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¿Paro Real o Virtual?

Declaración Pública Ante el paro del 12 de Octubre de 2005

Hace un año, por esta misma fecha, el Comando Nacional Sindical Unitario, y la llamada "Gran Coalición Democrática -GC", decretaron y convocaron un Paro Nacional en la fecha del 12 de octubre de 2004. El paro jamás se preparó, ni se impulsó, excepción hecha, de las ampulosas declaraciones escritas y verbales. Al final de aquel 12 de octubre, la batalla obrera se convirtió en otra jornada de protesta, que adoptó la forma de una marcha por la carrera 7 del Distrito Capital. El Paro no se realizó. Y no hubo explicación alguna de la fallida táctica.

Como si se tratara de una cruel mascarada, los mismos protagonistas de ayer, nos convocan hoy, a realizar de nuevo un paro, el 12 de octubre de 2005. Cabe preguntarse, si se trata de una inadvertida coincidencia, o, simplemente de una deliberada política que busca simular que se pelea sin dar batalla alguna.

Dos, son los asuntos esenciales en juego: La realización del paro, y la política que, orienta la batalla, sobre los cuales nuestro partido, deja consignados sus criterios revolucionarios.

OBJETIVOS Y POLÍTICA QUE ORIENTA EL PARO
Aunque desconocemos el documento oficial que lo convoca y lo aprueba, sí, hemos venido recogiendo las diversas explicaciones dadas por distintos voceros de las Centrales, y las fuerzas que integran la Gran Coalición Democrática -GCD. Entre estos puntos sobresalen: El rechazo a la reelección del actual presidente, el Tratado de “Libre” Comercio, que se negocia con Estados Unidos; “todos los elementos negativos de la política de este Gobierno”; la Agenda Legislativa que lesiona al pueblo en materia tributaria, pensional, y demás políticas impuestas por el FMI; la defensa del Estado Social de Derecho, surgido de la Constitución del 91 -la de la política aperturista, globalizadora y neoliberal-; la solución negociada del conflicto armado y el acuerdo de intercambio humanitario, constituyen los objetivos del presunto paro y de alguna manera, nos revelan el carácter y naturaleza de la política que orienta la protesta.

Desde el ocaso de la década del 80, nuestro fundador y máximo dirigente, Francisco Mosquera, que ya visualizaba la arremetida del imperialismo, de Estados Unidos en particular, levantó la consigna de Resistencia Civil como la forma con la que, el proletariado colombiano, junto con los demás sectores democráticos y patrióticos del país, podrían resistir la política de recolonización del imperialismo norteamericano, a la que se le denominó con términos eufemísticos de “modernización, apertura, internacionalización, liberalización y libertad de mercado”.

El núcleo de esta política económica, trazada por el imperialismo y el capital financiero internacional, tiene propósitos exactos: la toma de los patrimonios nacionales de los países del Tercer Mundo, incluidos, sus factorías industriales, bancos, empresas de telecomunicaciones, transportes y demás medios de producción básicos para la vida material y espiritual de los pueblos atrasados del orbe. Los mercados nacionales, no están excluidos del arrasamiento económico, tal como lo decidió el “Consenso de Washington “, hace años . Este es el quid de la cuestión.

La política de la superpotencia de EEUU., ha contado para su ejecución con la decidida colaboración de las camarillas gobernantes de liberales y conservadores y advenedizas fuerzas políticas que se autodenominan desvergonzadamente de “izquierda democrática”. Los sucesivos gobiernos desde Barco, pasando por César Gaviria, Samper, Pastrana, y el actual, Álvaro Uribe Vélez, le han dado continuidad a la política de enajenación económica y política, aplicada por EEUU. Y todos ellos, sus intermediarios más aplicados y obsecuentes, son sin duda una tendencia política, que practica una línea de traición nacional.

Francisco Mosquera, saludó y contribuyó como ninguno, a los procesos de unidad sindical y política; secundó las actividades de protesta unitarias sindicales, e, hizo votos porque las fuerzas organizadas del movimiento obrero, popular y político de la oposición, hicieran su contribución a la lucha por los “anhelos patrióticos y democráticos” del país; por un frente que rescate la “plena soberanía de la nación, civilice la contienda política, pugne por la producción nacional y prohije las reivindicaciones del pueblo”.

Pero, a la vez, nos advertía, “del contagio del oportunismo de derecha, de la epidemia revisionista y liberalizante que nos arrastra a conmutar las transformaciones revolucionaras por los remiendos del reformismo, el patriotismo internacionalista por el chovinismo parroquial, la soberanía y autodeterminación de la nación por la dependencia simulada, la vanguardia obrera por la zaga burguesa...”.

