Los Guardias Rojos:
"Hong Wei Bing"
...
Con la Revolución
Cultural, Mao desarrolló la forma y el método básico
de revolucionar el partido e impulsar la transformación
de la sociedad en todos sus aspectos: desencadenar la actividad
consciente y revolucionaria de las masas para derrocar a la burguesía
que surge en el seno del partido. La lucha para impedir la restauración
capitalista fue un paso gigante para la lucha revolucionaria mundial.
El siguiente artículo
sobre los Guardias Rojos muestra cómo movilizaron a millones
de jóvenes durante la Revolución Cultural para prender
y extender la lucha de clases. Es una historia de la democracia
proletaria en la práctica.
El 18 de agosto de 1966,
hace 30 años más de un millón de Guardias
Rojos hicieron su primera manifestación en la plaza Tiananmen
de Pekín. Batallones juveniles, unidos a la Revolución
Cultural, marchan coreando: "Navegar los mares depende del
timonel". Mao Tsetung pasa revista y aprobación a
los nuevos luchadores y se pone uno de sus brazaletes, con los
tres caracteres "Hong Wei Bing" (Guardia Roja). De la
madrugada al mediodía felicita a los Guardias Rojos, alienta
su entusiasmo y cuestionamiento crítico, y los guía
a continuar la revolución dentro de la revolución
*****
El desenvolvimiento de
una intensa lucha de clases llevó a la formación
de los Guardias Rojos. En las paredes de la Universidad de Pekín
aparecieron miles de cartelones de grandes caracteres (dazibaos)
y se prendió un candente debate y lucha política.
El 5 de agosto Mao publicó su propio dazibao: instó
a la juventud a "Cañonear el cuartel general!",
a criticar a los dirigentes que querían llevar a China
por el camino capitalista. Además el Comité Central
del Partido Comunista de China adoptó la "Decisión
de los 16 Puntos", un documento sumamente importante de la
XI Sesión Plenaria del VIII Comité Central (celebrada
el 18 de agosto), que serían los principios rectores de
la Gran Revolución Cultural Proletaria. Destacaban la importancia
del papel de la juventud e instaban a los más rebeldes
a entrar a la refriega: "Un gran número de jóvenes
revolucionarios, antes desconocidos, se han convertido en valientes
desbrozadores de caminos. Actuaron con firmeza, vigor e inteligencia.
Por medio de cartelones de grandes caracteres y de grandes debates,
exponen franca y plenamente sus opiniones, denuncian y critican
a profundidad, y lanzan resueltos ataques contra los representantes
abiertos u ocultos de la burguesía En el curso de semejante
gran movimiento revolucionario, es inevitable que ellos muestren
tales o cuales defectos, pero su orientación revolucionaria
fundamental ha sido siempre correcta. Esta es la corriente principal
de la Gran Revolución Cultural Proletaria. Es la dirección
principal en que la Gran Revolución Cultural Proletaria
prosigue su avance".
Mao agregó en una
carta personal: "Es justo rebelarse contra los reaccionarios....
Os expreso mi cordial apoyo...". Mao llamaba a la juventud,
con su espontaneidad y audacia, a ser un catalizador, a ser una
fuerza que llevara a millones más de otros sectores de
la sociedad, a la crucial lucha para prevenir la restauración
del capitalismo.
En gran escala en Pekín
En la universidad, la
lucha cobró fuerza y atrajo gente de otras partes. Sus
puertas se abrieron y entraron cientos de miles de personas: algunas
por mera curiosidad, otras con un deseo de escuchar, muchas con
un anhelo urgente de agregar sus propias experiencias a la lucha.
Los campesinos llegaban de las comunas (el sistema de agricultura
colectiva) con su mejor ropa. Muchos nunca habían soñado
con atravesar el umbral de una universidad y ahora los estudiantes
los recibían calurosamente. La muchedumbre creció
formaba y volvía a formar nudos de debate por todos lados
en la gran ciudad universitaria hasta entrada la noche.
Había altoparlantes,
pero donde no se podía los estudiantes formaban equipos
de relevos para explicar lo que pasaba. Como le dijo un estudiante
a un visitante del Occidente: "Ahora que nos atrevemos a
hablar, nos atrevemos a actuar, es maravilloso! Jamás nos
hemos sentido así. Siguieron colgando grandes dazibaos
-críticas, denuncias y citas de Mao- en los corredores,
aulas, paredes provisionales, del techo e incluso en las aceras.
