Las Luchas Obreras y Estudiantiles en Francia
En las últimas semanas se
desarrollaron importantes manifestaciones de trabajadores
y estudiantes secundarios contra la política del gobierno
de Chirac y Raffarin. La más importante fue la del
sábado 5 de febrero, en la que participaron 500.000
trabajadores en toda Francia (100.000 en París) e importantes
delegaciones de estudiantes secundarios. El motivo principal
de la manifestación era que el gobierno presentaba
el martes 8 un proyecto de ley para dar autorización
a la patronal a extender la jornada de trabajo (hoy de 35
horas). Esta jornada fue precedida por huelgas entre los trabajadores
del sector público (choferes de metro, empleados de
correo, electricistas, gasistas, empleados de hospitales y
maestros). Asimismo, desde hace algunos meses, una serie de
luchas atañe localmente al sector privado por la defensa
o el aumento de los salarios, a veces en los sectores más
precarizados y expuestos a la presión patronal como
en la cadena de ropas H&M con la huelga de un mes en diciembre
o últimamente en Cérétex (Call Center).
Esto no se veía desde hace mucho tiempo. Pese a que
la ley ya se votó en la Asamblea Nacional (Cámara
Baja) y el gobierno y la patronal no tienen intenciones de
aflojar en este punto, se discuten nuevas manifestaciones
para marzo.
A sus costados se
desarrollaba una movilización de estudiantes secundarios
contra la Ley del Ministro Fillon, que pretende crear escuelas
y títulos de “primera” y “segunda”
clase. Los docentes también venían enfrentándose
con huelgas parciales, ya que esta ley contempla recortes de
puestos de trabajo en la educación. Hoy mismo (15 de
febrero), más de 100.000 secundarios, acompañados
por importantes delegaciones de docentes, se manifestaron en
toda Francia contra el proyecto de Fillon. En ella también
participaron jóvenes pobres de las periferias (muchos
de origen inmigrante, que en muchos casos también son
estudiantes secundarios, y que normalmente no participan en
manifestaciones) y se enfrentaron con la policía. La
incipiente unidad docente-estudiantil es algo inédito
para la represiva escuela francesa, ya que un proceso de este
tipo no se logró desarrollar durante el conflicto de
los liceístas del 98, ni durante las luchas del 2003
ni del 2004. De continuar el conflicto, a través de los
estudiantes secundarios (liceístas) aparecerán
cada vez más en la calle los conflictos de las barriadas
marginales de las grandes urbes, en las que se concentran gran
parte de las contradicciones de la sociedad francesa (pobreza,
racismo y represión policial).
De continuar la incipiente
unidad docente-estudiantil, gracias al prestigio del que gozan
los docentes entre la población francesa, la “furia”
de los jóvenes de las periferias no aparecerá
como una “rabia juvenil” sino como parte de un hartazgo
social más general de gran parte de los trabajadores
y el pueblo francés con el gobierno de Chirac y Raffarin.
Las manifestaciones obreras y estudiantiles pueden llegar a
ser los primeros síntomas de recomposición del
movimiento social francés que viene de años de
derrotas.
Una nueva trampa
de la burocracia sindical
Pese a que desde
hace casi un año que el gobierno venía amenazando
con acabar con las 35 horas semanales, la burocracia sindical
(CGT, CFDT, FO, etc.) no preparó en nada el combate durante
este período. La “libre negociación de las
horas de trabajo entre los trabajadores y los patrones”,
proclamada por el gobierno, es particularmente dura para el
sector privado (donde la dictadura patronal tiene mayor dureza),
y particularmente para las pequeñas empresas, que no
tienen ninguna organización obrera o sindical. Sin embargo,
en el sector privado la burocracia no organizó ninguna
mínima asamblea para preparar la resistencia a este duro
ataque patronal.
En el sector público
organizaron en las últimas semanas jornadas de huelga
separadas unas de otras, cuando el problema era el mismo. Un
día hacían la huelga en los subtes, otro en los
correos, otro los docentes... Un sábado, día no
laborable para gran parte de los trabajadores franceses, y a
tres días de la votación de la ley en la Asamblea
(el 5 de febrero), organizaron enormes manifestaciones (sin
huelga) en toda Francia. El martes, mientras se votaba la ley,
nada. Pero aún peor.
