Viene
2. Criterio mercenario
en los trabajos organizativos y en las relaciones internacionales
con los pueblos y partidos hermanos.
El criterio mercenario
de los oportunistas en las relaciones internacionales consiste
en reducir el internacionalismo proletario al apoyo que nos dan
generosamente los pueblos y partidos hermanos en cumplimiento
de los deberes de la solidaridad internacional y en estimular
ese apoyo con falsos informes de la realidad del Movimiento y
de la situación colombiana.
Algunos oportunistas
han tenido la osadía, concretamente Luis Francisco, de
decir a compañeros de partido hermanos que "en Colombia
hay cien mil guerrilleros dispuestos a pelear y en espera del
apoyo económico y logístico" .
Alvaro Cadavid, Secretario
de Relaciones Exteriores del último Comité Ejecutivo,
presentó en una ocasión un informe a compañeros
de un partido hermano donde se hablaba de que el MOEC en 1963
tenía una organización nacional y más de
mil hombres sobre las cordilleras listos a iniciar acciones; en
ese informe se dicen tantas mentiras de nuestra situación
interna como la de que “Desquite” pertenecía
al Movimiento y operaba bajo su dirección (5).
Y así son múltiples
las veces que miembros de dirección nacional del Movimiento
han salido a decir mentiras, a engañar a los partidos y
pueblos hermanos dando informes falsos, donde se exagera la situación
real de la organización y su influencia en la lucha revolucionaria
colombiana. Han llevado hasta planes fantásticos como el
P... A ... (6), presentando por Mauricio Torres y Luis Francisco
a la consideración de varios partidos hermanos para conseguir
la solidaridad proletaria. Lo irracional de estos planes es que
no son hechos para que se discutan en los organismos correspondientes,
para ver si se ajustan a nuestra realidad o no, si interpretan
el momento histórico que vivimos o no, son hechos para
que los lean los compañeros de los partidos hermanos. Nunca
se ha orientado el trabajo de la organización para investigar
la veracidad de las hipótesis sobre las que está
hecho el P.. A ..., ni mucho menos se ha trabajado orgánicamente
para su cumplimiento. En muchas zonas donde se van a levantar
frentes guerrilleros, según el P... A ..., no hay en la
actualidad vinculación con los campesinos, ni de ellas
se han hecho trabajos de reconocimiento e investigación.
Esto demuestra que la finalidad de todas estas cosas es la de
conseguir la solidaridad internacional.
La política
mercenaria de los oportunistas llega a extremos criminales para
lograr sus propósitos. Cuando en el Ejecutivo se planteó
el problema de Bolívar, con la premura del momento que
exigía una pronta y efectiva solución, los oportunistas
adoptaron una posición de expectativa que se puede resumir
en los siguientes términos “dejemos a los compañeros
de Bolívar a ver si salen con algo; si les va bien ganaremos
prestigio con el país y en el exterior, y entonces podremos
aumentar la solidaridad proletaria. Ahora bien, si fracasan, quedará
demostrado en la práctica que estamos luchando con escasos
recursos, y por lo tanto necesitamos mayor solidaridad”.
Para los oportunistas la política a seguir es aquélla
que permita fomentar la solidaridad de los países hermanos
y no desperdician los acontecimientos sensacionales ni los hechos
y pactos ficticios para impulsar esta política. Así
conciben los oportunistas el internacionalismo proletario.
Los oportunistas alegan
que gracias a su labor el Movimiento ha conseguido la solidaridad
de los partidos y pueblos hermanos. Esto es falso. La solidaridad
recibida no se debe a los trabajos de los oportunistas, es el
resultado del espíritu internacionalista de los obreros
que han llegado al poder y entienden el respaldo a los movimientos
que luchan por la liberación de sus países como
un deber revolucionario. Los partidos hermanos creen que el MOEC
ha luchado contra el imperialismo yanqui y sus lacayos en Colombia
y consideran que es una organización revolucionaria, por
la lucha de compañeros que perdieron la vida heroicamente
en los intentos por crear un frente guerrillero. Los partidos
hermanos al brindarle solidaridad al Movimiento reconocen el sacrificio
de estos compañeros, de Antonio Larrota, Leonel Brand,
Gleydis Pineda, de Idolfo Pineda, y de todos los compañeros
nuestros que han muerto por la revolución colombiana, y
se solidarizan con una organización revolucionaria que
dio muestras claras de su naturaleza antiimperialistas y antioligárquica.
Los compañeros de los partidos hermanos no nos dieron su
solidaridad por las maniobras de los oportunistas ni por su afición
al turismo; estos lo que hicieron fue recoger la cosecha que otros
sembraron con sus vidas.
La realidad es otra,
las relaciones internacionales del Movimiento se han visto seriamente
afectadas por la política mercenaria de los oportunistas.
Todos esos informes mentirosos, todos esos engaños de los
“cien mil guerrilleros”. De hacer aparecer los brotes
espontáneos de los campesinos en armas como trabajos del
MOEC, en fin, todos esos planes subjetivos y maniobreros, terminaron
por desacreditar la organización en el interior y en el
exterior. A medida que transcurre el tiempo se van aclarando las
cosas. Los combates de los “cien mil guerrilleros”
no aparecen por ninguna parte ni el MOEC se coloca a la altura
de la lucha de clases de Colombia. Los partidos hermanos terminaron
de desconfiar de todo lo que se les había dicho y restringen
con razón, su solidaridad a espera de hechos positivos.
Ninguna diferencia
hay entre esta actitud mercenaria de los oportunistas del MOEC,
con la política de piratería internacional que ha
desarrollado regularmente la camarilla de Vieira. La dirección
revisionista del Partido Comunista hace pasar en el exterior a
cualquier elemento del Partido por comandante de guerrillas, cuando
en Colombia nadie sabe de la existencia de tales comandantes ni
de tales guerrillas. Son manifestaciones de la política
de rapiña por la solidaridad internacional y que los revolucionarios
debemos desenmascarar ante la militancia de las organizaciones
revolucionarias y ante el pueblo.
Esta política
mercenaria en el campo de nuestras relaciones internaciones y
sus repercusiones dentro del Movimiento, chocan contra el principio
de apoyarse en nuestros propios esfuerzos. El principio de basarnos
en nuestros propios esfuerzos interpreta fielmente la concepción
marxista-leninista de que la revolución en cada país
depende del desarrollo de sus condiciones y de la preparación
de sus fuerzas revolucionarias. La revolución es obra fundamental
de las fuerzas revolucionarias de cada país, porque las
revoluciones no se exportan ni se planifican en el exterior. Por
eso es que la solidaridad de los pueblos y partidos hermano se
pierde cuando es entregada a partidos o movimientos que no sean
auténticamente revolucionarios, que no tengan determinado
grado de desarrollo interno y que no hagan esfuerzos positivos
por depender en lo fundamental de sus propios medios.
