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Parte UnoViene de La Insurrección de 1905.

Parte II. La Huelga Política.

4. La Revolución prosigue su marcha ascendente. - La huelga política general de octubre de 1905 en toda Rusia. - Repliegue del zarismo. - El mensaje del zar. - Aparecen los Soviets de diputados obreros.

Hacia el otoño de 1905, el movimiento revolucionario se extendió a todo el país, cobrando, además, un brío arrollador.

El 19 de septiembre estalló en Moscú una huelga de los obreros tipógrafos. De Moscú se extendió a Petersburgo y a otras ciudades. En Moscú fue apoyada por los obreros de otras industrias y se convirtió en una huelga general de carácter político.

En los primeros días de octubre comenzó la huelga en el ferrocarril de Moscú a Kazán. Al día siguiente, estaban en huelga los obreros de todo el nudo ferroviario de Moscú. Pronto la huelga se extendió a todos los ferrocarriles del país. Pararon también los empleados de Correos y Telégrafos. Los obreros de diversas ciudades de Rusia se reunieron en grandes mítines y acordaron abandonar el trabajo. La huelga iba extendiéndose de una fábrica a otra, de una empresa a otra, de una ciudad a otra y de una a otra región. Hacían causa común con los obreros huelguistas los pequeños empleados, los estudiantes, los intelectuales, abogados, ingenieros, médicos, etc.

La huelga política general de octubre se extendió a toda Rusia, se comunicó a casi todo el país, hasta a las comarcas más remotas, y arrastró a casi todos los obreros, hasta las capas más atrasadas. En esta huelga general de carácter político tomaron parte cerca de un millón de hombres, contando solamente los obreros industriales, sin incluir a los ferroviarios, los empleados de Correos y Telégrafos ni otras ramas de trabajo, que dieron también un gran contingente de huelguistas. Toda la vida del país quedó paralizada. El gobierno veíase atado de pies y manos.

La clase obrera marchaba a la cabeza de la lucha de las masas populares contra la autocracia.

La consigna de los bolcheviques sobre la huelga política de masas daba sus frutos.

La huelga general de octubre puso de manifiesto la fuerza, la potencia del movimiento proletario, y obligó al zar, muerto de miedo, a lanzar su mensaje del 17 de octubre de 1905. En este mensaje, el zar prometía al pueblo "las bases inconmovibles de las libertades políticas: inviolabilidad efectiva de la personalidad, libertad de conciencia, de palabra, de reunión y de asociación". Prometía, además, convocar una Duma legislativa, concediendo derechos electorales a todas las clases de la población.

La fuerza de la revolución se encargó, pues, de barrer la Duma puramente consultiva de Buliguin. La táctica bolchevique de boicot contra esta caricatura de parlamento había sido acertada.

Sin embargo, el mensaje del 17 de octubre era una maniobra para engañar a las masas del pueblo, una añazaga del zar, una especie de respiro que éste necesitaba para aturdir a los incautos, ganar tiempo, acumular fuerzas y luego descargar un golpe contra la revolución. El gobierno zarista, aunque prometía de palabra conceder la libertad, no daba nada sustancial al pueblo. De momento, los obreros y campesinos no habían recibido del gobierno otra cosa que promesas. En vez de la gran amnistía política que se esperaba, el 21 de octubre fue amnistiado solamente un puñado de presos políticos. Al mismo tiempo, con objeto de sembrar la discordia entre las fuerzas del pueblo, el gobierno organizó una serie de sangrientos pogromos de judíos, en los que perecieron miles y miles de seres, creó varias bandas policíacas, como la "Unión del pueblo ruso", la "Liga del Arcángel San Miguel", etc., destinadas a reprimir la revolución. Estas organizaciones, en las que llevaban la voz cantante los terratenientes y comerciantes reaccionarios, los popes y algunos elementos presidiables del hampa, fueron bautizadas por el pueblo con el nombre de "Centurias Negras". Los individuos de estas bandas, en colaboración con la policía, apaleaban y asesinaban impunemente a obreros avanzados, a intelectuales y estudiantes revolucionarios, pegaban fuego a los locales y disolvían a tiros los mítines y las manifestaciones. A esto se reducían, por el momento, los resultados tangibles del mensaje del zar.

Entre el pueblo circulaba por aquel entonces esta copla acerca del mensaje del zar:

"El zar, todo asustado,
ha lanzado un mensaje:
libertad a los muertos,
los vivos a la cárcel."

Los bolcheviques hacían ver a las masas que el mensaje del zar era una celada. Fustigaban como una provocación la conducta del gobierno después de dar el mensaje. Llamaban a los obreros a las armas, a preparar la insurrección armada.

Los obreros dedicábanse aún más enérgicamente a formar sus milicias armadas. Comprendían claramente que aquella primera victoria del 17 de octubre, arrancada por la huelga política general, les obligaba a seguir desplegando sus esfuerzos, a seguir luchando por el derrocamiento del zarismo.

Lenin, enjuiciando el mensaje del 17 de octubre, lo caracterizaba como un momento de cierto equilibrio provisional de fuerzas, en el que el proletariado y los campesinos, habiendo arrancado al zar aquel mensaje, no tenían aún fuerza para derribar el zarismo, pero éste no podía ya gobernar exclusivamente con los medios antiguos y veíase obligado a prometer de palabra "libertades políticas" y una Duma "legislativa".

En los días agitados de la huelga política de octubre, bajo el fuego de la lucha contra el zarismo, la iniciativa creadora revolucionaria de las masas obreras forjó una nueva y poderosa arma: los Soviets de diputados obreros.

Los Soviets de diputados obreros, asambleas de delegados de todas las fábricas y empresas industriales, eran una organización política de masas de la clase obrera sin precedente en el mundo. Estos Soviets, que aparecieron por vez primera en 1905, habían de ser el prototipo del Poder Soviético, creado por el proletariado, bajo la dirección del Partido Bolchevique, en 1917. Los Soviets eran una nueva forma revolucionaria, fruto de la inventiva popular. Fueron creados exclusivamente por las capas revolucionarias de la población, saltando por encima de todas las leyes y normas del zarismo. Fueron obra de la iniciativa propia de las masas, lanzadas a la lucha contra el régimen zarista.

Los bolcheviques veían en los Soviets el germen del Poder revolucionario. Y entendían que la fuerza y la importancia de los Soviets dependían de la fuerza y de los éxitos de la insurrección.

