El Proletariado Petrolero
55 Años de Lucha Antimperialista
El proletariado petrolero colombiano
nació en 1921, cuando tras irregulares maniobras, la Tropical
Oil Company obtuvo la concesión de los yacimientos de la
ciudad de Barrancabermeja. Al pie del pozo "Infantas No 1",
centenares de obreros iniciaron entonces una historia de formidables
episodios de lucha contra el yugo imperialista que pesa sobre
nuestro pueblo. Nunca serán suficientemente exaltadas las
jornadas de 1924, 1927, 1938, 1957 y 1971, pero sobre todas ellas,
el combate de 1948, cuando tras vencer en una aguerrida batalla
por la nacionalización del petróleo, los obreros,
a la cabeza de las masas se tomaron el poder local y constituyeron
un gobierno popular que es símbolo y antorcha de los combates
revolucionarios.
Actualmente, desde el Putumayo hasta
la Guajira, miles de obreros del petróleo laboran en El
Centro, Casabe, Cantagallo, Cicuco, Orito, Mamonal, Salgar, El
Guamo, Aipe, Coveñas, Tibú y otros lugares, extrayendo
la inmensa riqueza del subsuelo en cantidad superior a los 100.000
barriles por día: cavan los pozos bajo el sol ardiente,
los limpian, mantienen el ritmo infatigable de los "Chin-machones",
o bien reparan la maquinaria en los talleres industriales mientras
las cuadrillas domeñan selvas, desafían abismos
y caudalosos ríos para tender los oleoductos de crudos
y blancos. Otros más, en medio del calor atafagante de
los complejos de refinación y petroquímica, entregan
su capacidad y su energía para el funcionamiento de las
plantas de alquilación, craking, parafinas, turbo-expander,
energía, tanques de almacenamiento, bombeo y tantas más.
Una Riqueza Enajenada
Como sucede con todos los recursos naturales,
el caso del petróleo refleja de manera nítida la
ilimitada voracidad con que los norteamericanos ejercen el pillaje
en nuestro país. Este producto ha constituido la base de
la industria mundial durante el siglo XX, pues del trabajo de
los obreros surgen no solamente las gasolinas de aviación,
blanca y de motor, el Fuel-Oil y el ACPM, sino también
grasas, aceites, disolventes, alifáticos, ácidos,
parafinas y cientos de derivados, fundamentalmente orientados
hacia cuatro renglones.
Pero nuestro país, que extrae
y refina crudo desde hace 55 años, jamás ha disfrutado
de sus beneficios, dado que a lo largo de la historia la oligarquía
gobernante ha mantenido una inmodificable actitud de entrega frente
al imperialismo yanqui, cuya gigantesca asociación de monopolios,
conformada por las compañías Standard Oil, Socony-Mobil,
Texas Petroleum, Gulf y Shell, controla el 90% de la producción
y comercio mundial.
Mientras esto sucede, ancianos, mujeres
y niños humildes tienen que madrugar y formar largas colas
ante las estaciones de gasolina, portando frascos y tarros vacíos
en espera infructuosa del combustible para sus rudimentarias estufas.
A tal punto llegan los abusos de las
compañías extranjeras, que tal y como lo anunció
hace unos meses el gobierno, el país importará este
año entre 20 y 30 mil barriles diarios, mientras la Texas
exporta, nada más que a Venezuela, 40.000 barriles de crudo
colombiano por día. En el momento en que López anunciaba
que no había petróleo, un buque extranjero lleno
de éste se hundía frente a Tumaco.
Las Primeras Batallas Proletarias
La entrega de nuestros hidrocarburos
se remonta a 1905, cuando el dictador Rafael Reyes urdió
una serie de maniobras y pisoteó la propia legalidad burguesa
para otorgar a su protegido Roberto De Mares la concesión
de los yacimientos de Barrancabermeja, que se extienden entre
las desembocaduras de los ríos Carare y Sogamoso en el
Magdalena.
El logrero De Mares burló a su
vez todos los plazos de iniciación de trabajos, hasta que
en 1919 ferió sus derechos a la Tropical Oil Company, filial
de la Internacional Petroleum, que era uno de los nombres de la
Standard Oil, el pulpo con el cual John D. Rockefeller llegó
a controlar a fines del siglo pasado, tras inenarrables filibusterías,
el 95% de la capacidad de refinación de los Estados Unidos.
La compañía recibió la concesión por
un término de treinta años, cumplidos los cuales
revertirían gratuitamente al Estado los equipos, maquinaria,
instalaciones, medios e instrumentos de producción.