Cuando un partido como
el nuestro no depende en lo económico de sus propios, esfuerzos
y espera en la ayuda externa para continuar sus tareas revolucionarias,
está expuesto a graves crisis y, a no dudarlo, expuesto
a desaparecer como fuerza revolucionaria independiente. Además
el internacionalismo proletario no lo debemos entender unilateralmente,
como la ayuda que los pueblos y partidos hermanos brindan a los
revolucionarios colombianos, mientras que por nuestra parte no
hacemos nada efectivo para colaborar con ellos. Nosotros también
tenemos deberes por cumplir en la solidaridad internacional y
uno de estos es precisamente basarnos en nuestros propios esfuerzos,
porque así aumentamos en nuestro país y con nuestros
medios el conjunto mundial de las fuerzas del socialismo que luchan
contra la explotación imperialista. Los revolucionarios
de América Latina tenemos que luchar contra el imperialismo
yanqui y asestarle golpes con nuestras propias manos, conscientes
de que así debilitamos a los explotadores y guerreristas
de los Estados Unidos y los obligamos a dispersar sus fuerzas
en la correlación mundial y de que así ayudamos
a los pueblos de África y Asia que viven amenazados o sufren
la agresión directa del imperialismo como Viet-Nan, Corea,
El Congo, etc.
A este respecto Lenín
dice: “Sólo hay un internacionalismo efectivo, que
consiste en entregarse al desarrollo del Movimiento revolucionario
y de la lucha revolucionaria dentro de su propio país,
en apoyar (por medio de la propaganda, la ayuda moral y material)
esta lucha, esta línea de conducta y sólo esta en
todos los países sin excepción”. Por su parte
los compañeros coreanos concluyen: “apoyarse en los
propios esfuerzos está basado en el principio del internacionalismo
proletario más puro”. Esto quiere decir claramente
que ningún pueblo, ni ningún partido marxista-leninista,
está obligado a ayudar a otro que no se base en sus propios
esfuerzos, simplemente por dos razones: porque un partido revolucionario
que no se base en sus propios esfuerzos no es un partido marxista-leninista
ni está ayudando a la causa internacional del proletariado;
y porque la solidaridad internacional brindada a un partido que
no se base en sus propios esfuerzos es nula, perdida.
La política
mercenaria de los oportunistas ha impedido que el MOEC desarrolle
el principio de basarnos en nuestros propios esfuerzos. Los oportunistas
piensan más en la solidaridad internacional que en vincularse
a las masas para solucionar nuestros problemas; los oportunistas
no tienen fe en nuestras fuerzas ni en las fuerzas inagotables
del pueblo. Siempre que en la organización se ha presentado
el problema económico los oportunistas desprecian la planificación
orgánica para conseguir el apoyo del pueblo, vinculándose
efectivamente a él; piensa inmediatamente en el exterior,
y maquinan la manera para lograr la solidaridad. Los oportunistas,
se puede decir, han vivido de la solidaridad internacional en
varias ocasiones.
Sin embargo la cuestión
es bastante clara, si no nos apoyamos en nuestros propios esfuerzos
no tendremos la solidaridad de los pueblos y partidos hermanos,
incumpliremos los deberes del internacionalismo proletario y dejaremos
de desarrollar las fuerzas revolucionarias de nuestro pueblo.
En una palabra no impulsaremos la revolución. Los hechos
revolucionarios se imponen por sí solos, los adelantos
organizativos y la conciencia creada entre las masas dan frutos
que todo mundo conocerá; impulsemos la revolución
de nuestro país, desarrollemos las fuerzas conscientes
de nuestro pueblo, hagamos efectiva la alianza obrero-campesina,
construyamos bases de apoyo en el campo, produzcamos acontecimientos
positivos y despertaremos la solidaridad mundial de las fuerzas
progresivas y antiimperialista, sin necesidad de decir mentiras,
sin necesidad de tantos viajes ni tantas comisiones.
En los trabajos de
organización los oportunistas también aplicaron
una política mercenaria que corrompió y llenó
de vicios a la militancia. Esa política se refleja en el
hecho de que quieren someter todo el Movimiento a la tutoría
paternalista económica de la dirección. Con muy
ejemplares excepciones dentro de la organización, en niveles
de dirección media y de base, en compañeros que
dependieron de sus propios esfuerzos y se vincularon a las masas
para resolver el problema económico, en lo fundamental
este estuvo atendido por el restante de las pérdidas y
desfalcos. Con esta política paternalista y mercenaria
se corrompió a muchos militantes del Movimiento que no
daban un paso, no realizaban trabajo alguno revolucionario, cuando
la dirección dejaba de atender los gastos. A varios compañeros
les hemos oído decir, influenciados por el criterio mercenario
que fomentan los oportunistas, que “en mi departamento el
MOEC no ha crecido porque no nos ha mandado dinero”. Y esto
ha sido cierto para muchos regionales en donde los compañeros
no realizan tareas revolucionarias de organización y politización
porque el problema económico los inhibe; el Movimiento
allí no crece ni se vincula a las masas.
Como bajo la dirección
de los oportunistas el MOEC ha dependido de la solidaridad internacional,
la organización no ha planificado una línea de masas
para resolver el problema económico. Solamente las masas
pueden sostener al partido del proletariado en sus grandes necesidades,
solamente las masas enriquecen los recursos del partido, ellas
le suministran sus mejores valores humanos, su sostén económico,
dan la iniciativa creadora, etc. Cuando nos apartamos de las masas
no tenemos nada de esto, el Movimiento se debilita y sus problemas
internos aumentan en todas las direcciones.
La orientación
mercenaria ha impedido inclusive que la vinculación con
las masas en algunas regiones rurales dé los frutos deseados,
porque se llega diciéndole a los campesinos que todo lo
van a recibir de la organización, de esta manera se ilusiona
a las masas, se les promete armas, dinero, cuadros, el cielo y
la tierra. Naturalmente con el tiempo se incumple y la organización
se desacredita. Por otra parte los campesinos cuando se sienten
engañados toman una posición de esceptismo y duda
por las cosas de la revolución, se tornan incrédulos
sobre sus propios destinos y hasta abandonan el espíritu
combativo que antes les acompañaba y les mantenía
viva la esperanza. A las masas hay que hablarles de los deberes
con la organización de vanguardia, que es de ellas y de
ellas depende. A las masas hay que aclararles que del Movimiento
recibirán lo que ellas han esperado durante siglos, la
educación y la orientación para derrotar a sus explotadores
y verdugos; por eso hay que inculcarles el amor hacia el Movimiento,
sus deberes con el Movimiento de proteger y ayudar a sus militantes
para que la labor de politización de estos y las demás
tareas revolucionarias se desarrollen con la mayor efectividad.
