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7. La Táctica de la "Eliminación de los Conservadores del Gobierno"

El artículo arriba mencionado, publicado en el órgano del "Comité" menchevique de Tiflís (Sotsial-Demokrat, núm. 1) se titula "El Zemski Sobor y nuestra táctica". Su autor no ha olvidado aún por completo nuestro programa; lanza la consigna de la república, pero razona sobre la táctica de la siguiente manera:
"Para la consecución de este objetivo (la república) se pueden indicar dos caminos: o no prestar ninguna atención al Zemski Sobor convocado por el gobierno y derrotar al gobierno con las armas en la mano, formar un gobierno revolucionario y convocar la Asamblea Constituyente, o declarar al Zemski Sobor como centro de nuestra acción, presionando con las armas en la mano sobre sus componentes, sobre su actividad, y obligarle por la fuerza a declararse Asamblea Constituyente o a convocar la Asamblea Constituyente por su conducto. Estas dos tácticas se diferencian muy netamente la una de la otra. Veamos, pues, cuál de las dos es más ventajosa para nosotros".

He aquí cómo los neoiskristas rusos exponen las ideas encarnadas ulteriormente en la resolución examinada por nosotros. Observad que esto fue escrito antes de Tsu-sima, cuando el "proyecto" de Bulyguin no había salido aún a la luz. Hasta los liberales perdieron la paciencia y expresaron su desconfianza en las columnas de la prensa legal, en tanto que un socialdemócrata neoiskrista resultaba ser más confiado que los liberales, El declara que el Zemski Sobor "está en vías de ser convocado" y cree en el zar hasta tal punto, que propone hacer de este Zemski Sobor (o puede ser de una "Duma de Estado" o de un "Sobor legislativo y consultivo") inexistente aún, el centro de nuestra acción. Más franco y más rectilíneo que los autores de la resolución adoptada en la Conferencia, nuestro ciudadano de Tiflís no considera como equivalentes las dos "tácticas" (expuestas por él con un candor inimitable), sino que declara que la segunda es más "ventajosa". Escuchad:
"Táctica primera. Como vosotros sabéis, la revolución inminente es una revolución burguesa, es decir, esta dirigida a un cambio del régimen actual en el cual (cambio) está interesado no sólo d proletariado, sino toda la sociedad burguesa. Todas las clases estan en oposición contra el gobierno, incluso los mismos capitalistas. El proletariado que lucha y la burguesía que lucha, van, en un cierto sentido juntos y atacan juntos al absolutismo desde diversos lados. El gobierno está completamente aislado y privado de la simpatía de la sociedad. Por eso, es muy fácil destruirlo. Todo el proletariado de Rusia no es aún consciente ni está organizado como para poder realizar él solo la revolución. Y si pudiera hacerlo, no realizaría una revolución burguesa, sino proletaria (socialista). Por tanto, nos interesa que el gobierno se quede sin aliados, que no pueda desunir a la oposición, que no se atraiga a la burguesía, ni deje aislado al proletariado"...

¡De manera que va en interés del proletariado que el gobierno zarista no pueda separar a la burguesía del proletariado! ¿No es por error por lo que el órgano georgiano se llama Sotsial-Demokrat en vez de llamarse Osvobozhdenie? ¡Mirad qué inimitable filosofía de la revolución democrática! ¿No vemos nosotros aquí, con nuestros propios ojos, al pobre ciudadano de Tiflís, desorientado totalmente por la interpretación casuística y seguidista del concepto "revolución burguesa"? El examina la cuestión del posible aislamiento del proletariado en la revolución democrática y se olvida ..., se olvida de una minucia ..., ¡de los campesinos! Entre los posibles aliados del proletariado, él conoce y encuentra de su agrado a los terratenientes de los zemstvos, pero no conoce a los campesinos. ¡Y esto en el Cáucaso! Pues bien, ¿no llevábamos nosotros razón cuando decíamos que la nueva Iskra con sus razonamientos desciende hasta la burguesía monárquica, en vez de levantar hacia sí, como aliados, a los campesinos revolucionarios?