La Tropical inició su explotación
petrolera en agosto de 1921, imponiendo a los obreros el afrentoso
régimen de exacción que ha caracterizado al imperialismo
desde los tiempos del "Gran Garrote" hasta los del "Nuevo
Diálogo". Pero los centenares de trabajadores supieron
oponer desde el mismo comienzo una beligerante resistencia a la
opresión. Un anciano que vivió aquellas primeras
luchas nos lo recuerda: "Por allá por 1922 empezamos
a reunirnos en las casas con Raúl Eduardo Mahecha para
ver cómo nos defendíamos; publicamos la 'Vanguardia
Obrera', con la cual ganamos gente para fundar nuestro sindicato
clandestino, que desde entonces se llama Unión Sindical
Obrera. A los dos años ya estábamos peleando para
que lo legalizaran y por un mejor pago del trabajo; porque claro
que se ganaba más que en el campo, pero de todos modos
no alcanzaba para vivir". Ese movimiento significó
la consolidación de la USO y su vinculación con
los sindicatos de las riberas del Río Magdalena y la zona
bananera.
Para el año 27, indóciles
a los abusos sin cuenta de la Tropical, los trabajadores declararon
una huelga que fue apoyada por los obreros de la Andian, los braceros
de Neiva, Girardot, La Dorada y Puerto Berrío y los ferrocarrileros
de Barranquilla. Ante la magnitud del conflicto, el gobierno de
Abadía Méndez, que un año más tarde
ordenaría a sangre fría la masacre de las bananeras,
hizo disparar sobre Barranca sus cañoneras de río
y encarceló a los dirigentes populares.
La Férula Liberal de los Años
Treinta
Tras una larga ausencia, el Partido
Liberal volvió al Poder en la persona de Enrique Olaya
Herrera, utilizando demagógicamente los anhelos de autonomía
nacional y libertades democráticas del pueblo colombiano.
Pero bien pronto mostró su verdadera cara: la "salvación
nacional" que pregonaba Olaya consistió en el mayor
sometimiento del país a los Estados Unidos, como quedó
claro con la entrega de la Concesión Barco a la Colpet
y con la legislación petrolera que expidió para
darle carácter institucional al saqueo de los potentados
foráneos.
El continuador de esa política
fue Alfonso López Pumarejo, quien desparpajadamente apoyaba
la tesis de Olaya, según la cual los colombianos estamos
destinados a ser dependientes "por ley natural".
Sin embargo durante su gobierno el combate
de las masas le impuso el derecho de asociación sindical,
y en 1938 la USO presentó un pliego de peticiones que revela
el grado de opresión a que la Tropical, llamada "Troco"
por los trabajadores, sometía a sus obreros: éstos
tuvieron que luchar no solamente por la jornada de ocho horas,
sino incluso por el derecho de leer cualquier periódico.
Pese a ello el pliego fue rechazado por la compañía,
y el 8 de abril se declaró la huelga.
Cuatro días después, mientras
los obreros realizaban una concentración en la Plaza de
Bolívar de Barranca, ocurrieron los hechos que relata un
trabajador jubilado: "Estábamos con las mujeres y
los niños, cuando por las cuatro esquinas nos rodeó
la tropa y sin más ni más comenzó a ametrallar.
Yo vi caer a mucha gente. No supe cómo salí de ese
infierno. Al otro día no quedaron sino las manchas de sangre,
porque esa noche tiraron los cadáveres al río".
A partir de entonces, la ciudad fue escenario de los crímenes
que cometían las bandas de esquiroles de la Troco.
"Colombia sí, Troco no!"
La Concesión De Mares debía
revertir a la nación en agosto de 1951, de acuerdo con
el contrato firmado por la Tropical. Pero los monopolios no suelen
abandonar fácilmente sus rentables explotaciones, y desde
cuatro años antes la compañía solicitó
al gobierno de Mariano Ospina Pérez una prórroga
de sus privilegios.
La Troco sobornó a ingenieros
y funcionarios oficiales, con lo que obtuvo un informe al gobierno
según el cual, durante el lapso de disfrute de la concesión
que le restaba, no alcanzaba a recuperar sus inversiones en taladros,
instalaciones, tubería, torres, talleres, transporte, cocinas
y plantas de gas.
Pero la Tropical cometió un grave
error; no contaba con la conciencia patriótica de la clase
obrera colombiana, totalmente opuesta a la de los lacayos con
los que trataba en las altas esferas.