A las masas hay que explicarles que son ellas las que van a pelear
contra el enemigo y que el Movimiento será la vanguardia
de esa lucha. Con la orientación mercenaria de querer ilusionar
a los campesinos con promesas para que se afilien al MOEC, de
decirle a las masas que lo esperen todo del Movimiento, se castra
el espíritu combativo de las masas, se les corrompe, se
les desarma moralmente, se hace, en fin, una política antirrevolucionaria
que solo favorece al enemigo.
En finanzas hay que
aplicar una línea de masas: los organismos superiores deben
depender de los inferiores y todo el Movimiento debe depender
del pueblo.
3. Malversación
y Despilfarro de Fondos.
El manejo irresponsable
de los fondos de la organización ha sido otra de las características
concretas del oportunismo dentro del Movimiento y es necesario
estudiarla por separado.
Intentar hacer un balance
del monto de recursos con los que el Movimiento ha contado durante
su historia para realizar sus labores revolucionarias y de la
destinación de estos recursos, es una tarea irrealizable,
si para ellos nos valemos apenas de los datos fragmentarios y
parciales emanados de los organismos superiores. En este aspecto
existe un vacío alarmante, difícil de explicarlos
y de entender, ya que no ha sido norma en los pasados organismos
de dirección el llevar cuentas claras de los ingresos y
egresos de la organización. Cuando se interroga a los miembros
integrantes de pasados ejecutivos sobre el espinoso asunto, se
reciben las más variadas, chistosas, y hasta contradictorias
versiones. Es decir, cada uno tiene su propia versión que
no es muy favorable para los otros “compañeros”.
Algunos de ellos dicen: “No hay más remedio que hacer
una reunión en donde estemos todos los responsables para
saber quién dice la verdad”. Es esta una prueba clara
de que en el pasado, como decíamos, no se hacía
trabajo de organismo.
Acaso no es un deber
de cada ejecutivo rendir un informe completo de todas sus funciones
y competencias en los plenos y congresos? Por qué existen
miembros que pertenecieron a un mismo ejecutivo con informes distintos
y contradictorios sobre la guarda y destinación de los
recursos del Movimiento? Es innegable que no se trabajó
orgánicamente y que cada cual tomaba y hacía lo
que le venía en mente. Por qué no se combatió
en el pasado este estilo de trabajo ni se denunció en los
congresos y plenos? Es importante aclarar que hasta hoy muchos
de estos elementos piden “reuniones” para saber la
verdad, después de que se ha desarrollado una campaña
en este sentido y se han denunciado estos hechos a la inmensa
mayoría de la organización, y cuando es un deber
de cada militante velar y defender los intereses de la revolución
se lo estén o no requiriendo.
Comprendemos por otro
lado que este caso en el manejo de las finanzas de la organización
se presta para especular y lanzar versiones irresponsables. Por
eso estamos de acuerdo en que se le debe dar a todos los responsables
de manejos de fondos las oportunidades necesarias para probar
su honestidad revolucionaria. Sin embargo esta consideración
no nos impide criticar los siguientes errores que son evidentes
y se desprenden de la irresponsabilidad, de la deshonestidad y
de la espontaneidad con que obraron los pasados organismos de
dirección.
1. En el campo de manejo
de las finanzas, como en los asuntos políticos y militares,
no se puede reducir la responsabilidad únicamente al individuo
encargado de desempeñar determinado trabajo. El organismo
tiene su responsabilidad colectiva y es autónomo para repartir
las tareas de su competencia en cumplimiento de los principios.
El organismo es responsable de la vigilancia de cada uno de sus
miembros y a su vez cada miembro es responsable de vigilar por
el buen funcionamiento del organismo. De tal manera que quien
perteneciendo a los organismos de dirección en el pasado
y conociendo, como necesariamente tenía que conocer, muchos
de estos errores, no los planteó en su organismo, en los
congresos o plenos, no los combatió, no los denunció
ante la base de la organización, inútilmente elude
la responsabilidad diciendo hoy, “yo no fui Secretario de
Finanzas”.
En este sentido los
miembros de los organismo de dirección son responsables
de la pérdida de grandes cantidades de dinero, por encomendarlos
al cuidado de elementos de dudosa procedencia afiliados a la organización.
Pero quién responde de estos elementos? Quién los
recomendó a la organización? Qué organismo
y a cuenta de qué razones depositó precisamente
en estos elementos toda su confianza? Estos asuntos se debieron
aclarar a su tiempo, como se debieron tomar, también a
su tiempo, las medidas necesarias para no volver a caer en los
mismos errores. Sin embargo estos hechos se repiten varias veces
y los miembros de la dirección responden simplemente que
los “culpables no somos nosotros”.
2. Entre los miembros
de las direcciones pasadas se utilizó un método
conciliacionista para resolver los problemas de manejos de fondos.
Prueba de ello es la táctica dilatoria empleada para evitar
la aclaración de todos estos errores y el silencio que
se guardó sobre muchos casos concretos de despilfarro.
3. Se llevó
a la práctica por parte delos organismos de dirección
la orientación de que el Movimiento se podía financiar
con “negocios”, las actividades de estos señores
en los frentes de la industria y comercio fueron al final desastrosas
(para la organización naturalmente) y el Movimiento perdió
recursos considerables. Al frente de estos “negocios”
los oportunistas pusieron elementos irresponsables que la organización
no controló nunca.
Es lamentable que todos
los recursos no se hubieran invertido en las tareas de organización
y vinculación a las masas. Esta es una experiencia valiosa.
Las finanzas de un Movimiento revolucionario, entendiéndose
por estas los medios de resolver todos los problemas de movilización,
sostenimiento, impulso y vinculación de la organización
a través de la lucha revolucionaria, solamente se pueden
garantizar en lo fundamental aplicando decididamente una línea
de masas. Invertir en organización y vinculación
de las masas es el mejor procedimiento para aumentar los recursos
del Movimiento. Los negocios como fuente de finanzas seguramente
dan resultado, cuando se realizan con propósitos definidos,
para atender una actividad determinada o para camuflar o sostener
el trabajo de un reducido número de compañeros.
Pero se debe tener siempre claro que con negocios no vamos a financiar
el Movimiento ni la revolución.
Otro error, evidente
cometido por parte del organismo de dirección en lo que
respecta al manejo de fondos, fue la manera alegre, irresponsable
y subjetiva con que se pusieron a repartir los recursos, sin recurrir
nunca a una planificación objetiva que contemplara nuestras
condiciones. En la destinación de los fondos del Movimiento
se cayó en la espontaneidad y en la improvisación,
los oportunistas llevaron a cabo una política de dispersión
de esfuerzos que entorpeció altamente el desarrollo orgánico.