". . . En caso contrario, la derrota del proletariado y la victoria del gobierno son inevitables. Y precisamente es a esto a lo que tiende la autocracia. Esta, no cabe duda, en su Zemski Sobor atraerá a su lado a los representantes de la nobleza, de los zemstvos, de las ciudades, de las universidades y demás instituciones burguesas. Se esforzará en halagarlos con pequeñas concesiones, y de esta manera, conciliarlos con ella. Reforzado de este modo, dirigirá todos sus golpes contra el pueblo obrero, que quedará aislado. Es nuestro deber impedir desenlace tan desdichado. Pero ¿acaso se puede hacer esto por el primer camino? Supongamos que no hemos prestado ninguna atención al Zemski Sobor, sino que hemos empezado a prepararnos, nosotros mismos, para la insurrección y un buen día hemos salido armados a la calle, a la lucha. Y he aquí que en lugar de encontrarnos con un solo enemigo, nos encontramos con dos: el gobierno y el Zemski Sobor. Mientras que nosotros nos preparábamos, ellos han tenido tiempo de entenderse, de llegar a un acuerdo, de elaborar una Constitución ventajosa para ellos y se han repartido el Poder. Esta es una táctica directamente beneficiosa para el gobierno, y nosotros debemos renunciar a ella de la manera más enérgica"...


¡Eso es hablar con franqueza! ¡Hay que renunciar resueltamente a la "táctica" de preparar la insurrección, porque "mientras tanto" el gobierno llegará a una componenda con la burguesía! ¿Sería posible encontrar en la vieja literatura del más inveterado "economismo" algo parecido a este modo de deshonrar a la socialdemocracia revolucionaria? Las insurrecciones y las revueltas obreras y campesinas, que tienen lugar aquí y allá, son hechos. El Zemski Sobor es una promesa de Bulyguin. Y el Sotsial-Demokrat de la ciudad de Tiflís decide: renunciar a la táctica de preparar la insurrección y esperar el "centro de acción", el Zemski Sobor. . .
". . . La segunda táctica, por el contrario, consiste en colocar al Zemski Sobor bajo nuestra vigilancia, no darle posibilidad de actuar según su voluntad y de llegar a un acuerdo con el gobierno*.
Nosotros sostendremos al Zemski Sobor en tanto en que luche contra la autocracia y lucharemos contra él en aquellos casos en que se concilie con la autocracia. Por una intervencion enérgica y por la fuerza, des uniremos a los diputados[*], atraeremos hacia
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* ¿Qué medios hay para privar de hacer su voluntad a los miembros de los zemstvos? ¿No será esto un papel de tornasol particular?

nosotros a los radicales, eliminaremos del gobierno a los conservadores y, de esta manera, colocaremos a todo el Zemski Sobor en el camino revolucionario. Gracias a esta táctica, el gobierno quedará aislado permanentemente, la oposición será fuerte y con esto será facilitada la implantación de un régimen democrático".

¡Sí! ¡Sí! Que nos digan ahora que nosotros exageramos el viraje de los neoiskristas hacia la variedad más vulgar del economismo. Esto es ya exactamente igual que los famosos polvos contra las moscas: se coge la mosca, se la espolvorea y muere. Desunir por la fuerza a los diputados del Zemski Sobor, "eliminar del gobierno a los conservadores", y todo el Zemski Sobor adoptará el camino revolucionario. . . Todo eso, sin ninguna clase de insurrección armada "jacobina", muy noblemente, casi a la manera parlamentaria, "influenciando" sobre los miembros del Zemski Sobor.

¡Pobre Rusia! Se ha dicho de ella que lleva siempre los sombreros pasados de moda y desechados en Europa. Nosotros no tenemos parlamento aún, ni siquiera lo ha prometido Bulyguin, pero cretinismo parlamentario[15] hay todo el que se quiera.

". . . ¿Cómo debe producirse esta intervención? Ante todo, nosotros exigiremos que el Zemski Sobor sea convocado mediante el sufragio universal, igual, directo y screto. Junto con la publicación** de este régimen electoral, debe ser consagrada por la ley*** la completa libertad de agitación electoral, es decir, la libertad de reunión, de palabra, de prensa, la inmunidad de los electores y elegidos y la liberación de todos los delincuentes políticos. La fecha de las elecciones debe ser fijada lo más tarde posible con el fin de que tengamos tiempo suficiente para
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* ¡Vaya por Dios! ¡He aquí una táctica "profundizada"! No hay fuerzas para luchar en la calle, pero se puede "desunir a los diputados por la fuerza". Escuche, camarada de Tiflís, se puede mentir, pero hay que saber en qué medida. . .
** ¿En la Iskra?
*** ¿Por Nicolás?

informar y preparar al pueblo. Y puesto que la elaboración del reglamento de convocatoria del Sobor ha sido encargada a una comisión presidida por el ministro del Interior, Bulyguin, debemos presionar sobre esta comisión y sobre sus miembros [*]. Si la Comisión Bulyguin se niega a satisfacer nuestras reivindicaciones [**] y concede el derecho a elegir diputados sólo a los pudientes, debemos intenenir en estas elecciones y obligar por la vía revolucionaria a los electores a elegir candidatos avanzados y exigir en el Zemski Sobor la Asamblea Constituyente. En fin, por todos los medios: manifestaciones, huelgas, y si es necesario, la insurrección, obligar al Zemski Sobor a convocar la Asamblea Constituyente o a proclamarse Asamblea Constituyente. El proletariado en armas debe ser el defensor de la Asamblea Constituyente y ambos [***] juntos marcharán hacia la república democrática.