Los burócratas
medios de la CGT (principal sindicato en Francia), en su mayoría
ligados al Partido Comunista Francés, mostraron su “disconformidad”
con la dirección de la CGT, llevando en la marcha stickers
y banderas con el “No” al Proyecto de Tratado Constitucional
Europeo… pero sin criticar a la dirección de la
CGT por no presentar ninguna alternativa para frenar este duro
ataque al conjunto de los trabajadores. Debido al malestar en
la base obrera y sobre todo a la continuidad de la lucha docente
y estudiantil, la burocracia está anunciando una nueva
posible “jornada de lucha”… en marzo, esperando
que en el entretiempo el estado de ánimo se desinfle.
La lucha docente
- estudiantil abre nuevas perspectivas
El movimiento estudiantil
siempre ha actuado en Francia como caja de resonancia de malestares
profundos. El caso del Mayo del 68 es el ejemplo por antonomasia
en ese sentido. En el caso actual, el de los liceístas
(el equivalente a los tres últimos años de la
secundaria en Argentina), lo que expresa (más que el
rechazo puntual a la reforma Fillon) es el descontento y la
incertidumbre de miles y miles de jóvenes pobres que
están “en el cruce de caminos entre la crisis de
la escuela y la crisis del trabajo”. La falta de perspectivas
laborales al final de la escuela crea una sensación de
angustia y de replanteos entre los estudiantes, particularmente
entre los estudiantes pobres o de origen inmigrante de 1º
o 2º generación, y esto hace a las periferias zonas
violentas y con un potencial explosivo. En la escuela pública
es casi en el único lugar en el que los inmigrantes o
hijos de inmigrantes comparten su vida con los franceses “blancos”.
Del otro lado los
mismos docentes, que cada día trabajan en condiciones
más precarias, con reducción de horas y de personal
asistente, muchas veces en zonas desfavorecidas con violencia
social, en las cuales a los estudiantes no les interesa estudiar
porque saben que eso no los saca de la marginación y
encuentran la situación cada vez más dura. Los
docentes ya han protagonizado procesos de lucha en los últimos
años y vienen de derrotas. En este caso sus reivindicaciones
se magnifican porque coinciden en la lucha con los estudiantes,
lo que les da mucho más fuerza a ambos.
El gran temor del
gobierno, es que si salen a la calle masivamente los jóvenes
estudiantes de los barrios pobres, se contagien de su rebelión
los trabajadores jóvenes (que conviven con ellos en las
periferias), súper explotados y humillados por el racismo
institucional, hasta ahora grandes ausentes de las manifestaciones
de masas. La burocracia sindical del FSU (docentes) intenta
dividir y decir que la lucha docente no se puede unir a la estudiantil.
Su secretario Aschieri expresó que “tenemos reivindicaciones
en común, pero hay ciertas reivindicaciones de los estudiantes
que no son las nuestras”; le temen como a la peste a la
unidad docente estudiantil.
El malestar en el
trabajo ya está instalado y los trabajadores del sector
público y de buena parte del privado han demostrado que
tienen ánimo de manifestarse contra el gobierno. Si los
docentes y los estudiantes, “rivales” en las aulas,
prosiguen una lucha radical en común, importantes perspectivas
de lucha se abrirían en Francia y cambiarían el
curso de derrotas de los últimos años.
Jean-Baptiste Clech
y Lucas Pizzutti
Domingo, 27 marzo/06
http://www.dprogresivo.com/comunidad_cr
/modules.php?name=News&file=article&sid=326
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Auge de luchas obreras y crisis poítica en Alemania
Con motivo de su
recorrida por la Argentina y otros países de América
Latina para la presentación de su libro recientemente
publicado, "Crepúsculo de los dioses sobre el Nuevo
Orden Mundial", HOY entrevistó a Stefan Engel, presidente
del Partido Marxista Leninista de Alemania (MLPD).
¿Cuál
es la situación actual del movimiento obrero y popular
en Alemania?
