas de dicha tardanza ha sido el
haber intentado, en junio del pasado año de 1901, unificar
todas las organizaciones socialdemócratas en el extranjero.
Era natural esperar los resultados de esta tentativa, pues si
hubiese tenido éxito, habría sido tal vez necesario
exponer las concepciones de Iskra en materia de organización
bajo un aspecto algo distinto; en todo caso, este éxito
habría prometido que se iba a poner muy rápidamente
fin a la existencia de dos corrientes en la socialdemocracia rusa.
El lector sabe que la tentativa fracasó y, como trataremos
de demostrar, no pudo terminar de otro modo después del
nuevo viraje de Rabócheie Dielo, en su núm. 10,
hacia el economismo. Ha resultado absolutamente necesario emprender
una lucha decidida contra esta dirección vaga y poco determinada,
pero, por ello mismo, tanto más firme y capaz de resucitar
en variadas formas. De acuerdo con esto, ha cambiado y se
-------
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. V. (N. de la Red.)
pág. 4
ha ampliado muy considerablemente el
plan inicial del folleto.
Su tema principal debería haber
abarcado tres problemas, planteados en el artículo "¿Por
dónde empezar?", a saber: los problemas acerca del
carácter y el contenido principal de nuestra agitación
política, acerca de nuestras tareas de organización
y acerca del plan de crear, simultáneamente y por distintas
partes, una organización combativa destinada a toda Rusia.
Estos problemas interesan desde hace mucho tiempo al autor, quien
ha tratado ya de plantearlos en Rabóchaia Gasieta, con
ocasión de una de las tentativas infructuosas de reanudar
su publicación (véase el cap. V). Mas el propósito
inicial de circunscribirse, en este folleto, al examen de estos
tres problemas y exponer en lo posible nuestras ideas en forma
positiva, sin recurrir o casi sin recurrir a la polémica,
ha resultado completamente irrealizable por dos razones Por una
parte, el economismo ha resultado ser más vital de lo que
suponíamos (empleamos el término economismo en su
sentido amplio, como se explicó en el núm 12 de
Iskra (diciembre de 1901), en el artículo "Una conversación
con los defensores del economismo", que trazó, por
decirlo así, un esbozo del folleto* que ofrecemos a la
atención del lector). No cabía ya duda de que los
distintos conceptos sobre el modo de resolver estos tres problemas
se explican mucho más por un antagonismo radical entre
las dos direcciones de la socialdemocracia rusa, que por divergencias
de detalle. Por otra parte, la perplejidad de los economistas
al ver que Iskra sostenía de hecho nuestras concepciones
ha puesto de manifiesto con toda eviden-
-------
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. V. (N. Edit.)
pág. 5
cia que a menudo hablamos lenguajes
literalmente distintos que, debido a ello, no podemos llegar a
ningún acuerdo sin comenzar ab ovo [*]; que es necesario
intentar una "explicación " sistemática
en la forma más popular posible, a base del mayor número
posible de ejemplos concretos, con todos los economistas, sobre
todos los puntos cardinales de nuestras discrepancias. Y he resuelto
hacer esta tentativa de "explicación" con plena
conciencia de que esto aumentaría considerablemente las
proporciones del folleto y retardaría su aparición;
pero no he visto ninguna otra posibilidad de cumplir la promesa
hecha en el artículo "¿Por dónde empezar?"
Así que a las disculpas por la tardanza tengo que añadir
las excusas por los enormes defectos del folleto en lo que a su
forma literaria se refiere: he tenido que trabajar con una precipitación
extrema y, por otra parte, muchos otros trabajos reclamaban mi
atención.
El examen de los tres problemas arriba
indicados sigue constituyendo el tema principal del folleto. Pero
he tenido que comenzar por dos problemas de carácter más
general: ¿por qué una consigna tan "inocente"
y "natural" como la de "libertad de crítica"
es para nosotros una verdadera señal de batalla?; ¿por
qué no podemos llegar a un acuerdo ni siquiera en la cuestión
fundamental del papel de la socialdemocracia en relación
al movimiento espontáneo de masas? Luego, la exposición
de los conceptos sobre el carácter y el contenido de la
agitación política se ha convertido en una explicación
de la diferencia entre la política tradeunionista y la
socialdemócrata, y la exposición de los conceptos
sobre las tareas de organización, en una explicación
de la diferencia entre los métodos primitivos de trabajo,
que
-------
* Desde el principio. (N. de la Red.)
pág. 6
satisfacen a los economistas, y la organización
de revolucionarios, que reputamos indispensable. Después,
insisto en el "plan" de un periódico político
destinado a toda Rusia, tanto más cuanto que eran inconsistentes
las objeciones hechas contra él, y porque, en el fondo,
no se ha dado una respuesta a la cuestión, planteada en
"¿Por dónde empezar?", de cómo
podríamos emprender, por todas partes a la vez, la formación
de la organización que necesitamos. Por último,
en la parte final del folleto espero demostrar que hemos hecho
todo cuanto dependía de nosotros para prevenir una ruptura
definitiva con los economistas, ruptura que, sin embargo, ha resultado
inevitable; que Rabócheie Dielo ha adquirido una significación
particular, si queréis, "histórica", por
haber reflejado, en la forma más completa, con el mayor
relieve, no el economismo consecuente, sino más bien la
dispersión y las vacilaciones que han constituido, en la
historia de la socialdemocracia rusa, el rasgo distintivo de todo
un período ; que, por esta razón, adquiere también
importancia la polémica, demasiado detallada, a primera
vista, con Rabócheie Dielo, pues no podemos avanzar sin
liquidar definitivamente este período
N. Lenin
Febrero de 1902
--------
pág. 7
I - DOGMATISMO Y "LIBERTAD DE CRITICA"
a) ¿Qué significa la "libertad de crítica"?
La "libertad de crítica" es, sin duda, la consigna
actualmente más en boga, la que con más frecuencia
se emplea en las discusiones entre socialistas y demócratas
de todos los países. A primera vista, es difícil
imaginarse algo más extraño que esas solemnes alusiones
a la libertad de crítica hechas por una de las partes contendientes.
¿Acaso en el seno de los partidos avanzados se han levantado
voces en contra de la ley constitucional que, en la mayoría
de los países europeos, garantiza la libertad de ciencia
y de investigación científica? "¡Aquí
pasa algo!", se dirá toda persona ajena a la cuestión,
que haya oído la consigna en boga, repetida en todas las
encrucijadas, pero que no haya penetrado aún en el fondo
de las discrepancias. "Esta consigna es, por lo visto, una
de las locuciones convencionales que, como los apodos, son legalizados
por el uso y se convierten casi en nombres comunes".
En efecto, para nadie es un secreto
que, en el seno de la socialdemocracia internacional* contemporánea,
se han for-
-------
* A propósito. En la historia del socialismo moderno es
quizá un hecho único y, en su género, extraordinariamente
consolador, que una disputa entre distintas tendencias en el seno
del socialismo se haya convertido, por primera vez, de nacional
en internacional. Antes, las dis- [cont. en pág. 8. --
DJR] cusiones entre lassalleanos[2] y eisenachianos, entre guesdistas
y posibilistas[3], entre fabianos[4] y socialdemócratas,
entre partidarios de "La Voluntad del Pueblo" y socialdemócratas
eran discusiones puramente nacionales, reflejaban particularidades
netamente nacionales, se desarrollaban, por decirlo así,
en distintos planos. Actualmente (ahora se ve ya esto bien claro),
los fabianos ingleses, los ministerialistas franceses, los bernsteinianos
alemanes, los críticos rusos son una sola familia; se ensalzan
mutuamente, aprenden los unos de los otros y, en común,
luchan contra el marxismo "dogmático". ¿Será
posible que, en esta primera contienda realmente internacional
con el oportunismo socialista, la socialdemocracia revolucionaria
internacional se fortalezca lo suficiente, para acabar con la
reacción política que desde hace ya largo tiempo
impera en Europa?
pág. 8
mado dos tendencias, cuya lucha tan
pronto se reaviva y estalla en llamas, como se calma y adormece
bajo las cenizas de imponentes "resoluciones de armisticio".
En qué consiste la "nueva" tendencia que asume
una actitud "crítica" frente al marxismo "viejo,
dogmático", lo ha dicho Bernstein* y lo ha mostrado
Millerand** con suficiente claridad.
La socialdemocracia debe transformarse,
de partido de la revolución social, en un partido democrático
de reformas sociales, Bernstein ha apoyado esta reivindicación
política con toda una batería de "nuevos"
argumentos y consideraciones bastante armoniosamente concordados.
Ha sido negada la posibilidad de fundamentar científicamente
el socialismo y de demostrar, desde el punto de vista de la concepción
materialista de la historia, su necesidad e inevitabilidad; ha
sido negado el hecho de la miseria creciente, de la proletarización
y de la exacerbación de las contradicciones
-------
* Edwardo Bernstein (1850-1932) -- V. el artículo de V.
I. Lenin "Marxismo y revisionismo". (N. de la Red.)
** Millerand -- Se alude a la entrada del socialista francés
Millerand en un gobierno burgués reaccionario (1899). (N.
de la Red.)
pág. 9
capitalistas; ha sido declarado inconsistente
el concepto mismo del "objetivo final " y rechazada
en absoluto la idea de la dictadura del proletariado; ha sido
negada la oposición de principios entre el liberalismo
y el socialismo; ha sido negada la teoría de la lucha de
clases, pretendiendo que no es aplicable a una sociedad estrictamente
democrática, gobernada conforme a la voluntad de la mayoría,
etc.
Así, pues, la exigencia de que
la socialdemocracia revolucionaria diese un viraje decisivo hacia
el socialreformismo burgués, iba acompañada de un
viraje no menos decisivo hacia la crítica burguesa de todas
las ideas fundamentales del marxismo. Y como esta última
crítica contra el marxismo se venía realizando ya
desde hacía mucho tiempo, desde la tribuna política,
desde las cátedras universitarias, en numerosos folletos
y en una serie de tratados científicos; como toda la nueva
generación de las clases ilustradas, ha sido educada sistemáticamente,
durante decenios, a base de esta crítica, no es de extrañar
que la "nueva" tendencia "crítica"
en el seno de la socialdemocracia haya surgido de golpe, completamente
acabada, como Minerva de la cabeza de Júpiter. Por su contenido,
esta tendencia no ha tenido que desarrollarse ni formarse; ha
sido trasplantada directamente de la literatura burguesa a la
literatura socialista.
Prosigamos. Por si la crítica
teórica de Bernstein y sus aspiraciones políticas
estaban aún poco claras para ciertas personas, los franceses
se han cuidado de demostrar palmariamente lo que es el "nuevo
método". Francia ha justificado, una vez más,
su vieja reputación de "país en cuya historia
las luchas de clases se han llevado cada vez a su término
decisivo más que en ningún otro sitio" (Engels,
del prefacio para la obra de Marx Der 18 Brumaire )[5]. En lugar
de
pág. 10
teorizar, los socialistas franceses
pusieron directamente manos a la obra; las condiciones políticas
de Francia, más desarrolladas en el sentido democrático,
les han permitido pasar inmediatamente al "bernsteinianismo
práctico", con todas sus consecuencias. Millerand
ha dado un ejemplo brillante de este bernsteinianismo práctico:
¡no en vano Bernstein y Vollmar se han apresurado a defender
y a ensalzar tan celosamente a Millerand! En efecto, si la socialdemocracia
es, en esencia, simplemente un partido de reformas, y debe tener
el valor de reconocerlo con franqueza, un socialista no sólo
tiene derecho a entrar en un ministerio burgués, sino que
incluso debe siempre aspirar a ello. Si la democracia implica,
en el fondo, la supresión de la dominación de clases,
¿por qué un ministro socialista no ha de encantar
a todo el mundo burgués con discursos sobre la colaboración
de las clases? ¿Por qué no ha de seguir en el ministerio,
aun después de que los asesinatos de obreros por los gendarmes
han puesto de manifiesto por centésima y milésima
vez el verdadero carácter de la colaboración democrática
de las clases? ¿Por qué no ha de participar personalmente
en la felicitación al zar, al que los socialistas franceses
no dan ahora otros nombres que los de héroe de la horca,
del knut y de la deportación (knouteur, pendeur et déportateur)?
¡Y a cambio de este infinito envilecimiento y autoflagelación
del socialismo ante el mundo entero, de la corrupción de
la conciencia socialista de las masas obreras -- la única
base que puede asegurarnos el triunfo --, a cambio de todo esto,
unos rimbombantes proyectos de mi serables reformas; tan miserables,
que se había logrado obtener más de los gobiernos
burgueses!
pág. 11
Todo aquel que no cierre deliberadamente los ojos tiene que ver
por fuerza que la nueva tendencia "crítica",
surgida en el seno del socialismo, no es sino una nueva variedad
del oportunismo. Y si no juzgamos a los hombres por el brillo
del uniforme que ellos mismos se han puesto, ni por el sobrenombre
pomposo que a sí mismos se dan, sino por sus actos y por
la clase de propaganda que llevan a la práctica, veremos
claramente que la "libertad de crítica" es la
libertad de la tendencia oportunista en el seno de la socialdemocracia,
la libertad de hacer de la socialdemocracia un partido demócrata
de reformas, la libertad de introducir en el socialismo ideas
burguesas y elementos burgueses.
La libertad es una gran palabra, pero
bajo la bandera de la libertad de industria se han hecho las guerras
más expoliadoras y bajo la bandera de la libertad de trabajo
se ha despojado a los trabajadores. La misma falsedad intrínseca
encierra el empleo actual de la expresión "libertad
de crítica". Personas realmente convencidas de haber
impulsado la ciencia no reclamarían libertad para las nuevas
concepciones al lado de las antiguas, sino la sustitución
de estas últimas por las primeras. En cambio, los gritos
actuales de "¡Viva la libertad de crítical"
recuerdan demasiado la fábula del tonel vacío*.
Marchamos en pequeño grupo unido
por un camino escarpado y difícil, fuertemente cogidos
de las manos. Estamos rodeados por todas partes de enemigos, y
tenemos que marchar casi siempre bajo su fuego. Nos hemos unido
en vir-
-------
* Alusión a una fábula de Krylov. Rodando, el tonel
vado levanta un ruido ensordecedor, mientras el tonel lleno rueda
suavemente. (N. de la Trad.)
pág. 12
tud de una decisión libremente
adoptada, precisamente para luchar contra los enemigos y no caer,
dando un traspiés, al pantano vecino, cuyos moradores nos
reprochan desde un principio el que nos hayamos separado en un
grupo aparte y el que hayamos escogido el camino de la lucha y
no el de la conciliación. Y de pronto algunos de entre
nosotros comienzan a gritar: "¡Vamos al pantano!"
Y cuando se intenta avergonzarlos, replican: "¡Qué
gente tan atrasada sois! ¡Cómo no os avergonzáis
de negarnos la libertad de invitaros a seguir un camino mejor!"
¡Ah, sí, señores, libres sois no sólo
de invitarnos, sino de ir adonde mejor os plazca, incluso al pantano;
hasta consideramos que vuestro verdadero puesto está precisamente
en él, y nos sentimos dispuestos a prestaros toda la colaboración
que esté a nuestro alcance para trasladaros allí
a ¡vosotros ! ¡Pero en tal caso soltad nuestras manos,
no os agarréis a nosotros, ni ensuciéis la gran
palabra libertad, porque nosotros también somos "libres"
para ir adonde nos parezca, libres para luchar no sólo
contra el pantano, sino incluso contra los que se desvían
hacia él!
b) Los nuevos defensores de la
"libertad de crítica"
Precisamente esta consigna ("libertad
de crítica") es la que ha sido solemnemente propugnada
estos últimos tiempos por Rabócheie Dielo (núm.
10), órgano de la "Unión de socialdemócratas
rusos" en el extranjero, y lo ha sido no como un postulado
teórico, sino como una reivindicación política,
como respuesta a la pregunta: "¿Es posible la unión
de las organizaciones socialdemócratas que actúan
en el extranje-
pág. 13
ro?" "Para una unión
sólida, es indispensable la libertad de crítica"
(pág. 36).
De esta declaración se desprenden
dos conclusiones bien definidas: 1) Rabócheie Dielo asume
la defensa de la tendencia oportunista en la socialdemocracia
internacional en general; 2) Rabócheie Dielo exige la libertad
del oportunismo en el seno de la socialdemocracia rusa. Examinemos
estas conclusiones.
A Rabócheie Dielo le disgusta,
"sobre todo", la "tendencia de Iskra y Sariá
a pronosticar la ruptura entre la Montaña y la Gironda
en la socialdemocracia internacional"*.
"En general -- escribe B.
Krichevski, redactor de Rabócheie Dielo --, las habladurías
sobre Montaña y Gironda en las filas de la socialdemocracia
nos parecen una analogía histórica superficial,
extraña en la pluma de un marxista: la Montaña y
Gironda no representaban dos distintos temperamentos o corrientes
intelectuales, como puede parecerles a los historiadores-ideólogos,
sino distintas clases o capas: por una parte, la burguesía
media, y, por otra, la pequeña burguesía y el proletariado.
Pero en el movimiento socialista contemporáneo no existen
choques de intereses de clase; por entero, en todas [subrayado
por B. Kr.] sus variedades, incluyendo a los más declarados
bernsteinianos, abraza la posición de los intereses de
clase del proletariado, de su lucha de clases por la liberación
política y económica" (Rabócheie Dielo,
págs. 32-33).
¡Afirmación audaz!
¿No ha oído B. Krichevski hablar del hecho, observado
ya hace mucho tiempo, de que preci-
-------
* La comparación de las dos tendencias existentes en el
seno del proletariado revolucionario (la revolucionaria y la oportunista)
con las dos corrientes de la burguesía revolucionaria del
siglo XVIII (la jacobina -- la "Montaña" -- y
la girondina) fue hecha en el artículo de fondo del num.
2 de Iskra (febrero de 1901). El autor de dicho artículo
fue Plejánov. Los kadetes, los bessaglavtsi [6] y los mencheviques
gustan aún ahora de hablar del "jacobinismo"
en la socialdemocracia rusa. Pero hoy día prefieren callar
u . . . olvidar el hecho de que Plejánov lanzó por
primera vez este concepto contra el ala derecha de la socialdemocracia.
(Nota de Lenin para la edición de 1907. -- N. de la Red.)
pág. 14
samente la amplia participación
de la capa de los "académicos" en el movimiento
socialista de los últimos años ha asegurado una
difusión tan rápida del bernsteinianismo? Pero,
ante todo, ¿en qué funda nuestro autor su juicio
de que incluso "los más declarados bernsteinianos"
abrazan la posición de la lucha de clase por la liberación
política y económica del proletariado? Nadie lo
sabe. Esta defensa decidida de los más declarados bernsteinianos
no se apoya en ningún argumento, en ninguna razón.
El autor entiende, por lo visto, que con repetir cuanto dicen
de sí mismos los más declarados bernsteinianos,
huelgan las pruebas de su afirmación. Pero ¿es posible
figurarse algo más "superficial" que este juicio
acerca de toda una tendencia, fundado en lo que dicen de sí
mismos sus propios representantes? ¿Es posible imaginarse
algo más superficial que la "moraleja" que se
desprende a propósito de los dos tipos o vías de
desarrollo del Partido, distintos y hasta diametralmente opuestos?
(Rabócheie Dielo, págs. 34-35). Los socialdemócratas
alemanes, se dice, reconocen una completa libertad de crítica;
en cambio, los franceses, no, y precisamente su ejemplo demuestra
todo el "mal de la intolerancia".
Precisamente el ejemplo de B. Krichevski
-- contestaremos a esto -- demuestra que a veces se llaman marxistas
gentes que ven la historia literalmente "a lo Ilovaiski"[7].
Para explicar la unidad del Partido Socialista alemán y
el fraccionamiento del francés, no hace falta en absoluto
hurgar en las particularidades de la historia de este o el otro
país, comparar las condiciones del semiabsolutismo militar
y el parlamentarismo republicano, analizar las consecuencias de
la Comuna y las de la ley de excepción contra los so-
pág. 15
cialistas[*], comparar la situación
económica y el desarrollo económico, recordar cómo
"el crecimiento sin par de la socialdemocracia alemana"
fue acompañado de una lucha de energía sin igual
en la historia del socialismo, no sólo contra las aberraciones
teóricas (Mühlberger, Dühring[**], los "socialistas
de cátedra"[8]), sino también contra las aberraciones
tácticas (Lassalle), etc., etc. ¡Todo esto es superfluo!
Los franceses riñen, porque son intolerantes; los alemanes
están unidos, porque son buenos chicos.
Y observad que, por medio de esta incomparable
profundidad de pensamiento, se "recusa" un hecho que
echa por tierra completamente la defensa de los bernsteinianos.
Sólo a través de la experiencia histórica
se puede resolver definitivamente y sin vuelta de hoja el problema
de si abrazan la posición de lucha de clase del proletariado.
Por tanto, la máxima importancia en este sentido corresponde
preci-
-------
* La ley de excepcion contra los socialistas en Alemania fue promulgada
por el canciller Bismarck, en 1878, con el fin de estrangular
la socialdemocracia alemana. Fue derogada en 1890. (N. de la Red.)
** Cuando Engels atacó a Dühring, muchos representantes
de la socialdemocracia alemana se inclinaron hacia los conceptos
de éste y acusaron a Engels, incluso públicamente,
en un Congreso del Partido, de aspereza, de intolerancia, de polémica
impropia de camaradas, etc. Most y sus camaradas propusieron (en
el Congreso de 1877) eliminar del Vorwärts (Adelante -- N.
de la Red.) los artículos de Engels, por no "presentar
interés para la enorme mayoría de los lectores",
y Vahlteich declaró que la publicación de esos artículos
había perjudicado mucho al Partido, que también
Dühring había prestado servicios a la socialdemocracia:
"debemos aprovecharlos a todos en interés del Partido,
y si los profesores discuten, el Vorwärts no tiene en modo
alguno por qué ser campo de tales disputas (Vorwärts
1877, núm. 65, 6 de junio). ¡Como veis, éste
también es un ejemplo de defensa de la "libertad de
crítica", y no estaria de más que meditaran
sobre él nuestros críticos legales y oportunistas
ilegales, que tanto gustan de referirse al ejemplo de los alemanes!
pág. 16
samente al ejemplo de Francia, por ser
éste el único país donde los bernsteinianos
han intentado actuar independientemente, con la aprobación
calurosa de sus colegas alemanes (y, en parte, de los oportunistas
rusos: véase R. D., núm. 2-3, págs. 83-84).
La alusión a la "intransigencia" de los franceses
-- además de su significación "histórica"
en sentido "nosdrievano"[*] -- no es más que
una tentativa de disimular con palabras fieras hechos sumamente
desagradables.
Pero, en cuanto a los alemanes, tampoco
estamos, en modo alguno, dispuestos a regalárselos a B.
Krichevski y a los demás numerosos defensores de la "libertad
de crítica". Si se tolera todavía en las filas
del Partido alemán "a los más declarados bernsteinianos",
es por cuanto acatan la resolución de Hannóver[9],
que desechó resueltamente las "enmien das" de
Bernstein, así como la de Lübeck[10], que contiene
(a pesar de toda su diplomacia) una advertencia directa a Bernstein.
Se puede discutir, desde el punto de vista de los intereses del
Partido alemán, en qué medida era oportuna esa diplomacia
o si vale más, en este caso, un mal ajuste que un buen
pleito; se puede disentir, en una palabra, en la apreciación
de la conveniencia de uno u otro procedimiento de repudiar el
bernsteinianismo, pero no se puede dejar de ver el hecho de que
el Partido alemán ha repudiado dos veces el bernsteinianismo.
Por tanto, creer que el ejemplo de los alemanes confirma la tesis
de que "los más de clarados bernsteinianos abrazan
la posición de la lucha de clase del proletariado por su
liberación política y económi-
-------
* Nosdriev -- Tipo de terrateniente camorrista y fullero, descrito
en la obra de N. Gógol Las almas muertas. Gógol
calificaba a Nosdriev de hombre "histórico",
porque en dondequiera que apareciese originábanse al punto
"historias" y escándalos. (N. de la Red.)
pág. 17
ca", significa no comprender absolutamente
nada de lo que sucede ante los ojos de todos nosotros[*].
Hay más aún. Rab. Dielo
presenta a la socialdemocracia rusa, como hemos visto, la reivindicación
de "libertad de crítica" y defiende el bernsteinianismo.
Por lo visto, ha debido persuadirse de que se ha agraviado injustamente
a nuestros "críticos" y bernsteinianos. ¿A
cuáles, precisamente? ¿Quién, dónde
y cuándo? ¿En qué, precisamente, consistió
la injusticia? ¡R. Dielo guarda silencio sobre este punto,
no menciona ni una sola vez a ningún crítico o bernsteiniano
ruso! Nos resta sólo hacer una de las dos hipótesis
posibles. O bien la parte injustamente agraviada no es otra que
el mismo R. Dielo (lo confirma el hecho de que en ambos artículos
de su núm. 10 se trata únicamente de agravios inferidos
por Sariá e Iskra a R. Dielo ). En este caso, ¿cómo
explicar el hecho tan extraño de que R. Dielo,
-------
* Hay que observar que, al tratar la cuestión del bernsteinianismo
en el seno del Partido alemán, Rabócheie Dielo se
ha limitado siempre a un mero relato de hechos, "absteniéndose"
por completo de hacer su propia apreciación de los mismos.
Véase, por ejemplo, el número 2-3, pág. 66,
sobre el Congreso de Stuttgart[11]; todas las discrepancias están
reducidas a cuestiones de "táctica", y sólo
se hace constar que la inmensa mayoría es fiel a la anterior
táctica revolucionaria. O el núm. 4-5, pág.
55 y siguientes, que es una simple repetición de los discursos
pronunciados en el Congreso de Hannóver, con la resolución
de Bebel; la exposición de las concepciones de Bernstein
y la crítica de las mismas quedan nuevamente aplazadas
(así como en el núm, 2-3) para un "artículo
especial". Lo curioso del caso es que, en la pág.
33 del núm. 4-5, leemos: ". . . las con cepciones
expuestas por Bebel cuentan con una enorme mayoría en el
Congreso", y un poco más adelante: ". . . David
defendía las opiniones de Bernstein. . . Ante todo, trataba
de demostrar que . . . Bernstein y sus amigos, a pesar de todo
[¡sic!], se mantienen en el terreno de la lucha de clases".
. . ¡Esto se ha escrito en diciembre de 1899, y, en septiembre
de 1901 Rabócheie Dielo no cree ya, por lo visto, que tenga
razón Bebel y repite la opinión de David como suya
propia!
pág. 18
que siempre ha negado tan obstinadamente
toda solidaridad con el bernsteinianismo, no haya podido defenderse
a sí mismo, sin intervenir en favor de los "más
declarados bernsteinianos" y de la libertad de crítica?
O bien han sido injustamente agraviadas unas terceras personas.
¿Cuáles pueden ser entonces los motivos para no
mencionarlos?
Vemos, pues, que R. Dielo continúa
el juego del escondite, en que se ha entretenido (como lo pondremos
de manifiesto más adelante) desde el momento mismo de su
aparición. Además, observad esta primera aplicación
práctica de la tan decantada "libertad de crítica".
De hecho, esta libertad se redujo en el acto no sólo a
la falta de toda crítica, sino a la falta de todo juicio
independiente en general. Ese mismo R. Dielo, que guarda silencio
sobre el bernsteinianismo ruso, como si fuera una enfermedad secreta
(según la feliz expresión de Starovier[12]), ¡propone
para la curación de esta enfermedad copiar lisa y llanamente
la última receta alemana contra la variedad alemana de
la enfermedad! ¡En vez de libertad de crítica, imitación
servil. . . o, peor aún, simiesca! El idéntico contenido
social y político del oportunismo internacional contemporáneo,
se manifiesta en unas u otras variedades, según las peculiaridades
nacionales. En un país, un grupo de oportunistas ha actuado
desde hace mucho tiempo bajo una bandera especial; en otro, los
oportunistas han desdeñado la teoría, siguiendo
en la práctica la política de los radicales socialistas;
en un tercero, algunos miembros del partido revolucionario se
han evadido al campo del oportunismo y tratan de alcanzar sus
objetivos, no por medio de una lucha abierta en favor de los principios
y de la nueva táctica, sino valiéndose de una corrupción
gradual, imperceptible y, si se puede usar esta expresión,
impune de su partido; en un cuarto país, esos
pág. 19
mismos tránsfugas emplean idénticos
procedimientos en las tinieblas de la esclavitud política,
relacionando en forma completamente original la actividad "legal"
con la "ilegal", etc. Pero ponerse a hablar de la libertad
de crítica y del bernsteinianismo como de una condición
para unir a los socialdemócratas rusos, sin analizar en
qué precisamente se ha manifestado y qué frutos
particulares ha dado el bern steinianismo ruso, es lo mismo que
hablar por hablar.
