Nuevo
Intento
El Comité Ejecutivo Central tomó
la determinación de revivir su órgano de expresión
después de más de siete años de receso del
mismo. La medida se torna indispensable debido al incremento del
saqueo del imperialismo yanqui, los combates de las masas por
defenderse y la influencia del Partido en aumento. Lenin sostenía
que el periódico era un centro organizador por excelencia.
No obstante encontramos desemejanzas sustanciales entre lo sucedido
en Rusia en aquella época y lo que ha pasado en Colombia.
Allá existían bastantes grupos revolucionarios de
nivel local perdidos en vastos territorios, a los cuales había
que unir bajo una sola jefatura y una sola concepción.
Aquí nació muy temprano el revisionismo contemporáneo
tras el auspicio creciente del extinto bloque soviético,
mientras que el MOIR se hallaba destinado a surgir y desarrollarse
en una permanente marcha hacia la periferia, en medio del sistemático
acoso del mamertismo y el extremoizquierdismo.
Con el sostén de núcleos
avanzados de la clase obrera y a partir de las principales capitales
distribuimos en las regiones a incontables militantes, la llamada
generación de los descalzos. Así estructuramos nuestras
fuerzas a lo largo y ancho del país. Ese proceso vital
coincidió más o menos con otro acontecer hasta cierto
punto heroico, el alumbramiento de Tribuna Roja, cuyo primer editorial
ya insistía en una línea proletaria de la revolución
colombiana.
El mantener una publicación de
tal naturaleza se ha tornado con los tiempos casi que inalcanzable,
a causa de los abismos económicos cada vez más hondos
entre la gran prensa y las páginas de las agrupaciones
de escasos recursos. Las complejidades de la técnica, los
montos de inversión, la omnipotencia de la propaganda comercial
y aun los rigurosos requisitos del reparto, deciden. Al principio,
en el despunte de los setentas, recurrimos al taller artesanal,
y los tirajes no superaban los tres mil, cinco mil ejemplares.
Luego nos pasamos a las rotativas de algunos de los diarios establecidos,
en donde padecíamos los inconvenientes de la dependencia:
los turnos, las demoras, los caprichos de los editores. Sin embargo,
conseguimos impresiones hasta de cientos de miles de copias. Lo
que no logramos fue la regularidad, salvo en una u otra temporada
de elecciones. Por ello a nuestro "periódico"
lo llamábamos el "esporádico".
Poco a poco se recrudecieron los factores
negativos. Los fondos, producto de las ventas, cayeron verticalmente
arrastrados por los brotes de indisciplina. Las deudas crecieron
sin cesar y, a la postre, los problemas del financiamiento terminaron
emitiendo su fallo inapelable. Clausurada la casa de labores y
editado el último número, el 51, en marzo de 1986,
el ciclo quedó concluido. Sin prensa propia apelamos a
la publicidad política pagada en uno de los principales
medios de comunicación, con el objeto de expresar nuestro
punto de vista acerca de los asuntos candentes y llevar el mensaje
a amplios sectores de la población.
En el desenlace contribuyeron, por supuesto,
los vaivenes del acaecer político. Con el ascenso de López
Michelsen y la invasión de Castro a Angola, a mediados
de la década del setenta, se alborotó el cotarro
procubano, cuyos mandos, con el aliento de tendencias como el
M-19, creyeron que había sonado la hora de la insurgencia.
Después, Turbay Ayala rompería las relaciones diplomáticas
con la Isla al saberse de la decisiva colaboración de ésta
con los planes bélicos de los terroristas. Mas con el triunfo
de Betancur llegarían al paroxismo los entusiasmos de los
insurrectos errantes, quienes expandieron sus bárbaras
acciones al socaire de los diálogos de "paz".
De cualquier manera, para el Partido representó un decenio
de retrocesos, escisiones y pérdida de zonas importantes.
Al final del túnel nos hallábamos
exhaustos y reducidos, pero promisorias claridades vendrían
en nuestra ayuda. La amenaza de la superpotencia de Oriente que
con tanta meticulosidad había trenzado su malla expansionista,
desapareció intempestivamente del escenario mundial. No
cabía duda de que el Kremlin, tras cambiar de color, hizo
mal sus cálculos. Concentró desproporcionadas sumas
en el fortalecimiento de sus arsenales, descuidó el resto
de las industrias y acometió costosísimas aventuras
de conquista que muy poco redituaban. Quedó también
comprobado que las guerras de los cubanos, libios, vietnamitas
y hasta de los sirios corrían por cuenta de Moscú.
Con el descalabro general cundieron incluso las penurias entre
estos pueblos que se ufanaban de sus adelantos, un progreso artificioso
y a debe. Hoy Castro va a los foros internacionales cabizbajo,
con carita de yo no fui, a pedir cual mansa paloma trato comprensivo
para su descaecida nación, amén de otras cosas.