En Alemania hubo un cambio importante en el comportamiento de
la clase obrera con respecto al gobierno de Schröder a
partir del 1º de Mayo de 2003.
Desde 1998 hasta
esa fecha los obreros todavía tenían consideraciones
respecto al gobierno socialdemócrata. Tenían expectativas
en una política que se diferenciara de la política
reaccionaria del gobierno de Köhl. Köhl tuvo que abandonar
el gobierno en 1998 porque las luchas de masas de los obreros
y las luchas populares aumentaron, y ese gobierno ya no estaba
en condiciones de imponer nada sin que provocara luchas de masas.
La socialdemocracia
fue para los obreros una esperanza de que se mantuvieran las
conquistas sociales, que se detuviera la destrucción
de las reformas sociales, y en particular de que disminuyera
el desempleo masivo. Al comienzo de su gobierno Schröder
declaró que el parámetro para medir su política
sería su lucha contra el desempleo. Pero después
de los primeros 4 años los obreros ya estaban decepcionados
de Schröder. Pudo salvarse de un fracaso electoral a último
momento sólo porque durante la campaña se agudizó
el conflicto de Irak, y cuatro semanas antes de las elecciones
dijo categóricamente que bajo su gobierno Alemania no
participaría en una guerra contra Irak. Cuando dijo esto,
según las encuestas los socialdemócratas estaban
un 10 por ciento por debajo de los socialcristianos; después
de eso ganó la mayoría ¡por apenas 400 votos!
O sea que estaba
muy débil. Pero después vino la guerra de Irak.
Las masas se lanzaron a la calle: uno de cada 3 jóvenes
participaron en las marchas. Dos semanas antes del estallido
de la guerra de Irak en marzo de 2003, Schröder proclamó
un programa con el nombre de "Agenda 2010", donde
se reprochaba a la población de Alemania "estar
viviendo por encima de sus posibilidades", y se decía
que debido a la "globalización" se requiere
vivir más modestamente. Anunció una disminución
de las conquistas sociales, ya que si no "todo se derrumbaría".
En ese momento las
masas no reaccionaron directamente porque todavía la
guerra de Irak estaba en el centro de las preocupaciones. Pero
esto cambió el 1º de Mayo de ese mismo año:
ese día hubo un millón de obreros participando
en las manifestaciones por el Día del Trabajador, el
doble de lo habitual. La gente iba allí a chiflar a los
representantes del gobierno. Así se manifestó
un desprendimiento de la clase obrera respecto de la socialdemocracia,
y con ello empezó la declinación de ese gobierno:
la crisis de la base de masas socialdemócrata fue el
comienzo del fin del gobierno de Schröder.
El pacto de tregua
que hizo el gobierno con las direcciones sindicales para el
2004 fue el último intento del gobierno para evitar que
las masas lucharan, pero ya no funcionó. Nuestro Partido
lanzó la consigna de no aceptar la tregua y organizar
una resistencia decidida contra la "Agenda 2010".
Organizamos pequeñas
marchas los lunes, que en esa época eran sólo
el primer lunes de cada mes. Esa fue una forma de lucha desarrollada
por el MLPD, y con ella unimos a las masas en la crítica
frente al gobierno. Eran pequeñas manifestaciones, de
entre 50 y 100 personas, en unas 50 ciudades, y más que
marchas eran discusiones públicas. La primera manifestación
de masas en realidad ya había sido el 1º de noviembre
de 2003, y se hizo con la oposición de la dirección
sindical, de la Iglesia y de todas las organizaciones influidas
de alguna manera por la socialdemocracia. La fuerza principal
eran los obreros industriales, desocupados, jóvenes,
y activistas del movimiento combativo de mujeres. Políticamente,
el MLPD era el único partido que apoyaba esas manifestaciones.
