Viene
de La Insurrección de 1905.
Parte II. La Huelga
Política.
4. La Revolución prosigue su
marcha ascendente. - La huelga política general de octubre
de 1905 en toda Rusia. - Repliegue del zarismo. - El mensaje del
zar. - Aparecen los Soviets de diputados obreros.
Hacia el otoño de 1905, el movimiento
revolucionario se extendió a todo el país, cobrando,
además, un brío arrollador.
El 19 de septiembre estalló en
Moscú una huelga de los obreros tipógrafos. De Moscú
se extendió a Petersburgo y a otras ciudades. En Moscú
fue apoyada por los obreros de otras industrias y se convirtió
en una huelga general de carácter político.
En los primeros días de octubre
comenzó la huelga en el ferrocarril de Moscú a Kazán.
Al día siguiente, estaban en huelga los obreros de todo
el nudo ferroviario de Moscú. Pronto la huelga se extendió
a todos los ferrocarriles del país. Pararon también
los empleados de Correos y Telégrafos. Los obreros de diversas
ciudades de Rusia se reunieron en grandes mítines y acordaron
abandonar el trabajo. La huelga iba extendiéndose de una
fábrica a otra, de una empresa a otra, de una ciudad a
otra y de una a otra región. Hacían causa común
con los obreros huelguistas los pequeños empleados, los
estudiantes, los intelectuales, abogados, ingenieros, médicos,
etc.
La huelga política general de
octubre se extendió a toda Rusia, se comunicó a
casi todo el país, hasta a las comarcas más remotas,
y arrastró a casi todos los obreros, hasta las capas más
atrasadas. En esta huelga general de carácter político
tomaron parte cerca de un millón de hombres, contando solamente
los obreros industriales, sin incluir a los ferroviarios, los
empleados de Correos y Telégrafos ni otras ramas de trabajo,
que dieron también un gran contingente de huelguistas.
Toda la vida del país quedó paralizada. El gobierno
veíase atado de pies y manos.
La clase obrera marchaba a la cabeza
de la lucha de las masas populares contra la autocracia.
La consigna de los bolcheviques sobre
la huelga política de masas daba sus frutos.
La huelga general de octubre puso de
manifiesto la fuerza, la potencia del movimiento proletario, y
obligó al zar, muerto de miedo, a lanzar su mensaje del
17 de octubre de 1905. En este mensaje, el zar prometía
al pueblo "las bases inconmovibles de las libertades políticas:
inviolabilidad efectiva de la personalidad, libertad de conciencia,
de palabra, de reunión y de asociación". Prometía,
además, convocar una Duma legislativa, concediendo derechos
electorales a todas las clases de la población.
La fuerza de la revolución se
encargó, pues, de barrer la Duma puramente consultiva de
Buliguin. La táctica bolchevique de boicot contra esta
caricatura de parlamento había sido acertada.
Sin embargo, el mensaje del 17 de octubre
era una maniobra para engañar a las masas del pueblo, una
añazaga del zar, una especie de respiro que éste
necesitaba para aturdir a los incautos, ganar tiempo, acumular
fuerzas y luego descargar un golpe contra la revolución.
El gobierno zarista, aunque prometía de palabra conceder
la libertad, no daba nada sustancial al pueblo. De momento, los
obreros y campesinos no habían recibido del gobierno otra
cosa que promesas. En vez de la gran amnistía política
que se esperaba, el 21 de octubre fue amnistiado solamente un
puñado de presos políticos. Al mismo tiempo, con
objeto de sembrar la discordia entre las fuerzas del pueblo, el
gobierno organizó una serie de sangrientos pogromos de
judíos, en los que perecieron miles y miles de seres, creó
varias bandas policíacas, como la "Unión del
pueblo ruso", la "Liga del Arcángel San Miguel",
etc., destinadas a reprimir la revolución. Estas organizaciones,
en las que llevaban la voz cantante los terratenientes y comerciantes
reaccionarios, los popes y algunos elementos presidiables del
hampa, fueron bautizadas por el pueblo con el nombre de "Centurias
Negras". Los individuos de estas bandas, en colaboración
con la policía, apaleaban y asesinaban impunemente a obreros
avanzados, a intelectuales y estudiantes revolucionarios, pegaban
fuego a los locales y disolvían a tiros los mítines
y las manifestaciones. A esto se reducían, por el momento,
los resultados tangibles del mensaje del zar.
Entre el pueblo circulaba por aquel
entonces esta copla acerca del mensaje del zar:
"El zar, todo asustado,
ha lanzado un mensaje:
libertad a los muertos,
los vivos a la cárcel."
Los bolcheviques hacían ver a
las masas que el mensaje del zar era una celada. Fustigaban como
una provocación la conducta del gobierno después
de dar el mensaje. Llamaban a los obreros a las armas, a preparar
la insurrección armada.
Los obreros dedicábanse aún
más enérgicamente a formar sus milicias armadas.
Comprendían claramente que aquella primera victoria del
17 de octubre, arrancada por la huelga política general,
les obligaba a seguir desplegando sus esfuerzos, a seguir luchando
por el derrocamiento del zarismo.
Lenin, enjuiciando el mensaje del 17
de octubre, lo caracterizaba como un momento de cierto equilibrio
provisional de fuerzas, en el que el proletariado y los campesinos,
habiendo arrancado al zar aquel mensaje, no tenían aún
fuerza para derribar el zarismo, pero éste no podía
ya gobernar exclusivamente con los medios antiguos y veíase
obligado a prometer de palabra "libertades políticas"
y una Duma "legislativa".
En los días agitados de la huelga
política de octubre, bajo el fuego de la lucha contra el
zarismo, la iniciativa creadora revolucionaria de las masas obreras
forjó una nueva y poderosa arma: los Soviets de diputados
obreros.
Los Soviets de diputados obreros, asambleas
de delegados de todas las fábricas y empresas industriales,
eran una organización política de masas de la clase
obrera sin precedente en el mundo. Estos Soviets, que aparecieron
por vez primera en 1905, habían de ser el prototipo del
Poder Soviético, creado por el proletariado, bajo la dirección
del Partido Bolchevique, en 1917. Los Soviets eran una nueva forma
revolucionaria, fruto de la inventiva popular. Fueron creados
exclusivamente por las capas revolucionarias de la población,
saltando por encima de todas las leyes y normas del zarismo. Fueron
obra de la iniciativa propia de las masas, lanzadas a la lucha
contra el régimen zarista.
Los bolcheviques veían en los
Soviets el germen del Poder revolucionario. Y entendían
que la fuerza y la importancia de los Soviets dependían
de la fuerza y de los éxitos de la insurrección.