Intentemos, pues, nosotros mismos decir,
aunque sea en pocas palabras, lo que no ha querido decir (o acaso
ni siquiera ha sabido comprender) R. Dielo.
c) La crítica en Rusia
La particularidad fundamental de Rusia,
en el aspecto que estamos examinando, consiste en que ya el comienzo
mismo del movimiento obrero espontáneo, por una parte,
y el viraje de la opinión pública avanzada hacia
el marxismo, por otra, se han distinguido por la unión
de elementos notoriamente heterogéneos, bajo una bandera
común y para luchar contra un adversario común (las
concepciones políticas y sociales anticuadas). Nos referimos
a la luna de miel del "marxismo legal". En general,
fue un fenómeno extraordinariamente original, en cuya posibilidad
nadie hubiera podido creer siquiera en la década del 80
o a principios de la década siguiente del siglo pasado.
En un país autocrático, con una prensa completamente
sojuzgada, en una época de terrible reacción política,
en que eran perseguidos los más mínimos brotes de
descontento político y de protesta, se abre de pronto camino
en la literatura visada por la censura la teoría del marxismo
revolucionario, expuesta en lenguaje esópico, pero comprensible
para todos los
pág. 20
"interesados". El gobierno
se había acostumbrado a considerar peligrosa únicamente
la teoría de "La Voluntad del Pueblo" (de la
revolucionaria), sin que notara, como suele suceder, su evolución
interna, regocijándose ante toda crítica dirigida
contra ella. Antes de que el gobierno se diera cuenta, antes de
que el pesado ejército de censores y gendarmes tuviera
tiempo de dar con el nuevo enemigo y caer sobre él, pasó
mucho tiempo (mucho para nosotros, los rusos). Y, mientras tanto,
aparecía un libro marxista tras otro; empezaron a publicarse
revistas y periódicos marxistas; todo el mundo, como por
contagio, se hacía marxista; a los marxistas se les halagaba,
se les lisonjeaba; los editores estaban entusiasmados por la extraordinaria
rapidez con que se vendían los libros marxistas. Se sobreentiende
que entre los marxistas principiantes, rodeados de esa humareda
de éxito, ha habido más de un "escritor envanecido"[13].
. .
Hoy puede hablarse de ese período
con calma, como del pasado. No es un secreto para nadie que el
florecimiento efímero del marxismo sobre la superficie
de nuestra literatura tuvo su origen en la alianza de elementos
extremistas con elementos sumamente moderados. En el fondo, estos
últimos eran demócratas burgueses, y esta conclusión
(confirmada con evidencia por el desarrollo "crítico"
posterior de esta gente) se imponía a ciertas personas
ya en la época en que la "alianza" estaba aún
intacta*.
Pero, en este caso, ¿no corresponderá
la mayor responsabilidad por la "confusión" subsiguiente
precisamente a los socialdemócratas revolucionarios, que
pactaron esa alianza
-------
* Aludimos al artículo de K. Tulin contra Struve [véase
V. I. Lenin, Obras Completas, t. I. -- N. de la Red.], redactado
a base de la conferencia que tenía por título "Cómo
se ha reflejado el marxismo en la literatura burguesa". (Nota
de Lenin para la edición de 1907. -- N. de la Red.)
pág. 21
con los futuros "críticos"?
Esta pregunta, seguida de una respuesta afirmativa, se oye a veces
en boca de gentes que enfocan el problema en forma demasiado rectilinea.
Pero esa gente carece en absoluto de razón. Puede tener
miedo a alianzas temporales, aunque sea con gente insegura, únicamente
el que tenga poca confianza en sí mismo, y ningún
partido político podría existir sin esas alianzas.
Ahora bien, la unión con los marxistas legales fue una
especie de primera alianza verdaderamente política, concertada
por la socialdemocracia rusa. Gracias a esta alianza, se ha logrado
el triunfo, asombrosamente rápido, sobre el populismo,
así como la enorme difusión de las ideas del marxismo
(si bien en forma vulgarizada). Además, la alianza no fue
pactada sin "condición" alguna, ni mucho menos.
Pruebas al canto: la antología marxista Materiales sobre
el desarrollo económico de Rusia [14], quemada por la censura
en 1895. Si se puede comparar con una alianza política
el acuerdo literario con los marxistas legales, se puede comparar
ese libro con un acuerdo político.
La ruptura no fue provocada, desde
luego, por el hecho de que los "aliados" resultaron
ser unos demócratas burgueses. Por el contrario, los representantes
de esta última tendencia son aliados naturales y deseables
de la socialdemocracia, siempre que se trate de objetivos democráticos
suyos, objetivos que la situación actual de Rusia pone
en primer plano. Pero es condición indispensable para esta
alianza que los socialistas tengan plena posibilidad de revelar
a la clase obrera el antagonismo hostil entre sus intereses y
los de la burguesía. Mas el bernsteinianismo y la tendencia
"crítica", hacia la cual evolucionó totalmente
la mayoría de los marxistas legales, habían eliminado
esta po-
pág. 22
sibilidad y corrompían la conciencia
socialista envileciendo el marxismo, predicando la teoría
de la atenuación de las contradicciones sociales, proclamando
que es absurda la idea de la revolución social y de la
dictadura del proletariado, reduciendo el movimiento obrero y
la lucha de clases a un tradeunionismo estrecho y a la lucha "realista"
por pequeñas y graduales reformas. Era exactamente lo mismo
que si la democracia burguesa negara el derecho del socialismo
a la independencia, y, por tanto, su derecho a la existencia;
en la práctica, eso significaba tender a convertir el incipiente
movimiento obrero en un apéndice de los liberales.
Naturalmente, en estas condiciones,
la ruptura se hizo necesaria. Pero la particularidad "original"
de Rusia se manifestó en que esa ruptura sólo significaba
que los socialdemócratas se apartaban de la literatura
"legal", más accesible para todos y ampliamente
difundida. Los "ex-marxistas" se hicieron fuertes en
ella, colocándose "bajo el signo de la crítica"
y obteniendo casi el monopolio para "denigrar" al marxismo.
Las consignas: "¡Contra la ortodoxia!" y "¡Viva
la libertad de crítica!" (repetidas ahora por R. Dielo
) se pusieron en seguida muy en boga; y que ni siquiera pudieron
resistir a esa moda los censores ni los gendarmes, se ve por hechos
como la aparición de tres ediciones rusas del libro del
famoso (famoso a lo Eróstrato) Bernstein o la recomendación
de los libros de Bernstein, del señor Prokopóvich
y otros, por Subátov* (Iskra, núm. 10). A los
-------
* Subátov -- Jefe de la Ojrana de Moscú, inspirador
del llamado socialismo policiaco. Subátov creaba falsas
organizaciones obreras bajo la tutela de los gendarmes y de la
policía, con el fin de apartar a los obreros del movimiento
revolucionario. (N. de la Red.)
pág. 23
socialdemócratas les incumbe
ahora una tarea de por sí difícil, e increíblemente
más dificultada aún debido a obstáculos puramente
exteriores: la tarea de combatir la nueva corriente. Y esta corriente
no se ha limitado al terreno de la literatura. El viraje hacia
la "crítica" ha ido acompañado de un movimiento
en sentido contrario: la propensión de los socialdemócratas
prácticos por el "economismo".
Podría servir de tema para un
artículo especial esta interesante cuestión: cómo
ha surgido y se ha estrechado el lazo de unión e interdependencia
entre la crítica legal y el economismo ilegal. A nosotros
nos basta consignar aquí la existencia incuestionable de
este lazo de unión. Precisamente por eso ha adquirido el
famoso "Credo"* una celebridad tan merecida, por haber
formulado francamente este lazo de unión y haber revelado
la tendencia política fundamental del "economismo":
que los obreros se encarguen de la lucha económica (más
exacto sería decir: de la lucha tradeunionista, pues esta
última comprende también la política específicamente
obrera), y que la intelectualidad marxista se fusione con los
liberales para la "lucha" política. Resulta que
el trabajo tradeunionista "en el pueblo" resultó
ser la realización de la primera mitad, y la crítica
legal, la realización de la segunda mitad de dicha tarea.
Esta declaración fue un arma tan excelente en contra del
economismo, que, si no hubiese aparecido el "Credo",
valía la pena haberlo inventado.
-------
* Credo -- Símbolo de creencia, programa y exposiciones
de la concepción del mundo. (N. de la Red.)
pág. 24
El "Credo" no fue inventado, pero sí publicado
sin el asentimiento y acaso hasta en contra de la voluntad de
sus autores. Al menos, el que estas líneas escribe, que
participó en sacar a la luz del día el nuevo "programa"[*]
tuvo que escuchar lamentaciones y reproches por el hecho de que
el resumen de los puntos de vista de los oradores hubiera sido
difundido en copias, hubiera recibido el mote de "Credo"
y ¡hubiera sido publicado incluso en la prensa junto con
la protesta! Referimos este episodio, porque revela un rasgo muy
curioso de nuestro economismo: el miedo a la publicidad. Precisamente
éste es el rasgo característico no sólo de
los autores del "Credo", sino del economismo en general:
lo han manifestado tanto R. Misl, el adepto más franco
y más honrado del economismo, como R. Dielo (al indignarse
contra la publicación de documentos "economistas"
en el Vademécum )**, así como el Comité de
Kíev, que hace cosa de dos años no quiso autorizar
la publicación de su "profession de foi"*** junto
con la refutación**** escrita
-------
* Se trata de la protesta de los 17 contra el "Credo".
El que estas líneas escribe, participó en la redacción
de la protesta (fines de 1899)[15]. La protesta fue publicada,
junto con el "Credo", en el extranjero en la primavera
de 1900. [Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. II. --
N. de la Red.] Actualmente se sabe ya, por el artículo
de la señora Kuskova (publicado, creo, en la revista Bylóe
[16]), que fue ella la autora del "Credo", y que entre
los "economistas" de aquel entonces, en el extranjero,
desempeñaba un papel prominente el señor Prokopóvich.
(Nota de Lenin para la edición de 1907. -- N. de la Red.)
** En El guia [17]. (N. de la Red.)
*** Símbolo de creencia, programa y exposiciones de la
concepción del mundo[18]. (N. de la Red.)
**** Por lo que sabemos, la composición del Comité
de Kiev ha sido modificada posteriormente.
pág. 25
en contra de la misma, y muchos, muchos
representantes del economismo.
Este miedo a la crítica, que
manifiestan los adeptos de la libertad de crítica, no puede
explicarse tan sólo por astucia (si bien de vez en cuando
las cosas no ocurren, indudablemente, sin astucia; ¡no es
ventajoso dejar descubiertos al empuje del adversario los brotes,
débiles aún, de la nueva tendencia!). No, la mayoría
de los economistas, con absoluta sinceridad, desaprueban (y, por
la propia esencia del economismo, tienen que desaprobar) toda
clase de controversias teóricas, disensiones fraccionalistas,
amplias cuestiones políticas, proyectos de organizar a
los revolucionarios, etc. "¡Deberíamos dejar
todo esto en el extranjero!", me dijo un día uno de
los economistas bastante consecuentes, expresando la siguiente
idea, muy difundida (y también puramente tradeunionista):
lo que a nosotros nos incumbe es el movimiento obrero, las organizaciones
obreras que tenemos aquí, en nuestra localidad, y el resto
no es más que invención de los doctrinarios, "sobreestimación
de la ideología", como decían los autores de
la carta publicada en el núm. 12 de Iskra haciendo coro
al núm. 10 de R. Dielo.
Ahora cabe preguntar: en vista de estas
particularidades de la "crítica" rusa y del bernsteinianismo
ruso, ¿en qué debía consistir la tarea de
los que de hecho, y no sólo de palabra, querían
ser adversarios del oportunismo? Primeramente, era necesario preocuparse
de que se reanudara el trabajo teórico, que apenas si se
había iniciado en la época del marxismo legal y
que ahora había vuelto a recaer sobre los militantes ilegales:
sin un trabajo de esta índole, no era posible un incremento
eficaz del movimiento. En segundo lugar, era preciso emprender
una lucha activa contra la
pág. 28
de unión con el Partido [*];
además, no había entre nosotros un órgano
de partido reconocido por todos, que pudiera "restringir"
la libertad de crítica, aunque sólo fuera por medio
de un consejo); los economistas quieren que los revolucionarios
reconozcan la "plenitud de derechos del movimiento en el
presente" (R. D., núm. 10, pág. 25), es decir,
la "legitimidad" de la existencia de lo que existe;
que los "ideólogos" no traten de "desviar"
el movimiento del camino "determinado por la acción
recíproca entre los elementos materiales y el medio material"
("Carta" en el núm. 12 de Iskra ); que se considere
como deseable sostener la lucha "que los obreros puedan sostener
en las circunstancias presentes", y, como posible, reconocieron
la lucha "que libran en el momento presente" (Suplemento
especial de R. Misl [19], pág. 14). En cambio, a nosotros,
los socialdemócratas revolucionarios, nos disgusta ese
culto de la espontaneidad, es decir, de lo que existe "en
el momento presente";
-------
* Ya la falta de vínculos abiertos con el Partido y de
tradiciones de partido constituye una diferencia tan cardinal
entre Rusia y Alemania, que debería haber puesto en guardia
a todo socialista sensato contra cualquier imitación ciega.
Pero he aquí una muestra del punto a que ha llegado la
"libertad de crítica" en Rusia. Un crítico
ruso, el señor Bulgákov, hace la siguiente reprimenda
al cítico austriaco Herz: "Con toda la independencia
de sus conclusiones, Herz sigue, sin embargo, en este punto (en
la cooperación), por lo visto, demasiado atado por las
opiniones de su Partido, y, al disentir en los detalles, no se
decide a desprenderse del principio general" ("El capitalismo
y la agricultura ", t. II, pág. 287). ¡Un súbdito
de un Estado políticamente esclavizado, en el cual las
999/1000 de la población están corrompidas hasta
la médula por el servilismo político y por la absoluta
incomprensión del honor de partido y de los vínculos
de partido, hace una reprimenda altiva a un ciudadano de un Estado
constitucional por estar excesivamente "vinculado a las opiniones
del Partido"! Lo único que les queda a nuestras organizaciones
ilegales es ponerse a redactar resoluciones sobre la libertad
de crítica . . .
pág. 29
reclamamos que se modifique la táctica
que ha prevalecido estos últimos años, declaramos
que, "antes de unificarse y para unificarse es necesario
empezar por deslindar los campos de un modo resuelto y definido"
(del anuncio sobre la publicación de Iskra [*]). En una
palabra, los alemanes se conforman con lo que existe, rechazando
las modificaciones; nosotros reclamamos que se modifique lo existente,
rechazando el culto de ello y la conformidad con ello.
¡Precisamente esta "pequeña"
diferencia es la que nuestros "libres" copiadores de
resoluciones alemanas no han notado!
d) Engels sobre la importancia
de la lucha teórica
"Dogmatismo", "doctrinarismo",
"fosilización del Partido, castigo inevitable por
la opresión violenta del pensamiento", éstos
son los enemigos contra los cuales arremeten caballerescamente
en Rab. Dielo los campeones de la "libertad de crítica".
Mucho nos place que se haya llevado al orden del día esta
cuestión, y sólo propondríamos completarla
con otra:
-- ¿Y quiénes serán
los jueces?
Tenemos ante la vista dos anuncios
de publicaciones literarias. Uno es el "programa del órgano
de prensa de la Unión de los socialdemócratas rusos,
Rab. Dielo " (pruebas de imprenta del núm. 1 de R.
D.). El otro es un "anuncio sobre la reanudación de
las publicaciones del grupo 'Emancipación del Trabajo'".
Ambos datan de 1899, cuando la "crisis del marxismo"
estaba desde hacía ya mucho tiempo al orden del día.
Pues bien, en vano buscaríamos en la
-------
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. IV. (N. de la
Red.)
pág. 30
primera de dichas obras una alusión
a este fenómeno y una exposición definida de la
actitud que el nuevo órgano piensa adoptar a este respecto.
Ni este programa ni los suplementos al mismo, aprobados por el
III Congreso de la "Unión" en 1901 (Dos congresos,
págs. 15-18), mencionan el trabajo teórico ni sus
objetivos inmediatos en el presente. Durante todo este tiempo,
la redacción de R. Dielo pasó por alto las cuestiones
teóricas, a pesar de que apasionaban a todos los socialdemócratas
del mundo entero.
Por el contrario, el otro anuncio señala
ante todo que en estos últimos años se observa menos
interés por la teoría, reclama con insistencia una
"atención vigilante para el aspecto teórico
del movimiento revolucionario del proletariado" y llama a
"criticar implacablemente las tendencias bernsteinianas y
otras tendencias antirrevolucionarias" en nuestro movimiento.
Los números aparecidos de Sariá señalan cómo
se ha cumplido este programa.
Vemos, pues, que las frases sonoras
contra la fosilización del pensamiento, etc. disimulan
la despreocupación y la impotencia en el desarrollo del
pensamiento teórico. El ejemplo de los socialdemócratas
rusos ilustra con particular evidencia un fenómeno europeo
general (consignado también hace ya mucho tiempo por los
marxistas alemanes): la famosa libertad de crítica no implica
la sustitución de una teoría por otra, sino la libertad
de prescindir de toda teoría coherente y meditada, significa
eclecticismo y falta de principios. Quien conozca, por poco que
sea, el estado efectivo de nuestro movimiento verá forzosamente
que la amplia difusión del marxismo ha ido acompañada
de cierto rebajamiento del nivel teórico. Mucha gente,
muy poco preparada e incluso sin preparación teórica
alguna, se ha adherido al movimiento por su significación
práctica y sus éxitos prác-
pág. 31
ticos. Por este hecho, se puede juzgar
qué falta de tacto manifiesta Rab. Dielo al lanzar con
aire victorioso la sentencia de Marx: "cada paso de movimiento
efectivo es más importante que una docena de programas"[20].
Repetir estas palabras en una época de dispersión
teórica es exactamente lo mismo que gritar al paso de un
entierro: "¡oialá tengáis siempre algo
que llevar!" Además, estas palabras de Marx han sido
tomadas de su carta sobre el programa de Gotha, en la que censura
duramente el eclecticismo admitido en la formulación de
los principios: ya que hace falta unirse -- escribía Marx
a los dirigentes del Partido --, pactad acuer dos para alcanzar
los objetivos prácticos del movimiento pero no trafiquéis
con los principios, no hagáis "concesiones" teóricas.
Este era el pensamiento de Marx, ¡y he aquí que entre
nosotros hay gentes que en su nombre tratan de aminorar la importancia
de la teoría!
Sin teoría revolucionaria, no
puede haber tampoco movimiento revolucionario. Nunca se insistirá
lo bastante sobre esta idea en un tiempo en que a la prédica
en boga del oportunismo va unido un apasionamiento por las formas
más estrechas de la actividad práctica. Y, para
la socialdemoaacia rusa, la importancia de la teoría es
mayor aún, debido a tres circunstancias que se olvidan
con frecuencia, a saber: primeramente, por el hecho de que nuestro
Partido sólo ha empezado a formarse, sólo ha empezado
a elaborar su fisonomía, y dista mucho de haber ajustado
sus cuentas con las otras tendencias del pensamiento revolucionario,
que amenazan con desviar el movimiento del camino justo. Por el
contrario, precisamente estos últimos tiempos se han distinguido
(como hace ya mucho lo predijo Axelrod a los economistas) por
una reanimación de las tendencias revolucionarias no-socialdemócratas.
En estas condiciones, un error,
pág. 32
"sin importancia" a primera
vista, puede causar los mas desastrosos efectos, y sólo
gente miope puede encontrar inoportunas o superfluas las discusiones'fraccionales
y la delimitación rigurosa de los matices. De la consolidación
de tal o cual "matiz" puede depender el porvenir de
la socialdemocracia rusa por años y años.
En segundo lugar, el movimiento socialdemócrata
es, por su propia naturaleza, internacional. Esto no sólo
significa que debemos combatir el chovinismo nacional. Esto significa
también que el movimiento incipiente en un país
joven, únicamente puede desarrollarse con éxito
a condición de que haga suya la experiencia de otros países.
Para ello, no basta conocer simplemente esta experiencia o copiar
simplemente las últimas resoluciones adoptadas; para ello
es necesario saber asumir una actitud crítica frente a
esta experiencia y comprobarla por sí mismo. Todo aquel
que se imagine el gigantesco crecimiento y ramificación
del movimiento obrero contemporáneo comprenderá
la reserva de fuerzas teóricas y de experiencia política
(así como revolucionaria) que es necesaria para cumplir
esta tarea.
En tercer lugar, tareas nacionales
como las que tiene planteadas la socialdemocracia rusa no las
ha tenido planteadas aún ningun otro partido socialista
del mundo. Más adelante, tendremos que hablar de los deberes
políticos y de organización que nos impone esta
tarea de liberar a todo el pueblo del yugo de la autocracia. Por
el momento, no queremos más que indicar que sólo
un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede
cumplir la misión de combatiente de vanguardia. Y para
hacerse una idea siquiera sea un poco concreta de lo que esto
significa, que el lector recuerde a los precursores de la socialdemocracia
rusa, como Hertzen, Belinski, Chernishevski y a la brillante pléyade
de
pág. 33
revolucionarios de la década
del 70; que piense en la importancia universal que la literatura
rusa va adquiriendo ahora; que. . . ¡pero basta también
con lo indicado!
Citaremos las observaciones hechas
por Engels en 1874 sobre la importancia que la teoría tiene
en el movimiento socialdemócrata. Engels reconoce, no dos
formas de la gran lucha de la socialdemocracia (la política
y la económica) -- como se estila entre nosotros --, sino
tres, colocando a su lado también la lucha teórica.
Sus recomendaciones al movimiento obrero alemán, ya robustecido
práctica y políticamente, son tan instructivas desde
el punto de vista de los problemas y de las discusiones actuales,
que confiamos en que el lector no lamentará que insertemos
un extenso extracto del prólogo escrito para el folleto
Der Deutsche Bauernkrieg [*], obra que desde hace ya mucho tiempo
es una rareza bibliográfica:
"Los obreros alemanes tienen
dos ventajas esenciales sobre los obreros del resto de Europa.
La primera es la de que pertenecen al pueblo más teórico
de Europa y que han conservado en sí ese sentido teórico,
casi completamente perdido por las clases llamadas 'cultas' de
Alemania. Sin la filosofía alemana, que le ha precedido,
sobre todo sin la filosofía de Hegel, jamás se habría
creado el socialismo científico alemán, el único
socialismo científico que ha existido. De haber carecido
los obreros de sentido teórico, este socialismo científico
nunca habría sido, en la medida que lo es hoy, carne de
su carne y sangre de su sangre. Y lo inmenso de esta ventaja lo
demuestra, por una parte, la
-------
* Dritter Abdruck, Leipzig. 187S. Verlag der Genossenschaftsbuchdruckerei.
(La guerra campesina en Alemania ), tercera edición, Leipzig,
1875, Edición de la Editorial Cooperativa. (N. de la Red.)
pág. 34
indiferencia por toda teoría,
que es una de las causas principales de que el movimiento obrero
inglés avance tan lentamente, a pesar de la excelente organización
de los diferentes oficios, y, por otra, lo demuestran el desconcierto
y la confusión sembrados por el proudhonismo, en su forma
primitiva, entre los franceses y los belgas, y, en la forma caricaturesca
que le ha dado Bakunin, entre los españoles y los italianos.
La segunda ventaja consiste en que
los alemanes han sido casi los últimos en incorporarse
al movimiento obrero. Así como el socialismo teórico
alemán jamás olvidará que se sostiene sobre
los hombros de Saint-Simón, Fourier y Owen -- tres pensadores
que, a pesar del carácter fantástico y de todo el
utopismo de sus doctrinas, pertenecen a las mentes más
grandes de todos los tiempos y se han anticipado genialmente a
una infinidad de verdades cuya exactitud estamos demostrando ahora
de un modo científico --, así también el
movimiento obrero práctico alemán nunca debe olvidar
que se ha desarrollado sobre los hombros del movimiento inglés
y francés, que ha tenido la posibilidad de sacar simplemente
partido de su experiencia costosa, de evitar en el presente los
errores que entonces no era posible evitar en la mayoría
de los casos. ¿Dónde estaríamos ahora, sin
el precedente de las tradeuniones inglesas y de la lucha política
de los obreros franceses, sin ese impulso colosal que ha dado
particularmente la Comuna de París?
Hay que hacer justicia a los obreros
alemanes por haber aprovechado con rara inteligencia las ventajas
de su situa ción. Por primera vez desde que existe el movimiento
obre ro, la lucha se desarrolla en forma metódica en sus
tres direcciones concertadas, relacionadas entre sí: teórica,
po lítica y económico-práctica (resistencia
a los capitalistas). En
pág. 35
este ataque concéntrico, por
decirlo así, reside precisamente la fuerza y la invencibilidad
del movimiento alemán.
Esta situación ventajosa, por
una parte, y, por otra, las particularidades insulares del movimiento
inglés y la represión violenta del francés
hacen que los obreros alemanes se encuentren ahora a la cabeza
de la lucha proletaria. No es posible pronosticar cuánto
tiempo les permitirán los acontecimientos ocupar este puesto
de honor. Pero, mientras lo sigan ocupando, es de esperar que
cumplirán como es debido las obligaciones que les impone.
Para esto, tendrán que redoblar sus esfuerzos en todos
los aspectos de la lucha y de la agitación. Sobre todo
los jefes deberán instruirse cada vez más en todas
las cuestiones teóricas, desembarazarse cada vez más
de la influencia de la fraseología tradicional, propia
de la vieja concepción del mundo, y tener siempre presente
que el socialismo, desde que se ha hecho ciencia, exige que se
le trate como tal, es decir, que se le estudie. La conciencia
así lograda y cada vez más lúcida debe ser
difundida entre las masas obreras con celo cada vez mayor, y se
debe cimentar cada vez más fuertemente la organización
del Partido así como la de los sindicatos. . .
. . . Si los obreros alemanes siguen
avanzando de este modo, no es que marcharán al frente del
movimiento -- y no conviene tampoco en absoluto al movimiento
que los obreros de una nación cualquiera marchen al frente
del mismo --, sino que ocuparán un puesto de honor en la
primera línea de combatientes y se hallarán bien
pertrechados para ello, si, de pronto, duras pruebas o grandes
acontecimientos reclaman de ellos mayor valor, mayor decisión
y energía".[21]
Estas palabras de Engels resultaron
proféticas. Algunos años más tarde, al dictarse
la ley de excepción contra los
pág. 36
socialistas, los obreros alemanes se
vieron de improviso sometidos a duras pruebas. Y, en efecto, los
obreros alemanes les hicieron frente bien pertrechados y supieron
salir victoriosos de esas pruebas.
Al proletariado ruso le están
reservadas pruebas inconmensurablemente más duras aún;
tendrá que luchar contra un monstruo, en comparación
con el cual la ley de excepción en un país constitucional
parece un verdadero pigmeo. La historia plantea hoy ante nosotros
una tarea inmediata que es la más revolucionaria de todas
las tareas inmediatas del proletariado de ningún otro país.
La realización de esta tarea, la demolición del
más poderoso baluarte, no ya de la reacción europea,
sino también (podemos decirlo hoy) de la reacción
asiática, convertiría al proletariado ruso en la
vanguardia del proletariado revolucionario internacional. Y tenemos
el derecho de esperar que obtendremos este título de honor,
que ya nuestros predecesores, los revolucionarios de la década
del 70, han merecido, siempre que sepamos inspirar a nuestro movimiento,
mil veces más vasto y profundo, la misma decisión
abnegada y la misma energía.
