Los Fundamentos del Leninismo
J. V. Stalin
NOTA DEL EDITOR
La presente versión ha sido realizada
sobre la base de diversas ediciones en lengua castellana y confrontada
con el original ruso.
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LOS FUNDAMENTOS DEL LENINISMO[1]
Conferencias pronunciadas
en la Universidad Sverdlov
A LA PROMOCION LENINISTA
J. S T A L I N
Los fundamentos del leninismo: el tema
es vasto. Pata agotarlo, haría falta un libro entero. Más
aún: haría falta toda una serie de libros. Por eso
es natural que mis conferencias no puedan ser consideradas como
una exposición completa del leninismo. Serán tan
sólo, en el mejor de los casos, un resumen sucinto de los
fundamentos del leninismo. No obstante, estimo útil hacer
este resumen, a fin de ofrecer algunos puntos fundamentales de
partida, necesarios para estudiar con fruto el leninismo.
Exponer los fundamentos del leninismo
no es aún exponer los fundamentos de la concepción
del mundo de Lenin. La concepción del mundo de Lenin y
los fundamentos del leninismo no son, por su volumen, una y la
misma cosa. Lenin es marxista, y la base de su concepción
del mundo es, naturalmente, el marxismo. Pero de esto no se desprende,
en modo alguno, que la exposición del leninismo deba comenzar
por la de los fundamentos del marxismo. Exponer el leninismo es
exponer
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lo que hay de peculiar y de nuevo en
las obras de Lenin, lo aportado por Lenin al tesoro general del
marxismo y lo que está asociado a su nombre de modo natural.
Sólo en este sentido hablaré en mis conferencias
de los fundamentos del leninismo.
¿Qué es, pues,
el leninismo?
Unos dicen que el leninismo es la aplicación
del marxismo a las condiciones peculiares de la situación
rusa. Esta definición contiene una parte de verdad, pero
dista mucho de encerrarla toda. En efecto, Lenin aplicó
el marxismo a la realidad de Rusia, y lo aplicó magistralmente.
Pero si el leninismo no fuese más que la aplicación
del marxismo a la situación peculiar de Rusia, el leninismo
sería un fenómeno pura y exclusivamente nacional,
pura y exclusivamente ruso. Sin embargo, sabemos que el leninismo
es un fenómeno internacional, que tiene raíces en
todo el desarrollo internacional, y no un fenómeno exclusivamente
ruso. Por eso, yo entiendo que esa definición peca de unilateral.
Otros dicen que el leninismo es la
resurrección de los elementos revolucionarios del marxismo
de la década del 40 del siglo pasado, a diferencia del
marxismo de años posteriores, que, según ellos,
se hizo moderado y dejó de ser revolucionario. Si pasamos
por alto esa división necia y vulgar de la doctrina de
Marx en dos partes, una revolucionaria y otra mode rada, hay que
reconocer que incluso esa definición, íntegramente
defectuosa e insatisfactoria, tiene un algo de verdad. Ese algo
de verdad consiste en que Lenin resucitó, efectivamente,
el contenido revolucionario del marxismo, enterrado por los oportunistas
de la II Internacional. Pero esto no es más que un algo
de verdad. La verdad entera del leninismo es que no sólo
hizo renacer el marxismo, sino que dio un paso adelante, prosiguiendo
el desarrollo del marxismo bajo las
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nuevas condiciones del capitalismo y
de la lucha de clase del proletariado.
¿Qué es, pues,
en fin de cuentas, el leninismo?
El leninismo es el marxismo de la época
del imperialismo y de la revolución proletaria. O más
exactamente: el leninismo es la teoría y la táctica
de la revolución proletaria en general, la teoría
y la táctica de la dictadura del proletariado en particular.
Marx y Engels actuaron en el período prerrevolucionario
(nos referimos a la revolución proletaria) cuando aún
no había un imperialismo desarrollado, en un período
de preparación de los proletarios para la revolución,
en el período en que la revolución proletaria no
era aún directa y prácticamente inevitable. En cambio,
Lenin, discípulo de Marx y de Engels, actuó en el
período del imperialismo desarrollado, en el período
en que se despliega la revolución proletaria, cuando la
revolución proletaria ha triunfado ya en un país,
ha destruido la democracia burguesa y ha inaugurado la era de
la democracia proletaria, la era de los Soviets.