Los mencheviques no consideraban a los
Soviets ni como órganos incipientes del Poder revolucionario
ni como órganos de la insurrección. Veían
en ellos, simplemente, órganos de autonomía local,
una especie de ayuntamientos urbanos democratizados.
El 13 (26) de octubre de 1905, efectuáronse
en todas las fábricas y empresas industriales de Petersburgo
las elecciones al Soviet de diputados obreros. Por la noche, se
celebró la primera sesión del Soviet. Poco después
del de Petersburgo, se organizó el Soviet de diputados
obreros de Moscú.
El Soviet de diputados obreros de Petersburgo,
por ser el del centro industrial y revolucionario más importante
de Rusia, el de la capital del Imperio zarista, estaba llamado
a desempeñar un papel decisivo en la revolución
de 1905. Pero su mala dirección, que estaba en manos de
los mencheviques, le impidió cumplir con su misión.
Como es sabido, por aquel entonces Lenin no se hallaba aún
en Petersburgo, sino que continuaba en el extranjero. Los mencheviques,
aprovechándose de su ausencia, se deslizaron en el Soviet
de Petersburgo y se adueñaron de su dirección. En
estas condiciones, no es extraño que los mencheviques Jrustaliev,
Trotski, Parvus y otros consiguiesen poner el Soviet de Petersburgo
en contra de la política de la insurrección. En
vez de acercar a los soldados al Soviet e incorporarlos a la lucha
general, exigieron que fuesen alejados de Petersburgo. En vez
de armar a los obreros y prepararlos para la insurrección,
el Soviet daba vueltas y más vueltas sin moverse del sitio
y adoptaba una actitud negativa ante la preparación del
movimiento insurreccional.
Totalmente distinto fue el papel que
desempeñó en la revolución el Soviet de diputados
obreros de Moscú. El Soviet de Moscú llevó
a cabo desde los primeros días de su existencia una política
revolucionaria consecuente. La dirección de este Soviet
estaba en manos de los bolcheviques. Gracias a éstos, surgió
en Moscú, al lado del Soviet de diputados obreros, un Soviet
de diputados soldados. El Soviet de Moscú se convirtió
en el órgano de la insurrección armada.
Durante los meses de octubre a diciembre
de 1905, creáronse Soviets de diputados obreros en una
serie de grandes ciudades y en casi todos los centros obreros.
Hubo intentos de organización de Soviets de diputados de
soldados y marinos y de fusión de éstos con los
diputados obreros. En algunos sitios, surgieron Soviets de diputados
obreros y campesinos.
La influencia de los Soviets era inmensa.
A pesar de que a menudo habían brotado de un modo espontáneo,
sin estar estructurados ni tener una composición coherente,
actuaban como Poder. Los Soviets implantaron por vía de
hecho la libertad de prensa y la jornada de 8 horas, y se dirigieron
al pueblo incitándole a no pagar los impuestos al gobierno
zarista. En algunos casos, procedían a confiscar el dinero
del erario zarista y lo invertían en las necesidades de
la revolución.
5. La insurrección armada de
diciembre. - Es derrotada la insurrección. - La Revolución
se repliega. - La primera Duma. - El IV Congreso (de unificación)
del Partido.
La lucha revolucionaria de las masas
siguió desarrollándose con una fuerza enorme durante
los meses de octubre y noviembre de 1905. El movimiento de huelgas
obreras seguía su curso.
En el otoño de 1905 cobró
amplias proporciones la lucha de los campesinos contra los terratenientes.
El movimiento campesino abarcaba ya más de una tercera
parte de los distritos de todo el país. En las provincias
de Saratov, Tambov, Chernígov, Tiflis, Kutaís y
algunas otras se desarrolló una verdadera insurrección
campesina. A pesar de esto, las masas campesinas no tenían
aún suficiente empuje. El movimiento campesino adolecía
de falta de organización y de dirección.
Crecía también la agitación
entre las masas de soldados en una serie de ciudades, como Tiflis,
Vladivostok, Tashkent, Samarcanda, Kursk, Sujum, Varsovia, Kiev
y Riga. Estalló también una sublevación entre
los marinos de Cronstadt y en la escuadra del Mar Negro, en Sebasarribaol
(noviembre de 1905). Pero estas sublevaciones, aisladas, fueron
aplastadas por el zarismo.
En algunas unidades del ejército
y de la flota, el motivo que daba origen a las sublevaciones era,
no pocas veces, la grosería de los oficiales, la mala calidad
del rancho ("revueltas de garbanzos"), etc.
La masa de los marinos y soldados sublevados
no tenía aún clara conciencia de la necesidad de
derribar el gobierno zarista y de proseguir enérgicamente
la lucha armada. Los soldados y marinos sublevados abrigaban aún
un espíritu demasiado pacífico y generoso: con frecuencia,
cometían el error de poner en libertad a los jefes y oficiales
detenidos, al estallar la sublevación, dejándose
llevar de las promesas y de los subterfugios del mando.
La revolución entraba de lleno
en la fase de la insurrección armada. Los bolcheviques
habían llamado a las masas a la insurrección armada
contra el zar y los terratenientes, explicándoles la inevitable
necesidad de acudir a ella. Sin darse punto de reposo, se pusieron
a preparar la insurrección armada. Desplegando su labor
revolucionaria entre los soldados y los marinos, crearon dentro
del ejército organizaciones militares del Partido. En una
serie de ciudades se formaron milicias armadas de obreros, enseñándose
a sus componentes a manejar las armas. Fue organizada la compra
de armas en el extranjero y su transporte clandestino a Rusia.
En estas actividades tomaron parte prestigiosos militantes del
partido.
En noviembre de 1905, Lenin regresó
a Rusia. Ocultándose de los gendarmes y espías zaristas,
tomó personalmente parte, durante aquellos días,
en la preparación de la insurrección armada. Sus
artículos, publicados en el periódico bolchevique
"Novaia Zhisn" ("Vida Nueva"), daban orientaciones
para el trabajo diario del Partido.
Por aquel entonces, el camarada Stalin
desplegaba una formidable labor revolucionaria en Transcaucasia.
Desenmascaraba y deshacía a los mencheviques, como enemigos
de la revolución y de la insurrección armada, y
preparaba tenazmente a los obreros para la lucha decisiva contra
la autocracia. En un mitin celebrado en Tiflis el día que
fue hecho público el mensaje del zar, Stalin dijo a los
obreros:
"¿Qué necesitamos
para conseguir un verdadero triunfo? Necesitamos tres cosas: armamento,
armamento y más armamento"
En diciembre de 1905, se reunió
en Tammerfors (Finlandia) la conferencia de los bolcheviques.