Los mencheviques no consideraban a los Soviets ni como órganos incipientes del Poder revolucionario ni como órganos de la insurrección. Veían en ellos, simplemente, órganos de autonomía local, una especie de ayuntamientos urbanos democratizados.

El 13 (26) de octubre de 1905, efectuáronse en todas las fábricas y empresas industriales de Petersburgo las elecciones al Soviet de diputados obreros. Por la noche, se celebró la primera sesión del Soviet. Poco después del de Petersburgo, se organizó el Soviet de diputados obreros de Moscú.

El Soviet de diputados obreros de Petersburgo, por ser el del centro industrial y revolucionario más importante de Rusia, el de la capital del Imperio zarista, estaba llamado a desempeñar un papel decisivo en la revolución de 1905. Pero su mala dirección, que estaba en manos de los mencheviques, le impidió cumplir con su misión. Como es sabido, por aquel entonces Lenin no se hallaba aún en Petersburgo, sino que continuaba en el extranjero. Los mencheviques, aprovechándose de su ausencia, se deslizaron en el Soviet de Petersburgo y se adueñaron de su dirección. En estas condiciones, no es extraño que los mencheviques Jrustaliev, Trotski, Parvus y otros consiguiesen poner el Soviet de Petersburgo en contra de la política de la insurrección. En vez de acercar a los soldados al Soviet e incorporarlos a la lucha general, exigieron que fuesen alejados de Petersburgo. En vez de armar a los obreros y prepararlos para la insurrección, el Soviet daba vueltas y más vueltas sin moverse del sitio y adoptaba una actitud negativa ante la preparación del movimiento insurreccional.

Totalmente distinto fue el papel que desempeñó en la revolución el Soviet de diputados obreros de Moscú. El Soviet de Moscú llevó a cabo desde los primeros días de su existencia una política revolucionaria consecuente. La dirección de este Soviet estaba en manos de los bolcheviques. Gracias a éstos, surgió en Moscú, al lado del Soviet de diputados obreros, un Soviet de diputados soldados. El Soviet de Moscú se convirtió en el órgano de la insurrección armada.

Durante los meses de octubre a diciembre de 1905, creáronse Soviets de diputados obreros en una serie de grandes ciudades y en casi todos los centros obreros. Hubo intentos de organización de Soviets de diputados de soldados y marinos y de fusión de éstos con los diputados obreros. En algunos sitios, surgieron Soviets de diputados obreros y campesinos.

La influencia de los Soviets era inmensa. A pesar de que a menudo habían brotado de un modo espontáneo, sin estar estructurados ni tener una composición coherente, actuaban como Poder. Los Soviets implantaron por vía de hecho la libertad de prensa y la jornada de 8 horas, y se dirigieron al pueblo incitándole a no pagar los impuestos al gobierno zarista. En algunos casos, procedían a confiscar el dinero del erario zarista y lo invertían en las necesidades de la revolución.

5. La insurrección armada de diciembre. - Es derrotada la insurrección. - La Revolución se repliega. - La primera Duma. - El IV Congreso (de unificación) del Partido.

La lucha revolucionaria de las masas siguió desarrollándose con una fuerza enorme durante los meses de octubre y noviembre de 1905. El movimiento de huelgas obreras seguía su curso.

En el otoño de 1905 cobró amplias proporciones la lucha de los campesinos contra los terratenientes. El movimiento campesino abarcaba ya más de una tercera parte de los distritos de todo el país. En las provincias de Saratov, Tambov, Chernígov, Tiflis, Kutaís y algunas otras se desarrolló una verdadera insurrección campesina. A pesar de esto, las masas campesinas no tenían aún suficiente empuje. El movimiento campesino adolecía de falta de organización y de dirección.

Crecía también la agitación entre las masas de soldados en una serie de ciudades, como Tiflis, Vladivostok, Tashkent, Samarcanda, Kursk, Sujum, Varsovia, Kiev y Riga. Estalló también una sublevación entre los marinos de Cronstadt y en la escuadra del Mar Negro, en Sebasarribaol (noviembre de 1905). Pero estas sublevaciones, aisladas, fueron aplastadas por el zarismo.

En algunas unidades del ejército y de la flota, el motivo que daba origen a las sublevaciones era, no pocas veces, la grosería de los oficiales, la mala calidad del rancho ("revueltas de garbanzos"), etc.

La masa de los marinos y soldados sublevados no tenía aún clara conciencia de la necesidad de derribar el gobierno zarista y de proseguir enérgicamente la lucha armada. Los soldados y marinos sublevados abrigaban aún un espíritu demasiado pacífico y generoso: con frecuencia, cometían el error de poner en libertad a los jefes y oficiales detenidos, al estallar la sublevación, dejándose llevar de las promesas y de los subterfugios del mando.

La revolución entraba de lleno en la fase de la insurrección armada. Los bolcheviques habían llamado a las masas a la insurrección armada contra el zar y los terratenientes, explicándoles la inevitable necesidad de acudir a ella. Sin darse punto de reposo, se pusieron a preparar la insurrección armada. Desplegando su labor revolucionaria entre los soldados y los marinos, crearon dentro del ejército organizaciones militares del Partido. En una serie de ciudades se formaron milicias armadas de obreros, enseñándose a sus componentes a manejar las armas. Fue organizada la compra de armas en el extranjero y su transporte clandestino a Rusia. En estas actividades tomaron parte prestigiosos militantes del partido.

En noviembre de 1905, Lenin regresó a Rusia. Ocultándose de los gendarmes y espías zaristas, tomó personalmente parte, durante aquellos días, en la preparación de la insurrección armada. Sus artículos, publicados en el periódico bolchevique "Novaia Zhisn" ("Vida Nueva"), daban orientaciones para el trabajo diario del Partido.

Por aquel entonces, el camarada Stalin desplegaba una formidable labor revolucionaria en Transcaucasia. Desenmascaraba y deshacía a los mencheviques, como enemigos de la revolución y de la insurrección armada, y preparaba tenazmente a los obreros para la lucha decisiva contra la autocracia. En un mitin celebrado en Tiflis el día que fue hecho público el mensaje del zar, Stalin dijo a los obreros:

"¿Qué necesitamos para conseguir un verdadero triunfo? Necesitamos tres cosas: armamento, armamento y más armamento"

En diciembre de 1905, se reunió en Tammerfors (Finlandia) la conferencia de los bolcheviques. Aunque formalmente bolcheviques y menchevique formaban parte del mismo partido, del Partido socialdemócrata, de hecho representaban dos partidos distintos, cada cual con sus órganos centrales correspondientes. En esta conferencia fue donde se conocieron personalmente Lenin y Stalin. Hasta entonces, se habían mantenido constantemente en relaciones, por medio de cartas o a través de camaradas.

