El Maoísmo Resurge
con Fuerza en el Mundo
Camaradas:
Conmemoramos el 39° aniversario
de la fundación de nuestro Partido. Como siempre, va nuestro
recuerdo hacia la larga lista de mártires que en estos
años han dado su vida en defensa de los principios y de
los ideales que hoy nos reúnen. También para los
compañeros fallecidos. Todos ellos van siempre con nosotros,
nos acompañan, y estarán con nosotros en el día
de la victoria. Para ellos nuestro primer recuerdo.
Irak, Pantano del Imperialismo Yanqui
Los días 18 y 19 de noviembre
hemos realizado la Conferencia Nacional del Partido. Allí
se dijo que soplan nuevos vientos en el mundo.
Después de muchos años
de ofensiva revisionista, y de ofensiva conservadora en el mundo
capitalista, los yanquis, empantanados en Irak y en Afganistán,
y empantanados también en Palestina a través de
su principal aliado en Medio Oriente –el Estado sionista
israelí–, han sufrido duros golpes, que posteriormente
influyeron en la derrota electoral de Bush.
Esta situación, a la que todavía
no podemos apreciar en toda su magnitud, está produciendo
cambios políticos en todo el mundo, incluso en la Argentina.
Vamos a cambios muy importantes, porque la situación en
Irak es muy grave. Si con el alevoso asesinato de Sadam Husein,
con la presencia en el lugar del jefe de los escuadrones de la
muerte chiítas, los yanquis creen que van a poder resolver
la situación en Irak, es probablemente porque creen que
van a poder desencadenar una guerra civil de kurdos, chiítas
y sunitas que les permita dividir a Irak en tres, para luego hacer
lo mismo en Irán. Pero no les arrendamos la ganancia. Si
retiran las tropas, van a tener una derrota peor que la de Vietnam;
y si no las retiran, van a sufrir golpes demoledores, en Irak
y en toda la región.
Esto está señalado en
la Conferencia, se está comprobando, y ya produjo cambios
en la orientación política del gobierno de Kirchner
en la Argentina, que han influenciado toda la situación
política nacional.
En América Latina hierve un auge
de luchas, que en algunos lugares es un auge revolucionario.
Tenemos que estudiar la experiencia
de la Asamblea Popular de Oaxaca, en México; con gran participación
de los originarios; con el movimiento de los docentes como punta
de lanza; con la participación de todo el pueblo. Estudiar
cómo se hicieron dueños de la ciudad. Nosotros,
que tenemos un desarrollo importante del movimiento piquetero,
que estamos trabajando entre los originarios y otros sectores
populares, tenemos que estudiar esa experiencia.
Tenemos que estar atentos a los acontecimientos
en Bolivia, porque van a precipitarse. El imperialismo trabaja
activamente para dividir a Bolivia, para secesionar Santa Cruz,
Tarija, Beni y Pando. La situación es muy difícil.
El pueblo boliviano, sus obreros, sus originarios, sus campesinos,
sus trabajadores, sus grandes barriadas populares como las de
El Alto y Cochabamba, están a la vanguardia del combate
antiimperialista en América Latina. Tenemos que ser solidarios
con ellos; en cualquier condición en que se dé la
lucha, tenemos que estar dispuestos a dar solidaridad al hermano
pueblo boliviano. Esta es una gran tarea para el 2007, porque
seguramente allí van a haber acontecimientos importantes.
La Euforia Capitalista
Junto con esa derrota política
del imperialismo, los monopolios, la burguesía mundial,
el capitalismo, están viviendo un momento de euforia. Consideran
–con razón– que estamos ante una nueva oleada
de auge del mundo capitalista. Al capitalismo que ellos llaman
“globalizado” se le ha abierto un mercado sólo
comparable a lo que sucedió con la llamada Revolución
Industrial de 1780, o con el descubrimiento del oro en California,
o cuando el imperialismo reemplazó al capitalismo librecambista
a fines del siglo XIX y principios del XX y las potencias se repartieron
el mundo; pero nunca en la magnitud actual. Y hace muchas décadas
que el capitalismo no tiene tantos años de crecimiento
ininterrumpido.
Aunque Kirchner y Lavagna crean que
son ellos los que han producido este crecimiento de la Argentina,
en realidad es lo que sucede en todo el mundo capitalista. Claro:
la Argentina había caído tan hondo en la crisis
del ‘98 que el rebote es mayor que en otros países,
y los efectos son también, en apariencia, mayores. Pero
ésta es la realidad del mundo capitalista actual, donde
los mercados mundiales se han extendido para los monopolios imperialistas
en forma increíble.
