Viene
del Prólogo. En esta Sección Parte Dos: Burgueses
y Proletarios
I
BURGUESES Y PROLETARIOS (*)
La historia
de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días**
es la historia de las luchas de clases.
Hombres libres y esclavos, patricios
y plebeyos, señores y siervos, maestros[***] y oficiales,
en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre,
mantuvieron una lucha
* Por burguesía se comprende a la clase de los capitalistas
modernos, propietarios de los medios de produccion social, que
emplean el trabajo asalariado. Por proletarios se comprende a
la clase de los trabajadores asalariados modernos, que, privados
de medios de producción propios, se ven obligados a vender
su fuerza de trabajo para poder existir (Nota de F. Engels a la
edición inglesa de 1888.)
** Es decir, la historia escrita. En
1847, la historia de la organización sodal que precedio
a toda la historia escrita, la prehistoria, era casi desconocida.
Posteriormente, Haxthausen ha descubierto en Rusia la propiedad
comunal de la tierra; Maurer ha demostrado que ésta fue
la base sodal de la que partieron históricamente todas
las tribus teutonas, y se ha ido descubriendo poco a poco que
la comunidad rural, con la posesión colectiva de la tierra,
es o ha sido la forma primitiva de la sodedad, desde las Indias
hasta Irlanda. La organización intema de esa sociedad comunista
primitiva ha sido puesta en claro, en lo que tiene de típico,
con el culminante descubrimiento hecho por Morgan de la verdadera
naturaleza de la gens y de su lugar en la tribu. Con la disolución
de estas comunidades primitivas comenzó la división
de la sociedad en clases distintas y, finalmente, antagónicas.
He intentado analizar este proceso en la obra "Der Ursprung
der Familie, der Priva teigenthums und des Staats" ["El
origen de la familia, de la propiedad privada, y del Estado".]
2a ed., Stuttgart, 1886 (Nota de F. Engels a la edición
inglesa de 1888. La última frase de esta nota ha sido omitida
en la edición alemana de 1890.)
*** Zunftbürger, esto es, miembro
de un gremio con todos los derechos, maestro del mismo, y no su
dirigente (Nota de F. Engels a la edición inglesa de 1888.)
pág. 33
constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que
terminó siempre con la transformación revolucionaria
de toda la sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes.
En las anteriores épocas históricas
encontramos casi por todas partes una completa división
de la sociedad en diversos estamentos, una múltiple escala
gradual de condiciones sociales. En la antigua Roma hallamos patricios,
caballeros, plebeyos y esclavos; en la Edad Media, señores
feudales, vasallos, maestros, oficiales y siervos, y, además,
en casi todas estas clases todavía encontramos gradaciones
especiales.
La moderna sociedad burguesa, que ha
salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido
las contradicciones de clase. Unicamente ha sustituido las viejas
clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas
formas de lucha por otras nuevas.
Nuestra época, la época
de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado
las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose,
cada vez más, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes
clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el
proletariado.
De los siervos de la Edad Media surgieron
los villanos libres de las primeras ciudades; de este estamento
urbano salieron los primeros elementos de la burguesía.
El descubrimiento de América
y la circunnavegación de Africa ofrecieron a la burguesía
en ascenso un nuevo campo de actividad. Los mercados de las Indias
y de China, la colonización de América, el intercambio
con las colonias, la multiplicación de los medios de cambio
y de las mercancias en general imprimieron al comercio, a la na-
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vegación y a la industria un impulso hasta entonces desconocido,
y aceleraron, con ello, el desarrollo del elemento revolucionario
de la sociedad feudal en descomposición.
El antiguo modo de explotación
feudal o gremial de la industria ya no podía satisfacer
la demanda, que crecía con la apertura de nuevos mercados.
Vino a ocupar su puesto la manufactura. La clase media industrial
suplantó a los maestros de los gremios; la división
del trabajo entre las diferentes corporaciones desapareció,
ante la división del trabajo en el seno del mismo taller.
Pero los mercados crecían sin
cesar; la demanda iba siempre en aumento. Ya no bastaba tampoco
la manufactura. El vapor y la maquinaria revolucionaron entonces
la producción industrial. La gran industria moderna sustituyó
a la manufactura; el lugar de la clase media industrial vinieron
a ocuparlo los industriales millonarios -- jefes de verdaderos
ejércitos industriales -- , los burgueses modernos.
La gran industria ha creado el mercado
mundial, ya preparado por el descubrimiento de América.
El mercado mundial aceleró prodigiosamente el desarrollo
del comercio, de la navegación y de todos los medios de
transporte por tierra. Este desarrollo influyó a su vez
en el auge de la industria, y a medida que se iban extendiendo
la industria, el comercio, la navegación y los ferrocarriles,
desarrollá-base la burguesía, multiplicando sus
capitales y relegando a segundo término a todas las clases
legadas por la Edad Media.
La burguesía moderna, como vemos,
es por sí misma fruto de un largo proceso de desarrollo,
de una serie de revoluciones en el modo de producción y
de cambio.
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Cada e tapa de la evolución recorrida por la burguesía
ha ido acompañada del correspondiente exito político[30].
Estamento oprimido bajo la dominación de los señores
feudales; asociación armada y autónoma en la comuna[*];
en unos sitios, República urbana independiente; en otros,
ter cer estado tributario de la monarquía[31]; después,
durante el período de la manufactura, contrapeso de la
nobleza en las monarquías feudales o absolutas y, en general,
piedra angular de las grandes monarquías, la burguesía,
después del establecimiento de la gran industria y del
mercado universal, conquistó finalmente la hegemonía
exclusiva del Poder político en el Estado representativo
moderno. El gobierno del Estado moderno no es más que una
junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa.
La burguesía ha desempeñado
en la historia un papel altamente revolucionario.
Dondequiera que ha conquistado el Poder,
la burguesía ha destruido las relaciones feudales, patriarcales,
idilicas. Las abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre
a sus "superiores naturales" las ha desgarrado sin piedad
para no dejar subsistir otro vinculo entre los hombres que el
frío interés, el cruel "pago al contado".