Entre los acuerdos de Tammerfors hay que señalar aquí dos: uno, sobre el restablecimiento de la unidad del Partido, escindido de hecho en dos, y otro, sobre el boicot a la primera Duma, a la llamada Duma de Witte.

Como por aquellos días había estallado ya en Moscú la insurrección armada, la conferencia, por consejo de Lenin, se apresuró a terminar sus tareas y los delegados regresaron a sus respectivas localidades, para tomar parte personalmente en la insurrección.

Pero tampoco el gobierno zarista se dormía. También él se preparaba para la lucha decisiva. Después de concertar la paz con el Japón, aliviando con ello su difícil situación, el gobierno zarista pasó a la ofensiva contra los obreros y los campesinos. Proclamó el estado de guerra en una serie de provincias, a las que afectaba la insurrección campesina, dio órdenes brutales -"¡nada de prisioneros!", "¡no escatimar cartuchos!"- y ordenó la detención de los dirigentes del movimiento revolucionario y la disolución de los Soviets de diputados obreros.

Los bolcheviques de Moscú y el Soviet de diputados obreros de esta capital, dirigido por ellos y vinculado a grandes masas obreras, acordaron en vista de esto llevar a cabo la preparación inmediata de la insurrección armada. El 5 (18) de diciembre, el Comité de Moscú tomó el acuerdo de proponer al Soviet declarar la huelga general de carácter político, para luego, en el transcurso de la lucha, convertirla en insurrección. Este acuerdo fue apoyado por mítines obreros de masas. El Soviet de Moscú, sometiéndose a la voluntad de la clase obrera, decidió por unanimidad declarar la huelga general.

El proletariado de Moscú contaba, al comenzar la insurrección, con su propia milicia: cerca de mil hombres, más de la mitad de los cuales eran bolcheviques. Existían también milicias en una serie de fábricas de Moscú. El número total de milicianos de que disponían los revolucionarios era de unos dos mil. Los obreros contaban con que podrían neutralizar y dividir a las tropas de la guarnición, haciendo pasar a su campo a una parte de ella.

El 7 (20) de diciembre comenzó la huelga política en Moscú. No se consiguió, sin embargo, que la huelga se extendiese a todo el país; en Petersburgo, no se encontró el apoyo necesario, lo que contribuyó a debilitar, desde el primer momento, las posibilidades de éxito de la insurrección: El ferrocarril de Nicolás, hoy de Octubre, hallábase en manos del gobierno zarista. El tráfico en esta línea ferroviaria no se paralizó, y el gobierno pudo transportar de Petersburgo a Moscú los regimientos de la Guardia para aplastar la insurrección.

La guarnición de Moscú estaba vacilante. Los obreros se habían lanzado al movimiento insurrecional, confiando, en parte, en el apoyo de la guarnición. Pero los revolucionarios perdieron tiempo, y el gobierno zarista pudo triunfar de las revueltas en la guarnición.

El 9 (22) de diciembre se levantaron en Moscú las primeras barricadas. Pronto estuvieron cubiertas de barricadas las calles de la ciudad. El gobierno zarista puso en acción la artillería. Concentró tropas, cuyo número excedía en una desproporción arrolladora al de las fuerzas de los revolucionarios. Durante nueve días, unos cuantos miles de obreros armados mantuvieron una lucha heroica. Para poder ahogar la insurrección, el zarismo vióse obligado a traer tropas de Petersburgo, de Tver y del territorio Oeste. Los órganos dirigentes del movimiento habían sido, en parte, detenidos y, en parte, aislados en la víspera del día en que comenzó la lucha. El Comité bolchevique de Moscú fue detenido. La acción armada se convirtió en una insurrección de distritos sueltos, sin conexión entre sí. Carentes de un centro de dirección y sin un plan general de lucha en toda la ciudad, los distritos luchaban, fundamentalmente, a la defensiva. Y ésta fue, como más tarde había de hacer notar Lenin, una de las razones fundamentales de la debilidad de la insurrección de Moscú y una de las causas de su fracaso.

La insurrección adquirió un carácter especialmente tenaz y encarnizado en la barriada de Krasnaia Presnia en Moscú. Esta barriada era la fortaleza principal, el centro de la insurrección. Era allí donde estaban concentradas las mejores milicias, dirigidas por los bolcheviques. Pero fue sometida a sangre y fuego, anegada en sangre y reducida a escombros por los incendios provocados por la artillería. La insurrección de Moscú quedó aplastada.

La insurrección no quedó circunscrita a Moscú. El movimiento revolucionario insurreccional se extendió también a otras ciudades y regiones, como Krasnoyarsk, Motovilija (Perm), Novorosisk, Sormovo, Sebasarribaol y Cronstadt.

Tomaron también parte en la lucha armada las nacionalidades oprimidas de Rusia. La insurrección prendió en casi toda Georgia. Estalló también una gran insurrección en Ucrania, en la cuenca del Donetz: en Gorlovka, Alexandrovsk y Lugansk (hoy Voroshilovgrado). En Letonia, la lucha fue tenacísima. En Finlandia, los obreros crearon su guardia roja y se lanzaron también a la insurrección.

Pero todas estas insurrecciones fueron, al igual que la de Moscú, aplastadas con una crueldad inhumana por el zarismo.

Los mencheviques y los bolcheviques enjuiciaron de un modo distinto la insurrección armada de diciembre.

El menchevique Plejanov lanzó al Partido, después de la insurrección armada, este reproche: "No había que haber empuñado las armas". Los mencheviques exponían que la insurrección era innecesaria y perjudicial, que en las revoluciones se pude prescindir de la insurrección y que el éxito no se logra con insurrecciones armadas, sino por medios pacíficos de lucha.