El 7 de enero de 1948, a las 12 del
día, la Unión Sindical Obrera declaró una
inolvidable huelga cuyos protagonistas relatan con orgullo.
En efecto, el gobierno intentó
quebrar el movimiento ordenando al ejército que realizara
el cargue y descargue en el puerto de Galán. Pero la respuesta
popular fue masiva: petroleros, braceros y pescadores se interpusieron
con sus mujeres y niños entre la carga y los buques, defendiendo
una huelga en la que no estaba de por medio una sola reivindicación
económica para los obreros. El proletariado libraba la
heroica batalla por la nacionalización del petróleo
en representación de toda Colombia. La USO, que diez años
atrás parecía extinguida, había resurgido
más unida y combativa que nunca.
Durante los 57 días que duró
la batalla, por todo el país se desplegó la solidaridad
popular. Un combatiente de entonces cuenta que "El concejo
de Barranca nos tuvo que apoyar. Y todos los días llegaban
proclamas a favor de la huelga; las leíamos en los mítines
y después salíamos en manifestación gritando:
¡Colombia sí, Troco no!".
De nada le valieron al gobierno las
amenazas, ni las golpizas, ni los allanamientos, ni la detención
de los dirigentes. La causa patriótica de los obreros se
extendió por todo el país, y el prolongado arbitramento
que se convocó, faIló a favor de la nacionalización.
La clase obrera entregaba al pueblo una resonante victoria sobre
la Troco y sus agentes criollos, como resultado de la cual se
fundó hace veinticinco años la Empresa Colombiana
de Petróleos, Ecopetrol, de propiedad del Estado.
El Primer Poder Obrero de Nuestra Historia
Antes de que hubieran transcurrido dos
semanas de levantada la huelga, el 9 de abril, la oligarquía
asesinó en Bogotá a Jorge Eliécer Gaitán,
lo que provocó insurrecciones espontáneas por todo
el territorio nacional. El pueblo de Barrancabermeja, curtido
en muchas batallas y a cuya cabeza estaba un proletariado rico
en experiencias y de incomparable audacia, se lanzó al
combate.
Hoy en día, en cada cuadra hay
por lo menos una persona que vivió aquellas jornadas y
puede narrarlas emocionadamente: "No se sabía de dónde
salían tantas armas, pero lo cierto fue que en horas Barranca
era del pueblo", dice un antiguo trabajador petrolero. Las
masas eligieron democráticamente un "Comité
Provisional Revolucionario", primer organismo de Poder dirigido
por la clase obrera en la historia de Colombia, que de inmediato
conformó milicias populares y proclamó la toma del
Poder, exigiendo la entrega del gobierno nacional. Los humildes
desbarataron el orden de los explotadores: tomaron control de
la ciudad y enviaron batallones obreros para ocupar la radio,
los teléfonos, correos y telégrafos; bloquearon
con grandes barriles la pista del aeropuerto, coparon el paso
por el Magdalena y se posesionaron de la refinería y el
Centro de producción.
Los obreros fabricaron en la refinería
tres cañones accionados a la manera de las antiguas escopetas,
con los cuales desfilaron victoriosas las milicias del pueblo
por las calles.
Sin embargo, las condiciones políticas
del país no estaban aún maduras para que la revolución
triunfara nacionalmente. La rebelión se aplacó en
las demás ciudades, y Barranca tuvo que entregar el Poder.
Las formidables jornadas de 1948 en
Barrancabermeja constituyen un valioso legado proletario, porque
los obreros y las gentes humildes se atrevieron a violar el privilegio
de gobierno de sus explotadores y superaron las dificultades,
lucharon decididamente, pusieron todo su empeño en demostrar
que el futuro les pertenece.
La Oligarquía Vuelve a Hincar
su Rodilla
El gobierno bipartidista que se conformó
a raíz del 9 de abril, extendió como una plaga por
todo el país la represión: creó la "Guardia
Rural" y la Policía Militar, instauró la censura
de prensa, y lanzó una ola de consejos de guerra para condenar
sumariamente a sus opositores, entre ellos varios combatientes
de la USO, muchos de los cuales tuvieron que pasar a la resistencia
guerrillera para enfrentar a los asesinos a sueldo que los perseguían.
Entre tanto, la Troco socavaba la nacionalización
del petróleo. En 1951, no entregó la refinería
ampliada, como estaba estipulado, ni devolvió la flota
con la que operaba en el Magdalena.
