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Homenaje Póstumo a Gladys Rodríguez (Apartes)
Corría el año
1976 cuando un grupo de jóvenes formados en las Universidades
le dimos rienda suelta a nuestro ímpetu político,
dentro de un modelo novedoso, innovador, alimentado por un espíritu
radical, confrontacional, pero en todo caso alejado del terrorismo
y de cualquier vinculación con la lucha armada. Eran las
épocas de la bipolaridad y del debate alrededor de los modelos
socialistas. Los chinos aparecían como la contrapartida a
los considerados retrocesos del modelo soviético, los grupos
se alineaban al lado de una o de otra influencia. La revolución
cubana era percibida con emoción, aunque con recelo para
algunos por su gravitación alrededor del Kremlin.
En las Universidades florecían
toda suerte de “Ismos” compitiendo cada uno por ser
el auténtico representante de la clase obrera o en lo particular
el verdadero intérprete del Marxismo, o del marxismo Leninismo,
o del Marxismo Leninismo Pensamiento Mao Tse Tung, o incluso del
Trotskismo. Las ideas que no estuvieran enmarcadas en el campo de
la revolución estaban arrinconadas en las universidades;
la participación en elecciones para muchos era sinónimo
de debilidad y “mamertismo”.
A un hombre de una inteligencia excepcional
se le debía la conducción de uno de los grupos políticos
de la época: su mano incidió en la elaboración
tanto de la propuesta ideológica como del análisis
permanente de la llamada coyuntura; un hombre cuyos orígenes
políticos se remontan a las juventudes del movimiento revolucionario
liberal en Santander: Francisco Mosquera.
Creímos con firmeza que estábamos
encarnando la solución para las dolencias de nuestra sociedad
al promover una propuesta movilizadora de frente amplio, buscando
alcanzar metas de desarrollo con justicia social dentro de un esquema
de resistencia a lo que llamábamos la dominación Norteamericana,
a quien atribuíamos todos los males del subdesarrollo. Estábamos
insertos como una de las expresiones de lo que se llamó en
Colombia la generación de los setentas.
Retábamos a los poderes instituidos
con ingenio y entusiasmo desbordante; acompañando políticamente
a la revolución china y a su máximo conductor Mao
Tse Tung tomábamos de su ejemplo algunas estrategias: una
de ellas fue la llamada política de los pies descalzos; una
réplica criolla de lo realizado por Mao para avanzar en su
demoledora guerra campesina.
Decenas de jóvenes en una verdadera
diáspora se esparcieron por todo el país para predicar
el nuevo evangelio. Algunos de ellos provenientes de clases acomodadas
y de Universidades privadas; los llamamos cariñosamente:
los descalzos.
En este contexto conocimos a Gladys Rodríguez
Pérez: una jovencita arquitecta, que con alegría a
flor de piel llegó a Pereira junto a otros más, cuyos
destinos se fueron construyendo al lado de los nuestros con el paso
de los años.
Gladys introdujo en nuestros esquemas
de propaganda una verdadera revolución; nos enseñó
a usar el “Screen”, la ciudad conoció los carteles
gigantes en papel periódico, y pintura roja. Las caras y
siluetas de los personajes en blanco y negro; en montajes de rompecabezas.
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De regreso en la Universidad
apoya la tarea de la integración regional que estimulamos
desde la Corporación Alma Mater y se vincula de lleno a la
investigación logrando el reconocimiento de Colciencias a
su grupo de investigación e inicia el trabajo que hoy se
publica a través de este libro que damos a conocer con el
carácter de homenaje póstumo.
Finalizando el año anterior le
vi una presentación en el auditorio de los cafeteros en la
ciudad de Manizales ante un selecto público de actores regionales
en reunión promovida por el proyecto de la Ecorregión
y el Alcalde de Manizales. Como siempre, y a pesar de su enfermedad,
estuvo brillante con esa facilidad asombrosa para explicar los temas
de la geografía física y humana de las ciudades y
la región. Nos explicó los perfiles de las ciudades
región del Eje Cafetero.
Quizás es en el campo del desarrollo
regional donde mayor incidencia puede tener la universidad sirviendo
de articulador de los diversos actores sociales. Definitivamente
el desarrollo debe partir de sinergias regionales pensadas y construidas
de manera concertada, así lo entiende cada vez con mayor
claridad la comunidad regional y así lo percibe la cooperación
internacional.
El mundo de
lo urbano denota un enigma en permanente evolución todavía
por descubrir; aplicarse a la tarea de desentrañarlo para
entenderlo y promoverlo o regularlo, según sea del caso,
es un ejercicio de la mayor importancia. A ello dedicó Gladys
sus últimos días con la pasión de siempre;
el libro que nos deja abre avenidas al conocimiento de este tema,
donde ella como pocos era una verdadera experta.
Pereira,
30 de marzo de 2004
Luis
Enrique Arango Jiménez -
Rector Universidad Tecnológica de Pereira
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