Los bolcheviques estigmatizaron este juicio como una traición. Ellos entendían que la experiencia de la insurrección armada de Moscú no hacía más que confirmar la necesidad de una lucha armada victoriosa de la clase obrera. Contestando al reproche de Plejanov cuando decía que "no había que haber empuñado las armas", Lenin escribió:

"Por el contrario, lo que se debió hacer fue empuñar las armas más resueltamente, con más energía y mayor acometividad, explicar a las masas la imposibilidad de una huelga puramente pacífica y la necesidad de una lucha armada intrépida e implacable" (Lenin, t. X, pág. 50, ed. rusa).

La insurrección de diciembre de 1905 marca el punto culminante de la revolución. En diciembre, la autocracia zarista infligió a la insurrección una derrota. Después del fracaso de la insurrección de diciembre, comenzó el viraje hacia el repliegue gradual de la revolución. La marcha ascendente de ésta cesó, comenzando su descenso gradual.

El gobierno zarista se apresuró a aprovecharse de esta derrota para estrangular la revolución. Los verdugos y los carceleros zaristas comenzaron su faena sangrienta. En Polonia, en Letonia, en Estonia, en la Transcaucasia, en Siberia, por todas partes hicieron estragos las expediciones de castigo.

Pero la revolución aun no estaba aplastada. Los obreros y los campesinos revolucionarios, replegábanse poco a poco y luchando. Nuevas capas de obreros eran arrastradas a la lucha. El número de obreros huelguistas fue, en 1906, de más de un millón; en 1907, 740.000. En el primer semestre del año 1906, el movimiento campesino se extendía a cerca de la mitad de los distritos de la Rusia zarista; en el segundo semestre de dicho año, a una quinta parte. La agitación dentro del ejército y de la flota continuaba.

En su lucha contra la revolución, el gobierno zarista no se limitó a la simple represión. Después de alcanzar los primeros éxitos por la vía represiva, decidió asestar un nuevo golpe a la revolución, mediante la convocatoria de una nueva Duma, "legislativa". Mediante esta maniobra, aspiraba a desviar a los campesinos de la revolución, haciéndola así fracasar. En diciembre de 1905, el gobierno zarista dictó una ley sobre la convocatoria de una nueva Duma, "legislativa", a diferencia de la antigua Duma "consultiva" de Buliguin, que había fracasado gracias al boicot de los bolcheviques. La ley electoral zarista era, naturalmente, antidemocrática. Las elecciones no tenían carácter general. Quedaba privada en absoluto de voto más de la mitad de la población, por ejemplo: las mujeres y más de dos millones de obreros. El voto no era igual. Los electores se clasificaban en cuatro "curias", como se decía en el lenguaje de la época: la agraria (terratenientes), la urbana (burguesía), la campesina y la obrera. Las elecciones no eran directas, sino de varios grados. De hecho, el voto no era secreto. La ley electoral garantizaba un predominio formidable en la Duma a un puñado de terratenientes y capitalistas sobre los millones de obreros y campesinos.

Con la Duma, el zar pretendía desviar a las masas de la revolución. Una parte considerable de los campesinos creía, en aquel tiempo, en la posibilidad de obtener la tierra por medio de la Duma. Los kadetes, los mencheviques y los socialrevolucionarios engañaban a los obreros y a los campesinos, haciéndoles creer que era posible conseguir el régimen que el pueblo necesitaba sin insurrección y sin revolución. Para luchar contra este engaño de que se hacía objeto al pueblo, los bolcheviques declararon y llevaron a cabo la táctica de boicotear la primera Duma, en cumplimiento de acuerdo tomado en la Conferencia de Tammerfors.

Los obreros empeñados en la lucha contra el zarismo, exigían, al mismo tiempo, la unidad de las fuerzas del Partido, la unificación del Partido del proletariado. Los bolcheviques, pertrechados con el acuerdo de unidad tomado en la Conferencia de Tammerfors, que ya conocemos, apoyaron esta aspiración de los obreros y propusieron a los mencheviques convocar un Congreso de unificación del Partido. Bajo la presión de las masas obreras, los mencheviques no tuvieron más remedio que acceder a la unificación.

Lenin era partidario de la unificación, pero de una unificación en la cual no se eludiesen las discrepancias referentes a los problemas de la revolución. Causaban gran daño al Partido los conciliadores (Bogdanov, Krasin y otros), con sus esfuerzos por demostrar que entre los bolcheviques y los mencheviques no existían discrepancias importantes. Luchando contra los conciliadores, Lenin exigía que los bolcheviques se presentasen en el Congreso con su propia plataforma, para que los obreros pudiesen ver claramente cuáles eran las posiciones de los bolcheviques y sobre qué bases se operaba la unificación. Los bolcheviques formularon esta plataforma y la pusieron a discusión entre los miembros del Partido.

En abril de 1906 se reunió en Estocolmo (Suecia) el IV Congreso del P.O.S.D.R., que se conoce con el nombre de Congreso de Unificación. Tomaron parte en este Congreso 111 delegados con voz y voto, en representación de 57 organizaciones de base del Partido. Además, asistieron a él representantes de algunos partidos socialdemócratas nacionales: 3 del "Bund", 3 del Partido socialdemócrata polaco y 3 de la organización socialdemócrata de Letonia.

A consecuencia de la represión que se desató contra las organizaciones bolcheviques durante la insurrección de diciembre y después de ella, no todas pudieron enviar sus delegados al Congreso. Además, los mencheviques habían acogido en sus filas, durante los "días de la libertad" del año 1905, una masa de intelectuales pequeño burgueses, que no tenían la menor afinidad con el marxismo revolucionario. Basta indicar que los menchevique de Tiflis (donde había pocos obreros industriales) enviaron al Congreso el mismo número de delegados que la organización proletaria más fuerte, que era la de Petersburgo. Así se explica que en el Congreso de Estocolmo, los mencheviques contasen, aunque en proporción insignificante, con la mayoría.

Esta composición del Congreso determinó el carácter menchevique de los acuerdos tomados por él respecto a toda una serie de problemas.

En este Congreso se estableció una unificación puramente formal. En el fondo, bolcheviques y mencheviques siguieron manteniendo sus ideas y sus organizaciones propias e independientes.

Los problemas más importantes discutidos en el IV Congreso fueron: el problema agrario, la apreciación del momento y de las tareas de clase del proletariado, la actitud ante la Duma y los problemas de organización.