Ha ahogado el sagrado éxtasis del fervor rel;gioso, cl
entusiasmo caballe-
* "Comunas" se llamaban en Francia las ciudades nacientes
todavía antes de arrancar a sus amos y señores feudales
la autonomía local y los derechos políticos como
"tercer estado". En términos generales, se ha
tomado aquí a Inglaterra como pais tipico del desarrollo
económico de la burguesía y a Francia como país
típico de su desarrollo político. (Nota de F. Engels
a la edición inglesa de 1838.)
Así denominaban los habitantes
de las ciudades de Italia y Francia a sus comunidades urbanas,
una vez comprados o arrancados a sus señores feudales los
primeros derechos de autonomía. (Nota de F. Engels a la
edición alemana de 1890.)
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resco y el sentimentalismo del pequeño burgués en
las aguas heladas del cálculo egoísta. Ha hecho
de la dignidad personal un simple valor de cambio. Ha sustituido
las nu merosas libertades escrituradas y bien adquiridas por la
única y desalmada libertad de comercio. En una palabra,
en lugar de la explotación velada por ilusiones religiosas
y políticas, ha establecido una explotacion abierta, desca
rada, directa y brutal.
La burguesía ha despojado de
su aureola a todas las profesiones que hasta entonces se tenían
por venerables y dignas de piadoso respeto. Al médico,
al jurisconsulto, al sacerdote, al poeta, al sabío, los
ha convertido en sus servidores asalariados.
La burguesía ha desgarrado el
velo de emocionante sentimentalismo que encubría las relaciones
familiares, y las redujo a simples relaciones de dinero.
La burguesía ha revelado que
la brutal manifestación de fuerza en la Edad Media, tan
admirada por la reacción, tenia su complemento natural
en la más relajada holgazanería. Ha sido ella la
que primero ha demostrado lo que puede realizar la actividad humana;
ha creado maravillas muy distintas a las pirámides de Egipto,
a los acueductos romanos y a las catedrales góticas, y
ha realizado campañas muy distintas a los éxodos
de los pueblos y a las Cruzadas.
La burguesía no puede existir
sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos
de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción,
y con ello todas las relaciones sociales. La conservación
del antiguo mode de producción era, por el contrario, la
primera condición de existencia de todas las clases industriales
precedentes. Una revolución continua en la producción,
una incesante
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conmoción de todas las condiciones sociales, una inquietud
y un movimiento constantes distinguen la época burguesa
de todas las anteriores[32]. Todas las relaciones estancadas y
enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas
durante siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas
antes de haber podido osificarse. Todo lo estamental y estancado
se esfuma; todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin,
se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia
y sus relaciones recíprocas.
Espoleada por la necesidad de dar cada
vez mayor sa lida a sus productos, la burguesía recorre
el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse
en todas partes, crear vínculos en todas partes.
Mediante la explotación del
mercado mundial, la burguesía dio un carácter cosmopolita
a la producción y al consumo de todos los países.
Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria
su base nacional. Las antiguas industrias nacionales han sido
destruidas y están destruyéndose continuamente.
Son suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción
se convierte en cuestión vital para todas las naciones
civilizadas, por industrias que ya no emplean materias primas
indigenas, sino materias primas venidas de las más lejanas
regiones del mundo, y cuyos productos no sólo se consumen
en el propio país, sino en todas las partes del globo.
En lugar de las antiguas necesidades, satisfechas con productos
nacionales, surgen ne cesidades nuevas, que reclaman para su satisfacción
productos de los países más apartados y de los climas
más diversos. En lugar del antiguo aislamiento de las regiones
y naciones que se bastaban a sí mismas, se establece un
intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones.
Y esto se refiere tanto a la producción material, como
a la pro-
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ducción intelectual. La producción intelectual de
una nación se convierte en patrimonio común de todas.
La estrechez y el exclusivismo nacionales resultan de día
en día más imposibles; de las numerosas literaturas
nacionales y locales se forma una literatura universal.
Merced al rápido perfeccionamiento
de los instrumentos de producción y al constante progreso
de los medios de comunicación, la burguesia arrastra a
la corriente de la civilización a todas las naciones, hasta
a las más bárbaras. Los bajos precios de sus mercancías
constituyen la artillería pesada que derrumba todas las
murallas de China y hace capitular a los bárbaros más
fanáticamente hostiles a los extranjeros. Obliga a todas
las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués
de producción, las constrine a introducir la llamada civilización,
es decir, a hacerse burguesas. En una palabra: se forja un mundo
a su imagen y semejanza.
La burguesía ha sometido el
campo al dominio de la ciudad. Ha creado urbes inmensas; ha aumentado
enormemente la población de las ciudades en comparación
con la del campo, substrayendo una gran parte de la población
al idiotismo de la vida rural. Del mismo modo que ha subordinado
el campo a la ciudad, ha subordinado los países bárbaros
o semibárbaros a los países civilizados, los pueblos
campesinos a los pueblos burgueses, el Oriente al Occidente.
La burguesía suprime cada vez
más el fraccionamiento de los medios de producción,
de la propiedad y de la población. Ha aglomerado la población,
centralizado los medios de producción y concentrado la
propiedad en manos de unos pocos. La consecuencia obligada de
ello ha sido la centralización política. Las provincias
independientes, ligadas entre si casi unicamente por lazos federales,
con intereses, leyes, gobiernos y tarifas aduaneras diferentes,
han sido consolida
pág. 39
das en una sola nacion, bajo un solo Gobierno, una sola ley, un
solo interés nacional de clase y una sola linea aduanera.
La burguesía, con su dominio
de clase, que cuenta apenas con un siglo de existencia, ha creado
fuerzas productivas más abundantes y más grandiosas
que todas las generaciones pasadas juntas. El sometimiento de
las fuerzas de la naturaleza, el empleo de las máquinas,
la aplicación de la química a la industria y a la
agricultura, la navegación de vapor, el ferrocarril, el
telégrafo eléctrico, la adaptación para el
cultivo de continentes enteros, la apertura de los rios a la navegación,
poblaciones enteras surgiendo por encanto, como si salieran de
la tierra. ¿Cual de los siglos pasados pudo sospechar siquiera
que semejantes fuerzas productivas dormitasen en el seno del trabajo
social?