La oligarquía, que desplegó
todas sus fuerzas en contra de las clases populares, hincó
una vez más su rodilla ante los monopolios. Les arrendó
la planta de envase por cien pesos al año, les otorgó
los derechos de recuperación secundaria de varios yacimientos,
y les anexó los equipos, carreteras, plantas de energía,
vapor y gas, los talleres, bodegas, comisariatos, restaurantes,
escuelas y casas de habitación, además de un hospital
y la cantidad de cuatro y medio millones de dólares.
Como si ello fuera poco, Ecopetrol fue
obligada a comprar el petróleo colombiano a los extranjeros,
pagando en dólares el 40%, porcentaje que actualmente sube
hasta el 75%. En 1957, los obreros dieron la batalla contra el
contrato que bajo esas condiciones existía con la Forest,
pero el gobierno indemnizó a la compañía
con 10 millones de dólares que cargó a la empresa
estatal.
El Frente Nacional y la Desnacionalización
La alianza burgués-terrateniente
que se ha alternado en el poder durante los últimos 18
años, incremento la desnacionalización de Ecopetrol
mediante onerosos "contratos de asociación" con
los monopolios, entre los cuales se destaca la Texas, ahora usufructuaria
también del gas de la Guajira. En tales contratos se beneficia
a los pulpos con todas las prerrogativas imaginables: exención
de inspección y registro de sus divisas en el exterior,
pago en dólares por parte de la empresa estatal colombiana
del petróleo que extraen, alzas mensuales en el precio
interno de la gasolina y nombramiento de sus ex-funcionarios y
beneficiados como directivos de Ecopetrol, empresa a la que los
pulpos niegan el derecho de explotar y el de comercializar la
gasolina, dejándole únicamente la función
de realizar una parte de la refinación.
Ultimamente, los imperialistas vienen
utilizando la crisis energética para especular acaparando
el suministro del crudo y aumentar sus descomunales ganancias.
Dentro de esa estrategia presionan las alzas en el precio del
petróleo, alegando que "se desliza" hacia Venezuela
y el Ecuador, mientras que de hecho sabotean los equipos de Ecopetrol,
como lo denuncia un dirigente de la USO: "En 1963, nosotros
fuimos a la huelga porque los agentes de las compañías
extranjeras incrustados en las actividades de la empresa dañaban
o se robaban los equipos, y después ellos mismos le vendían
los repuestos. Duramos peleando 42 días y logramos la destitución
de algunos, pero los reemplazaron con otros iguales o peores.
Fíjese que en Casabe, por ejemplo, mantienen funcionando
pozos casi agotados, mientras que han sellado 600 de buen rendimiento".
Los obreros petroleros libraron su más
reciente batalla en 1971, cuando en la Colpet se fueron a la huelga
por la nacionalización de las concesiones Barco y Cicuco-Violo,
ganándose el apoyo de la población de Tibú
y de Cúcuta, que los respaldó con paros cívicos
llenos de combatividad, mientras que en Barrancabermeja un cese
de actividades contra las violaciones a la convención colectiva
y la corrupción administrativa era reprimido a sangre y
fuego, en la contienda en que entregó su vida el compañero
Fermín Amaya, encarnando con su sacrificio el heroísmo
de las luchas de¡ proletariado petrolero.
Un Arsenal para las Batallas del Futuro
López Michelsen demostró
una vez más que es un títere del poder extranjero,
al comprar las instalaciones de la Colpet cuando apenas faltaba
un mes para que revirtieran gratuitamente al Estado, y cargar
de paso a Ecopetrol con los 650 millones de pesos que el monopolio
adeudaba a sus trabajadores, cuyos derechos, arduamente conquistados,
quiere ahora desconocer.
Pero el proletariado petrolero de nuestro
país ha demostrado desde su nacimiento por qué la
clase obrera dirige el proceso de liberación nacional del
yugo del imperialismo norteamericano. Sus combates, librados en
las más diversas regiones del territorio nacional, han
conquistado victorias llenas de invaluables enseñanzas
para todos los patriotas. Su experiencia constituye un arsenal
poderoso para las batallas futuras de la revolución colombiana,
y la sangre que han derramado sus combatientes caídos,
fecunda constantemente todas y cada una de las luchas que a diario
libran las masas populares de nuestro país. Los revolucionarios
tendremos siempre presente esta brillante historia, a cuyos protagonistas
saludamos emocionadamente, y hombro a hombro marcharemos con ellos
hacia la conquista de esa Colombia distinta a la de los explotadores,
por la cual se han librado ya tantas contiendas.
Guillermo Alberto Arévalo,
TR No 24, Diciembre de 1976
TR No 24, Diciembre de
1976.