Prueba de esto es la atención que recibieron en un momento
dado algunas regiones campesinas, en las que se invirtieron algunos
dineros, para después abandonarlas totalmente.
Esa experiencia hace
para nosotros necesario practicar una política de concentración
de esfuerzos como línea general organizativa, que consiste
en dirigir y centralizar el mayor trabajo y los mayores recursos
en la zona o zonas de óptimas condiciones para el avance
revolucionario. Pero de preferencia en los trabajos inaplazables
por la organización de la base campesina, con miras a crear
un frente armado, debemos aplicar esta línea rigurosamente,
teniendo el cuidado que los otros trabajos del resto del país,
en lo posible, vayan orientados hacia esa tarea central como sostén
y apoyo del desarrollo político y militar de las fuerzas
del Movimiento.
Este episodio de las
finanzas, que la militancia honesta reprueba, es una manifestación
más del oportunismo en el MOEC, es parte de sus consecuencias,
es el lugar vulgar y común a donde tenía que desembocar
toda esa política mercenaria y mercantil, es el triste
final de las especulaciones “revolucionarias” de una
serie de elementos inescrupulosos que jamás pensaron en
serio construir un partido fuerte, combativo, que fuera capaz
de derrotar al imperialismo e iniciar la transformación
de Colombia.
4. Caudillismo.
El caudillismo es otra
característica que en el Movimiento ha tomado la corriente
oportunista de derecha, se manifiesta en varios hechos:
a) En el chantaje que hacen los oportunistas de sus pasados “brillantes”,
de sus 15 y más años al “servicio” del
marxismo-leninismo o de la “fuerza” que tienen en
determinadas regiones campesinas, para constituirse en jefes máximos
del Movimiento. Por lo general estos elementos nunca han hecho
vida de partido en una célula, sino que, por sus “cualidades”
de dirigente, entraron derecho a la dirección nacional
del Movimiento. Algunos de estos elementos fueron vinculados con
la falsa creencia de aumentar el prestigio del Movimiento y ellos
en consecuencia se volvieron amos y señores de la organización.
b) En sus relaciones personales dentro del Movimiento y formación
de grupos. Los caudillistas no respetan los organismos ni las
relaciones internas propias de un partido marxista-leninista,
sino que imponen en la práctica las “jerarquías
personales” entre ellos y el resto de la militancia (7).
Esta ha sido una de las causas de determinantes para la formación
de los “grupos de amigos” de que habláramos
atrás. Los oportunistas consideran la formación
de grupos una línea organizativa correcta y justa la práctica
de que la militancia acepte y cumpla sus órdenes de “jefes”
fuera de los organismos. Los oportunistas son conscientes de que
hay que evitar la formación de organismos al estilo marxista-leninista,
porque esto significa casualmente la destrucción del grupismo
y del caudillismo. Para lograr sus propósitos los oportunistas
engañan a muchos compañeros, los corrompen y los
ponen a trabajar para ellos a semejanza de los prosélitos
inconscientes de un partido burgués.
c) En la maniobra como estilo de trabajo dentro del Movimiento.
Debe mejor se observa este vicio de los oportunistas es en los
plenos o congresos, en los que recurren a todos los ardides para
conseguir y mantener el control de la organización. Esta
política maniobrera empieza con la afiliación y
sostenimiento de sus amigos dentro del Movimiento y va hasta la
táctica de regar especies en la militancia sobre “trabajos
importantísimos que estamos realizando”, o “planes
formidables que se están discutiendo”. Así
los oportunistas mantuvieron en el pasado un respaldo débil
a su labor direccional, tratando de mantener inútilmente
la confianza de la base con noticias infladas y proyectos artificiales.
Debido a ese trabajo superficial y maniobrero la dirección
no recibía un apoyo decidido, fraternal, por parte de los
compañeros de la base, no ha existido en el Movimiento
la cohesión interna de un verdadero partido revolucionario.
Los peores calificativos se oían -se oyen- para los cuadros
responsables de hacer cumplir los lineamientos revolucionarios
fundamentales y supervigilar la organización. Fue casi
permanente este fenómeno de la bancarrota y desprestigio
de la dirección frente a la base;
d) En el desprecio por las tareas pequeñas, anónimas
y pacientes de organización y educación. Esta manifestación
del espíritu pequeño burgués, es muy marcada
por algunos oportunistas que jamás le han dedicado tiempo
a la labores de organización y trabajo paciente entre las
masas, y en cambio viven soñando en las grandes batallas,
en los acontecimientos históricos de los que ellos serán
entonces actores principales. Al final ni una cosa ni otra, ni
trabajo pequeño ni grande. Los oportunistas no pueden comprender
que los grandes avances revolucionarios son producto de los pequeños
trabajos de miles y miles de revolucionarios. “De lo pequeño
se construye lo grande” dice Lenín. Los oportunistas
desconocen que la labor paciente entre las masas, consolidando
lo que vayamos abarcando, es el estilo propio de trabajo de un
partido obrero y que esa forma de trabajo nos aportará
grandes éxitos.
e) En la inactividad cuando no dirigen o las cosas no van como
ellos quieren. Muchos oportunistas han abandonado el trabajo dentro
del Movimiento e incluso la organización misma, porque
ellos no han quedado en los puestos de dirección después
de la celebración de un Plenum o de un congreso o sus proyectos
no han sido aprobados por estos organismos (8). Cuando son derrotados
adoptan una posición de crítica permanente de la
organización, hasta el extremo de desacreditar el Movimiento
en círculos extraños que nos atacan y desean nuestra
liquidación. Cuando ellos dirigen todo está bien,
aunque la organización vaya mal y produzca resultados negativos;
cuando critican atacan por igual a los ladrones y a los honestos,
a los oportunistas y a los revolucionarios. Los retiros inopinados
de los oportunistas no fueron por lo general justificados, no
se supo si su determinación obedecía a discrepancias
con la línea estratégica y teórica aprobada,
a la que no contribuyeron con su discusión ni con su crítica.
De su silencio se deduce su incapacidad, sus obscuros anhelos
y su resentimiento personal, y
f) En el subjetivismo. Esta manifestación propia del caudillismo
presenta dos aspectos: subjetivismo en los planes y menosprecio
de las múltiples experiencias que hemos tenido como organización
combatiente, tanto en los terrenos organizativos y políticos
como en las tareas rurales y militares.
Los oportunistas hablan
mucho de proyectos fenomenales sobre la construcción de
bases de apoyo, para sustentar sus argumentos se basan en falsas
interpretaciones de nuestra situación y de la historia
de Colombia. En sus planes involucran la hipotética colaboración
revolucionaria de antiguos combatientes que hoy son señores
del campo y viven, como han vivido desde la entrega, en paz y
colaboración con el régimen de la coalición
oligárquica. En los planes de los subjetivistas es lo mismo
el peón asalariado, desposeído y discriminado, que
el terrateniente influyente que a veces habla mal del gobierno.