Por eso el leninismo es el desarrollo
ulterior del marxismo.
Suele destacarse el carácter
extraordinariamente combativo y extraordinariamente revolucionario
del leninismo. Esto es muy cierto. Pero esta particularidad del
leninismo se debe a dos causas: en primer lugar, a que el leninismo
brotó de la entraña de la revolución proletaria,
cuyo sello no puede por menos de ostentar; en segundo lugar, a
que se desarrolló y se fortaleció en las batallas
contra el oportunismo de la II Internacional, combatir al cual
ha sido y sigue siendo una premisa necesaria para luchar con éxito
contra el capitalismo. No hay que olvidar que entre Marx y Engels,
de una parte, y Lenin, de otra, media todo un período de
dominio indiviso del oportunismo de la II Internacional, la lucha
implacable contra el
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cual no podía menos de ser una
de las tareas más importantes del leninismo.
I
LAS RAICES HISTORICAS
DEL LENINISMO
El leninismo se desarrolló y se formó bajo el imperialismo,
cuando las contradicciones del capitalismo habían llegado
ya a su grado extremo, cuando la revolución proletaria
se había convertido ya en una cuestión de la actividad
práctica inmediata, cuando el antiguo período de
preparación de la clase obrera para la revolución
había llegado a su arribae, cediendo lugar a un nuevo período,
al período de asalto directo del capitalismo.
Lenin llamó al imperialismo
"capitalismo agonizante". ¿Por qué? Porque
el imperialismo lleva las contradicciones del capitalismo a su
último límite, a su grado extremo, más allá
del cual empieza la revolución. Entre estas contradicciones,
hay tres que deben ser consideradas como las más importantes.
La primera contradicción es
la existente entre el trabajo y el capital. El imperialismo es
la omnipotencia de los trusts y de los sindicatos monopolistas,
de los bancos y de la oligarquía financiera de los países
industriales. En la lucha contra esta fuerza omnipotente, los
métodos habituales de la clase obrera -- los sindicatos
y las cooperativas, los partidos parlamentarios y la lucha parlamentaria
-- resultan absolutamente insuficientes. Una de dos: u os entregáis
a merced del capital, vegetáis a la antigua y os hundís
cada vez más, o empuñáis un arma nueva; así
plantea la cuestión el imperialismo a las ma-
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sas de millones de proletarios. El imperialismo
lleva a la clase obrera a la revolución.
La segunda contradicción es
la existente entre los distintos grupos financieros y las distintas
potencias imperialistas en su lucha por las fuentes de materias
primas, por territorios ajenos. El imperialismo es la exportación
de capitales a las fuentes de materias primas, la lucha furiosa
por la posesión monopolista de estas fuentes, la lucha
por un nuevo reparto del mundo ya repartido, lucha mantenida con
particular encarnizamiento por los nuevos grupos financieros y
por las nuevas potencias, que buscan "un lugar bajo el sol",
contra los viejos grupos y las viejas potencias, tenazmente aferrados
a sus conquistas. La particularidad de esta lucha furiosa entre
los distintos grupos de capitalistas es que entraña como
elemento inevitable las guerras imperialistas, guerras por la
conquista de territorios ajenos. Esta circunstancia tiene, a su
vez, la particularidad de que lleva al mutuo debilitamiento de
los imperialistas, quebranta las posiciones del capitalismo en
general, aproxima el momento de la revolución proletaria
y hace de esta revolución una necesidad práctica.
La tercera contradicción es
la existente entre un puñado de naciones "civilizadas"
dominantes y centenares de millones de hombres de las colonias
y de los países dependientes. El imperialismo es la explotación
más descarada y la opresión más inhumana
de centenares de millones de habitantes de las inmensas colonias
y países dependientes. Extraer superbeneficios: tal es
el objetivo de esta explotación y de esta opresión.
Pero, al explotar a esos países, el imperialismo se ve
obligado a construir en ellos ferrocarriles, fábricas,
centros industriales y comerciales. La aparición de la
clase de los proletarios, la formación de una intelectualidad
del país, el despertar de la conciencia nacional y el incremento
del movi-
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miento de liberación son resultados
inevitables de esta "política". El incremento
del movimiento revolucionario en todas las colonias y en todos
los países dependientes, sin excepción, lo evidencia
de modo palmario. Esta circunstancia es importante para el proletariado,
porque mina de raíz las posiciones del capitalismo, convirtiendo
a las colonias y a los países dependientes, de reservas
del imperialismo, en reservas de la revolución proletaria.