II
LA ESPONTANEIDAD DE LAS MASAS Y LA
CONCIENCLA DE LA SOCIALDEMOCRACIA
Hemos dicho que es preciso inspirar
a nuestro movimiento, mucho más vasto y profundo que el
de la década del 70, la misma decisión abnegada
y la misma energía que en aquella época. En efecto,
parece que hasta ahora nadie había puesto aún en
duda que la fuerza del movimiento con-
pág. 37
temporáneo consistiese en el
despertar de las masas (y, principalmente, del proletariado industrial),
y su debilidad, en la falta de conciencia y de espíritu
de iniciativa de los dirigentes revolucionarios.
Sin embargo, en estos últimos
tiempos, se ha hecho un descubrimiento asombroso, que amenaza
con trastrocar todos los conceptos que dominaban hasta ahora con
respecto a esta cuestión. Este descubrimiento ha sido hecho
por R. Dielo, que, polemizando con Iskra y Sariá, no se
ha limitado a objeciones particulares, sino que ha intentado reducir
"el desacuerdo general" a su raíz más
profunda: a la "distinta apreciación de la significación
relativa del elemento espontáneo y del 'elemento' conscientemente
'metódico'". Rab. Dielo nos acusa de "subestimar
la importancia del elemento objetivo o espontáneo del desarrollo
"[*]. A esto contestaremos: si la polémica de Iskra
y Sariá no hubiera dado ningún otro resultado que
el de llevar a R. Dielo al descubrimiento de ese "desacuerdo
general", ya sería este resultado una gran satisfacción
para nosotros: hasta tal punto es significativa esta acusación,
hasta tal punto ilustra claramente la esencia de las actuales
discrepancias teóricas y políticas entre los socialdemócratas
rusos.
Por esto es por lo que la cuestión
sobre la relación entre lo consciente y lo espontáneo
presenta un enorme interés general, y es preciso analizarla
minuciosamente.
a) Comienzo de la marcha ascensional espontánea
En el capítulo anterior hemos
consignado el apasionamiento general de la juventud intelectual
de Rusia por la
-------
* Rabócheie Dielo, núm. 10, septiembre de 1901,
págs. 17-18. Las cursivas son de la revista.
pág. 38
teoría del marxismo, a mediados
de la última década del siglo pasado. También
las huelgas obreras adquirieron por aquella época, después
de la famosa guerra industrial de 1896 en Petersburgo, un carácter
general. Su extensión por todo el territorio de Rusia atestiguaba
claramente cuán profundo era el movimiento popular que
volvía a renacer, y, al hablar del "elemento espontáneo",
es natural que precisamente ese movimiento huelguístico
debe ser calificado, ante todo, de espontáneo. Pero hay
diferentes clases de espontaneidad. También durante la
década del 70, y también en la del 60 (y aun en
la primera mitad de siglo XIX) hubo en Rusia huelgas acompañadas
de destrucción "espontánea" de máquinas,
etc. Comparadas con esos "motines", las huelgas de la
década del 90 pueden induso llamarse "conscientes":
hasta tal punto era considerable el progreso del movimiento obrero
en aquel período. Eso nos demuestra que, en el fondo, el
"elemento espontáneo" no es sino la forma embrionaria
de lo consciente. Y los motines primitivos reflejaban ya un cierto
despertar de lo consciente: los obreros perdían la fe tradicional
en la inamovilidad del orden de cosas que los oprimía;
empezaban. . . no diré que a comprender, pero sí
a sentir la necesidad de oponer resistencia colectiva y rompían
decididamente con la sumisión servil a las autoridades.
Pero esto, sin embargo, más que lucha, era una expresión
de desesperación y de venganza. En las huelgas de la última
década del siglo pasado, vemos muchos más destellos
de conciencia: se formulan reivindicaciones determinadas, se calcula
de antemano el momento más conveniente, se discuten los
casos y ejemplos conocidos de otros lugares, etc. Si los motines
eran simplemente levantamientos de gente oprimida, las huelgas
sistemáticas representaban ya
pág. 39
embriones de lucha de clases, pero precisamente
nada más que embriones. En sí, esas huelgas eran
lucha tradeunionista, no eran aún lucha socialdemócrata;
señalaban el despertar del antagonismo entre los obreros
y los patronos, pero los obreros no tenían, ni podían
tener, la conciencia del antagonismo irreconciliable entre sus
intereses y todo el régimen político y social contemporáneo,
es decir, no tenían conciencia socialdemócrata.
En este sentido, las huelgas de la última década
del siglo pasado, a pesar de que, en comparación con los
"motines", representaban un enorme progreso, seguían
siendo un movimiento netamente espontáneo.
Hemos dicho que los obreros no podían
tener conciencia socialdemócrata. Esta sólo podía
ser introducida desde fuera. La historia de todos los países
atestigua que la clase obrera, exclusivamente con sus propias
fuerzas, sólo está en condiciones de elaborar una
conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que
es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos,
reclamar del gobierno la promulgación de tales o cuales
leyes necesarias para los obreros, etc.* En cambio, la doctrina
del socialismo ha surgido de teorías filosóficas,
históricas y económicas que han sido elaboradas
por representantes instruidos de las clases poseedoras, por los
intelectuales. Por su posición social, también los
fundadores del socialismo científico contemporáneo,
Marx y Engels, pertenecian a la intelectualidad burguesa.
-------
* El tradeunionismo no descarta en modo alguno toda "política",
como a veces se cree. Las tradeuniones han llevado siempre a la
práctica cierta agitación y lucha política
(pero no socialdemócrata). En el capítulo siguiente
expondremos la diferencia entre la política tradeunionista
y la socialdemocrata.
pág. 40
Exactamente del mismo modo, la doctrina
teórica de la socialdemocracia ha surgido en Rusia independientemente
en absoluto del crecimiento espontáneo del movimiento obrero,
ha surgido como resultado natural e inevitable del desarrollo
del pensamiento entre los intelectuales revolucionarios socialistas.
Hacia la época de que tratamos, es decir, a mediados de
la última década del siglo pasado, esa doctrina
no sólo constituía ya un programa completamente
formado del grupo "Emancipación del Trabajo",
sino que incluso había llegado a conquistar a la mayoría
de la juventud revolucionaria de Rusia.
De modo que existían tanto el
despertar espontáneo de las masas obreras, el despertar
a la vida consciente y a la lucha consciente, como una juventud
revolucionaria que, armada de la teoría socialdemócrata,
tendía con todas sus fuerzas hacia los obreros. Además,
importa sobre todo dejar sentado el hecho, frecuentemente olvidado
(y relativamente poco conocido), de que los primeros socialdemócratas
de ese período, al ocuperse con ardor de la egitación
económica (y teniendo bien presente en este sentido las
indicaciones realmente útiles del folleto, entonces manuscrito
aún, Sobre la agitación ), lejos de estimarla como
su única tarea, por el contrario, ya desde el comienzo
se asignaban las más amplias tareas históricas de
la socialdemocracia rusa, en general, y la de derrocar a la autocracia,
en particular. Así, por ejemplo, el grupo de socialdemócratas
de Petersburgo, fundador de la "Unión de Lucha por
la Emancipación de la Clase Obrera", redactó,
ya a fines de 1895, el primer número de un periódico,
bajo el título de Rabócheie Dielo. Completamente
preparado para la imprenta, dicho número fue recogido por
los gendarmes cuando registraron el domicilio
pág. 41
de uno de los miembros del grupo, A.
A. Vanéiev[*], en una irrupción hecha en la noche
del 8 de diciembre de 1895. De modo que Rab. Dielo del primer
período no tuvo la suerte de ver la luz. El editorial de
ese periódico (que quizás dentro de unos 30 años
alguna revista como Rússkaia Stariná [22] exhumará
de los archivos del departamento de policía) esbozaba las
tareas históricas de la clase obrera de Rusia, colocando
en el primer plano la conquista de la libertad política.
Luego seguía el artículo "¿En qué
piensan nuestros ministros?"[**], dedicado a la disolución
violenta de los Comités de Primera Enseñanza por
la policía, así como una serie de artículos
de corresponsales, no sólo de Petersburgo, sino también
de otras localidades de Rusia (por ejemplo, sobre la matanza de
obreros en la provincia de Yaroslavl). Así, pues, este
"primer ensayo", si no nos equivocamos, de los socialdemócratas
rusos de la década del 90 no era un periódico de
un carácter estrechamente local, y mucho menos "economista";
tendía a enlazar la lucha huelguística con el movimiento
revolucionario contra la autocracia y atraer a todas las víctimas
de la opresión política del oscurantismo reaccionario
para que apoyaran a la socialdemocracia. Y todo el que conozca,
por poco que sea, el estado del movimiento en aquella época
no pondrá en duda que semejante periódico habría
sido acogido con plena simpatía tanto por los obreros de
la capital como por los intelectuales revolucionarios y habría
tenido la más vasta difusión. El fracaso
-------
* A. A. Vanéiev murió en 1899, en Siberia Oriental,
de tuberculosis, contraida cuando se encontraba incomunicado en
prisión preventiva. Por eso, hemos considerado posible
publicar la informsción que figura en el texto, cuya autenticidad
garantizamos, pues procede de gente que conocia a Vanéiev
personal e intimamente.
** Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. II. (N. de la
Red.)
pág. 42
de esta empresa demostró únicamente
que los socialdemócratas de entonces no estaban en condiciones
de satisfacer las exigencias vitales del momento por falta de
experiencia revolucionaria y de preparación práctica.
Lo mismo cabe decir del San Petersburgski Rabochi Listok [23]
y, sobre todo, de Rabóchaia Gasieta [24] y del "Manifiesto"
del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, fundado en
la primavera de 1898. Se sobreentiende que ni siquiera pasa por
nuestra mente el imputar esta falta de preparación a los
militantes de entonces. Pero, para aprovechar la experiencia del
movimiento y sacar de ella enseñanzas prácticas,
es necesario darse perfecta cuenta de las causas y de la significación
de tal o cual defecto. Por eso, es de extrema importancia dejar
sentado que una parte (acaso la mayoría) de los socialdemócratas
que actuaron en el período de 1895 a 1898 consideraba posible
con toda razón, ya entonces, en los albores del movimiento
"espontáneo", intervenir con el más amplio
programa y táctica de combáte*. En lo que respecta
a la
-------
* "Al criticar la actividad de los socialdemócratas
de fines de la última década del siglo pasado, Iskra
no tiene en cuenta que entonces faltaban condiciones para todo
trabajo que no fuera la lucha por pequeñas reivindicaciones",
dicen los economistas en su "Carta a los órganos socialdemócratas
rusos" (Iskra, núm. 12). Los hechos citados en el
texto demuestran que esta affrmación sobre la "falta
de condiciones" es diametralmente opuesta a la verdad. No
sólo a fines, sino incluso a mediados de la decada del
90, existían plenamente todas las condiciones para otro
trabajo, además de la lucha por las pequeñas reivindicaciones;
todas las condiciones, salvo una preparación suficiente
de los dirigentes. Y he aquí que, en vez de reconocer francamente
esta falta de preparación por nuestra parte, por parte
de los ideólogos, de los dirigentes, los "economistas"
quieren cargar toda la responsabilidad a la "falta de condiciones",
a la influencia del medio material que determina el camino del
cual ningún ideólogo logrará desviar el movimiento.
¿Qué es esto sino halago servil de la espontaneidad,
sino enamoramiento de los "ideólogos" de sus
propios defectos?
pág. 43
falta de preparación de la mayoría
de los revolucionarios, siendo un fenómeno completamente
natural, no podía provocar ninguna aprensión particular.
Desde el momento en que el planteamiento de los objetivos era
justo, desde el momento en que había suficiente energía
para intentar reiteradas veces lograr esos objetivos, los reveses
temporales representaban una desgracia a medias. La experiencia
revolucionaria y la habilidad de organización son cosas
que se adquieren con el tiempo. ¡Lo único que hace
falta es querer desarrollar en uno mismo las cualidades necesarias!
¡Lo único que hace falta es tener conciencia de los
defectos, cosa que en la labor revolucionaria equivale a más
de la mitad de la corrección de los mismos!
Pero la desgracia a medias se convirtió
en una verdadera desgracia cuando esa conciencia comenzó
a ofuscarse (y es de notar que era muy viva entre los militantes
de los susodichos grupos), cuando aparecieron gentes, e incluso
órganos socialdemócratas, dispuestos a erigir los
defectos en virtudes, que hasta intentaron dotar de un fundamento
teórico a su helago servil y a su culto de la espontaneidad.
Ya es hora de hacer el balance de esta tendencia, muy inexactamente
caracterizada por la palabra "economismo", término
demasiado estrecho para expresar su contenido.
b) Culto de la espontaneidad.
Rabóchaia Misl
Antes de pasar a las manifestaciones literarias de ese culto,
haremos notar el siguiente hecho característico (comunicado
por la fuente arriba mencionada), que arroja cierta luz sobre
la forma en que surgió y creció entre los camaradas
que actuaban en Petersburgo el desacuerdo entre las dos futuras
tendencias de la socialdemocracia rusa. A principios de 1897,
pág. 44
A. A. Vanéiev y algunos de sus
camaradas tuvieron ocasión de tomar parte, antes de su
deportación, en una reunión privada[25] de "viejos"
y "jóvenes" miembros de la "Unión
de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera".
La conversación giró principalmente en torno a la
organización, y particularmente en torno al "Estatuto
de las cajas obreras" que, en su forma definitiva, fue publicado
en el núm. 9-10 del Listok Rabótnika [26] (pág.
46). Entre los "viejos" ("decembristas" como
los llamaban en tono de chanza los socialdemócratas petersburgueses)
y algunos de los "jóvenes" (que más tarde
colaboraron activamente en Rabóchaia Misl ), se puso en
el acto de manifiesto una divergencia acusada y se desencadenó
una acalorada polémica. Los "jóvenes"
defendían los fundamentos principales del Estatuto tal
como ha sido publicado. Los "viejos" decían que
no era eso lo que ante todo hacía falta, sino fortalecer
la "Unión de Lucha" como organización
de revolucionarios, a la que debían subordinarse las distintas
cajas obreras, los círculos para la propaganda entre la
juventud estudiantil, etc. Se sobreentiende que los contrincantes
distaban mucho de ver en esta divergencia el principio de un desacuerdo;
todo lo contrario, la consideraban como algo aislado y casual.
Pero este hecho prueba que, también en Rusia, el "economismo"
no surgió ni se difundió sin lucha contra los "viejos"
socialdemócratas (los economistas de hoy día lo
olvidan con frecuencia) Y si esta lucha no ha dejado, en su mayor
parte, vestigios "documentales", ello se debe únicamente
a que la composición de los círculos que funcionaban
cambiaba con inverosímil frecuencia, a que no había
ninguna continuidad, razón por la cual las divergencias
tampoco quedaban fijadas en documento alguno.
pág. 45
La aparición de Rab. Misl sacó el economismo a la
luz del día, pero no lo hizo tampoco de golpe. Es preciso
imaginarse concretamente las condiciones de trabajo y la vida
efímera de los numerosos círculos rusos (y sólo
puede hacerlo concretamente quien lo haya experimentado), para
comprender cuánto hubo de casual en el éxito o en
el fracaso de la nueva tendencia en las distintas ciudades, así
como todo el tiempo en que ni los partidarios ni los adversarios
de esto "nuevo" pudieron determinar, ni tuvieron literalmente
ninguna posibilidad de hacerlo, si era realmente una tendencia
particular o si reflejaba simplemente la falta de preparación
de personas aisladas. Así, los primeros números
de Rab. Misl, tirados en hectógrafo, no llegaron en absoluto
a manos de la inmensa mayoría de los socialdemócratas,
y, si ahora tenemos la posibilidad de referirnos al artículo
de fondo de su primer número, es sólo gracias a
su reproducción en el artículo de V. I.-n.[27] (Listok
Rabótnika, núm. 9-10, pág. 47 y siguientes),
que, claro está, no dejó de elogiar con empeño
(un empeño desatinado) el nuevo periódico, que se
distinguía tan marcadamente de los periódicos y
proyectos de periódicos arriba mencionados*. Este artículo
de fondo expresa con tanto relieve todo el espíritu de
Rab. Misl, y del economismo en general, que vale la pena de examinarlo.
Después de señalar que
la mano de bocamanga azul** no podrá detener el desarrollo
del movimicnto obrero, el
-------
* Digamos de paso que este elogio de Rabóchaia Misl, en
noviembre de 1898, cuando el economismo, sobre todo en el extranjero,
se había de finido completamente, partía del propio
V. I.-n., que muy pronto formó parte del cuerpo de redactores
de Rab. Dielo. ¡Y Rab. Dielo todavía continuó
negando la existencia de dos tendencias en el seno de la socialdemocracia
rusa, como la sigue negando en el presente!
** Los gendarmes zaristas llevaban uniformes de puños azules.
(N. de la Red.)
pág. 46
artículo continúa: ".
. . El movimiento obrero debe esa vitalidad a que el propio obrero,
por fin, toma su destino en sus propias manos, arrancándolo
de las de los dirigentes", y esta tesis fundamental sigue
desarrollándose más adelante en forma detallada.
En realidad, los dirigentes (es decir, los socialdemócratas,
organizadores de la "Unión de Lucha") fueron
arrancados por la policía, puede decirse, de manos de los
obreros[*], ¡mientras que las cosas se exponen como si los
obreros lucharan contra esos dirigentes y se hubieran librado
de su yugo! En vez de exhortar a marchar hacia adelante, a consolidar
la organización revolucionaria y extender la actividad
política, comenzaron a incitar a volver atrás, hacia
la lucha exclusivamente tradeunionista. Se proclamó que
"la base económica del movimiento es velada por la
aspiración constante de no olvidar el ideal político",
que el lema del movimiento obrero debe ser: "lucha por la
situación económica" (!), o, mejor aun, "los
obreros, para los obreros"; se declaró que las cajas
de ayuda en las huelgas "valen más para el movimiento
que un centenar de otras organizaciones" (que se compare
esta afirmación, de octubre de 1897, con la discusión
entre los "decembristas" y los jóvenes a principios
de 1897), etc. Frasecitas como éstas, de que en el primer
plano no es preciso colocar la "flor y nata" de los
obreros, sino al obrero "medio", al obrero de la masa,
-------
* El siguiente hecho característico demuestra que esta
comparación es justa. Cuando, después de la detención
de los "decembristas", se difundió entre los
obreros de la carretera de Schlisselburgo la noticia de que había
ayudado a la policía el provocador N. N. Mijáilov
(un dentista), relacionado con un grupo que estaba en contacto
con los "decembristas" aquellos obreros se indignaron
de tal modo, que decidieron matar a Mijáilov.
pág. 47
que la "política sigue siempre
dócilmente a la economía"[*], etc., etc., se
pusieron de moda, adquiriendo una influencia irresistibíe
sobre la masa de la juventud enrolada en el movimiento, juventud
que en la mayoría de los casos no conocía más
que fragmentos del marxismo en su exposición legal.
Esto era someter por completo la conciencia
a la espontaneidad, a la espontaneidad de aquellos "socialdemócratas"
que repetían las "ideas" del señor V.
V.; a la espontaneidad de aquellos obreros que se dejaban arrastrar
por el argumento de que obtener un aumento de un kopek por rublo
valía mucho más que todo socialismo y que toda política;
de que "debían luchar, sabiendo que lo hacían
no para imprecisas generaciones futuras, sino para ellos mismos
y para sus propios hijos" (editorial del núm. 1 de
R. Misl ). Frases de esta índole constituyeron siempre
el arma favorita de los burgueses de Europa occidental que, en
su odio al socialismo, trabajaban (al estilo del "social-político"
alemán Hirsch) para trasplantar el tradeunionismo inglés
a su suelo patrio, diciendo a los obreros que la lucha exclusivamente
sindical** es una lucha para ellos mismos y para sus hijos, y
no para imprecisas generaciones futuras con un impreciso socialismo
futuro. Y, ahora, "Los V. V. de la socialdemocracia rusa"
-------
* Del mismo editorial del primer número de Rabóchaia
Misl. Se puede juzgar por esto acerca de cuál era la preparación
teórica de esos "V. V. de la socialdemocracia rusa"[28],
quienes repetían la burda trivialización del "materialismo
económico", mientras que en sus publicaciones los
marxistas hacían la guerra contra el auténtico señor
V. V., llamado desde hacía tiempo "maestro en asuntos
reaccionarios" por ese mismo modo de concebir la relación
entre la política y la economía.
** Los alemanes incluso tienen una palabra especial: "Nur-Gewerkschaftler",
con que se señala a los partidarios de la lucha "únicamente
sindical".
pág. 48
se han puesto a repetir esa fraseología
burguesa. Nos importa consignar aquí tres circunstancias
que nos serán de gran utilidad para seguir examinando las
divergencias actuales [*].
En primer lugar, el sometimiento de
la conciencia por la espontaneidad, arriba indicado, se produjo
también por vía espontánea. Parece un juego
de palabras, pero, desgraciadamente, es una amarga verdad. No
se produjo este hecho por una lucha abierta entre dos concepciones
diametralmente opuestas y por el triunfo de la una sobre la otra,
sino debido a que los gendarmes "arrancaban" un número
cada vez mayor de revolucionarios "viejos" y a que,
en número cada vez mayor, aparecían en escena los
"jóvenes" "V. V. de la socialdemocracia
rusa". Todo aquel que, si no ha participado en el movimiento
ruso contemporáneo, por lo menos ha respirado sus aires,
sabe perfectamente que la situación es como la acabamos
de describir. Y si, no obstante, insistimos particularmente para
que el lector se percate por completo de este hecho notorio, si,
para mayor evidencia, por decirlo así, insertamos datos
sobre Rabócheie Dielo del primer período y sobre
las discusiones entre los "viejos" y los "jóvenes",
suscitadas a principios de 1897, es porque gentes que presumen
de "democratismo" especulan con el hecho de que el gran
público (o los muy jóvenes) ignora esto. Aun insistiremos
sobre este punto más adelante.
-------
* Subrayamos actuales para los que se encojan farisaicamente de
hombros y digan: ahora es sumamente fácil denigrar a Rabóchaia
Misl, cuando no es más que un arcaísmo. "Mutato
nomine, de te fabula narratur" (bajo otro nombre, la fábula
habla de ti. -- N. de la Red.), contestamos nosotros a los fariseos
contemporáneos, cuya completa sumisión servil a
las ideas de Rab. Misl será demostrada más adelante.
pág. 49
En segundo lugar, ya en la primera manifestación literaria
del economismo podemos observar un fenómeno, sumamente
peculiar y extremadamente característico, para comprender
todas las divergencias en el seno de los socialdemócratas
contemporáneos, fenómeno consistente en que los
partidarios del "movimiento puramente obrero", los admiradores
del contacto más estrecho y más "orgánico"
(expresión de Rab. Dielo ) con la lucha proletaria, los
adversarios de todos los intelectuales no obreros (aunque sean
intelectuales socialistas) se ven obligados a recurrir, en defensa
de su posición, a los argumentos de los "tradeunionistas
puros" burgueses. Esto nos prueba que R. Misl, desde su aparición
-- sin darse cuenta de ello --, había comenzado a realizar
el programa del "Credo". Esto prueba (cosa que R. Dielo
no puede comprender de ningún modo) que todo lo que sea
prosternarse ante la espontaneidad del movimiento obrero, todo
lo que sea rebajar el papel del "elemento consciente",
el papel de la socialdemocracia, equivale -- en absoluto independientemente
de la voluntad de quien lo hace -- a fortalecer la influencia
de la ideología burguesa sobre los obreros. Todo el que
hable de "sobreestimación de la ideología"*,
de exageración del papel del elemento consciente**, etc.,
se imagina que el movimiento obrero puro puede de por sí
elaborar y elaborará una ideología independiente,
tan pronto como los obreros "arranquen su suerte de manos
de los dirigentes". Pero esto es un craso error. Para completar
lo que acabamos de exponer arriba, añadiremos las siguientes
palabras, profundamente justas e
-------
* Carta de los "economistas" en el núm. 12 de
Iskra.
** Rabócheie Dielo, núm. 10.
pág. 50
importantes, que C. Kautsky dijo con
motivo del proyecto de nuevo programa del Partido Socialdemócrata
austriaco[*]:
"Algunos de nuestros críticos
revisionistas creen que Marx ha afirmado que el desarrollo económico
y la lucha de clases no solo crean las condiciones para la producción
socialista, sino que también engendran directamente la
conciencia [subrayado por C. K.] de su necesidad. Y he aquí
que esos críticos replican que Inglaterra, el país
de más alto desarrollo capitalista, es más ajeno
que ningún otro país moderno a esta conciencia.
A juzgar por el nuevo proyecto, se podría creer que esta
sedicente concepción marxista ortodoxa, refutada del modo
indicado, es compartida también por la comisión
que redactó el programa austriaco. El proyecto dice: 'Cuanto
más aumenta el proletariado con el desarrollo del capitalismo,
tanto más obligado se ve aquél a emprender la lucha
contra el capitalismo y tanto más capacitado está
para emprenderla. El proletariado llega a adquirir la conciencia'
de la posibilidad y de la necesidad del socialismo. En este orden
de ideas, la conciencia socialista aparece como el resultado necesario
y directo de la lucha de clases del proletariado. Pero esto es
completamente erróneo. Por cietto, el socialismo, como
doctrina, tiene sus raíces en las relaciones económicas
actuales, exactamente igual que la lucha de clases del proletariado,
y, lo mismo que ésta, se deriva aquél de la lucha
contra la miseria y la pobreza de las masas, miseria y pobreza
que el capitalismo engendra; pero el socialismo y la lucha de
clases surgen paralelamente y no se deriva el uno de la otra;
surgen de premisas diferentes. La conciencia socialista moderna
puede surgir únicamente sobre la base de un profundo conocimiento
científico. En efecto, la ciencia económica contemporánea
constituye una condición de la produción socialista
lo mismo que, pongamos por caso, la técniea moderna, y
el proletariado, por mucho que lo desee, no puede crear la una
ni la otra; ambas surgen del proceso social contemporáneo.
Pero no es el proletariado el portador de la ciencia, sino la
intelectualidad burguesa [subrayado por C. K.]: es del cerebro
de algunos miembros aislados de esta capa de donde ha surgido
el socialismo moderno, y han sido ellos los que lo han transmitido
a los proletarios destacados por su desarrollo intclectual, los
cuales lo introducen luego en la lucha de clases del proletariado,
allí donde las condiciones lo permiten. De modo que la
conciencia socialista es algo
-------
* Neue Zeit (Tiempos Nuevos ) 1901-1902, XX, I, núm. 3,
pág. 79. El proyecto de la comisión, de que habla
Kautsky, fue aprobado por el Congreso de Viena (a fines del año
pasado) en una forma algo modificada.
pág. 51
introducido desde fuera [von Aussen
Hineingetragenes ] en la lucha de clases del proletariado, y no
algo que ha surgido espontáneamente [uruchsig ] de ella.
De acuerdo con esto, ya el viejo programa de Heinfeld decía,
con toda razón, que es tarea de la socialdemocracia el
infundir al proletariado la conciencia de su situación
[literalmente: llenar al proletariado de ella] y de su misión.
No habría necesidad de hacerlo, si esta conciencia derivara
automáticamente de la lucha de clases. El nuevo proyecto,
en cambio, ha transcrito esta tesis del viejo programa y la ha
añadido a la tesis arriba citada. Pero esto ha interrumpido
por completo el curso del pensamiento. . ."
