Dos Tácticas de la
Socialdemocracia en la Revolución Democrática (*)
V. I. Lenin
Nota del Editor
La presente es una version revisada de la traducción al
castellano de Dos tácticas de la socialdemocracia en la
revolución democrática aparecida en Moscú
el año 1948 (Ediciones en Lenguas Extranjeras).
EPILOGO. OTRA VEZ LA TENDENCIA DE OSVOBOZHDENIE,
OTRA VEZ EL NEOISKRISMO
I. ¿Por que elogian los realistas liberal-burgueses a los
"realistas" socialdemócratas?
II. Nueva "profundización" del problema por el
camarada Martínov
III. La vulgar exposición burguesa de la dictadura y el
concepto de Marx sobre ella.
NOTAS
Escrito
en junio-julio de 1905
Apareció en forma de libro en Ginebra, en julio de 1905
P R O L O G O
En los
momentos revolucionarios, es muy difícil llegar a alcanzar
los acontecimientos, que suministran una cantidad prodigiosa de
nuevo material para apreciar las consignas tácticas de
los partidos revolucionarios. Este folleto fue escrito antes de
los acontecimientos de Odesa [*]. Hemos indicado ya en Proletari
[2] (número 9, "La revolución enseña)
[**] que dichos acontecimientos han obligado, incluso a aquellos
socialdemócratas que crearon la teoría de la insurrecciónproceso
y negaban la propaganda en favor del gobierno provisional revolucionario,
a pasar o empezar a pasar de hecho al lado de sus contrincantes.
La revolución enseña, indudablemente, con tal rapidez
y tal profundidad, que parecen increíbles en los períodos
pacíficos de desarrollo político. Y, lo que es particularmente
importante, enseña no sólo a los dirigentes, sino
también a las masas.
No cabe
la menor duda de que la revolución enseñará
el socialdemocratismo a las masas obreras de Rusia. La revolución
confirmará en la práctica el programa y la táctica
de la socialdemocracia, mostrando la verdadera naturaleza de las
distintas clases sociales, mostrando el carácter burgués
de nuestra democracia y las aspiraciones verdaderas de los campesinos,
revolucionarios en el sentido
________________________________________
* Se refiere a la sublevación del acorazado "Principe
Potemkin". (Nota de Lenin para la edición de 1907.
N. de la Red.)
** Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. IX. (N. de la
Red.)
democráticoburgués,
pero que llevan latente en sí no la idea de la "socialización",
sino una nueva lucha de clases entre la burguesía campesina
y el proletariado rural. Las viejas ilusiones del viejo populismo,
que se transparentan de un modo tan claro, por ejemplo, en el
proyecto de programa del "partido de los socialrevolucionarios",
en la cucstión del desarrollo del capitalismo en Rusia,
en la cuestión del democratismo de nuestra "sociedad",
en la cuestión de la significación de la victoria
completa de la insurrección campesina, todas estas ilusiones
serán disipadas implacable y definitivamente por la revolución.
Esta dará por vez primera el bautismo político auténtico
a las distintas clases. Estas clases saldrán de la revolución
con una fisonomía política definida, mostrándose
tal como son no sólo en los programas y en las consignas
tácticas de sus ideólogos, sino también en
la acción política abierta de las masas.
Es indudable
que la revolución nos aleccionará, que aleccionará
a las masas populares. Pero la cuestión, para el partido
político en lucha, consiste ahora en saber si sabremos
enseñar algo a la revolución, si sabremos aprovecharnos
de lo justo de nuestra doctrina socialdemócrata, de nuestra
ligazón con el proletariado, la única clase consecuentemente
revolucionaria, para imprimir a la revolución un sello
proletario, para llevar la revolución hasta la verdadera
victoria, decisiva, efectiva, y no verbal, para paralizar la inconsistencia,
la ambiguedad y la traición de la burguesía democrática.
Hacia
este fin debemos dirigir todos nuestros esfuerzos. El conseguirlo
depende, por una parte, del acierto con que valoremos la situación
política, de que sean justas nuestras consignas tácticas,
y, por otra parte, de que dichas consignas estén sostenidas
por la fuerza combativa real de las masas obreras Toda la labor
habitual, regular, corriente de todas las organizaciones y grupos
de nuestro Partido, la labor de propaganda, agitación y
organización está orientada para fortalecer y ensanchar
la ligazón con la masa. Esta labor es siempre necesaria,
pero en los momentos revolucionarios menos que nunca puede ser
considerada como suficiente. En dichos momentos, la clase obrera
se siente instintivamente impulsada hacia la accion revolucionaria
abierta, y nosotros debemos saber plantear acertadamente las tareas
de dicha acción, con el fin de difundirlas después
del modo más vasto posible y de hacer que sean comprendidas.
No hay que olvidar que el pesimismo corriente sobre nuestro contacto
con la masa encubre ahora con una frecuencia particular las ideas
burguesas relativas al papel del proletariado en la revolución.
Es indudable que tenemos que trabajar todavía muchísimo
en la educación y organización de la clase obrera,
pero, actualmente, toda la cuestión consiste en saber dónde
debe residir el centro de gravedad político principal de
dicha educación y de dicha organización: ¿en
los sindicatos y en las asociaciones legales o en la insurrección
armada, en la obra de creación de un ejército revolucionario
y de un gobierno revolucionario? La clase obrera se educa y se
organiza tanto en lo uno como en lo otro, Tanto lo uno como lo
otro, naturalmente, es necesario. Toda la cuestión ahora,
en la revolución actual, se reduce, sin embargo, a saber
dónde residirá el centro de gravedad de la educación
y de la organización de la clase obrera: si en lo primero
o en lo segundo.
El desenlace
de la revolución depende del papel que desempeñe
en ella la clase obrera: de que se limite a ser un mero auxiliar
de la burguesía, aunque sea un auxiliar poderoso por la
intensidad de su empuje contra la autocracia, pero políticamente
impotente, o de que asuma el papel de dirigente de la revolución
popular. Los representantes conscientes de la burguesía
se dan perfecta cuenta de ello. Por esto es por lo que Osvobozhdenie
[3] ensalza el akimovismo, el "economismo" en la socialdemocracia,
el cual coloca actualmente en el primer plano los sindicatos y
las asociaciones legales. Por esto es por lo que el señor
Struve celebra (número 72 de Osvobozhdenie ) las tendencias
de principio del akimovismo en el neoiskrismo, Por esto es por
lo que arremete contra la odiada estrechez revolucionaria de las
resoluciones del III Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata
de Rusia.
Las
acertadas consignas tácticas de la socialdemocracia tienen
ahora una importancia particular para la dirección de las
masas. No hay nada más peligroso que rebajar en las épocas
revolucionarias la importancia de las consignas tácticas
estrictamente conformes a los principios. Por ejemplo, Iskra [4],
en el número 104, se pasa de hecho al lado de sus contrincantes
en la socialdemocracia, pero, al mismo tiempo, habla con desdén
de la significación de las consignas y resoluciones tácticas
que se adelantan a la realidad, que indican el camino por el que
avanza el movimiento con una serie de reveses, errores, etc. Por
el contrario, la elaboración de resoluciones tácticas
acertadas tiene una importancia gigantesca para el partido, que
quiere dirigir al proletariado en el espíritu de los firmes
principios del marxismo y no únicamente arrastrarse a la
cola de los acontecimientos. En las resoluciones del III Congreso
del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y de la Conferencia
de los elementos disidentes del Partido [*], tenemos la expresión
más exacta, más meditada, más completa de
las concepciones tácticas, no manifestadas de un modo casual
por algunos escritores, sino aprobadas por los representantes
responsables del proletariado socialdemócrata. Nuestro
Partido marcha al frente de todos los demás, con un programa
preciso y aceptado por todos. El Partido debe dar ejemplo a los
demás partidos, en lo que se refiere a la severidad de
la actitud con respecto a sus resoluciones tácticas, en
oposición al oportunismo de la burguesía democrática
de Osvobozhdenie y de la fraseología revolucionaria de
los socialrevolucionarios, los cuales sólo durante la revolución
se han acordado de presentar un "proyecto" de programa
y de ocuparse por primera vez de la cuestión de saber si
la revolución que se desarrolla ante sus ojos es burguesa.
He aquí
por qué consideramos como la obra más urgente de
la socialdemocracia revolucionaria el estudio detenido de las
resoluciones tácticas del III Congreso del Partido Obrero
Socialdemócrata de Rusia y de la Conferencia, el fijar
las desviaciones que se advierten en las mismas de los principios
del marxismo, el comprender claramente las tareas concretas del
proletariado socialdemócrata en la revolución democrática.
A esta labor precisamente está consagrado el presente folleto.
La comprobación de nuestra táctica desde el punto
de vista de los principios del marxismo y de las enseñanzas
de la revolución, es necesaria tambien para todo
________________________________________
* En el III Congreso del P.O.S.D.R. (celebrado en Londres, en
mayo de 1905), sólo participsron los bolcheviques. En la
"Conferencia" (celebrada en Ginebra en el mismo mes),
sólo participaron mencheviques, a los que a menudo se les
denomina en el presente folleto "neoiskristas", porque,
al seguir publicando Iskra, manifestaron por boca de Trotski,
su correligionario entonces, que entre la vieja Iskra y la nueva
mediaba un abismo. (Nota de Lenin para la edición de 1907.
N. de la Red.)
aquel
que quiera preparar realmente la unidad de táctica como
base de la futura unificación completa de todo el Partido
Obrero Socialdemócrata de Rusia y no limitarse únicamente
a decir palabras de exhortación.
N. Lenin
Julio de 1905.
1. UNA
CUESTION POLITICA URGENTE
En los momentos revolucionarios por que estamos atravesando, está
a la orden del día la cuestión de la convocatoria
de una Asamblea Constituyente de todo el pueblo. Las opiniones
divergen cuando se trata de determinar cómo hay que resolver
dicha cuestión. Se manifiestan tres tendencias políticas
El gobierno zarista admite la necesidad de la convocatoria de
los representantes populares, pero no desea de ningún modo
permitir que esa asamblea sea de todo el pueblo y constituyente.
Parece ser que se muestra de acuerdo, si se puede dar crédito
a las noticias de la prensa sobre la labor de la Comisión
Bulyguin[5], con una Asamblea Consultiva, elegida sin libertad
de agitación y de acuerdo con un sistema dectoral estrechamente
censatario o estrechamente corporativo. El proletariado revolucionario,
por cuanto está dirigido por la socialdemocracia, exige
el paso completo del Poder a la Asamblea Constituyente, tratando
de conseguir con este fin no sólo el sufragio universal
y no sólo la completa libertad de agitación, sino,
además, el derrocamiento inmediato del gobierno zarista
y la sustitución del mismo por un gobierno provisional
revolucionario. Finalmente, la burguesía liberal, que expresa
sus deseos por boca de los jefes del llamado "partido constitucional
demócrata"[6], no exige el derrocamiento del gobierno
zarista, no propugna la consigna de gobierno provisional, no insiste
en las garantías reales para que las elecciones sean completamente
libres y justas, para que la asamblea de los representantes pueda
ser efectivamente de todo el pueblo y efectivamente constituyente.
En el fondo, la burguesía liberal, la única que
constituye el apoyo social serio de la tendencia de Osvobozhdenie,
trata de conseguir una transacción, lo más pacífica
posible, entre el zar y el pueblo revolucionario, una transacción
tal, además, que deje la mayor parte posible del Poder
en sus manos, en las de la burguesía, y la parte menos
considerable al pueblo revolucionario, al proletariado y a los
campesinos.
Tal
es la situación política en el momento actual. Tales
son las tres tendencias políticas principales, correspondientes
a las tres fuerzas sociales principales de la Rusia presente.
Hemos hablado ya más de una vez en Proletari (números
3, 4 y 5)* de cómo los seguidores de Osvobozhdenie cubren
con frases seudodemocráticas su política ambigua,
es decir, hablando de un modo más directo y simple, de
felonía, de traición a la revolución. Veamos
ahora cómo conciben los socialdemócratas las tareas
del momento Constituyen en este sentido un material excelente
las dos resoluciones adoptadas recientemente por el III Congreso
del P.O.S.D.R. y por la "Conferencia" de los disidentes
del Partido. La cuestión de saber cuál de estas
resoluciones tiene en cuenta de un modo más acertado el
momento político y define de un modo más acertado
la táctica del proletariado revolucionario, tiene una importancia
enorme, y todo socialdemócrata que desee cumplir conscientemente
sus deberes de propagandista, agitador y organizador, debe orientarse
con toda atención en este problema, dando completamente
de lado las consideraciones que no atañen a la esencia
de la cuestión.
________________________________________
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. VIII. (N. de la
Red.)