Tales son, en términos generales,
las contradicciones principales del imperialismo, que han convertido
el antiguo capitalismo "floreciente" en capitalismo
agonizante.
La importancia de la guerra imperialista
desencadenada hace diez años estriba, entre otras cosas,
en que juntó en un haz todas estas contradicciones y las
arrojó sobre la balanza, acelerando y facilitando con ello
las batallas revolucionarias del proletariado.
Dicho en otros términos: el
imperialismo no sólo ha hecho que la revolución
sea prácticamente inevitable, sino que se hayan creado
las condiciones favorables para el asalto directo a la fortaleza
del capitalismo.
Tal es la situación internacionaí
que ha engendrado al leninismo.
Todo eso está bien, se nos dirá;
pero ¿qué tiene que ver con esto Rusia, que no era
ni podía ser el país clásico del imperialismo?
¿Qué tiene que ver con esto Lenin, que actuó,
ante todo, en Rusia y para Rusia? ¿Por qué fue precisamente
Rusia el hogar del leninismo, la cuna de la teoría y de
la táctica de la revolución proletaria?
Porque Rusia era el punto de convergencia
de todas estas contradicciones del imperialismo.
Porque Rusia estaba preñada
de revolución más que ningún otro país
del mundo, y eso hacía que sólo ella se hallase
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en estado de resolver estas contradicciones
por vía revolucionaria.
Señalaremos en primer lugar
que la Rusia zarista era un foco de todo género de opresión
-- capitalista, colonial y militar -- en su forma más inhumana
y más bárbara. ¿Quién ignora que,
en Rusia, la omnipotencia del capital se fundía con el
despotismo zarista; la agresividad del nacionalismo ruso, con
las atrocidades del zarismo contra los pueblos no rusos; la explotación
de zonas enteras -- Turquía, Persia, China --, con la anexión
de estas zonas por el zarismo, con las guerras anexionistas? Lenin
tenía razón cuando decía que el zarismo era
un "imperialismo militar-feudal". El zarismo era la
condensación de los aspectos más negativos del imperialismo,
elevados al cubo.
Además, la Rusia zarista no
sólo era una importantísima reserva del imperialismo
occidental porque abría sus puertas de par en par al capital
extranjero, que tenía en sus manos ramas tan decisivas
de la economía nacional de Rusia como los combustibles
y la metalurgia, sino también porque podía po ner
al servicio de los imperialistas occidentales millones de soldados.
Recordad el ejército ruso de catorce millones de hombres,
que derramó su sangre en los frentes imperialistas para
asegurar fabulosas ganancias a los capitalistas anglo franceses.
Además, el zarismo no sólo
era el perro de presa del imperialismo en el Oriente de Europa,
sino también el agente del imperialismo occidental para
exprimir de la población centenares de millones: los intereses
de los empréstitos que el zarismo obtenía en París
y en Londres, en Berlín y en Bruselas.
Finalmente, el zarismo era el aliado
más fiel del imperialismo occidental en el reparto de Turquía,
de Persia, de China, etc. ¿Quién ignora que el zarismo
hacía la guerra imperialista
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aliado a los imperialistas de la Entente
y que Rusia era un elemento esencial en esta guerra?
Por eso, los intereses del zarismo
y del imperialismo occidental se entrelazaban y acababan fundiéndose
en una sola madeja de intereses del imperialismo.
¿Acaso podía el
imperialismo del Occidente resignarse a la pérdida de un
puntal tan poderoso en el Oriente y de una fuente tan rica en
fuerzas y en recursos, como era la vieja Rusia zarista y burguesa,
sin poner a prueba todas sus fuerzas para sostener una lucha a
muerte contra la revolución en Rusia, a fin de defender
y conservar el zarismo? ¡Naturalmente que no!
Pero de aquí se desprende que
quien quería golpear al zarismo, levantaba inevitablemente
la mano contra el imperialismo; que quien se sublevaba contra
el zarismo, tenía que sublevarse también contra
el imperialismo, pues quien derrocara al zarismo, si en realidad
no pensaba sólo en derribarlo, sino en acabar con él
definitivamente, tenía que derrocar también al imperialismo.
