¿Dónde está
Colombia?
Liquidación de la Empresa Colombiana
de Petróleo
Una vez
más los trabajadores de la Empresa Colombiana de Petroleo
(Ecopetrol) asociados en la Unión Sindical Obrera (USO)
se baten por el bien del país. No ceden. En contra de la
prensa oficial, del Ministerio de Protección Social, de
las presiones y de la militarización, resisten. Más
de tres semanas en huelga y 220 afiliados despedidos, han sido
necesarios para que el país comienze a reconocer que el
principal motivo que propicia la huelga sí es verdad: el
Gobierno, a través del Decreto 1760 pretende liquidar a
Ecopetrol.
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"La casa está barata, este
es el momento para entrar"
(Lema para promocionar ante las multinacionales los nuevos contratos
petroleros)
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Como dijo el Presidente Álvaro Uribe, "Ecopetrol no
se va a privatizar", dado que la política petrolera
actual apunta a la Liquidación de la empresa.
Liquidación después de
56 años de existencia de la empresa, en un proceso que
curiosamente se inició en el mismo momento de ser creada
a raíz de una huelga de los trabajadores petroleros en
1948. Por eso hoy resulta significativo que junto a Ecopetrol
se quiera enterrar también a la Unión Sindical Obrera
(USO).
Esas liquidaciones se dan en medio de
la difusión de un Nuevo Contrato petrolero, denominado
de Regalías/Impuestos, por parte del gobierno colombiano;
del alza acuciante de los precios del petróleo a nivel
internacional, que bordean los 40 dólares el barril; del
nerviosismo que muestran las bolsas de valores del mundo, de la
lucha intensificada del pueblo iraquí contra la invasión
Anglo-Norteamericana, de la crisis energética de Argentina
previamente privatizada, de las movilizaciones de los sectores
populares bolivianos por la defensa de su principal recurso el
gas natural, y por el nuevo intento de desestabilización
golpista contra el gobierno bolivariano de Chávez en Venezuela
con intervención de irregulares de derecha colombianos,
entre otros.
La situación, al tiempo que una
réplica, es una consecuencia de los acontecimientos energéticos
y petroleros desatados en los años setenta. Entonces los
precios del crudo tuvieron un alza inesperada al pasar de 4 dólares
a 40 y 45 dólares barril promedio [hoy 72,6 nota del Editor],
debido a la disminución en las reservas petroleras del
mundo, en medio de un aumento en el consumo y del conflicto Árabe
- Israelí, en 1.973.
El Dólar que se había
erigido en el patrón monetario del comercio internacional,
después de la segunda Guerra Mundial, se involucra en un
proceso cuya crisis está sufriendo hoy todo el mundo, manifiesto
en los actuales sobresaltos financieros, la baja en su cotización
como divisa y la declaración del alza de las tasas de interés
por parte de los EE.UU.
La razón estriba en el hecho
de que el alza de precios de los setenta, hasta por diez veces!!,
conllevó a que los EE.UU. dieran rienda suelta a su tipografía
impresora de dólares, pues la demanda de los mismos no
daba espera. Serían Dólares "inflados"
al superar la capacidad de respaldo de su misma potencia económica
y sustentada en su confianza hegemónica política
y militar mundial. Una inflación que sería descargada
por igual sobre los hombros de todos los países del mundo
y una Hegemonía de ficción en el largo plazo, pues
si bien le permitió a los EE.UU tener en ese momento al
mundo económico en sus manos sentaba las bases para su
actual situación de crisis mundial.
En ese momento el fenómeno monetario
conocido como la petrodolarización de la economía
infló al sistema financiero internacional, que nunca antes
en la historia del mundo veía llegar a sus arcas cantidades
tan inimaginables de dólares. Así, fuera de las
grandes petroleras privadas y de los países independientes
de la OPEP, la sola OPEP (que maneja el 40% del la producción
mundial) recibía 175 mil millones de dólares que
equivalían entonces a la mitad del total mundial de las
reservas monetarias oficiales. Tantos dólares no se podían
quedar en las bóvedas de los bancos sino que tenían
que rentar dándose el boom de los préstamos estimulados
o necesarios. Necesarios por que muchos países carentes
del mismo petróleo acudían al sistema en busca de
dólares para comprarlo, Colombia prestaría unos
5 mil millones de dólares entre 1975-85 por tal concepto.