Cuidado con no hacer la diferencia!: el pobre y el obrero del
campo son la base social fundamental de la organización
y de la guerra, las otras capas sociales del campo, en determinadas
etapas del proceso revolucionarios, se pueden y se deben aliar
con los pobres y obreros del campo, especialmente en la guerra
campesina. Los planes de los oportunistas cuentan con organismos
y organizaciones del Movimiento que no existen, con la colaboración
de regiones campesinas que no han politizado y en esta ilusión
se engañan a sí mismos cuando engañan a los
partidos hermanos. En los planes de los subjetivistas es lo mismo
una región montañosa sin grandes conflictos de tierra,
que una zona llana, con gentes dispersas, sin grandes conflictos
de tierra, para empezar la lucha guerrillera, con miras a crear
una base de apoyo.
Esto sucede en los
planos de las subjetivistas porque no son producto de un estudio
serio, planificado, de las distintas condiciones del país.
Los planes de los subjetivistas emocionan a compañeros
ingenuos y honestos, que miran el futuro como un maravilloso espejismo
donde todo es posible con buenos deseos, y no se detienen a recapacitar
ante los múltiples problemas que debemos resolver para
simentar una base de apoyo que sea retaguardia del Ejército
Popular de Liberación. Antes que todo debemos hacer una
investigación objetiva del campo, científica, y
para ello es indispensable penetrar como una organización
disciplinada las zonas rurales, vincularse a las masas campesinas,
vivir y trabajar con ellas, conocer el grado de producción
y el grado del conflicto por la tierra, detectar la influencia
e infiltración del enemigo, en fin, estudiar las condiciones
económicas y sociales, para saber a ciencia cierta si existen
condiciones favorables para una posible expansión y un
crecimiento militar futuros. Ninguna de estas cosas preliminares
se han hecho y sin embargo los subjetivistas determinan, como
oráculos de la estrategia y de la guerra, planes maestros
donde la imaginación juega el papel principal.
El desprecio por las
experiencias del pasado es fruto del ánimo de los oportunistas
de no reconocer sus errores. Con esta actitud privan a la organización
de las enseñanzas que se pueden colegir de un análisis
científico de la historia del Movimiento, rica en aciertos
y errores. El MOEC ha hecho varios intentos de creau una guerrilla
y multitud de veces se emprendieron trabajos rurales que aportan
experiencias prácticas de incalculable valor. Sin embargo
no existen estudios serios de estas experiencias. No sabemos el
criterio de la dirección sobre los fracasos militares;
no se han señalado, digámoslo oficialmente, los
errores cometidos para no volver a cometerlos en el futuro; no
se han sistematizado las experiencias por las muertes de los compañeros
en Tacueyó, Puerto Tierra, Urabá, arribaaipí.
Los oportunistas obran como perfectos idealistas, porque no estudian
ni aplican la teoría científica del desarrollo material
e histórico, ni investigan en la práctica las causas
de los errores y aciertos del movimiento en sus siete años
de existencia; sus determinaciones no pueden ser otra cosa que
el reflejo de sus caprichos, de su irresponsabilidad e incapacidad,
de su imaginación subjetiva y loca.
Los oportunistas ilusionan
a la militancia con estos planes y pretenden mantener la moral
de la organización en general hablando de que “las
cosas van bien”, “que no tenemos obstáculos”,
que “en la región la insurrección es un hecho”,
que “se está organizando a todo vapor”. Los
oportunistas abandonan la moral proletaria revolucionaria que
es una toma de conciencia de nuestra militancia en las filas de
la revolución, una conciencia desde el punto de vista de
clase, de la explotación de las oligarquías y el
imperialismo. De la concepción de que la lucha es a largo
plazo y exige grandes sacrificios; de la conciencia de lo que
tenemos y de lo que no tenemos, de la naturaleza del enemigo,
de la inevitabilidad de nuestro triunfo.
5. Conciliacismo.
El conciliacismo es
otra de las características bien definidas dentro del MOEC,
propia de la posición oportunista. El conciliacismo se
ha presentado a todos los niveles, pero en la dirección
es donde ha sido permanente y sus consecuencias más perniciosas.
El conciliacismo consiste
en no señalar los errores al compañero, no hacer
uso de la crítica para corregir las equivocaciones de todo
tipo y que inevitablemente se presentan en las organizaciones
revolucionarias. Estas prácticas minan y destruyen la organización,
porque los errores cuando no se critican ni corrigen se convierten
en errores colectivos y de los cuales, como un cáncer que
avanza, participa tanto el compañero que los cometió
como el que los encubrió. Una de las expresiones principales
del conciliacismo es el amiguismo.
Entre los oportunistas
se concilia por varias razones:
a) Por no ganarse enemigos ni perder fuerza dentro de la organización.
Como los oportunistas tienen una concepción liberal del
Movimiento, no comprenden que en una organización marxista-leninista
el hecho de hacer una crítica a un compañero con
la finalidad de que corrija su error, no acredita al compañero
criticado para guardar rencor, sino que, si en verdad es un revolucionario,
debe quedar agradecido porque se le está ayudando a superar
sus taras, vicios o concepciones equivocadas.
b) Los oportunistas hacen concesiones entre sí con la pretensión
de ocultar sus fallas; se chantajean unos con otros y pactan el
silencio, y
c) Los oportunistas no utilizan la critica y autocrítica
porque le temen a la base. Ellos saben que sus errores chocan
contra la moral y la honestidad revolucionaras, y por eso se los
ocultan o pretenden ocular a la militancia. Por temor a la base
y al pueblo prefieren no decir los errores de sus compinches con
tal que estos guarden los suyos.
Por eso los oportunistas
se apartan cada vez más de las práctica revolucionaria,
y en lugar de superarse, van perdiendo la moral y su posición
de clase proletarias, si fue que las tuvieron algún día;
van tapando los errores con más errores y terminan con
la traición declarada a la revolución, al marxismo-leninismo
y al pueblo.
Otra forma de conciliacismo,
aunque no se ha generalizado, pero ha tenido manifestación
en algunos períodos dentro de los compañeros de
responsabilidad de dirección, es la de no comprender que
la crítica, en determinadas condiciones, por sí
sola, no preserva a la organización de muchos errores corregibles,
precisamente porque en el análisis que se hace no se sabe
distinguir entre el compañero que desea avanzar y enmendarse
y el enemigo infiltrado que se burla de la crítica. La
crítica es una forma de educar, inclusive de llevar la
lucha interna, y así lo entendemos los revolucionarios.