Se entiende
por táctica del Partido su conducta política, o
el carácter, la orientación y los procedimientos
de su actuación política. El Congreso del Partido
toma resoluciones tácticas para definir de un modo preciso
la conducta política del Partido en su conjunto, en relación
con las nuevas tareas o en vista de una nueva situación
política. Una nueva situación de esta naturaleza
ha sido creada por la revolución iniciada en Rusia, es
decir, por la divergencia completa, decidida y abierta entre la
inmensa mayoría del pueblo y el gobierno zarista. El nuevo
problema consiste en saber cuáles son los procedimientos
practicos a emplearse para la convocatoria de una Asamblea realmente
popular y realmente constituyente (desde el punto de vista teórico,
la cuestión de una tal Asamblea ha sido ya oficialmente
resuelta hace mucho tiempo y con anterioridad a todos los demás
partidos, por la socialdemocracia, en su programa de partido).
Si el pueblo se ha divorciado del gobierno y la masa ha adquirido
conciencia de la necesidad de establecer un nuevo orden de cosas,
un partido que se ha impuesto como fin derribar al gobierno debe
necesariamente pensar con qué gobierno reemplazará
al antiguo, al que haya sido derribado. Surge el nuevo problema
sobre el gobierno provisional revolucionario. Para resolverlo
plenamente el Partido del proletariado consciente debe dilucidar:
primero, la significación del gobierno provisional revolucionario
en la revolución que se está desarrollando y en
toda la lucha del proletariado en general; segundo, su actitud
frente al gobierno provisional revolucionario; tercero, las condiciones
precisas de la participación de la socialdemocracia en
este gobierno; cuarto, las condiciones de la presión sobre
dicho gobierno desde abajo, es decir, en el caso de que no participe
en el mismo la socialdemocracia. Sólo dilucidando todas
estas cuestiones, la conducta política del Partido en este
sentido será una actitud de principio, dara y firme.
Veamos,
pues, cómo soluciona estas cuestiones la resolución
del III Congreso del P.O.S.D.R. He aquí el texto completo:
"Resolución sobre el gobierno provisionel revolucionario.
Considerando:
1) que, tanto los intereses inmediatos del proletariado como los
intereses de su lucha por los objetivos finales del socialismo,
exigen la libertad política más completa posible,
y, por consiguiente, la sustitución de la forma de gobierno
autocrática por la república democrática;
2) que la realización de la república democrática
en Rusia es posible únicamente como resultado de la insurrección
popular victoriosa, cuyo órgano será el gobierno
provisional revolucionario, único capaz de garantizar una
libertad completa de agitación electoral y convocar, a
base del sufragio universal, igual, directo y secreto, una Asamblea
Constituyente que exprese efectivamente la voluntad del pueblo;
3) que esta revolución democrática en Rusia, dado
el régimen social y económico actual, no debilitará,
sino que fortalecerá la dominación de la burguesía,
la cual intentará inevitablemente, en un momento determinado,
sin detenerse ante nada, arrebatar al proletariado de Rusia la
mayor parte posible de las conquistas del período revolucionario,
el III Congreso del P O.S.D.R. acuerda:
a) es necesario difuntír entre la clase obrera una idea
concreta sobre la marcha más probable de la revolución
y sobre la necesidad de la aparición, en un momento determinado
de la misma, de un gobierno provisional revolucionario, del cual
el proletariado exigirá la realización de todas
las reivindicaciones políticas y económicas inmediatas
de nuestro programa (programa mínimo);
b) con arreglo a la correlación de fuerzas y a otros factores,
que no es posible fijar con precisión de antemano, es admisible
la participación de mandatarios de nuestro Partido en el
gobierno provisional revolucionario, con el fin de luchar implacablemente
frente a todos los intentos contrarrevolucionarios y defender
los intereses propios de la clase obrera;
c) condición necesaria para esta participación es
el control riguroso del Partido sobre sus representantes y la
salvaguardia constante de la independencia de la socialdemocracia,
que aspira a la revolución socialista completa y es, por
tanto, irreconciliablemente enemiga de todos los partidos burgueses;
d) independientemente de que sea o no posible la participación
de la socialdemocracia en el gobierno provisional revolucionario,
se debe propagar entre las más extensas capas del proletariado
la idea de que es necesario que el proletariado armado, dirigido
por la socialdemocracia, presione constantemente al gobierno provisional,
con el fin de mantener, consolidar y extender las conquistas de
la revolución".
2. ¿QUE
NOS DA LA RESOLUCION DEL III CONGRESO DEL P.O.S.D.R SOBRE EL GOBIERNO
PROVISIONAL REVOLUCIONARIO?
La resolución del III Congreso del P.O.S.D.R., como se
ve por su título, está entera y exclusivamente consagrada
a la cuestión relacionada con el gobierno provisional revolucionario.
Esto quiere decir que la participación de la socialdemocracia
en el gobierno provisional revolucionario aparece aquí
como una parte de la cuestión. Por otra parte, se trata
sólo de un gobierno provisional revolucionario y no de
otra cosa; por consiguiente, no entran para nada aquí cuestiones
como la de la "conquista del Poder" en general y otras.
¿Ha obrado bien el Congreso eliminando esta última
cuestión y otras análogas? Indiscutiblemente ha
obrado bien, pues la situación política de Rusia
no pone en manera alguna dichas cuestiones a la orden del día.
Por el contrario, el problema puesto a la orden del día
por todo el pueblo es el derrocamiento de la autocracia y la convocatoria
de la Asamblea Constituyente. Los congresos del Partido deben
resolver no las cuestiones a que se refiere, oportuna o inoportunamente,
este o el otro escritor, sino las que tienen una importancia política
seria en virtud de las condiciones del momento y como consecuencia
de la marcha objetiva del desarrollo social.
¿Qué
importancia tiene el gobierno provisional revolucionario en la
revolución presente y en la lucha general del proletariado?
La resolución del Congreso lo explica, indicando desde
el comienzo la necesidad de la "libertad política
más completa posible", tanto desde el punto de vista
de los intereses inmediatos del proletariado como desde el punto
de vista de los "objetivos finales del socialismo".
Pero la libertad política completa exige la sustitución
de la autocracia zarista por la república democrática,
como se reconoce ya en el programa de nuestro Partido. Subrayar
la consigna de la república democrática en la resolución
de Congreso es necesario desde el punto de vista lógico
y de principio, pues el proletariado, como combatiente de vanguardia
la democracia, trata de alcanzar precisamente la libertad completa;
además, subrayar esto es tanto más útil en
el momento actual, cuanto que precisamente ahora se presentan
con la bandera del "democratismo" los monárquicos,
a saber: el llamado partido constitucional "democrático"
o de "Osvobozhdenie". Para la instauración de
la república es absolutamente necesaria la asamblea de
los representantes populares, asamblea que debe ser necesariamente
de todo el pueblo (a base del sufragio universal, igual, directo
y secreto) y constituyente. Esto es lo que reconoce más
adelante la resolución del Congreso. Pero no se limita
a esto. Para establecer un nuevo orden de cosas que "exprese
realmente la voluntad del pueblo" no basta con dar a la asamblea
representativa la denominación de constituyente. Es preciso
que dicha asamblea tenga poder y fuerza para "constituir".
Dándose cuenta de ello, la resolución del Congreso
no se limita a la consigna formal de "Asamblea Constituyente",
sino que añade las condiciones materiales, únicas
bajo las cuales será posible a dicha Asamblea el cumplimiento
de su misión. Indicar las condiciones en que la Asamblea
Constituyente nominal puede convereirse en Asamblea Constituyente
efectiva es de una necesidad imperiosa, ya que la burguesía
liberal, personificada por el partido constitucional monárquico,
falsea deliberadamente, como hemos indicado ya más de una
vez, la consigna de Asamblea Constituyente de todo el pueblo,
reduciéndola a una frase vacía.
La resolución
del Congreso dice que sólo un gobierno provisional revolucionario,
con la particularidad de que sea el órgano de la insurrección
popular victoriosa, es capaz de garantizar la libertad completa
de la agitación electoral y de convocar una asamblea que
exprese realmente la voluntad del pueblo. ¿Es justa esta
tesis? Quien piense ponerla en tela de juicio debe afirmar que
el gobierno zarista puede no tender la mano a la reacción,
que es capaz de ser neutral durante las elecciones, que puede
preocuparse de la expresión real de la voluntad del pueblo.
Semejantes afirmaciones son tan absurdas, que nadie las defenderá
abiertamente, pero precisamente nuestras gentes de Osvobozhdenie
nos las hacen pasar furtivamente bajo la bandera liberal. La Asamblea
Constituyente debe convocarla alguien; las elecciones libres y
justas deben ser garantizadas por alguien; alguien debe otorgar
enteramente a esta Asamblea la fuerza y el poder; sólo
un gobierno revolucionario que sea el órgano de la insurrección
puede querer con entera sinceridad esto y tener fuerzas para hacer
todo lo necesario con el fin de realizarlo. El gobierno zarista
se opondrá inevitablemente a ello. Un gobierno liberal,
que hubiera concertado un arreglo con el zar y no se apoyara enteramente
en la insurrección popular, no sería capaz de querer
sinceramente esto, ni de realizarlo, aun en el caso de desearlo
con la mayor sinceridad. Por consiguiente, la resolución
del Congreso da la única consigna democrática acertada
y del todo consecuente.
Pero
la apreciación de la importancia del gobierno provisional
revolucionario sería incompleta e inexacta, si se perdiera
de vista el carácter de clase de la revolución democrática.
Por eso, la resolución añade que la revolución
fortalecerá la dominación burguesa, lo cual es inevitable
en el régimen actual, es decir, en el régimen económico-social
capitalista. Pero el resultado del fortalecimiento de la dominación
de la burguesía sobre un proletariado más o menos
libre políticamente, deberá ser inevitablemente
una lucha desesperada entre ellos por el Poder, deberán
ser unas tentativas desesperadas de la burguesía para "arrebatar
al proletariado las conquistas del período revolucionario".
Al luchar por la democracia a la vanguardia y al frente de todos,
el proletariado no debe olvidar por ello, ni un momento, las nuevas
contradicciones que encierra en sus entrañas la democracia
burguesa, y la nueva lucha.
La significación
del gobierno provisional revolucionario es apreciada, pues, de
un modo completo en la parte de la resolución que estamos
examinando: tanto en su posición con respecto a la lucha
por la libertad y la república, como en su posición
con respecto a la Asamblea Constituyente y en su posición
con respecto a la revolución democrática, que desbrozará
el camino para una nueva lucha de clases.
Cabe
a renglón seguido preguntar: ¿cuál debe ser
la posición del proletariado en general con respecto al
gobierno provisional revolucionario? La resolución del
Congreso contesta a esto, ante todo, con el consejo directo al
Partido de difundir entre la clase obrera el convencimiento de
la necesidad de constituir un gobierno provisional revolucionario.
La clase obrera debe tener conciencia de esta necesidad. Mientras
que la burguesía "democrática" deja en
la sombra la cuestión del derrocamiento del gobierno zarista,
nosotros debemos colocarla en el primer plano e insistir en la
necesidad de un gobierno provisional revolucionario. Es más,
debemos indicar el programa de acción de dicho gobierno,
programa que corresponda a las condiciones objetivas del momento
histórico por que estamos atravesando y a las tareas de
la democracia proletaria. Dicho programa es todo el programa mínimo
de nuestro Partido, el programa de las transformaciones políticas
y económicas inmediatas, completamente realizables, por
una parte, a base de las relaciones económico-sociales
actuales, y necesarias, por otra, para dar el paso siguiente,
para realizar el socialismo.
Así,
pues, la resolución pone completamente en claro el carácter
y los fines del gobierno provisional revolucionario. Por su origen
y por su carácter fundamental, dicho gobierno debe ser
el órgano de la insurrección popular. Por su destino
formal, debe ser un instrumento para convocar la Asamblea Constituyente
de todo el pueblo. Por el contenido de su actuación, debe
realizar el programa mínimo de la democracia proletaria,
como único capaz de garantizar los intereses del pueblo
insurreccionado contra la autocracia.
Se puede objetar que el gobierno provisional, por ser provisional,
no puede realizar un programa positivo no aprobado aún
por todo el pueblo. Semejante objeción no sería
más que un sofisma de reaccionarios y "autocratófilos".
No realizar ningún programa positivo significa tolerar
la existencia del estado de cosas feudal de la autocracia podrida.
Tolerar un orden de cosas tal, lo podría hacer sólo
un gobierno de traidores a la causa de la revolución y
no un gobierno que sea el órgano de la insurrección
popular. ¡Sería una burla que alguien propusiese
renunciar a la realización práctica de la libertad
de reunión, antes de que reconozca dicha libertad la Asamblea
Constituyente, so pretexto de que la Asamblea Constituyente puede
no reconocer la libertad de reunión! Una burla de este
género es la objeción contra la aplicación
inmediata del programa mínimo por el gobierno provisional
revolucionario.