El PDS (Partido del Socialismo Democrático, sucesor del
ex partido gubernamental de Alemania Oriental, y que sigue siendo
fuerte en esa región) no participaba, respetando la decisión
de la dirección sindical. Por eso los medios de comunicación
presentaron esa marcha del 1º de noviembre como una marcha
sólo del MLPD, con títulos burlones como "Imagínense,
una manifestación a la que nadie irá". Pero
cómo sería su sorpresa cuando ese día se
reunieron 100 mil personas en esa marcha en Berlín, sobre
todo de las fábricas industriales. Ese fue el segundo
momento en el crecimiento de la autonomía de clase de
la clase obrera, en su desprendimiento del gobierno socialdemócrata,
con un acercamiento cada vez mayor de ese núcleo del
proletariado industrial al MLPD.
¿Cómo
era la repercusión de todo ese proceso dentro de las
fábricas?
Esto, en realidad,
no sucedía fuera de las fábricas. En ese momento
había muchas luchas dentro de ellas, contra los despidos,
la destrucción de las conquistas sociales, los recortes
de premios para Navidad o del dinero para las vacaciones, la
destrucción de los convenios colectivos, etc. Este es
un proceso permanente desde comienzos de los años ‘90.
Desde la nueva organización de la producción internacional
perdimos, tan sólo en Alemania, 2 millones y medio de
puestos de trabajo, sólo en la industria. Pero esto siempre
se hizo con luchas y resistencia. Todo este proceso que estoy
resumiendo fue preparado por muchas luchas autónomas,
autoorganizadas en las fábricas: alrededor de 200 paros
autoorganizados, en los que el MLPD tuvo un papel decisivo.
Pero hasta allí
todavía era un crecimiento cuantitativo; la tendencia
principal todavía era darle una oportunidad a la socialdemocracia.
Y ese 1º de Mayo significó un cambio en eso. A partir
de ahí, el núcleo del proletariado industrial
ya no tuvo consideraciones con el gobierno de Schröder.
Los años anteriores se había crecido en muchas
luchas pequeñas, locales; pero ahora se expresaba en
un un movimiento y una tendencia nacional: hubo un cambio cualitativo.
¿El movimiento
de las "Marchas de los lunes" desapareció,
o está asumiendo nuevas formas?
Esas marchas adquirieron
un carácter de masas en agosto de 2004. Siguen existiendo
en 130 ciudades, el lunes de cada semana: ahora se está
llevando a cabo la marcha número 70.
La marcha del 1º
de noviembre de 2003 en Berlín había dado un gran
impulso, aumentando la participación. A partir de enero
de 2004 hubo un gran conflicto sobre un convenio colectivo en
el sector metalúrgico. Los monopolios pidieron que los
obreros renunciaran a la jornada semanal de 35 horas -que habían
conquistado en una dura huelga en 1984-, y volvieran a las 40
horas semanales, sin compensación salarial, lo que equivalía
a una rebaja del 14% en los salarios. Los sindicatos amenazaron
con que se eliminarían otros millones de puestos de trabajo;
estaban dispuestos a hacer compromisos con los monopolios respecto
de la jornada laboral.
Pero la base en las
fábricas no tenía la misma disposición.
Los sindicatos iniciaron negociaciones, y organizaron algunos
pequeños paros de amenaza, pero de forma acordada con
los monopolios; por eso los hacían dentro de las fábricas
y por algunas horas, en forma simbólica. Pero esa táctica
fracasó por completo. Durante todo enero y febrero de
2004, 500 mil obreros protagonizaron huelgas y marchas. Ya no
aceptaron las directivas de la dirección sindical. Decían:
no permitimos que nos chantajeen, nada de prolongación
de la jornada laboral. Y pidieron que se hiciera una encuesta
entre los sindicalizados sobre una huelga indefinida (ya que
en Alemania, para hacer una huelga se necesita una votación).
Esta expresión
de la combatividad de los obreros mostró a los monopolios,
así como a la dirección sindical, que habían
perdido, ya que si los monopolios hubieran mantenido su exigencia,
hubiera sido inevitable una huelga, y esto hubiera significado
el estallido de las contradicciones que se habían tensado.
Y esto, en una situación donde la dirección sindical
y la socialdemocracia están perdiendo su influencia en
la clase obrera. Y no querían correr ese riesgo. De modo
que los monopolios retiraron su exigencia de las 40 horas de
trabajo semanales.
De entonces a hoy,
¿las medidas antipopulares de flexibilización
laboral fueron avanzando?