Hemos visto, pues, que los medios de
producción y de cambio, sobre cuya base se ha formado la
burguesía, fueron creados en la sociedad feudal. Al alcanzar
un cierto grado de desarrollo estos medios de producción
y de cambio, las condiciones en que la sociedad feudal producía
y cambiaba, toda la organización feudal de la agricultura
y de la industria manufacturera, en una palabra, las relaciones
feudales de propiedad, cesaron de corresponder a las fuerzas productivas
ya desarrolladas. Frenaban la producción en lugar de impulsarla[33].
Se transformaron en otras tantas trabas. Era preciso romper esas
trabas, y se rompieron.
En su lugar se estableció la
libre concurrencia, con una constitución social y política
adecuada a ella y con la dominación económica y
política de la clase burguesa.
Ante nuestros ojos se está produciendo
un movimiento análogo. Las relaciones burguesas de producción
y de cambio, las relaciones burguesas de propiedad, toda esta
sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir tan potentes
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medios de producción y de cambio, se asemeja al mago que
ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha desencadenado
con sus conjuros. Desde hace algunas décadas, la historia
de la industria y del comercio no es más que la historia
de la rebelión de las fuerzas productivas mo dernas contra
las actuales relaciones de producción, contra las relaciones
de propiedad que condicionan la existencia de la burguesía
y su dominación. Basta mencionar las crisis comerciales
que, con su retorno periódico, plantean, en forma cada
vez más amenazante, la cuestión de la existencia
de toda la sociedad burguesa. Durante cada crisis comercial, se
destruye sistemáticamente, no sólo una parte considerable
de productos elaborados, sino incluso de las mismas fuerzas productivas
ya creadas. Durante las crisis, una epidemia social, que en cualquier
época anterior hubiera parecido absurda, se extiende sobre
la sociedad -- la epidemia de la superproducción. La sociedad
se encuentra subitamente retrotraída a un estado de barbarie
momentánea: diríase que el hambre, que una guerra
devastadora mundial la han privado de todos sus medios de subsistencia;
la industria y el comer cio parecen aniquilados. Y todo eso, ¿por
que? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados
medios de vida, demasiada industria, demasiado comercio. Las fuerzas
productivas de que dispone no sirven ya al desarrollo de la civilización
burguesa y[34] de las relaciones de propiedad burguesas; por el
contrario, resultan ya demasiado poderosas para estas relaciones,
que constituyen un obstáculo para su desarrollo; y cada
vez que las fuerzas productivas salvan este obstaculo, precipitan
en el desorden a toda la sociedad burguesa y amenazan la existencia
de la propiedad burguesa. Las relaciones burguesas resultan demasiado
estrechas para contener las riquezas creadas en su seno.
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¿Cómo vence esta crisis la burguesía? De
una parte, por la destrucción obligada de una masa de fuerzas
productivas; de otra, por la conquista de nuevos mercados y la
explotación más intensa de los antiguos. ¿De
que modo lo hace, entonces? Preparando crisis más extensas
y más violentas y disminuyendo los medios de prevenirlas.
Las armas de que se sirvió la
burguesía para derribar al feudalismo se vuelven ahora
contra la propia burguesía.
Pero la burguesía no ha forjado solamente las armas que
deben darle muerte; ha producido también los hombres que
empuñarán esas armas: los obreros modernos, los
proletarios.
En la misma proporción en que
se desarrolla la burguesía, es decir, el capital, desarróllase
también el proletariado, la clase de los obreros modernos,
que no viven sino a condición de encontrar trabajo, y lo
encuentran únicamente mientras su trabajo acrecienta el
capital. Estos obreros, obligados a venderse al detall, son una
mercancía como cualquier otro artículo de comercio,
sujeta, por tanto, a todas las vicisitudes de la competencia,
a todas las fluctuaciones del mercado.
El creciente empleo de las máquinas
y la división del trabajo quitan al trabajo del proletario
todo caracter substantivo y le hacen perder con ello todo atractivo
para el obrero. Este se convierte en un simple apéndice
de la máquina, y sólo se le exigen las operaciones
más sencillas, más monotonas y de más fácil
aprendizaje. Por tanto, lo que cuesta hoy día el obrero
se reduce poco más o menos a los medios de subsistencia
indispensables para vivir y para perpetuar su linaje. Pero el
precio del trabajo[35], como el de toda mercancía, es igual
a su coste de producción. Por consiguiente, cuanto más
fastidioso resulta el trabajo más bajan los salarios. Más
aún, cuanto más se desenvuel-
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ven el maquinismo y la división del trabajo, más
aumenta la cantidad de trabajo[36] bien mediante la prolongación
de la jornada, bien por el aumento del trabajo exigido en un tiempo
dado, la aceleración del movimiento de las máquinas,
etc.
La industria moderna ha transformado
el pequeño taller del maestro patriarcal en la gran fábrica
del capitalista industrial. Masas de obreros, hacinados en la
fábrica, están organizados en forma militar. Como
soldados rasos de la industria, están colocados bajo la
vigilancia de una jerarquía completa de oficiales y suboficiales.
No son solamente esclavos de la clase burguesa, del Estado burgués,
sino diariamente, a todas horas, esclavos de la máquina,
del capataz y, sobre todo, del patrón de la fábrica.
Y este despotismo es tanto más mezquino, odioso y exasperante,
cuanto mayor es la franqueza con que proclama que no tiene otro
fin que el lucro.
Cuanto menos habilidad y fuerza requiere
el trabajo manual, es decir, cuanto mayor es el desarrollo de
la industria moderna, mayor es la proporción en que el
trabajo de los hombres es suplantado por el de las mujeres y los
niños. Por lo que respecta a la clase obrera, las diferencias
de edad y sexo pierden toda significación social. No hay
más que instrumentos de trabajo, cuyo coste varía
según la edad y el sexo.