A pesar de tener mayoría en el Congreso, los mencheviques viéronse obligados, para no enfrentarse con los obreros, a reconocer la fórmula de Lenin en cuanto al primer artículo de los estatutos, sobre la condición de miembro del Partido.

En el problema agrario, Lenin defendió la nacionalización de la tierra, pero sólo la consideraba posible si triunfase la revolución, si se derrocase al zarismo. En estas condiciones, la nacionalización de la tierra facilitaría al proletariado, aliado a los campesinos pobres, el paso a la revolución socialista. La nacionalización de la tierra exigía la expropiación sin indemnización (confiscación) de toda la tierra de los terratenientes en provecho de los campesinos. El programa agrario de los bolcheviques llamaba a los campesinos a la revolución contra el zar y los terratenientes.

Muy otras eran las posiciones de los mencheviques. Estos defendían el programa de la municipalización. Según este programa, las tierras de los terratenientes no se adjudicarían a las colectividades de campesinos, ni siquiera se entregarían en disfrute a éstos, sino que se pondrían a disposición de los municipios (es decir, de los organismos locales o Zemstvos). Los campesinos que quisiesen tierra tendrían que arrendarla, cada cual con arreglo a sus propios medios.

El programa menchevique de la municipalización era un programa oportunista y, por ello, pernicioso para la revolución. No podía movilizar a los campesinos para una lucha revolucionaria, no tenía en miras la supresión completa de la propiedad feudal de la tierra. El programa menchevique implicaba una solución bastarda de la revolución. Los mencheviques no querían alzar a los campesinos a la revolución.

El Congreso aprobó por mayoría de votos el programa menchevique.

Pero donde los mencheviques pusieron más al desnudo su fondo antiproletario y oportunista fue al discutir la resolución presentada sobre la apreciación del momento y sobre la Duma. El menchevique Martinov se manifestó francamente en contra de la hegemonía del proletariado en la revolución. Contestando a los mencheviques, el camarada Stalin planteó el problema tajantemente:

"O hegemonía del proletariado o hegemonía de la burguesía democrática: así es como está planteado el problema dentro del Partido y en esto es en lo que estriban nuestras discrepancias".

En cuanto a la Duma, los mencheviques la preconizaban en su resolución como el mejor medio para resolver los problemas de la revolución y para liberar al pueblo del zarismo. Por el contrario, los bolcheviques consideraban la Duma como un apéndice importante del zarismo, como una pantalla para cubrir las lacerías del régimen zarista y que éste se cuidaría de quitar de en medio tan pronto como le resultase molesta.

Del Comité Central del Partido elegido en el IV Congreso, formaban parte 3 bolcheviques y 6 mencheviques. Para la redacción de órgano central fueron elegidos exclusivamente mencheviques.

Era evidente que la lucha intestina del Partido continuaría.

La lucha entre bolcheviques y mencheviques recrudeció todavía más después del IV Congreso. En las organizaciones locales, formalmente unificadas, era muy corriente que el informe acerca del Congreso corriese a cargo de dos oradores, uno bolchevique y otro menchevique. Como resultado de la discusión de las dos líneas, la mayoría de los afiliados a la organización votaba, en los más de los casos, con los bolcheviques.

La realidad se encargaba de demostrar cada vez más la razón de los bolcheviques. El Comité Central menchevique elegido en el IV Congreso iba revelando cada vez más claramente su oportunismo y su total incapacidad para dirigir la lucha revolucionaria de las masas. Durante el verano y el otoño de 1906, la lucha revolucionaria de las masas volvió a recrudecer. En Cronstadt y en Sveaborg se sublevaron los marinos. Estalló la lucha de los campesinos contra los terratenientes. Y el C. C. menchevique deba consignas oportunistas, que no eran seguidas por las masas.

6. Disolución de la primera y convocatoria de la segunda Duma. - El V Congreso del Partido. - Disolución de la segunda Duma. - Causas de la derrota de la primera revolución rusa.

Como la primera Duma no resultó ser lo bastante sumisa, el gobierno zarista procedió a disolverla en el verano de 1906. El gobierno recrudeció todavía más la represión contra el pueblo, envió por todo el país expediciones de castigo, que sembraban por todas partes el terror, y proclamó su decisión de convocar en breve plazo la segunda Duma. El gobierno zarista mostraba ya claramente su insolencia. Ya no temía a la revolución, pues veía que ésta iba en descenso.

Los bolcheviques tuvieron que decidirse acerca del problema de tomar parte en la segunda Duma o boicotearla. Y al hablar de boicot, no se referían meramente a la simple abstención electoral, sino a una campaña de boicot activo. Veían en este boicot activo un medio revolucionario para poner en guardia al pueblo contra los intentos del zar de desviarle del camino revolucionario, para traerle al camino "constitucional" zarista; el medio de hacer fracasar estos intentos y de organizar una nueva acometida del pueblo contra el zarismo.

La experiencia de boicot contra la Duma buliguiniana había puesto de manifiesto que el boicot "era la única táctica acertada, confirmada plenamente por los acontecimientos" (Lenin, t. X, pág. 27, ed. rusa). Aquel boicot había sido coronado por el éxito, pues no sólo había puesto al pueblo en guardia contra los peligros que le acechaban por el camino constitucional zarista, sino que había conseguido hacer fracasar la Duma ya antes de nacer. Tuvo éxito, porque se había puesto en práctica en la etapa ascendente de la revolución y apoyándose en sus avances, y no en la etapa del descenso revolucionario, pues sólo bajo las condiciones del auge de la revolución era posible hacer fracasar la Duma.

El boicot contra la Duma de Witte, o sea contra la primera Duma, se aplicó después del fracaso de la insurrección de diciembre; cuando ya el zar había salido vencedor, es decir, cuando ya había que suponer que la revolución declinaba.

"Pero, de suyo se comprende -escribía Lenin- que este triunfo (el del zar. N. de la R.) no podía considerarse aún por aquel entonces, como decisivo. La insurrección de diciembre de 1905 tuvo su continuación en toda una serie de insurrecciones en el ejército, desarticuladas y parciales, y huelgas, que se produjeron durante el verano de 1906. La consigna del boicot contra la Duma de Witte era una consigna de lucha encaminada a concentrar y generalizar estas insurrecciones" (Lenin, t. XII, pág. 20, ed. rusa).

