Lecciones Imperecederas (1)
Sesenta Años de la Revolución
de Octubre
Los marxista-leninistas y las masas
obreras conscientes de todo el orbe celebran con indescriptible
regocijo en este mes el 60 aniversario de la gloriosa Revolución
Socialista de Octubre. La efeméride encierra una extraordinaria
trascendencia. Trae a la memoria, corno es profusamente sabido,
la fecha en que el partido de la clase obrera de Rusia, capitaneado
por Lenin, derroca a la burguesía dominante y, sobre las
ruinas de la sociedad explotadora, implanta el primer Poder socialista
que logra consolidarse.
Ya antes, en 1871, el proletariado había
intentado "tomar por asalto el cielo", según
la expresión de Marx acerca de la Comuna de París.
En aquella ocasión el intento de instaurar el dominio obrero
sobrevivió escasamente dos meses, ante la feroz arremetida
de la confabulación de los capitalistas europeos. El experimento,
sin embargo, no fue del todo fallido. Con la Comuna el marxismo
desentrañó uno de los fundamentos medulares de la
revolución del proletariado, el de que al triunfar no puede
apoderarse de la vieja máquina estatal existente y ponerla
a su servicio, sino que debe demolerla y sustituirla por otra
nueva, por el Estado de los trabajadores, que es el comienzo de
la extinción de todo tipo de Estado. Para garantizar el
éxito, construir el socialismo y preparar el tránsito
a la sociedad comunista, ha de cambiarse de la forma más
completa y radical la dictadura de la burguesía por la
dictadura del proletariado. Históricamente la clase obrera
ya había aprendido cómo hacerlo y contaba para ello
con un modelo vivo, la escuela de los comuneros de París.
Empero, mediarían 46 años de agudas contiendas para
que se presentara otra oportunidad tan clara de "asaltar
el cielo".
Poderosos obstáculos tendrían
que ser superados: encontrar la salida acertada a los múltiples
problemas surgidos en la distinta situación, y especialmente
desenmascarar y derrotar el ala oportunista prevaleciente de la
socialdemocracia internacional que revisaba el marxismo, se plegaba
a la burguesía y envilecía el espíritu revolucionario
de la masa obrera. VIadimir Ilich Lenin, el gran maestro del proletariado,
echó sobre sus hombros esta monumental empresa y la llevó
a cabo genialmente. Rescató a Marx y a Engels de manos
de sus falsificadores y desarrolló el marxismo con las
conclusiones teóricas sacadas del análisis de la
transición del capitalismo de libre competencia al capitalismo
monopolista, o imperialismo, su última fase de descomposición
y agonía, antesala de la revolución socialista.
Enfatizó primordialmente sobre la ley inexorable del imperialismo
de depender cada vez más para su supervivencia del saqueo
de los países atrasados y sometidos y sobre su naturaleza
guerrerista, derivada del afán irresistible de aumentar
sus colonias y, de desalojar a sus competidores. Caló certeramente
y explicó en decenas de sus obras la debilidad estratégica
del imperialismo a pesar de su apariencia omnipotente, señalando
la constante de que siempre que éste se embarca en la aventura
de la guerra termina ahondando sus contradicciones y vulnerando
sus fuerzas. Apoyándose en el fenómeno del desarrollo
desigual económico y político del capitalismo, fenómeno
mucho más agudo en la etapa imperialista, elaboró,
contra la creencia gestada en circunstancias anteriores diferentes,
la importantísima tesis de que el socialismo conseguirá
imperar en uno o en unos cuantos países, mientras los demás
seguirán siendo, durante algún tiempo, burgueses
o preburgueses. El estallido de la Revolución Socialista
de Octubre vino a corroborar ésta y las otras predicciones
magistrales de Lenin.
Si echamos una ojeada global al desenvolvimiento
de las sociedades, observaremos cómo la historia marcha
en un sentido ascendente. Desde la aparición de la división
entre poseedores y desposeídos, amos y esclavos, explotadores
y explotados, y a través de cruentas y prolongadas luchas
de clase, el hombre ha pasado sucesivamente del esclavismo al
feudalismo y de éste al capitalismo. Han sido saltos adelante
de enorme significación que han redundado en pro del progreso
y de la ciencia. Con la Revolución de Octubre se inicia
el proceso de la transición del capitalismo al socialismo.