La critica surte su efecto cuando quien la recibe es un compañero
honesto, deseoso de capacitarse para mejor servir al proletariado
y a la revolución. Pero cuando la crítica va dirigida
contra el oportunista de derecha, con el ánimo de que éste
por su cuenta se corrija, es ineficaz y no hace más que
consentir el oportunismo. Los oportunistas de derecha son portadores
de la ideología y práctica burguesas y como tales
hay que tratarlos. Creer que con la crítica erradicamos
del Movimiento al oportunismo es caer en una forma de conciliacismo,
que para los resultados es igualmente destructora de organización.
Hay que ayudar ideológica y políticamente a estos
compañeros que creen que con la mera critica se corrige
el oportunismo; hay que explicarles claramente que es muy difícil
educar y salvar para la revolución elementos que ha sido
reiteradamente ladrones, inmorales, indisciplinados, traidores.
Los compañeros que concilian en esta forma con los oportunistas
están acostumbrados a los trabajos fáciles y no
les importa sacrificar la calidad por la cantidad. Al oportunismo
hay que enfrentarlo con valor y extirparlo del Movimiento.
Analicemos algunos métodos
equivocados para librar la lucha interna.
Existen en la organización
formas conciliacionistas practicadas por compañeros que
no pertenecen al grupo oportunista, que inclusive se les han enfrentado
a los oportunistas en varias ocasiones, o que sin enfrentárseles
desarrollan trabajos de organización con resultados positivos.
Estas prácticas tiene que ver con la forma equivocada como
algunos compañeros han conducido la lucha interna, y que
son en verdad conciliacionistas por los efectos que se derivan
de su posición débil al luchar por el fortalecimiento
ideológico y político del Movimiento. El estudio
de estas manifestaciones equivocadas de conducir la lucha interna
nos ayudará bastante para no caer en el futuro en errores
que favorecen el oportunismo.
Estos errores son:
a) No plantear las criticas dentro de los organismos. Muchos compañeros
saben de irregularidades graves, de la naturaleza de las que hemos
venido analizando, y sólo se las cuentan a un reducido
número de compañeros con gran misterio y sigilo,
pero no las plantean en sus organismos no las hacen llegar al
organismo superior. Estos compañeros han ido a congresos
y plenos del Movimiento y han permanecido callados, mientras que
los oportunistas hacen su agosto, desvirtuando la historia del
Movimiento y montando maquinarias para continuar en el usufructo
de las posiciones burocráticas. Cuando salen de los congresos
y plenos comentan a los compañeros, como si nada grave
hubiera sucedido, que tal oportunista no dijo la verdad u ocultó
cosas que competen al desarrollo revolucionario de la organización.
Estos compañeros permiten inconscientemente el oportunismo
aunque no les gusten los oportunistas, porque no aportan los elementos
de juicio necesarios para que la organización pueda hacer
un balance objetivo de su pasado y tomar determinaciones justificadas
para quitarles a determinados oportunistas responsabilidades de
importancia, e inclusive para sancionar ejemplarmente a los enemigos
infiltrados. A estos compañeros se les oye alegar que “los
oportunistas son tigres de papel” que “los oportunistas
serán barridos”. Esto es cierto, pero el deber de
los revolucionarios que pertenecen a un movimiento como el nuestro
es barrer a los oportunistas, desenmascararlos dentro de los organismos,
señalar ante la militancia sus fallas y maquinaciones,
en una palabra, luchar efectivamente contra el oportunismo y no
esperar con los brazos cruzados a que ellos, por su cuenta, se
vayan desacreditando. Y mientras tanto cuanto daño hacen
los oportunistas, cuantos militantes corrompen, cuantos trabajos
se estancan o se pierden.
b) Callar las criticas
para hacerlas en “momentos oportunos”. Los compañeros
que se dicen esto, como en el caso anterior, también encubren
y favorecen a los oportunistas. El revolucionario una vez conozca
un error debe criticarlo dentro de su organismo y no esperar a
que pertenezca o se reúna un nuevo organismo, o esperar
a que se modifique la situación interna para entonces sí
tomar la posición crítica. De este criterio para
desarrollar la lucha interna participan inclusive muchos oportunistas
de derecha. Es consecuencia del método maniobrero, es debilidad
en la defensa de la verdad y de los principios y falta de fe en
que las fuerzas revolucionarias del MOEC, son capaces de derrotar
las antirrevolucionarias que nos minan. El revolucionario debe
defender los principios a pesar de que se quede solo en un momento
dado. Es preferible estar solo en la verdad que acompañado
en la mentira. Estos compañeros demuestran gran debilidad
ideológica, incapacidad política e inseguridad revolucionaria.
c) Bajar la critica
al chisme, la mentira o la calumnia. Algunos compañeros
consideran la lucha interna como una pelea sin cuartel y sin límites
en la que se puede echar mano de cualquier arma, pasando por encima
de las normas leninistas que nos gobiernan dentro de la organización;
también creen que la lucha contra el oportunismo no tiene
más finalidad que la de desacreditar al elemento oportunista
y para ello exageran los errores, levantan calumnias y lanzan
amenazas personales. Esta actitud de llevar la lucha interna favorece
a los oportunistas y ningún provecho saca de ella la militancia
del Movimiento. El problema no radica en desacreditar a los oportunistas
sino en educar a la militancia en un espíritu marxista-leninista
en contar ideológicamente y políticamente a los
compañeros para que puedan comprender los errores contra
los principios y sepan en casos posteriores distinguir las prácticas
correctas de las incorrectas, los revolucionarios de los oportunistas,
el error del acierto. Por eso no se deben levantar calumnias,
regar chismes, reducir la lucha interna a peleas de carácter
personal, porque la militancia sin preparación ni experiencia
no halla a quién creerle, si al revolucionario que exagera
sin fundamento o al oportunista que se defiende de una calumnia.
Debido a esta forma de lucha interna que han sostenido algunos
compañeros los oportunistas han podido fortalecer su posición
dentro del Movimiento.
En la lucha interna
debemos tener como norma inviolable la de referirnos únicamente
a los hechos concretos que se puedan comprobar y a las criticas
respaldadas con pruebas.
d) Creer que con la
fuerza individual o la de un grupo reducido, sin respaldo de la
mayoría de compañeros honestos del Movimiento, apartados
de las masas; se puede derrotar al oportunismo. Algunos compañeros
consideran que como para ellos las cosas están claras,
igualmente están para el resto de la militancia y se quedan
callados, reducen su actividad revolucionaria. Estos compañeros
se encierran en un círculo restringido y dentro de él
hablan de los errores de los oportunistas, tejen y destejen tácticas
contra el oportunismo, se consuelan unos con otros, mientras que
el resto de la militancia no los entiende ni les da autoridad
alguna, porque ellos se han marginado del trabajo, han descuidado
la preparación ideológica de la militancia. Estos
compañeros creen que hacen mucho, que su posición
es demasiado correcta, que les sobra claridad sobre los problemas
internos y en verdad están conciliando con los oportunistas,
quienes se aprovechan de su inactividad para desacreditarlos dentro
de la organización. Estos compañeros tampoco se
vinculan a las masas y su lucha contra el oportunismo se reduce
a una contienda aislada de la que los oportunistas sacan mejor
partido porque son maestros de la maquinación y la maniobra.