Ya que no puede ni hablarse de una
ideología independiente, elaborada por las mismas masas
obreras en el curso de su movimiento*, el problema se plantea
solamente así : ideología burguesa o ideología
socialista. No hay término medio ( pues la humanidad no
ha elaborado ninguna "tercera" ideología; además,
en general, en la sociedad desgarrada por las contradicciones
de clase nunca puede existir una ideología al margen de
las clases ni por encima de las clases). Por eso, todo lo que
sea rebajar la ideología socialista, todo lo que sea alejarse
de ella equivale a fortalecer la ideología burguesa. Se
habla de espontaneidad. Pero el
-------
* Esto no significa, naturalmente, que los obreros no participen
en esta elaboración. Pero no participan en calidad de obreros,
sino en calidad de teóricos del socialismo, como los Proudhon
y los Weitling; en otros términos, sólo participan
en el momento y en la medida en que logran, en mayor o menor grado,
dominar la ciencia de su siglo y hacer avanzar esa ciencia. Y,
a fin de que los obreros lo logren con mayor frecuencia, es necesario
ocuparse lo más posible de elevar el nivel de la conciencia
de los obreros en general; es necesario que los obreros no se
encierren en el marco artificialmente restriúgido de la
"literatura para obreros ", sino que aprendan a asimilar
más y más la literatura general. Incluso sería
más justo decir, en vez de "no se encierren",
"no sean encerrados", pues los obreros leen y también
quieren leer todo cuanto se escribe para los intelectuales, y
únicamente ciertos intelectuales (de ínfima categoría)
creen que "para los obreros" basta con relatar el orden
de cosas que rige en las fábricas y rumiar lo que ya se
conoce desde hace mucho tiempo.
pág. 52
desarrollo espontáneo del movimiento
obrero marcha precisamente hacia su subordinación a la
ideología burguesa, marcha precisamente por el camino del
programa del "Credo", pues el movimiento obrero espontáneo
es tradeunionismo, es Nur-Gewerkschaftlerei, y el tradeunionismo
implica precisamente la esclavización ideológica
de los obreros por la burguesía. Por esto es por lo que
nuestra tarea, la tarea de la socialdemocracia, consiste en combatir
la espontaneidad, consiste en apartar el movimiento obrero de
esta tendencia espontánea del tradeunionismo a cobijarse
bajo el ala de la burguesía y atraerlo hacia el ala de
la socialdemocracia revolucionaria. La frase de los autores de
la carta "economista", publicada en el núm. 12
de Iskra, de que ningún esfuerzo de los ideólogos
más inspirados podrá desviar el movimiento obrero
del camino determinado por la acción recíproca entre
los elementos materiales y el medio material, equivale plenamente,
por tanto, a una renuncia al socialismo, y si estos autores fuesen
capaces de meditar lo que dicen, de meditarlo hasta su última
consecuencia, valiente y lógicamente, como corresponde
a toda persona que interviene en la actividad literaria y pública,
no les que daría más remedio que "cruzar sobre
el pecho huero las manos inútiles" y . . . ceder el
campo de acción a los señores Struve y Prokopóvich,
que arrastran el movimiento obrero "por la línea de
la menor resistencia", es decir, por la línea del
tradeunionismo burgués, o a los señores Subátov,
que lo arrastran por la línea de la "ideología"
clerical-policiaca.
Recordad el ejemplo de Alemania. ¿En
qué consistió el mérito histórico
de Lassalle ante el movimiento obrero alemán? En haber
apartado ese movimiento del camino del tradeunionismo progresista
y del cooperativismo, por el cual
pág. 53
se encauzaba espontáneamente
(con la partícipación benévola de los Schulze-Delitzsch
y consortes )[*]. Para realizar esta misión, fue necesario
algo muy distinto de la charlataneria sobre la subestimación
del elemento espontáneo, sobre la táctica-proceso,
la acción reciproca de los elementos y del medio, etc.
Para ello fue necesario desplegar una lucha encarnizada contra
la espontaneidad, y sólo como resultado de esa lucha, que
ha durado largos años, se ha logrado, por ejemplo, que
la población obrera de Berlin, de sostén del partido
progresista, se haya convertido en uno de los mejores baluartes
de la socialdemocracia. Y esta lucha no ha terminado aún,
ni mucho menos, hoy día (como podrían creer gentes
que estudian la historia del movimiento obrero alemán a
la manera de Prokopóvich, y su filosofía, a la manera
de Struve). También en el presente, la clase obrera alemana
está fraccionada, si se puede usar esta expresión,
en varias ideologías: una parte de los obreros está
agrupada en los sindicatos obreros católicos y monárquicos,
otra en los sindicatos de Hirsch-Duncker[29], fundados por los
admiradores burgueses del tradeunionismo inglés; una tercera,
en los sindicatos socialdemócratas. Esta última
es incomparablemente mayor que las demás, pero la ideología
socialdemócrata sólo ha podido conquistar esta supremacía
y sólo podrá mantenerla combatiendo porfiadamente
contra todas las demás ideologías.
Pero -- preguntará el lector
-- ¿por qué el movimiento espontáneo, el
movimiento por la línea de la menor resisten-
-------
* Schlulze-Delitzsch (1808-1883) -- Ideólogo de la pequeña
burguesía alemana, que propugnaba la creación de
asociaciones cooperativas, capaces, en su opinión, de garantizar
la independencia económica de los artesanos y en general
de los pequeños productores, así como de los obreros.
(N. de la Red.)
pág. 54
cia, conduce precisamente a la supremacía
de la ideología burguesa? Por la sencilla razón
de que la ideología burguesa es mucho más antigua
por su origen que la ideología socialista, porque su elaboración
es más completa; porque posee medios de difusión
incomparablemente más poderosos[*]. Y cuanto más
joven es el movimiento socialista en un país, tanto más
enérgica debe ser, por lo mismo, la lucha contra toda tentativa
de afianzar la ideología no-socialista, tanto más
resueltamente se debe poner en guardia a los obreros contra los
malos consejeros, que chillan contra "la exageración
del elemento consciente", etc. Los autores de la carta de
los economistas, haciendo coro a Rab. Dielo, atacan en carnizadamente
la intolerancia, propia del período infantil del movimiento.
A esto contestamos: sí, nuestro movimiento realmente se
encuentra en su infancia y, para que llegue con mayor celeridad
a la madurez, debe precisamente hacerse intransigente con aquellos
que frenan su desarrollo, prosternándose ante la espontaneidad.
¡No hay nada más ridículo y nocivo que presumir
de viejo militante que hace ya mucho tiempo pasó por todos
los episodios decisivos de la lucha!
En tercer lugar, el primer número
de Rab. Misl nos señala que la denominación de "economismo"
(a la cual no tenemos,
-------
* Frecuentemente se oye decir: la clase obrera tiende espontáncamente
hacia el socialismo. Esto es completamente justo en el sentido
de que la teoría socialista determina, más profunda
y certeramente que ninguna otra, las causas de las calamidades
que sufre la clase obrera, y precisamente por eso los obreros
la asimilan con tanta facilidad, siempre que esta teoría
no retroceda ante la espontaneidad, siempre que esta teoría
someta a la espontaneidad. Habitualmente, esto se sobreentiende,
pero Rab. Dielo justamente lo olvida y lo desfigura. La clase
obrera tiende de modo espontáneo hacia el socialismo, pero
la ideología burguesa, la más difundida (y constantemente
resucitada en las formas más diversas), se impone, no obstante,
espontáneamente más que nada al obrero.
pág. 55
naturalmente, el propósito de
renunciar, pues, de uno u otro modo, es un mote ya establecido)
no expresa con suficiente exactitud la esencia de la nueva tendencia.
Rab. Misl no repudia por completo la lucha política: en
los estatutos de las cajas, publicados en su primer número,
se habla de la lucha contra el gobierno. Pero Rabóchaia
Misl supone únicamente que "la política sigue
siempre dócilmente a la economía" (en tanto
que Rabócheie Dielo varia esta tesis, asegurando en su
programa que "en Rusia, más que en ningún otro
país, la lucha económica está indisolublemente
ligada a la lucha política"). Estas tesis de Rabóchaia
Misl y de Rabócheie Dielo son completamente falsas, si
entendemos por polítice la política socialdemócrata.
Muy frecuentemente la lucha económica de los obreros está
ligada (si bien no de modo inseparable) a la política burguesa,
clerical, etc., como ya hemos visto. Las tesis de Rab. Dielo son
justas, si entendemos por política la política tradeunionista,
es decir, la aspiración común a todos los obreros
de conseguir del Estado tales o cuales medidas, cuyo fin es el
de remediar los males propios de su situación, pero que
todavía no acaban con esa situación, es decir, no
suprimen el sometimiento del trabajo al capital. Esta aspiración
es realmente común, tanto a los tradeunionistas ingleses,
que mantienen una actitud hostil frente al socialismo, como a
los obreros católicos, a los obreros "de Subátov",
etc. Hay diferentes clases de política. Vemos, pues, que
Rab. Misl, también en lo que a la lucha política
se refiere, más que repudiarla se prosterna ante su espontaneidad,
ante su falta de conciencia. Al reconocer plenamente la lucha
política derivada en forma espontánea del propio
movimiento obrero (o más exactamente: los anhelos y las
reivindicaciones políticas de los obreros), renuncia por
completo a elaborar independiente-
pág. 56
mente una política socialdemócrata
específica, que corresponda a los objetivos generales del
socialismo y a las condiciones actuales de Rusia. Más adelante,
demostraremos que Rab. Dielo incurre en el mismo error.
c) El "Grupo de autoemancipación" y
Rabócheie Dielo
Hemos examinado tan detalladamente el editorial, poco conocido
y casi olvidado en el presente, del primer número de Rab.
Misl, porque expresó, mucho antes y con mayor relieve que
nadie esta corriente general, que luego había de aparecer
a la luz del día por pequeños y numerosos arroyuelos.
V. I.-n tenía plena razón cuando, ponderando el
primer número y el editorial de Rab. Misl, dijo que había
sido escrito "enérgicamente", "con brío"
(Listok Rebótnika, núm. 9-10, pag. 49). Toda persona
de convicciones firmes que piensa que da algo nuevo escribe "con
brío" y escribe de manera que destaca con relieve
sus puntos de vista. Sólo quienes están acostumbrados
a nadar entre dos aguas carecen de todo "brio"; únicamente
la gente de esta índole es capaz, después de haber
elogiado ayer los brios de Rab. Misl, de atacar hoy a los adversarios
de Rab. Misl por sus "brios polémicos".
Sin detenernos en el "Suplemento
especial de Rab. Misl " (más adelante tendremos, por
distintos motivos, que referirnos a esta obra, que expresa del
modo más consecuente las ideas de los economistas), por
ahora consignaremos tan sólo brevemente "el llamamiento
del 'Grupo de autoemancipación de los obreros'" (marzo
de 1899, reproducido en Nakanunie [30] de Londres, número
7, junio de 1899). Los autores de este llamamiento dicen con toda
razón que "la
pág. 57
Rusia obrera no ha hecho más
que empezer a despertar, a mirar en torno suyo y se aferra instintivamente
a los primeros medios de lucha que encuentra al alcance de su
mano ", pero deducen de esto la misma conclusión falsa
que R. Misl, olvidando que lo instintivo es justamente lo inconsciente
(lo espontáneo), en cuya ayuda deben acudir los socialistas;
que los primeros medios de lucha "que encuentra al alcance
de su mano" siempre seran, en la sociedad moderna, medios
de lucha tradeunionistas, y que la primera ideología "que
encuentra al alcance de su mano" será la ideología
burguesa (tradeunionista). Tampoco "niegan" esos autores
la política, sino que, siguiendo a V. V., solamente (¡olamente!)
dicen que la política es una superestructura, y que, por
esto, "la agitación política debe ser una superestructura
de la agitación en favor de la lucha económica,
debe surgir sobre el terreno de esta lucha y seguir tras ella".
En cuanto a R. Dielo, comenzó
su actividad directamente por la "defensa" de los economistas.
Después de haber afirmado falsamente, en su primer número
(núm. 1, págs. 141-142), que "ignoraba a qué
camaradas jóvenes se había referido Axelrod"
cuando en su conocido folleto* dirigia una advertencia a los economistas,
R. Dielo tuvo que reconocer, en la polémica con Axelrod
y Plejánov, suscitada a propósito de esa falsedad,
que, "fingiendo no saber de quién se trataba, quiso
defender a todos los emigrados socialdemócratas más
jóvenes contra esa acusación injusta" (Axelrod
acusaba a los economistas de estrechez de miras). En realidad,
esa acusación era completamente justa, y R. Dielo
-------
* En torno a ia cuestión de las tareas actuales y de la
táctica de los socialdemócratas rusos. Ginebra,
1898. Dos cartas a Rabóchaia Gasieta, escritas en 1897.
pág. 58
sabía perfectamente que aludía,
entre otros, a V. I.-n., miembro de su redacción. Señalaré,
de paso, que en la polémica mencionada Axelrod tenía
completa razón y que R. Dielo estaba enteramente equivocado
en la interpretación de mi folleto Las tareas de los socialdemócratas
rusos*. Este folleto fue escrito en 1897, antes de la aparición
de Rab. Misl, cuando yo consideraba, con toda razón, que
la tendencia primitiva de la "Unión de Lucha"
de San Peters burgo, que he definido más arriba, era la
predominante. Y, al menos hasta mediados de 189~8, esa tendencia
era real mente la que preponderaba. Por eso R. Dielo no tenía
nin gún derecho a referirse, para refutar la existencia
y el pe ligro del economismo, a un folleto que exponía
concepciones desplazadas en San Petersburgo en 1897-98 por la
concep ción "economista"**.
Pero R. Dielo no sólo "defendía"
a los economistas, sino que él mismo caía continuamente
en sus aberraciones prin-
-------
* Véase V. I. Lenin, Obras Comptetas, t. II. (N. de la
Red.)
** Defendiéndose, Rabócheie Dielo completó
su primera mentira ("ignoramos de qué camaradas jóvenes
ha hablado P. B. Axelrod") con una segunda, al escribir en
su Respuesta : "Desde la aparición de la crítica
de 'Las tareas', han surgido o se han definido más o menos
claramente entre algunos socialdemócratas rusos tendencias
hacia la unilateralidad economista, que significan un paso atrás,
en comparación con el estado de nuestro movimiento, esbozado
en 'Las tareas'" (pág. 9). Esto lo dice la "Respuesta",
aparecida en el año 1900. Y el primer número de
Rabócheie Dielo (con la crítica) apareció
en abril de 1899. ¿Es que el economismo surgió sólo
en 1899? No; en 1899 se oyó por primera vez la voz de protesta
de los socialdemócratas rusos contra el economismo (la
protesta contra el "Credo"). Pero el economismo había
surgido en 1897, como lo sabe muy bien Rabócheie Dielo,
pues V. I.-n., ya en noviembre de 1898 (Listok Rabótnika,
núm. 9-10), se deshacía en elogios para Rabóchaia
Misl.
pág. 59
cipales. Esto se debía al modo
ambiguo de interpretar la siguiente tesis de su programa: "El
movimiento obrero de masas (subrayado por R. D.) que ha surgido
en estos últimos años constituye, a nuestro juicio,
un fenómeno de la mayor importancia de la vida rusa, llamado
principalmente a determinar las tareas [subrayado por mi] y el
carácter de la actividad literaria de la Unión".
No puede ponerse en duda que el movimiento de masas es un fenómeno
de la mayor importancia. Pero la cuestión estriba en el
modo de interpretar "la determinación de las tareas"
por este movimiento de masas. Puede interpretársela de
dos maneras: o bien en el sentido del culto de la espontaneidad
de ese movimiento, es decir, reduciendo el papel de la socialdemocracia
al de simple senidor del movimiento obrero como tal (así
la conciben Rab. Misl, el "Grupo de autoemancipación"
y los demás economistas), o bien en el sentido de que el
movimiento de masas plantea ante nosotros nuevas tareas, teóricas,
políticas y de organización, mucho más complejas
que las tareas con que podíamos contentarnos en el período
que precedió a la aparición del movimiento de masas.
Rab. Dielo tendía y tiende a concebirla precisamente en
el primer sentido, porque no ha dicho nada concreto acerca de
las nuevas tareas, antes bien ha razonado todo el tiempo justamente
como si este "movimiento de masas" nos eximiera de la
necesidad de concebir con claridad y resolver las tareas que éste
plantea. Baste recordar el hecho de que R. Dielo consideraba imposible
plantear ante el movimiento obrero de masas como primera tarea
el derrocamiento de la autocracia, rebajando esta tarea (en nombre
del movimiento de masas) a la tarea de la lucha por reivin dicaciones
políticas inmediatas (Respuesta, pág. 25).
pág. 60
Dejando a un lado el artículo "La lucha económica
y política en el movimiento ruso", publicado por B.
Krichevski, director de Rab. Dielo, en el núm. 7, en el
que repite esos mismos errores*, pasaremos directamente al núm.
10 de R. Dielo. Naturalmente, no nos detendremos a analizar objeciones
aisladas de B. Krichevski y Martínov contra Sariá
e Iskra. Lo que nos interesa aquí es únicamente
la posición de principios que Rabócheie Dielo ha
adoptado en su núm. 10. No nos detendremos, por ejemplo,
a examinar el caso
-------
* La "teoría de las fases" o la teoría
de los "tímidos zig-zags" en la lucha política
se expone, por ejemplo, en ese artículo del modo siguiente:
"Las reivindicaciones políticas, que por su carácter
son comunes a toda Rusia, deben, sin embargo, durante los primeros
tiempos (¡esto fue escrito en agosto de 1900!) corresponder
a la experiencia adquirida por una determinada capa (¡sic!)
de obreros en la lucha económica. Unicamente [!] a base
de esa experiencia se puede y se debe iniciar la agitación
política", etc. (pág. 11). En la página
4, el autor, indignado por las acusaciones, a su juicio completamente
infundadas, de herejía economista, exclama pateticamente:
"Pero ¿qué socialdemócrata ignora que,
según la doctrina de Marx y Engels, los intereses económicos
de las distintas clases desempeñan un papel decisivo en
la historia y que, por tanto (subrayado por nosotros), en particular
la lucha del proletariado por sus intereses económicos
debe tener una importancia primordial para su desarrollo como
clase y para su lucha de liberación?" Este "por
tanto" está completamente fuera de lugar. Del hecho
de que los intereses económicos desempeñan un papel
decisivo no se desprende en modo alguno la conclusión de
que la lucha económica (=sindical) tenga una importancia
primordial, pues los intereses más esenciales, "decisivos"
de las clases pueden ser satisfechos únicamente por transformaciones
políticas radicales en general; en particular, el interés
económico fundamental del proletariado puede ser satisfecho
únicamente por medio de una revolución política
que sustituya la dictadura de la burguesía por la dictadura
del proletariado. B. Krichevski repite el razonamiento de los
"V. V. de la socialdemocracia rusa" (la política
sigue a la economía, etc.) y de los bernsteinianos de la
alemana (por ejemplo, Woltmann alegaba precisamente los mismos
argumentos para probar que los obreros, antes de pensar en una
revolución política, debían adquirir una
"fuerza económica").
pág. 61
curioso de que R. Dielo vea una "contradicción
flagrante" entre la tesis:
"La socialdemocracia no
se ata las manos, no restringe sus actividades por un plan o un
procedimiento cualesquiera de lucha política fijados de
anternano: admite todos los medios de lucha, con tal de que correspondan
a las fuerzas efectivas del Partido", etc. (núm, 1
de Iskra )[*].
y la tesis:
"Si no existe una organización
fuerte, iniciada en la lucha política en cualquier condición
y cualquier período, no se puede ni hablar de un plan sistemáatico
de actividad, basado en principios firmes y aplicado inflexiblemente,
único plan que merece el nombre de táctica"
(núm. 4 de Iskra )[**].
Confundir la admisión en principio
de todos los medios de lucha, de todos los planes y procedimientos,
con tal de que sean convenientes, con la exigencia de guiarse
en un momento político determinado por un plan inflexiblemente
aplicado, cuando se quiera hablar de táctica, equivale
a confundir el hecho de que la medicina reconozca todos los sistemas
terapéuticos con la exigencia de que en el tratamiento
de una enfermedad determinada se siga un sistema determinado.
Pero de lo que se trata, precisamente, es de que Rab. Dielo, que
padece una enfermedad que hemos llamado culto de la espontaneidad,
no quiere reconocer ningún "sistema terapéutico"
para curar esta enfermedad. Por eso, ha hecho el notable descubrimiento
de que la "táctica-plan está en contradicción
con el espíritu fundamental del marxismo" (núm.
10, pág. 18), que la táctica es "un proceso
de crecimiento de las tareas del Partido, que crecen junto con
éste " (pág. 11; subrayado por R. D.). Esta
última sentencia tiene todas las probabilidades de hacerse
célebre, de con-
-------
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. V. (N. de la Red.)
** Loc. cit. (N. de la Red.)
pág. 62
vertirse en el monumento imperecedero
de la "tendencia" de Rab. Dielo. A la pregunta "¿A
dónde ir? ", este órgano dirigente responde:
El movimiento es un proceso de cambio de distancia entre el punto
de partida y los puntos siguientes del movimiento. Este pensamiento
de incomparable profundidad no sólo es curioso (si sólo
fuera curioso, no valdría la pena de detenerse particularmente
a analizarlo), sino que representa, además, el programa
de toda una tendencia, a saber: el mismo programa que R. M. expresó
(en su "Suplemento especial" de Rabóchaia Misl
) en los términos siguientes: es deseable la lucha que
es posible y es posible la lucha que se libra en un momento dado.
Esta es precisamente la tendencia del oportunismo ilimitado, que
se adapta en forma pasiva a la espontaneidad.
"¡La táctica-plan
está en contradicción con el espíritu fundamental
del marxismo!" Pero ¡si esto es una calumnia contra
el marxismo, esto equivale a convertirlo en la caricatura que
los populistas nos oponían en su guerra contra nosotros!
Esto es justamente rebajar la iniciativa y la energía de
los militantes conscientes, mientras que el marxismo, por el contrario,
imprime un impulso gigantesco a la iniciativa y a la energía
de los socialdemócratas, abriendo ante ellos las perspectivas
más vastas, poniendo (si podemos expresarnos de este modo)
a su disposición las potentes fuerzas de millones y millones
de hombres de la clase obrera, que se alza a la lucha "espontáneamente".
Toda la historia de la socialdemocracia internacional abunda en
planes, que propugna ya uno ya otro jefe político, demostrando
la perspicacia y la justeza de las concepciones políticas
y de organización de los unos o revelando la miopía
y los errores políticos de los otros. Cuando Alemania atravesó
uno de los virajes históricos más grandiosos --
formación del Im-
pág. 63
perio, apertura del Reichstag, concesión
del sufragio universal -- Liebknecht tenía un plan de la
política y de la acción en general a desarrollar
por la socialdemocracia, y Schweitzer tenía otro. Cuando
sobre los socialistas alemanes se abatió la ley de excepción,
Most y Hasselmann, dispuestos a exhortar pura y simplemente a
la violencia y al terror, tenía un plan, otro tenían
Höhberg, Schramm y (en parte) Bernstein, quienes se pusieron
a predicar a los socialdemócratas, diciéndoles que,
con su insensata violencia y revolucionismo, habían provocado
esa ley y que debían ahora obtener el perdón con
una conducta ejemplar; un tercer plan tenían los que venían
preparando, y llevaron a cabo, la publicación de un órgano
ilegal. Cuando se lanza una mirada retrospectiva, muchos años
después de terminada la lucha por la elección de
un camino y después de haber pronunciado la historia su
veredicto sobre la conveniencia del camino elegido, no es difícil,
naturalmente, manifestar profundidad de pensamiento lanzando la
sentencia de que las tareas del Partido crecen juntamente con
éste. Pero, en un momento de confusión*, cuando
los "críticos" y los economistas rusos rebajan
la socialdemocracia al nivel del tradeunionismo y los terroristas
predican con ardor la adopción de una "táctica-plan"
que repite los viejos errores, limitarse en un momento así
a unos pensamientos profundos de esta índole significa
firmarse uno mismo un "certificado de pobreza". En un
momento en que muchos socialdemócratas rusos padecen precisamente
de falta de iniciativa y de energía, de
-------
* Ein Jahr der Verwirrung (Un año de confusión )
es el título puesto por Mehring en su Historia de la socialdemocracia
alemana al apartado en que describe los titubeos y la indecisión
que los socialistas manifestaron en un principio, al elegir la
"táctica-plan" que correspondía a las
nuevas condiciones.
pág. 64
falta de "amplitud en la propaganda,
la agitación y la organización políticas"[*],
de falta de "planes" para organizar en forma más
vasta la labor revolucionaria; en un momento así, decir
que "la táctica-plan está en contradicción
con el espíritu fundamental del marxismo" no sólo
equivale a envilecer el marxismo en el sentido teórico,
sino, en la práctica, a arrastrar al Partido hacia atrás.
"Un socialdemócrata
revolucionario se propone como tarea -- nos alecciona más
adelante R. Dielo -- únicamente acelerar con su trabajo
consciente el desarrollo objetivo y no suprimirlo o sustituirlo
por planes subjetivos. Teórieamente, Iskra sabe todo esto.
Pero la enorme importancia que el marxismo atribuye con toda razón
a la labor revolucionaria consciente le lleva, en la práctiea,
como resultado de su concepto doctrinario de la táctica,
a aminorar la importancia del elemento objetivo o espontáneo
del desarrollo " (pág. 18).
Otra vez la mayor confusión
teórica, digna del señor V. V. y cofradía.
Pero desearíamos preguntar a nuestro filósofo: ¿en
qué puede traducirse la "aminoración"
del desarrollo objetivo por parte del autor de planes subjetivos?
Por lo visto, en perder de vista que este desarrollo objetivo
crea o afianza, hunde o debilita a estas o las otras clases, capas,
grupos, a tales o cuales naciones, grupos de naciones, etc., condicionando
así una u otra agrupación política internacional
de fuerzas, una u otra posición de los partidos revolucionarios,
etc. Pero la falta de tal autor no consistirá entonces
en aminorar el elemento espontáneo, sino en aminorar, por
el contrario, el elemento consciente, pues lo que no tendrá
será la "conciencia" para comprender acertadamente
el desarrollo objetivo. Por eso, ya el solo hecho de
-------
* Del editorial del núm. 1 de Iskra. (Véase V. I.
Lenin, Obras Completas, t. IV. -- N. de la Red.)
pág. 65
hablar de "apreciación de
la importancia relativa " (subra yado por Rabócheie
Dielo ) del elemento consciente y de la espontaneidad revela una
falta absoluta de "conciencia". Si ciertos "elementos
espontáneos de desarrollo" son en general accesibles
a la conciencia humana, la apreciación errónea de
los mismos equivaldrá a "aminorar el elemento consciente".
Y si son inaccesibles a la conciencia, no los conocemos y no podemos
hablar de ellos. ¿De qué habla, pues, B. Krichevski?
Si considera erróneos los "planes subjetivos"
de Iskra (y él los declara precisamente erróneos),
debería probar precisamente qué hechos objetivos
no son tenidos en cuenta por esos planes y acusar a Iskra, por
esta razón, de falta de conciencia, de "aminorar el
elemento consciente", usando su lenguaje. Pero si él,
descontento con los planes subjetivos, no tiene más argumentos
que el de invocar la "aminoración del elemento espontáneo"
(!!), no hace sino demostrar con esto que: 1) teóricamente,
comprende el marxismo a lo Karéiev y Mijailovski, suficientemente
puestos en ridículo por Béltov[31]; 2) prácticamente,
se da por satisfecho en absoluto con los "elementos espontáneos
de desarrollo" que arrastraron a nuestros marxistas legales
hacia el bernsteinianismo, y a nuestros socialdemócratas,
hacia el economismo, y muestra una "gran indignación"
contra quienes se han decidido a desviar a toda costa la socialdemocracia
rusa del camino del desarrollo "espontáneo".
Y más adelante siguen ya cosas
completamente divertidas. "Así como los hombres, a
pesar de todos los éxitos de las ciencias naturales, seguirán
multiplicándose según los métodos antediluvianos,
del mismo modo la aparición de un nuevo orden de cosas
social, pese a todos los éxitos de las ciencias sociales
y al aumento del número de los combatien-
pág. 66
tes conscientes, será también
en lo sucesivo, preeminentemente, resultado de explosiones espontáneas"
(pág. 19). Así como la vieja sabiduría dice:
para tener hijos, ¿a quién le faltará la
inteligencia? la sabiduría de los "socialistas modernos"
(a lo Narciso Tuporílov)[32] dice: para participar en la
aparición espontánea de un nuevo sistema social
le alcanzará la inteligencia a cualquiera. Nosotros también
creemos que le alcanzará la inteligencia a cualquiera.
Para participar de este modo, basta ceder al economismo, cuando
reina el economismo, y al terrorismo, cuando el terrorismo ha
surgido. Así, en la primavera de este año, cuando
tanta importancia tenía el prevenir contra el apasionamiento
por el terrorismo, Rabócheie Dielo estaba perplejo ante
este problema "nuevo" para él. Y seis meses más
tarde, cuando la cuestión ha perdido actualidad, nos ofrece
a un mismo tiempo la declaración siguiente: "Entendemos
que la tarea de la socialdemocracia no puede ni debe consistir
en contrarrestar el auge del espíritu terrorista"
(Rabócheie Dielo, núm 10, pág. 23) y la resolución
del Congreso: "El Congreso con sidera inoportuno el terror
agresivo sistemático" (Dos congresos, pág.
