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Luis Eduardo Rolón - Homenaje en su Aniversario

La tesonera labor desarrollada por el “Toche”, como cariñosamente lo llamábamos, por su origen nortesantandereano, y muchos otros compañeros, dio como resultado la creación de varias ligas y cooperativas campesinas. Se trataba de organizar y educar al campesinado de las regiones donde prima el esfuerzo humano en las faenas agropecuarias, el problema del mercadeo de la producción es una de las mayores trabas para el mejoramiento de su nivel de vida y, de paso, mejorar las bases materiales y espirituales para adelantar la lucha revolucionaria.

Hacía menos de dos años, diecinueve ligas de esa estratégica zona habían realizado un Encuentro departamental, en el que habían intercambiado y resumido sus experiencias. Una de ellas había logrado multiplicar por seis el área sembrada de arroz, en un año, como producto de las ventajas que representaba adelantar el mercadeo sin intermediarios y adquirir los insumos y provisiones de manera directa y en volúmenes que otorgaban márgenes rentables. Los avances logrados permitieron comprometerse en construir, con el respaldo de los sindicatos que orientaba el Partido, una escuela para formar dirigentes agrarios.

Con el propósito de desembotellar esas comarcas y mejorar la salida de los productos agrarios hacia San Pablo, el mercado más cercano, ya se habían erigido las bases de un puente sobre el Río Boque, en el corregimiento de Monterrey, con la colaboración, incluso de ingenieros de ECOPETROL. A estos menesteres se dedicaba Luís Eduardo, pese a ser un día de descanso, cuando recibió una ráfaga de ametralladora, por la espalda. A la sazón, comenzaban a merodear por aquellos contornos cuadrillas de las FARC, beneficiados por las ventajas otorgadas al socaire de la pacificación dialogada, instaurada por el ideólogo del “si se puede”.

Dos fenómenos contradictorios se desenvolvían a la par, en esas calendas. De un lado, la arremetida del socialimperialismo soviético, que había alcanzado su máximo desarrollo con la invasión a Afganistán, en 1979, tropezaba con la actitud más decidida de la administración del vaquero Ronald Reagan y, del otro, el pacificador Belisario Betancur había sucedido a la administración Turbay, la cual había mantenido a raya las fuerzas insurgentes, con su Estatuto de Seguridad. En pos de ocultar su naturaleza reaccionaria y antinacional, aquel gobernante optó por abanderarse del restablecimiento de la “paz”, pactando entendimientos con los grupos armados que, lejos de deponer los fusiles e incorporarse a la legalidad, reconociendo lo equivocado de “combinar todas las formas de lucha”, incrementaron su píe de fuerza y hostilizaban a agrupaciones y persona inermes.

Al amparo de tan favorables circunstancias las FARC y otras organizaciones alzadas en armas, extendieron sus brazos por toda la geografía patria y desplazaron de innumerables territorios a las fuerzas que se les oponían. Esta noche están aquí con nosotros compañeros que tuvieron que salir a las volandas de esas regiones, so pena de correr la misma suerte del camarada Rolón. Otros, cuyos nombres también debemos remembrar en esta conmemoración, no pudieron escapar de la celada tendida por quienes se proclaman como defensores del pueblo, pero lo envilecen, chantajean y amedrentan. Tales son los casos de Raúl Ramírez, asesinado en El Bagre – Antioquia- a finales de 1986 y de Aidée Osorio eliminada en Morales -Bolívar-, en marzo de 1987, entre otros.

(Aparte del discurso pronunciado por Iván Toro en el Homenaje de Conmemoración de los 20 Años de su Asesinato).

 

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