De 1.400 millones de trabajadores asalariados
que había hace 15 años, hoy hay más de 3.000
millones. Solamente en la desembocadura del Yangtsé, en
China, con los centros productores de mercaderías que se
han construido allí, verdaderos emporios de los monopolios
internacionales, trabajan 20 millones de obreros industriales,
en condiciones de explotación infernales. En China hay
200 millones de obreros industriales: ahora ya nadie se acuerda
de las teorías de “la desaparición de la clase
obrera”, todas esas pavadas con las que nos tuvieron entretenidos
tantos años en las décadas del ’80 y del ’90.
Esta mano de obra, que sufre la flexibilización,
la multiplicidad de tareas, la precariedad laboral, no sólo
acá sino en todo el mundo, es lo que le permite al capitalismo
alegrarse, a pesar de las derrotas del imperialismo yanqui que
antes mencioné.
Nosotros, en la Argentina, somos un
ejemplo de eso. Porque aquí se han liquidado todas las
conquistas laborales que consiguió el movimiento obrero.
Como la ley de accidentes de trabajo, de 1915; la ley del asiento
con respaldo, para que todo empleado de comercio tuviera para
los momentos de descanso una silla para sentarse (que hoy daría
risa a cualquier jefe de supermercado) es de 1935; las leyes de
descanso semanal obligatorio, el sábado inglés:
¿quién se acuerda de eso, compañeros?
Y estamos hablando de los trabajadores
regularizados... Pero en la Argentina, según el gobierno,
tenemos un 43% de trabajadores en negro. En realidad son muchos
más, porque son estadísticas que sólo registran
a los obreros industriales: todo el mundo sabe que la mayoría
de los trabajadores en el campo trabaja en negro, sin ningún
derecho, con un salario promedio de 400 y pico de pesos, casi
la mitad del salario de pobreza.
Esta es la realidad de la Argentina,
pero también del mundo actual. Somos una parte de la realidad
de este mundo de hoy, donde se está produciendo este cambio
impresionante. Y se produce porque el proletariado mundial fue
derrotado. Fue derrotado en el ’57, con la restauración
del capitalismo en la Unión Soviética, y posteriormente
con la restauración del capitalismo en China en 1978 hasta
culminar, en un proceso, con su transformación en un país
imperialista. La clase obrera gobernaba en países donde
vivía la tercera parte de la población de la tierra;
y ha perdido todo eso. Esa derrota afecta a toda la clase obrera
a escala mundial.
De todos modos, no es que el capitalismo
va “en patines”. Hay un momento de auge capitalista,
pero hay remezones. El otro día hubo un problema en Tailandia,
y en dos horas se “quemaron” 24.000 millones de dólares
en las Bolsas del mundo, como resultado del temblor de Tailandia.
Y si se mira al cielo se ven grandes nubarrones de tormenta, como
por ejemplo los presagios de una recesión en los Estados
Unidos.
Esto puede ser lo anecdótico,
también habrá fuerzas que contrarrestarán
esto, las crisis no sólo golpean sino que también
ayudan a que el sistema siga adelante... Es decir que si no hay
lucha, por esta situación las cosas no van a cambiar por
sí solas.
El Maoísmo Reaparece con Fuerza
Uno de los centros principales de la
derrota del proletariado es China. Esos millones de obreros, ya
privados de obras sociales, de seguro de salud, de jubilación,
tienen que pagar para atenderse en un hospital, porque si no se
mueren como perros en la puerta; perdieron todo eso que tenían
en la época del comunismo –del “asesino Mao”,
como dicen esas pavadas con que nos inunda la prensa burguesa
todos los días–; hoy día esos obreros trabajan
12 o 14 horas, por jornales que apenas si les alcanzan para comprar
tres modestas comidas en el día.
Por lo tanto ¿cómo no
va a estar eufórica la burguesía con este mundo
globalizado que teorizan los que escuchamos todos los días
en la televisión?
Pero no sólo hay nuevos vientos
con los hechos políticos que antes mencioné. También
hay nuevos vientos porque empieza a haber una resistencia creciente,
como estamos viviendo en la Argentina desde lo de subterráneos,
telefónicos, el Garrahan, los chicos de los call center
y de los supermercados, etc. Comienza a haber una resistencia
mundial, de la que los jóvenes franceses, en esa lucha
histórica contra la precarización laboral, dieron
un ejemplo a todos los trabajadores del mundo, e impidieron que
se precarice más el trabajo en Francia.
Pero el centro de esta resistencia está
en China, donde el ministerio de Seguridad –es decir, los
datos son oficiales– daba más de 20.000 rebeliones,
huelgas y acciones obreras, campesinas, populares en el 2004,
algunas con ocupaciones de fábricas, ocupaciones de ciudades,
enfrentamientos armados; pero en el 2005 fueron 84.000. El compañero
Mariano Sánchez me recordaba que tuvo el honor de poder
visitar Taching, que era el modelo industrial de la China de Mao,
el centro de la producción petrolera de China. Con la nueva
política, decenas de miles de trabajadores fueron a la
calle. Pero después hubo una rebelión obrera que
duró días, que se hizo dueña de la ciudad,
y contra la que el gobierno chino tuvo que enviar no sólo
policías sino al ejército para poder aplastarla
y detener a sus dirigentes.
