DISCURSO ANTE SU TUMBA
Francisco Mosquera fue un
Comunista
Camaradas, señores padres -Francisco
Mosquera y Lola Sánchez- y demás familiares de Francisco
Mosquera Sánchez, amigos:
Ha terminado su ciclo vital y su paso
por la historia el ser cuyo cerebro alojaba y elaboraba las ideas
más avanzadas de la clase obrera y cuyo corazón
pulsaba en armonía con el sentir más hondo de nuestro
pueblo: Francisco Mosquera, máxima autoridad ideológica
y política del MOIR. Esta muerte, que condensa todo el
valor que con sabios y combativos actos revolucionarios él
le imprimió a su vida, tiene como significado todo el peso
de la cordillera andina y representa para nuestra clase, nuestro
pueblo y nuestro Partido la más enorme e irreparable pérdida.
El dolor que ello produce, camaradas,
contiene una necesaria y afortunada alternativa dialéctica:
convertir su concentrado signo negativo en una explosión
de energías revolucionarias que lleve a fulminar escorias
y desechos históricos, inaugurar nuevos senderos de progreso
humano e iluminar las tenebrosas oscuridades que incesantemente
y por doquier generan en todos los ámbitos de la vida social
las clases reaccionarias.
El camarada Mosquera tuvo la virtud,
característica de los grandes hombres, de captar desde
sus años juveniles la verdad de la situación social
y política. Dos factores incidían negativa y abrumadoramente
sobre el destino de nuestro pueblo: el antidemocrático
régimen del Frente Nacional instaurado por el imperialismo
y la oligarquía, y la funesta precocidad del revisionismo
contemporáneo al brotar en nuestro suelo antes de que lo
hicieran las flores rojas del marxismo-leninismo. Contra ambos
fenómenos abrió combate Pacho, empezando por engrosar
las filas de quienes, también jóvenes, y en ansiosa
y desprendida búsqueda de nuevas vías revolucionarias,
integraban el Movimiento Obrero, Estudiantil y Campesino (MOEC).
Su experiencia allí le enseñó pronto que
esta agrupación, respondiendo a una base social primordialmente
pequeño-burguesa, recurría, con base en formulaciones
en las que "la frase desbordaba el contenido", a prácticas
en donde lo radical escondía lo vano y los escarceos armados
eran meras caricaturas de las altas formas de lucha. Advirtiendo
que tales patrones de pensamiento y conducta, más allá
de los ánimos, constituían un foco de desviaciones
políticas, empuñó las armas de la crítica
iniciando la demolición teórica de lo que en Colombia
y el resto de América Latina, con Cuba como principal surtidor
y bajo las más diversas variantes -casi en su totalidad
incubadas en Moscú al amparo ideológico del revisionismo
contemporáneo y con el apoyo material y político
del social-imperialismo soviético- germinaría con
la denominación genérica y no del todo precisa de
extrema-izquierda. El título del documento con el que abrió
fuego para tal empresa crítica indica su orientación
y contenido: Hagamos del MOEC un partido marxista-leninista. Con
las categorías esenciales del marxismo exorcizó
los demonios pequeño burgueses que atormentaban a un puñado
de revolucionarios y marchando a su cabeza procedió a fundar
nuestro Partido.
El camarada Mosquera sentó así,
en l.965, las primeras bases de lo que durante tres décadas
fue su tarea mayor: impulsar la elaboración de una línea
política que respondiera a la necesidad que tiene la sociedad
colombiana de empezar a "crearse el punto de partida revolucionario,
la situación, las condiciones, las relaciones, sin las
cuales no adquiere un carácter serio la revolución
moderna", como lo expresaba Carlos Marx para todas las sociedades.
Para ello asió tres criterios que en nuestra época
constituyen el alma del alma de todo proceso revolucionario inscrito
en el transcurso histórico de la humanidad.
Primero, asumir primordial y cabalmente
la defensa e impulso de las concepciones ideológicas y
los intereses políticos propios de la clase obrera. Esa
toma de posición, correspondiente a la diferencia antagónica
con la burguesía, es el sólido substrato de la estrategia
y la táctica del MOIR.