Premonitoria advertencia, hoy, que la corriente oportunista de derecha se ha extendido y reproducido cual hidra de mil cabezas, y convoca a los insumisos de Colombia a defender el despótico y desacreditado “estado social de derecho”, el mismo que surgiera del golpe de estado jurídico, legitimado por la espuria Séptima Papeleta, la Constituyente y la Constitución del 91 la adecuación de la superestructura a la actual política económica, aperturista y neoliberal.

Resulta oportuno indagar a la dirigencia sindical y a sus entibadores políticos, ¿cómo compaginar la defensa del reaccionario estado de derecho, su vieja democracia, su corrompida estructura jurídica, con los intereses de la clase obrera y demás clases patrióticas y democráticas del país?

Los restantes objetivos de la jornada huelguística; unos, son legítimos, como en el caso, del rechazo del tratado negociado de Comercio –mal llamado de “libre comercio”-, con el amo imperialista, la lucha por impedir más gravámenes y recortes de derechos laborales, sindicales y de protección social.

Frente al conflicto armado, propugnamos una salida política a secas, sin negociaciones ni oropeles; más, como una conducta rectificatoria de una lucha extemporánea, que, como una dadivosa política de generosidad del sistema bipartidista liberal conservador; y frente al intercambio humanitario, este debe realizarse sin condiciones ni términos onerosos para ninguna de las partes, respecto a los involucrados en el conflicto; pero a la población secuestrada se le debe liberar sin condición alguna.

En cuanto a la consigna de la, no reelección del actual presidente. Nuestro partido se opone resueltamente a la política de Alvaro Uribe Vélez, incluido, su proclividad a entregar más y más el país a la política del propietario del rancho texano; pero nos oponemos a magnificar la importancia de la reelección, más allá de toda realidad política, como lo hacen metamorfoseados izquierdistas. Nos oponemos a la reelección de Uribe Vélez, pero le aconsejamos a quienes pretenden elevarla a la quintaesencia del dilema, ¿democracia o dictadura? ¿libertad o fascismo?, releer el concepto del ahora embajador en Washington, Andrés Pastrana. Quien a la pregunta de qué pasaría con la política de Uribe, si la Corte no aprobara la reelección inmediata, contestó que, “con reelección o no, la política de Uribe tiene asegurada la continuidad”.

EL anterior amasijo de objetivos, unos legítimos, otros reaccionarios, y unos más, con claro sentido oportunista y liberal, son prueba fehaciente de que, la clase obrera, el movimiento sindical y el conjunto de fuerzas populares, carecen de una política y dirección revolucionarias. Las direcciones sindicales y las llamadas fuerzas de izquierda, han resuelto trasegar por el camino de la conciliación, bordeando incluso, la entrega y la traición de las reivindicaciones obreras y populares.

¿SE REALIZARÁ EL PARO NACIONAL?
Pero, si los objetivos y la política del paro, suscitan dudas, y levantan más inquietudes que resoluciones; la realización del paro mismo, se encuentra en dubitativo entredicho. ¿Deben ignorar la clase obrera y las fuerzas revolucionarias, el comportamiento táctico de quienes hoy nos convocan a protestar? A una política oportunista corresponde una táctica del mismo tenor.

Los paros habituales de los últimos años repiten un esquema reiterado: se decretan pero no se materializan; y, para encubrir las apariencias, se canjean por lánguidas marchas de “consolación”. Así se procedió en el paro del 12 de octubre del año pasado. ¿Ocurrirá de nuevo este 12 de octubre? ¡Todo parece indicar que sí!

Es la táctica engañosa que amaga con pelear para volver atrás. El arte de la simulación. De hacer que se hace sin hacer nada. Un quehacer táctico oportunista, que busca refundir propósitos contrapuestos y excluyentes: quedar bien con los representantes del gran capital; y mucho mejor con las masas de asalariados a los que dicen representar y defender: ¡Astuta e inteligente la maniobra!, sólo que Lenin nos recuerda que “la lucha contra el imperialismo es una frase vacía y falsa si no va ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo”.

MOVIMIENTO OBRERO INDEPENDIENTE Y REVOLUCIONARIO
MOIR - LÍNEA FRANCISCO MOSQUERA
COMITÉ EJECUTIVO

BOGOTÁ, OCTUBRE 6 DE 2005

 

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