Anotemos,
en fin, que, al fijar como tarea del gobierno provisional revolucionario
la aplicación del programa mínimo, la resolución
elimina con ello las absurdas ideas semianarquistas sobre la realización
inmediata del programa máximo, sobre la conquista del Poder
para llevar a cabo la revolución socialista. El grado de
desarrollo económico de Rusia (condición objetiva)
y el grado de conciencia y de organización de las grandes
masas del proletariado (condición subjetiva, indisolublemente
ligada a la objetiva) hacen imposible la liberación completa
inmediata de la clase obrera. Sólo la gente más
ignorante puede desconocer el carácter burgués de
la revolución democrática que se está desarrollando;
sólo los optimistas más cándidos pueden olvidar
cuán poco conoce aún la masa de los obreros los
fines del socialismo y los procedimientos para realizarlo. Pero
todos nosotros estamos persuadidos de que la emancipación
de los obreros puede ser obra sólo de los obreros mismos;
sin la conciencia y la organización de las masas, sin su
preparación y su educación por medio de la lucha
de clases abierta contra toda la burguesía, ni hablar se
puede de revolución socialista. Y como contestación
a las objeciones anarquistas de que aplazamos la revolución
socialista, diremos: no la aplazamos, sino que damos el primer
paso hacia la misma por el único procedimiento posible,
por la única senda certera, a saber: por la senda de la
república democrática. Quien quiera ir al socialismo
por otro camino que no sea el del democratismo político,
llegará infaliblemente a conclusiones absurdas y reaccionarias,
tanto en el sentido económico como en el político.
Si en un momento determinado tales o cuales obreros nos preguntan
por qué no hemos de realizar nuestro programa máximo,
les contestaremos indicándoles cuán ajenas son aún
al socialismo las masas del pueblo, impregnadas de un estado de
espíritu democrático, cuán poco desarrolladas
se hallan aún las contradicciones de clase, cuán
inorganizados están aún los proletarios. ¡Organizad
a centenares de miles de obreros en toda Rusia, difundid entre
millones la simpatía hacia vuestro programa! Probad a hacer
esto, no limitándoos a frases anarquistas sonoras, pero
huecas, y veréis inmediatamente que llevar a cabo esta
organización, que la difusión de esta educación
socialista depende de la realización más completa
posible de las transformaciones democráticas.
Continuemos.
Una vez aclarada la significadón del gobierno provisional
revolucionario y la actitud del proletariado con respecto al mismo,
surge la siguiente pregunta: ¿es admisible, y en qué
condiciones, nuestra participación en dicho gobierno (acción
desde arriba)? ¿Cuál debe ser nuestra acción
desde abajo? La resolución da respuestas exactas a estas
dos preguntas: declara decididamente que, en principio, la participación
de la socialdemocracia en el gobierno provisional revolucionario
(en la época de la revolución democrática,
en la época de la lucha por la república) es admisible.
Con esta declaración, nos separamos irremisible mente tanto
de los anarquistas, que contestan a esta pregunta negativamente
en principio, como de los "seguidistas" de la socialdemocracia
(tales como Martínov y los neoiskristas), que nos intimidaban
con la perspectiva de una situación en la cual dicha participación
pudiera resultar in dispensable para nosotros. Con esta declaración,
el III Congreso del P.O.S.D.R. ha rechazado irremisiblemente la
idea de la nueva Iskra, según la cual la participación
de los socialdemócratas en el gobierno provisional revolucionario
es una variedad del millerandismo[7] y es inadmisible en principio,
por significar una consagración del orden de cosas burgués,
etc.
Pero
la cuestión de la admisibilidad en principio no resuelve
aún, naturalmente, la cuestión de la conveniencia
práctica. ¿En qué condiciones es conveniente
esa nueva variedad de lucha, la lucha "desde arriba",
aceptada por el Congreso del Partido? De suyo se comprende que
ahora no hay la posibilidad de hablar de condiciones concretas,
tales como la correlacion de fuerzas y otras, y la resolución,
naturalmente, renuncia a definir previamente dichas condiciones.
Ningún hombre razonable se decidirá a pronosticar
nada en el momento actual con respecto a la cuestión que
nos interesa. Se puede y se debe definir el carácter y
los fines de nuestra participación. Es lo que hace la resolución
al indicar dos fines de la participación: 1) lucha implacable
frente a los intentos contrarrevolucionarios, y 2) defensa de
los intereses propios de la clase obrera. En un momento en que
los burgueses liberales empiezan a hablar con empeño de
la psicología de la reacción (véase la muy
edificante "Carta abierta" del señor Struve en
el número 71 de Osvobozhdenie ), esforzándose en
intimidar al pueblo revolucionario y en incitarle a mostrarse
condescendiente con respecto a la autocracia, en un momento tal,
es particularmente oportuno que el Partido del proletariado recuerde
el objetivo de la guerra que hoy sostenemos contra la contrarrevolución.
En úítimo término, las grandes cuestiones
de la libertad política y de la lucha de clases las resuelve
únicamente la fuerza, y nosotros debemos preocuparnos de
la preparación y organización de esta fuerza y de
su empleo activo, no sólo defensivo, sino también
ofensivo. La prolongada época de reacción política,
que reina en Europa casi sin interrupción desde los tiempos
de la Comuna de París, nos ha familiarizado demasiado con
la idea de la acción sólo "desde abajo",
nos ha acostumbrado demasiado a considerar la lucha sólo
desde el punto de vista defensivo. Hemos entrado ahora, indudablemente,
en una nueva época; se ha iniciado un período de
conmociones políticas y revoluciones. En un período
como el que está atravesando Rusia, es intolerable limitarse
a los viejos clichés. Hay propagar la idea de la acción
desde arriba, hay que prepararse para las acciones ofensivas más
enérgicas, hay que estudiar las condiciones y las formas
de dichas acciones. Dos de estas condiciones coloca en primer
plano la resolución del Congreso: una se refiere al aspecto
formal de la participación de la socialdemocracia en el
gobierno provisional revolucionario (control severo del Partido
sobre sus mandatarios), otra, al carácter mismo de dicha
participación (no perder de vista ni un instante los fines
de la revolución socialista completa).
Después
de haber aclarado, por tanto, en todos los sentidos, la política
del Partido en la acción "desde arriba"este nuevo
procedimiento de lucha, casi nunca visto hasta ahora --, la resolución
también prevé el caso de que no consigamos obrar
desde arriba. En todo caso, estamos obligados a presionar desde
abajo sobre el gobierno provisional revolucionario. Para ejercer
esta presión desde abajo, el proletariado debe estar armadopues
en los momentos revolucionarios las cosas llegan con una rapidez
particular hasta la guerra civil directa --, y dirigido por la
socialdemocracia. El fin de esta presión armada es "mantener,
consolidar y extender las conquistas de la revolución",
esto es, las conquistas que, desde el punto de vista de los intereses
del proletariado, deben consistir en la aplicación de todo
nuestro programa mínimo.
Con
esto terminamos nuestro breve examen de la resolución del
III Congreso sobre el gobierno provisional revolucionario. Como
ve el lector, esta resolución aclara asimismo la significación
de la nueva cuestíón, así como la posición
del Partido del proletariado con respecto a la misma y la política
del Partido tanto dentro del gobierno provisional revolucionario
como fuera de él.
Veamos ahora la resolución correspondiente de la "Conferencia".
3. ¿QUE
ES LA "VICTORIA DECISIVA DE LA REVOLUCION SOBRE EL ZARISMO"?
La resolución de la "Conferencia" está
dedicada a la cuestión de la "conquista del Poder
y la participación en el gobierno provisional "[*].
Ya en este modo de plantear la cuestión se encierra, como
hemos indicado, la confusión. De una parte, la cuestión
se plantea de un modo estrecho: se habla sólo de nuestra
participación en el gobierno provisional y no en general
de las tareas del Partido con respecto al gobierno provisional
revolucionario. De otra parte, se confunden dos cuestiones de
carácter completamente distinto: nuestra participación
en una de las fases de la revolución democrática
y la revolución socialista. En efecto, la "conquista
del Poder" por la socialdemocracia es precisamente la revolución
socialista y no puede ser nada más si se emplean estas
palabras en su significación directa y habitual. Pero si
se las comprende en el sentido de la conquista del Poder no para
la revolución socialista, sino para la revolución
democrática, entonces ¿qué sentido tiene
hablar no sólo de la participación en el gobierno
provisional revolucionario, sino también de la "conquista
del Poder" en general? Evidentemente, nuestros "conferencistas"
no sabían ellos
________________________________________
* El texto completo de esta resolución puede ser restablecido
por el lector de acuerdo con las citas que figuran en las págs.
400, 403, 407, 431 y 433. (Nota de Lenin para la edición
de 1907. [Véase págs. 16, 24, 31, 77, 82 del presente
libro.] N. de la Red.)
mismos
muy bien de lo que tenían propiamente que hablar: si de
la revolución democrática o de la revolución
socialista Quien haya seguido la literatura consagrada a esta
cuestión sabe que es el camarada Martínov quien
ha dado comienzo a dicha confusión en sus famosas Dos dictaduras
: los neoiskristas recuerdan de mala gana el modo como se plantea
la cuestión (ya antes del 9 de enero)[*] en esa obra seguidista-modelo,
pero la influencia ideológica de la misma sobre la Conferencia
no ofrece la menor duda.
Pero
dejemos de lado el título de la resolución. Su contenido
nos mostrará errores incomparablemente más profundos
y graves. He aquí la primera parte de la misma:
"La victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo
puede ser señalada, bien por la constitución de
un gobierno provisional, surgido de la insurrección popular
victoriosa, bien por la iniciativa revolucionaria de tal o cual
institución representativa que decida, bajo la presion
revolucionaria directa del pueblo, organizar una Asamblea Constituyente
de todo el pueblo".
Así,
pues, se nos dice que la victoria decisiva de la revolución
sobre el zarismo puede ser tanto la insurrección triunfante,
como. . . ¡la decisión de una institución
representativa de organizar una Asamblea Constituyentel ¿Qué
significa esto? ¿Cómo es esto? ¿¿La
victoria decisiva puede ser señalada por la "decisión"
de organizar una Asamblea Constituyente?? ¡¡Y semejante
"victoria" se coloca al lado de la ________________________________________
* Este día el agente de la policíapope Gapón
organizó en Petersburgo, con fines de provocación,
una fila pacífica de obreros para dirigirse al Palacio
de Invierno a entregar al zar una petición. El zar mandó
a su tropa ametrallar a los obreros sin armas. Esta atrocidad
del gobierno zarista suscitó una tempestad de protesta.
Los acontecimientos del 9 de enero fueron el comienzo de la revolución
de 1905. (N. de la Red.)
constitución
de un gobierno provisional "surgido de la insurrección
popular victoriosa"!! La Conferencia no se ha dado cuenta
de que la insurrección popular victoriosa y la constitución
de un gobierno provisional implican la victoria de la revolución
de hecho, mientras que la "decisión" de organizar
una Asamblea Constituyente implica la victoria sólo verbal
de la revolución.
La Conferencia
de los mencheviques-neoiskristas ha in currido en el mismo error
en que incurren constantemente los liberales, las gentes de Osvobozhdenie.
Estas gentes lanzan frases sobre la Asamblea "Constituyente",
cerrando púdicamente los ojos ante la conservación
de la fuerza y del Poder en las manos del zar, olvidando que para
"constituir" hay que tener la fuerza de constituir.
La Conferencia ha olvidado asimismo que de la "decisión"
de unos representantes cualesquiera, hasta el cumplimiento de
dicha decisión, hay un gran trecho. La Conferencia también
ha olvidado que mientras el Poder quede en las manos del zar,
cualquier decisión de unos representantes cualesquiera
no es más que charlatanismo huero y mezquino, como resultaron
serlo las "decisiones" del parlamento de Francfort,
famoso en la historia de la revolución alemana de 1848
Marx, representante del proletariado revolucionario, en su Nueva
Gaceta del Rin [8], fustigaba precisamente con sarcasmos implacables
a los "osvobozhdentsi" liberales de Francfort porque
pronunciaban bellos discursos, tomaban toda dase de "decisiones"
democráticas, "instituían" toda dase de
libertades, pero, en la práctica, dejaban el Poder en manos
del rey, no organizaban la lucha armada contra las fuerzas militares
de que disponía este último. Y mientras los osvobozhdentsi
de Francfort discurseaban, el rey esperó el momento oportuno,
afianzó sus fuerzas militares, y la contrarrevolución,
apoyándose en la fuerza real, infligió una terrota
rotunda a los demócratas con todas sus magníficas
"decisiones".
La Conferencia
ha equiparado a la victoria decisiva lo que precisamente carece
de la condición decisiva de la victoria. ¿Cómo
unos socialdemócratas, que aceptan el programa republicano
de nuestro Partido, pudieron incurrir en este error? Para comprender
este extraño fenómeno, hay que dirigirse a la resolución
del III Congreso sobre los disidentes del Partido*. En dicha resolución
se indica la supervivencia en nuestro Partido de distintas tendencias
"afines al economismo". Nuestros "conferencistas"
(no en vano, es cierto, se hallan bajo la dirección ideológica
de Martínov) razonan sobre la revolución absolutamente
con el mismo criterio con que los economistas razonaban sobre
la lucha política o sobre la jornada de ocho horas Los
economistas ponían pronto en circulación la "teoría
de las fases": 1) lucha por los derechos, 2) agitación
política, 3) lucha política, o 1) jornada de diez
horas, 2) jornada de nueve horas, 3) jornada de ocho horas.