La revolución contra el zarismo se aproximaba de este modo
a la revolución contra el imperialismo, a la revolución
proletaria, y debía transformarse en ella.
Entretanto, en Rusia iba en ascenso
la más grande de las revoluciones populares, a cuyo frente
se hallaba el proletariado más revolucionario del mundo,
un proletariado que disponía de un aliado tan importante
como los campesinos revolucionarios de Rusia. ¿Hace falta,
acaso, demostrar que una revolución así no podía
quedarse a mitad de camino; que, en caso de triunfar, debía
seguir adelante, enarbolando la ban dera de la insurrección
contra el imperialismo?
Por eso Rusia tenía que convertirse
en el punto de convergencia de las contradicciones del imperialismo,
no sólo porque en Rusia, precisamente, estas contradicciones
se ponían de manifiesto con mayor facilidad a causa de
su carácter tan es-
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candaloso y tan intolerable, y no sólo
porque Rusia era el puntal más importante del imperialismo
occidental, el puntal que unía al capital financiero del
Occidente con las colonias del Oriente, sino también porque
solamente en Rusia existía una fuerza real capaz de resolver
las contradicciones del imperialismo por vía revolucionaria.
Pero de esto se desprende que la revolución
en Rusia no podía menos de ser proletaria, no podía
menos de revestir, desde los primeros momentos de su desarrollo,
un carácter internacional, y no podía, por tanto,
menos de sacudir los cimientos mismos del imperialismo mundial.
¿Acaso los comunistas
rusos podían, ante semejante estado de cosas, limitarse
en su labor al marco estrechamente nacional de la revolución
rusa? ¡Naturalmente que no! Por el contrario, toda la situación,
tanto la interior (profunda crisis revolucionaria) como la exterior
(la guerra), los empujaba a salirse en su labor de ese marco,
a llevar la lucha a la palestra internacional, a poner al desnudo
las lacras del imperialismo, a demostrar el carácter inevitable
de la bancarrota del capitalismo, a destrozar el socialchovinismo
y el socialpacifismo y, por último, a derribar el capitalismo
dentro de su país y a forjar para el proletariado un arma
nueva de lucha -- la teoría y la táctica de la revolución
proletaria --, con el fin de facilitar a los proletarios de todos
los países el derrocamiento del capitalismo. Los comunistas
rusos no podían obrar de otro modo, pues sólo siguiendo
este camino se podía contar con que se produjesen en la
situación internacional ciertos cambios, capaces de garantizar
a Rusia contra la restauración del régimen burgués.
Por eso, Rusia se convirtió
en el hogar del leninismo, y el jefe de los comunistas rusos,
Lenin, en su creador.
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Con Rusia y con Lenin "ocurrió" aproximadamente
lo mismo que había ocurrido con Alemania y con Marx y Engels
en la década del 40 del siglo pasado. Entonces, Alemania
estaba preñada, como la Rusia de comienzos del siglo XX,
de una revolución burguesa. Marx escribió entonces
en el Manifiesto del Partido Comunista:
"Los comunistas fijan su
principal atención en Alemania, porque Alemania se halla
en vísperas de una revolución burguesa y porque
llevará a cabo esta revolucion bajo las condiciones más
progresivas de la civilización europea en general, y con
un proletariado mucho más desarrollado que el de Inglaterra
en el siglo XVII y el de Francia en el XVIII, y, por lo tanto,
la revolucion burguesa alemana no podrá ser sino el preludio
inmediato de una revolución proletaria."[2]
Dicho en otros términos: el
centro del movimiento revolucionario se desplazaba a Alemania.
No cabe duda de que precisamente esta
circunstancia, apuntada por Marx en el pasaje citado, constituyó
la causa probable de que fuese Alemania la cuna del socialismo
científico, y los jefes del proletariado alemán,
Marx y Engels, sus creadores.
Lo mismo hay que decir, pero en mayor
grado todavía, de la Rusia de comienzos del siglo XX. En
ese período, Rusia se hallaba en vísperas de la
revolución burguesa y había de llevar a cabo esta
revolución en un ambiente más progresivo en Europa
y con un proletariado más desarrollado que el de Alemania
en la década del 40 del siglo último (sin hablar
ya de Inglaterra y de Francia), además, todo indicaba que
esta revolución debía servir de fermento y de prólogo
a la revolución proletaria.