Manifestación de la organización sindical petrolera
colombiana USO.
Estimulados, porque sin ser necesarios
fueron dados sin mayores requerimientos para realizar inversiones
inoficiosas y costosas socialmente, fueron entre otros los casos
de los mundiales de Fútbol de Argentina y México,
el primero incluso para legitimar la dictadura militar.
La fiesta bancaria mundial precipita
en los 80 la crisis de la deuda por la incapacidad de pago declarada
por muchos países y que fundamenta el proceso de privatización
y apertura, pues el sistema financiero los obligará a vender
sus activos estatales para que se pongan al día con los
pagos de los créditos, y así poder seguir siendo
objeto de endeudamiento (en una cadena de nunca acabar); al tiempo
que fortalece al sistema privado internacional que acucioso compra
los activos estatales, preferentemente los energéticos
que bien ilustra el caso argentino al privatizar a Yacimientos
Petrolíferos Fiscales.
Igualmente en los noventa, la fiesta
de los dólares transforma al capitalismo en capitalismo
de casino, donde la ganancia se obtiene ahora de una manera fácil,
especulando en el sistema financiero, y sin los sobresaltos propios
de la producción. Es la culminación del capitalismo
como capitalismo globalizado que vemos hoy desinflarse en las
bolsas de valores en la medida que se desinfla el valor real del
dólar y se hace impagable la deuda.
Desinfle que conlleva al alza de los
precios de los hidrocarburos, paradójicamente, por razones
totalmente contrarias a la de los setenta, pues ni la actual alza
de precios ni la guerra en Iraq es presionada por falta de crudos
para satisfacer la demanda mundial (como lo fue en los setenta),
sino por la hinchazón monetaria y escasez de crudos propios
de los EE.UU. Situación que Europa y demás países
parecen no estar dispuestos a seguirla subsidiando.
En ese escenario en Colombia se asiste
a la liquidación de la petrolera estatal Ecopetrol y su
sindicato la USO.
Sabemos que Ecopetrol surge en 1948
a raíz de una huelga del sindicato para presionar al gobierno
el recibo de la reversión de la Concesión de De
Mares en Barrancabermeja, pues el gobierno de entonces no quería
recibirla sino prorrogársela a la Multinacional (Como desde
siempre ha sido su política en el sector y de lo cual es
prueba el reciente negocio del gas de Ballenas en la Guajira),
en el mejor de los casos el gobierno buscó a los empresarios
nacionales para que se hicieran cargo de la reversión los
cuales no se arriesgaron, viéndose finalmente el Estado
obligado a constituir la empresa.
La fortuna de una empresa estatal, constituida
a desgano de quienes administraban el Estado y gracias a la presión
nacionalista de sus trabajadores, va a depender de la tensión
crónica existente entre el gobierno y las directivas de
la Empresa con la USO, en un pulso que para desgracia de todos
bien puede ganar la actual administración del Doctor Uribe
Vélez.
La empresa al nacer huérfana
del apoyo estatal para hacer de ella una empresa industrial y
comercial poderosa, se verá convertida en administradora
de campos revertidos y en caja de urgencias del fisco nacional;
lo que explica porque en los años setenta sea incapaz de
responder a los requerimientos internos de petróleo, teniendo
que importar cantidades significativas de crudo y derivados. Situación
conllevó a que el gobierno del Doctor Alfonso Michelsen
propusiera la introducción de un nuevo contrato petrolero,
el denominado Contrato de Asociación, y con el cual se
daba inicio a varios asuntos de grave trascendencia para la petrolera
estatal y el país.
De una parte el inicio de la privatización
de la empresa, pues el contrato, justificado en la incapacidad
exploratoria y productora de Ecopetrol entraba a compartir con
las multinacionales la explotación de los campos descubiertos,
campos que serían administrados no por ella sino por su
asociada; de contera la paralizaba aún más en su
incapacidad productiva al tiempo que potenciaba la justificación
de su liquidación.