El boicot contra la Duma de Witte no logró hacerla fracasar, aunque socavase considerablemente la autoridad de la Duma y quebrantase la fe de una parte de la población en ella. Y no logró hacerla fracasar, porque este boicot se había llevado a cabo, como después se vió ya claro, en la etapa del descenso, de declinación de la revolución. He aquí por qué el boicot contra la primera Duma, establecido en 1906, no tuvo éxito. En su célebre folleto titulado "El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo", dice Lenin, refiriéndose a aquel boicot:

"El boicot de los bolcheviques contra el "parlamento" en el año 1905 enriqueció al proletariado revolucionario con una experiencia política extraordinariamente preciosa, haciéndole ver que, en la combinación de las formas legales e ilegales, de las formas parlamentarias y extraparlamentarias de lucha es, a veces, conveniente y hasta obligado saber renunciar a las formas parlamentarias... Lo que constituyó ya un error, aunque no grande y fácilmente corregible, fue el boicot por los bolcheviques de la "Duma" en 1906... De la política y de los partidos se puede decir -con las variaciones correspondientes- lo mismo que de los individuos. No es inteligente quien no comete errores. Hombres que no cometan errores no los hay ni puede haber. Inteligente es quien comete errores que no son muy graves y sabe corregirlos bien y pronto" (Lenin, t. XXV, págs 182-183, ed. rusa).

Por lo que se refiere a la segunda Duma, Lenin entendía que, teniendo en cuenta la nueva situación y el descenso del movimiento revolucionario, los bolcheviques "debían someter a revisión el problema del boicot de la Duma" (Lenin, t. X, pág. 26, ed. rusa).

"La historia enseña -escribía Lenin- que cuando se reúne la Duma, cabe desplegar una agitación provechosa desde su interior y en torno a ella; que dentro de la Duma es posible llevar a cabo la táctica de acercamiento a los campesinos revolucionarios contra los kadetes" (Obra citada, pág. 29).

De todo esto se desprendía que es necesario no sólo saber avanzar resueltamente y en primera línea, cuando la revolución se halla en su etapa ascendente, sino también saber replegarse con acierto y apurando el terreno, cuando la etapa ascendente de la revolución cesa, cambiando de táctica con arreglo a los cambios operados en la situación; y replegarse no en desorden, sino de un modo organizado, con serenidad, sin pánico, aprovechando hasta las más pequeñas posibilidades para salvar los cuadros de la furia de la contrarrevolución, reorganizándose, acumulando fuerzas y preparándose para un nuevo ataque contra el enemigo.

Los bolcheviques decidieron participar en las elecciones a la segunda Duma.

Pero no iban a ella para intervenir en las tareas orgánicas "legislativas", coaligados a los kadetes, como lo hicieron los mencheviques, sino para utilizarla como tribuna al servicio de la revolución.

En cambio, el Comité Central menchevique hizo un llamamiento para que se pactasen acuerdos electorales con los kadetes y se les apoyase en la Duma, considerando a ésta como un organismo legislativo, capaz de poner un freno al gobierno zarista.

La mayoría de las organizaciones del Partido se manifestó en contra de la política del C.C. menchevique. Los bolcheviques exigieron que se convocase un nuevo Congreso del Partido.

En mayo de 1907 se reunió en Londres el V Congreso del Partido. Por aquel entonces, el P.O.S.D.R. (en unión de las organizaciones socialdemócratas nacionales) contaba ya con 150.000 afiliados. Asistieron al Congreso, en total, 336 delegados; de ellos, 105 bolcheviques y 97 mencheviques. Los restantes representaban a las organizaciones socialdemócratas nacionales: a la socialdemocracia polaca y letona y al "Bund", que habían sido admitidos dentro del P.O.S.D.R. en el Congreso anterior.

Trotski intentó formar en este Congreso su grupito centrista, es decir, semimenchevique, como grupo aparte, pero nadie se prestó a seguirle.

Como los bolcheviques arrastraban con ellos a los polacos y a los letones, disponían de una sólida mayoría en el Congreso.

Uno de los problemas fundamentales sobre los que giró la lucha en el Congreso fue el de las relaciones con los partidos burgueses. Este problema había sido ya objeto de lucha entre los bolcheviques y los mencheviques en el II Congreso. El Congreso enjuició con el criterio bolchevique a todos los partidos no proletarios -centurias negras, octubristas, kadetes y socialrevolucionarios- y trazó frente a ellos una táctica bolchevique.

El Congreso aprobó la política de los bolcheviques, y tomó el acuerdo de mantener una lucha implacable, tanto contra los partidos de las centurias negras -la "Unión del pueblo ruso", los monárquicos, el Consejo de la nobleza unificada- como contra la "Unión del 17 de octubre" (octubristas), el partido comercial-industrial y el partido de la "Renovación pacífica", que eran todos partidos netamente contrarrevolucionarios.

Respecto a la burguesía liberal, al partido cadete, el Congreso preconizó una lucha irreconciliable de desenmascaramiento contra él. Acordó que era necesario desenmascarar el "democratismo" hipócrita y farisaico del partido cadete y luchar contra los intentos de la burguesía liberal de ponerse a la cabeza del movimiento campesino.

Por lo que se refiere a los partidos llamados populistas o de trabajo (socialistas populares, agrupación de trabajo y socialrevolucionarios), el Congreso recomendaba que se desenmascarasen sus intentos de disfrazarse de socialistas. Al mismo tiempo, admitía la posibilidad de establecer acuerdos concretos con estos partidos para luchar conjunta y simultáneamente contra el zarismo y la burguesía kadete, ya que aquellos partidos eran, por aquel entonces, democráticos y reflejaban los intereses de la pequeña burguesía de la ciudad y del campo.

Ya antes de celebrarse el Congreso, los mencheviques habían lanzado la propuesta de convocar un llamado "Congreso obrero". El plan menchevique consistía en convocar un congreso en el que tomasen parte, con los socialdemócratas, los socialrevolucionarios y los anarquistas. Se pretendía que el tal Congreso "obrero" crease una especie de "partido sin partido" o una especie de "amplio" partido obrero pequeñoburgués sin ningún programa. Lenin desenmascaró este pernicioso intento de los mencheviques, que iba encaminado a liquidar el Partido Obrero Social Demócrata y a diluir el destacamento de vanguardia de la clase obrera entre la masa pequeñoburguesa. El Congreso condenó enérgicamente la consigna menchevique del "Congreso obrero".