La lucha contra el
oportunismo hay que hacerla con la militancia entera, apoyados
en las masas para que sean ellas las que al final decidan;
e) Abandonar la organización
agobiados por su situación crítica. Muchos compañeros
honestos se afiliaron al Movimiento deseosos de cumplir sus deberes
con la organización y se imaginaron que en el Movimiento
todo marchaba perfectamente bien en el ambiente de la mayor fraternidad
y disciplina. Estos compañeros no comprendieron nunca que
un partido revolucionario se desarrolla a través de profundas
contradicciones ideológicas, necesarias para su depuración,
y que muchas veces los elementos menos responsables y capaces
controlan la organización y la debilitan en todo sentido.
Por eso ante tantas irregularidades del Movimiento, calculando
el peligro y los grandes trabajos que significaba señalar
esas irregularidades, optaron por salirse de la organización
precautelativamente. Estos compañeros desertores en su
actitud entregaron el Movimiento al oportunismo aunque no estuvieran
de acuerdo con este. Les faltó valor y capacidad para encarar
los problemas que trae involucrados una lucha interna depurativa.
Se dejaron vencer por su espíritu pequeño burgués
y cobarde. Creyeron que la revolución y la construcción
del partido que dirija la revolución se logran fácilmente
e ignoraron que estas grandes tareas históricas se coronan
solo a base de gigantescos esfuerzos, de perseverantes trabajos
y de luchas acérrimas.
f) Creer quela lucha
interna se puede adelantar con éxito a base sólo
de discusiones y alegatos ideológicos. La lucha interna
no se debe reducir únicamente al campo de la discusión
ideológica, porque habremos dejado la contienda en la mitad
del camino.
En el Movimiento es
frecuente la posición de compañeros que en dos palabras
definen a determinados elementos oportunistas, hablan de sus prácticas
liberales hasta, citando principios marxistas, los colocan en
las filas del enemigo. A veces estos compañeros, que aparentemente
muestran claridad sobre los problemas internos de la organización,
terminan sus discusiones dominados por el pesimismo, quejándose
que “son muchos los errores para poder enderezar y colocar
al Movimiento en una línea acertada”. No es raro
tampoco el caso de compañeros que, teniendo una posición
crítica justa contra el oportunismo, se desmoralizan hasta
tal punto que bajan el rendimiento en sus trabajos revolucionarios,
dando muestras de su poca capacidad política y de su espíritu
pequeño burgués. Ante los primeros problemas se
consideran impotentes y su conducta derrotista causa desconcierto
entre la militancia, a la que ilustran sobre los problemas internos
pero se desaniman para llevar la lucha interna. Realizan una parte
de la lucha interna, que es la crítica a los errores pasados,
en la que a menudo muestran claridad; pero sus conclusiones son
desastrosas, conciliacionistas, y por eso en la segunda etapa,
la de realizaciones, que es la etapa decisiva, en la que vamos
a salvar al Movimiento, no contribuyen con su trabajo creador.
La segunda etapa en la lucha interna es el trabajo práctico.
Por ejemplo, formar
organismos de base en todos los regionales y luchar porque estos
organismos se rijan por normas leninistas de organización,
es una forma práctica de derrotar el oportunismo. Lo que
pasa es que estas tareas son a largo plazo y requieren un esfuerzo
paciente y constante. Sin embargo solamente cuando hayamos superado
esta etapa sabremos que las fuerzas revolucionarias y marxistas
prevalecerán sobre las fuerzas oportunistas, y
g) Una actitud errónea
de luchar por el fortalecimiento de la organización es
la de preocuparse única y exclusivamente del trabajo de
su organismo o de los problemas de su región, sin importarle
mayor cosa la suerte del Movimiento en general ni la de los demás
organismos en el resto del país. Compañeros hay
en el Movimiento que piensan y obran así.
El militante que se
dedica al trabajo que le asignó la organización
con celo y amor hace bien y da muestras de ser un buen revolucionario.
Pero el militante que se encierra en el marco reducido de sus
problemas regionales y no mira el panorama nacional, demuestra
no solo incapacidad ideológica, sino que hace una practica
conciliacionista que podría resumirse en: “Dejemos
que allá hagan lo que quieran que aquí estamos haciendo
las cosas bien”. Estos compañeros parecen olvidar
que el Movimiento es un todo compacto, que se mantiene del trabajo
de todos sus militantes y que una falla en un sentido perjudica
a la organización en general. El trabajo en una zona campesina
se verá entorpecido, por más que los compañeros
que lo adelantan sean responsables y capaces, si el comando regional
no responde a las exigencias de la zona y la coordinación
necesaria ciudad-campo no funciona. Los trabajos de organización
en un departamento se verán altamente entorpecidos si en
lo nacional la dirección está faltando a sus responsabilidades.
Debe haber reciprocidad permanente de colaboración y coordinación
permanente entre los organismos inferiores y superiores. El Movimiento
tampoco avanza si las tareas en los organismos inferiores no se
cumplen.
En el Movimiento ha
habido varias manifestaciones de esta conducta de indiferencia
por la suerte general de la organización y de despreocupación
por saber como andan las cosas en la dirección nacional.
Compañeros que se contentan con los avances regionales
y hasta se sienten satisfechos que en su departamento los trabajos
organizativos se adelanten de manera normal, frente al atraso
visible de otros departamentos. Un compañero de base no
tiene excusas para despreocuparse de los problemas del Movimiento
porque no integra organismo de dirección. No hace falta
pertenecer al Comité Ejecutivo para conocer y estudiar
la historia del Movimiento ni para contribuir a las tareas de
orientación nacional, ya que si la organización
funciona y el centralismo democrático y de la dirección
colectiva se aplican, las criticas e insinuaciones de los organismos
de base deben ser atendidas por los organismos de dirección.
Otros compañeros ante la lucha interna se limitan a decir
“esperemos a ver quién tiene la razón y gana,
sólo entonces tomaré partido”. A estos compañeros
no les interesa en verdad la organización ni la revolución,
no se preocupan por investigar y descubrir ellos mismos nuestras
contradicciones ni por participar activamente en la lucha por
la depuración ideológica del Movimiento. Es una
manera muy peculiar de encubrirse el conciliacionista.