________________________________________
* Damos el texto completo de esta resolución:
"El Congreso hace constar que en el P.O.S.D.R., desde la
época de su lucha contra el economismo, se conservan hasta
hoy matices que le son afines en distinto grado y en diversos
sentidos, matices que se caracterizan por una tendencia general
a rebajar la importancia de los elementos de conciencia en la
lucha proletaria, supeditando dichos elementos a los de la espontaneidad
Los que representan esos matices en el problema de la organización,
propugnan en el tareno de In teoría el principio de organización-proceso,
principio que no corresponde a la labor del Partido, que se desarrolla
en forma sistemática; en la practica emplean en numerosos
casos un sistema de evasivas en el cumplimiento de la disciplina
del Partido, y en otros casos, dirigiendo a la parte menos consciente
del Partido sus prédicas en favor del empleo en gran escala
del principio de elección sin tener en cuenta las condiciones
objetivas de la realidad rusa, intentan socavar las únicas
bases posibles en el presente de los vinculos del Partido. En
los problemas de la táctica dan pruebas de la tendencia
a reducir el [cont. en pág. 19. -- DJR] alcance de la labor
del Partido, manifestándose en contra de la táctica
acabadamente independiente del Partido con respecto a los partidos
burgueses liberales; en contra de la posibilidad y de lo deseable
que sería que nuestro Partido se encargue del papel de
organizador en la insurrección popular, y en contra de
la participación del Partido, en cuales quiera condiciones,
en el gobierno provisional revolucionario-democrático.
El Congreso
propone a todos los miembros del Partido que desarrollen en todas
partes una enérgica lucha ideológica contra semejantes
desviaciones parciales de los principios de la socialdemocracia
revolucionaria; pero a la vez considera que la participación
en las organizaciones del Partido de gentes que, en uno u otro
grado, se adhieren a semejantes ideas es admisible con la condición
indispensable de que, reconociendo los Congresos del Partido y
los estatutos del mismo, se sometan enteramente a la disciplina
del Partido (Nota de Lenin para la edición de 1907. N.
de la Red.)
conoce suficientemente cuáles fueron los resultados obtenidos
con esta "táctica-proceso". Ahora nos proponen
asimismo dividir, bien meticulosamente, por anticipado la revolución
en fases: 1) el zar convoca una institución representativa,
2) esta institución representativa "decide",
bajo la presión del "pueblo", organizar la Asamblea
Constituyente, 3) ... sobre la tercera fase, los mencheviques
no se han puesto todavía de acuerdo; han olvidado que la
presión revolucionaria del pueblo tropezará con
la presión contrarrevoiucionaria del zarismo y que, por
esto, o bien la "decisión" queda inaplicada,
o bien el asunto lo decide no otra cosa que la victoria o la derrota
de la insurrección popular. La resolúción
de la Conferencia es exactamente parecida al siguiente razonamiento
de los economistas: la victoria decisiva de los obreros puede
ser señalada, bien por la implantación de la jornada
de ocho horas por vía revolucionaria, bien por la concesión
de la jornada de diez horas y la "decisión" de
pasar a la de nueve... Exactamente lo mismo.
Se nos
puede objetar, quizás, que los autores de la resolución
no se proponían equiparar la victoria de la insurrección
a la "decisión" de la institución representativa
convocada por el zar, que querían únicamente prever
la táctica del Partido en uno u otro caso. Contestaremos
a esto: 1) El texto de la resolución califica de un modo
directo e inequívoco de "victoria decisiva de la revolución
sobre el zarismo" la decisión de la institución
representativa. Es posible que esto sea el resultado de una redacción
desaliñada, es posible que se la pueda enmendar basándose
en las actas, pero mientras no haya sido enmendada, el sentido
de dicha redacción no puede ser más que uno, y dicho
sentido está de lleno dentro del espíritu de Osvobozhdenie.
2) El curso de ideas propio de "Osvobozhdenie " en que
han caído los autores de la resolución aparece con
un relieve todavía incomparablemente mayor en otros escritos
de los neoiskristas. Por ejemplo, en el órgano del Comité
de Tiflís Sotsial-Demokrat [9] (publicado en georgiano
y ensalzado por Iskra en su número loo) en el artículo
"El Zemski Sobor* y nuestra táctica", se llega
incluso a decir que la "táctica" consistente
en "elegir como centro de nuestra actividad el Zemski Sobor"
(¡sobre la convocatoria del cual, añadiremos por
cuenta nuestra, no sabemos aún nada de un modo preciso!)
"es más ventajosa para nosotros " que la "táctica"
de la insurrección armada y de la constitución de
un gobierno provisional revolucionario. Más abajo volveremos
aún a ocuparnos de este artículo. 3) No se puede
oponer nada al examen previo de la táctica del Partido
para el caso de la victoria de la revolución y para el
de su derrota, así como para el caso de éxito de
la insurrección y para el
________________________________________
* Asamblea de representantes por estamentos en Rusia. Se convocaba
en los siglos XVI y XVII para deliberar con el soberano (N. de
la Red.)
caso
de que la insurrección no pueda convertirse en una fuerza
seria. Es posible que el gobierno zarista consiga convocar una
asamblea representativa con el fin de hacer componendas con la
burguesía liberal; la resolución del III Congreso,
previniéndolo, habla directamente de la "política
hipócrita", del "seudo-democratismo", de
las "formas caricaturescas de representación popular,
tales como el llamado Zemski Sobor"* Pero de lo que se trata
es de que esto no se dice en la resolución sobre el gobierno
provisional revolucionario, pues esto no tiene nada que ver con
el gobierno provisional revolucionario. Este caso relega el problema
de la insurrección y de la constitución del gobierno
provisional revolucionario, lo modifica, etc. Ahora no se trata
de que sean posibles toda clase de combinaciones, de que sean
posibles la victoria y la derrota, los caminos de rechos y los
caminos de rodeo; de lo que se
________________________________________
* He aquí el texto de esta resolución sobre la actitud
respecto a la táctica del gobierno en visperas de la revolución:
"Teniendo en cuenta que, con el fin de mantenerse, el gobierno,
al recrudecer, en el período revolucionario que atravesamos,
las represiones habituales; encaminadas con preferencia contra
los elementos conscientes del proletariado, a la rez 1) trata
de corromper políticamente a la clase obrera mediante concesiona
r promesas de reformas, para distraerla así de la lucha
revolucionaria; 2) con el mismo fin reviste su política
hipócrita de concesiones con el ropaje de formas seudodemocráticas,
comenzando por invitar a los obreros a elegir sus representantes
para las comisiones y asambleas y terminando con la creación
de formas caricaturescas de representación popular, tales
como el llamado Zemski Sobor; 3) organiza las llamadas "centurias
negras" y alza contra la revolución a todos Ios elementos
del pueblo reaccionarios, inconscientes o enceguecidos por el
odio de raza o de religión en general.
El III Congreso del P.O.S.D.R. acuerda proponer a todas las organizaciones
del Partido:
a) al desenmascarar los fines reaccionarios de las concesiones
del gobierno, subrayar en la propaganda y agitación su
caracter forzado, por una parte, y, por otra, la absoluta imposibilidad
para la autocracia de conceder reformas al proletatiado;
b) aprovechando la campaña electoral, explicar a los obreros
el verda dero sentido de semejantes medidas adoptadas por el gobierno
y demostrar que el proletariado debe convocar por vía revolucionaria
la Asamblea Constituyente sobre la base del sufragio universal,
igual, directo y secreto;
c) organizar al proletariado para la implantación inmediata
por la vía revolucionaria, de la jornada de 8 horas y de
otras reivindicaciones inmediatas de la clase obrera;
d) organizar la resistencia armada a las intentonas de las "centurias
negras" y de todos los elementos reaccionarios en general,
que son dirigidos por el gobierno". (Nota de Lenin para la
edición de 1907. N. de la Red.)
trata
es de que es inadmisible para un socialdemócrata llevar
la confusión a las ideas de los obreros sobre el camino
verdaderamente revolucionario, de que es inadmisible que, a la
manera de los de Osvobozhdenie, se llame victoria decisiva a aquello
que carece de la condición fundamental de la victoria.
Es posible que aun la jornada de ocho horas no la obtengamos de
golpe, sino únicamente recorriendo un largo camino de rodeo;
pero ¿qué diréis del hombre que califica
de victoria de los obreros una impotencia, una debilidad tal del
proletariado, que éste no tenga fuerza para impedir los
aplazamientos, las demoras, el regateo, la traición y la
reacción? Es posible que la revolución rusa termine
con un "aborto constitucional", como en cierta ocasión
dijo Vperiod *, ¿pero acaso esto puede justificar al socialdemócrata
que, en víspe ras de la lucha decisiva, se pusiera a calificar
dicho aborto de "victoria decisiva
________________________________________
* El peródico Vperiod (Adelante ) empezó a publicarse
en Ginebra, en enero de 1905, como órgano de la fracción
bolchevique del Partido. De enero a mayo aparecieron 18 números.
A partir del mes de mayo, comenzó a publicarse Proletari,
en lugar de Vperiod, como organo central del P.O.S.D.R., de acuerdo
con la resolución del III Congreso del P.O.S.D.R. (dicho
Congreso se celebró en Londres, en el mes de mayo; los
mencheviques no concurrieron y organizaron su propia "conferencia"
en Ginebra). (Nota de Lenin para la edición de 1907. N.
de la Red.)
sobre
el zarismo"? Es posible, si las cosas van mal, que no sólo
no conquistemos la república, sino que incluso la constitución
que obtengamos sea ilusoria, a lo "Shípov"[10],
pero ¿acaso se podría perdonar a un socialdemócrata
que escamoteara nuestra consigna republicana?
Naturalmente,
los neoiskristas no han llegado todavía a ese escamoteo.
¡Pero por el hecho de que en su resolución se hayan
precisamente olvidado de hablar de la república, se ve
con particular evidencia hasta qué punto se ha evaporado
en ellos el espíritu revolucionario, hasta qué punto
la afición a los razonamientos muertos les ha ocultado
las tareas de combate del momentol Es inverosímil, pero
es un hecho. Todas las consignas de la socialdemocracia se ratifican,
se tepiten, se aclaran, se detallan en distintas resoluciones
de la Gonferencia, no se olvida ni tan siquiera la elección
por los obreros, en las empresas, de "starostas" y delegados;
únicamente no se ha hallado la ocasión de recordar
la república en la resolución sobre el gobierno
provisional revolucionario. Hablar de la "victoria"
de la insurrección popular, de la constitución de
un gobierno provisional y no indicar la relación de dichos
"pasos" y actos con la conquista de la república,
significa escribir una resolución no para dirigir la lucha
del proletariado, sino para arrastrarse a la cola del movimiento
proletario.
Resumamos.
La primera parte de la resolución: 1) no ha aclarado en
lo más mínimo la significación del gobierno
provisional revolucionario desde el punto de vista de la lucha
por la república y de la garantía de una Asamblea
realmente popular y realmente constituyente; 2) ha introducido
directamente la confusión en la conciencia democrática
del proletariado, equiparando a la victoria decisiva de la revolución
sobre el zarismo un estado te cosas tal, en el que precisamente
falta todavía la condición fundamental para la verdadera
victoria.
4. LA
LIQUIDACION DEL REGIMEN MONARQUICO Y LA REPUBLICA
Pasemos a la parte siguiente de la resolución:
". . . Tanto en uno como en otro caso, esa victoria será
el principio de una nueva fase de la época revolucionaria.
La tarea planteada espontáneamente por las condiciones
objetivas del desarrollo social a esa nueva fase es la liquidación
definitiva de todo el régimen de casta y monárquico
en el proceso de la lucha recíproca entre los elementos
de la sociedad burguesa, políticamente emancipada, por
la realización de sus intereses sociales y por la posesión
directa del Poder.
Por
eso, el gobierno provisional que tomara sobre sí la realización
de las tareas de esa revolución burguesa por su carácter
histórico, debería, al regular la lucha recíproca
entre las clases antagónicas de la nación emancipada,
no sólo impulsar el desarrollo revolucionario, sino también
luchar contra los factores del mismo que amenacen las bases del
régimen capitalista".
Detengámonos
en esta parte, que representa en sí un apartado independiente
de la resolución. La idea fundamental de los razonamientos
que reproducimos coincide con la expuesta en el tercer punto de
la resolución del Congreso. Pero si se comparan las dos
resoluciones en esta parte, salta inmediatamente a la vista la
siguiente diferencia radical entre ellas: la resolución
del Congreso, después de carac terizar en dos palabras
la base económico-social de la revolución, dirige
toda su atención a la lucha de clases netamente definida
por conquistas determinadas, y coloca en primer plano las tareas
de combate del proletariado. La resolución de la Conferencia,
después de describir de un modo extenso, nebuloso y confuso
la base económico-social de la revolución, habla
de un modo muy poco claro de la lucha por conquistas determinadas
y deja absolutamente en la penumbra las tareas de combate del
proletariado. La resolución de la Conferencia habla de
la liquidación del antiguo régimen en el proceso
de una lucha recíproca de los elementos de la sociedad.