El Contrato Asociado igualmente servía
al país en la bandeja de los requerimientos prestamistas
del sistema financiero urgido de encontrar acreedores de sus petrodólares
acumulados. Colombia que ahora debía ir 50% y 50% en las
inversiones y carecía de efectivo tuvo obligatoriamente
que acudir a la banca internacional, profundizando su endeudamiento
no solo para ir asociado a los contratos en petróleo sino
también para asociarse en el sector del carbón,
con consecuencias como la del tristemente celebre contrato del
Cerrejón, y redondeando esa nueva danza de los millones
con los préstamos hechos para el sector eléctrico,
que sabemos acumula en la actualidad cerca del 50% de una deuda
energética, que en su conjunto va siendo impagable.
La situación explica la promulgación
de un nuevo Contrato petrolero, ya no de Asociación, sino
de Regalías/Impuestos, contrato presionado por el conocimiento
que tienen las empresas de la situación del país,
es decir, que Colombia, como cualquier país endeudado,
sin activos que los respalden y fiscalmente quebrado, no puede
ser un socio digno de confianza para ir en un negocio de las proporciones
petroleras. Por eso aprovechando la situación sacan las
mejores ventajas contractuales posibles para que la exploración
y exploración del petróleo "colombiano"
quede nuevamente en sus manos, como en los años veinte.
El Contrato de regalías/impuestos
que entra a reemplazar al de Asociación es una versión
actualizada 2004 del viejo contrato de Concesión 1920,
que había sido reemplazado a su vez por el de Asociación
1970. Un contrato que bien podemos llamar, por la fiebre del neologismo
dominante, de Neoconcesión y cuya novedad, lesiva para
el país, radica en que no hay espacio para la reversión
de los yacimientos a Ecopetrol como en el de la otrora Concesión
y que sostenían en buena parte las reservas de la estatal.
En el contrato se les amplia a las empresas
explotadoras el tiempo de exploración a diez años,
el de la evaluación a cinco y el de la explotación
a 24, para un total de 39 años; con el derecho a la prórroga
que les puede permitir ir hasta el agotamiento del yacimiento.
Igualmente, les da total autonomía y responsabilidad y
el derecho a hacerse al 100% de la producción. En él
las regalías son escalonadas a partir de 4.8% más
impuestos. Donde los contratos en gas natural y crudos pesados
quedan exentos del pago mensual, a la Agencia Nacional de Hidrocarburos,
del 30% "de los ingresos en excesos reales del contratista".
Es claro que al pertenecer los activos
al contratista se niega la posibilidad de su reversión
a ECP, como en la vieja Concesión, quedando en libertad
de vendérselos al mejor postor, que probablemente sea el
mismo Estado vía la Agencia Nacional de Energía
(ANH) recién creada, precisamente, para que vaya reemplazando
en los negocios a Ecopetrol.
Bajo esas condiciones contractuales
resulta un chiste la exigencia del gobierno para que Ecopetrol
les compita "en igualdad de condiciones" a las multinacionales,
pues mucho va de una empresa que como la Exxon es el quinto PIB
del mundo a una empresas que como ECP escasamente aparece entre
las doscientas de América latina, amen de ser desangrada
de manera permanente por las necesidades fiscales del Estado.
Por eso aunque se afirme que Ecopetrol no está siendo privatizada,
si va siendo liquidada dadas las condiciones privatizadoras en
el campo de la explotación de crudo, en las que tiene que
competir y en las que no tiene nada que hacer. A futuro, y por
obvias razones argumentativas, el gobierno justificará
su liquidación definitiva con la evidencia realista que
la empresa es un esperpento que no vale la pena, ganando más
el país si vende los restos que de ella queden, tal como
lo hizo con la empresa carbonera Carbocol.
Evidente que solo queda por privatizar
las refinerías, en un proceso de privatización por
partes que ya se inició y que no queda difícil de
culminar, argumentándose igualmente su incapacidad para
competir con los precios de los productos refinados importados,
aliñada además con el hecho de que su venta no deja
de ser atractiva y contando con el apoyo de un gobierno con espíritu
Alca, endeudado y obediente a los dictámenes privatizadores
del F.M.I.
El asunto de su liquidación,
ya no velada sino manifiesta, será entonces una simple
cuestión de espera, como muy bien lo saben quienes se encuentran
estratégicamente ubicados en el Estado y en la Empresa
para tal efecto, como lo son sus Presidentes el Doctor Álvaro
Uribe y el doctor Isaac Yanovich, éste representante del
sector financiero, y que de suyo saben muy bien para que están,
o para que los pusieron allí.
Mayo 15 de 2004
Luis Hernández
Navarro
Columnista de La Jornada, México