Una vez que el obrero ha sufrido la
explotación del fabricante y ha recibido su salario en
metálico, se convierte en victima de otros elementos de
la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etc.
Pequeños industriales, pequeños
comerciantes y rentistas, artesanos y campesinos, toda la escala
inferior de las clases medias de otro tiempo, caen en las filas
del proletariado;
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unos, porque sus pequeños capitales
no les alcanzan para acometer grandes empresas industriales y
sucumben en la competencia con los capitalistas más fuertes;
otros, porque su habilidad profesional se ve despreciada ante
los nuevos métodos de producción. De tal suerte,
el proletariado se recluta entre todas las clases de la población.
El proletariado pasa por diferentes
etapas de desarrollo. Su lucha contra la burguesía comienza
con su surgimiento.
Al principio, la lucha es entablada por obreros aislados, después,
por los obreros de una misma fábrica, más tarde,
por los obreros del mismo oficio de la localidad contra el burgués
aislado que los explota directamente. No se contentan con dirigir
sus ataques contra las relaciones burguesas de producción,
y los dirigen contra los mismos instrumentos de producción[37]:
destruyen las mercancias extranjeras que les hacen competencia,
rompen las máquinas, incendian las fábricas, intentan
reconquistar por la fuerza la posición perdida del trabajador
de la Edad Media.
En esta etapa, los obreros forman una
masa diseminada por todo el pais y disgregada por la competencia.
Si los obreros forman en masas compactas, esta acción no
es todavía la consecuencia de su propia unidad, sino de
la unidad de la burguesía, que para alcanzar sus propios
fines políticos debe -- y por ahora aún puede --
poner en movimiento a todo el proletariado. Durante esta etapa,
los proletarios no combaten, por tanto, contra sus propios enemigos,
sino contra los enemigos de sus enemigos, es decir, contra los
vestigios de la monarquía absoluta, los propietarios territoriales,
los burgueses no industriales y los pequeños burgueses.
Todo el movimiento histórico se concentra, de esta suerte,
en manos de la burguesía; cada vic-
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toria alcanzada en estas condiciones es una victoria de la burguesía.
Pero la industria, en su desarrollo,
no sólo acrecienta el numero de proletarios, sino que los
concentra en masas considerables; su fuerza aumenta y adquieren
mayor conciencia de la misma. Los intereses y las condiciones
de existencia de los proletarios se igualan cada vez más
a medida que la máquina va borrando las diferencias en
el trabajo y reduce el salario, casi en todas partes, a un nivel
igualmente bajo. Como resultado de la creciente competencia de
los burgueses entre sí y de las crisis comerciales que
ella ocasiona, los salarios son cada vez más fluctuantes;
el constante y acelerado perfeccionamiento de la máquina
coloca al obrero en situación cada vez más precaria;
las colisiones individuales entre el obrero y el burgués
adquieren más y más el carácter de colisiones
entre dos clases. Los obreros empiezan a formar coaliciones[38]
contra los burgueses y actúan en común para la de
fensa de sus salarios. Llegan hasta formar asociaciones permanentes
para asegurarse los medios necesarios, en previsión de
estos choques circunstanciales. Aquí y allá la lucha
estalla en sublevación.
A veces los obreros triunfan; pero
es un triunfo efímero. El verdadero resultado de sus luchas
no es el éxito inmediato, sino la unión cada vez
más extensa de los obreros. Esta unión es favorecida
por el crecimiento de los medios de comunicación creados
por la gran industria y que ponen en contacto a los obreros de
diferentes localidades. Y basta ese contacto para que las numerosas
luchas locales, que en todas partes revisten el mismo carácter,
se centralicen en una lucha nacional, en una lucha de clases.
Mas toda
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lucha de clases es una lucha política. Y la unión
que los habitantes de las ciudades de la Edad Media, con sus caminos
vecinales, tardaron siglos en establecer, los proletarios modernos,
con los ferrocarriles, la llevan a cabo en unos pocos años.
Esta organización del proletariado
en clase y, por tanto, en partido político, es sin cesar
socavada por la competencia entre los propios obreros. Pero surge
de nuevo, y siempre más fuerte, más firme, más
potente. Aprovecha las disensiones intestinas de los burgueses
para obligarles a reconocer por la ley algurlos intereses de la
clase obrera; por ejemplo, la ley de la jornada de diez horas
en Inglaterra.
En general, las colisiones en la vieja
sociedad favorecen de diversas maneras el proceso de desarrollo
del proletariado. La burguesía vive en lucha permanente:
al principio, contra la aristocracía; después, contra
aquellas fracciones de la misma burguesía, cuyos intereses
entran en contradicción con los progresos de la industria,
y siempre, en fin, contra la burguesía de todos los demás
países. En todas estas luchas se ve forzada a apelar al
proletariado, a reclamar su ayuda y a arrastrarle así al
movimiento político. De tal manera, la burguesía
proporciona a los proletarios los elementos de su propia educación[39],
es decir, armas contra ella misma.
Además, como acabamos de ver,
el progreso de la industria precipita en las filas del proletariado
a capas enteras de la clase dominante, o al menos las amenaza
en sus condiciones de existencia. También ellas aportan
al proletariado numerosos elementos de educación[40].
Finalmente, en los períodos
en que la lucha de clases se acerca a su desenlace, el proceso
de desintegración de
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la clase dominante, de toda la vieja
sociedad, adquiere un carácter tan violento y tan patente
que una pequeña fracción de esa clase reniega de
ella y se adhiere a la clase revolucionaria, a la clase en cuyas
manos esta el porvenir. Y así como antes una parte de la
nobleza se pasó a la burguesía, en nuestros días
un sector de la burguesía se pasa al proletariado, particularmente
ese sector de ideólogos burgueses que se han elevado teóricamente
has ta la comprensión del conjunto del movimiento histórico.
De todas las clases que hoy se enfrentan
con la burguesía sólo el proletariado es una clase
verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando
y desaparecen con el desarrollo de la gran industria; el proé
letariado, en cambio, es su producto más peculiar.