Los Guardias Rojos tenían
de 12 a 30 años de edad; la mayoría eran estudiantes
de secundaria, de 12 a 17 años Se organizaron en secciones
y destacamentos, establecieron cuarteles generales a nivel provincial
y municipal, y eligieron líderes a quienes, en cualquier
momento, podían destituir.
Un joven estadounidense
que estudiaba en una secundaria de Pekín en esa época
participó de las actividades de los Guardias Rojos. En
una entrevista de 1968, describió la experiencia y contó
cómo lo atrajo la lucha en la Universidad de Pekín:
"Igual que los estudiantes de mi secundaria iban a la Universidad
de Pekín a ver lo que pasaba; en otras ciudades tenían
el mismo deseo de venir a Pekín. Oía que había
gente estupenda en las calles, haciendo la revolución,
siguiendo al Presidente Mao, que se justifica la rebelión.
Así que se vinieron. Nuestra escuela tenía1800 estudiantes.
De repente llegaron 7000 más de Tientsin; venían
por todos lados. Se nos ocurrió que podíamos extender
la revolución saliendo de Pekín. El Comité
Central decidió que era una buena idea que viajáramos.
Comprendí que el sistema de educación sólamente
lo pueden cambiar los estudiantes y que los estudiantes no pueden
hacer que el sistema de educación sirva al pueblo si no
conocen a ese pueblo.... Algunos estudiantes debían quedarse
en Pekín para continuar la lucha mientras el resto viajaba
canjeando experiencias. Pero todo mundo quería irse y todos
se fueron. Yo me quedé un tiempo a ayudar a organizar centros
de distribución para proporcionar mantas y comida a los
que llegaban. Pekín tiene cinco millones de habitantes.
Llegaron tres millones y medio más. Había un caos
total pero nadie passaba hambre. Todos tenían donde acostarse,
si no en una escuela pues en una casa particular. Se quedaban
de dos a tres meses".
A esas alturas, nada podía
parar a la juventud de la Guardia Roja. Entre agosto y noviembre,
Mao saludó a grandes mítines de un millón
de Guardias Rojos cada uno. Durante todo el otoño la población
de Pekín contó con dos millones de "visitantes":
en total, unos trece millones de jóvenes invadieron la
capital en esos meses, siguiendo el llamamiento de Mao: "Que
el resto del país venga a Pekín o que Pekín
vaya al resto del país..". El Ejército Popular
de Liberación -EPL) recibió órdenes de ayudar
a la juventud y, con la ayuda de la població local, organizó
comida, vivienda y transporte. Pusieron seis mil camiones a su
disposición
De todas partes llegaron
jóvenes. Todos los días serpenteaban largas procesiones
por las calles y resonaban altoparlantes en toda dirección.
Enarbolaban banderas, pegaban afiches, distribuían volantes
y vendían periódicos en cada esquina, donde se formaban
nudos de debate. Jean Daubier, en su libro Historia de la Revolución
Cultural Proletaria de China, describe la animada atmósfera
de las calles de Pekín. "Las calles de la ciudad adquirieron
un aspecto poco habitual: jóvenes mongoles con botas y
largas túnicas pasaban al lado de uigures con sus trajes
multicolores típiccos de la lejana provincia de Sinkiang.
Entre los Guardias Rojos provenientes del oeste de China, que
durante muchos siglos fue el puente de diversas corrientes migratorias,
se distinguía, al lado de tipos locales bastante puros,
cercanos a la etnia turca, algunos con cabellera rubia y ojos
azules. También vinieron jóvenes tibetanos, de pequeña
estatura, el rostro curtido por el viento de las altas cimas,
envueltos en grandes y gruesos abrigos de vivos colores y ataviados
con sombreros de fieltro de ala ancha parecidos a los de los indígenas
de Perú las tiendas, camiones jardines y restaurantes se
escuchaban los más diversos dialectos y acentos".
Una de las primeras cosas
que hicieron los Guardias Rojos fue denunciar y atacar los vestigios
feudales y capitalistas. Arrancaron los nombres de calles y letreros
de tiendas que evocaban recuerdos de la China imperial: una declaración
política de que persistían las influencias feudales
y que se tenía que combatir conscientemente. La juventud
revolucionaria estampaba su sello rojo dondequiera que iba. Cuando
pasaron por la ciudad de Shenyang (que antes era Mukden), le cambiaron
el nombre al letrero de la estación del tren. Escribir
Shenyang con el caracter abreviado en la primera sílaba
quería decir "sol puesto"; los Guardias Rojos
cambiaron el nombre a "Hungyang", o sea, "sol rojo".