La resolución del Congreso dice que nosotros, Partido del
proletariado, debemos efectuar esta liquidación, que sólo
la instauración de la república democrática
constituye la liquidación verdadera, que esta república
debemos conquistarla, que lucharemos por ella y por la libertad
completa no sólo contra la autocracia, sino también
contra la burguesía cuando ésta intente (y lo hará
sin falta) arrebatarnos nuestras conquistas. La resolución
del Congreso llama a la lucha a una clase determinada, por un
objetivo inmediato, definido de un modo preciso. La resolución
de la Conferencia razona sobre la lucha recíproca de las
distintas fuerzas. Una resolución expresa la psicología
de la lucha activa, otra la de la contemplación pasiva;
una está impregnada de llamamientos a la acción
viva, la otra de razonamientos muertos. Ambas resoluciones declaran
que la revolución que se está desarrollando es,
para nosotros, sólo un primer paso, al cual seguirá
el segundo, pero una de las resoluciones extrae de aquí
la conclusión de que hay que efectuar con tanta mayor rapidez
este primer paso, liquidarlo con tanta mayor rapidez, conquistar
la república, aplastar implacablemente la contrarrevolución
y crear el terreno para el segundo paso; en cambio, la otra resolución
rebosa, por decirlo así, de descripciones prolijas de este
primer paso y (perdonad lo vulgar de la expresión) chupa
sus ideas al respecto. La resolución del Congreso toma
las viejas y eternamente nuevas ideas del marxismo (sobre el carácter
burgués de la revolución democrática) como
prólogo o primera premisa para sacar conclusiones sobre
las tareas de vanguardia de la clase de vanguardia, que lucha
tanto por la revolución democrática como por la
revolución socialista. La resolución de la Conferencia
sólo se queda en el prólogo, rumiándolo y
sutilizando sobre el mismo.
Esta
diferencia es precisamente la que desde hace mucho tiempo divide
a los marxistas rusos en dos alas: ala razonadora y ala combativa,
en los tiempos pasados del marxismo legal; ala económica
y ala política, en la época del movimiento de masas
que se está iniciando. De la premisa cierta del marxismo
sobre las profundas raíces económicas de la lucha
de clases en general y de la lucha política en particular,
los economistas sacaban la conclusión singular de que había
que volverse de espaldas a la lucha política y contener
su desarrollo, reducir su alcance, rebajar sus tareas. Los políticos,
a la inversa, extraían de las mismas premisas otra conclusión,
a saber: que cuanto más profundas sean ahora las raíces
de nuestra lucha, de un modo más vasto, más valeroso,
más decidido, con más iniciativa debemos sostener
dicha lucha. En la actualidad, en otras circunstancias, en una
forma modificada, nos hallamos en presencia del mismo debate.
De las premisas de que la revolución democrática
no es aún, ni mucho menos, la revolución socialista,
de que "interesa" no sólo y exclusivamente a
los desposeídos; de que sus raíces profundísimas
se hallan en las necesidades y en los requisitos ineluctables
de toda la sociedad burguesa en su conjunto; de estas premisas
sacamos la conclusión de que la clase avanzada debe plantear
tanto más audazmente sus tareas democráticas, con
tanta mayor precisión debe formularlas hasta el fin, propugnar
la consigna directa de la república, propagar la idea de
la necesidad del gobierno provisional revolucionario y de aplastar
implacablemente la contrarrevolución. Mientras que nuestros
contrincantes, los neoiskristas, deducen de estas mismas premisas
la conclusión de que no hay que formular hasta el fin los
postulados democráticos, de que entre las consignas prácticas
se puede prescindir de la república, de que es permitido
no propagar la idea de la necesidad del gobierno provisional revolucionario,
de que se puede calificar de victoria decisiva incluso la resolución
de convocar la Asamblea Constituyente, de que se puede no propugnar
la tarea de la lucha frente a la contrarrevolución como
nuestra tarea activa, sino ahogarla en una alusión nebulosa
(y formulada erróneamente, como veremos en seguida) al
"proceso de lucha recíproca". ¡No es éste
un lenguaje propio de hombres políticos, sino de ratas
de archivo!
Y cuanto
más atentamente examinéis las distintas fórmulas
de la resolución de los neoiskristas, con tanta mayor evidencia
aparecen ante vosotros las particularidades fundamentales de la
misma que ya hemos indicado. Se nos habla, por ejemplo, del "proceso
de la lucha recíproca entre los elementos de la sociedad
burguesa, políticamente emancipada". Recordando el
tema sobre el cual la resolución escribía (gobierno
provisional revolucionario), preguntamos perplejos: si se habla
del proceso de lucha reciproca, ¿cómo se puede guardar
silencio sobre los elementos que políticamente esclavizan
a la sociedad burguesa? ¿Se imaginan los conferencistas
que porque hayan supuesto la victoria de la revolución,
dichos elementos han desaparecido ya? Esta idea sería un
absurdo en general y la mayor ingenuidad política, una
miopía política en particular. Después de
la victoria de la revolución sobre la contrarrevolución,
ésta no desaparecerá, sino que, al contrario, empezará
inevitablemente una nueva lucha todavía más desesperada.
Al consagrar su resolución al examen de las tareas que
nos asignaría la victoria de la revolución, tenemos
el deber de de dicar una gran atención a las tareas destinadas
a rechazar la acometida de la contrarrevolución (como se
hace en la resolución del Congreso) y no ahogar estas tareas
políticas inmediatas, esenciales, candentes del partido
combativo, en razonamientos generales a propósito de lo
que habrá después de la época revolucionaria
actual, de lo que habrá cuando nos hallemos ya en presencia
de la "sociedad políticamente emancipada ". Del
mismo modo que los economistas cubrían su incomprensión
de las tareas políticas candentes con alusiones a las verdades
generales sobre la subordinación de la política
a la economía, los neoiskristas, al remitirse a las verdades
generales sobre la lucha en el interior de la sociedad políticamente
emancipada, cubren su incompren sión de las tareas revolucionarias
candentes de la emancipación política de dicha sociedad.
Tomad la expresión "liquidación definitiva
de todo el régimen de casta y monárquico" En
ruso, la liquidación definitiva del régimen monárquico
se llama instauración de la república democrática.
Pero al buenazo de Martínov y a sus admiradores esta expresión
les parece demasiado sencilla y clara. Ellos quieren sin falta
"ahondar" y decir cosas "más sabias".
Así resultan, de una parte, esfuerzos ridículos
por demostrar profundidad de pensamientos, y de otra, en vez de
una consigna resulta una descripción, en vez de un llamamiento
alentador a ir adelante, resulta una especie de mirada melancólica
hacia atrás. Nos hallamos exactamente en presencia no de
gente viva que quiera luchar ahora mismo, sin más tardanza,
por la república, sino de una especie de momias petrificadas
que sub specie aeternitatis examinan la cuestión desde
el punto de vista plus-quamperfeaum.
Prosigamos:
". . . El gobierno provisional. . . tomaría sobre
sí la realización de las tareas de esa... revolución
burguesa..." En este punto, se ve en seguida que nuestros
conferencistas han descuidado una cuestión concreta que
se alza ante los dirigentes políticos del proletariado.
La cuestión concreta del gobierno provisional revolucionario
ha desaparecido de su campo visual ante la cuestión de
la futura serie de gobiernos que realizarán las tareas
de la revolución burguesa en general. Si deseáis
examinar la cuestión "históricamente",
el ejemplo de cualquier país europeo os mostrará
que precisamente una serie de gobiernos, que en modo alguno eran
"provisionales", realizaron las tareas históricas
de la revolución burguesa, que incluso gobiernos que habían
vencido a la revolución se vieron, a pesar de ello, obligados
a reslizar las tareas históricas de esa revolución
vencida. Pero lo que se llama "gobierno provisional revolucionario"
no es, en manera alguna, ése del que habláis: se
llama así al gobierno de la época revolucionaria
que reemplaza directamente al gobierno derribado y que se apoya
en la insurrección popular y no en unas instituciones representativas
surgidas del pueblo. El gobierno provisional revolucionario es
el órgano de la lucha por la victoria inmediata de la revolución,
de la lucha por la represión inmediata de los intentos
contrarrevolucionarios, y no, en modo alguno, un órgano
de realización de las tareas históricas de la revolución
burguesa en general. Resenemos, señores, a los futuros
historiadores de la futura Rússkaia Stariná [11]
determinar qué tareas de la revolución burguesa
habrán sido las realizadas por nosotros o por tal o cual
gobierno; esto se podrá hacer aunque sea dentro de treinta
años, pero lo que ahora necesitamos es dar consignas e
indicaciones prácticas para la lucha por la república
y para la participación más enérgica del
proletariado en esta lucha.
Por
las causas indicadas, tampoco son satisfactorias las últimas
tesis de la parte de la resolución reproducida por nosotros.
Es extraordinariamente desacertada, o, por lo menos, inhábil,
la expresión de que el gobierno provisional debería
"regular" la lucha recíproca de las clases antagónicas:
los marxistas no deberían emplear una fórmula liberal,
de Osvobozhdenie, como ésta, que da motivo a pensar que
es posible un gobierno que sirva no de órgano de la lucha
de clases, sino de "regulador" de la misma ... El gobierno
debería "no sólo impulsar la revolución
hacia adelante, sino luchar también contra los factores
del mismo que amenacen las bases del régimen capitalista".
¡Este "factor" es precisamente ese mismo proletariado
en nombre del cual habla la resolución! En vez de indicar
cómo el proletariado precisamente debe, en un momento tal,
"impulsar el desarrollo revolucionario" (empujarlo más
allá de lo que quisiera la burguesía constitucionalista),
en vez de aconsejar prepararse de un modo determinado para la
lucha contra la burguesía, cuando ésta se vuelva
contra las conquistas de la revolución; en vez de esto
se nos da una descripción general del proceso, que nada
dice sobre las tareas concretas de nuestra actuación. El
procedimiento de la exposición de sus ideas por los neoiskristas
recuerda la opinión de Marx (en su famosa "tesis"
sobre Feuerbach) acerca del viejo materialismo, extraño
a la idea de la dialéctica. Los filósofos sólo
han interpretado el mundo de distintos modos -- decía Marx
--, pero de lo que se trata es de transformarlo [12]. Del mismo
modo, los neoiskristas pueden describir no del todo mal y explicar
el proceso de la lucha que se desarrolla a sus ojos, pero son
absolutamente incapaces de dar una consigna justa en esta lucha.
Marchando celosamente, pero dirigiendo mal, rebajan la interpretación
materialista de la historia por su desconocimiento del papel activo,
dirigente y orientador que pueden y deben desempeñar en
la historia los partidos que tengan conciencia de las condiciones
materiales de la revolución y que se pongan al frente de
las clases avanzadas.
5. ¿COMO
HAY QUE "IMPULSAR LA REVOLUCION HACIA ADELANTE"?
He aquí otro pasaje de la resolución:
"En tales condiciones, la socialdemocracia debe esforzarse
por conservar durante todo el transcurso de la revolución
una posición tal, que le garantice del modo mejor la posibilidad
de impulsar la revolución hacia adelante, no le ate las
manos en la lucha contra la política inconsecuente e interesada
de los partidos burgueses y la preserve de ser diluida en la democracia
burguesa.
Por
eso, la socialdemocracia no debe asignarse como fin conquistar
o compartir el Poder en el gobierno provisional, sino que debe
seguir siendo el partido de la oposición revolucionaria
extrema".
El consejo
de ocupar una posición que garantice del mejor modo la
posibilidad de impulsar la revolución hacia adelante, nos
gusta sobremanera. Lo único que desearíamos es que,
además de este buen consejo, hubiera indicaciones directas
de cómo precisamente ahora, en la situación política
presente, en la época de disquisiciones, suposiciones,
habladurías y proyectos de convocatoria de los representantes
populares, la socialdemocracia tiene que impulsar la revolución
hacia adelante. ¿Puede actualmente impulsar la revolución
hacia adelante el que no comprenda el peligro de la teoría
del "acuerdo" del pueblo con el zar, sostenida por los
elementos de Osvobozhdenie, el que califica de victoria la sola
"decisión" de convocar la Asamblea Constituyente,
el que no se asigna como tarea la propaganda activa de la idea
de la necesidad del gobierno provisional revolucionario, el que
deja en la penumbra la consigna de república democrática?
Esa gente, en realidad, impulsa la revolución hacia atrás,
porque en el sentido político-práctico se ha detenido
al nivel de la posición de los elementos de Osvobozhdenie.