De ahí la repercusión sin par de este acontecimiento
que inaugura una era mucho más brillante, no comparable
con las precedentes, ya que permite el advenimiento de la única
sociedad que cifra la razón de su existencia en el empeño
de abolir todo tipo de explotación, y, por lo tanto, tiende
naturalmente a acabar las clases y la lucha de clases. Ello se
debe a que por primera vez los artífices de las transformaciones
sociales no son los explotadores, sino los esclavos modernos,
el proletariado.
La burguesía declina hacia su
perdición definitiva, mientras los trabajadores son los
héroes del día, cuya misión coincide con
las grandes tareas renovadoras de la época y con los anhelos
de la abrumadora mayoría de la población. Como sepultureros
del imperialismo, los obreros tienen el encargo de derrumbar la
dominación burguesa en las repúblicas capitalistas
desarrolladas; alcanzar la liberación nacional y perseverar
en la autodeterminación de los pueblos de las colonias
y neocolonias, y por doquier preparar el terreno para imponer
el socialismo o afianzarlo donde esté establecido. En los
países en los cuales persiste el semifeudalismo y se combate
por la independencia de la nación, la clase obrera se alía
con el campesinado y demás fuerzas antifeudales y patrióticas,
incluso con las capas progresistas de la burguesía que
colaboran con el programa nacional y democrático de la
revolución, precaviéndose de ejercer correctamente
la dirección en la alianza y de no hacer concesiones de
principio. Esto es posible porque en las condiciones universales
reinantes, las luchas revolucionarias, democráticas y de
avanzada coadyuvan a la causa del proletariado, y éste
las respalda y se esfuerza en profundizarlas y encauzarlas a favor
de sus objetivos finales. En la era de la revolución socialista
mundial el movimiento liberador de las naciones sojuzgadas hace
parte integrante de aquella y la clase obrera internacional lo
conduce a su conquista más completa, con miras a propiciar
la voluntaria relación de los países, sobre la base
del mutuo respeto y del beneficio recíproco, sin lo cual
el socialismo sería una grotesca mascarada.
El ejemplo de la emancipación
rusa, agigantado con los años, constituye la meta suprema
de las masas trabajadoras del globo. Mao Tsetung recuerda que
la revolución china representa la prolongación de
la victoria socialista de 1917. De la misma manera, el resto de
repúblicas desgajadas del podrido tronco imperialista reafirma
la aplicabilidad perdurable de los grandiosos postulados de Octubre.
Es la esplendorosa confirmación de la coherencia y desarrollo
del marxismo que, como arma ideológica invencible de la
clase obrera, antes que perder lozanía se proyecta vigoroso
hacia el porvenir.
No obstante la permanente validez de
las apreciaciones de Marx y Engels, algunas de ellas con más
de siglo y cuarto de vigencia, su doctrina no ha permanecido estática
sino que se enriquece a medida que la práctica social ha
ido descubriendo nuevos asuntos por solucionar. Stalin indicó
con agudeza que "el leninismo es el marxismo de la época
del imperialismo y de la revolución proletaria". Desaparecido
Lenin, a Mao Tsetung le correspondió, además de
sus incontables aportes hechos al marxismo-leninismo en todos
los aspectos, atender y resolver una cuestión fundamental:
la continuación de la revolución bajo la dictadura
del proletariado. Partiendo de las advertencias de los esclarecidos
ideólogos de la revolución obrera y sintetizando
las experiencias de China y en especial la del ulterior desenlace
negativo de la Unión Soviética, que después
de ser el primer Estado proletario se transmutó con Kruschev
y sus sucesores en una nación socialimperialista, Mao enseña
que el socialismo abarca un período bastante largo en el
cual todavía no son eliminadas las clases ni la lucha de
clases, ni desaparece el peligro tanto de la restauración
del capitalismo como de la agresión externa imperialista.
Durante este período hay que insistir en la dictadura del
proletariado sobre la burguesía y efectuar revoluciones
cada vez que ésta hace carrera dentro de la sociedad socialista
y usurpa las posiciones claves del Poder.
El prestigio del marxismo es tal que
muchos de sus encarnizados opositores han optado por declararse
partidarios suyos con el objeto de mellar su filo. Tan repetido
es el caso, que desde los tiempos de Lenin, estos contrincantes
solapados configuran la principal amenaza contra la revolución
y reciben el mote de revisionistas. Combaten veladamente con los
argumentos más impúdicos la justa idea de que el
proletariado está obligado a utilizar la violencia revolucionaria
contra la violencia contrarrevolucionaria, si aspira a romper
los grilletes de la esclavitud y levantar su dictadura de clase.