Confiscaron pistolas escondidas, barras de oro, monedas de plata,
banderas del Kuomintang (el viejo gobierno reaccionario) y viejos
títulos de propiedad (señales de que ciertos elementos
de la sociedad suspiraban por los "días de antaño
y "esperaban tras bambalinas" la restauración
del capitalismo).
En las escuelas se pusieron
a revolucionar el sistema de educación. Criticaron fuertemente
el contenido y los viejos métodos de enseñanza,
con sus lecciones abstractas divorciadas de la práctica.
Atacaron a los administradores responsables de convertir las escuelas
en incubadoras de tecnócratas selectos y académicos
privilegiados. Por ejemplo, la siguiente es una propuesta de un
grupo de estudiantes que salió en el Diario del Pueblo:
"Tan pronto como acabe la
gran Revolución Cultural, todos los estudiantes que han
estudiado por lo menos dos años de humanidades se graduarán
antes de tiempo y serán enviados a participar en los tres
grandes movimientos revolucionarios -la lucha de clases, la lucha
por la producción, la experimentación científica
-y se integrarán sin reserva durante un largo tiempo con
los trabajadores, los campesinos y los soldados.
"Los profesores
de humanidades deben usar las obras de Mao Tsetung en sus clases
y organizar estudios profundos de la lucha de clases.
"De ahora en
adelante, las facultades de humanidades deben cambiar su programa
de estudios a uno, dos o tres años de acuerdo con las instrucciones
del Presidente Mao y las necesidades del país. Además
cada año hay que dedicar cierto tiempo a trabajar en una
fábrica y en el campo, a prácticas militares y a
la lucha de clases en la sociedad.
"Por lo que
respecta a los métodos de enseñanza, lo importante
es la autoeducación y la discusión. Los profesores
deben ofrecer información individual adecuada, practicar
el método democrático de enseñar, seguir
la línea de masas y abolir resueltamente el método
de atiborrar la cabeza de información.
"De ahora en
adelante, las universidades deben admitir a los jóvenes
que se han templado en los tres grandes movimientos revolucionarios,
cuya ideología es progresista y que han alcanzado cierto
nivel de educación y no exclusivamente a los que han asistido
a la escuela media superior. Este sistema permitiró la
admisión de grandes cantidades de trabajadores modelos,
campesinos pobres y medio inferiores y exsoldados" (de "Propuestas
al Comité Central del Partido y al Presidente Mao concernientes
a la introducción de un sistema académico completamente
nuevo de facultades de Humanidades en las universidades").
Llevar a Pekín
al resto del país
La dirección revolucionaria
del Partido Comunista instó a los Guardias Rojos a "llevar
a Pekín al resto del país, a viajar por todo el
vasto campo chino, difundir su fervor revolucionario y atraer
a millones más a la lucha de clases. Especialmente después
de que Mao recibió a los Guardias Rojos en la plaza Tiananmen
en agosto, las provincias se enteraron de la lucha librada en
la Universidad de Pekín, por radio y teléfono. Pero
ahora la juventud fue despachada a diversos puntos para llevar
y extender la lucha de una manera concreta y práctica:
a canjear experiencias revolucionarias. Se tomaron medidas especiales
para facilitar esos "grandes canjes". El EPL recibió
ódenes de seguir ayudando a viajar a los Guardias Rojos
y los sistemas de transporte recibieron órdenes de dejarlos
viajar gratis. Millones y millones de jóvenes comenzaron
a atravesar el vasto campo de China por todos los medios posibles:
vagones, locomotoras, barcos, etc.; en algunos casos, cambiaron
el itinerario de los trenes.
Algunos Guardias Rojos
viajaron considerables distancias. Emprendieron "largas marchas"
de 900 kilómetros o más y pararon en fábricas
y comunas para diseminar la rebelión. Más tarde,
cuando se les pidió no usar más los trenes debido
al caos que causaban en el sistema de transporte, viajaron cientos
de kilómetros a pie hasta Manchuria y Tibet.