Las capas medias -el pequeño
industrial, el pequeño comerciante, el artesano, el campesino-,
todas ellas luchan contra la burguesía para salvar de la
ruina su existencia como tales capas medias. No son, pues, revolucionarias,
sino conservadoras. Más todavía, son reaccionarias,
ya que pretenden volver atrás la tueda de la Historia.
Son revolucionarias únicamente cuando tienen ante sí
la perspectiva de su tránsito inminente al proletariado,
defendiendo así no sus intereses presentes, sino sus intereses
futuros, cuando abandonan sus propios puntos de vista para adoptar
los del proletariado.
El lumpenproletatiado, ese producto
pasivo de la putrefacción de las capas más bajas
de la vieja sociedad, puede a veces ser arrastrado al movimiento
por una revolución proletaria; sin embargo, en virtud de
todas sus condiciones de vida está más bien dispuesto
a venderse a la teacción para servir a sus maniobras.
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Las condiciones de existencia de la
vieja sociedad están ya abolidas en las condiciones de
existencia del proletariado. El proletariado no tiene propiedad;
sus relaciones con la mujer y con los hijos no tienen nada de
común con las re laciones familiares burguesas; el trabajo
industrial moderno, el moderno yugo del capital, que es el mismo
en Inglaterra que en Francia, en Norteamérica que en Alemania,
despoja al proletariado de todo carácter nacional. Las
leyes, la moral, la religión son para él meros prejuicios
burgueses, detrás de los cuales se ocultan otros tantos
intereses de la burguesía.
Todas las clases que en el pasado lograron
hacerse do minantes trataron de consolidar la situación
adquirida so metiendo a toda sociedad a las condiciones de su
modo de apropiación. Los proletarios no pueden conquistar
las fuerzas productivas sociales, sino aboliendo su propio modo
de apropiación en vigor, y, por tanto, todo modo de apropiación
existente hasta nuestros días. Los proletarios no tienen
nada que salvaguardar; tienen que destruir todo lo que hasta ahora
ha venido garantizando y asegurando la propiedad privada existente.
Todos los movimientos han sido hasta
ahora realizados por minorias o en provecho de minorias. El movimiento
proletario es el movimiento independiente[41] de la inmensa mayoría
en provecho de la inmensa mayoría. El proletariado, capa
inferior de la sociedad actual, no puede levantarse, no puede
enderezarse, sin hacer saltar toda la superestructura fotmada
por las capas de la sociedad oficial.
Por su forma, aunque no por su contenido,
la lucha del proletariado contra la burguesía es ptimeramente
una lucha nacional. Es natural que e! proletariado de cada país
debe acabar en primer lugar con su propia burguesía.
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Al esbozar las fases mas generales
del desarrollo del proletariado, hemos seguido el curso de la
guerra civil más o menos oculta que se desarrolla en el
seno de la sociedad existente, hasta el momento en que se transforma
en una revolución abierta, y el proletariado, derrocando
por la violencia a la burguesía, implanta su dominación.
Todas las sociedades anteriores, como
hemos visto, han descansado en el antagonismo entre clases opresoras
y oprimidas. Mas para oprimir a una clase, es preciso asegurarle
, unas condiciones que le permitan, por lo menos, arrastrar su
existencia de esclavitud. El siervo, en pleno régimen de
servidumbre, llegó a miembro de la comuna, lo mismo que
el pequeño burgués llegó a elevarse a la
categoría de burgués bajo el yugo del absolutismo
feudal. El obrero moderno, por el contrario, lejos de elevarse
con el progreso de la industria, desciende siempre más
y más por debajo de las condiciones de vida de su propia
clase. El trabajador cae en la miseria, y el pauperismo crece
más rápidamente todavía que la población
y la riqueza. Es, pues, evidente que la burguesía ya no
es capaz de seguir desempeñando el papel de clase dominante
de la sociedad ni de imponer a ésta, como ley reguladora,
las condiciones de existencia de su clase. No es capaz de dominar,
porque no es capaz de asegurar a su esclavo la existencia ni siquiera
dentro del marco de la esclavitud, porque se ve obligada a dejarle
decaer hasta el punto de tener que mantenerle, en lugar de ser
mantenida por él. La sociedad ya no puede vivir bajo su
dominación; lo que equivale a decir que la existencia de
la burguesía es, en lo sucesivo, incompatible con la de
la sociedad.
La condición esencial de la
existencia y de la dominación de la clase burguésa
es la acumulación de la riqueza en manos
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de particulares[42], la formación
y el acrecentamiento del capital. La condición de existencia
del capital es el trabajo asalariado. El trabajo asalariado descansa.
exclusivamente sobre la competencia de los obreros entre sí.
El progreso de la industria, del que la burguesía, incapaz
de oponérsele, es agente involuntario, sustituye el aislamiento
de los obreros, resultante de la competencia, por su unión
revolucionaria mediante la asociación. Así, el desarrollo
de la gran industria socava bajo los pies de la burguesía
las bases sobre las que ésta produce y se apropia lo producido.
La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros.
Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables.
II
PROLETARIOS Y COMUNISTAS
¿Qué relación
mantienen los comunistas con respecto a los proletarios en general?
Los comunistas no forman un partido
aparte, opuesto a los otros partidos obreros.
No tienen intereses algunos que no
sean los intereses del conjunto del proletariado.
No proclaman principios especiales[43]
a los que quisieran amoldar el movimiento proletario.
Los comunistas sólo se distinguen
de los demás partidos proletarios en que, por una parte,
en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan
y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente
de la nacionalidad; y, por otra parte, en que, en las diferentes
fases de desarrollo por que pasa la lucha entre el proletariado
pág. 50
y la burguesía, representan
siempre los intereses del movimiento en su conjunto.
Practicamente, los comunistas son,
pues, el sector más resuelto [44] de los partidos obreros
de todos los países, el sector que siempre impulsa adelante
a los demás; teóricamente, tienen sobre el resto
del proletariado la ventaja de su clara visión de las condiciones,
de la marcha y de los resultados generales del movimiento proletario.