Sí, han aumentado,
en particular porque los dirigentes sindicales decían
a los obreros que la flexibilización es una forma de
reducir el desempleo. Y los obreros necesitaban hacer su experiencia
para comprender esto. Ahora sí, hay una resistencia dura
contra cualquier medida de este tipo, porque se dan cuenta que
eso tiene efectos dañosos sobre las condiciones de vida;
por ejemplo ha habido un aumento significativo de los divorcios,
por cómo esos cambios han afectado a las familias.
Estas luchas son
permanentes. La experiencia del conflicto sobre el convenio
metalúrgico selló el fracaso de los monopolios.
A partir de allí el conflicto se trasladó a las
fábricas: ya no es en toda la rama, sino que ahora es
en cada fábrica donde intentan hacer pasar sus planes.
Y los sindicatos se lo han permitido, con el argumento de "tomar
en cuenta la situación específica de cada fábrica",
etc. Tratan de avanzar planta por planta.
Pero también
es ahí donde se dieron los conflictos de clase decisivos
en los últimos años. Empezó Siemens, que
dijo que si no se introducía en sus fábricas la
jornada semanal "adecuada" iban a trasladar 20 mil
puestos de trabajo a Europa del Este. El sindicato estaba dispuesto
a negociar. El MLPD propuso una huelga a nivel de toda la empresa,
que en 2004 sumaba en todas sus plantas unos 200 mil trabajadores.
La dirección del sindicato no quería ir a la lucha,
pero bajo la presion de las bases tuvieron que tomar ese planteo
que hicimos nosotros, y se oorganizó un día de
lucha a nivel de todo el consorcio. Todavía no se integraron
todas las fábricas, sino las que estaban en mayor peligro;
pero al menos fueron 25 mil los obreros de la Siemens que pararon
conjuntamente en un día, rechazando ese ataque de los
monopolios. Los obreros decían: si no retiran esa exigencia,
extendemos la medida a todas las fábricas, y no solamente
un día sino más.
Cuatro semanas después
siguió la Daimler-Chrysler (Mercedes), exigiendo también
en una de sus plantas –la de Sindelfingen, cerca de Stuttgart,
una fábrica con 40 mil trabajadores- la extensión
de la jornada laboral y recorte de los salarios, tratando de
hacer un "caso testigo" que les sirviera para avanzar
en las otras fábricas. En esa planta tienen los salarios
más altos de todo el consorcio. La dirección de
la fábrica decía: "no es posible que ustedes
tengan salarios un 20% más altos que los de Bremen, o
200% más que en Sudáfrica; hay que terminar con
eso". Nosotros volvimos a plantear una huelga a nivel de
todo el consorcio, con la consigna: "No nos dejamos chantajear.
Quien ataca a uno deberá contar con la respuesta de todos
los obreros de la Daimler-Chrysler". También organizamos
el contacto con Sudáfrica y Brasil; hicimos público
que en esos lugares a los obreros les dicen lo mismo, pese a
que tienen salarios mucho más bajos. En Sudáfrica
y en Brasil les decían que si no aceptaban la nueva jornada
laboral trasladarían las plantas a China.
Si los sindicatos
están directamente en acuerdo con las patronales, o están
dispuestos a "negociar", ¿cómo se organizan
las luchas de los obreros? ¿Hay comisiones internas independientes
de los sindicatos? ¿Trabajan abiertamente o son clandestinas?
En Alemania se llaman Comités de Empresa, pero a veces,
en las grandes fábricas, son incluso peores que los dirigentes
sindicales, porque están completamente integrados en
la política de colaboración de clases.
Donde está
la influencia más fuerte de los obreros combativos es
en los cuerpos de delegados; esos son los que organizan las
luchas. Pero también hay luchas autoorganizadas, aunque
en Alemania sólo están permitidas en el contexto
de un conflicto por el convenio colectivo –o sea mientras
se discuten los nuevos convenios-; no existe un derecho general
de huelga. Por eso esas estructuras de base son necesarias para
emprender también las luchas autoorganizadas, autónomas.