Querían compartir
su experiencia en la lucha de clases en las universidades, pero
también instaron a las masas a escrutar a los dirigentes
del partido, a hacer dazibaos y a organizar resistencia contra
los burócratas revisionistas que trataban de sabotear la
lucha para proteger su propio pellejo. A todas partes llegaban
con sus armas: el "Libro rojo" (Citas del Presidente
Mao Tsetung) y el documento de los "Dieciséis Puntos".
Además sacaban propaganda en pequeñas prensas portátiles,
que llegaron a ser una de sus caractericas.
De tal manera, millones
de personas jugaron un papel crucial en la realización
de la Revolución Cultural. En una escala amplísima,
la actividad consciente del pueblo fue movilizada para hallar
y singularizar a los seguidores del camino capitalista. En el
proceso, todos captaron más a fondo la necesidad de librar
la lucha de clases bajo el socialismo y cómo hacerlo.
Un relato del libro de
Jan Myrdal y Gun Kessle, China: La revolución continúa,
capta el efecto de las visitas de los Guardias Rojos a las comunas.
Los autores entrevistaron a Fu Hai-tsao, de la aldea de Liu Ling,
sobre su experiencia con los Guardias Rojos: "Los Guardias
Rojos vinieron en el otoño de 1966. La primera vez, eran
siete. La segunda vez, diez. De septiembre a diciembre de 1966
vinieron más Guardias Rojos. Cada grupo se quedó
una semana o diez días. Así comenzó la revolución
cultural aquí.
"Los Guardias
Rojos vinieron con el libro de citas. Leyeron en voz alta citas
que jamás habíamos oído. Dieron discursos
y organizaron discusiones. Los recibimos tocando tambores. Nos
visitaron en nuestras cuevas. Les calentamos el kang [una cama
con un compartimiento que se puede calentar] para que no se resfriaran.
Nos pagaron por la comida y todo. Todos.... Los Guardias Rojos
estaban bien organizados. Se dividieron en grupos y visitaron
todas las casas de la aldea. Leyeron citas y nos contaron sobre
la revolución cultural en Pekín y Shanghai. Jamás
habíamos visto tantos desconocidos en el pueblo. Nos hicieron
preguntas sobre nuestra vida. Quería aprender de nosotros.
Nos preguntaron cómo nos iba en la brigada [grandes unidades
de trabajo]. Participaron en discusiones con los cuadros dirigentes
de la brigada y, en reuniones públicas, les hicieron preguntas
sobre el sistema de puntos de trabajo [que determinaba el ingreso]
y cosas por el estilo.
"Me dieron
un libro de citas. Lo distribuyeron a varias familias. Finalmente
todos lo recibieron. Los Guardias Rojos fueron muy importantes
para nosotros. Seguimos leyendo las citas cuando se fueron. Leímos
y comparamos las citas con lo que se hacía en Liu Ling
y sacamos la conclusión de que era necesario cambiar muchas
cosas. Para los que no sabían leer, leímos las citas
en voz alta".
Otro campesino, Mau Pei-hsin,
relató: Bueno, la primera vez que ví a los Guardias
Rojos no los entendí mucho. Me preguntaba por qué
habrían venido. Pensaba quién los mandaba a meterse
con nosotros. Pero hablé con ellos. Discutimos el asunto.
Y ví que había venido como la voz del Presidente
Mao y el Comité Central.
"Antes de la
llegada de los Guardias Rojos no había leído las
citas. Solamente había oído hablar de las obras
del Presidente Mao. Pero era difícil conseguirlas y no
eran baratas. Tampoco eran fáciles de leer. Por eso para
mí fue muy importante conseguir las Citas del Presidente
Mao. Las estudié concienzudamente. Después de leerlas,
me animé a escribir primer cartel de grandes caracteres.
Y lo pegué afuera, en la pared".
Efectivamente, las armas
de propaganda de los Guardias Rojos eran indispensables. Desde
agosto de 1966, después de la decisión de la XI
Plenaria del Comité Central de reimprimir el Libro Rojo
de Mao, se sacaron y distribuyeron cientos de millones por todo
el país. En reuniones de masas o en pequeños grupos,
los Guardias Rojos estudiaban y debatían las obras de Mao,
Marx, Engels, Lenin y Stalin. Las cifras de publicación
de 1967 indican el enorme papel que desempeño dicha propaganda
en la lucha: Obras Escogidas de Mao Tsetung: 86 millones de ejemplares;
Citas del Presidente Mao Tsetung: 350 millones; Textos escogidos:
48 millones; Poemas: 57 millones.