18). ¡Qué claridad y congruencia más no tables!
No lo contrarrestamos, pero lo declaramos inoportuno; y lo declaramos
de tal manera, que el terror no sistemático y defensivo
no va incluido en la "resolución" ¡Hay
que reconocer que semejante resolución está a cubierto
de todo peligro y queda garantizada por completo contra los errores,
como lo está un hombre que habla para no decir nada! Y
para redactar semejante resolución, no hacía falta
más que una cosa: saber seguir tras el movimiento manteniéndose
en la cola. Cuando Iskra puso en ridículo a Ra-
pág. 67
bócheie Dielo por haber declarado
que la cuestión del terror era una cuestión nueva[*],
Rabócheie Dielo, enfadado, acusó a Iskra de "una
pretensión verdaderamente increíble de imponer a
la organización del Partido la solución que a los
problemas de táctica había dado hacía más
de 15 años un grupo de escritores emigrados" (pág.
24). En efecto, ¡qué pretensión y qué
exageración del elemento consciente: resolver de antemano
los problemas en teoría, para luego convencer de la justeza
de esa solución tanto a la organización, como al
Partido y a las masas![**] ¡Otra cosa es repetir lugares
comunes y, sin "imponer" nada a nadie, someterse a cada
"viraje", ya sea hacia el economismo, ya sea hacia el
terrorismo! Rabócheie Dielo acusa a Iskra y Sariá
de "oponer su programa al movimiento, como un espíritu
que se cierne sobre un caos amorfo" (pág. 29). Pero
¿en qué consiste el papel de la socialdemocracia
sino en ser el "espíritu" que no sólo
se cierne sobre el movimiento espontáneo, sino que eleva
a este último al nivel de "su programa"? Pues
no ha de consistir en seguir arrastrándose a la cola del
movimiento, cosa que, en el mejor de los casos, sería inútil
para el movimiento y, en el peor de los casos, extremadamente
nocivo. Pero Rabócheie Dielo no sólo sigue esta
"táctica proceso", sino que la erige en un principio,
de modo que sería más justo llamar a esta tendencia
seguidismo, en vez de llamarla oportunismo. Forzosamente hay que
reconocer que quienes están firmemente decididos a seguir
el movimiento marchando a la cola están asegurados, en
absoluto y
-------
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. V. (N. de la Red.)
** No se debe olvidar tampoco que, al resolver "en teoría"
la cuestión del terror, el grupo "Emancipación
del Trabajo" resumió la experiencia del movimiento
revolucionario anterior.
pág. 68
para siempre, contra el error de "aminorar
el elemento espontáneo del desarrollo".
* * *
Nos hemos convencido, pues, de que el error fundamental de la
"nueva tendencia" en el seno de la socialdemocracia
rusa consiste en rendir culto a la espontaneidad, en no comprender
que la espontaneidad de las masas exige de nos otros, socialdemócratas,
una elevada conciencia. Cuanto más poderoso es el auge
espontáneo de las masas, cuanto más amplio se hace
el movimiento, tanto más incomparable es la rapidez con
que aumenta la necesidad de una elevada conciencia, tanto en el
trabajo teórico de la socialdemocracia, como en el político
y en el de organización.
El movimiento ascensional espontáneo
de las masas, en Rusia, ha sido (y sigue siendo) tan rápido,
que la juventud socialdemócrata ha resultado poco preparada
para cumplir esas gigantescas tareas. Esta falta de preparación
es nuestra desgracia común, la desgracia de todos los socialdemócratas
rusos. El auge de las masas se ha producido y se ha extendido
en forma ininterrumpida y continua, y no sólo no ha cesado
donde había comenzado, sino que se ha extendido a nuevas
localidades y nuevas capas de la población (bajo la influencia
del movimiento obrero, se ha reanimado la efervescencia entre
la juventud estudiantil, entre los intelectuales en general, hasta
entre los campesinos). Pero los revolucionarios han quedado rezagados
en este movimiento ascensional, tanto en sus "teorías"
como en su actividad, no han logrado crear una organización
permanente que funcione sin solución de continuidad, capaz
de dirigir todo el movimiento.
pág. 69
En el primer capítulo hemos hecho constar que Rabócheie
Dielo rebaja nuestras tareas teóricas y repite "espontáneamente"
el grito de moda: "libertad de crítica"; los
que lo repiten no han tenido la "conciencia" suficiente
para comprender que son diametralmente opuestas las posiciones
de los "críticos" oportunistas y las de los revolucionarios
en Alemania y en Rusia.
En los capítulos siguientes
examinaremos cómo se ha manifestado el culto de la espontaneidad
en el terreno de las tareas políticas, así como
en la labor de organización de la socialdemocracia.
III
POLITICA TRADEUNIONISTA Y POLITICA
SOCIALDEMOCRATA
Comenzaremos una vez más con
un elogio a Rabócheie Dielo. "Literatura de denuncias
y lucha proletaria" es el título con que Martínov
encabeza, en el núm. 10 de Rabócheie Dielo, un artículo
sobre las discrepancias con Iskra. "No podemos circunscribirnos
a denunciar el estado de cosas que entorpece su desarrollo (el
del Partido obrero). Debemos también hacernos eco de los
intereses inmediatos y cotidianos del proletariado" (pág.
63). Así formulaba Martínov el fondo de esas divergencias.
". . . Iskra . . . es de hecho el órgano de la oposición
revolucionaria, que denuncia el estado de cosas reinante en nuestro
país y, con preferencia, el estado de cosas político.
. . En cambio, nosotros trabajamos y seguiremos trabajando por
la causa obrera, en estrecho contacto orgánico con la lucha
proleta-
pág. 70
ria" (id.). Fuerza es agradecer
a Martínov esta formulación. Adquiere un destacado
interés general, porque, en el fondo, no sólo abarca
nuestras discrepancias con Rabócheie Dielo, sino también,
en general, todas las discrepancias entre nosotros y los "economistas"
en lo que a la lucha política se refiere. Hemos demostrado
ya que los "economistas" no niegan en absoluto la "política",
sino que tan sólo se desvian constantemente de la concepción
socialdemócrata hacia la concepción tradeunionista
de la política. Exactamente igual se desvía Martínov,
y por eso consentimos en tomarlo precisamente a él como
espécimen de las aberraciones económicas en esta
cuestión. Trataremos de demostrar que nadie podrá
echarnos en cara esta elección: ni los autores del "Suplemento
especial de Rabóchaia Misl ", ni los autores de la
proclama del "Grupo de autoemancipación", ni
los autores de la carta economista publicada en el número
12 de Iskra.
a) La agitación política y su restricción
por
los economistas
De todos es sabido que la lucha económica*
de los obreros rusos se extendió en vasta escala y se afianzó
paralelamente a la aparición de la "literatura"
de las denuncias económicas (concernientes a las fábricas
y a los oficios). El contenido principal de las "octavillas"
consistía en denunciar el orden de cosas existente en las
fábricas, y entre los obreros pronto se produjo un verdadero
apasionamiento por estas denun-
-------
* Con el fin de evitar interpretaciones erróneas, hacemos
notar que en la exposición que sigue entendemos por lucha
económica (según el uso establecido entre nosotros)
la "lucha económica práctica", que Engels
llamó, en la cita arriba insertada, "resistencia a
los capitalistas" y que en los países libres se llama
lucha gremial, sindical o tradeunionista.
pág. 71
cias. En cuanto los obreros vieron que
los círculos de los socialdemócratas querian y podian
proporcionarles hojas de nuevo tipo que les decian toda la verdad
sobre su vida miserable, sobre su trabajo increiblemente penoso
y sobre su situación de parias, comenzaron a llover, por
decirlo así, cartas de las fábricas y de los talleres.
Esta "literatura de denuncias" produjo una enorme sensación,
no sólo en las fábricas cuyo estado de cosas fustigaba,
sino en todas las fábricas adonde llegaban noticias de
los hechos denunciados. Y puesto que las necesidades y los padecimientos
de los obreros de distintas empresas y de diferentes oficios tienen
mucho de común, la "verdad sobre la vida obrera"
entusiasmaba a todos. Entre los obreros más atrasados se
desarrolló una verdadera pasión "por aparecer
en letras de molde", pasión noble por esta forma embrionaria
de guerra contra todo el orden social moderno, basado en el pillaje
y en la opresión. Y las "octavillas", en la inmensa
mayoría de los casos, eran realmente una declaración
de guerra, porque la denuncia ejercía una acción
terriblemente excitante, movía a todos los obreros a reclamar
que se pusiera fin a los escándalos más flagrantes
y los disponian a sostener sus reivindicaciones por medio de huelgas.
Los mismos fabricantes tuvieron, en fin de cuentas, que reconocer
hasta tal punto la importancia de las octavillas como declaración
de guerra, que muy a menudo ni siquiera querían aguardar
a la guerra. Las denuncias, como ocurre siempre, se hacían
fuertes por el mero hecho de su aparición, adquiriendo
el valor de una poderosa presión moral. Más de una
vez, bastó con que apareciera una octavilla para que las
reivindicaciones quedaran satisfechas entera o parcialmente. En
una palabra, las denuncias económicas (de las fábricas)
han
pág. 72
sido y siguen siendo en el presente
un motor importante de la lucha económica. Y seguirán
conservando esta importancia mientras subsista el capitalismo,
que engendra necesariamente la autodefensa de los obreros. En
los países europeos más adelantados se puede observar,
incluso actualmente, cómo denuncias de escándalos
que ocurren en alguna "industria" en un punto remoto
o en alguna rama de trabajo a domicilio, olvidada de todos, se
convierten en punto de partida para despertar la conciencia de
clase, para iniciar la lucha sindical y la difusión del
socialismo*.
La inmensa mayoría de los socialdemócratas
rusos ha estado, durante los últimos tiempos, casi enteramente
absorbida por ese trabajo de organización de las denuncias
en las fábricas. Baste recordar el caso de Rab. Misl para
ver hasta qué punto había llegado esa absorción,
cómo se había llegado a olvidar que esa actividad
por sí sola no era aún, en el fondo, socialdemócrata,
sino solamente tradeunionista. En realidad, las denuncias no se
referían más que a las re-
-------
* En el presente capítulo hablamos únicamente de
la lucha política, de su concepto más amplio o más
restringido. Por eso, señalaremos sólo de paso,
como un simple hecho curioso, la acusación lanzada por
Rabócheie Dielo contra Iskra de "abstención
excesiva" en cuanto a la lucha económica. (Dos congresos,
pág. 27; repetida machaconamente por Martínov en
su folleto La socialdemocracia y la clase obrera ). Si los señores
acusadores midieran en puds o en pliegos de imprenta (como gustan
de hacerlo) la sección de Iskra dedicada a la lucha económica
durante el año y la compararan con la misma sección
de R. Dielo y R. Misl juntos, verían en se guida que, incluso
en este sentido, están atrasados. Es evidente que la conciencia
de esta sencilla verdad les fuerza a recurrir a argumentos que
demuestran claramente su confusión. Iskra -- escriben --,
"quiéralo o no [!], tiene que [!] tomar en consideración
las exigencias imperiosas de la vida y publicar, cuando menos
[!!], cartas sobre el movimiento obrero" (Dos congresos,
pág. 27). ¡Este sí que es un argumento que
nos deja verdaderamente aniquilados!
pág. 73
laciones de los obreros de un oficio
determinado con sus patronos respectivos, y el único objetivo
que lograba era que los vendedores de la fuerza de trabajo aprendieran
a vender esa "mercancía" con mayores ventajas
y a luchar contra los compradores en el terreno de transacciones
puramente comerciales. Estas denuncias podían convertirse
(a condición de que la organización de los revolucionarios
las utilizase en cierto grado) en punto de partida y elemento
integrante de la actividad socialdemócrata, pero asimismo
podían conducir (y, con el culto de la espontaneidad, tenían
forzosamente que conducir) a la lucha "exclusivamente sin
dical" y a un movimiento obrero no-socialdemócrata.
La socialdemocracia dirige la lucha de la clase obrera no sólo
para obtener condiciones ventajosas de venta de la fuerza de trabajo,
sino para que sea destruido el régimen social que obliga
a los desposeídos a vender su fuerza de trabajo a los ricos.
La socialdemocracia representa a la clase obrera no sólo
en su relación con un grupo determinado de patronos, sino
en sus relaciones con todas las clases de la sociedad contemporánea,
con el Estado como fuerza política organizada. Se comprende,
por tanto, que los socialdemócratas no sólo no pueden
circunscribirse a la lucha económica, sino que ni siquiera
pueden admitir que la organización de las denuncias económicas
constituya su actividad predominante. Debemos emprender activamente
la labor de educación política de la clase obrera,
de desarrollo de su conciencia política. Hoy día,
después de la primera acometida de Sariá e Iskra
contra el economismo, "todo el mundo está de acuerdo"
con eso (si bien hay algunos que lo están sólo de
palabra, como veremos en seguida).
Cabe preguntar en qué debe consistir
la educación política. ¿Es posible limitarse
a la propaganda de la idea de
pág. 74
que la clase obrera es hostil a la autocracia?
Naturalmente que no. No basta explicar la opresión política
de que son objeto los obreros (de la misma manera que no bastaba
explicarles el antagonismo entre sus intereses y los de los patronos).
Es necesario hacer agitación con motivo de cada manifestación
concreta de esa opresión (como comenzamos a hacerla con
motivo de las manifestaciones concretas de opresión económica).
Y puesto que las más diversas clases de la sociedad son
víctimas de esta opresión, puesto que se manifiesta
en los más diferentes aspectos de la vida y de la actividad
sindical, civil, personal, familiar, religiosa, científica,
etc., etc., ¿no es evidente que no cumpliríamos
nuestra misión de desarrollar la conciencia política
de los obreros si no nos comprometiéramos a organizar una
vasta campaña de denuncias de la autocracia? Porque, para
hacer agitación con motivo de las manifestaciones concretas
de la opresión, es preciso denunciar esas manifestaciones
(lo mismo que, para hacer la agitación económica,
era necesario denunciar los abusos cometidos en las fábricas).
Se diría que la cosa está
clara. Pero aquí, precisamente, es donde resulta que sólo
de palabra está "todo el mundo" de acuerdo en
cuanto a la necesidad de desarrollar la conciencia política
en todos sus aspectos. Aquí, precisamente, es donde resulta
que Rabócheie Dielo, por ejemplo, no sólo no ha
emprendido la labor de organizar denuncias políticas en
todos los aspectos (o comenzar su organización), sino que
se ha puesto a arrastrar hacia atrás también a Iskra,
que había emprendido esa tarea. Oíd: "La lucha
política de la clase obrera es sólo [precisamente,
no es sólo] la forma más desarrollada, más
amplia y efectiva de la lucha económica" (programa
de Rabócheie Dielo : véase su núm. 1, pág.
pág. 75
3). "En el presente, ante los socialdemócratas
se plantea la tarea de imprimir a la lucha económica misma,
en lo posible, un carácter político" (Martínov,
en el núm. 10, pág. 42). "La lucha económica
es el medio más ampliamente aplicable para incorporar a
las masas a la lucha política activa" (Resolución
del Congreso de la Unión y "enmiendas"; véase:
Dos congresos, págs. 11 y 17). Como ve el lector, todas
estas tesis impregnan Rabócheie Dielo desde su aparición
misma y hasta las últimas "instrucciones a la redacción",
y todas ellas expresan, evidentemente, un concepto único
de la agitación y de la lucha políticas. Analizad,
pues, este concepto desde el punto de vista del criterio, que
domina entre todos los economistas, de que la agitación
política debe seguir a la económica. ¿Será
cierto que la lucha económica es, en general*, "el
medio más ampliamente aplicable" para incorporar a
las masas a la lucha política? Completamente falso. Medios
no menos "ampliamente aplicables" para tal "incorporación"
son todas las manifestaciones de la opresión policiaca
y de los desmanes de la autocracia, y de ningún modo tan
sólo las manifestaciones ligadas a la lucha económica.
¿Por qué los zemskie nachál-
-------
* Decimos "en general", porque en Rab. Dielo se trata
precisamente de los principios generales y de las tareas generales
del Partido entero. No cabe duda de que en la práctica
suelen darse casos en que la política debe efectivamente
seguir a la economía, pero únicamente los economistas
pueden decir esto en una resolución destinada a toda Rusia.
Pues hay también casos en que "desde el comienzo mismo"
se puede llevar a cabo la agitación política "únicamente
en el terreno económico", y, no obstante, Rab. Dielo
ha llegado, por fin, a la conclusión de que "no hay
ninguna necesidad" de ello (Dos congresos, pág. 11).
En el capítulo siguiente señalaremos que la táctica
de los "políticos" y de los revolucionarios,
lejos de desconocer las tareas tradeunionistas de la socialdemocracia,
es, por el contrario, la única que asegura su realización
consecuente.
pág. 76
niki [*] y los castigos corporales de
que son objeto los campesinos, las concusiones de los funcionarios
y el trato que la policía da a la "plebe" de
las ciudades, la lucha contra los hambrientos y la persecución
de los deseos de ilustración y de saber que siente el pueblo,
la exacción de tributos y la persecución de las
sectas, la dura disciplina del palo impuesta a los soldados y
el trato cuartelero que reciben los estudiantes y los intelectuales
liberales; por qué todas estas manifestaciones de opresión,
así como miles de manifestacio nes análogas, que
no están directamente ligadas a la lucha "económica",
han de representar en general medios y motivos menos "ampliamente
aplicables" para la agitación política, para
incorporar a las masas a la lucha política? Justamente
al revés: en la suma total de los casos cotidianos en que
el obrero sufre (él mismo y las personas allegadas a él)
falta de derechos, arbitrariedad y violencia, es indudable que
sólo constituyen una pequeña minoría los
casos de opresión policiaca precisamente en el terreno
de la lucha sindical. ¿Para qué, pues, restringir
de antemano la amplitud de la agitación política,
declarando "más ampliamente aplicable" sólo
uno de los medios, al lado del cual, para un socialdemócrata,
deben hallarse otros que, hablando en general, no son menos "ampliamente
aplicables"?
En tiempos muy, muy remotos (¡hace
un año!. . .), Rabócheie Dielo decía: "Las
reivindicaciones políticas inmediatas se hacen asequibles
a las masas después de una huelga o, a lo sumo, de varias
huelgas", "en cuanto el gobierno emplea
-------
* Zemskie nachálniki -- Representantes del Poder público
en el campo, destacados de la nobleza terrateniente local y que
estaban investidos de poder administrativo y judicial sobre la
población campesina. La función de los zemskie nachálniki
fue introducida en 1889 y subsistió hasta la caida del
zarismo en Rusia. (N. de la Red.)
pág. 77
la policía y la gendarmería"
(núm. 7, pág. 15, agosto de 1900). Ahora, esta teoría
oportunista de las fases ha sido ya rechazada por la "Unión",
que nos hace una concesión, declarando: "no hay ninguna
necesidad de desarrollar desde el comienzo mismo la agitación
política exclusivamente sobre el terreno económico"
(Dos congresos, pág. 11). ¡El futuro historiador
de la socialdemocracia rusa, por este solo hecho de que la "Unión"
repudie una parte de sus viejos errores, verá, mejor que
por los más largos razonamientos, hasta qué punto
han envilecido el socialismo nuestros economistas! Pero ¡qué
ingenuidad la de la "Unión" al figurarse que,
a cambio de esta renuncia a una forma de restricción de
la política, podía llevarnos a consentir la otra
forma de restricción! ¿No hubiera sido acaso más
lógico decir, también aquí, que se debe desarrollar
lo más ampliamente posible la lucha económica, que
es preciso utilizarla siempre para la agitación política,
pero que "no hay ninguna necesidad" de considerar la
lucha económica como el medio más ampliamente aplicable
para incorporar a las masas a una lucha política activa?
La "Unión" atribuye
importancia al hecho de haber reemplazado por las palabras "el
medio más ampliamente aplicable" la expresión
"el mejor medio", que figura en la resolución
correspondiente del IV Congreso de la Unión Obrera Judía
(Bund). Por cierto que nos veríamos en un aprieto si tuviésemos
que decir cuál de estas dos resoluciones es mejor: a nuestro
juicio, las dos son peores. Tanto la "Unión"
como el Bund se desvían en este caso (en parte quizás
hasta inconscientemente, bajo la influencia de la tradición)
hacia una interpretación economista, tradeunionista, de
la política. En el fondo, la cosa no cambia en nada con
que esta interpretación se haga empleando el terminajo:
pág. 78
"mejor" o con que se emplee
el terminajo: "más ampliamente aplicable". Si
la "Unión" dijera que la "agitación
política sobre el terreno económico" es el
medio más ampliamente aplicado (y no "aplicable"),
tendría razón con respecto a cierto período
del desarrollo de nuestro movimiento socialdemócrata. A
saber: tendría razón precisamente con respecto a
los economistas, con respecto a muchos militantes prácticos
(si no a la mayoría de ellos) de 1898 a 1901, puesto que
esos militantes prácticos-economistas, en efecto, aplicaron
la agitación política (¡en el grado en que,
en general, la practicaban!) casi exclusivamente al terreno económico.
¡Semejante agitación política era aceptada
y hasta recomendada, como hemos visto, tanto por Rab. Misl como
por el "Grupo de Autoemancipación"! Rab. Dielo
debiera haber condenado resueltamente el hecho de que la obra
útil de agitación económica fuera acompañada
de una restricción nociva de la lucha política;
pero, en vez de hacerlo, declara que ¡el medio más
aplicado (por los economistas ) es el medio más aplicable!
No es de extrañar que estas gentes, cuando las tildamos
de economistas, no encuentren más salida que insultarnos
a más no poder, llamándonos "mixtificadores",
"desorganizadores", "nuncios del papa", "calumniadores"*;
llorar ante todo el mundo diciendo que les hemos inferido una
afrenta sangrante; declarar casi bajo juramento que "ni una
sola organización socialdemócrata peca hoy día
de economismo"**. ¡Ah, esos calumniadores, esos hombres
malos, esos políticos! ¿No habrán inventado
a
-------
* Así se expresa literalmente el folleto Dos congresos,
págs. 31, 32, 28 y 30.
** Dos congresos, pág. 32.
pág. 79
propósito todo el economismo
para inferir a la gente, por simple odio a la humanidad, afrentas
sangrantes?
¿Qué sentido concreto,
real, tiene, en labios de Martínov, el hecho de plantear
ante la socialdemocracia la tarea de "imprimir a la lucha
económica misma un carácter político"?
La lucha económica es la lucha colectiva de los obreros
contra los patronos por conseguir condiciones ventajosas de venta
de la fuerza de trabajo, por mejorar las condiciones de trabajo
y de vida de los obreros. Esta lucha es, necesariamente, una lucha
profesional, porque las condiciones de trabajo son extremadamente
variadas en los distintos oficios y, por tanto, la lucha por la
mejora de estas condiciones tiene que hacerse forzosamente por
oficios (por los sindicatos en Occidente, por asociaciones profesionales
de carácter provisional y por medio de octavillas en Rusia,
etc.). Imprimir a la "lucha económica misma un carácter
político" significa, por tanto, procurar la consecución
de esas mismas reivindicaciones profesionales, de ese mismo mejoramiento
de las condiciones de trabajo en los oficios por medio de "medidas
legislativas y administrativas" (según se expresa
Martínov en la página siguiente, 43, de su artículo).
Es justamente lo que siempre hacen y han hecho todos los sindicatos
obreros. Ojead la obra de los esposos Webb*, verdaderos eruditos
(y "verdaderos" oportunistas), y veréis que los
sindicatos obreros ingleses, desde hace ya mucho tiempo, han comprendido
y reali2an la tarea de "imprimir a la lucha económica'
misma un carácter político"; desde hace mucho
tiempo, luchan por la libertad de huelga, por la supresión
de todos los obstáculos jurídicos que se oponen
-------
* Se alude al libro de Sidney y Beaíriz Webb Industrial
democracy (La democracia industrial ). (N. de la Red.)
pág. 80
al movimiento cooperativo y sindical,
por la promulgación de leyes de protección de la
mujer y del niño, por mejorar las condiciones de trabajo
por medio de una legislación sanitaria e industrial, etc.
¡Así, pues, la frase
pomposa de "imprimir a la lucha económica misma un
carácter político", "terriblemente"
profunda y revolucionaria, oculta, en el fondo, la tendencia tradicional
a rebajar la política socialdemócrata al nivel de
la política tradeunionista! So pretexto de rectificar la
unilateralidad de Iskra, que prefiere -- habéis de saberlo
-- "revolucionar el dogma a revolucionar la vida"* nos
ofrecen como algo nuevo la lucha por las reformas económicas.
En efecto, la frase "imprimir a la lucha económica
misma un carácter político" no tiene absolutamente
ningún otro contenido que la lucha por las reformas económicas.
Y el mismo Martínov habría podido llegar a esta
conclusión simplota, si hubiese meditado debidamente en
la significación de sus propias palabras. "Nuestro
Partido -- dice, dirigiendo su artillería más pesada
contra Iskra -- podría y debería plantear ante el
gobierno reivindicaciones concretas de medidas legislativas y
administrativas contra la explotación económica,
contra el paro forzoso, contra el hambre, etc." (Rabócheie
Dielo, núm. 10, págs. 42-43). Reivindicar medidas
concretas, ¿no es acaso reclamar reformas sociales? Y preguntamos
una vez más a los lectores imparciales si calumniamos a
los partidarios de Rabócheie Dielo (¡que se
-------
* Rabocheie Dielo, núm. 10, pág. 60. En esta variante
aplica Martínov al caótico estado actual de nuestro
movimiento la tesis: "cada paso de movimiento real es más
importante que una docena de programas", tesis que ya hemos
caracterizado más arriba. En el fondo, esto no es sino
una traducción al ruso de la célebre frase de Bernstein:
"el movimiento lo es todo; el objetivo final, nada".
pág. 81
me perdone este poco feliz vocablo en
boga!) al calificarlos de bernsteinianos velados, cuando ellos
lanzan, como discrepancia con Iskra, la tesis sobre la necesidad
de la lucha por reformas económicas.
La socialdemocracia revolucionaria
siempre ha incluido y sigue incluyendo en la órbita de
sus actividades la lucha por las reformas. Pero utiliza la agitación
"económica" no sólo para reclamar del
gobierno toda clase de medidas, sino también (y en primer
término) para exigir que deje de ser un gobierno autocrático.
Además, considera su deber presentar al gobierno esta exigencia
no sólo sobre el terreno de la lucha económica,
sino también sobre el terreno de todas las manifestaciones
en general de la vida social y política. En una palabra,
como la parte al todo, subordina la lucha por las reformas a la
lucha revolucionaria por la libertad y el socialismo. En cambio,
Martínov resucita en una forma distinta la teoría
de las fases, tratando de prescribir infaliblemente la vía
económica, por decirlo así, del desarrollo de la
lucha política. Propugnando en un momento de ascenso revolucionario
como una pretendida "tarea" especial la lucha por reformas,
arrastra con ello al Partido hacia atrás y hace el juego
al oportunismo "economista" y liberal.
Prosigamos. Después de ocultar
púdicamente la lucha por las reformas tras la pomposa tesis
de "imprimir a la lucha económica misma un carácter
político", Martínov presenta como algo particular
únicamente las reformas económicas (y hasta sólo
las reformas en la vida fabril). No sabemos por qué lo
ha hecho. ¿Tal vez por descuido? Pero si no hubiera tenido
en cuenta más que las reformas "fabriles", su
tesis entera, que acabamos de exponer, perdería todo sentido.
¿Tal vez porque estima posible y probable
pág. 82
que el gobierno haga "concesiones"
únicamente en el terreno económico?[*] De ser así,
resultaría un error extraño: las concesiones son
posibles y son hechas también en el terreno de la legislación
sobre castigos corporales, pasaportes, pagos de rescate, sectas,
censura, etc., etc. Las concesiones "económicas"
(o seudo-concesiones) son, se entiende, las más baratas
y las más ventajosas para el gobierno, pues espera ganarse
con ellas la confianza de las masas obreras. Pero, precisamente
por eso, nosotros, los socialdemócratas, no debemos de
ningún modo y absolutamente por ningún motivo dar
lugar a la opinión (o a la equivocación) de que
apreciamos más las reformas económicas, de que justamente
estas reformas las consideramos de particular importancia, etc.