Aunque formalmente bolcheviques y menchevique formaban parte del
mismo partido, del Partido socialdemócrata, de hecho representaban
dos partidos distintos, cada cual con sus órganos centrales
correspondientes. En esta conferencia fue donde se conocieron
personalmente Lenin y Stalin. Hasta entonces, se habían
mantenido constantemente en relaciones, por medio de cartas o
a través de camaradas.
Entre los acuerdos de Tammerfors hay
que señalar aquí dos: uno, sobre el restablecimiento
de la unidad del Partido, escindido de hecho en dos, y otro, sobre
el boicot a la primera Duma, a la llamada Duma de Witte.
Como por aquellos días había
estallado ya en Moscú la insurrección armada, la
conferencia, por consejo de Lenin, se apresuró a terminar
sus tareas y los delegados regresaron a sus respectivas localidades,
para tomar parte personalmente en la insurrección.
Pero tampoco el gobierno zarista se
dormía. También él se preparaba para la lucha
decisiva. Después de concertar la paz con el Japón,
aliviando con ello su difícil situación, el gobierno
zarista pasó a la ofensiva contra los obreros y los campesinos.
Proclamó el estado de guerra en una serie de provincias,
a las que afectaba la insurrección campesina, dio órdenes
brutales -"¡nada de prisioneros!", "¡no
escatimar cartuchos!"- y ordenó la detención
de los dirigentes del movimiento revolucionario y la disolución
de los Soviets de diputados obreros.
Los bolcheviques de Moscú y el
Soviet de diputados obreros de esta capital, dirigido por ellos
y vinculado a grandes masas obreras, acordaron en vista de esto
llevar a cabo la preparación inmediata de la insurrección
armada. El 5 (18) de diciembre, el Comité de Moscú
tomó el acuerdo de proponer al Soviet declarar la huelga
general de carácter político, para luego, en el
transcurso de la lucha, convertirla en insurrección. Este
acuerdo fue apoyado por mítines obreros de masas. El Soviet
de Moscú, sometiéndose a la voluntad de la clase
obrera, decidió por unanimidad declarar la huelga general.
El proletariado de Moscú contaba,
al comenzar la insurrección, con su propia milicia: cerca
de mil hombres, más de la mitad de los cuales eran bolcheviques.
Existían también milicias en una serie de fábricas
de Moscú. El número total de milicianos de que disponían
los revolucionarios era de unos dos mil. Los obreros contaban
con que podrían neutralizar y dividir a las tropas de la
guarnición, haciendo pasar a su campo a una parte de ella.
El 7 (20) de diciembre comenzó
la huelga política en Moscú. No se consiguió,
sin embargo, que la huelga se extendiese a todo el país;
en Petersburgo, no se encontró el apoyo necesario, lo que
contribuyó a debilitar, desde el primer momento, las posibilidades
de éxito de la insurrección: El ferrocarril de Nicolás,
hoy de Octubre, hallábase en manos del gobierno zarista.
El tráfico en esta línea ferroviaria no se paralizó,
y el gobierno pudo transportar de Petersburgo a Moscú los
regimientos de la Guardia para aplastar la insurrección.
La guarnición de Moscú
estaba vacilante. Los obreros se habían lanzado al movimiento
insurrecional, confiando, en parte, en el apoyo de la guarnición.
Pero los revolucionarios perdieron tiempo, y el gobierno zarista
pudo triunfar de las revueltas en la guarnición.
El 9 (22) de diciembre se levantaron
en Moscú las primeras barricadas. Pronto estuvieron cubiertas
de barricadas las calles de la ciudad. El gobierno zarista puso
en acción la artillería. Concentró tropas,
cuyo número excedía en una desproporción
arrolladora al de las fuerzas de los revolucionarios. Durante
nueve días, unos cuantos miles de obreros armados mantuvieron
una lucha heroica. Para poder ahogar la insurrección, el
zarismo vióse obligado a traer tropas de Petersburgo, de
Tver y del territorio Oeste. Los órganos dirigentes del
movimiento habían sido, en parte, detenidos y, en parte,
aislados en la víspera del día en que comenzó
la lucha. El Comité bolchevique de Moscú fue detenido.
La acción armada se convirtió en una insurrección
de distritos sueltos, sin conexión entre sí. Carentes
de un centro de dirección y sin un plan general de lucha
en toda la ciudad, los distritos luchaban, fundamentalmente, a
la defensiva. Y ésta fue, como más tarde había
de hacer notar Lenin, una de las razones fundamentales de la debilidad
de la insurrección de Moscú y una de las causas
de su fracaso.
La insurrección adquirió
un carácter especialmente tenaz y encarnizado en la barriada
de Krasnaia Presnia en Moscú. Esta barriada era la fortaleza
principal, el centro de la insurrección. Era allí
donde estaban concentradas las mejores milicias, dirigidas por
los bolcheviques. Pero fue sometida a sangre y fuego, anegada
en sangre y reducida a escombros por los incendios provocados
por la artillería. La insurrección de Moscú
quedó aplastada.
La insurrección no quedó
circunscrita a Moscú. El movimiento revolucionario insurreccional
se extendió también a otras ciudades y regiones,
como Krasnoyarsk, Motovilija (Perm), Novorosisk, Sormovo, Sebasarribaol
y Cronstadt.
Tomaron también parte en la lucha
armada las nacionalidades oprimidas de Rusia. La insurrección
prendió en casi toda Georgia. Estalló también
una gran insurrección en Ucrania, en la cuenca del Donetz:
en Gorlovka, Alexandrovsk y Lugansk (hoy Voroshilovgrado). En
Letonia, la lucha fue tenacísima. En Finlandia, los obreros
crearon su guardia roja y se lanzaron también a la insurrección.
Pero todas estas insurrecciones fueron,
al igual que la de Moscú, aplastadas con una crueldad inhumana
por el zarismo.
Los mencheviques y los bolcheviques
enjuiciaron de un modo distinto la insurrección armada
de diciembre.
El menchevique Plejanov lanzó
al Partido, después de la insurrección armada, este
reproche: "No había que haber empuñado las
armas". Los mencheviques exponían que la insurrección
era innecesaria y perjudicial, que en las revoluciones se pude
prescindir de la insurrección y que el éxito no
se logra con insurrecciones armadas, sino por medios pacíficos
de lucha.