¿Qué valor puede tener su aceptación del
programa que exige la sustitución de la autocracia por
la república, cuando en la resolución táctica
que define las tareas actuales y próximas del Partido en
el momento revolucionario falta la consigna de la lucha por la
república? ¡Pero si justamente la posición
de los elementos de Osvobozhdenie, la posición de la burguesía
constitucionalista, se halla en la actualidad caracterizada realmente
por el hecho de que la decisión de convocar la Asamblea
Constituyente del pueblo entero es considerada como una victoria
decisiva, y sobre el gobierno provisional revolucionario y sobre
la república se guarda prudentemente silencio! Para impulsar
la revolución hacia adelante, esto es, más allá
del límite hasta el cual la empuja la burguesía
monárquica, hay que preconizar activamente, subrayar y
colocar en primer plano consignas que excluyan la "inconsecuencia"
de la democracia burguesa.
Estas
consignas en el momento actual son sólo dos : 1) gobierno
provisional revolucionario, y 2) república, porque la consigna
de Asamblea Constituyente de todo el pueblo ha sido aceptada por
la burguesía monárquica (véase el programa
de Soiús Osvobozhdenia [Unión de Emancipación])
y ha sido aceptada precisamente para escamotear la revolución,
para no permitir la victoria completa de la revolución,
para servir los intereses de una transacción mercantil
entre la gran burguesía y el zarismo. Y vemos que la Conferencia,
de estas dos consignas, las únicas capaces de impulsar
la revolución hacia adelante, la consigna de la república
la ha olvidado completamente y la consigna del gobierno provisional
revolucionario la ha equiparado directamente a la consigna de
la Asamblea Constituyente popular, propugnada por Osvobozhdenie,
¡¡calificando de "victoria decisiva de la revolución"
lo uno y lo otro!!
Sí,
tal es el hecho indudable que, estamos persuadidos de ello, servirá
de jalón para el futuro historiador de la socialdemocracia
de Rusia La Conferencia de los socialdemócratas, celebrada
en mayo de 1905, adopta una resolución que contiene buenas
palabras sobre la necesidad de impulsar la revolución democrática
hacia adelante y que, de hecho, la empuje hacia atrás,
que de hecho no va más allá de las consígnas
democráticas de la burguesía monárquica.
A los
neoiskristas les gusta reprocharnos que desconocemos el peligro
de dilución del proletariado en la democracia burguesa.
Quisiéramos ver quién se atrevería a demostrar
este reproche fundándose en el texto de las resoluciones
aprobadas por el III Congreso del P.O.S.D.R. Contestamos a nuestros
contrincantes: la socialdemocracia, que actúa en el terreno
de la sociedad burguesa, no puede participar en la política
sin marchar, en tal o cual caso aislado, al lado de la democracia
burguesa. La diferencia entre nosotros y vosotros, en este punto,
consiste en que nosotros vamos al lado de la burguesía
revolucionaria y republicana sin fundirnos con ella, mientras
que vosotros vais al lado de la burguesía liberal y monárquica
sin fundiros tampoco con ella. Así es como están
las cosas.
Vuestras
consignas tácticas, dadas en nombre de la Conferencia,
coinciden con las consignas del partido "constitucional democrático",
esto es, con las del partido de la burguesía monárquica,
con la particularidad de que esta coincidencia no la habéis
advertido, no os habéis tado cuenta de ella, yendo a parar
de este modo, de hecho, a la cola de las gentes de Osvobozhdenie.
Nuestras
consignas tácticas, dadas en nombre del III Congreso del
P.O.S.D.R., coinciden con las consignas de la burguesía
democrático-revolucionaria y republicana. Esta burguesía
y pequeña burguesía no han formado todavía
un gran partido popular en Rusia*. Pero sólo puede dudar
de la existencia de los elementos del mismo el que no tenga idea
alguna de lo que sucede actualmente en Rusia. Nos proponemos dirigir
(en caso de que la gran revolución rusa se desenvuelva
con éxito) no sólo al proletariado, organizado por
el Partido Socialdemócrata, sino también a esa pe
queña burguesía capaz de ir a nuestro lado.
La Conferencia,
en su resolución, desciende inconsciente mente hasta el
nivel de la burguesía liberal y monárquica. El Congreso
del Partido con su resolución, eleva consciente mente hasta
su nivel a los elementos de la democracia revolucionaria
________________________________________
* Los "socialrevolucionarios" son más bien un
grupo terrorista de intelectuales, que el embrión de dicho
partido, aunque la significación objetiva de la actividad
de dicho grupo se reduce, precisamente, a la realización
de las tareas de la burguesía revolucionaria y republicana.
capaces de lucha y no de malas maniobras.
Dichos
elementos se encuentran sobre todo entre los campesinos. Sin cometer
un gran error, al clasificar los grandes grupos sociales por sus
tendencias políticas, podemos identificar a la democracia
revolucionaria y republicana con la masa campesina, naturalmente,
en el mismo sentido y con las mismas reservas y las sobreentendidas
condiciones con las cuales se puede identificar a la clase obrera
con la socialdemocracia. Podemos, en otros términos, formular
nuestras conclusiones asimismo del modo siguiente: la Conferencia,
con sus consignas políticas de interés para toda
la nación * en el momento revolucionario, desciende inconscientemente
hasta el nivel de la masa de los terratenientes. El Congreso del
Partido, con sus consignas políticas de interés
para toda la nación, eleva a la masa campesina hasta el
nivel revolucionario. Al que nos acuse, a causa de esta conclusión,
de afición a las paradojas le hacemos el siguiente reto:
que refute la tesis de que si no nos hallamos con fuerzas para
llevar la revolución hasta el fin, si la revolución
termina, como lo quieren los elementos de Osvobohzdenie, con una
"victoria decisiva" en forma únicamente de una
asamblea representativa convocada por el zar, a la cual sólo
en tono de burla se podría calificar de constituyente,
entonces eso será una revolución con el predominio
de los elementos terratenientes y de la gran burguesía.
Por el contrario, si estamos destinados a pasar efectivamente
por una gran revolución, si esta vez la historia no permite
un "aborto", si nos hallamos con fuerzas para llevar
la revolución hasta el fin, hasta la victoria decisiva,
no en el sentido que dan a esta
________________________________________
* No hablamos de las consignas campesinas especiales a las cuales
están dedicadas resoluciones particulares.
palabra
las gentes de Osvobozhdenie y los neoiskristas, entonces eso será
una revolución con el predominio del elemento campesino
y proletario.
Puede ser que algunos vean, en el hecho de admitir la idea de
tal predominio, una renuncia a nuestra convicción del carácter
burgués de la revolución próxima. Esto es
muy posible, si se tiene en cuenta el abuso que se hace de esta
noción en Iskra. Por esto no será superfluo, ni
mucho menos, detenerse en esta cuestión.
6. ¿DE
QUE LADO AMENAZA AL PROLETARLADO EL PELIGRO DE VERSE CON LAS MANOS
ATADAS EN LA LUCHA CONTRA LA BURGUESIA INCONSECUENTE?
Los marxistas están absolutamente convencidos del carácter
burgués de la revolución rusa. ¿Qué
significa esto? Esto significa que las transformaciones democráticas
en el régimen político y las transformaciones económico-sociales,
que se han convertido en una necesidad para Rusia, no sólo
no implican de por sí el socavamiento del capitalismo,
el socavamiento de la dominación de la burguesía,
sino que, por el contrario, desbrozarán por primera vez
el terreno como es debido para un desarrollo vasto y rápido,
europeo y no asiático, del capitalismo; por primera vez
harán posible la dominación de la burguesía
como clase. Los socialrevolucionarios no pueden comprender esta
idea porque desconocen el abecé de las leyes de desarrollo
de la producción mercantil y capitalista, no ven que aun
el éxito completo de la insurrección campesina,
aun la redistribución de la tierra en interés de
los campesinos y de acuerdo con sus deseos ("reparto negro"
o algo en este sentido) no destruiría ni en un ápice
al capitalismo, sino que, al contrario, daría un impulso
a su desenvolvimiento y aceleraría la diferenciación
de clase de los campesinos mismos. La incomprensión de
esta verdad convierte a los socialrevolucionarios en ideólogos
inconscientes de la pequeña burguesía. Insistir
sobre esta verdad tiene para la socialdemocracia una importancia
inmensa, no sólo en teoría, sino también
en política práctica, pues de aquí se desprende
el carácter obligatorio de la independencia completa de
clase del Partido del proletariado en el presente movimiento "democrático
general".
Pero
de esto no se desprende, ni mucho menos, que la revolución
democrática (burguesa por su contenido económico-social)
no represente un interés enorme para el proletariado. De
esto no se desprende, ni mucho menos, que la revolución
democrática no se pueda producir, tanto en forma ventajosa
sobre todo para el gran capitalista, para el magnate financiero,
para el terrateniente "ilustrado", como en forma ventajosa
para el campesino y para el obrero.
Los
neoiskristas interpretan de un modo radicalmente erróneo
el sentido y la significación de la categoría: revolución
burguesa. En sus razonamientos se desliza constantemente la idea
de que la revolución burguesa es una revolución
que puede dar únicamente lo que beneficia a la burguesía.
Y, sin embargo, no hay nada más erróneo que esta
idea, La revolución burguesa es una revolución que
no va más allá del marco del régimen económico-social
burgués, esto es, capitalista. La revolución burguesa
expresa las necesidades del desarrollo del capitalismo no sólo
no destruyendo sus bases, sino, al contrario, ensanchándolas
y profundizándolas. Esta revolución expresa, por
tanto, no sólo los intereses de la clase obrera, sino también
los de toda la burguesía. Por cuanto la dominación
de la burguesía sobre la clase obrera es inevitable bajo
el capitalismo, se puede decir con pleno derecho que la revolución
burguesa expresa los intereses no tanto del proletariado como
de la burguesía. Pero es completamente absurda la idea
de que la revolución burguesa no expresa en lo más
mínimo los intereses del proletariado. Esta idea absurda
se reduce bien a la ancestral teoría populista de que la
revolución burguesa se halla en pugna con los intereses
del proletariado, de que no tenemos necesidad, por este motivo,
de libertad política burguesa, o bien esta idea se reduce
al anarquismo, el cual niega toda participación del proletariado
en la política burguesa, en la revolución burguesa,
en el parlamentarismo burgués. Teóricamente, esta
idea representa en sí un olvido de las tesis elementales
del marxismo, relativas a la inevitabilidad del desarrollo del
capitalismo sobre el terreno de la producción mercantil.
El marxismo enseña que una sociedad fundada en la producción
mercantil y que tiene establecido el cambio con las naciones capitalistas
civilizadas, al llegar a un cierto grado de desarrollo, se coloca
inevitablemente ella misma en la senda del capitalismo. El marxismo
ha roto irremisiblemente con los desvaríos de los populistas
y anarquistas, según las cuales, Rusia, por ejemplo, podría
evitar el desarrollo capitalista, saltar del capitalismo o por
encima de él por algún medio que no fuese el de
la lucha de clases sobre el terreno y en los límites de
ese mismo capitalismo.
Todas estas tesis del marxismo han sido demostradas y repetidas
con todo detalle, tanto en general como especialmente con respecto
a Rusia. Y de estas tesis se deduce que es una idea reaccionaria
buscar la salvación de la clase obrera en algo que no sea
el desarrollo ulterior del capitalismo. En países tales
como Rusia, la clase obrera sufre no tanto del capitalismo como
de la insuficiencia de desarrollo del capitalismo. Por eso, la
clase obrera está absolutamente interesada en el desarrollo
más vasto, más libre, más rápido del
capitalismo. Es absolutamente beneficiosa para la clase obrera
la eliminación de todas las reminiscencias del pasado que
entorpecen el desarrollo amplio, libre y rápido del capitalismo.
La revolución burguesa es, precisamente, la revolución
que de un modo más decidido barre los restos de lo antiguo,
las reminiscencias del feudalismo (a las cuales pertenecen no
sólo la autocracia, sino también la monarquía)
y que de un modo más completo garantiza el desarrollo más
amplio, más libre y más rápido del capitalismo.
Por
eso, la revolución burguesa es extremadamente beneficiosa
para el proletariado. La revolución burguesa es absolutamente
necesaria para los intereses del proletariado. Cuanto más
completa y decidida, cuanto más consecuente sea la revolución
burguesa, tanto más garantizada se hallará la lucha
del proletariado contra la burguesía por el socialismo.