El Proletariado Petrolero
55 Años de Lucha Antimperialista
El proletariado petrolero colombiano
nació en 1921, cuando tras irregulares maniobras, la Tropical
Oil Company obtuvo la concesión de los yacimientos de la
ciudad de Barrancabermeja. Al pie del pozo "Infantas No 1",
centenares de obreros iniciaron entonces una historia de formidables
episodios de lucha contra el yugo imperialista que pesa sobre
nuestro pueblo. Nunca serán suficientemente exaltadas las
jornadas de 1924, 1927, 1938, 1957 y 1971, pero sobre todas ellas,
el combate de 1948, cuando tras vencer en una aguerrida batalla
por la nacionalización del petróleo, los obreros,
a la cabeza de las masas se tomaron el poder local y constituyeron
un gobierno popular que es símbolo y antorcha de los combates
revolucionarios.
Actualmente, desde el Putumayo hasta
la Guajira, miles de obreros del petróleo laboran en El
Centro, Casabe, Cantagallo, Cicuco, Orito, Mamonal, Salgar, El
Guamo, Aipe, Coveñas, Tibú y otros lugares, extrayendo
la inmensa riqueza del subsuelo en cantidad superior a los 100.000
barriles por día: cavan los pozos bajo el sol ardiente,
los limpian, mantienen el ritmo infatigable de los "Chin-machones",
o bien reparan la maquinaria en los talleres industriales mientras
las cuadrillas domeñan selvas, desafían abismos
y caudalosos ríos para tender los oleoductos de crudos
y blancos. Otros más, en medio del calor atafagante de
los complejos de refinación y petroquímica, entregan
su capacidad y su energía para el funcionamiento de las
plantas de alquilación, craking, parafinas, turbo-expander,
energía, tanques de almacenamiento, bombeo y tantas más.
Una Riqueza Enajenada
Como sucede con todos los recursos naturales,
el caso del petróleo refleja de manera nítida la
ilimitada voracidad con que los norteamericanos ejercen el pillaje
en nuestro país. Este producto ha constituido la base de
la industria mundial durante el siglo XX, pues del trabajo de
los obreros surgen no solamente las gasolinas de aviación,
blanca y de motor, el Fuel-Oil y el ACPM, sino también
grasas, aceites, disolventes, alifáticos, ácidos,
parafinas y cientos de derivados, fundamentalmente orientados
hacia cuatro renglones.
Pero nuestro país, que extrae
y refina crudo desde hace 55 años, jamás ha disfrutado
de sus beneficios, dado que a lo largo de la historia la oligarquía
gobernante ha mantenido una inmodificable actitud de entrega frente
al imperialismo yanqui, cuya gigantesca asociación de monopolios,
conformada por las compañías Standard Oil, Socony-Mobil,
Texas Petroleum, Gulf y Shell, controla el 90% de la producción
y comercio mundial.
Mientras esto sucede, ancianos, mujeres
y niños humildes tienen que madrugar y formar largas colas
ante las estaciones de gasolina, portando frascos y tarros vacíos
en espera infructuosa del combustible para sus rudimentarias estufas.
A tal punto llegan los abusos de las
compañías extranjeras, que tal y como lo anunció
hace unos meses el gobierno, el país importará este
año entre 20 y 30 mil barriles diarios, mientras la Texas
exporta, nada más que a Venezuela, 40.000 barriles de crudo
colombiano por día. En el momento en que López anunciaba
que no había petróleo, un buque extranjero lleno
de éste se hundía frente a Tumaco.
Las Primeras Batallas Proletarias
La entrega de nuestros hidrocarburos
se remonta a 1905, cuando el dictador Rafael Reyes urdió
una serie de maniobras y pisoteó la propia legalidad burguesa
para otorgar a su protegido Roberto De Mares la concesión
de los yacimientos de Barrancabermeja, que se extienden entre
las desembocaduras de los ríos Carare y Sogamoso en el
Magdalena.
El logrero De Mares burló a su
vez todos los plazos de iniciación de trabajos, hasta que
en 1919 ferió sus derechos a la Tropical Oil Company, filial
de la Internacional Petroleum, que era uno de los nombres de la
Standard Oil, el pulpo con el cual John D. Rockefeller llegó
a controlar a fines del siglo pasado, tras inenarrables filibusterías,
el 95% de la capacidad de refinación de los Estados Unidos.
La compañía recibió la concesión por
un término de treinta años, cumplidos los cuales
revertirían gratuitamente al Estado los equipos, maquinaria,
instalaciones, medios e instrumentos de producción.