Esta es la táctica socialdemócrata y únicamente ella nos asegurará la victoria".

No piense el lector que todo este increíble absurdo es un simple devaneo de la pluma de cualquier neoiskrista irresponsable y sin influencia. No, esto se dice en el órgano de todo un comité de neoiskristas, el de Tiflís. Es más, este absurdo es aprobado directamente por Iskra en su número 100, en el cual leemos estas líneas a propósito de Sotsial-Demokrat.

"El número 1 está redactado vivamente y con talento. Se nota la mano experta y hábil de un redactor gue es a la vez un escritor. . . Se puede decir con seguridad que el periódico cumplirá brillantemente la tarea que ante sí tiene planteada ".

¡Sí! Si esta tarea consiste en demostrar palmariamente a todos y cada uno la plena descomposición ideológica del
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* He ahí lo que significa la táctica de ¡"eliminar a los conservadores del gobierno"!
** ¡Esto no puede suceder si nosotros usamos una táctica tan acertada y tan profundamente meditada de nuestra parte!
*** ¿El proletariado en armas y los conservadores "eliminados del gobierno"?

neoiskrismo, la ha cumplido efectivamente de un modo "brillante". Nadie habría sabido expresar más "vivamente, con mayor talento y habilidad" el descenso de los neoiskristas hasta el oportunismo liberal-burgués.

8. LA TENDENCIA DE OSVOBOZHDENIE Y EL NEOISERISMO
Ahora pasamos a otra confirmación patente de la significación política del neoiskrismo.

En un artículo excelente, magnifico, muy instructivo, titulado "Cómo encontrarse a si mismo" (Osvobozhdenie, núm. 71), el señor Struve hace la guerra al "revolucionismo programático" de nuestros partidos extremos. El señor Struve se muestra sobre todo descontento de mi*. Por lo
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* "En comparación con el revolucionismo de los señores Lenin y sus compañeros, el revolucionismo de la socialdemocracia de Europa occidental, de Bebel y hasta de Kautsky, es oportunismo, pero también las bases de este revolucionismo, ya suavizado, han sido minadas y destruidas por la historia". El ataque es muy serio. Pero hace mal el señor Struve en pensar que se pueden amontonar cosas sobre mí como sobre un muerto. A mí me basta con hacer un reto al señor Struve, que él nunca será capaz de aceptar. ¿Dónde y cuándo he dicho yo que el revolucionismo de Bebel y de Kautsky sea "oportunismo"? ¿Dónde y cuándo he pretentido yo crear en la socialdemocracia internacional una tendencia particular, no idénfica a la tendencia de Bebel y de Kautsky? ¿Dónde y cuándo han salido a la luz discrepancias, entre Bebel y Kautsky por una parte, y yo, por otra, discrepancias que se aproximen por su seriedad, aunque sea un poco, a las surgidas entre Bebel y Kautsky, en Breslau, por ejemplo, en la cuestión agraria? [16] Que pruebe el señor Struve a contestar a estas tres preguntas.
Y a los lectores les decimos: la burguesía liberal, en todas partes y siempre, pone en juego el procedimiento que consiste en hacer creer a sus adeptos en un país determinado que los socialdemócratas de dicho país son la gente más insensata, mientras que sus compañeros del país vecino son "buenos chicos". La burguesía alemana ha puesto cientos de veces como ejemplo ante Bebel y Kautsky a los "buenos chicos" socialistas franceses. La burguesía francesa, no hace mucho, puso como ejemplo ante los socialistas franceses al "buen chico" Bebel. ¡Es un procedimiento viejo, señor Struve! En esa trampa sólo podrá usted coger a los niños y a los ignorantes. La solidaridad completa de la socialdemocracia revolucionaria internacional en todas las grandes cuestiones del programa y de la táctica es un hecho incontrovertible.