Esta conclusión puede parecer nueva o extraña, paradójica,
únicamente a los que ignoren el abecé del socialismo
científico. Y de esta conclusión, dicho sea de paso,
se desprende asimismo la tesis de que, en cierto sentido, la revolución
burguesa es más beneficiosa para el proletariado que para
la burguesía. He aquí, justamente, en qué
sentido es indiscutible esta tesis: a la burguesía le conviene
apoyarse en algunas de las supervivencias del pasado contra el
proletariado, por ejemplo, en la monarquía, en el ejército
permanente, etc. A la burguesía le conviene que la revolución
burguesa no barra demasiado resueltamente todas las supervivencias
del pasado, sino que deje en pie algunas ellas; es decir, que
esta revolución no sea del todo consecuente, no se lleve
hasta el final, no sea decidida e implacable. Los socialdemócratas
expresan a menudo esta idea de un modo un poco distinto, diciendo
que la burguesía se traiciona a sí misma, que la
burguesía traiciona la causa de la libertad, que la burguesía
es incapaz de un democratismo consecuente. A la burguesía
le conviene más que los cambios necesarios en un sentido
democráticoburgués se produzcan más lentamente,
más gradualmente, más cautelosamente, de un modo
menos resuelto, por medio de reformas y no por medio de la revolución,
que estos cambios sean lo más prudentes posible con respecto
a las "honorables" instituciones de la época
dd feudalismo (tales como la monarquía), que estos cambios
desarrollen lo menos posible la acción independiente, la
iniciativa y la energía revolucionarias del pueblo sencillo,
es decir, de los campesinos y particularmente de los obreros,
pues de otro modo a estos últimos les será tanto
más fácil "cambiar de hombro el fusil",
como dicen los franceses, es decir, dirigir contra la propia burguesía
el arma que ponga en sus manos la revolución burguesa,
la libertad que ésta les dé, las instituciones democráticas
que broten en el terreno desbrozado de feudalismo.
Por
el contrario, a la clase obrera le conviene más que los
cambios necesarios en un sentido democráticoburgués
se introduzcan no por medio de reformas, sino por la vía
revolucionaria, pues el camino reformista es el camino de las
dilaciones, de los aplazamientos, de la agonía dolorosa
y lenta de los miembros podridos del organismo popular, y los
que más y primordialmente sufren con este proceso de agonía
lenta son el proletariado y los campesinos. El camino revolucionario,
es el camino que consiste en la operación más rápida
y menos dolorosa para el proletariado, en la eliminación
directa de los miembros podridos, el camino de mínimas
concesiones y cautelas con respecto a la monarquía y a
sus instituciones repelentes, ignominiosas y podridas, que envenenan
la atmósfera con su descomposición.
He aquí
por qué nuestra prensa liberal burguesa, no sólo
por consideraciones dictadas por la censura, no sólo por
miedo a las autoridades, deplora a lo Judas la posibilidad de
un camino revolucionario, teme a la revolución, asusta
al zar con la revolución, se preocupa de evitar la revolución,
se humilla y se prosterna servil en aras de reformas mezquinas
como base del camino reformista. Se mantienen en este punto de
vista no sólo Rússkie Viédomosti, Sin Otéchestva,
Nasha Zhisn, Nashi Dni [Información Rusa, El Hijo de la
Patria, Nuestra Vida, Nuestros Días ], sino también
la ilegal y libre Osvobozhdenie. La situación misma de
la burguesía, como clase en la sociedad capitalista, engendra
inevitablemente su inconsecuencia en la revolución democrática.
La situación misma del proletariado, como clase, le obliga
a ser demócrata consecuente. La burguesía, temiendo
el progreso democrático, que amenaza con el fortalecimiento
del proletariado, vuelve la vista hacia atrás. El proletariado
no tiene nada que perder, excepto sus cadenas, y adquiere, con
ayuda del democratismo, todo un mundo. Por eso, cuanto más
consecuente es la revolución burguesa en sus transformaciones
democráticas, menos se limita a lo que beneficia exclusivamente
a la burguesía. Cuanto más consecuente es la revolución
burguesa, tanto más garantiza las ventajas del proletariado
y de los campesinos en la revolución democrática.
El marxismo
no enseña al proletariado a quedarse al margen de la revolución
burguesa, a no participar en ella, a entregar su dirección
a la burguesía, sino que le enseña, por el contrario,
que debe participar en ella del modo más enérgico
y luchar con la mayor decisión por el democratismo proletario
consecuente, por llevar hasta su término la revolución.
No podemos saltar del marco democráticoburgués de
la revolución rusa, pero podemos ensanchar en proporciones
colosales dicho marco, podemos y debemos, en los límites
del mismo, luchar por los intereses del proletariado, por la satisfacción
de sus necesidades inmediatas y por las condiciones de preparación
de sus fuerzas para la victoria completa futura. Hay democracia
burguesa y democracia burguesa. El monárquico de los zemstvos
partidario de una Cámara alta, que "reclama"
el sufragio universal, y secretamente llega a un compromiso con
el zarismo para obtener una Constitución mutilada, es un
demócrata burgués. El campesino que con las armas
en la mano se alza contra los terratenientes y funcionarios, y
por "republicanismo ingenuo" propone "echar al
zar"*, es también un demócrata burgués.
Hay regímenes democráticoburgueses tales como el
de Alemania y tales como el de Inglaterra; tales como el de Austria
y tales como el de América o el de Suiza. Bueno sería
el marxista que en la época de la revolución democrática
se dejara escapar esta diferencia entre los grados de democratismo
y entre el diferente carácter de tal o cual forma del mismo
y se limitara a "discurrir con gran ingenio" a propósito
de que, a pesar de todo, esto es una "revolución burguesa",
fruto de una "revolución burguesa".
Pues
bien, nuestros neoiskristas son precisamente unos sabihondos de
este jaez, que se vanaglorian de su miopía. Los neoiskristas
se limitan precisamente a razonar sobre el carácter burgués
de la revolución, cuando lo que se precisa es saber
________________________________________
* Véase Osvobozhdenie, núm. 71, pág. 337,
nota 2.
establecer
una diferencia entre la democracia burguesa republicano-revolucionaria
y la monárquico-liberal, sin hablar ya de la diferencia
entre el democratismo burgués inconsecuente y el democratismo
proletario consecuente. Se contentan - exactamente como si se
hubieran convertido verdaderamente en "hombres enfundados"
- con disquisiciones melancólicas sobre el "proceso
de lucha recíproca de las clases antagónicas",
cuando de lo que se trata es de dar una dirección democrática
a la revolución actual, de subrayar las consignas democráticas
de vanguardia para diferenciarlas de las consignas de traición
del señor Struve y Cía., de indicar de un modo directo
y tajante las tareas inmediatas de la lucha verdaderamente revolucionaria
del proletariado y de los campesinos, a diferencia de malas maniobras
liberales de los terratenientes y fabricantes. En esto consiste
ahora, señores, el fondo de la cuestión, que os
habéis dejado escapar: ¡en que nuestra revolución
se vea coronada por una verdadera y grandiosa victoria o tan sólo
por una transacción mezquina; en que llegue hasta la dictadura
revolucionario-democrática del proletariado y de los campesinos
o que "pierda sus fuerzas" en una Constitución
liberal a lo Shípov!
A primera
vista, puede parecer que al plantear esta cuestión nos
apartamos completamente de nuestro tema. Pero esto puede parecer
así sólo a primera vista. En realidad, es precisamente
en esta cuestión donde reside la raíz de la divergencia
de principio que se ha dibujado ya ahora de un modo completo entre
la táctica socialdemócrata del III Congreso del
Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y la táctica
fijada en la Conferencia de los neoiskristas. Estos últimos
han dado ya ahora no dos, sino tres pasos atrás, resucitando
los errores del economismo al resolver las cuestiones incomparablemente
más complejas, más importantes y más vitales
para el partido obrero, de su táctica en el momento de
la revolución. He aquí por qué es necesario
detenernos con toda atención en el examen del problema
planteado.
En la
parte de la resolución de los neoiskristas reproducida
por nosotros se indica el peligro de que la socialdemocracia se
encuentre con las manos atadas en la lucha contra la política
inconsecuente de la burguesía, de que se diluya en la democracia
burguesa. La idea de este peligro constituye el "leitmotiv"
de toda la literatura específicamente neoiskrista, esta
idea es el verdadero eje de toda la posición de principio
en la escisión de nuestro Partido (desde que los elementos
de baja querella en esta escisión han quedado completamente
relegados a último término ante los elementos de
viraje hacia el economismo). Reconocemos, asimismo, sin ambages
que este peligro existe realmente, que precisamente ahora, en
el apogeo de la revolución rusa, este peligro ha tomado
un carácter particularmente serio. A todos nosotros, los
teóricos, o, por lo que a mi se refiere, preferiría
decir los publicistas de la socialdemocracia, incumbe la tarea
inaplazable y extraordinariamente responsable de analizar desde
qué lado, en realidad, amenaza este peligro. Pues el origen
de nuestra divergencia se halla, no en el debate a propósito
te si existe o no dicho peligro, sino en el de saber si lo engendra
el llamado seguidismo de la "minoría" o el llamado
revolucionarismo de la "mayoría".
Para
eliminar interpretaciones torcidas y malentendidos, consignemos,
ante todo, que el peligro de que hablamos reside no en el aspecto
subjetivo de la cuestión, sino en el objetivo, no en la
posición formal que la socialdemocracia ocupe en la lucha,
sino en el desenlace material de toda la lucha revolucionaria
presente, La cuestión no consiste en saber si tales o cuales
grupos socialdemócratas quieren diluirse en la democracia
burguesa, de si se dan cuenta de que se diluyen; de esto ni siquiera
se trata. No sospechamos que existe semejante deseo en ninguno
de los socialdemócratas; por lo demás, no se trata
aquí de deseos, ni mucho menos. La cuestión no consiste
tampoco en saber si tales o cuales grupos socialdemócratas
conservarán su autonomía formal, su fisonomía
propia, su independencia con respecto a la democracia burguesa
en todo el transcurso de la revolución. No sólo
pueden dichos grupos proclamar dicha "independencia",
sino también mantenerla formalmente, y, sin embargo, las
cosas pueden pasar de tal modo, que se vean con las manos atadas
en la lucha contra la inconsecuencia de la burguesía. El
resultado político definitivo de la revolución puede
ser que, a pesar de la "independencia" formal, a pesar
de que la socialdemocracia conserve plenamente su fisonomía
propia como organización, como partido, de hecho no sea
independiente, no se halle con fuerzas para imprimir a la marcha
de los acontecimientos el sello de su independencia proletaria,
se vea tan débil, que, en el conjunto, en fin de cuentas,
en el balance definitivo, su "dilución" en la
democracia burguesa sea, no obstante, un hecho histórico.
He aquí
en lo que consiste el peligro real. Y ahora vea mos de qué
lado nos amenaza: ¿del de la desviación de la socialdemocracia
hacia la derecha, personificada por la nueva Iskra, como creemos
nosotros, o del de la desviación de la misma hacia la izquierda,
personificada por la "mayoría", por Vperiod,
etc., como creen los neoiskristas?
La solución
de este problema, como hemos indicado, se halla determinada por
la combinación objetiva de la acción de las distintas
fuerzas sociales. El carácter de estas fuerzas se halla
teóricamente determinado por el análisis marxista
de la realidad rusa, y en el presente es determinado prácticamente
por las acciones abiertas de los grupos y de las clases en la
marcha de la revolución. Ahora bien, todo el análisis
teórico efectuado por los marxistas mucho antes de la época
por que estamos atravesando, y todas las observaciones prácticas
sobre el desarrollo de los acontecimientos revolucionarios nos
muestran que son posibles, desde el punto de vista de las condiciones
objetivas, dos cursos y dos desenlaces de la revolución
en Rusia. La transformación del régimen económico
y político en Rusia en el sentido democrático-burgués
es inevitable e ineluctable. No hay fuerza en el mundo capaz de
impedir esta transformación. Pero de la combinación
de la acción de las fuerzas en presencia, creadoras de
esta transformación, pueden resultar dos desenlaces o dos
formas de dicha transformación. Una de dos: 1) o las cosas
terminarán con la "victoria decisiva de la revolución
sobre el zarismo", o 2) no habrá fuerza suficiente
para la victoria decisiva y las cosas terminarán con un
arreglo entre el zarismo y los dementos más "inconsecuentes"
y "egoístas" de la burguesía. Toda la
variedad infinita de detalles y combinaciones, que nadie puede
prever, se reducen, en suma, justamente a uno u a otro de estos
dos desenlaces.
Analicemos
ahora estos desenlaces: primero, desde el punto de vista de su
significación social, y, después, desde el punto
de vista de la situación de la socialdemocracia (de su
"dilución" o de que se vea con las "manos
atadas") en uno y en otro caso.
¿Qué
es la "victoria decisiva de la revolución sobre el
zarismo"? Hemos visto ya que, al emplear esta expresión,
los neoiskristas no la comprenden ni aun en su sentido político
inmediato. Menos todavía se advierte en ellos la comprensión
del contenido de dase de este concepto. Pues nosotros, marxistas,
no debemos en ningún caso dejarnos seducir por las palabras
"revolución" o "gran revolución rusa",
como ahora se dejan seducir por ellas muchos demócratas
revolucionarios (por el estilo de Gapón). Debemos darnos
cuenta de un modo exacto de las fuerzas sociales reales que se
enfrentan con el "zarismo" (una fuerza completamente
real y comprensible para todos) y que son ca paces de obtener
la "victoria decisiva" sobre el mismo. Esta fuerza no
puede ser la gran burguesía, los terratenientes, los fabricantes,
la "sociedad" que sigue a las gentes de Osvobozhdenie.