No puede considerarse casual el hecho
de que ya en 1902, cuando la revolución rusa estaba todavía
en sus comienzos, Lenin dijese, en su folleto ¿Qué
hacer?, estas palabras proféticas:
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"La historia plantea hoy ante nosotros (es decir, ante los
marxistas rusos. J. St.) una tarea inmediata, que es la más
revolucionaria de todas las tareas inmediatas del proletariado
de ningún otro país".
"La realización de esta tarea, la demolición
del más poderoso baluarte, no ya de la reacción
europea, sino también (hoy podemos afirmarlo) de la reacción
asiática, convertiría al proletariado ruso en la
vanguardia del proletariado revolucionario internacional"
(v. t. IV, pág. 382)[*].
Dicho en otros términos: el
centro del movimiento revolucionario debía desplazarse
a Rusia.
Sabido es que el desarrollo de la revolución
en Rusia ha justificado, y con creces, esta predicción
de Lenin.
Y, siendo así, ¿tiene
algo de asombroso que el país que ha llevado a cabo semejante
revolución y que cuenta con semejante proletariado haya
sido la patria de la teoría y la táctica de la revolución
proletaria?
¿Tiene algo de asombroso
que el jefe del proletariado de Rusia, Lenin, haya sido, a la
par, el creador de esta teoría y de esta táctica
y el jefe del proletariado internacional?
II
EL METODO
He dicho más arriba que entre Marx y Engels, de una parte,
y Lenin, de otra, media todo un período de dominio del
oportunismo de la II Internacional. Para ser exacto, debo añadir
que no se trata aquí de un predominio formal del oportunismo,
sino de un dominio efectivo. En apariencia, al frente
--------------------------------------------------------------------------------
* Aquí y en las siguientes referencias a los trabajos de
V. I. Lenin los números romanos corresponden a los tomos
de la 3a edición en ruso de las Obras de V. I. Lenin. --
N. del T.
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de la II Internacional se encontraban
marxistas "fieles", "ortodoxos": Kautsky y
otros. Sin embargo, la labor fundamental de la II Internacional
seguía, en la práctica, la línea del oportunismo.
Los oportunistas, por su innato espíritu de adaptación
y su naturaleza pequeñoburguesa, se amoldaban a la burguesía;
los "ortodoxos", a su vez, se adaptaban a los oportunistas,
para "mantener la unidad" con ellos, en aras de la "paz
en el partido". Resultaba de todo esto el dominio del oportunismo,
pues la política de la burguesia y la de los "ortodoxos"
eran eslabones de una misma cadena.
Fue ése un período de
desarrollo relativamente pacífico del capitalismo, el período
de anteguerra, por decirlo así, en que las contradicciones
catastróficas del imperialismo no habían llegado
aún a revelarse en toda su evidencia; un período
en que las huelgas económicas de los obreros y los sindicatos
se desenvolvían más o menos "normalmente";
en que se obtenían triunfos "vertiginosos" en
la lucha electoral y en la actuación de las minorías
parlamentarias; en que las formas legales de lucha se ponían
por las nubes y se creía "matar" al capitalismo
con la legalidad; en una palabra, un período en el que
los partidos de la II Internacional iban echando grasa y no querían
pensar seriamente en la revolución, en la dictadura del
proletariado, en la educación revolucionaria de las masas.
En vez de una teoría revolucionaria
coherente, tesis teóricas contradictorias y fragmentos
de teorías divorciados de la lucha revolucionaria viva
de las masas y convertidos en dogmas caducos. Naturalmente, para
guardar las formas se in vocaba la teoría de Marx, pero
con el fin de despojarla de su espíritu revolucionario
vivo.
En vez de una política revolucionaria,
un filisteísmo fláccido y una politiquería
de practicismo mezquino, diplomacia parlamentaria y combinaciones
parlamentarias. Naturalmen-
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te, para guardar las formas se adoptaban
resoluciones y consignas "revolucionarias", pero con
el único fin de meterlas bajo el tapete.
En vez de educar al partido y de enseñarle
una táctica revolucionaria acertada, a base del análisis
de sus propios errores, se eludían meticulosamente los
problemas candentes, se los velaba y encubría. Naturalmente,
para guardar las formas hablaban a veces de los problemas candentes,
pero era con el fin de terminar el asunto con cualquier resolución
"elástica".