El objetivo inmediato de los comunistas
es el mismo que el de todos los demás partidos proletarios:
constitución de los proletarios en clase, derrocamiento
de la dominación burguesa, conquista del Poder político
por el proletariado.
Las tesis teóricas de los comunistas no se basan en modo
alguno en ideas y principios inventados o descubiertos por tal
o cual reformador del mundo.
No son sino la expresión de
conjunto de las condiciones reales de una lucha de clases existente,
de un movimiento histórico que se está desarrollando
ante nuestros ojos. La abolición de las relaciones de propiedad
existentes desde antes no es una característica peculiar
y exclusiva del comunismo.
Todas las relaciones de propiedad han
sufrido constantes cambios históricos, continuas transformaciones
históricas.
La revolución francesa, por ejemplo, abolió la propiedad
feudal en provecho de la propiedad burguesa.
El rasgo distintivo del comunismo no
es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición
de la propiedad burguesa.
Pero la propiedad privada actual, la
propiedad burguesa, es la última y más acabada expresión
del modo de producción y de apropiación de lo producido
basado en los anta-
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gonismos de clase, en la explotación
de los unos por los otros[45].
En este sentido los comunistas pueden
resumir su teoría en esta fórmula única:
abolición de la propiedad privada.
Se nos ha reprochado a los comunistas el querer abolir la propiedad
personalmente adquirida, fruto del trabajo propio, esa propiedad
que forma la base de toda libertad, de toda actividad, de toda
independencia individual.
¡La propiedad bien adquirida,
fruto del trabajo, del esfuerzo personal! ¿Os referis acaso
a la propiedad del pequeño burgués, del pequeño
labrador, esa forma de propiedad que precede a la propiedad burguesa?
No tenemos que abolirla: el progreso de la industria la ha abolido
y está aboliéndola a diario.
¿O tal vez os referís
a la propiedad privada moderna, a la propiedad burguesa?
Pero, ¿es que el trabajo asalariado,
el trabajo del proletario, crea propiedad para el proletario?
De ninguna manera. Lo que crea es capital, es decir, la propiedad
que explota al trabajo asalariado y que no puede acrecentarse
sino a condición de producir nuevo trabajo asalariado,
para explotarlo a su vez. En su forma actual, la propiedad se
mueve en el antagonismo entre el capital y el trabajo asalariado.
Examinemos los dos términos de este antagonismo.
Ser capitalista significa ocupar, no
sólo una posición meramente personal en la producción,
sino también una posición social. El capital es
un producto colectivo; no puede ser puesto en movimiento sino
por la actividad conjunta de muchos miembros de la sociedad y,
en último término, sólo por la actividad
conjunta de todos los miembros de la sociedad.
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El capital no es, pues, una fuerza personal; es una fuerza social.
En consecuencia, si el
capital es transformado en propiedad colectiva, perteneciente
a todos los miembros de la sociedad, no es la propiedad personal
la que se transforma en propiedad social. Sólo habrá
cambiado el carácter social de la propiedad. Esta perderá
su carácter de clase.
Examinemos el trabajo asalariado.
El precio medio del trabajo
asalariado es el mínimo del salario, es decir, la suma
de los medios de subsistencia indispensables al obrero para consenar
su vida como tal obrero. Por consiguiente, lo que el obrero asalariado
se apropia por su actividad es estrictamente lo que necesita para
la mera reproducción de su vida. No queremos de ninguna
manera abolir esta apropiación personal de los productos
del trabajo, indispensable a la mera reproducción de la
vida humana, esa apropiación, que no deja ningún
beneficio líquido que pueda dar un poder sobre el trabajo
de otro. Lo que queremos suprimir es el carácter miserable
de esa apropiación, que hace que el obrero no viva sino
para acrecentar el capital y tan sólo en la medida en que
el interes de la clase dominante exige que viva.
En la sociedad burguesa,
el trabajo viviente no es más que un medio de incrementar
el trabajo acumulado. En la sociedad comunista, el trabajo acumulado
no es más que up medio de ampliar, enriquecer y hacer más
fácil la vida de los trabajadores.
De este modo, en la sociedad
burguesa el pasado domina al presente; en la sociedad comunista
es el presente el que domina al pasado. En la sociedad burguesa
el capital es independiente y tiene personalidad, mientras que
el individuo que trabaja carece de independencia y de personalidad.
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¡Y es la abolicin de semejante estado de cosas lo que la
burguesía considera como la abolición de la personalidad
y de la libertad! Y con razón. Pues se trata efectivamente
de abolir la personalidad burguesa, la independencia burguesa
y la libertad burguesa.
Por libertad, en las condiciones
actuales de la producción burguesa, se entiende la libertad
de comercio, la libertad de comprar y vender.
Desaparecido el chalaneo,
desaparecera también la libertad de chalanear. Las declamaciones
sobre la libertad de chalaneo, lo mismo que las demás bravatas
liberales de nuestra burguesía, sólo tienen sentido
aplicadas al chalaneo encadenado y al burgués sojuzgado
de la Edad Media; pero no ante la abolición comunista del
chalaneo, de las relaciones de producción burguesas y de
la propia burguesía.
Os horrorizáis
de que queramos abolir la propiedad privada. Pero en vuestra sociedad
actual la propiedad privada esta abolida para las nueve décimas
partes de sus miembros. Precisamente porque no existe para esas
nueve décimas partes existe para vosotros. Nos reprocháis,
pues, el querer abolir una forma de propiedad que no puede existir
sino a condición de que la inmensa mayoría de la
sociedad sea privada de propiedad.
En una palabra, nos acusáis
de querer abolir vuestra propiedad. Efectivamente, eso es lo que
queremos.
Según vosotros,
desde el momento en que el trabajo no puede ser convertido en
capital, en dinero, en renta de la tierra, en una palabra, en
poder social susceptible de ser monopolizado; es decir, desde
el instante en que la propiedad personal no puede transformarse
en propiedad burguesa[46], desde ese instante la personalidad
queda suprimida.