Son las mismas personas en la base, pero ya no siguen las órdenes
de la dirección sindical sino la voluntad de la base
obrera. Allí, en esos delegados, en el nivel sindical
más bajo, está concentrado el núcleo clasista
de la clase obrera industrial. Y ahí se concentra la
influencia de masas de nuestro Partido, principalmente en esas
grandes empresas monopólicas, donde desde hace décadas
hacemos un trabajo sistemático, un trabajo "hormiga",
como suele decirse.
Así, en la
Daimler-Chrysler hubo un paro autónomo con 10 mil obreros.
La empresa perdió mil automóviles por el paro,
unos 30 o 40 millones de euros. La dirección sindical
aprobó la realización de un paro a nivel de consorcio,
pero lo hicieron con el objetivo de controlar esa lucha, ya
que el paro en Sindelfingen había demostrado que había
una gran disposición a ir a la huelga. El 23 de julio
de 2004, en 19 plantas de la Daimler-Chrysler de Alemania que
totalizan más de 200 mil trabajadores, pararon 65 mil
obreros. Y en las plantas de Brasil y de Sudáfrica hubo
paros en solidaridad. También la Daimler-Chrysler tuvo
que renunciar a su exigencia.
Eso fue una señal
importantísima, porque habían atacado a una planta,
y 19 salieron a la lucha, con el apoyo de Sudáfrica y
Brasil. Esto generó un gran entusiasmo en la población.
La dirección sindical no contaba con esto. Y esto fue
un gran impulso para las "marchas de los lunes", que
la semana siguiente tomaron carácter de masas. El 2 de
agosto tuvieron lugar las primeras manifestaciones de masas:
en Magdeburgo hubo 10 mil personas. Y a partir de allí,
impulsadas por nuestros camaradas, comenzaron a realizarse semanalmente
y en todas las grandes ciudades. Durante las tres semanas siguientes
el movimiento creció a 140 manifestaciones, con 250 mil
participantes, en contra de la voluntad de la dirección
sindical, del gobierno y de la socialdemocracia.
El sindicato metalúrgico
hizo entonces un contragolpe, junto con el PDS revisionista
y con los trotskistas, que en Alemania están unidos en
ATTAC. ATTAC dividió el movimiento de las "marchas
de los lunes" con argumentos anticomunistas, diciendo que
había que separar esas marchas de la influencia del MLPD,
que "los stalinistas y maoístas abusan de las masas",
etc.
Esas marchas se habían
organizado a nivel nacional con un sistema de delegados. En
la asamblea de delegados del 21 de agosto de 2004 se decidió
hacer una manifestación nacional el 3 de octubre. Pero
3 días después los de ATTAC decidieron hacer una
contramanifestación el 2 de octubre, llamando a partir
de ahí a terminar con las manifestaciones de los lunes.
Se hicieron las dos
manifestaciones, el 2 y el 3 de octubre. La del 2 fue financiada
íntegramente por la dirección sindical, y la llamaron
la "manifestación de ATTAC", "de los moderados";
mientras que la del 3 fue autoorganizada, y los medios de comunicación
la calificaron como la marcha "de los maoístas",
"de los stalinistas", etc.
Lograron dividir
a las masas. Hubo 45 mil personas el 2, y 25 mil el 3. Pero
cuando la gente se dio cuenta el 2 de que los dirigentes estaban
llamando a terminar con las manifestaciones de los lunes, perdieron
la influencia sobre esa gente, que quería continuar.
Lograron destruir la voluntad de lucha de una parte, pero también
llevaron a que el movimiento se reorganizara y se mantuviera
hasta ahora. Después del 3 de octubre se superó
la división: el 95% mantuvo las marchas, sin seguir a
ATTAC, al PDS ni a la dirección sindical. Ciertamente
el movimiento disminuyó, porque ya no salió en
la prensa, hubo amenazas, medidas policiales, promesas de cambio
del gobierno. Pero el gobierno hasta ahora no aplica la Ley
Hartz IV, tratando de aplazar el momento de las consecuencias
drásticas, esperando la desintegración del movimiento
de los lunes. No lo lograron. Cada lunes hay entre 10 y 20 mil
personas manifestando contra la Ley Hartz IV y la "Agenda
2010".