He ahí cuáles eran la
fisonomía, los métodos de trabajo y el arsenal de
la II Internacional.
Entretanto, se acercaba un nuevo período
de guerras imperialistas y de batallas revolucionarias del proletariado.
Los antiguos métodos de lucha resultaban, a todas luces,
insuficientes y precarios ante la omnipotencia del capital financiero.
Se imponía revisar toda la labor
de la II Internacional, todo su método de trabajo, desarraigando
el filisteísmo, la estrechez mental, la politiquería,
la apostasía, el socialchovinismo y el socialpacifismo.
Se imponía revisar todo el arsenal de la II Internacional,
arrojar todo lo herrumbroso y todo lo caduco y forjar nuevas armas.
Sin esta labor previa, no había que pensar en lanzarse
a la guerra contra el capitalismo. Sin esto, el proletariado corría
el riesgo de encontrarse, ante nuevas batallas revolucionarias,
mal armado o, ircluso, inerme.
El honor de llevar a cabo la revisión
general y la limpieza general de los establos de Augias de la
II Internacional correspondió al leninismo.
Tales fueron las circunstancias en
que nació y se forjó el método del leninismo.
¿Cuáles son las
exigencias de este método?
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Primera: comprobar los dogmas teóricos de la II Internacional
en el fuego de la lucha revolucionaria de las masas, en el fuego
de la práctica viva; es decir, restablecer la unidad, rota,
entre la teoría y la práctica, terminar con el divorcio
entre ellas, porque sólo así se puede crear un partido
verdaderamente proletario, pertrechado de una teoría revolucionaria.
Segunda: comprobar la política
de los partidos de la II Internacional, no por sus consignas y
sus resoluciones (a las que no se puede conceder ningún
crédito), sino por sus hechos, por sus acciones, pues sólo
así se puede conquistar y merecer la confianza de las masas
proletarias.
Tercera: reorganizar toda la labor
de partido, dándole una orientación nueva, revolucionaria,
con el fin de educar y preparar a las masas para la lucha revolucionaria,
pues sólo así se puede preparar a las masas para
la revolución proletaria.
Cuarta: la autocrítica de los
partidos proletarios, su instrucción y educación
mediante el análisis de los propios errores, pues sólo
así se pueden formar verdaderos cuadros y verdade ros dirigentes
de partido.
Tales son los fundamentos y la esencia
del método del leninismo.
¿Cómo se ha aplicado
este método en la práctica?
Los oportunistas de la II Internacional
tienen varios dogmas teóricos, de los cuales arrancan siempre.
He aquí algunos de ellos:
Primer dogma: sobre las condiciones
de la toma del Poder por el proletariado. Los oportunistas afirman
que el proletariado no puede ni debe tomar el Poder si no constituye
la mayoría dentro del país. No se aduce ninguna
prueba, pues no hay forma de justificar, ni teórica ni
prácticamente, esta absurda tesis. Admitamos que sea así,
contesta Lenin a los señores de la II Internacional. Pero,
si se produce una situación histó-
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rica (guerra, crisis agraria, etc.),
en la cual el proletariado, siendo una minoría de la población,
tiene la posibilidad de agrupar en torno suyo a la inmensa mayoría
de las masas trabajadoras, ¿por qué no ha de tomar
el Poder? ¿Por qué el proletariado no ha de aprovechar
una situación internacional e interior favorable, para
romper el frente del capital y acelerar el desenlace general?
¿Acaso no dijo ya Marx, en la década del 50 del
siglo pasado, que la revolución proletaria en Alemania
podría marchar "magníficamente" si fuera
posible apoyarla, digámoslo así, con una "segunda
edición de la guerra campesina"[3]? ¿No sabe,
acaso, todo el mundo que en Alemania había en aquel entonces
relativamente menos proletarios que, por ejemplo, en Rusia en
1917? ¿Acaso la experiencia de la revolución proletaria
rusa no ha puesto de manifiesto que este dogma predilecto de los
héroes de la II Internacional no tiene la menor significación
vital para el proletariado? ¿Acaso no es evidente que la
experiencia de la lucha revolucionaria de las masas rebate y deshace
ese dogma caduco?