En Zhengzhou, al norte de Wuhan, una
ciudad obrera, industrial, ha habido cantidades de luchas. Todos
los 9 de setiembre, aniversario de la muerte de Mao, se reúnen
los trabajadores en la plaza central de Zhengzhou –han sido
reprimidos varios años–; allí cuatro obreros
publicaron un llamamiento que circuló por toda China, titulado
“Mao, nuestro líder para siempre”, de denuncia
de los seguidores del camino capitalista a los que Mao Tsetung
combatió, que se adueñaron de la dirección
del Partido y del Estado, pasaron a nombre propio los bienes del
Estado, y son parte de esa clase dirigente de la China capitalista
e imperialista actual. A esos cuatro obreros los juzgaron, los
condenaron a tres años de prisión, en medio de un
gran movimiento de solidaridad en China –que acá
no lo conocemos, pero que existe–. Junto con estas luchas
–muchas de ellas con ocupación de empresas, o de
ciudades como en el caso de Taching–, y cortes de ruta –ahí
está bastante extendida esta modalidad argentina y boliviana–,
hay una proliferación de centros de estudio de las obras
de Mao, legales algunos, clandestinos otros; casas de té
donde se cantan las canciones y se pasan las peliculas de la Revolución
Cultural. Millones de personas –me decía un compañero
que acaba de volver de China– llevan el distintivo de Mao,
para mostrar que son maoístas. Por eso tienen razón
algunos capitalistas que dicen que el eslabón débil
del sistema capitalista actual, o uno de ellos, es China.
Reaparece con fuerza ese maoísmo
que habían dado por muerto. También hubo una carta
a Hu Jintao, de veteranos del Partido, del Ejército y de
la intelectualidad, planteando prácticamente lo mismo que
la declaración de los “cuatro de Zhengzhou”,
y que también recorrió toda China. Caravanas de
jóvenes marchan a Zhengzhou a llevar su solidaridad a los
detenidos.
El maoísmo al que daban por muerto,
está vivo. No sólo está vivo en China: en
Nepal, el 70 por ciento del territorio ha sido liberado por la
guerrilla maoísta que obligó al rey, sobre la base
de una gran movilización popular, a llamar a una Constituyente.
Continúa la lucha armada en la India y en Filipinas. Se
fortalece el Partido de Indonesia. Se han fortalecido los partidos
que integran la Conferencia Permanente de Partidos Marxistas Leninistas
(de los que la mayoría son maoístas), Conferencia
de la que somos co-fundadores. Y hace poco hemos realizado acá
en la Argentina una reunión de partidos y organizaciones
antiimperialistas de América Latina, donde comprobamos
que los partidos maoístas también se fortalecen
en nuestra región.
Es decir que el maoísmo al que
daban por muerto, está vivo. Y éste, compañeros,
es nuestro mayor orgullo: el haber levantado las banderas del
marxismo-leninismo y del maoísmo cuando todo eso se derrumbaba;
en un momento no se veía ni una luz en ninguna parte –como
se dijo durante la reacción contra la Revolución
Francesa–, donde parecía que todo se había
terminado.
Nosotros levantamos esas banderas. Cuando
fundamos el Partido, cuando fuimos a China y establecimos relaciones
como partidos marxistas leninistas hermanos. Estábamos
allí con el compañero Gody Alvarez, le dijimos a
los compañeros chinos: “nosotros no somos oficiales,
somos suboficiales nomás, cuanto más sargentos:
estamos tratando de organizar una fuerza revolucionaria en la
Argentina”. Y Ken Piao, uno de los principales cuadros maoístas
del CC del PC de China, nos dijo: “no, ustedes son oficiales,
porque son marxistas-leninistas”. (Yo para mis adentros
pensé entonces, y sigo pensando hoy, que éramos
solamente suboficiales).
Hemos cometido muchos errores, porque
sólo no cometen errores los que no hacen nada. Y hemos
tenido aciertos. Pero hay algo de lo que estamos orgullosos: que
hemos mantenido en alto y hemos defendido las banderas del marxismo-leninismo,
el maoísmo, los principios de Mao Tsetung. Y hoy día
ese es el mayor orgullo de nuestro Partido.
...
Ante la presencia de gran
cantidad de camaradas del Comité Central, delegaciones
de zonas, de comisiones colaboradoras y de la JCR, el Secretario
General de nuestro Partido, Otto Vargas, analizó la situación
política internacional y nacional, y las tareas para este
año.
Marzo 2007.
Otto Vargas
Secretario General del Partido Comunista Revolucionario -PCR de
Argentina, habló en el Brindis del Aniversario de la Fundación
del Partido, el 6 de Enero de 1968.