Una semana después
del 3 de octubre empezó la huelga de la OPEL (General
Motors), contra la amenaza de cerrar la fábrica y el
despido de 12 mil trabajadores. Esto también fue un eco
del movimiento de los lunes. Los obreros industriales de la
OPEL participaron en la manifestación del día
3, no en la del 2. Y una semana después empezó
esa huelga autónoma de 7 días, en una planta con
10 mil personas, en el centro de la cuenca del Rühr, una
huelga muy organizada y con impacto en toda Europa, en una dura
lucha contra la dirección sindical.
El sexto día
logramos realizar un paro a nivel nacional, con la participación
de trabajadores de 13 fábricas: todas las de Europa y
2 en Brasil. También participaron alrededor de 200 fábricas
proveedoras, y la gente de las marchas de los lunes: un paro
en 13 fábricas y en 9 lander (provincias). El resultado
es que la fábrica de Opel-Bochum no será cerrada,
y tampoco otras fábricas en Europa.
Durante los siete
días el Ejército estuvo en las calles vecinas
a la fábrica; pero llegaron obreros de todas las fábricas
y gente de la población para expresar su solidaridad.
Si en Bochum hubieran reprimido con el Ejército hubiera
sido una masacre.
Al tercer día,
otras fábricas europeas –en Amberes (Bélgica),
Zaragoza (España), Luton (Inglaterra), en Polonia, en
Turquía- debieron dejar de trabajar porque les faltaban
los componentes de Bochum. Fue una huelga de dimensión
internacional, que demuestra que hoy las luchas se internacionalizan
a la par que se internacionaliza la producción.
Desde entonces, la
huelga a nivel de consorcio es un parámetro: hubo otros
paros así. Y esta es una táctica del MLPD, que
la dirección sindical no puede impedir.
¿Cómo
es la situación tras las recientes elecciones? ¿El
voto por Angela Merkel fue un "voto castigo" contra
Schröder, pero sin expectativas?
Ya el 23 de mayo
de 2005 el gobierno socialdemócrata perdió las
elecciones en el estado federado más grande de Alemania.
Schröder reconoció que no podía convencer
a la población de que apoye el Hartz IV. Fue la capitulación
del gobierno ante el movimiento obrero y popular que se había
desarrollado desde mayo de 2003. Su última posibilidad
eran las nuevas elecciones.
En estas elecciones
de octubre ocurrió algo que nunca había sucedido
en Alemania. En el pasado, las elecciones siempre habían
sido una medida para consolidar la confianza política
de la gente y terminar con las luchas. Esta vez, durante el
proceso electoral esas luchas siguieron, no hubo un retroceso.
Aumentó la desconfianza de la población en los
partidos. El 22 de mayo el 52 por ciento de la población
expresó en una encuesta que tenía poca o ninguna
confianza en los partidos.
Eso significa que
el parlamentarismo ha perdido dramáticamente su importancia
para controlar y frenar las luchas, porque por primera vez ninguno
de esos grandes partidos tiene capacidad de gobierno, y deben
recurrir, como última instancia, a la "Gran coalición",
lo que ha profundizado la crisis política.
Pero la causa no
son las elecciones, sino el desarrollo de la conciencia de clase
de los obreros y de la gente en general desde el 2003.
En cuanto a las perspectivas.
Hasta ahora decían a las masas: "si no les gusta
el gobierno, voten a otro partido", entre socialdemócratas
y socialcristianos. Pero ahora ambos se tuvieron que unir, y
entonces ¿cuál es la alternativa? A la vez, todos
los monopolios han anunciado ataques masivos a la clase obrera,
despidos en masa. En las últimas 3 semanas, 13 monopolios
industriales anunciaron 220 mil despidos: Telecom, 30 mil; Siemens,
10 mil; Daimler-Chrysler, 8.500; Volkswagen, 30 mil; etc. Todo
esto preanuncia un tensamiento de la lucha de clases. Se prepara
una nueva oleada de luchas.