Los bolcheviques estigmatizaron este
juicio como una traición. Ellos entendían que la
experiencia de la insurrección armada de Moscú no
hacía más que confirmar la necesidad de una lucha
armada victoriosa de la clase obrera. Contestando al reproche
de Plejanov cuando decía que "no había que
haber empuñado las armas", Lenin escribió:
"Por el contrario, lo que se debió
hacer fue empuñar las armas más resueltamente, con
más energía y mayor acometividad, explicar a las
masas la imposibilidad de una huelga puramente pacífica
y la necesidad de una lucha armada intrépida e implacable"
(Lenin, t. X, pág. 50, ed. rusa).
La insurrección de diciembre
de 1905 marca el punto culminante de la revolución. En
diciembre, la autocracia zarista infligió a la insurrección
una derrota. Después del fracaso de la insurrección
de diciembre, comenzó el viraje hacia el repliegue gradual
de la revolución. La marcha ascendente de ésta cesó,
comenzando su descenso gradual.
El gobierno zarista se apresuró
a aprovecharse de esta derrota para estrangular la revolución.
Los verdugos y los carceleros zaristas comenzaron su faena sangrienta.
En Polonia, en Letonia, en Estonia, en la Transcaucasia, en Siberia,
por todas partes hicieron estragos las expediciones de castigo.
Pero la revolución aun no estaba
aplastada. Los obreros y los campesinos revolucionarios, replegábanse
poco a poco y luchando. Nuevas capas de obreros eran arrastradas
a la lucha. El número de obreros huelguistas fue, en 1906,
de más de un millón; en 1907, 740.000. En el primer
semestre del año 1906, el movimiento campesino se extendía
a cerca de la mitad de los distritos de la Rusia zarista; en el
segundo semestre de dicho año, a una quinta parte. La agitación
dentro del ejército y de la flota continuaba.
En su lucha contra la revolución,
el gobierno zarista no se limitó a la simple represión.
Después de alcanzar los primeros éxitos por la vía
represiva, decidió asestar un nuevo golpe a la revolución,
mediante la convocatoria de una nueva Duma, "legislativa".
Mediante esta maniobra, aspiraba a desviar a los campesinos de
la revolución, haciéndola así fracasar. En
diciembre de 1905, el gobierno zarista dictó una ley sobre
la convocatoria de una nueva Duma, "legislativa", a
diferencia de la antigua Duma "consultiva" de Buliguin,
que había fracasado gracias al boicot de los bolcheviques.
La ley electoral zarista era, naturalmente, antidemocrática.
Las elecciones no tenían carácter general. Quedaba
privada en absoluto de voto más de la mitad de la población,
por ejemplo: las mujeres y más de dos millones de obreros.
El voto no era igual. Los electores se clasificaban en cuatro
"curias", como se decía en el lenguaje de la
época: la agraria (terratenientes), la urbana (burguesía),
la campesina y la obrera. Las elecciones no eran directas, sino
de varios grados. De hecho, el voto no era secreto. La ley electoral
garantizaba un predominio formidable en la Duma a un puñado
de terratenientes y capitalistas sobre los millones de obreros
y campesinos.
Con la Duma, el zar pretendía
desviar a las masas de la revolución. Una parte considerable
de los campesinos creía, en aquel tiempo, en la posibilidad
de obtener la tierra por medio de la Duma. Los kadetes, los mencheviques
y los socialrevolucionarios engañaban a los obreros y a
los campesinos, haciéndoles creer que era posible conseguir
el régimen que el pueblo necesitaba sin insurrección
y sin revolución. Para luchar contra este engaño
de que se hacía objeto al pueblo, los bolcheviques declararon
y llevaron a cabo la táctica de boicotear la primera Duma,
en cumplimiento de acuerdo tomado en la Conferencia de Tammerfors.
Los obreros empeñados en la lucha
contra el zarismo, exigían, al mismo tiempo, la unidad
de las fuerzas del Partido, la unificación del Partido
del proletariado. Los bolcheviques, pertrechados con el acuerdo
de unidad tomado en la Conferencia de Tammerfors, que ya conocemos,
apoyaron esta aspiración de los obreros y propusieron a
los mencheviques convocar un Congreso de unificación del
Partido. Bajo la presión de las masas obreras, los mencheviques
no tuvieron más remedio que acceder a la unificación.
Lenin era partidario de la unificación,
pero de una unificación en la cual no se eludiesen las
discrepancias referentes a los problemas de la revolución.
Causaban gran daño al Partido los conciliadores (Bogdanov,
Krasin y otros), con sus esfuerzos por demostrar que entre los
bolcheviques y los mencheviques no existían discrepancias
importantes. Luchando contra los conciliadores, Lenin exigía
que los bolcheviques se presentasen en el Congreso con su propia
plataforma, para que los obreros pudiesen ver claramente cuáles
eran las posiciones de los bolcheviques y sobre qué bases
se operaba la unificación. Los bolcheviques formularon
esta plataforma y la pusieron a discusión entre los miembros
del Partido.
En abril de 1906 se reunió en
Estocolmo (Suecia) el IV Congreso del P.O.S.D.R., que se conoce
con el nombre de Congreso de Unificación. Tomaron parte
en este Congreso 111 delegados con voz y voto, en representación
de 57 organizaciones de base del Partido. Además, asistieron
a él representantes de algunos partidos socialdemócratas
nacionales: 3 del "Bund", 3 del Partido socialdemócrata
polaco y 3 de la organización socialdemócrata de
Letonia.
A consecuencia de la represión
que se desató contra las organizaciones bolcheviques durante
la insurrección de diciembre y después de ella,
no todas pudieron enviar sus delegados al Congreso. Además,
los mencheviques habían acogido en sus filas, durante los
"días de la libertad" del año 1905, una
masa de intelectuales pequeño burgueses, que no tenían
la menor afinidad con el marxismo revolucionario. Basta indicar
que los menchevique de Tiflis (donde había pocos obreros
industriales) enviaron al Congreso el mismo número de delegados
que la organización proletaria más fuerte, que era
la de Petersburgo. Así se explica que en el Congreso de
Estocolmo, los mencheviques contasen, aunque en proporción
insignificante, con la mayoría.
Esta composición del Congreso
determinó el carácter menchevique de los acuerdos
tomados por él respecto a toda una serie de problemas.
En este Congreso se estableció
una unificación puramente formal. En el fondo, bolcheviques
y mencheviques siguieron manteniendo sus ideas y sus organizaciones
propias e independientes.
Los problemas más importantes
discutidos en el IV Congreso fueron: el problema agrario, la apreciación
del momento y de las tareas de clase del proletariado, la actitud
ante la Duma y los problemas de organización.
A pesar de tener mayoría en el
Congreso, los mencheviques viéronse obligados, para no
enfrentarse con los obreros, a reconocer la fórmula de
Lenin en cuanto al primer artículo de los estatutos, sobre
la condición de miembro del Partido.