Vemos que ellos ni siquiera desean una victoria decisiva. Sabemos
que son incapaces, por su situación de clase, de una lucha
decisiva contra el zarismo: para ir a la lucha decisiva, la propiedad
privada, el capital, la tierra, son un lastre demasiado pesado.
Tienen demasiada necesidad del zarismo, con sus fuerzas policiaco-burocráticas
y militares, contra el proletariado y los campesinos, para que
puedan aspirar a la destrucción del zarismo. No, la fuerza
capaz de obtener la "victoria decisiva sobre el zarismo"
no puede ser más que el pueblo, es decir, el proletariado
y los campesinos, si se toman las grandes fuerzas fundamentales,
distribuyendo la pequeña burguesía rural y urbana
(asimismo "pueblo") entre el uno y los otros. "La
victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo"
es la dictadura revolucionario-democrática del proletariado
y de los campesinos. Nuestros neoiskristas no podrán escapar
de esta conclusión indicada hace ya tiempo por Vperiod.
No hay nadie más que pueda obtener la victoria decisiva
sobre el zarismo.
Y esta
victoria será, precisamente, una dictadura, es decir, deberá
apoyarse inevitablemente en la fuerza de las armas, en las masas
armadas, en la insurrección, y no en estas o en las otras
instituciones creadas "por la vía legal", "por
la vía pacífica". Sólo puede ser una
dictadura, porque la implantación de los cambios inmediata
y absolutamente necesarios para el proletariado y los campesinos
provocará una resistencia desesperada por parte de los
terratenientes, de la gran burguesía y del zarismo Sin
dictadura, será imposible aplastar esta resistencia, rechazar
los intentos contrarrevolucionarios. Pero no será, naturalmente,
una dictadura socialista, sino una dictadura democrática.
Esta dictadura no podrá tocar (sin pasar por toda una serie
de grados intermedios de desarrollo revolucionario) las bases
del capitalismo. Podrá, en el mejor de los casos, llevar
a una redistribución radical de la propiedad de la tierra
a favor de los campesinos, implantar un democratismo consecuente
y completo, hasta llegar a la república, desarraigar no
sólo de la vida del campo, sino también del régimen
de la fábrica, todos los rasgos asiáticos de servidumbre,
iniciar un mejoramiento serio en la situación de los obreros
y elevar su nivel de vida, y finalmente last but not least*, hacer
que la hoguera revolucionaria prenda en Europa. Semejante victoria
no convertirá aún, ni mucho menos, nuestra revolución
burguesa en socialista; la revolución democrática
no se saldrá inmediatamente del marco de las relaciones
económico sociales burguesas; pero, no obstante esto, tendrá
una importancia gigantesca para el desarrollo futuro de Rusia
y del mundo entero. Nada elevará a tal altura la energía
revolucionaria del proletariado mundial, nada acortará
________________________________________
* El último en orden, más no en importancia.
tan considerablemente el camino que conduce a su victoria total,
como esta victoria decisiva de la revolución que se ha
iniciado ya en Rusia.
Hasta qué punto es probable esta victoria es ya otra cuestión.
No somos en modo alguno propensos al optimismo irrazonable a este
propósito; no olvidamos, ni mucho menos, las enormes dificultades
de esta tarea, pero, al ir a la lucha, debemos desear la victoria
y saber indicar el verdadero camino que conduce a ella. Las tendencias
capaces de conducir a esta victoria existen indiscutiblemente.
Es verdad que nuestra influencia, la de los socialdemócratas,
sobre la masa del proletariado, es aún insuficiente en
sumo grado; el influjo revolucionario sobre la masa campesina
es muy insignificante; la dispersión, la falta de desarrollo,
la ignorancia del proletariado y sobre todo de los campesinos,
son aún terriblemente grandes. Pero la revolución
cohesiona con rapidez e instruye con rapidez. Cada paso en el
desarrollo de la misma despierta a la masa y la atrae con una
fuerza irresistible precisamente hacia el programa revolucionario,
como el único que expresa de un modo consecuente y completo
sus verdaderos intereses, sus intereses vitales.
La ley
de la mecánica establece que la acción es igual
a la reacción. En la historia, la fuerza destructora de
la revolución depende también, y no poco, de la
fuerza y la duración con que han sido aplastadas las aspiraciones
de libertad, y de la profundidad que alcancen las contradicciones
entre la "superestructura" antediluviana y las fuerzas
vivas de la época actual. Y la situación política
internacional, en muchos sentidos, va siendo la más ventajosa
para la revolución rusa. La insurrección de los
obreros y campesinos ha empezado ya, se halla dispersa, es espontánea,
débil, pero demuestra de un modo indiscutible y absoluto
la existencia de fuerzas capaces de ir a la lucha decisiva y que
marchan hacia una victoria decisiva.
Si estas fuerzas resultan insuficientes, el zarismo podrá
entonces estipular un arreglo, que están preparando ya,
de una parte, los señores Bulyguin, y de otra, los señores
Struve. Entonces, las cosas terminarán con una Constitución
mutilada o incluso, en el peor de los casos, con una parodia de
la misma. Esto será también una "revolución
burguesa", pero abortada, híbrida, un monstruoso engendro.
La socialdemocracia no se hace ilusiones, conoce la naturaleza
traicionera de la burguesía, no se desalienta y no abandona
su labor tenaz, paciente y firme, para la educación de
clase del proletariado, incluso en los días más
grises de bienandanza burguesa-constitucional a lo "Shípov".
Este desenlace se parecería más o menos al de casi
todas las revoluciones democráticas de Europa en el transcurso
del siglo XIX, y en tal caso el desarrollo de nuestro Partido
seguiría una senda difícil, dura, larga, pero conocida
y trillada.
Cabe
ahora preguntar: ¿en cuál de estos dos desenlaces
posibles la socialdemocracia se vería de hecho con las
manos atadas frente a la burguesía inconsecuente y egoísta?
¿Resultará de hecho "diluida" o casi diluida
en la democracia burguesa?
Basta
con formular te un modo claro esta pregunta para contestarla inmediatamente
sin dificultad.
Si la
burguesía consigue hacer fracasar la revolución
rusa por medio de un compromiso con el zarismo, entonces la socialdemocracia
se verá de hecho precisamente con las manos atadas frente
a la burguesía inconsecuente, entonces la socialdemocracia
se verá "diluida" en la democracia burguesa en
el sentido de que el proletariado no conseguirá imprimir
su sello claro a la revolución, no conseguirá ajustar
las cuentas al zarismo a la manera proletaria, o, como decía
en su tiempo Marx, "a la manera plebeya".
Si se consigue la victoria decisiva de la revolución, entonces
ajustaremos las cuentas al zarismo a la manera jacobina, o, si
queréis, plebeya. "Todo el terrorismo francés
-- escribía Marx en 1848, en la famosa Nueva Gaceta del
Rin - no fue sino un procedimiento plebeyo para ajustar las cuentas
a los enemigos de la burguesía: al absolutismo, al feudalismo
y al filisteísmo" (Véase Marx, Nachlass, edición
de Mehring, t. III, pág. 211)[13]. ¿Han pensado
alguna vez en la significación de estas palabras de Marx
los que intimidan a los obreros socialdemócratas rusos
con el espantajo del "jacobinismo" en la época
de la revolución democrática?
Los
girondinos de la socialdemocracia rusa actual, los neoiskristas,
no se funden con los elementos de Osvobozhdenie, pero de hecho,
como consecuencia del carácter de sus consignas, marchan
a la cola de los mismos. Y los elementos de Osvobozhdenie, esto
es, los representantes de la burguesía liberal, quieren
deshacerse de la autocracia suavemente, a la manera reformista,
haciendo concesiones, sin ofender a la aristocracia, a la nobleza,
a la corte, cautelosamente, sin romper nada, amablemente y cortésmente,
de un modo señorial, poniéndose guantes blancos
(como los que se puso, sacados de manos de un bachibuzuk, el señor
Petrunkévich en la recepción de los "representantes
del pueblo" (?) por Nicolás el Sanguinario. Véase
Proletari, núm. 5*).
Los
jacobinos de la socialdemocracia moderna -- bolcheviques, partidarios
de Vperiod, congresistas o partidarios de Proletari no sé
ya cómo decirlo -- quieren
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* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. VIII. (N. de la
Red.)
elevar
con sus consignas a la pequeña burguesía revolucionaria
y republicana y, sobre todo, a los campesinos hasta el nivel del
democratismo consecuente del proletariado, el cual conserva sus
rasgos especiales de dase completos. Quieren que el pueblo, es
decir, el proletariado y los campesinos, ajuste las cuentas a
la monarquía y a la aristocracia "a lo plebeyo",
aniquilando implacablemente a los enemigos de la libertad, aplastando
por la fuerza su resistencia, no haciendo ninguna concesión
a la herencia maldita del feudalismo, del asiatismo, del escarnio
para el hombre.
Esto
no significa, en modo alguno, que queramos sin falta imitar a
los jacobinos de 1793, adoptar sus concepciones, su programa,
sus consignas, sus métodos de acción. Nada de esto.
Tenemos no un programa viejo, sino nuevo: el programa mínimo
del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Tenemos una
consigna nueva: la dictadura revolucionario-democrática
del proletariado y de los campesinos. Tendremos también,
si vivimos hasta la victoria auténtica de la revolución,
nuevos métodos de acción, que corresponderán
al carácter y a los fines del Partido de la clase obrera,
partido que aspira a la revolución socialista completa.
Con nuestra comparación, queremos únicamente aclarar
que los representantes de la clase avanzada del siglo XX, del
proletariado, esto es, los socialdemócratas, se dividen
asimismo en las dos alas (oportunista y revolucionaria) en que
se dividían también los representantes de la clase
avanzada del siglo XVIII, la burguesía, esto es, girondinos
y jacobinos.
Sólo
en el caso de victoria completa de la revolución democrática,
el proletariado no se encontrará con las manos atadas en
la lucha contra la burguesía inconsecuente; sólo
en este caso no "se diluirá" en la democracia
burguesa, sino que imprimirá a toda la revolución
su sello proletario, o, para decirlo más exactamente, el
sello proletario-campesino.
En una
palabra: para no verse con las manos atadas en la lucha contra
la democracia burguesa inconsecuente, el proletariado debe ser
lo suficientemente consciente y fuerte para elevar hasta la conciencia
revolucionaria a los campesinos, para dirigir la acometida de
éstos, para realizar así de un modo independiente
el democratismo consecuentemente proletario.
He ahí
cómo está planteada la cuestión, con tan
poca fortuna resuelta por los neoiskristas, sobre el peligro de
encontrarse con las manos atadas en la lucha contra la burguesía
inconsecuente. La burguesía será siempre inconsecuente.
No hay nada más cándido y estéril que los
intentos de trazar las condiciones o puntos* bajo cuya ejecución
se podría considerar a la democracia burguesa como a un
amigo sincero del pueblo. Sólo el proletariado puede ser
un luchador consecuente por el democratismo. Pero sólo
puede luchar victoriosamente por el democratismo a condición
de que las masas campesinas se unan a su lucha revolucionaria.
Si al proletariado no le alcanzaran las fuerzas para ello, la
burguesía se pondría al frente de la revolución
democrática y daría a la misma un carácter
inconsecuente e interesado. No hay otro medio de impedirlo más
que la dictadura revolucionario-democrática del proletariado
y de los campesinos.
Así, pues, llegamos a la conclusión indudable de
que es precisamente la táctica neoiskrista la que, por
su significación objetiva, hace el juego de la democracia
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* Como lo ha intentado hacer Starovier en su resolución[14],
anulada por el III Congreso, y como lo intenta la Conferencia
en una resolución no menos desacertada.
burguesa.
La predicación de la difusión orgánica, que
llega hasta plebiscitos, hasta el principio de acuerdos, a separar
del Partido la literatura de partido; el rebajar las tareas de
la insurrección armada; el confundir las consignas políticas
populares del proletariado revolucionario con las de la burguesía
monárquica; el adulterar las condiciones de la "victoria
decisiva de la revolución sobre el zarismo": todo
esto, tomado en conjunto, da precisamente como resultado la política
del seguidismo en los momentos revolucionarios, que desorienta
al proletariado, lo desorganiza y lleva la confusión a
su conciencia, rebaja la táctica de la socialdemocracia,
en vez de indicar el único camino de la victoria y agrupar
en torno a la consigna del proletariado a todos los elementos
revolucionarios y republicanos del pueblo.
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Para confirmar esta conclusión, a la que hemos llegado
a base de un análisis de la resolución, abordaremos
esta misma cuestión desde otros aspectos. Veamos, en primer
lugar, de qué manera un menchevique cándido y abierto
ilustra la táctica neoiskrista en el periódico georgiano
Sotsial-Demokrat. En segundo lugar, veamos quién se aprovecha,
de hecho, en la actual situación política, de las
consignas de la nueva Iskra.
Notas:
(*) EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS
Pekín 1976
Primera edición 1973
(2a impresión 1976)
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