En las deliberaciones del V Congreso del Partido ocupó un lugar especial el problema de los sindicatos. Los mencheviques defendían la "neutralidad" de los sindicatos; es decir, manifestábanse en contra del papel dirigente del Partido en el movimiento sindical. El Congreso rechazó la propuesta de los mencheviques y aprobó la resolución presentada por los bolcheviques sobre los sindicatos. En esta resolución se señalaba que debía lucharse por que la dirección ideológica y política de los sindicatos estuviese en manos del Partido.

El V Congreso marcó un gran triunfo de los bolcheviques en el movimiento obrero. Pero los bolcheviques no se dejaron llevar del engreimiento ni se durmieron sobre los laureles. No era esto lo que Lenin les enseñaba. Sabían que tendrían que seguir luchando en los sucesivo contra los mencheviques.

En su artículo "Apuntes de un delegado", publicado en 1907, el camarada Stalin enjuiciaba así los resultados del Congreso:

"La unificación efectiva de los obreros más avanzados de toda Rusia en un único partido extensivo a todo el país bajo la bandera de la socialdemocracia revolucionaria: he aquí el sentido del Congreso de Londres, su carácter general".

En este artículo, el camarada Stalin aporta datos sobre la composición del Congreso. Los delegados bolcheviques representaban, fundamentalmente, a los grandes centros industriales (Petersburgo, Moscú, Ural, Ivánovo-Vosnsensk y otros). En cambio, los mencheviques acudieron al Congreso representando a las regiones de pequeña producción, en las que predominaban los obreros artesanos, los semiproletarios, así como también a una serie de regiones puramente campesinas.

"Es evidente -exponía el camarada Stalin, haciendo el balance del congreso- que la táctica de los bolcheviques es la táctica de los proletarios de la gran industria, la táctica de las regiones donde las contradicciones de clase aparecen más nítidas, y la lucha de clases es más tajante. El bolchevismo es la táctica de los auténticos proletarios. Y, por otra parte, no es menos evidente que la táctica de los mencheviques es, predominantemente, la táctica de los obreros artesanos y de los semiproletarios campesinos, la táctica de aquellas regiones en que los antagonismos de clase aparecen velados y la lucha de clases disimulada. El menchevismo es la táctica de los elementos semiburgueses del proletariado. Así lo indican los números" (Actas del V Congreso del P.O.S.D.R., XI y XII, 1935).

Después de disolver la primera Duma, el zar creyó tener en la segunda un instrumento más dócil. Pero tampoco ésta colmó sus esperanzas. En vista de ello, decidió disolver también esta Duma y convocar la tercera, restringiendo todavía más los derechos electorales, en la esperanza de tener en ella un instrumento más sumiso.

Poco después del V Congreso del Partido, el gobierno zarista dio el llamado golpe de Estado del 3 de junio, disolviendo la segunda Duma. La fracción socialdemócrata de la Duma, compuesta de 65 diputados, fue detenida y deportada a Siberia. Se dictó una nueva ley electoral. El derecho de voto de los obreros y campesinos sufrió nuevas restricciones. El gobierno zarista seguía atacando.

El ministro zarista Stolypin desplegaba su sangrienta represión contra los obreros y campesinos. Miles de obreros y campesinos revolucionarios morían fusilados o ahorcados por los destacamentos de castigo. En los calabozos zaristas eran torturados y martirizados millares de revolucionarios. Las organizaciones obreras, sobre todo las de tendencia bolchevique, eran perseguidas con una crueldad especial. Los sabuesos zaristas buscaban el rastro de Lenin, que vivía clandestinamente en Finlandia. Querían clavar su garra sangrienta en el jefe de la revolución. En diciembre de 1907, arrostrando un peligro enorme, Lenin logró trasladarse de nuevo al extranjero, a la emigración.

Comenzaron los terribles años de la reacción stolypiniana.

La primera revolución rusa había terminado, pues, con una derrota.

A ello contribuyeron las causas siguientes:

1. La revolución no contaba aún con una sólida alianza de los obreros y los campesinos contra el zarismo. Los campesinos pusiéronse en pie para la lucha contra los terratenientes, contra los cuales estaban decididos a aliarse con los obreros. Pero aun no comprendían que era imposible derrocar a los terratenientes sin derrocar al zar; no comprendían que éste hacía causa común con aquéllos, y había una parte considerable de campesinos que aun creía en el zar y que cifraba sus esperanzas en la Duma zarista. Por eso, muchos campesinos no quisieron aliarse a los obreros para derrocar al zarismo. Los campesinos tenían más fe en el partido oportunista de los socialrevolucionarios que en los verdaderos revolucionarios, en los bolcheviques. Como resultado de esto, la lucha de los campesinos contra los terratenientes no llegó a adquirir la suficiente organización. Lenin escribía:

"... los campesinos actuaron demasiado desperdigados, demasiado desorganizadamente y poco a la ofensiva, siendo ésta una de las causas cardinales del fracaso de la revolución". (Lenin, t. XIX, pág. 354, ed. rusa).

2. La resistencia de una parte considerable de los campesinos a marchar de acuerdo con los obreros por el derrocamiento del zarismo se dejó sentir también en la conducta del ejército, formado, en su mayoría, por hijos de campesinos vestidos con el uniforme militar. En algunas unidades aisladas del ejército zarista se produjeron brotes de rebeldía y sublevaciones, pero la mayoría de los soldados siguió ayudando al zar a ahogar las huelgas y las insurrecciones de los obreros.

3. Tampoco los obreros actuaron con la necesaria unanimidad. Los destacamentos de vanguardia de la clase obrera desplegaron en 1905 una heroica lucha revolucionaria. Pero las capas más atrasadas -los obreros de las provincias menos industriales y los que vivían en la aldeas- se ponían en movimiento más lentamente. Su participación en la lucha revolucionaria se intensificó especialmente en 1906, pero por entonces ya la vanguardia de la clase obrera se hallaba quebrantada.

4. Aunque la clase obrera la fuerza de vanguardia, la fuerza fundamental de la revolución, dentro de las filas del Partido de la clase obrera no existían la unidad y la cohesión necesarias. El P.O.S.D.R., el partido de la clase obrera, hallábase escindido en dos grupos: el de los bolcheviques y el de los mencheviques. Los bolcheviques mantenían una línea consecuentemente revolucionaria y llamaban a los obreros al derrocamiento del zarismo. Los mencheviques, con su táctica oportunista, frenaban la revolución, sembraban el confusionismo entre una parte considerable de los obreros y escindían el proletariado. Por eso los obreros no actuaron siempre en la revolución de un modo unánime, y la clase obrera, por carecer aún de unidad dentro de sus propias filas, no pudo erigirse en verdadero jefe de la revolución.