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Reconocéis, pues, que por personalidad no entendéis
sino al burgués, al propietario burgués. Y esta
personalidad ciertamente debe ser suprimida.
El comunismo no arrebata
a nadie la facultad de apropiarse de los productos sociales; no
quita más que el poder de sojuzgar el trabajo ajeno por
medio de esta apropiación.
Se ha objetado que con la abolición de la propiedad privada
cesaría toda actividad y sobrevendría una indolencia
general.
Si así fuese, hace ya mucho tiempo que la sociedad burguesa
habría sucumbido a manos de la holgazanería, puesto
que en ella los que trabajan no adquieren y los que adquieren
no trabajan. Toda la objeción se reduce a esta tautologia:
no hay trabajo asalariado donde no hay capital.
Todas las objeciones dirigidas
contra el modo comunista de apropiación y de producción
de los productos materiales han sido hechas igualmente respecto
a la apropiación y a la producción de los productos
del trabajo intelectual. Lo mismo que para el burgués la
desaparición de la propiedad de clase equivale a la desaparición
de toda producción, la desaparición de la cultura
de clase significa para él la des aparición de toda
cultura.
La cultura, cuya pérdida
deplora, no es para la inmensa mayoría de los hombres más
que el adiestramiento que los transforma en máquinas.
Mas no discutáis
con nosotros mientras apliquéis a la abolición de
la propiedad burguesa el criterio de vuestras nociones burguesas
de libertad, cultura, derecho, etc. Vuestras ideas son en sí
mismas producto de las relaciones de producción y de propiedad
burguesas, como vuestro derecho no es más que la voluntad
de vuestra clase erigida en ley;
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voluntad cuyo contenido
está determinado por las condiciones materiales de existencia
de vuestra clase.
La concepción interesada
que os ha hecho erigir en leyes eternas de la Naturaleza y de
la Razón las relaciones sociales dimanadas de vuestro transitorio
modo de producción y de propiedad -- relaciones históricas
que surgen y desaparecen en el curso de la producción --,
la compartis con todas las clases dominantes hoy desaparecidas.
Lo que concebís para la propiedad antigua, lo que concebís
para la propiedad feudal, no os atrevéis a admitirlo para
la propiedad burguesa.
¡Querer abolir
la familia! Hasta los mas radicales se indignan ante este infame
designio de los comunistas.
¿En que bases descansa la familia actual, la familia burguesa?
En el capital, en el lucro privado. La familia, plenamente desarrollada,
no existe más que para la burguesía; pero encuentra
su complemento en la supresión forzosa de toda familia
para el proletariado y en la prostitución pública.
La familia burguesa desaparece
naturalmente al dejar de existir ese complemento suyo, y ambos
desaparecen con la desaparición del capital.
¿Nos reprocháis
el querer abolir la explotación de los hijos por sus padres?
Confesamos este crimen.
Pero decís que
destruimos los vinculos más íntimos, sustituyendo
la educación doméstica por la educación social.
Y vuestra educación, ¿no esta también determinada
por la sociedad, por las condiciones sociales en que educáis
a vuestros hijos, por la intervención directa o indirecta
de la sociedad a través de la escuela, etc.? Los comunistas
no han inventado esta ingerencia de la sociedad en la educación,
no hacen mós que cambiar su caracter y arrancar la educación
a la influencia de la clase dominante.
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Las declamaciones burguesas
sobre la familia y la educación, sobre los dulces lazos
que unen a los padres con sus hijos, resultan más repugnantes
a medida que la gran industria destruye todo vinculo de familia
para el proletario y transforma a los niños en simples
articulos de comercio, en simples instrumentos de trabajo.
¡Pero es que
vosotros, los comunistas, queréis establecer la comunidad
de las mujeres! -- nos grita a coro toda la burguesía.
Para el burgués,
su mujer no es otra cosa que un instrumento de producción.
Oye decir que los instrumentos de producción deben ser
de utilización común, y, naturalmente, no puede
por menos de pensar que las mujeres correrán la misma suerte.
No sospecha que se trata
precisamente de acabar con esa situación de la mujer como
simple instrumento de producción.
Nada más grotesco,
por otra parte, que el horror ultramoral que inspira a nuestros
burgueses la pretendida comunidad oficial de las mujeres que atribuyen
a los comunistas. Los comunistas no tienen necesidad de introducir
la comunidad te las mujeres: casi siempre ha existido.
Nuestros burgueses, no
satisfechos con tener a su disposición las mujeres y las
hijas de sus obreros, sin hablar de la prostitución oficial,
encuentran un placer singular en encornutarse mutuamente.
El matrimonio burgués
es, en realidad, la comunidad de las esposas. A lo sumo, se podría
acusar a los comunistas te querer sustituir una comunidad de las
mujeres hipócritamente disimulada, por una comunidad franca
y oficial. Es evidente, por otra parte, que con la abolición
de las relaciones de producción actualesltesaparecerá
la comunidad de las
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mujeres que de ellas se deriva, es decir, la prostitución
oficial y privada.
Se acusa también
a los comunistas de querer abolir la patria, la nacionalidad.
Los obreros no tienen
patria. No se les puede arrebatar lo que no poseen. Mas, por cuanto
el proletariado debe en primer lugar conquistar el Poder politico,
elevarse a la condición de clase nacional[47], constituirse
en nación, todavía es nacional, aunque de ninguna
manera en el sentido burgués.
El aislamiento nacional
y los antagonismos entre los pueblos desaparecen de día
en día con el desarrollo de la burguesía, la libertad
de comercio y el mercado mundial, con la uniformidad de la producción
industrial y las condiciones de existencia que le corresponden.
El dominio del proletariado
los hará desaparecer más de prisa todavía.
La acción común del proletariado, al menos el de
los países civilizados, es una de las primeras condiciones
de su emancipación.
En la misma medida en
que sea abolida la explotación de un individuo por otro,
será abolida la explotación de una nación
por otra.
