La Concepcion Marxista del
Problema Agrario
(Extractos)
"Ante los vestigios feudales,
la burguesía criolla prefiere que éstos se disuelvan
en el lentísimo y escabroso transcurso del apoderamiento
a cargo del capital de una a una de las zonas agrícolas,
o mediante la metamorfosis de los hacendados señoriales
en caballeros de industria. Dentro de ese esquema encuadran las
reformas basadas en la compra cara de una migaja de las posesiones
terratenientes, la de menor fertilidad, para a su vez revendérsela
a los campesinos bajo estipulaciones irritantes, o en las tan
publicitadas obras de adecuación que no son más
que mejoras introducidas por el Estado, al costo de considerables
erogaciones presupuestales, para valorizar los grandes fundos.
(...) La financiación proviene de los empréstitos
externos, cuyas amortizaciones e intereses se respaldan con mayores
gravámenes fiscales, verbigracia, el despojo de los obreros
y del pueblo. Soluciones reaccionarias que implican contemporizar
con el atraso al mantener para el campo en lo sustancial la obsoleta
economía terrateniente; al fomentar la especulación,
ya que se efectúan según las ordenanzas del capital
usurario internacional, y al prolongar los suplicios sin cuento
de la masa campesina, sometida a la propiedad latifundista y exprimida
por el agio, o desalojada de sus lares y sin trabajo en las urbes.
Al cabo, la modernización del agro no logrará consumarse
en las condiciones prevalecientes de explotación neocolonial.
Nosotros apremiamos la confiscación de la tierra de los
grandes terratenientes y su reparto entre los campesinos que la
trabajen. Iniciativa elemental y viable que por sí sola
entrañará un salto hacia adelante como no lo han
contemplado los colombianos desde los fastos de la Patria Boba.
Las heredades feraces y deficientemente atendidas pasarán
de inmediato a ser cultivadas por millones de manos ansiosas de
rozar y de arar. Vuelco extraordinario en las regulaciones económicas
y en las costumbres; desatascamiento de las formidables fuerzas
productivas del campesinado, echadas a andar redimidas por fin
de la coyunda del semifeudalismo, y a la vez de la del imperialismo,
pues no se puede cortar la una sin cortar la otra, y cuyos frutos
erigirán la base del desarrollo próspero, autosostenido
e independiente de Colombia. Su defensa será la refutación
apabullante de la alharaca de las clases dominantes y de sus epígonos
de la oposición oficializada acerca de la ‘revolución
verde’, las ‘bonanzas’ y las reformas agrarias
que asuelan e hipotecan el país a las agencias prestamistas
internacionales, redundan en mayores impuestos para el pueblo,
engordan los bolsillos de latifundistas y burócratas y
desembocan infaliblemente en la importación desenfrenada
de alimentos y en el encarecimiento del costo de la vida. Si conducimos
airosamente esta confrontación teórica y política
y no transigimos, los pobres del campo que luchan por el derecho
a la tierra y antaño distinguían mal quiénes
eran sus amigos y quiénes sus enemigos, ya no querrán
oír de los emplastos ofrecidos por imperialistas y oportunistas
y tenderán la mano fraterna a los obreros, sus leales compañeros
de trinchera. La revolución a nada habrá de temerle
entonces. La gallarda figura del proletariado se erguirá
con la complexión y fortaleza de un campeón invencible
y recibirá en premio la presea anhelada de una Colombia
libre y democrática". (Tribuna Roja No. 33, Febrero-Marzo
de 1979).
Revolución Agraria
"1971 ha registrado muchas luchas de obreros y estudiantes.
Sin embargo, se puede afirmar que éste es un año
especialmente rico en combates campesinos.
"Centenares de fincas han sido
invadidas por miles de campesinos en todos los departamentos del
país. Las invasiones son un rechazo categórico a
la política agraria del imperialismo yanqui y sus lacayos,
la prueba contundente de que esta política ha fracasado.
Los campesinos, ejecutores principales de la revolución
agraria, se levantan y comienzan a hacer valer su derecho de únicos
y legítimos dueños de las tierras que trabajan.
"Al fragor de estas primeras batallas
y enarbolando la consigna de ‘la tierra para el que la trabaja’,
los campesinos han empezado a crear sus propias organizaciones,
independientes del tutelaje de las clases dominantes y conformadas
por los campesinos pobres y medios.
"Por experiencia propia las masas
campesinas han ido descubriendo quiénes son sus amigos
y quiénes sus enemigos. Saben que los agentes del gobierno
buscan dividirlos, amarrarlos de pies y manos y entregarlos indefensos
a los explotadores. Han aprendido que para emanciparse de la explotación
del imperialismo y de los terratenientes tienen que librar luchas
supremamente duras y largas, luchas que adquirirán las
formas más elevadas. Y con la ayuda de las organizaciones
proletarias han venido comprendiendo que su más íntimo
amigo es la clase obrera, que la alianza obrero-campesina y la
dirección obrera son la salvación y única
garantía del triunfo". ("Concepción Marxista
del Problema Agrario", en Unidad y Combate, op. cit.).
"No pueden tampoco convencer
al país con reformas como la agraria (...). La reforma
agraria ‘integral’ es realmente un negocio redondo,
integral, de los monopolios yanquis por cuenta de las masas campesinas.
¿En qué consiste el negocio? En que el imperialismo
yanqui financia la reforma agraria con empréstitos elevadísimos
que paga la nación. Con esos dineros se compran las peores
tierras de los terratenientes a los mejores precios y luego se
les vende cara a los campesinos que reciben parcelas, pero que
no pasan de 20.000 en todo el país y en diez años
de reforma agraria. A estos campesinos se les ha entregado un
pedazo de tierra en condiciones arbitrarias y antidemocráticas,
obligándolos a amarrarse a la tierra e hipotecándolos
de por vida. Los préstamos que les hacen a los campesinos
se los entregan en mercancías, en productos de los monopolios,
en ganado que los terratenientes venden a muy buen precio. Y el
último acuerdo, el de Chicoral, que fue un acuerdo entre
terratenientes, tenía una finalidad, como lo dijo cínicamente
Mario Laserna en un artículo publicado en El Tiempo, que
la reforma agraria no podía correr a cargo de los terratenientes,
sino que tenía que ser costeada por el pueblo colombiano".
(Tribuna Roja N° 6, Marzo 21 de 1972)