5. La autocracia zarista contaba, para ahogar la revolución de 1905, con la ayuda de los imperialistas de occidente de Europa. Los capitalistas extranjeros temían por sus capitales invertidos en Rusia y por sus fabulosas ganancias. Temían que, si triunfaba en Rusia la revolución, se lanzasen también a ella los obreros de otros países. He aquí lo que movió a los imperialistas de la Europa occidental a ayudar al zar-verdugo. Los banqueros de Francia le concedieron un gran empréstito para aplastar la revolución. El emperador de Alemania tenía preparado un ejército de muchos miles de hombres para intervenir en ayuda del zar de Rusia.

6. Una ayuda importante para el zar fue la paz con el Japón, concertada en septiembre de 1905. Su derrota en la guerra y los avances amenazadores de la revolución obligaron al zar a apresurar la firma de la paz. La derrota en la guerra ruso-japonesa había quebrantado al zarismo, pero la firma de la paz fortaleció la situación del zar.

RESUMEN

La primera revolución rusa representa toda una etapa histórica en el desarrollo de Rusia. Esta etapa histórica consta de dos periodos. En el primer periodo, la revolución, aprovechándose del quebrantamiento del régimen zarista, derrotado en los campos de Manchuria, sigue su marcha ascendente y pasa de la huelga general de carácter político, en octubre, a la insurrección armada; en diciembre, barre la Duma buliguiniana y arranca al zar una concesión tras otra. En el segundo periodo, el zar, después de rehacerse, gracias a la firma de la paz con el Japón, se aprovecha del miedo de la burguesía liberal a la revolución y de las vacilaciones de los campesinos, les echa a éstos como una limosna la Duma de Witte y pasa a la ofensiva contra la clase obrera y la revolución.

Los tres años que, sobre poco más o menos, duró la revolución (1905 a 1907) fueron, para la clase obrera y los campesinos, una escuela tan fecunda de educación política como no hubieran podido serlo treinta años de evolución pacífica y normal. Lo que no habían conseguido hacer ver decenas y decenas de años de desarrollo pacífico, lo hicieron ver claramente esos pocos años de revolución.

La revolución puso de manifiesto que el zarismo era el enemigo jurado del pueblo, un mal que sólo podía curarse con la tumba.

La revolución enseñó que la burguesía liberal no buscaba su aliado en el pueblo, sino en el zar; que era una fuerza contrarrevolucionaria; y que el pactar con ella equivalía a traicionar al pueblo. La revolución enseñó que el jefe de la revolución democráticoburguesa sólo podía serlo la clase obrera, que sólo ella era capaz de desalojar a la burguesía liberal, a los kadetes, de emancipar a los campesinos de su influencia, de aplastar a los terratenientes, de llevar a término la revolución y de allanar el camino hacia el socialismo.

La revolución enseñó, finalmente, que pese a sus vacilaciones, los campesinos trabajadores son la única fuerza importante capaz de aliarse a la clase obrera.

Durante la revolución lucharon dentro del P.O.S.D.R. dos líneas políticas: la de los bolcheviques y la de los mencheviques. Los bolcheviques ponían rumbo al desencadenamiento de la revolución, al derrocamiento del zarismo por la vía de la insurrección armada, a la hegemonía de la clase obrera, al aislamiento de la burguesía kadete, a la alianza con los campesinos, a la formación de un gobierno provisional revolucionario con representantes de los obreros y los campesinos, al desarrollo de la revolución hasta la victoria final. Por el contrario, el derrotero que seguían los mencheviques era el del estrangulamiento de la revolución. En vez del derrocamiento del zarismo mediante la insurrección, preconizaban su reforma y "mejoramiento"; en vez de la hegemonía del proletariado, la hegemonía de la burguesía liberal; en vez de la alianza con los campesinos, la alianza con la burguesía kadete; en vez de un gobierno provisional revolucionario, la Duma, como centro de las "fuerzas revolucionarias" del país.

Así fue como los mencheviques se hundieron en la charca del reformismo, convirtiéndose en vehículo de la influencia burguesa sobre la clase obrera y pasando a ser, de hecho, agentes de la burguesía en el campo proletario.

Los bolcheviques demostraron ser la única fuerza marxista revolucionaria que había en el Partido y en el país.

Como es lógico, después de producirse discrepancias tan graves, el P.O.S.D.R. apareció, de hecho, escindido en dos partidos, el partido bolchevique y el partido menchevique. El IV Congreso no hizo cambiar en nada la situación de hecho existente dentro del Partido. No hizo más que mantener y afianzar un poco su unidad formal. El V Congreso representó un paso de avance en el sentido de la unificación efectiva del Partido, unificación que, además, se llevó a efecto bajo la bandera bolchevique.

Haciendo el balance del movimiento revolucionario, el V Congreso del Partido condenó la línea menchevique, como una línea reformista, y aprobó la línea bolchevique, como la línea marxista revolucionaria. Con esto confirmó, una vez más, lo que había sido ya confirmado por toda la marcha de la primera revolución rusa.

La revolución puso de manifiesto que los bolcheviques saben avanzar, cuando así lo exige la situación, y que han aprendido a avanzar en vanguardia llevando con ellos el pueblo al asalto. Pero puso de relieve, asimismo, que los bolcheviques saben también replegarse ordenadamente, cuando la situación toma un carácter desfavorable, cuando la revolución declina, y han aprendido a replegarse certeramente, sin pánico y sin precipitación, para mantener indemnes sus cuadros, acumular fuerzas y, después de rehacerse con arreglo a la nueva situación, lanzarse de nuevo al ataque contra el enemigo.

No es posible vencer al enemigo, si no se sabe atacar certeramente.

No es posible evitar un descalabro en caso de derrota, si no se sabe retroceder certeramente, replegándose sin pánico y en perfecto orden.


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[1] Asamblea de representantes de estamentos en Rusia. Se convocaba en los siglos XVI y XVII para conferenciar con el gobierno. (N. del T.).

 

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