En el problema agrario, Lenin defendió
la nacionalización de la tierra, pero sólo la consideraba
posible si triunfase la revolución, si se derrocase al
zarismo. En estas condiciones, la nacionalización de la
tierra facilitaría al proletariado, aliado a los campesinos
pobres, el paso a la revolución socialista. La nacionalización
de la tierra exigía la expropiación sin indemnización
(confiscación) de toda la tierra de los terratenientes
en provecho de los campesinos. El programa agrario de los bolcheviques
llamaba a los campesinos a la revolución contra el zar
y los terratenientes.
Muy otras eran las posiciones de los
mencheviques. Estos defendían el programa de la municipalización.
Según este programa, las tierras de los terratenientes
no se adjudicarían a las colectividades de campesinos,
ni siquiera se entregarían en disfrute a éstos,
sino que se pondrían a disposición de los municipios
(es decir, de los organismos locales o Zemstvos). Los campesinos
que quisiesen tierra tendrían que arrendarla, cada cual
con arreglo a sus propios medios.
El programa menchevique de la municipalización
era un programa oportunista y, por ello, pernicioso para la revolución.
No podía movilizar a los campesinos para una lucha revolucionaria,
no tenía en miras la supresión completa de la propiedad
feudal de la tierra. El programa menchevique implicaba una solución
bastarda de la revolución. Los mencheviques no querían
alzar a los campesinos a la revolución.
El Congreso aprobó por mayoría
de votos el programa menchevique.
Pero donde los mencheviques pusieron
más al desnudo su fondo antiproletario y oportunista fue
al discutir la resolución presentada sobre la apreciación
del momento y sobre la Duma. El menchevique Martinov se manifestó
francamente en contra de la hegemonía del proletariado
en la revolución. Contestando a los mencheviques, el camarada
Stalin planteó el problema tajantemente:
"O hegemonía del proletariado
o hegemonía de la burguesía democrática:
así es como está planteado el problema dentro del
Partido y en esto es en lo que estriban nuestras discrepancias".
En cuanto a la Duma, los mencheviques
la preconizaban en su resolución como el mejor medio para
resolver los problemas de la revolución y para liberar
al pueblo del zarismo. Por el contrario, los bolcheviques consideraban
la Duma como un apéndice importante del zarismo, como una
pantalla para cubrir las lacerías del régimen zarista
y que éste se cuidaría de quitar de en medio tan
pronto como le resultase molesta.
Del Comité Central del Partido
elegido en el IV Congreso, formaban parte 3 bolcheviques y 6 mencheviques.
Para la redacción de órgano central fueron elegidos
exclusivamente mencheviques.
Era evidente que la lucha intestina
del Partido continuaría.
La lucha entre bolcheviques y mencheviques
recrudeció todavía más después del
IV Congreso. En las organizaciones locales, formalmente unificadas,
era muy corriente que el informe acerca del Congreso corriese
a cargo de dos oradores, uno bolchevique y otro menchevique. Como
resultado de la discusión de las dos líneas, la
mayoría de los afiliados a la organización votaba,
en los más de los casos, con los bolcheviques.
La realidad se encargaba de demostrar
cada vez más la razón de los bolcheviques. El Comité
Central menchevique elegido en el IV Congreso iba revelando cada
vez más claramente su oportunismo y su total incapacidad
para dirigir la lucha revolucionaria de las masas. Durante el
verano y el otoño de 1906, la lucha revolucionaria de las
masas volvió a recrudecer. En Cronstadt y en Sveaborg se
sublevaron los marinos. Estalló la lucha de los campesinos
contra los terratenientes. Y el C. C. menchevique deba consignas
oportunistas, que no eran seguidas por las masas.
6. Disolución de la primera y
convocatoria de la segunda Duma. - El V Congreso del Partido.
- Disolución de la segunda Duma. - Causas de la derrota
de la primera revolución rusa.
Como la primera Duma no resultó
ser lo bastante sumisa, el gobierno zarista procedió a
disolverla en el verano de 1906. El gobierno recrudeció
todavía más la represión contra el pueblo,
envió por todo el país expediciones de castigo,
que sembraban por todas partes el terror, y proclamó su
decisión de convocar en breve plazo la segunda Duma. El
gobierno zarista mostraba ya claramente su insolencia. Ya no temía
a la revolución, pues veía que ésta iba en
descenso.
Los bolcheviques tuvieron que decidirse
acerca del problema de tomar parte en la segunda Duma o boicotearla.
Y al hablar de boicot, no se referían meramente a la simple
abstención electoral, sino a una campaña de boicot
activo. Veían en este boicot activo un medio revolucionario
para poner en guardia al pueblo contra los intentos del zar de
desviarle del camino revolucionario, para traerle al camino "constitucional"
zarista; el medio de hacer fracasar estos intentos y de organizar
una nueva acometida del pueblo contra el zarismo.
La experiencia de boicot contra la Duma
buliguiniana había puesto de manifiesto que el boicot "era
la única táctica acertada, confirmada plenamente
por los acontecimientos" (Lenin, t. X, pág. 27, ed.
rusa). Aquel boicot había sido coronado por el éxito,
pues no sólo había puesto al pueblo en guardia contra
los peligros que le acechaban por el camino constitucional zarista,
sino que había conseguido hacer fracasar la Duma ya antes
de nacer. Tuvo éxito, porque se había puesto en
práctica en la etapa ascendente de la revolución
y apoyándose en sus avances, y no en la etapa del descenso
revolucionario, pues sólo bajo las condiciones del auge
de la revolución era posible hacer fracasar la Duma.
El boicot contra la Duma de Witte, o
sea contra la primera Duma, se aplicó después del
fracaso de la insurrección de diciembre; cuando ya el zar
había salido vencedor, es decir, cuando ya había
que suponer que la revolución declinaba.
"Pero, de suyo se comprende -escribía
Lenin- que este triunfo (el del zar. N. de la R.) no podía
considerarse aún por aquel entonces, como decisivo. La
insurrección de diciembre de 1905 tuvo su continuación
en toda una serie de insurrecciones en el ejército, desarticuladas
y parciales, y huelgas, que se produjeron durante el verano de
1906. La consigna del boicot contra la Duma de Witte era una consigna
de lucha encaminada a concentrar y generalizar estas insurrecciones"
(Lenin, t. XII, pág. 20, ed. rusa).