Segundo dogma: el proletariado no puede
mantenerse en el Poder si no dispone de suficientes cuadros, de
hombres ilustrados y de administradores ya hechos, capaces de
organizar la gobernación del país. Primero hay que
preparar estos cuadros bajo el capitalismo, y luego, tomar el
Poder. Admitámoslo, contesta Lenin. Pero ¿por qué
no se pueden hacer las cosas de modo que primero se tome el Poder,
se creen las condiciones favorables para el desarrollo del proletariado,
y luego se avance a pasos agigantados para elevar el nivel cultural
de las masas trabajadoras, para preparar numerosos cuadros dirigentes
y administrativos de procedencia obrera? ¿Acaso la experiencia
de Rusia no ha demostrado que bajo el Poder proletario los dirigentes
de procedencia obrera se forman de un modo cien veces más
rápido y mejor que bajo el
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Poder del capital? ¿Acaso no
es evidente que la experiencia de la lucha revolucionaria de las
masas también deshace im placablemente este dogma teórico
de los oportunistas?
Tercer dogma: el metodo de la huelga
general política es inaceptable para el proletariado, ya
que resulta teóricamente inconsistente (v. la crítica
de Engels), prácticamente peligroso (puede desorganizar
la marcha normal de la vida económica del país y
puede dejar vacías las cajas de los sindicatos) y no puede
sustituir a las formas parlamentarias de lucha, que constituyen
la forma principal de la lucha de clase del proletariado. Bien,
contestan los leninistas. Pero, en primer lugar, Engels no criticó
toda huelga general, sino un determinado tipo de huelga general:
la huelga general económica de los anarquistas[4], preconizada
por éstos en sustitución de la lucha política
del proletariado. ¿Qué tiene que ver con eso el
método de la huelga general política? En segundo
lugar, ¿quién ha demostrado, y dónde, que
la forma parlamentaria de lucha sea la forma principal de lucha
del proletariado? ¿Acaso la historia del movimiento revolucionario
no demuestra que la lucha parlamentaria no es más que una
escuela y una ayuda para la organización de la lucha extraparlamentaria
del proletariado, y que, bajo el capitalismo, las cuestiones fundamentales
del movimiento obrero se dirimen por la fuerza, por la lucha directa
de las masas proletarias, por su huelga general, por su insurrección?
En tercer lugar, ¿de dónde se ha tomado eso de la
sustitución de la lucha parlamentaria por el método
de la huelga general política? ¿Dónde y cuándo
han intentado los partidarios de la huelga general política
sustituir las formas parlamentarias de lucha por las formas extraparlamentarias?
En cuarto lugar, ¿acaso la revolución rusa no ha
demostrado que la huelga general política es una gran escuela
de la revolución proletaria y un medio insustituible para
movilizar y
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organizar a las más amplias masas
del proletariado en vísperas del asalto a la fortaleza
del capitalismo? ¿A qué vienen esas lamentaciones
de filisteo sobre la desorganización de la marcha normal
de la vida económica y sobre las cajas de los sindicatos?
¿Acaso no es evidente que la experiencia de la lucha revolucionaria
destruye también este dogma de los oportunistas?
Y así sucesivamente.
Por eso Lenin decía que "la
teoría revolucionaria no es un dogma" y que "sólo
se forma definitivamente en estrecha relación con la experiencia
práctica de un movimiento verdaderamente de masas y verdaderamente
revolucionario" (La enfermedad infantil [5]), porque la teoría
debe servir a la práctica, porque "la teoría
debe dar respuesta a las cuestiones plan teadas por la práctica"
(Los "amigos del pueblo" [6]), porque debe contrastarse
con hechos de la práctica.
En cuanto a las consignas políticas
y a los acuerdos políticos de los partidos de la II Internacional,
basta recordar la historia de la consigna "guerra a la guerra"
para comprender toda la falsedad y toda la podredumbre de la práctica
política de estos partidos, que encubren su obra antirrevolucionaria
con pomposas consignas y resoluciones revolucionarias. Todo el
mundo recuerda las aparatosas manifestaciones hechas por la II
Internacional en el Congreso de Basilea[7], en las que se amenazaba
a los imperialistas con todos los horrores de la insurrección,
si se decidían a desencadenar la guerra, y en las que se
lanzó la temible consigna de "guerra a la guerra".