Y los inventores de la "combinación de todas las formas
de lucha" se percataron de pronto que sus viejas fuentes
de ingresos estaban secas y que su buena estrella ya no fusilaba
en el horizonte.
Para nosotros la perspectiva es la contraria.
Pareciera como si nos hubiésemos ganado el derecho de empezar
otra vez. Retornamos con redoblados ímpetus al movimiento
obrero y contribuimos a construir la CTDC, primero, y la CGTD,
después. Se nos multiplicaron las oportunidades de vinculación
a las gentes de la ciudad y el campo, aprovechando la influencia
sindical y recogiendo el descontento nacional que irrumpe con
cada una de las disposiciones oficiales, siempre regresivas, despóticas,
antipatrióticas y antipopulares. Ante las dificultades
de los enemigos y el desbarajuste de Colombia, una descomposición
sin antecedentes y en todos los ámbitos, podemos aspirar,
con realismo, a ponernos a la cabeza del desenvolvimiento revolucionario.
El Partido está obligado a orientar,
atender la infinidad de contradicciones derivadas de la imposición
de la apertura económica, una exigencia con la que Estados
Unidos piensa salir de la recesión, contrarrestar los efectos
de la guerra comercial desatada en el globo entero y volver al
hegemonismo. Los pueblos de América Latina sienten en carne
viva los escozores de este acentuamiento de la neocolonización,
que requiere como preseas la máxima merma de los salarios,
el aplastamiento de los sindicatos, el fin de las prestaciones
sociales, la absoluta dominación cultural, la quiebra de
la industria y el agro, la privatización de las empresas
estatales... Sin excluir el envilecimiento de nuestro idioma,
ni hacer excepción de la ley marcial o de las invasiones.
En tales circunstancias no conseguiremos dirigir si nos reducimos
a las reuniones de los organismos; precisamos de la palabra escrita
aun cuando sólo alcance para unos miles de cuadros y activistas,
o unos cientos de frentes.
Ante las acucias de la hora requerimos,
como nunca jamás, de la cohesión ideológica
y táctica; del freno al aburguesamiento del Partido. He
ahí uno de los papeles esenciales de Tribuna Roja.
La intención en esta segunda
etapa consiste en convertirla inicialmente en un quincenario,
y más tarde, en menos de seis meses, sacarla cada ocho
días. Partimos de la base de enmendar errores, abandonando
lo más posible las prácticas artesanales, y pretendiendo
acercarnos a los logros de la técnica editorial, sin olvidar,
por supuesto, las limitaciones, algunas insuperables. Siendo que
la impresión corresponde al contratista, la idea es escribir,
corregir, levantar y armar el periódico por nosotros mismos.
Tareas o pasos que quedarán a cargo de la Comisión
de Redacción, ya designada y en pleno funcionamiento.
Para ello montamos una infraestructura
básica, que nos ha costado varios millones de pesos y abarca
escritorios y mesa de juntas, máquinas de escribir y dos
computadores, laboratorio fotográfico y archivo, más
un telefax con el que recibiremos en minutos los comentarios o
noticias de dentro o fuera, incluidos los despachados por la célula
de militantes de Estados Unidos, de grande experiencia. Designamos
un director (el compañero Naranjo), un gerente, una archivadora,
un jefe de redacción y levantador de textos, un fotógrafo
con sus respectivos asistentes. A los tres últimos los
hemos profesionalizado y son de dedicación completa. Las
recolectas entre miembros y amigos cubrieron los costos.
Otro aspecto organizativo previsto estriba
en la creación de un nutrido grupo de colaboradores de
cien o más personas, que nos mantengan informados de cuanto
ocurre en municipios, veredas y barriadas. Queremos que a la lista
se sumen no sólo intelectuales sino obreros y campesinos;
y esperamos que la publicación toque los más disímiles
temas, haga propaganda, agite, y que las enseñanzas deducidas
de las peleas de unos lugares sirvan de modelo o acicate en muchos
otros sitios.
Aunque la totalidad del Partido ha de
preocuparse por la circulación y venta de nuestra "Bagatela",
conformamos una red de distribución, responsable de colocar
los números, recoger los dineros y consignar los giros
por los canales definidos. La cantidad será inicialmente
de 20.000 unidades de ocho páginas, que iremos incrementando,
unas y otras, según el interés de los artículos
y el cumplimiento de los compromisos. Su precio para el lector
se ha fijado en $300, única forma de garantizar una reproducción
regularizada y con medios cada día más adecuados.
Seguramente habrá modificaciones a lo dicho, pero éstas
corresponderán al buen sentido, a los avances alcanzados
y a la pericia cosechada.
De todos modos la meta ha de ser la
de suministrarles a los desposeídos y oprimidos una herramienta
idónea en sus desvelos por la emancipación de clase.
Francisco
Mosquera
Secretario General
Bogotá, Julio 1993.