Una parte de las
masas votó a Merkel para castigar a Schröder. Pero
otros votaron a Schröder para evitar que gane Merkel. Casi
ninguno de los partidos ha ganado votos por aprobación
de su política. La base de masas de esos partidos está
en una completa crisis. Eso se expresó electoralmente
en una tendencia hacia la izquierda, y en una disminución
en la participación electoral. Los únicos partidos
que ganaron votos son partidos de izquierda, los revisionistas
y el MLPD: nosotros en un nivel más bajo, pero de todos
modos hemos cuadruplicado nuestros votos a nivel nacional, en
los 16 lander. Veníamos viendo que en los últimos
años hay más gente abierta hacia nosotros, y eso
se probó ahora. Hay que tener en cuenta que, dada la
exigencia del 5% para entrar al Parlamento, mucha gente no nos
da su voto a nosotros sino a otros partidos de izquierda, pese
a que están de acuerdo con nosotros.
El que viene ¿será
un período de crisis política y social?
Lo que hay es una
crisis estructural, debido a la nueva organización internacional
de la producción capitalista, con la destrucción
de conquistas sociales y puestos de trabajo, y esa es la base
de una crisis política latente, que el 23 de mayo se
transformó en una crisis gubernamental abierta.
Y a la vez es una
crisis de la base de masas de los partido burgueses y del parlamentarismo:
no sólo de la socialdemocracia, aunque esto es lo más
importante para el movimiento obrero, porque cuando la fuerza
de cohesión de la socialdemocracia disminuye, significa
que la autonomía de la clase obrera crece.
También hay
algo nuevo: hay un proceso de desplazamiento desde los partidos
de izquierda al MLPD. Esto se expresa sobre todo en Alemania
oriental, donde no sólo tenemos hasta cuatro veces más
votos que en Alemania occidental (lo que antes era a la inversa),
sino en la construcción del Partido. En el Este el Partido
creció 2,5 veces más que en la parte occidental.
Mientras desde el Congreso del año pasado tenemos alrededor
del 20% de nuevos afiliados en occidente, en el Este tenemos
un 50% más. Incluso en relación con la población
tenemos más fuerza en el Este.
Esto muestra una
nueva esperanza en el socialismo, que es más fuerte en
el Este que en occidente. En una encuesta reciente, el 60 por
ciento de la población en Alemania oriental y el 55%
en Alemania occidental dijo que el socialismo es bueno, sólo
que se ha realizado mal. Los grandes periódicos hacen
referencia al "renacimiento" del marxismo. La revista
Der Spiegel tituló hace un mes: "Vuelve un fantasma".
En los últimos
35 años de construcción de nuestro Partido, el
marxismo leninismo y el socialismo nunca han encontrado tanta
apertura en la gente como ahora, nunca hemos tenido un crecimiento
tan rápido de nuestra influencia de masas. Hay un cambio
cualitativo en la conciencia de masas, en interrelación
con la lucha de clases y en la posibilidad real de que el proletariado
industrial se incline a favor del socialismo.
Este hecho sería
una señal para toda Europa, ya que hay un intercambio
recíproco entre todas las luchas que está habiendo
en Europa. Sólo en la última semana tuvimos 3
huelgas generales: en Bélgica, Italia y Francia. En otros
países -Países Bajos, Escandinavia, Grecia- dicen:
"tenemos que luchar como en Alemania". Y en Alemania
se dice: "tenemos que luchar como en Francia".
En este sentido,
la votación en contra del proyecto de Constitución
europea fue una protesta contra la burguesía europea.
Hoy en día, en ningún país europeo habría
mayoría a favor de esa Constitución si se consultara
a las masas: por eso la aprobación se hace en los parlamentos.
Pero no es sólo una crítica a la Constitución,
sino una protesta de las masas de toda Europa contra la clase
dominante. Esto abre la perspectiva de un desarrollo de la lucha
de clases como no teníamos desde la segunda Guerra Mundial.
Los marxistas leninistas
deben hacer en limpio sus deberes, construir aceleradamente
su partido en todos esos países, para poder enfrentar
esas luchas de clases por venir.
Publicado el 26/10/2005
Entrevista a Stefan
Engel, presidente del Partido Marxista Leninista de Alemania.
http://www.mlpd.de/mlpd-info-2005-11-24sp.htm