Pero ¿quién no recuerda que, poco tiempo después,
ante el comienzo mismo de la guerra, la resolución de Basilea
fue metida bajo el tapete, dándose a los obreros una nueva
consigna: la de exterminarse mutuamente para mayor gloria de la
patria capitalista? ¿Acaso no es evidente que las resoluciones
y las consignas revoluciona-
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rias no valen nada si no son respaldadas
por los hechos? No hay más que comparar la política
leninista de transformación de la guerra imperialista en
guerra civil con la política de traición de la II
Internacional durante la guerra, para comprender toda la trivialidad
de los politicastros del oportunismo y toda la grandeza del método
del leninismo.
No puedo por menos de reproducir aquí
un pasaje del libro de Lenin La revolución proletaria y
el renegado Kautsky, en el que Lenin fustiga duramente la tentativa
oportunista del líder de la II Internacional C. Kautsky
de no juzgar a los partidos por sus hechos, sino por sus consignas
estampadas sobre el papel y por sus documentos:
"Kautsky lleva a cabo una
política típicamente pequeñoburguesa, filistea,
imaginándose . . . que con lanzar una consigna cambian
las cosas. Toda la historia de la democracia burguesa denuncia
esta ilusión: para engañar al pueblo, los demócratas
burgueses han lanzado y lanzan siempre todas las 'consignas' imaginables.
El problema consiste en comprobar su sinceridad, en contraponer
las palabras con los hechos en no contentarse con frases idealistas
o charlatanescas, sino en indagar su fondo de clase " (v.
t. XXIII, pág. 377).
No hablo ya del miedo de los partidos
de la II Internacional a la autocrítica, de su costumbre
de ocultar los errores, de velar los problemas espinosos, de disimular
los defectos con una ostentación de falsa prosperidad que
embota el pensamiento vivo y frena la educación revolucionaria
del partido sobre la base del análisis de sus propios errores,
costumbre que Lenin ridiculizó y puso en la picota. He
aquí lo que en su folleto La enfermedad infantil escribía
Lenin acerca de la autocrítica en los partidos proletarios:
"La actitud de un partido
político ante sus errores es uno de los criterios más
importantes y más seguros para juzgar de la seriedad de
ese partido y del cumplimiento efectivo de sus deberes hacia su
clase y hacia las masas trabajadoras. Reconocer abiertamente los
errores, poner al des-
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cubierto sus causas, analizar la situación
que los ha engendrado y discutir atentamente los medios de corregirlos;
eso es lo que caracteriza a un partido serio; en eso consiste
el cumplimiento de sus deberes; eso es educar e instruir a la
clase, y después a las masas " (v. t. XXV, pág.
200).
Hay quien dice que el poner al descubierto
los errores propios y practicar la autocrítica es peligroso
para el partido, pues eso puede aprovecharlo el enemigo contra
el partido del proletariado. Lenin consideraba fútiles
y completamente erróneas tales objeciones. He aquí
lo que decía al respecto en su folleto Un paso adelante,
ya en 1904, cuando nuestro Partido era aún débil
y pequeño:
"Ellos (es decir, los adversarios
de los marxistas. J. St.) observan con muecas de alegría
maligna nuestras discusiones; procurarán, naturalmente,
entresacar para sus fines algunos pasajes aislados de mi folleto
consagrado a los defectos y deficiencias de nuestro Partido. Los
socialdemócratas rusos están ya lo bastante fogueados
en el combate para no dejarse turbar por semejantes alfilerazos
y para continuar, pese a ellos, su labor de autocrítica,
poniendo despiadadamente al descubierto sus propias deficiencias,
que de un modo necesario e inevitable serán enmendadas
por el desarrollo del movimiento obrero" (v. t. VI, pág.
161).
Tales son, en general, los rasgos característicos
del método del leninismo.
Lo que aporta el método de Lenin
encerrábase ya, en lo fundamental, en la doctrina de Marx,
que, según la expresión de su autor, es, "por
su propia esencia, crítica y revolucionaria"[8]. Este
espíritu crítico y revolucionario, precisamente,
impregna desde el principio hasta el fin el método de Lenin.
Pero sería erróneo suponer que el método
de Lenin no es más que una simple restauración de
lo aportado por Marx. En realidad, el método de Lenin no
se limita a restaurar, sino que, además, concreta y desarrolla
el método crítico y revolucionario de Marx, su dialéctica
materialista.
pág. 20
De la colección:
J. V. Stalin, Cuestiones del leninismo
EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS
PEKIN
Primera edición 1977.
Sigue
Parte Dos: La Teoría