Debemos combatir este
tipo de indiferencia y advertir a los nuevos militantes que no
se cumple con la totalidad de nuestros deberes revolucionarios
mientras no nos preocupemos por el Movimiento en general, por
saber y comprobar que sus líneas proclamadas son justas;
y sobre todo cuando no luchamos internamente por hacer del Movimiento
una organización marxista-leninista.
Por su parte los oportunistas
saben sacar buen provecho de la indiferencia de la militancia,
ya que les proporciona la libertad indispensable para seguir con
sus prácticas mercenarias.
6. Criterio liberal
sobre las organizaciones legales y de masas y sus relaciones con
el partido.
Uno de los puntos más
conflictivos en las discusiones del Comité Ejecutivo salido
del IV Plenum ha sido la diferente opinión sobre las organizaciones
legales y sus relaciones con el partido. La corriente oportunista
y liberal ha sostenido el criterio de que las organizaciones legales
pueden tener una política totalmente independiente del
Movimiento y que a veces aquellas pueden desempeñar funciones
propias del Movimiento, como suplantar organismos de este y adelantar
paralelamente actividades de relaciones internacionales sin consultar
la organización, e inclusive contrariando abiertamente
sus disposiciones. Empero los oportunistas no se han quedado en
las palabras, sino que han llevado a la práctica este criterio
liberal sobre las organizaciones legales, introduciendo gran confusión
al respecto y planteando una dualidad de poderes que socava la
autoridad del Movimiento. Ya hemos visto como la casi totalidad
de los esfuerzos de los oportunistas está dirigida a monopolizar
la solidaridad internacional a como dé lugar. Con la creación
de organizaciones legales políticamente independientes
y por encima del Movimiento, los oportunistas pretenden montar
un aparato internacional, como en realidad lo han montado, para
conseguir ayuda económica de algunas corporaciones controladas
por el enemigo (9). La verdad ha sido que con este tipo de organización
legal el Movimiento desarrolla dos políticas independientes
en sus relaciones internacionales, que el enemigo aprovecha para
conocer nuestra situación interna y nuestros planes futuros.
Un principio fundamental
del marxismo-leninismo, cuyo acierto ha sido comprobado históricamente
por varios pueblos en su lucha contra el imperialismo, es el de
que el partido del proletariado es la máxima organización
de vanguardia en la lucha revolucionaria, su más alta autoridad
política, y a la que le corresponde trazar la orientación
de las otras organizaciones del proletariado y del pueblo. El
mismo estadio obrero, después del triunfo de la revolución,
está sometido a la dirección del partido. El partido
ejerce directamente la dictadura del proletariado en nombre de
la clase obrera. El ejército popular de liberación
no es tampoco una organización políticamente independiente,
sino que está igualmente sometido a la dirección
del partido. Otro tanto sucede con las ligas campesinas, con las
federaciones de la juventud y femeninas y en general con las organizaciones
legales y de masas de todo tipo fundadas por la necesidad de la
lucha. Hasta el frente unido, que es una organización de
masas más amplia, en donde se unen organizativamente las
distintas clases explotadas y oprimidas contra el imperialismo
y las oligarquías, debe estar dirigido por el partido de
la clase obrera. En la lucha revolucionaria no puede haber un
poder superior ni paralelo al partido. Este es un viejo principio
comprobado y reconocido por los obreros y dirigentes revolucionarios
que han tomado el poder y que nosotros también debemos
cumplir.
Por qué se crean
organizaciones distintas del partido? Ya hemos hablado de la selección
rigurosa de clase que exige el partido y de las cualidades imprescindibles
del aspirante para poder pertenecer a él. Al partido no
puede entrar todo mundo. El partido es una minoría selecta,
de lo más valiente, honesto y capaz de la clase obrera
o de las otras clases que acoja la causa obrera y antiimperialista.
El resto del proletariado, del campesinado, de la pequeña
burguesía hay que integrarlo a la lucha revolucionaria
y organizarlo en las organizaciones de masas. A la vez el partido
por intermedio de las organizaciones de masas se pone en contacto
con importantes sectores revolucionarios de donde saca militantes
valiosos para sus filas. Hay organizaciones de masas que desarrollan
gran actividad política, que luchan abiertamente por la
revolución, pero dentro de los marcos de la legalidad burguesa.
Estas son las federaciones de mujeres, las ligas campesinas, los
frentes estudiantiles, cuyas tareas se reducen en lo posible a
las actividades legales. Estas organizaciones desempeñan
un papel importantísimo en la lucha revolucionara y son
irreemplazables en las grandes tareas de agitación y educación
de amplios sectores de las masas.
A menudo el partido
necesita mimetizar ciertos cuadros para poder penetrar determinadas
regiones donde la represión y la vigilancia del enemigo
ha aumentado, y entonces crea organizaciones legales, como comunidades
sociales, corporaciones deportivas, etc, para encubrir su labor.
Sin estas organizaciones las labores de politización y
vinculación de las masas al partido serían imposibles.
El cuadro clandestino del partido como miembro de la liga tal
de lucha contra el cáncer, por ejemplo, engaña la
vigilancia enemiga, a la vez que puede adelantar los trabajos
revolucionarios a el encomendados. Estas organizaciones son muy
útiles en la guerra para camuflar los aparatos logísticos
e informativos del ejército popular.
Cuáles son las
relaciones de las organizaciones legales con el partido? Ya vimos
que todas las organizaciones de masas deben estar sometidas a
la dirección política del partido. Esto significa
que todas las organizaciones de masas fundadas por el partido
o que están bajo control han de servirle al partido para
cumplir sus tareas de penetración, vinculación y
politización de las masas, por el cual deben aceptar las
orientaciones que éste imparta sobre su funcionamiento
y actividades. En ningún momento se ha de invertir este
orden. Las organizaciones pueden determinar las funciones del
partido sin suplantarlo en sus tareas y competencias.
Sabemos por otra parte
que los requisitos para pertenecer a una organización de
masas son menos severos que los exigidos para pertenecer al partido.
Tampoco podemos olvidar esta diferencia dentro el partido y las
organizaciones de masas por ningún motivo.
Pero quiere decir todo
esto que las organizaciones de masas y legales no tienen autonomía
para realizar las labores inherentes a su naturaleza? No. El partido
debe dar la autonomía necesaria a las organizaciones de
masas y ésta ha de ser una orientación fundamental
del partido respecto a sus relaciones con las organizaciones legales
de masas. El partido tampoco puede invadir el estadio de las actividades
propias de las organizaciones de masas; pero debe, eso sí,
llevar su línea política y las orientaciones generales
a estas organizaciones. El partido debe luchar porque su línea
política e ideológica sea aceptada por las organizaciones
de masas que no están aún bajo su influencia, mediante
el trabajo de vinculación y educación y sobre todo
luchando al lado y por los intereses justos de las masas defendidos
por sus organizaciones.
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