"Estas reivindicaciones -- dice Martínov con respecto
a las reivindicaciones concretas de medidas legislativas y administrativas
de que habla más arriba -- no serían un simple gesto,
puesto que, al prometer ciertos resultados tangibles, podrían
ser sostenidas activamente por la masa obrera". . . No somos
economistas, ¡oh, no! ¡Unicamente nos arrastramos
a los pies de la "tangibilidad" de resultados concretos,
tan servilmente como lo hacen los señores Bernstein, Prokopóvich,
Struve, R. M. y tutti quanti! ¡Unicamente damos a entender
(con Narciso Tuporílov) que todo lo que no "promete
resultados tangibles" es un "simple gesto"! ¡No
hacemos sino expresarnos como si la masa obrera no fuese capaz
(y como si no hubiese demostrado su capacidad, pese a todos los
que cargan sobre aquélla el fi-
-------
* Pág. 43: "Naturalmente, si recomendamos a los obreros
que formulen ciertas reivindicaciones económicas al gobierno,
lo hacemos porque en el terreno económico el gobierno autócrata
está dispuesto, por necesidad, a hacer ciertas concesiones".
pág. 83
listeísmo propio) de sostener
activamente toda protesta contra la autocracia, incluso la que
no le promete absolutamente ningún resultado tangible!
Tomemos aunque más no sea esos
mismos ejemplos citados por el propio Martínov sobre las
"medidas" contra el paro forzoso y el hambre. Mientras
Rabócheie Dielo se ocupa, según promete, de elaborar
y desarrollar "reivindicaciones concretas (¿en forma
de proyectos de ley?) de medidas legislativas y administrativas",
que "prometan resultados tangibles", Iskra, "que
coloca invariablemente la revolucionarización del dogma
por encima de la revolucionarización de la vida",
ha tratado de explicar el nexo que une íntimamente el paro
forzoso a todo el régimen capitalista, advirtiendo que
"viene el hambre", denunciando "la lucha de la
policía contra los hambrientos", así como el
escandaloso "reglamento provisional de tipo inquisitorial",
y Sariá ha publicado en edición especial, como folleto
de agitación, la parte de su "Revista de política
interior"* dedicada al hambre. Pero, Dios mío, ¡qué
"unilaterales" han sido esos ortodoxos incorregiblemente
estrechos, esos dogmáticos, sordos a los imperativos de
la "vida misma"! ¡Ni uno solo de sus artículos
ha contenido -- ¡qué horror! -- ni una sola fijaos
bien, ni siquiera una sola "reivindicación concreta"
que "prometa resultados tangibles"! ¡Desgraciados
dogmáticos! ¡Habría que llevarlos a aprender
con los Krichevski y los Martínov, para que se convencieran
de que la táctica es el proceso del crecimiento, de lo
que crece, etc., y que es necesario imprimir a la lucha económica
misma un carácter político!
-------
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. V. (N. de la Red.).
pág. 84
"La lucha económica de los obreros contra los patronos
y el gobierno (¡¡"lucha económica contra
el gobierno"!!), además de su significación
directamente revolucionaria, tiene también la de llevar
continuamente a los obreros a pensar en su privación de
derechos políticos" (Martínov, pág.
44). Hemos insertado esta cita, no para repetir por centésima
o milésima vez lo que ya hemos dicho más arriba,
sino para agradecer especialmente a Martínov esta nueva
y excelente formulación: "La lucha económica
de los obreros contra los patronos y el gobierno". ¡Formidable!
Con qué inimitable talento, con qué magistral eliminación
de todas las discrepancias parciales y diferencias de matices
entre los economistas tenemos aquí expresada, en una exposición
concisa y clara, toda la esencia del economismo, comenzando por
llamar a los obreros a la "lucha política en aras
del interés general, para mejorar la situación de
todos los obreros"[*], continuando luego con la teoría
de las fases y terminando con la resolución del Congreso
sobre el medio "más ampliamente aplicable", etc.
"La lucha económica contra el gobierno" es precisamente
política tradeunionista, que está a una distancia
muy grande, pero muy grande de la política socialdemócrata.
b) De cómo Martínov ha profundizado a Plejánov
"¡Qué de Lomonósov
socialdemócratas han aparecido estos últimos tiempos
en nuestro país!", observó cierto día
un camarada, refiriéndose a la asombrosa inclinación
por la que mucha gente propensa al economismo quiere llegar indefectiblemente
por "su propia inteligencia" a las grandes
-------
* Rabóchaia Misl -- "Suplemento especial", pág.
14.
pág. 85
verdades (por el estilo de aquello de
que la lucha económica hace pensar a los obreros en su
estado de parias) desconociendo, con un desdén magnífico
de genios innatos, todo cuanto ya ha dado el desarrollo anterior
del pensamiento revolucionario y del movimiento revolucionario.
Un genio de esta índole es precisamente el Lomonósov-Martínov.
Ojead su artículo "Problemas del día"
y veréis cómo se aproxima, con "su propia inteligencia",
a cosas que hace ya mucho tiempo había expuesto Axelrod
(acerca del cual nuestro Lomonósov guarda, naturalmente,
un silencio absoluto); cómo empieza, por ejemplo, a comprender
que no podemos pasar por alto la oposición de tales o cuales
capas de la burguesía (Rabócheie Dielo, núm.
9, págs. 61, 62, 71; comparad con la "Respuesta"
de la redacción de Rabócheie Dielo a Axelrod, págs.
22, 23, 24), etc. Pero -- ¡oh! -- sólo "se aproxima"
y sólo "empieza", nada más; pues, a pesar
de todo, hasta tal punto no ha comprendido aún las ideas
de Axelrod, que habla de "lucha económica contra los
patronos y el gobierno". En el curso de tres años
(de 1898 a 1901), Rabócheie Dielo venía acumulando
fuerzas para comprender a Axelrod y, no obstante, ¡no lo
ha comprendido! ¿Tal vez esto ocurre también porque
la socialdemocracia, "lo mismo que la humanidad", siempre
se plantea únicamente tareas realizables?
Pero no sólo se distinguen los
Lomonósov por ignorar mucho (¡ésta sería
una desgracia a medias!), sino también por no percatarse
de su ignorancia. Esto ya es una verdadera desgracia, y esta desgracia
es la que los mueve sin más a emprender la labor de "profundizar"
a Plejánov.
"Desde que Plejánov
escribió el opúsculo citado Sobre las tareas de
los socialistas en la lucha contra el hambre en Rusia, ha corrido
mucha agua bajo los puentes -- cuenta Lomonósov-Martínov
--. Los so-
pág. 86
cialdemócratas, que en el transcurso
de lo años han dirigido la lucha económica de la
clase obrera. . . no han tenido aún tiempo de ofrecer una
amplia fundamentación teórica de la táctica
del Partido. Actualmente esta cuestión ha madurado, y,
si quisiéramos ofrecer una fundamentación teórica
de esta indole, nos veriamos, sin duda, precisados a profundizar
considerablemente los principios tácticos desarrollados
en su tiempo por Plejánov. . . Nos veríamos, ahora,
precisados a definir la diferencia entre propaganda y agitación
de una manera distinta a la establecida por Plejánov"
(Martínov acaba de citar las palabras de Plejánov:
"El propagandista inculca muchas ideas a una sola persona
o a un pequeño número de personas, mientras que
el agitador inculca una sola idea o un pequeño número
de ideas, pero, en cambio, las inculca a toda una masa de personas").
"Por propaganda entenderiamos la explicación revolucionaria
de todo el régimen actual o de sus manifestaciones parciales,
indiferentemente de si ello se hace en forma accesible para algunas
personas solamente o para las grandes masas. Por agitación,
en el sentido estricto de la palabra (¡sic! ), entenderiamos
el llamamiento dirigido a las masas para ciertas acciones concretas,
el contribuir a la intervención revolucionaria directa
del proletariado en la vida social".
Felicitamos a la socialdemocracia rusa
así como a la internacional -- por esta nueva terminología
martinoviana, más rigurosa y más profunda. Hasta
ahora creíamos (con Plejánov y con todos los jefes
del movimiento obrero internacional) que un propagandista, si
trata, por ejemplo, la cuestión del paro forzoso, debe
explicar la naturaleza capitalista de las crisis, señalar
la causa de la inevitabilidad de las mismas en la sociedad actual,
indicar la necesidad de transformar la sociedad capitalista en
socialista, etc. En una palabra, debe ofrecer "muchas ideas",
tantas, que todas esas ideas, en su conjunto, podrán ser
asimiladas en el acto sólo por pocas (relativamente) personas.
En cambio, el agitador, al hablar de esta misma cuestión,
tomará un ejemplo, el más destacado y más
conocido de su auditorio -- pongamos por caso, el de una familia
de parados muerta de hambre, el aumento de la miseria, etc. --
y, aprovechando este hecho conocido de todos y cada uno, dirigirá
todos sus
pág. 87
esfuerzos a dar a la "masa"
una sola idea : la idea de lo absurdo de la contradicción
existente entre el incremento de la riqueza y el aumento de la
miseria; tratará de despertar en la masa el descontento
y la indignación contra esta flagrante injusticia, dejando
al propagandista la explicación completa de esta contradicción.
Por eso, el propagandista procede, principalmente, por medio de
la palabra impresa, mientras que el agitador actúa de viva
voz. Al propagandista se le exigen cualidades distintas que al
agitador. Así, llamaremos propagandistas a Kautsky y a
Lafargue; Bebel y Guesde, agitadores. Y establecer un tercer terreno
o tercera función de actividad práctica, involucrando
en esta función el "llamamiento dirigido a las masas
para ciertas acciones concretas", es el desatino más
grande, pues el "llamamiento", como acto aislado, o
bien es un complemento natural e inevitable del tratado teórico,
del folleto de propaganda y del discurso de agitación,
o bien constituye una función netamente ejecutiva. En efecto,
tomemos, por ejemplo, la lucha actual de los socialdemócratas
alemanes contra los aranceles sobre los cereales. Los teóricos,
en sus estudios de investigación sobre la política
aduanera, "llaman", digámoslo así, a luchar
por la conclusión de tratados comerciales y por la libertad
de comercio; lo mismo hacen el propagandista, en las revistas,
y el agitador, en sus discursos públicos. La "acción
concreta" de la masa consiste en ese caso en estampar sus
firmas al pie de una petición dirigida al Reichstag, exigiendo
que no sean aumentados los aranceles sobre los cereales El llamamiento
a esta acción parte indirectamente de los teóricos,
de los pro pagandistas y de los agitadores, y, directamente, de
los obreros que recorren las fábricas y las viviendas particulares
con las listas de adhesión a la petición. Según
la "termi-
pág.
nología de Martínov",
resultaría que Kautsky y Bebel son ambos propagandistas,
y que los portadores de las listas de adhesión son agitadores.
¿No es así?
El ejemplo de los alemanes me ha hecho
recordar la palabra alemana "Verballhornung", literalmente
"ballhornización". Juan Ballhorn era un editor
de Leipzig, del siglo XVI; editó un abecedario, en el que,
como era costumbre, estampó un dibujo que representaba
un gallo, pero, en lugar del dibujo habitual del gallo con espolones,
figuraba uno sin espolones y con un par de huevos al lado. La
portada del abecedario decia: "Edición corregida por
Juan Ballhorn". Desde entonces, los alemanes dicen "Verballhornung"
al referirse a una "corrección" que, de hecho,
empeora lo corregido. Y, quiérase o no, uno recuerda a
Ballhorn al ver cómo los Martínov "profundizan"
a Plejánov. . .
¿Para qué habrá
"inventado" nuestro Lomonósov este embrollo?
Para demostrar que Iskra, "lo mismo que lo hizo Plejánov
hace ya unos quince años, presta atención a un solo
aspecto de la cuestión" (pág. 39). "Según
Iskra, cuando menos para el presente período, las tareas
de propaganda relegan a segundo plano las tareas de agitación"
(pág. 52). Si traducimos esta última frase del lenguaje
de Martínov a un lenguaje corriente (pues la humanidad
no ha tenido tiempo aún de adoptar esta terminología
recién descubierta), resulta lo siguiente: según
Iskra, las tareas de propaganda y de agitación política
relegan a segundo plano la tarea de "plantear ante el gobierno
reivindicaciones concretas de medidas legislativas y administrativas",
que "prometan ciertos resultados tangibles" (o, en otros
términos, la reivindicación de reformas sociales,
si se nos permite emplear todavía una vez más la
vieja terminología de la vieja humanidad, que no ha llegado
aún al nivel de Mar-
pág. 89
tínov). Proponemos al lector
comparar con esta tesis el siguiente fragmento:
"Nos asombra en estos programas
(en los programas de los socialdemócratas revolucionarios)
tanto el que eternamente pongan en primer plano las ventajas de
la actividad de los obreros en el parlamento (que no existe en
nuestro país), pasando completamente por alto (debido a
su nihilismo revolucionario) la importancia de la participación
de los obreros en las asambleas legislativas de los fabricantes,
asambleas que sí existen en nuestro país, para discutir
asuntos de las fábricas. . . o bien la importancia de la
participación de los obreros aunque sólo sea en
la administración municipal urbana. . ."
El autor de este párrafo expresa
algo más directa, clara y francamente la idea a que ha
llegado por su propia inteligencia Lomonósov-Martínov.
El autor es R. M., en el "Suplemento especial de Rabóchaia
Misl " (pág. 15).
c) Las denuncias políticas y la "educación
de
la actividad revolucionaria"
Al lanzar contra Iskra su "teoría"
de la "elevación de la actividad de la masa obrera",
Martínov, en realidad, ha puesto al descubierto su tendencia
a rebajar esta actividad, pues ha declarado que el medio preferente,
de particular importancia, "más ampliamente aplicable"
para despertarla y el campo de dicha actividad, era esa misma
lucha económica, ante la cual se han arrastrado todos los
economistas. Este error es precisamente característico,
porque no sólo es propio de Martínov. Pues, en realidad,
se puede "elevar la actividad de la masa obrera" únicamente
a condición de que no nos circunscribamos a la "agitación
política sobre el terreno económico". Y una
de las condiciones esenciales para esa extensión indispensable
de la agitación política es organizar denuncias
políticas que abarquen todos los terre-
pág. 90
nos. La conciencia política y
la actividad revolucionaria de las masas no pueden educarse sino
a base de estas denuncias. Por eso, esta actividad constituye
una de las funciones más importantes de toda la socialdemocracia
internacional, pues incluso la libertad política no elimina
en lo más mínimo, sino que lo único que hace
es desplazar un poco la esfera a la que van dirigidas esas denuncias.
Por ejemplo, el Partido alemán afianza sobre todo sus posiciones
y extiende su influencia, precisamente gracias a la persistente
energía de sus campañas de denuncias políticas.
La conciencia de la clase obrera no puede ser una conciencia verdaderamente
política, si los obreros no están acostumbrados
a hacerse eco de todos los casos de arbitrariedad y opresión,
de violencias y abusos de toda especie, cualesquiera que sean
las clases afectadas; a hacerse eco, además, precisamente
desde el punto de vista socialdemócrata, y no desde ningún
otro. La conciencia de las masas obreras no puede ser una verdadera
conciencia de clase, si los obreros no aprenden, a base de hechos
y acontecimientos políticos concretos y, además,
de actualidad, a observar a cada una de las otras clases sociales,
en todas las manifestaciones de la vida intelectual, moral y política
de esas clases; si no aprenden a aplicar en la práctica
el análisis materialista y la apreciación materialista
de todos los aspectos de la actividad y de la vida de todas las
clases y grupos de la población. Quien oriente la atención,
la capacidad de observación y la conciencia de la clase
obrera exclusivamente, o aunque sólo sea con preferencia,
hacia ella misma, no es un socialdemócrata, pues el conocimiento
de sí misma, por parte de la clase obrera, está
inseparablemente ligado a la completa nitidez no sólo de
los conceptos teóricos. . . o mejor dicho: no tanto de
los conceptos teóricos, como de las ideas elabo-
pág. 91
radas sobre la base de la experiencia
de la vida política, acerca de las relaciones entre todas
las clases de la sociedad actual. Esta es la razón de que
sea tan profundamente nociva y tan profundamente reaccionaria,
por su significación práctica, la prédica
de nuestros economistas de que la lucha económica es el
medio más ampliamente aplicable para incorporar a las masas
al movimiento político. A fin de llegar a ser un socialdemócrata,
el obrero debe formarse una idea clara de la naturaleza económica
y de la fisonomía social y política del terrateniente
y del cura, del dignatario y del campesino, del estudiante y del
vagabundo, conocer sus lados fuertes y sus lados flacos, saber
orientarse en las frases y sofismas de toda clase más corrientes,
con los que cada clase y cada capa encubre sus apetitos egoístas
y su verdadera "naturaleza", saber distinguir qué
instituciones y leyes reflejan estos u otros intereses y cómo
precisamente los reflejan. Y no es en los libros donde puede encontrarse
esta "idea clara": la pueden proporcionar imicamente
cua dros vivos, así como denuncias, formuladas sobre huellas
frescas, de todo cuanto suceda en un momento determinado en torno
nuestro, de lo que todos y cada uno hablan a su manera o sobre
lo que cuando menos cuchichean, de lo que se manifiesta en determinados
acontecimientos, cifras, sen tencias judiciales, etc., etc., etc.
Estas denuncias políticas que abarcan todos los aspectos
de la vida son una condición indispensable y fundamental
para educar la actividad revolucionaria de las masas.
¿Por qué el obrero
ruso manifiesta todavía poca actividad revolucionaria frente
al trato bestial de que la policía hace objeto al pueblo,
frente a las persecuciones de las sectas, frente a los castigos
corporales impuestos a los campesinos,
pág. 92
frente a los abusos de la censura, los
malos tratos de que son objeto los soldados, las persecuciones
de las iniciativas culturales más inofensivas, etc.? ¿No
será porque no le "hace pensar" en ello la "lucha
económica", porque eso le "promete" pocos
"resultados tangibles", porque no le ofrece nada "positivo"?
No; semejante juicio, repetimos, no es sino una tentativa de cargar
culpas en cabeza ajena, cargar el filisteísmo propio (como
también el bernsteinianismo) sobre la masa obrera. Debemos
imputar la culpa a nosotros mismos, a nuestro atraso con respecto
al movimiento de las masas, a no haber sabido aún organizar
denuncias suficientemente amplias, resonantes, rápidas,
contra todas esas ignominias. Si llegamos a hacerlo (y debemos
y podemos hacerlo), el obrero más atrasado comprenderá
o sentirá que el estudiante y el miembro de una secta,
el mujik y el escritor son vejados y atropellados por esa misma
fuerza tenebrosa, que tanto le oprime y le sojuzga a él
en cada paso de su vida, y al sentirlo, él mismo querrá
reaccionar, lo querrá con un deseo incontenible, y sabrá,
entonces, organizar hoy una batahola contra los censores, desfilar
mañana en manifestación ante la casa del gobernador
que haya sofocado un alzamiento de campesinos, dar pasado mañana
una lección a los gendarmes con sotana que desempeñan
la función de la santa inquisición, etc. Hasta ahora
hemos hecho muy poco, casi nada, para lanzar entre las masas obreras
denuncias múltiples y de actualidad. Muchos de entre nosotros
ni siquiera tienen aún conciencia de esta su obligación
y se arrastran espontáneamente tras la "lucha cotidiana
y gris", dentro de los marcos estrechos de la vida fabril.
En semejantes condiciones, decir: "Iskra tiene la tendencia
de rebajar la importancia de la marcha ascendente
pág. 93
de la lucha cotidiana y gris, en comparación
con la propaganda de ideas brillantes y acabadas" (Martínov,
pág. 61), significa arrastrar al Partido hacia atrás,
significa defender y ponderar nuestra falta de preparación,
nuestro atraso.
En cuanto al llamamiento dirigido a
las masas para la acción, surgirá por sí
mismo, siempre que haya enérgica agitación política
y denuncias vivas y resonantes. Coger a alguien en flagrante delito
y estigmatizarlo en el acto ante todo el mundo y por todas partes,
produce mayor efecto que cualquier "llamamiento" y ejerce
muchas veces una influencia tan grande, que más tarde ni
siquiera se puede determinar quién fue, propiamente, el
que "llamó" a la muchedumbre y quién,
propiamente, el que lanzó tal o cual plan de manifestación,
etc. No se puede llamar a la masa a una acción -- en el
sentido concreto de la palabra, y no en el sentido general --
más que en el lugar mismo de la acción; ni se puede
exhortar a la acción a los demás sin dar el ejemplo
uno mismo y en el acto. A nosotros, publicistas socialdemócratas,
nos incumbe ahondar, extender e intensificar las denuncias políticas
y la agitación política.
A propósito de los "llamamientos".
El único órgano que, antes de los acontecimientos
de la primavera, llamó a los obreros a intervenir activamente
en una cuestión que no prometía absolutamente ningún
resultado tangible al obrero, como era la del reclutamiento militar
de los estudiantes, fue Iskra. Inmediatamente después de
la publicación de la orden del 11 de enero sobre "la
incorporación de 183 estudiantes a las filas del ejército",
Iskra publicó un artículo sobre este hecho (núm.
2 de febrero)*, y antes de que hu-
-------
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. IV. (N. de la
Red.)
pág. 94
biera comenzado toda manifestación,
llamó directamente "al obrero a acudir en ayuda del
estudiante", llamó al "pueblo" a contestar
abiertamente al insolente desafío del gobierno. Preguntamos
a todo el mundo: ¿cómo explicar la notable circunstancia
de que, hablando tanto de "llamamientos", destacando
los "llamamientos" hasta como una forma particular de
actividad, Martínov no haya mencionado para nada este llamamiento?
¿Y no será filisteísmo, después de
esto, que Martínov declare que Iskra es unilateral porque
no "llama" suficientemente a la lucha por reivindicaciones
que "prometen resultados tangibles"?
Nuestros economistas, entre ellos Rabócheie
Dielo, tenían éxito por haberse adaptado a la mentalidad
de los obreros atrasados. Pero el obrero socialdemócrata,
el obrero revolucionario (y el número de estos obreros
aumenta de día en día), desechará con indignación
todos estos razonamientos sobre la lucha por las reivindicaciones
que "prometen resultados tangibles", etc., pues comprenderá
que no son sino variantes de la vieja canción del aumento
de un kopek por rublo. Este obrero dirá a sus consejeros
de R. Misl y de R. Dielo : en vano os afanáis, señores,
interviniendo con demasiado celo en asuntos que nosotros mismos
resolvemos y esquivando el cumplimiento de vuestras verdaderas
obligaciones. Pues no es muy inteligente decir, como lo hacéis
vosotros, que la tarea de los socialdemócratas es imprimir
a la lucha económica misma un carácter político;
esto no es más que el comienzo, y no consiste en ello la
tarea principal de los socialdemócratas, pues en Rusia,
como en el mundo entero, es la policía misme quien comien~a
muchas veces a imprimir a la lucha económica un carácter
político, y los obreros mismos aprenden a comprender al
lado de quién
pág. 95
está el gobierno[*]. En efecto,
esa "lucha económica de los obreros contra los patronos
y el gobierno", que vosotros ostentáis como una América
que hubierais descubierto, la hacen en numerosos puntos remotos
de Rusia los obreros mismos, que han oído hablar de huelgas,
pero que quizás nada sepan de socialismo. Esa "actividad"
nuestra, de los obreros, que todos vosotros queréis sostener
presentando reivindicaciones concretas que prometan resultados
tangibles, ya existe entre nosotros, y, en nuestro trabajo cotidiano,
pequeño, sindical, nosotros mismos estamos lan~ando esas
reivindicaciones concretas, a menudo sin ayuda alguna de los intelectuales.
Pero esa actividad no nos basta; no somos niños a los que
se puede alimentar sólo con la papilla de la política
"económica"; queremos saber todo lo que saben
los demás, queremos conocer detalladamente todos los as
pectos de la vida política y tomar parte actíva
en todos y
-------
* La exigencia de "imprimir a la lucha económica misma
un carácter político" expresa con el mayor
relieve el culto de la espontaneidad en el terreno de la actividad
política. La lucha económica adquiere a menudo un
carácter político espontáneamente, es decir,
sin la intervención de ese "bacilo revolucionario
que son los intelectuales", sin la intervención de
los socialdemócratas conscientes. Por ejemplo, la lucha
económica de los obreros en Inglaterra adquirió
también un carácter político sin participación
alguna de los socialistas. Pero la tarea de los socialdemócratas
no se limita únicamente a la agitación política
en el terreno económico: su tarea es transformar esa política
tradeunionista en lucha política socialdemócrata,
aprovechar los destellos de conciencia política que la
lucha económica ha hecho penetrar en el espíritu
de los obreros para elevar a éstos hasta el nivel de la
conciencia política socialdemócrata. Ahora bien,
los Martínov, en vez de elevar e impulsar la conciencia
política que se despierta espontáneamente, se prosternan
ante la espontaneidad y repiten, repiten hasta dar náuseas,
que la lucha económica "hace pensar" a los obreros
en su privación de derechos políticos. Es de lamentar,
señores, que este despertar espontáneo de la conciencia
política tradeunionista no os "haga pensar" a
vosotros mismos en la cuestión de vuestras tareas socialdemócratas.
pág.
en cada uno de los acontecimientos políticos.
Para lograrlo, es necesario que los intelectuales repitan menos
lo que ya nosotros mismos sabemos*, y que nos den más de
lo que todavía no sabemos, de lo que jamás podremos
saber nosotros mismos por nuestra experiencia fabril y "económica",
o sea: conocimientos políticos. Estos conocimientos vosotros,
los intelectuales, podéis adquirirlos solos y tenéis
el deber de proporcionárnoslos cien y mil veces más
de lo que lo habéis hecho hasta ahora; además, debéis
ofrecérnoslos no sólo en forma de razonamientos,
folletos y artículos (que,
-------
* Para coníirmar que todo este discurso de los obreros
a los economistas no es fruto exclusivo de nuestra invención,
nos referimos a dos testigos que, sin duda, conocen el movimiento
obrero directamente y que no son, ni mucho menos, propensos a
ser parciales para con nosotros, los "dogmáticos",
pues uno de los testigos es un economista (¡que considera
incluso a Rabócheie Dielo como un órgano político!),
y el otro, un terrorista. El primer testigo es el autor de un
artículo notable por su veracidad y vivacidad: "El
movimiento obrero petersburgués y las tareas prácticas
de la socialdemocracia", publicado en el número 6
de Rab. Dielo. Divide a los obreros en: 1) revolucionarios conscientes;
2) capa intermedia y 3) el resto de la masa. Y he aquí
que la capa intermedia "frecuentemente se interesa más
por los problemas de la vida política que por sus intereses
económicos inmediatos, cuya relación con las condiciones
sociales generales ha sido comprendida hace ya mucho tiempo"
. . . Rab. Misl es "duramente criticada": "siempre
lo mismo, hace mucho tiempo ya que lo sabemos, hace mucho tiempo
que lo hemos leido", "en la crónica política,
tampoco hay nada nuevo" (págs. 30-31). Pero incluso
la tercera capa, "la masa obrera más sensible, más
joven, menos corrompida por la taberna y por la iglesia, que casi
nunca tiene posibilidad de conseguir un libro de contenido político,
habla a diestro y siniestro de los acontecimientos de la vida
política y medita las noticias fragmentarias acerca de
un motin de estudiantes", etc. Y el terrorista escribe: ".
. . Leerán un par de veces las líneas que relatan
minucias de la vida de las fábricas en distintas ciudades
extrañas y luego dejarán de leer. . . Les aburre.
. . No hablar en un periódico obrero sobre el Estado. .
. significa considerar al obrero como a un niño . . . El
obrero no es un niño." (Svoboda [La Libertad ], ed.
del grupo revolucionario-socialista, págs. 69 y 70.)
pág. 97
a menudo -- ¡disculpad la franqueza!
-- suelen ser algo pesados), sino indispensablemente en forma
de denuncias vivas de todo cuanto nuestro gobierno y nuestras
clases dominantes hacen precisamente en estos momentos en todos
los aspectos de la vida. Cumplid con mayor celo esta obligación
vuestra y charlad menos sobre "la elevación de la
actividad de la masa obrera". ¡Desplegamos mucha más
actividad de la que vosotros suponéis, y sabemos sostener,
por medio de la lucha abierta en la calle, incluso las reivindicaciones
que no prometen ningún "resultado tangible"!