El boicot contra la Duma de Witte no
logró hacerla fracasar, aunque socavase considerablemente
la autoridad de la Duma y quebrantase la fe de una parte de la
población en ella. Y no logró hacerla fracasar,
porque este boicot se había llevado a cabo, como después
se vió ya claro, en la etapa del descenso, de declinación
de la revolución. He aquí por qué el boicot
contra la primera Duma, establecido en 1906, no tuvo éxito.
En su célebre folleto titulado "El izquierdismo, enfermedad
infantil del comunismo", dice Lenin, refiriéndose
a aquel boicot:
"El boicot de los bolcheviques
contra el "parlamento" en el año 1905 enriqueció
al proletariado revolucionario con una experiencia política
extraordinariamente preciosa, haciéndole ver que, en la
combinación de las formas legales e ilegales, de las formas
parlamentarias y extraparlamentarias de lucha es, a veces, conveniente
y hasta obligado saber renunciar a las formas parlamentarias...
Lo que constituyó ya un error, aunque no grande y fácilmente
corregible, fue el boicot por los bolcheviques de la "Duma"
en 1906... De la política y de los partidos se puede decir
-con las variaciones correspondientes- lo mismo que de los individuos.
No es inteligente quien no comete errores. Hombres que no cometan
errores no los hay ni puede haber. Inteligente es quien comete
errores que no son muy graves y sabe corregirlos bien y pronto"
(Lenin, t. XXV, págs 182-183, ed. rusa).
Por lo que se refiere a la segunda Duma,
Lenin entendía que, teniendo en cuenta la nueva situación
y el descenso del movimiento revolucionario, los bolcheviques
"debían someter a revisión el problema del
boicot de la Duma" (Lenin, t. X, pág. 26, ed. rusa).
"La historia enseña -escribía
Lenin- que cuando se reúne la Duma, cabe desplegar una
agitación provechosa desde su interior y en torno a ella;
que dentro de la Duma es posible llevar a cabo la táctica
de acercamiento a los campesinos revolucionarios contra los kadetes"
(Obra citada, pág. 29).
De todo esto se desprendía que
es necesario no sólo saber avanzar resueltamente y en primera
línea, cuando la revolución se halla en su etapa
ascendente, sino también saber replegarse con acierto y
apurando el terreno, cuando la etapa ascendente de la revolución
cesa, cambiando de táctica con arreglo a los cambios operados
en la situación; y replegarse no en desorden, sino de un
modo organizado, con serenidad, sin pánico, aprovechando
hasta las más pequeñas posibilidades para salvar
los cuadros de la furia de la contrarrevolución, reorganizándose,
acumulando fuerzas y preparándose para un nuevo ataque
contra el enemigo.
Los bolcheviques decidieron participar
en las elecciones a la segunda Duma.
Pero no iban a ella para intervenir
en las tareas orgánicas "legislativas", coaligados
a los kadetes, como lo hicieron los mencheviques, sino para utilizarla
como tribuna al servicio de la revolución.
En cambio, el Comité Central
menchevique hizo un llamamiento para que se pactasen acuerdos
electorales con los kadetes y se les apoyase en la Duma, considerando
a ésta como un organismo legislativo, capaz de poner un
freno al gobierno zarista.
La mayoría de las organizaciones
del Partido se manifestó en contra de la política
del C.C. menchevique. Los bolcheviques exigieron que se convocase
un nuevo Congreso del Partido.
En mayo de 1907 se reunió en
Londres el V Congreso del Partido. Por aquel entonces, el P.O.S.D.R.
(en unión de las organizaciones socialdemócratas
nacionales) contaba ya con 150.000 afiliados. Asistieron al Congreso,
en total, 336 delegados; de ellos, 105 bolcheviques y 97 mencheviques.
Los restantes representaban a las organizaciones socialdemócratas
nacionales: a la socialdemocracia polaca y letona y al "Bund",
que habían sido admitidos dentro del P.O.S.D.R. en el Congreso
anterior.
Trotski intentó formar en este
Congreso su grupito centrista, es decir, semimenchevique, como
grupo aparte, pero nadie se prestó a seguirle.
Como los bolcheviques arrastraban con
ellos a los polacos y a los letones, disponían de una sólida
mayoría en el Congreso.
Uno de los problemas fundamentales sobre
los que giró la lucha en el Congreso fue el de las relaciones
con los partidos burgueses. Este problema había sido ya
objeto de lucha entre los bolcheviques y los mencheviques en el
II Congreso. El Congreso enjuició con el criterio bolchevique
a todos los partidos no proletarios -centurias negras, octubristas,
kadetes y socialrevolucionarios- y trazó frente a ellos
una táctica bolchevique.
El Congreso aprobó la política
de los bolcheviques, y tomó el acuerdo de mantener una
lucha implacable, tanto contra los partidos de las centurias negras
-la "Unión del pueblo ruso", los monárquicos,
el Consejo de la nobleza unificada- como contra la "Unión
del 17 de octubre" (octubristas), el partido comercial-industrial
y el partido de la "Renovación pacífica",
que eran todos partidos netamente contrarrevolucionarios.
Respecto a la burguesía liberal,
al partido cadete, el Congreso preconizó una lucha irreconciliable
de desenmascaramiento contra él. Acordó que era
necesario desenmascarar el "democratismo" hipócrita
y farisaico del partido cadete y luchar contra los intentos de
la burguesía liberal de ponerse a la cabeza del movimiento
campesino.
Por lo que se refiere a los partidos
llamados populistas o de trabajo (socialistas populares, agrupación
de trabajo y socialrevolucionarios), el Congreso recomendaba que
se desenmascarasen sus intentos de disfrazarse de socialistas.
Al mismo tiempo, admitía la posibilidad de establecer acuerdos
concretos con estos partidos para luchar conjunta y simultáneamente
contra el zarismo y la burguesía kadete, ya que aquellos
partidos eran, por aquel entonces, democráticos y reflejaban
los intereses de la pequeña burguesía de la ciudad
y del campo.
Ya antes de celebrarse el Congreso,
los mencheviques habían lanzado la propuesta de convocar
un llamado "Congreso obrero". El plan menchevique consistía
en convocar un congreso en el que tomasen parte, con los socialdemócratas,
los socialrevolucionarios y los anarquistas. Se pretendía
que el tal Congreso "obrero" crease una especie de "partido
sin partido" o una especie de "amplio" partido
obrero pequeñoburgués sin ningún programa.
Lenin desenmascaró este pernicioso intento de los mencheviques,
que iba encaminado a liquidar el Partido Obrero Social Demócrata
y a diluir el destacamento de vanguardia de la clase obrera entre
la masa pequeñoburguesa. El Congreso condenó enérgicamente
la consigna menchevique del "Congreso obrero".