Al mismo tiempo que el
antagonismo de las clases en el interior de las naciones, desaparecerá
la hostilidad de las naciones entre sí.
En cuanto a las acusaciones
lanzadas contra el comunismo, partiendo del punto de vista de
la religión, de la filosofía y de la ideología
en general, no merecen un examen detallado.
¿Acaso se necesita una gran perspicacia para comprender
que con toda modificación sobrevenida en las condiciones
de vida, en las relaciones sociales, en la existencia social cambian
también las ideas, las nociones y las concepciones en una
palabra, la conciencia del hombre?
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¿Que demuestra
la historia de las ideas sino que la producción intelectual
se transforma con la producción material? Las ideas dominantes
en cualquier época no han sido nunca más que las
ideas de la clase dominante.
Cuando se habla de ideas que revolucionan toda una sociedad, se
expresa solamente el hecho de que en el seno de la vieja sociedad
se han formado los elementos de una nueva, y la disolución
de las viejas ideas marcha a la par con la disolución de
las antiguas condiciones de vida.
En el ocaso del mundo
antiguo las viejas religiones fueron vencidas por la religión
cristiana. Cuando en el siglo XVIII las ideas cristianas fueron
vencidas por las ideas de la ilustración, la sociedad feudal
libraba una lucha a muerte contra la burguesía, entonces
revolucionaria. Las ideas de libertad religiosa y de libertad
de conciencia no hicieron más que reflejar el reinado de
la libre concurrencia en el dominio de la conciencia[48].
"Sin duda --
se nos dirá --, las ideas religiosas, morales, filosóficas,
políticas, jurídicas, etc., se han ido modificando
en el curso del desarrollo histórico. Pero la religión,
la moral, la filosofía, la política, el derecho,
se han mantenido siempre a través de estas transformaciones.
Existen, además,
verdades eternas, tales como la libertad, la justicia, etc., que
son comunes a todo estado de la sociedad. Pero el comunismo quiere
abolir estas verdades eternas, quiere abolir la religión
y la moral, en lugar de dades una forma nueva, y por eso contradice
a todo el desarrollo histórico anterior."
¿A qué
se reduce esta acusación? La historia de todas las sociedades
que han existido hasta hoy se desenvuelve en medio de contradicciones
de clase, de contradicciones que revisten formas diversas en las
diferentes épocas.
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Pero cualquiera que haya
sido la forma de estas contradicciones, la explotación
de una parte de la sociedad por la otra es un hecho común
a todos los siglos anteriores. Por consiguiente, no tiene nada
de asombroso que la conciencia social de todas las edades, a despecho
de toda variedad y de toda diversidad, se haya movido siempre
dentro de ciertas formas comunes, dentro de unas formas[49] --
formas de conciencia --, que no desaparecerán completamente
más que con la desaparición definitiva de los antagonismos
de clase.
La revolución comunista
es la ruptura más radical con las relaciones de propiedad
tradicionales, nada de extraño tiene que en el curso de
su desarrollo rompa de la manera más radical con las ideas
tradicionales.
Mas, dejemos aquí
las objeciones hechas por la burguesía al comunismo.
Como ya hemos visto más
arriba, el primer paso de la revolución obrera es la elevación
del proletariado a clase dominante, la conquista de la democracia.
El proletariado se valdrá
de su dominación política para ir arrancando gradualmente
a la burguesía todo el capital, para centralizar todos
los instrumentos de producción en manos del Estado, es
decir, del proletariado organizado como clase dominante, y para
aumentar con la mayor rapidez posible la suma de las fuerzas productivas.
Esto, naturalmente, no
podrá cumplirse al principio más que por una violación
despótica del derecho de propiedad y de las relaciones
burguesas de producción, es decir, por la adopción
de medidas que desde el punto de vista económico pareceran
insuficientes e insostenibles, pero que en el curso del movimiento
se sobrepasarán a sí mismas[50] y serán indispensables
como medio para transformar radicalmente todo el modo de producción.
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Estas medidas, naturalmente,
serán diferentes en los diversos países.
Sin embargo, en los países
más avanzados podrán ser puestas en práctica
casi en todas partes las siguientes rnedidas:
1. Expropiación
de la propiedad territorial y empleo de la renta de la tierra
para los gastos del Estado.
2. Fuerte impuesto progresivo.
3. Abolición del derecho de herencia.
4. Confiscación de la propiedad de todos los emigrados
y sediciosos.
5. Centralización del crédito en manos del Estado
por medio de un Banco nacional con capital del Estado y monopolio
exdusivo.
6. Centralización en manos del Estado de todos los medios
de transporte.
7. Multiplicación de las empresas fabriles pertenecientes
al Estado y de los instrumentos de producción, roturación
de los terrenos incultos y mejoramiento de las tierras, según
un plan general.
8. Obligación de trabajar para todos; organización
de ejercitos industriales, particularmente para la agricultura.
9. Combinación de la agricultura y la industria; medidas
encaminadas a hacer desaparecer gradualmente la oposición[51]
entre la ciudad y el campo.[52]
10. Educación pública y gratuita de todos los niños;
abolición del trabajo de éstos en las fábricas
tal como se practica hoy; régimen de educación combinado
con la producción material, etc., etc.
Una vez que en el curso
del desarrollo hayan desaparecido las diferencias de clase y se
haya concentrado toda la producción en manos de los individuos
asociados, el Poder público perderá su carácter
político. El Poder político,
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hablando propiamente,
es la violencia organizada de una clase para la opresión
de otra. Si en la lucha contra la burguesía el proletariado
se constituye indefectiblemente en clase; si mediante la revolución
se convierte en clase dominante y, en cuanto clase dominante,
suprime por la fuerza las viejas relaciones de producción,
suprime al mismo tiempo que estas relaciones de producción
las condiciones para la existencia del antagonismo de clase y
de las clases en general[53], y, por tanto, su propia dominación
como clase.
En sustitución de la antigua sociedad burguesa, con sus
clases y sus antagonismos de clase, surgira una asociación
en que el libre desenvolvimento de cada uno será la condición
del libre desenvolvimiento de todos.