Segundo, dicha posición proletaria
involucra íntima y esencialmente la adopción de
la teoría originada en la lucha que los obreros han venido
desarrollando junto a las masas desde su configuración
como clase social y que, sistematizada, se concentra en tres elementos
constituyentes: el marxismo, el leninismo y el maoismo. Esta teoría
es la inapreciable y fundamental arma que guía el pensamiento
de los moiristas en todos sus combates políticos e ideológicos.
Tercero, con tal posición de
clase y tal base teórica, construir un partido que sea
la fuerza-núcleo que dirija a las masas hacia el triunfo
de la revolución en Colombia.
No existen en el mundo cimientos más
sólidos que estos tres criterios sobre los cuales el camarada
Mosquera fundó y construyó el MOIR.
El solo enunciado de los principales
aspectos de su obra revolucionaria, ya revela la prodigiosa dimensión
que posee. Tomando en consideración las condiciones actuales
de opresión neocolonialista que sobre nuestra nación
ejerce el imperialismo norteamericano, para lo cual se apoya en
los vende patria que de manera despótica y antipopular
manipulan el aparato estatal, trazó la estrategia para
una revolución de nueva democracia. Al desarrollarla, el
proletariado -sobre la base de la alianza obrero-campesina y formando
un amplio frente único con el resto de clases oprimidas
por el imperialismo- se propone la toma del Poder a fin de establecer
una república soberana, popular y democrática. Esta
revolución de nueva democracia "es el ensayo general
final hacia la revolución socialista." Pero al definir
esta estrategia, el camarada Mosquera señaló algo
que, quizás hoy más que nunca, deben tener en cuenta
el proletariado y su partido: "La aspiración suprema
de toda revolución es la toma del Poder. La clase obrera
sólo puede llegar a él al frente de una insurrección
revolucionaria triunfante. Su partido nunca teje ilusiones al
respecto y repudia las fórmulas intermedias del revisionismo
de 'conquistar primero el gobierno y luego el Poder'". Y
agregó que el proletariado colombiano no entrará
al palacio de gobierno "ungido por el 'voto universal' ni
en ancas de un golpe cuartelario. Por experiencia propia ha comprendido,
y se lo enseña el marxismo, que exclusivamente organizando
a la mayoría de los desposeídos y humillados y recurriendo
a la forma más elevada de lucha 'decretará' algún
día su emancipación".
A lo largo del constante trabajo político
que impregnó su vida, el camarada Mosquera dilucidó
de manera creadora para cada situación y cada batalla los
pasos tácticos que deben darse en relación con la
estrategia. Hizo un riguroso análisis de la lucha de clases,
las mutaciones en la correlación de fuerzas, el estado
de ánimo de las masas, los flujos y reflujos de la revolución,
la forma de lucha principal y de organización que en cada
período esté al mando, las tareas prioritarias y
las tareas secundarias, en fin, todo lo que en cada situación
política él definía como lo que "toca
hacer" y que, situado en la entraña misma de la vida
partidaria, sólo a riesgo de liquidarnos admite equivocaciones.
Esta gama de principios tácticos constituye un vivo tratado
revolucionario cuya observancia es la más segura garantía
para el avance del MOIR, la clase obrera y las masas.
En el plano internacional, sumó
sus fuerzas y las de su Partido a la lucha contra el imperialismo
norteamericano y contra el social-imperialismo soviético.
Hizo causa común con el Partido Comunista de China dirigido
por Mao Tse-tung en la colosal batalla contra el revisionismo
soviético, reviviendo los principios de las decenas de
millones de obreros, principios que "la palabrería
vacua y adocenada de los falsificadores mantienen inmersos y ocultos".
Los hechos terminaron confirmando la validez de su aguda crítica
contra el oportunismo de derecha al señalar durante más
de veinte años la degeneración que carcomía
al régimen de la antigua Unión Soviética
y a quienes en otras naciones lo seguían o imitaban grotesca
y trágicamente. Aclaró, en contraposición
con los diagnósticos y conclusiones de los voceros de la
burguesía imperialista, que lo que se derrumbó al
perder el proletariado el poder político en los países
socialistas -y continuará derrumbándose dondequiera
que se repita esta pérdida- no fue el socialismo sino el
revisionismo, que lo que fracasó no fue el marxismo sino
su no-aplicación. Serán vanos los intentos de debilitar
la voluntad de lucha de los pueblos o de hacer tambalear la ideología
de la clase obrera trastrocando la verdad de los hechos.