En las deliberaciones del V Congreso
del Partido ocupó un lugar especial el problema de los
sindicatos. Los mencheviques defendían la "neutralidad"
de los sindicatos; es decir, manifestábanse en contra del
papel dirigente del Partido en el movimiento sindical. El Congreso
rechazó la propuesta de los mencheviques y aprobó
la resolución presentada por los bolcheviques sobre los
sindicatos. En esta resolución se señalaba que debía
lucharse por que la dirección ideológica y política
de los sindicatos estuviese en manos del Partido.
El V Congreso marcó un gran triunfo
de los bolcheviques en el movimiento obrero. Pero los bolcheviques
no se dejaron llevar del engreimiento ni se durmieron sobre los
laureles. No era esto lo que Lenin les enseñaba. Sabían
que tendrían que seguir luchando en los sucesivo contra
los mencheviques.
En su artículo "Apuntes
de un delegado", publicado en 1907, el camarada Stalin enjuiciaba
así los resultados del Congreso:
"La unificación efectiva
de los obreros más avanzados de toda Rusia en un único
partido extensivo a todo el país bajo la bandera de la
socialdemocracia revolucionaria: he aquí el sentido del
Congreso de Londres, su carácter general".
En este artículo, el camarada
Stalin aporta datos sobre la composición del Congreso.
Los delegados bolcheviques representaban, fundamentalmente, a
los grandes centros industriales (Petersburgo, Moscú, Ural,
Ivánovo-Vosnsensk y otros). En cambio, los mencheviques
acudieron al Congreso representando a las regiones de pequeña
producción, en las que predominaban los obreros artesanos,
los semiproletarios, así como también a una serie
de regiones puramente campesinas.
"Es evidente -exponía el
camarada Stalin, haciendo el balance del congreso- que la táctica
de los bolcheviques es la táctica de los proletarios de
la gran industria, la táctica de las regiones donde las
contradicciones de clase aparecen más nítidas, y
la lucha de clases es más tajante. El bolchevismo es la
táctica de los auténticos proletarios. Y, por otra
parte, no es menos evidente que la táctica de los mencheviques
es, predominantemente, la táctica de los obreros artesanos
y de los semiproletarios campesinos, la táctica de aquellas
regiones en que los antagonismos de clase aparecen velados y la
lucha de clases disimulada. El menchevismo es la táctica
de los elementos semiburgueses del proletariado. Así lo
indican los números" (Actas del V Congreso del P.O.S.D.R.,
XI y XII, 1935).
Después de disolver la primera
Duma, el zar creyó tener en la segunda un instrumento más
dócil. Pero tampoco ésta colmó sus esperanzas.
En vista de ello, decidió disolver también esta
Duma y convocar la tercera, restringiendo todavía más
los derechos electorales, en la esperanza de tener en ella un
instrumento más sumiso.
Poco después del V Congreso del
Partido, el gobierno zarista dio el llamado golpe de Estado del
3 de junio, disolviendo la segunda Duma. La fracción socialdemócrata
de la Duma, compuesta de 65 diputados, fue detenida y deportada
a Siberia. Se dictó una nueva ley electoral. El derecho
de voto de los obreros y campesinos sufrió nuevas restricciones.
El gobierno zarista seguía atacando.
El ministro zarista Stolypin desplegaba
su sangrienta represión contra los obreros y campesinos.
Miles de obreros y campesinos revolucionarios morían fusilados
o ahorcados por los destacamentos de castigo. En los calabozos
zaristas eran torturados y martirizados millares de revolucionarios.
Las organizaciones obreras, sobre todo las de tendencia bolchevique,
eran perseguidas con una crueldad especial. Los sabuesos zaristas
buscaban el rastro de Lenin, que vivía clandestinamente
en Finlandia. Querían clavar su garra sangrienta en el
jefe de la revolución. En diciembre de 1907, arrostrando
un peligro enorme, Lenin logró trasladarse de nuevo al
extranjero, a la emigración.
Comenzaron los terribles años
de la reacción stolypiniana.
La primera revolución rusa había
terminado, pues, con una derrota.
A ello contribuyeron las causas siguientes:
1. La revolución no contaba aún
con una sólida alianza de los obreros y los campesinos
contra el zarismo. Los campesinos pusiéronse en pie para
la lucha contra los terratenientes, contra los cuales estaban
decididos a aliarse con los obreros. Pero aun no comprendían
que era imposible derrocar a los terratenientes sin derrocar al
zar; no comprendían que éste hacía causa
común con aquéllos, y había una parte considerable
de campesinos que aun creía en el zar y que cifraba sus
esperanzas en la Duma zarista. Por eso, muchos campesinos no quisieron
aliarse a los obreros para derrocar al zarismo. Los campesinos
tenían más fe en el partido oportunista de los socialrevolucionarios
que en los verdaderos revolucionarios, en los bolcheviques. Como
resultado de esto, la lucha de los campesinos contra los terratenientes
no llegó a adquirir la suficiente organización.
Lenin escribía:
"... los campesinos actuaron demasiado
desperdigados, demasiado desorganizadamente y poco a la ofensiva,
siendo ésta una de las causas cardinales del fracaso de
la revolución". (Lenin, t. XIX, pág. 354, ed.
rusa).
2. La resistencia de una parte considerable
de los campesinos a marchar de acuerdo con los obreros por el
derrocamiento del zarismo se dejó sentir también
en la conducta del ejército, formado, en su mayoría,
por hijos de campesinos vestidos con el uniforme militar. En algunas
unidades aisladas del ejército zarista se produjeron brotes
de rebeldía y sublevaciones, pero la mayoría de
los soldados siguió ayudando al zar a ahogar las huelgas
y las insurrecciones de los obreros.
3. Tampoco los obreros actuaron con
la necesaria unanimidad. Los destacamentos de vanguardia de la
clase obrera desplegaron en 1905 una heroica lucha revolucionaria.
Pero las capas más atrasadas -los obreros de las provincias
menos industriales y los que vivían en la aldeas- se ponían
en movimiento más lentamente. Su participación en
la lucha revolucionaria se intensificó especialmente en
1906, pero por entonces ya la vanguardia de la clase obrera se
hallaba quebrantada.
4. Aunque la clase obrera la fuerza
de vanguardia, la fuerza fundamental de la revolución,
dentro de las filas del Partido de la clase obrera no existían
la unidad y la cohesión necesarias. El P.O.S.D.R., el partido
de la clase obrera, hallábase escindido en dos grupos:
el de los bolcheviques y el de los mencheviques. Los bolcheviques
mantenían una línea consecuentemente revolucionaria
y llamaban a los obreros al derrocamiento del zarismo. Los mencheviques,
con su táctica oportunista, frenaban la revolución,
sembraban el confusionismo entre una parte considerable de los
obreros y escindían el proletariado. Por eso los obreros
no actuaron siempre en la revolución de un modo unánime,
y la clase obrera, por carecer aún de unidad dentro de
sus propias filas, no pudo erigirse en verdadero jefe de la revolución.