Y no sois vosotros quienes "elevaréis" nuestra
actividad, pues vosotros carecéis justamente de esa actividad.
¡Deberíais prosternar os menos ante la espontaneidad
y pensar más en elevar vuestra propia actividad, señores!
d) ¿Qué hay de común entre el economismo
y el terrorismo?
Más arriba, en una nota, hemos
confrontado a un economista y a un terrorista no-socialdemócrata,
que por casualidad han resultado solidarios. Pero, hablando en
general, entre los unos y los otros existe un lazo no casual,
sino intrínseco y necesario, sobre el que tendremos aún
que hablar más adelante y al que es necesario referirse
precisamente al tratar de la educación de la actividad
revolucionaria. Los economistas y los terroristas contemporáneos
tienen una raíz común, a saber: el culto de la espontaneidad,
del que hemos hablado en el capítulo precedente como de
un fenómeno general y que ahora examinamos bajo el aspecto
de su influencia en el terreno de la actividad política
y de la lucha política. A primera vista, nuestra afirmación
podría parecer paradójica: tan grande parece la
diferencia entre la gente que subraya la "lucha cotidiana
y gris" y la
pág. 98
gente que preconiza la lucha más
abnegada, la lucha del individuo aislado. Pero esto no es una
paradoja. Los economistas y los terroristas rinden culto a dos
polos opuestos de la corriente espontánea: los economistas,
a la espontaneidad del "movimiento netamente obrero",
y los terroristas, a la espontaneidad de la indignación
más ardiente de los intelectuales, que no saben o no tienen
la posibilidad de ligar el trabajo revolucionario al movimiento
obrero para formar un todo. A quien haya perdido por completo
la fe en esta posibilidad, o nunca la haya tenido, le es realmente
difícil encontrar para su sentimiento de indignación
y para su energía revolucionaria otra salida que el terror.
Así, pues, el culto de la espontaneidad, en las dos direcciones
indicadas, no es sino el comienzo de la realización del
famoso programa del "Credo"; ¡los obreros despliegan
su "lucha económica contra los patronos y el gobierno"
(¡que nos perdone el autor del "Credo" que expresemos
sus ideas en lenguaje de Martínov! Nos parece que tenemos
derecho a hacerlo, pues también el "Credo" habla
de cómo los obreros, en la lucha económica, "chocan
con el régimen político"), y los intelectuales,
por sus propias fuerzas, desplie gan su lucha política,
naturalmente, con ayuda del terror! Esta es una conclusión
completamente lógica e inevitable, sobre la que no se puede
por menos de insistir aunque los que comienzan a realizar ese
programa no se han percatado de que esa conclusión es inevitable
La actividad política tiene su lógica, que no depende
de la conciencia de los que, con las mejores intenciones del mundo,
exhortan o bien al terror o bien a imprimir un carácter
político a la lucha económica misma. De buenas intenciones
está empedrado el camino del infierno, y en el caso presente
las buenas intenciones no bastan a salvar del apasionamiento espontáneo
pág. 99
por "la línea del menor
esfuerzo", por la línea del programa netamente burgués
del "Credo". Porque tampoco es nada casual la circunstancia
de que muchos liberales rusos -- tanto los liberales declarados
como los que se cubren con una careta marxista -- simpaticen de
todo corazón con el terror y traten de sostener el avance
del espíritu terrorista en el momento actual.
Y he aquí que, al surgir el
"grupo revolucionario-socialista Svoboda ", que se había
propuesto justamente la tarea de cooperar por todos los medios
con el movimiento obrero, pero incluyendo en el programa el terror
y emancipándose, por decirlo así, de la socialdemocracia,
este hecho ha con firmado una vez más la notable perspicacia
de P. B. Axelrod, que con toda exactitud predijo estos resultados
de las va cilaciones socialdemócratas ya a fines de 1897
("A propósito de las tareas y de la táctica
actuales") y esbozó sus célebres "dos
perspectivas". Todas las discusiones y discrepancias posteriores
entre los socialdemócratas rusos están ya, como
la planta en la semilla, en esas dos perspectivas*.
-------
* Martínov "se imagina otro dilema, más real
[?]" (La socialdemocracia y la clase obrera, pág.
19). "O la socialdemocracia asume la dirección inmediata
de la lucha económica del proletariado y, por lo mismo
[!], la transforma en lucha revolucionaria de clases". .
. "Por lo mismo", es decir, evidentemente, por la dirección
inmediata de la lucha económica. Que nos indique Martínov
dónde se ha visto que, por el único y solo hecho
de dirigir la lucha profesional, se haya logrado transformar el
movimiento tradeunionista en movimiento revolucionario de clases.
¿No caerá en la cuenta de que, para realizar esta
"transformación", debemos encargarnos activamente
de la "dirección inmediata" de la agitación
política en todos sus aspectos? . . . "O bien otra
perspectiva: la socialdemocracia abandona la dirección
de la lucha económica de los obreros y, con ello. . . se
corta las alas". . . Según el juicio de Rabócheie
Dielo, arriba citado, es Iskra la que "abandona". Pero
hemos visto que Iskra hace para dirigir la lucha económica
mucho más que Rab. Dielo ; además, no se limita
a esto, ni restringe, en nombre de esto, sus tareas políticas.
pág. 100
Desde el punto de vista indicado, se concibe también que
Rabócheie Dielo, que no ha podido resistir a la espontaneidad
del economismo, tampoco haya podido resistir a la espontaneidad
del terrorismo. Es de sumo interés señalar aquí
la argumentación especial que ha esgrimido Svoboda en defensa
del terror. "Niega por completo" el papel intimidador
del terror (Renacimiento del revolucionismo, pág. 64),
pero, en cambio, subraya su "significación como excitante".
Esto es característico, primeramente, como una de las fases
de la descomposición y decadencia de ese círculo
tradicional de ideas (pre-socialdemócratas) que había
obligado a seguir asidos al terror. El reconocer que actualmente
es imposible "intimidar" al gobierno -- y, por consiguiente,
desorganizarlo -- por medio del terror, significa, en el fondo,
condenar completamente el terror como sistema de lucha, como esfera
de actividad consagrada por un programa. En segundo lugar, esto
es aún más característico como ejemplo de
la incomprensión de nuestras tareas urgentes en cuanto
a la "educación de la actividad revolucionaria de
las masas". Svoboda hace propaganda del terror como medio
para "excitar" el movimiento obrero e imprimirle un
"fuerte impulso". ¡Es difícil imaginarse
una argumentación que se refute a sí misma con mayor
evidencia! Cabe preguntar si es que existen en la vida rusa tan
pocos abusos, que aún hace falta inventar medios "excitantes"
especiales. Y, por otra parte, si hay quien no se excita y no
es excitable ni siquiera por la arbitrariedad rusa, ¿no
es acaso evidente que seguirá contemplando también
el duelo entre el gobierno y un puñado de terroristas sin
que nada le importe un comino? Se trata justamente de que las
masas obreras se excitan mucho por las infamias de la vida rusa,
pero nos-
pág. 101
otros no sabemos reunir, si es posible
expresarse de este modo, y concentrar todas las gotas y arroyuelos
de la excitación popular que la vida rusa destila en una
cantidad in conmensurablemente mayor de lo que todos nosotros
nos figuramos y creemos y que hay que reunir precisamente en un
solo torrente gigantesco. Que es una tarea realizable lo demuestra
de un modo irrefutable el enorme crecimiento del movimiento obrero,
así como el ansia de los obreros, señalada ya más
arriba, por la literatura política. Pero los llamamientos
al terror, así como los llamamientos a que se imprima a
la lucha económica misma un carácter político,
representan distintas formas de esguivar el deber más imperioso
de los revolucionarios rusos: organizar la agitación política
en todos sus aspectos. Svoboda quiere sustituir la agitación
por el terror, confesando abiertamente que, "en cuanto empiece
una agitación intensa y enérgica entre las masas,
el papel excitante de éste desaparecerá" (Renacimiento
del revolucionismo, pág. 68), Precisamente esto pone de
manifiesto que tanto los terroristas como los economistas subestiman
la actividad revolucionaria de las masas, a pesar de la prueba
evidente que representan los acontecimientos de la primavera*.
Además, unos se precipitan en busca de "excitantes"
artificiales, otros hablan de "reivindicaciones concretas".
Ni los unos ni los otros prestan suficiente atención al
desarrollo de su propia actividad en lo que atañe a la
agitación política y a la organización de
las denuncias políticas Y ni ahora ni en ningún
otro momento se puede sustituir esto por nada,
-------
* Se trata de la primavera de 1901, cuando comenzaron grandes
mani festaciones en ías calles. (Nota de Lenin para la
edición de 1907. -- N. de la Red.)
pág. 102
e) La clase obrera, como combatiente
de vanguardia por la democracia
Ya hemos visto que la agitación
política más amplia y, por consiguiente, la organización
de denuncias políticas en todos los aspectos constituye
una tarea en absoluto necesaria, la tarea más imperiosamente
necesaria de la actividad, siempre que esta actividad sea verdaderamente
socialdemócrata. Pero hemos llegado a esta conclusión
partiendo únicamente de la urgentísima necesidad
que la clase obrera tiene de conocimientos políticos y
de educación política. Ahora bien, esta manera de
plantear la cuestión sería demasiado restringida,
desconocería las tareas democráticas generales de
toda socialdemocracia en general y de la socialdemocracia rusa
actual en particular. Para explicar esta tesis lo más concretamente
posible, trataremos de enfocar la cuestión desde el punto
de vista más "familiar" a los economistas, o
sea desde el punto de vista práctico. "Todo el mundo
está de acuerdo" en que es necesario desarrollar la
conciencia política de la clase obrera. Pero ¿cómo
hacerlo y qué es necesario para hacerlo? La lucha económica
"hace pensar" a los obreros únicamente en las
cuestiones concernientes a la actitud del gobierno hacia la clase
obrera; por eso, por más que nos esforcemos en la tarea
de "imprimir a la lucha económica misma un carácter
político", no podremos jamás, en el marco de
dicha tarea, desarrollar la conciencia política de los
obreros (hasta el grado de conciencia política socialdemócrata),
pues el marco mismo es demasiado estrecho. La fórmula de
Martínov nos es preciosa, no como prueba de la capacidad
de confusión de su autor, sino porque expresa con relieve
el error fundamental de todos los economistas, a saber: la convicción
de que se puede desarrollar la conciencia política de
pág. 103
clase de los obreros desde dentro, por
decirlo así, de su lucha económica, o sea tomando
únicamente (o, cuando menos, principalmente) esta lucha
como punto de partida, basándose únicamente (o,
cuando menos, principalmente) en esta lucha. Esta opinión
es radicalmente falsa; y precisamente porque los economistas,
furiosos por nuestra polémica con ellos, no quieren reflexionar
con seriedad sobre el origen de nuestras discrepancias, y acabamos
literalmente por no comprendernos, por hablar lenguas diferentes.
La conciencia política de clase
no se le puede aportar al obrero más que desde el exterior,
esto es, desde fuera de la lucha económica, desde fuera
de la esfera de las relaciones entre obreros y patronos. La única
esfera en que se puede encontrar estos conocimientos es la esfera
de las relaciones de todas las clases y capas con el Estado y
el gobierno, la esfera de las relaciones de todas las clases entre
sí. Por eso, a la pregunta: "¿qué hacer
para aportar a los obreros conocimientos políticos?",
no se puede dar únicamente la respuesta con la que se contentan,
en la mayoría de los casos, los militantes dedicados al
trabajo práctico, sin hablar ya de los que se inclinan
hacia el economismo, a saber: "Hay que ir a los obreros"
Para aportar a los obreros conocimientos políticos, los
socialdemócratas deben ir a todas las clases de la población,
deben enviar a todas partes destacamentos de su ejército.
Si empleamos adrede esta formulación
ruda y nos expresa mos adrede de una forma simplificada y tajante,
no es de ninguna manera por el placer de decir paradojas, sino
para "hacer pensar" bien a los economistas en las tareas
que de un modo imperdonable desdeñan, en la diferencia
que existe entre la política tradeunionista y la política
socialdemócrata, diferencia que no quieren comprender.
Por eso, rogamos al
pág. 104
lector que conserve su calma y nos siga
atentamente hasta el final.
Tomemos como ejemplo el tipo del círculo
socialdemócrata más difundido en estos últimos
años y examinemos su actividad. "Está en contacto
con los obreros" y se conforma con esto, editando hojas que
flagelan los abusos que se cometen en las fábricas, la
parcialidad del gobierno hacia los capitalistas, así como
las violencias de la policía; en las reuniones que se celebran
con los obreros, la conversación, ordinariamente, no se
sale o casi no se sale del marco de estos mismos temas; las conferencias
y las charlas sobre la historia del movimiento revolucionario,
sobre la política interior y exterior de nuestro gobierno,
sobre la evolución económica de Rusia y de Europa,
sobre la situación de las distintas clases en la sociedad
contemporánea, etc., son casos sumamente raros y nadie
piensa en establecer y desenvolver sistemáticamente relaciones
con las otras clases de la sociedad. En el fondo, el ideal del
militante, para los miembros de un tal círculo, se parece,
en la mayoría de los casos, mucho más a un secretario
de tradeunión que a un jefe político socialista.
Pues el secretario de cualquier tradeunión, por ejemplo,
inglesa ayuda siempre a los obreros a sostener la lucha económica,
organiza la denuncia de los abusos cometidos en las fábricas,
explica la injusticia de las leyes y reglamentos que restringen
la libertad de huelga y la libertad de colocar piquetes cerca
de las fábricas (para anunciar que la huelga ha sido declarada),
explica la parcialidad de los árbitros pertenecientes a
las clases burguesas de la población, etc., etc. En una
palabra, todo secretario de tradeunión sostiene y ayuda
a sostener "la lucha económica contra los patronos
y el gobierno". Y nunca se insistirá bastante en que
esto no es aún socialdemocratismo, que el ideal del socialdemócrata
no debe
pág. 105
ser el secretario de tradeunión,
sino el tribuno popular, que sabe reaccionar contra toda manifestación
de arbitrariedad y de opresión, dondequiera que se produzca
y cualquiera que sea la capa o la clase social a que afecte; que
sabe sintetizar todos estos hechos para trazar un cuadro de conjunto
de la brutalidad policiaca y de la explotación capitalista;
que sabe aprovechar el menor detalle para exponer ante todos sus
convicciones socialistas y sus reivindicaciones democráticas,
para explicar a todos y a cada uno la importancia histórico-mundial
de la lucha emancipadora del proletariado. Comparad, por ejemplo,
a hombres como Roberto Knight (conocido secretario y lider de
la Unión de obreros caldereros, uno de los más poderosos
sindicatos de Inglaterra) y Guillermo Liebknecht, y apliquémosles
los contrastes enumerados por Martínov en la exposición
de sus discrepancias con Iskra. Veréis que R. Knight --
empiezo a repasar el artículo de Martínov -- "ha
exhortado" mucho más "a las masas a realizar
acciones concretas determinadas" (pág. 39) y que G.
Liebknecht se ha ocupado más de "enfocar desde un
punto de vista revolucionario todo el régimen actual o
sus manifestaciones aisladas" (págs. 38-39); que R.
Knight "ha formulado las reivindicaciones inmediatas del
proletariado e indicado los medios de satisfacerlas" (pág.
41) y que G. Liebknecht, sin dejar de hacer igualmente esto, no
ha renunciado a "dirigir al mismo tiempo la enérgica
actividad de los diferentes sectores oposicionistas", a "dictarles
un programa positivo de acción"* (pág. 41);
que R. Knight ha tratado precisamente de "imprimir, en la
medida de lo posible, a la lucha
-------
* Así, durante la guerra franco-prusiana, Liebknecht dictó
un programa de acción para toda la democracia ; en mucho
mayor escala aún lo hicieron Marx y Engels en 1848.
pág. 106
económica misma un carácter
político" (pág. 42) y que ha sabido perfectamente
"formular al gobierno reivindicaciones concretas que prometian
ciertos resultados tangibles" (pág. 43), en tanto
que G. Liebknecht se ha ocupado mucho más, "en forma
unilateral", de "denunciar los abusos" (pág.
40); que R. Knight ha concedido más importancia a la "marcha
progresiva de la lucha cotidiana y gris" (pág. 61),
y Liebknecht, "a la propaganda de ideas brillantes y acabadas"
(pág. 61); que Liebknecht ha hecho del periódico
dirigido por él, precisamente, "un órgano de
oposición revolucionaria que denuncia nuestro régimen,
y sobre todo nuestro régimen político, en cuanto
que está en pugna con los intereses de las capas más
diversas de la población" (pág. 63), mientras
que Knight "ha trabajado por la causa obrera en estrecho
contacto orgánico con la lucha proletaria" (pág.
63) -- si se entiende por "estrecho contacto orgánico"
ese culto de la espontaneidad que hemos analizado más arriba
en los ejemplos de Krichevski y de Martínov -- y ha "restringido
la esfera de su influencia", convencido, naturalmente, como
Martínov, de que "con ello se hacia más compleja
esta influencia" (pág. 63). En una palabra, veréis
que Martínov rebaja de facto la socialdemocracia al nivel
de tradeunionismo, aunque, claro está, en modo alguno lo
hace porque no quiera el bien de la socialdemocracia, sino simplemente
porque se ha apresurado un poco a profundizar a Plejánov,
en lugar de tomarse la molestia de comprenderlo.
Pero volvamos a nuestra exposición.
El socialdemócrata, como hemos dicho, si es partidario,
y no sólo de palabra, del desarrollo integral de la conciencia
política del proletariado, debe "ir a todas las clases
de la población". Surgen estas preguntas: ¿cómo
hacerlo? ¿Tenemos fuerzas suficientes para ello? ¿Existe
un terreno para este trabajo en todas
pág. 107
las demás clases? Un trabajo
semejante ¿no implicará abandono o no conducirá
a que se abandone el punto de vista de clase? Examinemos estas
cuestiones.
Debemos "ir a todas las clases
de la población" como teóricos, como propagandistas,
como agitadores y como organizadores. Nadie duda de que el trabajo
teórico de los socialdemócratas debe orientarse
hacia el estudio de todas las particularidades de la situación
social y política de las diversas clases. Pero muy, muy
poco se hace en este sentido, muy poco si se compara con la labor
que se lleva a cabo para el estudio de las particularidades de
la vida de las fábricas. En los comités y en los
círculos podemos encontrar gentes que se especializan en
el estudio de algún ramo de la siderurgia, pero apenas
si encontraréis ejemplos de miembros de las organizaciones
que (obligados por una u otra razón, como sucede a menudo,
a retirarse de la labor práctica) se ocupen especialmente
de reunir materiales sobre alguna cuestión de actualidad
de nuestra vida social y política que pudiera dar motivo
para una labor socialdemócrata entre los otros sectores
de la población. Cuando se habla de la poca preparación
de la mayor parte de los actuales dirigentes del movimiento obrero,
no se puede dejar de mencionar también la preparación
en este aspecto, pues está igualmente ligada a la concepción
"economista" del "estrecho contacto orgánico
con la lucha proletaria". Pero lo principal, evidentemente,
es la propaganda y la agitación entre todas las capas de
la población. Para el socialdemócrata de Europa
occidental, esta labor la facilitan las reuniones y asambleas
populares, a las cuales asisten todos los que lo desean; la facilita
la existencia del Parlamento, en el que el representante socialdemócrata
habla ante los diputados de todas las clases. En nuestro país
no tenemos
pág. 108
ni Parlamento ni libertad de reunión,
pero sabemos, sin embargo, organizar reuniones con los obreros
que quieren escuchar a un socialdemócrata. Del mismo modo,
debemos saber organizar reuniones con los representantes de todas
las dases de la población que deseen escuchar a un demócrata.
Pues no es socialdemócrata el que olvida en la práctica
que "los comunistas apoyan todo movimiento revolucionario";
que, por tanto, debemos exponer y subrayar nuestros objetivos
democráticos generales ante todo el pueblo, sin ocultar
ni por un instante nuestras convicciones socialistas. No es socialdemócrata
el que olvida en la práctica que su deber consiste en ser
el primero en plantear, en acentuar y en resolver toda cuestión
democrática general.
"¡Pero si todo el
mundo está de acuerdo con ello!" -- nos interrumpirá
el lector impaciente --, y las nuevas ins trucciones a la redacción
de Rab. Dielo, aprobadas en el último Congreso de la "Unión",
dicen claramente: "Deben servir de motivos para la propaganda
y la agitación política todos los fenómenos
y acontecimientos de la vida social y política que afecten
al proletariado, sea directamente, como clase especial, sea como
vanguardia de todas las fuerzas revolucionarias en la lucha por
la libertad " (Dos congresos, pág. 17. Subrayado por
mí). Estas son, en efecto, palabras muy justas y muy excelentes,
y estaríamos enteramente satisfechos si Rabócheie
Dielo las comprendiese, si no diese, al mismo tiempo, otras que
las contradicen. No basta titularse "vanguardia", destacamento
avanzado: es preciso también obrar de suerte que todos
los demás destacamentos vean y estén obligados a
reconocer que marchamos a la cabeza. ¿Es que los representantes
de los demás "destacamentos" son tan estúpidos
que van a creernos "vanguardia" porque lo digamos?,
preguntamos al lector. Figurémonos
pág. 109
de manera concreta el siguiente cuadro.
El "destacamento" de radicales o de constitucionalistas
liberales rusos ilustrados ve llegar a un socialdemócrata
que les declara: Somos la vanguardia; "ahora nuestra tarea
consiste en imprimir, en la medida de lo posible, un carácter
político a la lucha económica misma". Todo
radical o constitucionalista, por poco inteligente que sea (y
entre los radicales y constitucionalistas rusos hay muchos hombres
inteligentes), no podrá por menos de acoger con una sonrisa
semejantes palabras y decir (para sus adentros, claro está,
ya que en la mayoría de los casos es diplomático
experimentado): "¡He aquí una 'vanguardia' bien
simple! No comprende siquiera que es a nosotros, representantes
avanzados de la democracia burguesa, a quienes corresponde la
tarea de imprimir a la lucha económica misma de los obreros
un carácter político. Somos nosotros quienes queremos,
como todos los burgueses del Occidente de Europa, incorporar a
los obreros a la política, pero precisamente sólo
a la política tradeunionista y no a la política
socialdemócrata. La política tradeunionista de la
clase obrera es precisamente la política burguesa de la
clase obrera. ¡Y la formulación que esta 'vanguardia'
hace de su tarea es precisamente la formulación de la política
tradeunionista! Así, pues, que se llamen cuanto quieran
socialdemócratas. ¡Yo no soy un niño, no voy
a enfadarme por una etiqueta! Pero que no se dejen llevar por
esos nefastos dogmáticos ortodoxos, ¡que dejen la
'libertad de crítica' a los que arrastran inconscientemente
a la socialdemocracia al cauce tradeunionista!"
Y la ligers sonrisa de nuestro constitucionalista
se transformará en risa homérica, cuando sepa que
los socialdemócratas que hablan de la vanguardia de la
socialdemocracia, en el momento actual, cuando el elemento espontáneo
pág. 110
prevalece casi absolutamente en nuestro
movimiento, ¡temen más que nada "aminorar el
elemento espontáneo", temen "aminorar la importancia
de la marcha progresiva de la lucha cotidiana y gris a expensas
de la propaganda de ideas brillantes y acabadas", etc., etc.!
¡Una "vanguardia" que teme que lo consciente prevalezca
sobre lo espontáneo, que teme propugnar un "plan"
audaz que tenga que ser aceptado incluso por aquellos que piensan
de otro modo! ¿No será que confunden el término
vanguardia con el término retaguardia?
Reflexionad, en efecto, sobre el siguiente
razonamiento de Martínov. En la página 40 declara
que la táctica de denuncias de Iskra es unilateral; que,
"por más que sembremos la desconfianza y el odio hacia
el gobierno, no alcanzaremos nuestro objetivo mientras no logremos
desarrollar una energía social suficientemente activa para
el derrocamiento de aquél". He aquí, dicho
sea entre paréntesis, la preocupación, que ya conocemos,
de intensificar la actividad de las masas, tendiendo a la vez
a restringir la suya propia. Pero no se trata ahora de esto. Como
vemos, Martínov habla aquí de energía revolucionaria
("para el derrocamiento del gobierno") Mas ¿a
qué conclusión llega? Como, en tiempo ordinario,
las diversas capas sociales actúan inevitablemente en forma
dispersa, "es claro, por tanto, que nosotros, socialdemócratas,
no podemos simultáneamente dirigir la actividad enérgica
de los diversos sectores de oposición, no podemos dictarles
un programa positivo de acción, no podemos indicarles los
procedimientos con que hay que luchar día tras día
por defender sus intereses. . . Los sectores liberales se preocuparán
ellos mismos de esta lucha activa por sus intereses inmediatos,
lucha que les hará enfrentarse con nuestro régimen
político" (pág. 41) De esta suerte, después
de haber comenzado a hablar de energía
pág. 111
revolucionaria, de iucha activa por
ei derrocamiento de la autocracia, ¡Martínov se desvía
inmediatamente hacia la energía sindical, hacia la lucha
activa por los intereses inmediatos! De suyo se comprende que
no podemos dirigir la lucha de los estudiantes, de los liberales,
etc., por sus "intereses inmediatos", ¡pero no
era de esto de lo que se trataba, respetable economista! De lo
que se trataba era de la participación posible y necesaria
de las diferentes capas sociales en el derrocamiento de la autocracia,
y esta "actividad enérgica de los diversos sectores
de oposición" no sólo podemos, sino que debemos
dirigirla sin falta si queremos ser la "vanguardia".
En cuanto a que nuestros estudiantes, nuestros liberales, etc.
"se enfrenten con nuestro régimen político",
no sólo se preocuparán ellos mismos de esto, sino
que principalmente y ante todo se preocuparán la propia
policía y los propios funcionarios del gobierno autocrático.
Pero "nosotros", si queremos ser demócratas avanzados,
debemos preocuparnos de sugerir a los que no están descontentos
más que del régimen universitario o del zemstvo,
etc la idea de que es todo el régimen político el
que es malo. Nosotros debemos asumir la tarea de organizar la
lucha política, bajo la dirección de nuestro Partido,
en forma tan múltiple, que todos los sectores de la oposición
puedan prestar y presten efectivamente a esta lucha, así
como a nuestro Partido, la ayuda de que sean capaces. Nosotros
debemos hacer de los militantes prácticos socialdemócratas
jefes políticos que sepan dirigir todas las manifestaciones
de esta lucha múltiple, que sepan, en el momento necesario,
"dictar un programa positivo de acción" a los
estudiantes en agitación, a los descontentos de los zemstvos,
a los miembros indignados de las sectas, a los maestros lesionados
en sus intereses, etc., etc. Por eso, es completamente
pág. 112
falsa la afirmación de Martínov
de que "no podemos desempenar con respecto a ellos más
que el papel negativo de denunciatores del régimen . .
. Sólo podemos disipar sus esperanzas en las distintas
comisiones gubernamentales" (subrayado por mí). Al
decir esto, Martínov demuestra así que no comprende
absolutamente nada del verdadero papel de una "vanguardia"
revolucionaria. Y si el lector tiene esto en cuenta, comprenderá
el verdadero sentido de las siguientes palabras de conclusión
de Martínov: "Iskra es un órgano de oposición
revolucionaria que denuncia nuestro régimen, y sobre todo
nuestro régimen político, en cuanto que está
en pugna con los intereses de los sectores más diversos
de la población. Por lo que a nosotros se refiere, trabajamos
y trabajaremos por la causa obrera en estrecho contacto orgánico
con la lucha proletaria. Al restringir la esfera de nuestra influencia,
hacemos más compleja ésta" (pág. 63).
El vertadero sentido de tal conclusión es: Iskra quiere
elevar la política tradeunionista de la clase obrera (política
a la cual, por equivocación, por falta de preparación
o por convicción, se limitan tan frecuentemente entre nosotros
los militantes dedicados al trabajo práctico) al nivel
de la política socialdemócrata; en cambio Rab. Dielo
quiere rebajar la política socialdemócrata al nivel
de la política tradeunionista. Y, como si esto fuera poco,
asegura a todo el mundo que "estas dos posiciones son perfectamente
compatibles en la obra común" (pág. 63). O,
sancta simplicitas!