La Tropical inició su explotación
petrolera en agosto de 1921, imponiendo a los obreros el afrentoso
régimen de exacción que ha caracterizado al imperialismo
desde los tiempos del "Gran Garrote" hasta los del "Nuevo
Diálogo". Pero los centenares de trabajadores supieron
oponer desde el mismo comienzo una beligerante resistencia a la
opresión. Un anciano que vivió aquellas primeras
luchas nos lo recuerda: "Por allá por 1922 empezamos
a reunirnos en las casas con Raúl Eduardo Mahecha para
ver cómo nos defendíamos; publicamos la 'Vanguardia
Obrera', con la cual ganamos gente para fundar nuestro sindicato
clandestino, que desde entonces se llama Unión Sindical
Obrera. A los dos años ya estábamos peleando para
que lo legalizaran y por un mejor pago del trabajo; porque claro
que se ganaba más que en el campo, pero de todos modos
no alcanzaba para vivir". Ese movimiento significó
la consolidación de la USO y su vinculación con
los sindicatos de las riberas del Río Magdalena y la zona
bananera.
Para el año 27, indóciles
a los abusos sin cuenta de la Tropical, los trabajadores declararon
una huelga que fue apoyada por los obreros de la Andian, los braceros
de Neiva, Girardot, La Dorada y Puerto Berrío y los ferrocarrileros
de Barranquilla. Ante la magnitud del conflicto, el gobierno de
Abadía Méndez, que un año más tarde
ordenaría a sangre fría la masacre de las bananeras,
hizo disparar sobre Barranca sus cañoneras de río
y encarceló a los dirigentes populares.
La Férula Liberal de los Años
Treinta
Tras una larga ausencia, el Partido
Liberal volvió al Poder en la persona de Enrique Olaya
Herrera, utilizando demagógicamente los anhelos de autonomía
nacional y libertades democráticas del pueblo colombiano.
Pero bien pronto mostró su verdadera cara: la "salvación
nacional" que pregonaba Olaya consistió en el mayor
sometimiento del país a los Estados Unidos, como quedó
claro con la entrega de la Concesión Barco a la Colpet
y con la legislación petrolera que expidió para
darle carácter institucional al saqueo de los potentados
foráneos.
El continuador de esa política
fue Alfonso López Pumarejo, quien desparpajadamente apoyaba
la tesis de Olaya, según la cual los colombianos estamos
destinados a ser dependientes "por ley natural".
Sin embargo durante su gobierno el combate
de las masas le impuso el derecho de asociación sindical,
y en 1938 la USO presentó un pliego de peticiones que revela
el grado de opresión a que la Tropical, llamada "Troco"
por los trabajadores, sometía a sus obreros: éstos
tuvieron que luchar no solamente por la jornada de ocho horas,
sino incluso por el derecho de leer cualquier periódico.
Pese a ello el pliego fue rechazado por la compañía,
y el 8 de abril se declaró la huelga.
Cuatro días después, mientras
los obreros realizaban una concentración en la Plaza de
Bolívar de Barranca, ocurrieron los hechos que relata un
trabajador jubilado: "Estábamos con las mujeres y
los niños, cuando por las cuatro esquinas nos rodeó
la tropa y sin más ni más comenzó a ametrallar.
Yo vi caer a mucha gente. No supe cómo salí de ese
infierno. Al otro día no quedaron sino las manchas de sangre,
porque esa noche tiraron los cadáveres al río".
A partir de entonces, la ciudad fue escenario de los crímenes
que cometían las bandas de esquiroles de la Troco.
"Colombia sí, Troco no!"
La Concesión De Mares debía
revertir a la nación en agosto de 1951, de acuerdo con
el contrato firmado por la Tropical. Pero los monopolios no suelen
abandonar fácilmente sus rentables explotaciones, y desde
cuatro años antes la compañía solicitó
al gobierno de Mariano Ospina Pérez una prórroga
de sus privilegios.
La Troco sobornó a ingenieros
y funcionarios oficiales, con lo que obtuvo un informe al gobierno
según el cual, durante el lapso de disfrute de la concesión
que le restaba, no alcanzaba a recuperar sus inversiones en taladros,
instalaciones, tubería, torres, talleres, transporte, cocinas
y plantas de gas.
Pero la Tropical cometió un grave
error; no contaba con la conciencia patriótica de la clase
obrera colombiana, totalmente opuesta a la de los lacayos con
los que trataba en las altas esferas.