No es de importancia secundaria, ni
algo circunscrito sólo a nuestro Partido, el inmenso aporte
del camarada Mosquera al estilo de trabajo y a los métodos
de organización revolucionarios. Él mismo encarnó,
en su contienda contra los peores rasgos que segregan los oportunistas
de derecha y de "izquierda", el ejemplo sobre el estilo
flexible, amplio, fraternal y solidario que debe regir tanto nuestras
relaciones partidarias como las que tenemos con el pueblo. Permanente
y categórico fue su rechazo al sectarismo, las actitudes
mezquinas, la estrechez de miras y, particularmente, a todo asomo
de conductas propias del lumpen en las filas de la revolución.
Como eje rector de la organización del Partido formuló
el centralismo democrático, ese principio insustituible
que también debe tener vigencia en las organizaciones sindicales
y de masas, así como en los gobiernos democráticos
y socialistas. Sabía, con Mao Tse-tung, que todo aquel
que viole este principio socava la unidad del Partido y de las
organizaciones populares.
Ante la situación de Colombia
en los últimos años, Francisco Mosquera vislumbró
primero que todos la naturaleza imperialista de la llamada política
de apertura y condenó el siniestro plan de adecuar las
instituciones del estado colombiano -"revolcándolas",
según la adjetivación vulgar de Gaviria- para su
eficaz aplicación. Esta política, que viene arrasando
con los derechos y las conquistas más preciados de los
trabajadores, que asesta duros golpes a la agricultura y la industria
nacionales, que entrega a los monopolios privados estratégicas
empresas estatales -política que forzosamente continuará
su curso antinacional y antipopular durante el gobierno de Samper
próximo a inaugurarse- fue señalada por el camarada
Mosquera como una gran ofensiva de recolonización por parte
del imperialismo norteamericano. Para denunciar y combatir su
objetivo, emitió a nombre del Partido la declaración
titulada Defendamos la producción nacional y lanzó
la consigna ¡Por la soberanía económica, resistencia
civil!, consigna que hoy más que nunca es un llamado a
la lucha dirigido a las masas de trabajadores y todos los sectores
patrióticos y demócratas de Colombia. Es, de hecho,
su última directiva política, y la cumpliremos cabalmente.
Como lo saben todos los moiristas y
los amigos de la revolución que de manera directa o indirecta
tuvieron relación solidaria con las ideas y los actos de
Francisco Mosquera; como lo deberían saber todos los enemigos
que se enfrentaron a su concepción materialista del mundo,
su firme posición proletaria y su incisivo método
dialéctico, y como lo sabrán inexorablemente las
masas y sus dirigentes revolucionarios en los futuros procesos
de la lucha de clases, este hombre hoy inerte baja a la tierra
con el título más alto que sobre ella se puede alcanzar:
Francisco Mosquera fue un comunista. En tal calidad, fue un heredero
de las ideas de los más insignes jefes del proletariado,
Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao Tse-tung. Fue un heredero que
dejó herencia: su pensamiento y un partido integrado por
centenares de cuadros y militantes que él formó
y que hoy asumen la misión histórica de enarbolar
la bandera roja de los proletarios y no cejar hasta verla triunfal.
Camarada Francisco Mosquera: ¡Hoy
y aquí dicen presente los fogoneros de la revolución
que se formaron bajo tu guía y tu ejemplo! Hoy y aquí,
juramos llevar hasta el fin la causa de la clase obrera que tu
siempre soñaste y grandiosamente impulsaste!
Camarada Francisco Mosquera: ¡Gloria
eterna a tu memoria y tu obra!
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Palabras de Héctor Valencia H,
Secretario General del MOIR, en el sepelio de Francisco Mosquera
el 3 de agosto de 1994 en el Cementerio Central de Bogotá.