Prosigamos. ¿Tenemos fuerzas
bastantes para llevar nuestra propaganda y nuestra agitación
a todas las clases de la población? Naturalmente, sí.
Nuestros economistas, que a menudo se indinan a negarlo, olvidan
los gigantescos progresos realizados por nuestro movimiento de
1894 (más o menos) a 1901. "Seguidistas" auténticos,
a menudo tienen
pág. 113
ideas propias del período, hace
mucho tiempo fenecito, inicial del movimiento. Entonces, nuestras
fuerzas eran realmente mínimas, entonces era natural y
legítima la decisión de consagrarnos enteramente
al trabajo entre los obreros y de condenar severamente toda desviación
de esta línea, entonces la tarea estribaba por completo
en consolidarnos en el seno de la clase obrera. Ahora, ha sido
incorporada al movimiento una masa gigantesca de fuerzas; hacia
nosotros vienen los mejores representantes de la nueva generación
de las clases instruidas; por todas partes, en provincias, se
ven obligadas a la inacción gentes que ya han tomado o
desean tomar parte en el movimiento, que tienden hacia la socialdemocracia
(mientras que, en 1894, los socialdemócratas rusos se podían
contar con los dedos). Uno de los defectos fundamentales de nuestro
movimiento, tanto desde el punto de vista político como
desde el de organización, consiste en que no sabemos emplear
todas estas fuerzas, asignarles el trabajo adecuado (hablaremos
con más detalle sobre esta cuestión en el capítulo
siguiente). La inmensa mayoría de dichas fuerzas está
completamente privada de la posibilidad de "ir a los obreros";
por consiguiente, no puede ni hablarse del peligro de distraer
fuerzas de nuestra labor fundamental. Y para suministrar a los
obreros conocimientos políticos verdaderos, vivos, que
abarquen todos los aspectos, es necesario que tengamos "hombres
nuestros", socialdemócratas, en todas partes, en todas
las capas sociales, en todas las posiciones que permiten conocer
los resortes internos de nuestro mecanismo estatal. Y nos hacen
falta estos hombres no solamente para la propaganda y la agitación,
sino más aún para la organización.
¿Existe terreno para la
actividad en todas las clases de la población? Los que
no lo ven prueban una vez más que
pág. 114
su conciencia está en retraso
con respecto al movimiento ascensional espontáneo de las
masas. Entre los unos, el movimiento obrero ha suscitado y suscita
el descontento; entre los otros despierta la esperanza en el apoyo
de la oposición; a otros les da conciencia de la sinrazón
del régimen autocrático, de lo inevitable de su
hundimiento. Pero sólo de palabra seríamos "políticos"
y socialdemócratas (como muy a menudo ocurre, en efecto),
si no tuviéramos conciencia de nuestro deber de utilizar
todas las manifestaciones del descontento, reunir y elaborar todos
los elementos de protesta, por embrionaria que sea. Dejemos ya
a un lado el hecho de que la masa de millones de campesinos laboriosos,
de artesanos, de pequeños artesanos, etc., escuchará
siempre con avidez la propaganda de un socialdemócrata,
a poco hábil que sea. Pero, ¿es que hay una sola
clase de la población en que no haya individuos, grupos
y círculos descontentos de la falta de derechos y de la
arbitrariedad, y, por consiguiente, accesibles a la propaganda
del socialdemócrata, como portavoz que es de las aspiraciones
democráticas generales más urgentes? A los que quieran
formarse una idea concreta de esta agitación política
del socialdemócrata en todas las clases y capas de la población,
les indicaremos la denuncia de los abusos políticos, en
el sentido amplio de la palabra, como el principal (pero, naturalmente,
no el único) medio de esta agitación.
"Debemos -- escribía
yo en el artículo "¿Por dónde empezar?"
(Iskra, núm. 4, mayo de 1901), del que tendremos que hablar
minuciosamente más abajo -- despertar en todas las capas
del pueblo que tengan un mínimo de conciencia la pasión
por las denuncias políticas. No debe asustarnos el hecho
de que las voces que denuncian políticamente sean ahora
tan débiles, raras y tlmidas. La razón de este hecho
no es, ni mucho menos, una resignación general con la arbitrariedad
policiaca. La razón está en que las personas capaces
de denunciar y tispuestas a hacerlo no tienen una tribuna para
hablar desde ella, no
pág. 115
tienen un auditodo que escuche ávidamente
y anime a los oradores, no ven por parte alguna en el pueblo una
fuerza que merezca la pena de dirigirle una queja contra el "todopoderoso"
gobierno ruso. . . Ahora, podemos y debemos crear una tribuna
para denundar ante todo el pueblo al gobierno zarista: esa tribuna
tiene que ser un periódico socialdemócrata"[*].
El auditorio ideal para las denuncias
políticas es precisamente la clase obrera, que tiene necesidad,
ante todo y por encima de todo, de amplios y vivos conocimientos
políticos, que es la más capaz de transformar estos
conocimientos en lucha activa, aun cuando no prometa ningún
"resultado tangible". En cuanto a la tribuna para estas
denuncias ante todo et pueblo, no puede ser otra que un periódico
destinado a toda Rusia. "Sin un órgano político,
sería inconcebible en la Europa contemporánea un
movimiento que merezca el nombre de movimiento político";
y, en este sentido, por "Europa contemporánea"
hay que entender también, sin duda alguna, a Rusia. La
prensa se ha convertido en nuestro país, desde hace ya
mucho tiempo, en una fuerza; de lo contrario, el gobierno no invertiría
decenas de millares de rublos en sobornarla y en subvencionar
a toda clase de Katkov y Mescherski. Y no es una novedad en la
Rusia autocrática que la prensa ilegal rompa los candados
de la censura y obligue a hablar abiertamente de ella a los órganos
legales y conservadores. Así ha ocurrido en los años
del 70 e incluso en los del so. ¡Y cuánto más
extensos y profundos son ahora los sectores populares dispuestos
a leer la prensa ilegal y, para emplear la expresión del
obrero autor de la carta publicada en el número 7 de Iskra
[33], a aprender en
-------
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. V. (N. de la Red.)
pág. 116
ella "a vivir y a morir"!
Las denuncias políticas son precisamente una declaración
de guerra al gobierno, como las denuncias de tipo económico
son una declaración de guerra al fabricante. Y esta declaración
de guerra tiene una significación moral tanto más
grande, cuanto más vasta y más vigorosa es la campaña
de denuncias, cuanto más numerosa y más decidida
es la clase social que declara la guerra para iniciarla. Ya por
eso, las denuncias políticas son por sí mismas uno
de los medios más potentes para disgregar el régimen
adverso, apartar del enemigo a sus aliados fortuitos o temporales,
sembrar la hostilidad y la desconfianza entre los que participan
continuamente en el poder autocrático.
Sólo el partido que organice
campañas de denuncias que realmente interesen a todo el
pueblo podrá convertirse en nuestros días en vanguardia
de las fuerzas revolucionarias. Las palabras "a todo el pueblo"
encierran un gran contenido. La inmensa mayoría de los
denunciadores que no pertenecen a la clase obrera (y para ser
vanguardia es necesario precisamente atraer a otras clases) son
políticos realistas y gentes sensatas y prácticas.
Saben perfectamente que si peligroso es "quejarse" incluso
de un modesto funcionario, lo es todavía más hacerlo
con respecto al "todopoderoso" gobierno ruso. Por eso,
no se dirigirán a nosotros con quejas sino cuando vean
que éstas pueden surtir efecto, que representamos una fuerza
política. Para llegar a ser una fuerza política
a los ojos del público, es preciso trabajar mucho y con
porfía por elevar nuestro grado de conciencia, nuestra
iniciativa y nuestra energía; no basta colocar la etiqueta
de "vanguardia" sobre una teoría y una práctica
de retaguardia.
Pero -- nos preguntarán y nos
preguntan ya los partidarios acérrimos del "estrecho
contacto orgánico con la lucha pro-
pág. 117
letaria" --, si debemos encargarnos
de la organización de denuncias de los abusos cometidos
por el gobierno que interesen realmente a todo el pueblo, ¿en
qué se manifestará entonces el carácter de
clase de nuestro movimiento? ¡Pues precisamente en que seremos
nosotros, los socialdemócratas, quienes organicemos esas
campañas de denuncias que interesen a todo el pueblo; en
que todas las cuestiones planteadas en nuestra agitación
serán esclarecidas desde un punto de vista invariablemente
socialdemócrata, sin ninguna indulgencia para las deformaciones,
intencionadas o no, del marxismo; en que esta agitación
política multiforme será realizada por un partido
que reúna en un todo indivisible la ofensiva en nombre
del pueblo entero contra el gobierno con la educación revolucionaria
del proletariado, salvaguardando al mismo tiempo su independencia
política, y con la dirección de la lucha económica
de la clase obrera y la utilización de sus conflictos espontáneos
con sus explotadores, conflictos que ponen en pie y traen sin
cesar a nuestro campo a nuevas capas del proletariado!
Pero uno de los rasgos más caracteristicos
del economismo es precisamente no comprender esta relación;
aun más: no comprender el hecho de que la necesidad más
urgente del proletariado (educación política en
todos los aspectos, por medio de la agitación política
y de las campañas de denuncias políticas) coincide
con idéntica necesidad del movimiento democrático
general. Esta incomprensión se pone de manifiesto no sólo
en las frases de Martínov, sino también en diferentes
pasajes de absolutamente la misma sígnificación,
en los que los economistas se refieren a un pretendido punto de
vista de clase. He aquí, por ejemplo, cómo se expresan
los autores de la carta "economista", publicada en
pág. 118
el número 12 de Iskra [*]. "Este
mismo defecto fundamental de Iskra [la sobreestimación
de la ideologíal es la causa de su inconsecuencia en las
cuestiones acerca de la actitud de la socialdemocracia ante las
diversas dases y tendencias sociales. Resolviendo por medio de
construcciones teóricas . . . [y no basándose en
"el crecimiento de las tareas del Partido, que crecen junto
con éste . . ."] la tarea de pasar inmediatamente
a la lucha contra el absolutismo y apercibiéndose, probablemente,
de toda la dificultad de esta tarea para los obreros dado el actual
estado de cosas . . . [y no sólo apercibiéndose,
sino sabiendo muy bien que esta tarea les parece menos difícil
a los obreros que a los intelectuales "economistas"
que tratan a aquéllos como a niños, pues los obreros
están dispuestos a batirse incluso por reivindicaciones
que no prometan, para emplear las palabras del inolvidable Martínov,
ningún "resultado tangible"] . . ., pero no teniendo
la paciencia de esperar a que se hayan acumulado fuerzas para
esta lucha, Iskra comienza a bus car aliados entre los liberales
y los intelectuales" . . .
Sí, sí, se nos ha acabado,
en efecto, toda la "paciencia" para "esperar"
los días felices que nos prometen desde hace mucho los
"conciliadores" de toda clase y en los cuales nuestros
economistas cesarán de echar a los obreros la culpa de
su propio atraso, de justificar su insuficiente energía
por una
-------
* La falta de espacio no nos ha permitido dar en Iskra una respuesta
completa y detallada a esta carta, extraordinariamente característica,
de los economistas. Su aparición nos causó verdadero
júbilo, pues hacía ya mucho tiempo que oíamos
decir por diferentes lados que Iskra carecía de un punto
de vista de clase consecuente, y sólo esperábamos
una ocasión propicia o la expresión cristalizada
de esta acusación en boga, para darle una respuesta. Y
tenemos por costumbre no contestar a un ataque con la defensiva,
sino con un contraataque.
pág. 119
pretendida insuficiencia de fuerzas
de los obreros. ¿En qué, preguntamos a nuestros
economistas, debe consistir la "acumulación de fuerzas
por los obreros para esta lucha"? ¿No es evidente
que consiste en la educación política de los obreros,
en poner ante ellos al desnudo todos los aspectos de nuestro infame
régimen autocrático? ¿Y no está claro
que justamente para este trabajo necesitamos tener "aliados
entre los liberales y los intelectuales", prestos a aportarnos
sus denuncias sobre la campaña política contra los
zemstvos, los maestros, los funcionarios de Estadística,
los estlldiantes, etc.? ¿Será realmente tan difícil
de comprender este asombrosamente "sabio mecanismo"?
¿No os repite ya P. Axelrod desde 1897 que "el problema
de que los socialdemócratas rusos conquisten partidarios
y aliados directos o indirectos entre las clases no proletarias
se resuelve ante todo y principalmente por el carácter
de la propaganda hecha en el seno del proletariado mismo"?
¡Pero Martínov y los otros economistas siguen, no
obstante, creyendo que los obreros deben primero acumular fuerzas
por medio de "la lucha económica contra los patronos
y el gobierno" (para la política tradeunionista) y
sólo después, según parece, "pasar"
de la "educación" tradeunionista de la "actividad"
a la actividad socialdemócrata!
". . . En sus indagaciones
-- continúan los economistas --, Iskra se desvía
frecuentemente del punto de vista de clase, escamoteando los antagonismos
de clase y colocando en el primer plano la comunidad del descontento
contra el gobierno, a pesar de que las causas y el grado de este
descontento son muy diferentes entre los 'aliados'. Tal es, por
ejemplo, la actitud de Iskra hacia los zemstvos". . . "Iskra
[según dicen los economistas] promete a los nobles, descon-
pág. 120
tentos de las limosnas gubernamentales,
la ayuda de la clase obrera, y haciendo esto no dice ni palabra
del antagonismo de clase que separa a estos dos sectores de la
población". Si el lector se remite a los artículos
"La autocracia y los zemstvos" (números 2 y 4
de Iskra )[*], a los que por lo visto hacen alusión los
autores de la carta, verá que están consagrados
a la actitud del gobierno ante la "blanda agitación
del zemstvo burocrático censatario" y ante la "actividad
independiente de las clases poseedoras". El artículo
dice que el obrero no puede contemplar con indiferencia la lucha
del gobierno contra el zemstvo; invita a los zemtsi a dejar a
un lado sus discursos blandos y a pronunciarse con palabras firmes
y categóricas cuando la socialdemocracia revolucionaria
se alce con toda su fuerza ante el gobierno. ¿Qué
hay en esto de inaceptable para los autores de la carta? Nadie
lo sabe. ¿Piensan que el obrero "no comprenderá"
las palabras "clases poseedoras" y "zemstvo burocrático
censatario"? ¿Creen que el hecho de impulsar a los
zemtsi a pasar de los discursos blandos a las palabras categóricas
es una "sobreestimación de la ideología"?
¿Se imaginan que los obreros pueden "acumular fuerzas"
para la lucha contra el absolutismo si no saben siquiera cómo
éste trata incluso a los zemstvos? Nadie lo sabe tampoco.
Lo único claro es que los autores tienen una idea muy vaga
de las tareas políticas de la socialdemocracia. Que esto
es así nos lo dice con mayor claridad aún esta frase:
"Idéntica es la actitud de Iskra ante el movimiento
estudiantil" (es decir, que también
-------
* Y, en el intervalo entre la aparición de estos artículos,
se ha publicado (Iskra, núm. 3) uno especialmente dedicado
a los antagonismos de clase en el campo. Véase V. I. Lenin,
Obras Completas, t. IV. (N. de la Red.)
pág. 121
"escamotea los antagonismos de
clase"). En lugar de exhortar a los obreros a afirmar, por
medio de una manifestación pública, que el verdadero
origen de la violencia, de la arbitrariedad y de la depravación
no se halla en la juventud universitaria, sino en el gobierno
ruso (Iskra, núm. 2)[*], ¡deberíamos haber
publicado, por lo que se ve, razonamientos concebidos en el espíritu
de R. Misl! Y semejantes ideas son expresadas por socialdemócratas,
en el otoño de 1901, después de los acontecimientos
de febrero y de marzo, en vísperas de un nuevo auge del
movimiento estudiantil, auge que revela que, incluso en este plano,
la "espontaneidad" de la protesta contra la autocracia
rebasa a la dirección consciente del movimiento por la
socialdemocracia. ¡La aspiración espontánea
de los obreros a intervenir en favor de los estudiantes apaleados
por la policía y los cosacos rebasa a la actividad consciente
de la organización socialdemócrata!
"Sin embargo, en otros artículos
-- continúan los autores de la carta --, Iskra condena
violentamente todo compromiso y defiende, por ejemplo, la posición
de intolerancia de los 'guesdistas'." A quienes suelen afirmar
con tanta presunción y ligereza que las discrepancias actuales
entre los socialdemócratas no son esenciales y no justifican
una escisión, les aconsejamos que mediten cuidadosamente
estas palabras. Los que afirman que no hemos hecho casi nada todavía
para demostrar la hostilidad de la autocracia hacia las clases
más diversas, para hacer conocer a los obreros la oposición
de los sectores más diversos de la población contra
la autocracia, ¿pueden militar eficazmente en una misma
organiza-
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* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. IV (N. de la Red.)
pág. 122
ción con quienes ven erl esta
actividad un "compromiso", evidentemente un compromiso
con la teoría de la "lucha económica contra
los patronos y el gobierno"?
Con ocasión del 40 aniversario
de la liberación de los campesinos, hemos hablado de la
necesidad de llevar la lucha de clases al campo (Iskra, núm.
3)[*]; a propósito de la memoria secreta de Witte, hemos
descrito (núm. 4) la incompatibilidad que existe entre
la administración autónoma local y la autocracia;
en relación con la nueva ley (núm. 8)[**], hemos
atacado el feudalismo de los terratenientes y del gobierno que
les sirve, y hemos saludado el Congreso ilegal de los zemstvos
(núm. 8), alentando a los "zemtsi" a pasar de
las peticiones humillantes a la luchs; hemos alentado (núm
3, con motivo del llamamiento del 25 de febrero del Comité
Ejecutivo de los estudiantes de Moscú) a los estudiantes
que, comenzando a comprender la necesidad de la lucha política,
la han emprendido, y, al mismo tiempo, hemos fustigado la "bárbara
incomprensión" de los partidarios del movimiento "puramente
universitario" que exhortan a los estudiantes a no participar
en las manifestaciones callejeras; hemos puesto al descubierto
(núm. 5) los "sueños absurdos", la "mentira
y la hipocresía" de los taimados liberales del periódico
Rossía [34] [Rusia ], y, al mismo tiempo, hemos estigmatizado
la rabiosa represión gubernamental que "se ejerce
contra pacíficos literatos, contra viejos profesores y
sabios, contra conocidos liberales de los zemstvos" ("Redada
policiaca contra la literatura", núm, 5) ¡ hemos
revelado (núm.
-------
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. IV. (N. de la
Red.)
** Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. V. (N. de la
Red.)
pág. 123
6)[*] el sentido verdadero del programa
"de tutela del Estado para el mejoramiento de la vida de
los obreros" y celebrado la "confesión preciosa"
de que "más vale prevenir con reformas dcsde arriba
las exigencias de reformas desde abajo, que esperar esta última
eventualidad"; hemos alentado (núm. 7) a los funcionarios
de Estadistica en su protesta y condenado a los funcionarios esquiroles
(núm. 9). ¡El que vea en esta táctica un oscurecimiento
de la conciencia de clase del proletariado y un compromiso con
el liberalismo revela que no entiende en absoluto el verdadero
sentido del programa del "Credo" y, de facto, aplica
precisamente este programa, por mucho que lo repudie! Porque,
por eso mismo, arrastra a la socialdemocracia a "la lucha
económica contra los patronos y el gobierno" y retrocede
ante el liberalismo, renunciando a la tarea de intervenir activamente
en cada problema de carácter "liberal" y a determinar
frente a cada uno de estos problemas su propia actitud, su actitud
socialdemócrata.
f) Una vez más "calumniadores", una vez
más "mixtificadores"
Estas amables palabras son de Rab.
Dielo, que de este modo contesta a nuestra acusación de
"haber preparado indirectamente el terreno para hacer del
movimiento obrero un instrumento de la democracia burguesa".
En su simplicidad, Rab. Dielo ha decidido que esta acusación
no es ni más ni menos que un extravagante recurso polémico.
Como si dijera: estos agrios dogmáticos han decidido decirnos
toda clase de cosas desagradables, porque ¿qué puede
-------
* Loc. cit. (N. de la Red.)
pág. 124
resultar más desagradable que
ser instrumento de la democracia burguesa? Y se publica en negrilla
un "mentís": "Una calumnia sin paliativos"
(Dos congresos, pág. 30), "una mixtificación"
(pág 31), "una mascarada" (pág. 33). Como
Júpiter, Rab. Dielo (aunque se parece bastante poco a Júpiter)
se enfada precisamente porque no tiene razón, y demuestra,
injuriando de antemano, que es incapaz de seguir el hilo de las
ideas de sus adversarios. Y, sin embargo, no hay que reflexionar
mucho para comprender por qué todo culto de la espontaneidad
del movimiento de masas, todo rebajamiento de la política
socialdemócrata al nivel de la política tradeunionista
equivale precisamente a preparar el terreno para convertir el
movimiento obrero en instrumento de la democracia burguesa. El
movimiento obrero espontáneo no puede crear por sí
solo más que el tradeunionismo (e inevitablemente lo crea),
y la política tradeunionista de la clase obrera es precisamente
la política burguesa de la clase obrera. La participación
de la clase obrera en la lucha política, e incluso en la
revolución política, no hace en modo alguno de su
política una política socialdemócrata. ¿Se
le ocurrirá a Rabócheie Dielo negar esto? ¿Se
le ocurrirá, por fin, exponer ante todo el mundo, sin ambages
ni rodeos, el concepto que tiene de los problemas candentes de
la socialdemocracia internacional y rusa? No, nunca se le ocurrirá
nada semejante, porque se mantiene firmemente aferrado al recurso
de "hacerse el muerto": ni yo soy yo, ni el caballo
es mío ni soy el cochero. Nosotros no somos economistas,
Rabóchaia Misl no es el economismo; en general, en Rusia
no hay economismo. Es un recurso muy hábil y "político",
que sólo tiene el pequeño inconveniente de que a
los órganos que lo ponen en práctica se les suele
aplicar el mote de "Usted dirá".
pág. 125
Rab. Dielo cree que, en general, la democracia burguesa es en
Rusia una "quimera" (Dos congresos, pág. 32)[*].
¡Qué gentes más felices! Como el avestruz,
esconden la cabeza bajo el ala y se imaginan que con eso han hecho
desaparecer todo lo que les rodea. Una serie de publicistas liberales
que, cada mes, anuncian triunfalmente que el marxismo está
en descomposición e incluso que ha desaparecido; una serie
de periódicos liberales (Sanpetersbúrgskie Viédomosti
[35], Rússkie Viédomosti [Noticias de Rusia ] y
muchos otros), en cuyas columnas se estimula a los liberales que
llevan a los obreros una concepción brentaniana** de la
lucha de clases y una concepción tradeunionista de la política;
la pléyade de críticos del marxismo, cuyas verdaderas
tendencias ha puesto tan bien al descubierto el "Credo"
y cuya mercancía literaria es la única que circula
por Rusia sin impuestos ni alcabalas; la reanimación de
las tendencias revolucionarias no socialdemócratas, sobre
todo después de los sucesos de febrero y marzo; ¡todo
esto, por lo visto, es una quimera! ¡Todo esto no tiene
en absoluto nada que ver con la democracia burguesa!
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* Se invoca aquí mismo las "condiciones concretas
rusas que llevan fatalmente el movimiento obrero al camino revolucionario".
¡Esta gente no quiere comprender que el camino revolucionario
del movimiento obrero puede no ser el camino socialdemocrata!
Toda la burguesía del Occidente de Europa, bajo el absolutismo,
"empujaba", empujaba conscientemente a los obreros al
camino revolucionario. Pero nosotros, socialdemócratas,
no podemos contentarnos con esto. Y si de una u otra forma rebajamos
la política socialdemócrata al nivel de la política
espontánea, de la política tradeunionista, favorecemos
con ello precisamente a la democracia burguesa.
** L. Brentano -- Economista burgués alemán, que
predicaba la armonía de clases, la conciliacion de intereses
de capitalistas y obreros. (N. de la Red.)
pág. 126
Rab. Dielo, lo mismo que los autores de la carta economista del
número 12 de Iskra, debieran haber "pensado en la
razón de que los sucesos de la primavera hayan producido
una reanimación tan considerable de las tendencias revolucionarias
no socialdemócratas, en lugar de fortalecer la autoridad
y el prestigio de la socialdemocracia". La razón consiste
en que no hemos estado a la altura de nuestra misión, en
que la actividad de las masas obreras estaba por encima de la
nuestra, en que no hemos tenido dirigentes y organizadores revolucionarios
suficientemente preparados, que conocieran perfectamente el estado
de ánimo de todas las capas de la oposición y supieran
ponerse a la cabeza del movimiento, convertir una manifestación
espontánea en una manifestación política,
imprimirle un carácter político más amplio,
etc. En estas condiciones, seguirán inevitablemente aprovechándose
de nuestro atraso los revolucionarios no-socialdemócratas
más dinámicos y más enérgicos, y los
obreros, por grandes que sean la abnegación y la energía
con que luchen con la policía y con las tropas, por muy
revolucionaria que sea su actuación, no podrán ser
más que una fuerza que apoye a esos revolucionarios, serán
retaguardia de la democracia burguesa, y no vanguardia socialdemócrata.
Tomemos el caso de la socialdemocracia alemana, de la que nuestros
economistas quieren imitar sólo los lados débiles.
¿Por qué no se produce en Alemania ni un solo suceso
político sin que contribuya a afianzar más y más
la autoridad y el prestigio de la socialdemocracia? Porque la
socialdemocracia resulta ser siempre la primera en la apreciación
más revolucionaria de cada suceso, en la defensa de toda
protesta contra la arbitrariedad. No acaricia la ilusión
de que la lucha económica llevará a los obreros
a pensar en su privación de todo derecho, en que las condiciones
con-
pág. 127
cretas llevan fatalmente al movimiento
obrero al camino revolucionario. Interviene en todos los aspectos
y en todos los problemas de la vida social y política:
interviene cuando Guillermo se niega a ratificar el nombramiento
de un alcalde progresista burgués (¡nuestros economistas
no han tenido aún tiempo de explicar a los alemanes que
esto es, en el fondo, un compromiso con el liberalismo!); interviene
cuando se dicta una ley contra las obras e imágenes "inmorales",
cuando el gobierno ejerce una presión para que sean elegidos
determinados profesores, etc., etc. Siempre está la socialdemocracia
en primera línea, excitando el descontento político
en todas las clases, sacudiendo a los dormidos, espoleando a los
rezagados, proporcionando abundantes materiales para el desarrollo
de la conciencia política y de la actividad política
del proletariado. Como consecuencia de todo esto, hasta los enemigos
conscientes del socialismo se penetran de respeto hacia el luchador
político de vanguardia, y no es raro que un documento importante,
no sólo de las esferas burguesas, sino incluso de las esferas
burocráticas y palaciegas, vaya a parar por una especie
de milagro a la sala de redacción de Vorwärts.
Ahí está la clave de
la aparente "contradicción" que sobrepasa la
capacidad de comprensión de Rabócheie Dielo hasta
tal punto, que éste se limita a levantar las manos al cielo
clamando: "¡Mascarada!". En efecto, ¡figúrense
ustedes: nosotros, Rabócheie Dielo, consideramos como piedra
angular el movimiento obrero de masas (¡y lo imprimimos
en negrilla!), prevenimos a todos y a cada uno contra el peligro
de aminorar la importancia del elemento espontáneo, queremos
imprimir a la misma, a la misma, a la misma lucha económica
un carácter político, queremos mantener un contacto
estrecho y orgánico con la lucha proletaria! Y se nos
pág. 128
dice que preparamos el terreno para
convertir el movimiento obrero en instrumento de la democracia
burguesa. ¿Y quién nos lo dice? ¡Gentes que
llegan a un "compromiso" con el liberalismo, inmiscuyéndose
en todos los problemas "liberales" (¡qué
incomprensión del "contacto orgánico con la
lucha proletaria"!), dedicando tanta atención a los
estudiantes e incluso (¡qué horror!) a los zemtsi!
¡Gentes que, en general, quieren consagrar una parte mayor
dé sus fuerzas (en comparación con los economistas)
a la actuación entre las clases no proletarias de la población!
¿No es esto una "mascarada"?
¡Pobre Rabócheie
Dielo! ¿Llegará alguna vez a desentrañar
el secreto de este complicado mecanismo?
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