El 7 de enero de 1948, a las 12 del
día, la Unión Sindical Obrera declaró una
inolvidable huelga cuyos protagonistas relatan con orgullo.
En efecto, el gobierno intentó
quebrar el movimiento ordenando al ejército que realizara
el cargue y descargue en el puerto de Galán. Pero la respuesta
popular fue masiva: petroleros, braceros y pescadores se interpusieron
con sus mujeres y niños entre la carga y los buques, defendiendo
una huelga en la que no estaba de por medio una sola reivindicación
económica para los obreros. El proletariado libraba la
heroica batalla por la nacionalización del petróleo
en representación de toda Colombia. La USO, que diez años
atrás parecía extinguida, había resurgido
más unida y combativa que nunca.
Durante los 57 días que duró
la batalla, por todo el país se desplegó la solidaridad
popular. Un combatiente de entonces cuenta que "El concejo
de Barranca nos tuvo que apoyar. Y todos los días llegaban
proclamas a favor de la huelga; las leíamos en los mítines
y después salíamos en manifestación gritando:
¡Colombia sí, Troco no!".
De nada le valieron al gobierno las
amenazas, ni las golpizas, ni los allanamientos, ni la detención
de los dirigentes. La causa patriótica de los obreros se
extendió por todo el país, y el prolongado arbitramento
que se convocó, faIló a favor de la nacionalización.
La clase obrera entregaba al pueblo una resonante victoria sobre
la Troco y sus agentes criollos, como resultado de la cual se
fundó hace veinticinco años la Empresa Colombiana
de Petróleos, Ecopetrol, de propiedad del Estado.
El Primer Poder Obrero de Nuestra Historia
Antes de que hubieran transcurrido dos
semanas de levantada la huelga, el 9 de abril, la oligarquía
asesinó en Bogotá a Jorge Eliécer Gaitán,
lo que provocó insurrecciones espontáneas por todo
el territorio nacional. El pueblo de Barrancabermeja, curtido
en muchas batallas y a cuya cabeza estaba un proletariado rico
en experiencias y de incomparable audacia, se lanzó al
combate.
Hoy en día, en cada cuadra hay
por lo menos una persona que vivió aquellas jornadas y
puede narrarlas emocionadamente: "No se sabía de dónde
salían tantas armas, pero lo cierto fue que en horas Barranca
era del pueblo", dice un antiguo trabajador petrolero. Las
masas eligieron democráticamente un "Comité
Provisional Revolucionario", primer organismo de Poder dirigido
por la clase obrera en la historia de Colombia, que de inmediato
conformó milicias populares y proclamó la toma del
Poder, exigiendo la entrega del gobierno nacional. Los humildes
desbarataron el orden de los explotadores: tomaron control de
la ciudad y enviaron batallones obreros para ocupar la radio,
los teléfonos, correos y telégrafos; bloquearon
con grandes barriles la pista del aeropuerto, coparon el paso
por el Magdalena y se posesionaron de la refinería y el
Centro de producción.
Los obreros fabricaron en la refinería
tres cañones accionados a la manera de las antiguas escopetas,
con los cuales desfilaron victoriosas las milicias del pueblo
por las calles.
Sin embargo, las condiciones políticas
del país no estaban aún maduras para que la revolución
triunfara nacionalmente. La rebelión se aplacó en
las demás ciudades, y Barranca tuvo que entregar el Poder.
Las formidables jornadas de 1948 en
Barrancabermeja constituyen un valioso legado proletario, porque
los obreros y las gentes humildes se atrevieron a violar el privilegio
de gobierno de sus explotadores y superaron las dificultades,
lucharon decididamente, pusieron todo su empeño en demostrar
que el futuro les pertenece.
La Oligarquía Vuelve a Hincar
su Rodilla
El gobierno bipartidista que se conformó
a raíz del 9 de abril, extendió como una plaga por
todo el país la represión: creó la "Guardia
Rural" y la Policía Militar, instauró la censura
de prensa, y lanzó una ola de consejos de guerra para condenar
sumariamente a sus opositores, entre ellos varios combatientes
de la USO, muchos de los cuales tuvieron que pasar a la resistencia
guerrillera para enfrentar a los asesinos a sueldo que los perseguían.
Entre tanto, la Troco socavaba la nacionalización
del petróleo. En 1951, no entregó la refinería
ampliada, como estaba estipulado, ni devolvió la flota
con la que operaba en el Magdalena.