Los Guardias Rojos también
invadieron las fábricas. Muchas veces interrumpían
la producción, llegaban en cualquier momento sin anunciarse,
entraban directamente a las unidades de producción organizaban
discusiones en el momento. Los trabajadores comenzaron a seguir
su ejemplo y organizaron varios tipos de organizaciones revolucionarias.
En las unidades de trabajo proporcionaban papel y tinta gratis
para los cartelones de grandes caracteres, y asignaban vehículos
y oficinas para los "rebeldes". El costo de sacar volantes,
instalar altoparlantes y arreglar reuniones lo pagaban las oficinas
y las fábricas.
Mao señaló
que las actividades de los estudiantes en sí no podía
ser lo decisivo. La juventud podía jugar el papel de catalizador,
pero solamente los trabajadores y los campesinos, movilizados
políticamente, estaban en condiciones de cambiar el balance
del poder y recuperar los puestos de poder de manos de los que
querían restaurar el capitalismo. Así que fue un
gran paso cuando el proletariado comenzó a formar organizaciones
revolucionarias y a desempeñar un papel dirigente en la
Revolución Cultural.
Es justo rebelarse contra
los reaccionarios
Los Guardias Rojos emprendieron
con entusiasmo la tarea de desenmascarar a los reaccionarios.
Criticaban a los revisionistas locales, pero atacaban en particular
a los altos cuadros del partido seguidores del camino capitalista.
No se contentaron con denunciarlos y destituirlos. Realizaron
lucha y estudio para que las masas entendieran profundamente las
las ideologías y políticas.
Los muros, las vitrinas
e inclusive las aceras estaban cubiertos de carteles, consignas
y caricaturas. Adornaban las calles y marchaban al son de batintines
y tambores. Celebraban las victorias revolucionarias -el traslado
del poder en una escuela, comuna o fábriica- y pegaban
pancartas en puertas para anunciar la formación de un comité
revolucionario y una victoria ante los seguidores del camino capitalista.
Hacia comienzos de septiembre,
los Guardias Rojos tropezaron con resistencia. A algunos los atacaron,
en nombre de Mao, grupos de trabajadores y campesinos movilizados
por dirigentes del partido seguidores del camino capitalista.
Los reaccionarios se organizaron. Formaron grupos, viajaron, establecieron
puestos de avanzada para bloquear el trabajo de los Guardias Rojos
y mandaron representantes a Pekín a presentar sus quejas
al Comité Central. Al enterarse de los ataques contra los
Guardias Rojos, Mao dijo: "No se permite la represión
y recomendó a los Guardias Rojos no permitir que tales
ataques apagaran su rebelión "En un gran país
como el nuestro los disturbios de un puñado no deben ser
motivo de preocupación. tiemplan a los jóvenes...
los ayudan a entender que el camino revolucionario no avanza sin
tropiezos".
Los Guardias Rojos finalmente
regresaron a sus escuelas y continuaron la lucha en ellas. Pero
durante sus viajes movilizaron a millones a discutir y a abordar
cuestiones claves de la lucha de clases bajo el socialismo. Muchas
veces, naturalmente, al comienzo la situación no se veía
con claridad: por ejemplo, los oponentes de Mao decían
ser sus defensores y auténticos revolucionarios. Así
que las masas tuvieron que aprender a distinguir entre lo revolucionario
y lo no revolucionario, analizando profundamente lo que decían
y, lo que es más decisivo, lo que hacían en la práctica.
Lo importante era ir más allá de los fenómenos
superficiales y llegar al contenido, la sustancia, ver si iba
en la dirección del comunismo o en otra dirección
de vuelta al capitalismo.
La Gran Revolución
Cultural Proletaria, un acontecimiento sin precedentes en la historia,
movilizó a las masas en una escala verdaderamente grandiosa.
Su grito de batalla fue la declaración de Mao "es
justo rebelarse contra los reaccionarios". Los osados e impetuosos
Guardias Rojos echaron por la borda lo convencional y, defendiendo
con valor la línea revolucionaria de Mao Tsetung, llevaron
el espíritu y el contenido esencial de la Revolución
Cultural a todos los rincones del país.
Obrero Revolucionario
#966, 19 de julio, 1998.