5. La autocracia zarista contaba, para
ahogar la revolución de 1905, con la ayuda de los imperialistas
de occidente de Europa. Los capitalistas extranjeros temían
por sus capitales invertidos en Rusia y por sus fabulosas ganancias.
Temían que, si triunfaba en Rusia la revolución,
se lanzasen también a ella los obreros de otros países.
He aquí lo que movió a los imperialistas de la Europa
occidental a ayudar al zar-verdugo. Los banqueros de Francia le
concedieron un gran empréstito para aplastar la revolución.
El emperador de Alemania tenía preparado un ejército
de muchos miles de hombres para intervenir en ayuda del zar de
Rusia.
6. Una ayuda importante para el zar
fue la paz con el Japón, concertada en septiembre de 1905.
Su derrota en la guerra y los avances amenazadores de la revolución
obligaron al zar a apresurar la firma de la paz. La derrota en
la guerra ruso-japonesa había quebrantado al zarismo, pero
la firma de la paz fortaleció la situación del zar.
RESUMEN
La primera revolución rusa representa
toda una etapa histórica en el desarrollo de Rusia. Esta
etapa histórica consta de dos periodos. En el primer periodo,
la revolución, aprovechándose del quebrantamiento
del régimen zarista, derrotado en los campos de Manchuria,
sigue su marcha ascendente y pasa de la huelga general de carácter
político, en octubre, a la insurrección armada;
en diciembre, barre la Duma buliguiniana y arranca al zar una
concesión tras otra. En el segundo periodo, el zar, después
de rehacerse, gracias a la firma de la paz con el Japón,
se aprovecha del miedo de la burguesía liberal a la revolución
y de las vacilaciones de los campesinos, les echa a éstos
como una limosna la Duma de Witte y pasa a la ofensiva contra
la clase obrera y la revolución.
Los tres años que, sobre poco
más o menos, duró la revolución (1905 a 1907)
fueron, para la clase obrera y los campesinos, una escuela tan
fecunda de educación política como no hubieran podido
serlo treinta años de evolución pacífica
y normal. Lo que no habían conseguido hacer ver decenas
y decenas de años de desarrollo pacífico, lo hicieron
ver claramente esos pocos años de revolución.
La revolución puso de manifiesto
que el zarismo era el enemigo jurado del pueblo, un mal que sólo
podía curarse con la tumba.
La revolución enseñó
que la burguesía liberal no buscaba su aliado en el pueblo,
sino en el zar; que era una fuerza contrarrevolucionaria; y que
el pactar con ella equivalía a traicionar al pueblo. La
revolución enseñó que el jefe de la revolución
democráticoburguesa sólo podía serlo la clase
obrera, que sólo ella era capaz de desalojar a la burguesía
liberal, a los kadetes, de emancipar a los campesinos de su influencia,
de aplastar a los terratenientes, de llevar a término la
revolución y de allanar el camino hacia el socialismo.
La revolución enseñó,
finalmente, que pese a sus vacilaciones, los campesinos trabajadores
son la única fuerza importante capaz de aliarse a la clase
obrera.
Durante la revolución lucharon
dentro del P.O.S.D.R. dos líneas políticas: la de
los bolcheviques y la de los mencheviques. Los bolcheviques ponían
rumbo al desencadenamiento de la revolución, al derrocamiento
del zarismo por la vía de la insurrección armada,
a la hegemonía de la clase obrera, al aislamiento de la
burguesía kadete, a la alianza con los campesinos, a la
formación de un gobierno provisional revolucionario con
representantes de los obreros y los campesinos, al desarrollo
de la revolución hasta la victoria final. Por el contrario,
el derrotero que seguían los mencheviques era el del estrangulamiento
de la revolución. En vez del derrocamiento del zarismo
mediante la insurrección, preconizaban su reforma y "mejoramiento";
en vez de la hegemonía del proletariado, la hegemonía
de la burguesía liberal; en vez de la alianza con los campesinos,
la alianza con la burguesía kadete; en vez de un gobierno
provisional revolucionario, la Duma, como centro de las "fuerzas
revolucionarias" del país.
Así fue como los mencheviques
se hundieron en la charca del reformismo, convirtiéndose
en vehículo de la influencia burguesa sobre la clase obrera
y pasando a ser, de hecho, agentes de la burguesía en el
campo proletario.
Los bolcheviques demostraron ser la
única fuerza marxista revolucionaria que había en
el Partido y en el país.
Como es lógico, después
de producirse discrepancias tan graves, el P.O.S.D.R. apareció,
de hecho, escindido en dos partidos, el partido bolchevique y
el partido menchevique. El IV Congreso no hizo cambiar en nada
la situación de hecho existente dentro del Partido. No
hizo más que mantener y afianzar un poco su unidad formal.
El V Congreso representó un paso de avance en el sentido
de la unificación efectiva del Partido, unificación
que, además, se llevó a efecto bajo la bandera bolchevique.
Haciendo el balance del movimiento revolucionario,
el V Congreso del Partido condenó la línea menchevique,
como una línea reformista, y aprobó la línea
bolchevique, como la línea marxista revolucionaria. Con
esto confirmó, una vez más, lo que había
sido ya confirmado por toda la marcha de la primera revolución
rusa.
La revolución puso de manifiesto
que los bolcheviques saben avanzar, cuando así lo exige
la situación, y que han aprendido a avanzar en vanguardia
llevando con ellos el pueblo al asalto. Pero puso de relieve,
asimismo, que los bolcheviques saben también replegarse
ordenadamente, cuando la situación toma un carácter
desfavorable, cuando la revolución declina, y han aprendido
a replegarse certeramente, sin pánico y sin precipitación,
para mantener indemnes sus cuadros, acumular fuerzas y, después
de rehacerse con arreglo a la nueva situación, lanzarse
de nuevo al ataque contra el enemigo.
No es posible vencer al enemigo, si
no se sabe atacar certeramente.
No es posible evitar un descalabro en
caso de derrota, si no se sabe retroceder certeramente, replegándose
sin pánico y en perfecto orden.
---------------
[1] Asamblea de representantes de estamentos
en Rusia. Se convocaba en los siglos XVI y XVII para conferenciar
con el gobierno. (N. del T.).