Los marxista-leninistas saben que la "transición pacífica"
de un régimen social a otro seguirá siendo una cosa
rara, y que sin la creación de un ejército propio
el proletariado no tendrá esperanzas de redención.
La insurrección armada les dio la supremacía real
a los obreros y campesinos de los soviets de Petrogrado, de Moscú
y de Rusia entera. Los auténticos comunistas no permitirán
que ésta ni ninguna de las imperecederas lecciones de la
Revolución de Octubre sean escamoteadas.
La batalla ideológica y política
permanente contra el revisionismo resulta imprescindible para
vencer las fuerzas imperialistas y socialimperialistas. Renunciar
a esa lid significaría abandonar la defensa del marxismo-leninismo,
debilitar el partido de la clase obrera e impedir que ésta
cuente con una vanguardia fogueada y diestra, dispuesta en todo
momento a impartir las orientaciones salvadoras para destruir
a un enemigo mortal, ventajoso y cruel.
Hoy como ayer el revisionismo es una
contracorriente internacional; salvo que ahora se halla más
extendido y su meca se encuentra en Moscú, la antigua capital
revolucionaria. Romperle el espinazo resultará más
difícil que en el pasado por el soporte que le proporciona
la Unión Soviética y demás repúblicas
satélites de ésta. Mas se halla irremisiblemente
condenado. El revisionismo convirtió a la patria de Lenin
y Stalin en un país socialimperialista voraz, regido, como
cualquier imperialismo, por las mismas normas ciegas expansionistas
de explotación y dominación del mundo. Pero, también
como a aquél, lo dotó de un cuerpo colosal sobre
unos pies de barro y lo predestinó al fracaso. Por mares
y territorios de los cinco continentes se ven las tropas soviéticas,
o sus armamentos en manos mercenarias, amedrentando a los pueblos,
disputando la hegemonía al imperialismo norteamericano
y amenazando la paz mundial. De desatar la tercera guerra general
sólo encontrará sosiego en la tumba. Si no lo hace,
de todos modos el alud tumultuario de miles de millones de pobladores
del planeta le caerá encima y tarde que temprano las baterías
del Aurora volverán a escucharse en Leningrado.
* * *
A pesar del tiempo y la distancia, para
Colombia guardan plena vitalidad los principios tras lo cuales
se atrevieron los tenaces bolcheviques de Rusia a concitar el
odio de la reacción en el amanecer del siglo XX. Somos
una nación pequeña y subdesarrollada, sometida a
la égida neocolonial del imperialismo norteamericano, pero
integramos el más gigantesco frente de lucha jamás
conocido, pues nuestros intereses se confunden con los de los
pueblos aplastantemente mayoritarios que en todas las latitudes
pugnan por lograr su independencia y soberanía, y junto
a ellos peleamos en la primera trinchera antiimperialista.
Debido al hecho de estar dirigida por
el proletariado y contra el imperialismo, nuestra revolución,
aunque sea actualmente de esencia democrática, no sólo
contribuye al buen suceso de la revolución socialista mundial,
sino que en lo interno culminará inevitablemente en el
socialismo. La clase obrera colombiana, mediante prolongadas y
cruentas confrontaciones con los opresores tradicionales, viene
forjando su partido y preparándose para desempeñar
dignamente el puesto de comando de la revolución. Ha obtenido
notables avances en el empeño de arrancarles la careta
al oportunismo y al revisionismo y de expulsarlos de sus filas.
Estimulando y solidarizándose con la brega heroica de los
campesinos en procura de la tierra y la libertad, y propiciando
las acciones del resto de sectores democráticos, el proletariado
de Colombia desarrolla la alianza obrero-campesina y alienta un
formidable movimiento que unirá al pueblo bajo las banderas
de la liberación nacional. Comprende que la más
apremiante necesidad es obtener el derecho a forjar el destino
de la nación sin intromisión ajena, como la más
excluyente condición para arribar a la sociedad socialista,
fin superior de todos sus desvelos. Por eso combate sin tregua
ni descanso hasta pulverizar el yugo colonialista de los Estados
Unidos, y jura que preservará a cualquier precio la soberanía
alcanzada, frente al socialimperialismo y demás filibusteros
internacionales. Sus luchas y proclamas encontrarán amplia
resonancia en Latinoamérica y su victoria aumentará
la gloria del Octubre de 1917.
Segunda quincena de noviembre de 1977
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(1) Tomado de
Resistencia Civil. Bogotá: Ediciones Tribuna Roja, 1995.
Artículo publicado en Tribuna Roja No. 30, segunda quincena
de noviembre de 1977.