La oligarquía, que desplegó
todas sus fuerzas en contra de las clases populares, hincó
una vez más su rodilla ante los monopolios. Les arrendó
la planta de envase por cien pesos al año, les otorgó
los derechos de recuperación secundaria de varios yacimientos,
y les anexó los equipos, carreteras, plantas de energía,
vapor y gas, los talleres, bodegas, comisariatos, restaurantes,
escuelas y casas de habitación, además de un hospital
y la cantidad de cuatro y medio millones de dólares.
Como si ello fuera poco, Ecopetrol fue
obligada a comprar el petróleo colombiano a los extranjeros,
pagando en dólares el 40%, porcentaje que actualmente sube
hasta el 75%. En 1957, los obreros dieron la batalla contra el
contrato que bajo esas condiciones existía con la Forest,
pero el gobierno indemnizó a la compañía
con 10 millones de dólares que cargó a la empresa
estatal.
El Frente Nacional y la Desnacionalización
La alianza burgués-terrateniente
que se ha alternado en el poder durante los últimos 18
años, incremento la desnacionalización de Ecopetrol
mediante onerosos "contratos de asociación" con
los monopolios, entre los cuales se destaca la Texas, ahora usufructuaria
también del gas de la Guajira. En tales contratos se beneficia
a los pulpos con todas las prerrogativas imaginables: exención
de inspección y registro de sus divisas en el exterior,
pago en dólares por parte de la empresa estatal colombiana
del petróleo que extraen, alzas mensuales en el precio
interno de la gasolina y nombramiento de sus ex-funcionarios y
beneficiados como directivos de Ecopetrol, empresa a la que los
pulpos niegan el derecho de explotar y el de comercializar la
gasolina, dejándole únicamente la función
de realizar una parte de la refinación.
Ultimamente, los imperialistas vienen
utilizando la crisis energética para especular acaparando
el suministro del crudo y aumentar sus descomunales ganancias.
Dentro de esa estrategia presionan las alzas en el precio del
petróleo, alegando que "se desliza" hacia Venezuela
y el Ecuador, mientras que de hecho sabotean los equipos de Ecopetrol,
como lo denuncia un dirigente de la USO: "En 1963, nosotros
fuimos a la huelga porque los agentes de las compañías
extranjeras incrustados en las actividades de la empresa dañaban
o se robaban los equipos, y después ellos mismos le vendían
los repuestos. Duramos peleando 42 días y logramos la destitución
de algunos, pero los reemplazaron con otros iguales o peores.
Fíjese que en Casabe, por ejemplo, mantienen funcionando
pozos casi agotados, mientras que han sellado 600 de buen rendimiento".
Los obreros petroleros libraron su más
reciente batalla en 1971, cuando en la Colpet se fueron a la huelga
por la nacionalización de las concesiones Barco y Cicuco-Violo,
ganándose el apoyo de la población de Tibú
y de Cúcuta, que los respaldó con paros cívicos
llenos de combatividad, mientras que en Barrancabermeja un cese
de actividades contra las violaciones a la convención colectiva
y la corrupción administrativa era reprimido a sangre y
fuego, en la contienda en que entregó su vida el compañero
Fermín Amaya, encarnando con su sacrificio el heroísmo
de las luchas de¡ proletariado petrolero.
Un Arsenal para las Batallas del Futuro
López Michelsen demostró
una vez más que es un títere del poder extranjero,
al comprar las instalaciones de la Colpet cuando apenas faltaba
un mes para que revirtieran gratuitamente al Estado, y cargar
de paso a Ecopetrol con los 650 millones de pesos que el monopolio
adeudaba a sus trabajadores, cuyos derechos, arduamente conquistados,
quiere ahora desconocer.
Pero el proletariado petrolero de nuestro
país ha demostrado desde su nacimiento por qué la
clase obrera dirige el proceso de liberación nacional del
yugo del imperialismo norteamericano. Sus combates, librados en
las más diversas regiones del territorio nacional, han
conquistado victorias llenas de invaluables enseñanzas
para todos los patriotas. Su experiencia constituye un arsenal
poderoso para las batallas futuras de la revolución colombiana,
y la sangre que han derramado sus combatientes caídos,
fecunda constantemente todas y cada una de las luchas que a diario
libran las masas populares de nuestro país. Los revolucionarios
tendremos siempre presente esta brillante historia, a cuyos protagonistas
saludamos emocionadamente, y hombro a hombro marcharemos con ellos
hacia la conquista de esa Colombia distinta a la de los explotadores,
por la cual se han librado ya tantas contiendas.
Guillermo Alberto Arévalo,
TR No 24, Diciembre de 1976
TR No 24, Diciembre de
1976.