que se refiere a mi, estoy tan contento con el señor Struve, que no es posible pedir más: mejor aliado en la lucha contra el economismo renaciente de los neoiskristas y contra la falta absoluta de principios de los "socialrevolucionarios", yo no podria desear. Ya hablaremos alguna otra vez de cómo el señor Struve y Osvobozhdenie han demostrado en la práctica todo el reaccionarismo de las "enmiendas" al marxismo hechas en el proyecto de programa de los socialrevolucionarios. De cómo el señor Struve me ha prestado un servicio leal, honrado y verdadero cada vez que aprobaba en principio a los neoiskristas, ya hemos hablado reiteradamente* y hablaremos ahora otra vez.
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* Recordamos al lector que al artículo "¿Qué es lo que no hay que hacer?" (Iskra, núm. 52) fue saludado a bombo y platillo por Osvobozhdenie como uo "significativo viraje" hacia concesiones respecto a 108 oportunistas. Las tendencias de principio del neoiskrismo, Osvobozhdenie las ha aprobado particularmente en una nota sobre la escisión entre los socialdemócratas rusos. Respecto al folleto de Trotski "Nuestras tareas políticas", Osvobozhdenie ha indicado la analogía de las ideas de este autor con las que escribieron y expresaron en un tiempo los colaboradores de Rabócheie Dielo (La Causa Obrera ) Krichevski, Martínov, Akímov (ved la hoja titulada "Un liberal servicial" editada por Vperiod). El folleto de Martínov Dos dictaduras, ha sido saludado por Osvobozhdenie (ved la nota de Vperiod, núm. 9). En fin, las quejas tardías de Starovier respecto a ia vieja consigna de la vieja Iskra : "primero deslindar los campos y después unirse", han encontrado la simpatía especial de Osvobozhdenie.
En el artículo del señor Struve hay toda una serie de dedaraciones interesantísimas, que aquí podemos señalar únicamente de paso. El abriga el propósito de "crear una democracia rusa, apoyándose, no en la lucha, sino en la colaboración de clases", con la particularidad de que la "intelectualidad socialmente privilegiada" (como la "nobleza culta", ante la cual el señor Struve hace reverencias con la gracia de un ... lacayo auténticamente mundano) aportará el "peso de su situación social" (el peso del saco de oro) a este partido, "que no será de clase". El señor Struve expresa el deseo de dar a conocer a la juventud la falsedad de ese "lugar común radical según el cual la burguesía se ha asustado y ha traicionado al proletariado y a la causa de la libertad". (Saludamos de todo corazón este deseo Nada confirmará la razón de ese "lugar común" marxista, como el hecho de que el señor Struve le haga la guerra. ¡Hágalo, señor Struve, no retarde usted la ejecución de su excelente plan, metiéndolo en el fondo de un cajón!)

Nos interesa señalar, para tratar nuestro tema, contra qué consignas prácticas combate en la actualidad un representante de la burguesía rusa dotado de un instinto político tan fino y tan sensible a la más pequeña variación del tiempo. En primer lugar, contra la consigna del republicanismo. El señor Struve está firmemente convencido de que esta consigna es "incomprensible y ajena a las masas populares". (El se olvida de añadir: ¡Es comprensible, pero no conviene a la burguesía!) ¡Nosotros desearíamos ver qué respuesta recibiría el señor Struve de los obreros en nuestros círculos y en nuestras reuniones de masas! ¿O es que los obreros no son el pueblo? ¿Y los campesinos? Suelen profesar, según el señor Struve, "un republicanismo ingenuo" ("echar al zar"), pero la burguesía liberal cree que el republicanismo ingenuo será reemplazado Ino por un republicanismo consciente, sino por un monarquismo consciente! Ça dépend, señor Struve, esto depende aún de las circunstancias. Tanto el zarismo como la burguesía no pueden dejar de oponerse a un mejoramiento radical de la situación de los campesinos a costa de la tierra de los terratenientes, y la clase obrera no puede dejar de cooperar en ello con los campesinos.

En segundo lugar, el señor Struve afirma que "en la guerra civil, la razón nunca está de parte del atacante". Esta idea se acerca mucho a las tendencias del neoiskrismo, expuestas más arriba. No diremos, naturalmente, que en la guerra civil siempre es ventajoso atacar; no, a veces la táctica defensiva es obligatoria durante cierto tiempo, Pero exponer una tesis como la del señor Struve y aplicarla a la Rusia de 1905 es, precisamente, mostrar un fragmento del "lugar común radical" ("la burguesía se asusta y traiciona la causa de la libertad") Quien no quiere atacar ahora a la autocracia, a la reacción, quien no se prepare para este ataque, quien no lo propugne, no puede llamarse partidario de la revolución.

El señor Struve condena las consignas: "conspiración" y "motin" (que son una "insurrección en miniatura"). ¡El señor Struve desprecia lo uno y lo otro desde el punto de vista "del acceso a las masas"! Nosotros preguntaríamos al señor Struve si él puede indicarnos que se predique el motín en una obra, por ejemplo, de un revolucionarista tan extremo, a su modo de ver, como ¿Qué hacer?. Y, en cuanto a la "conspiración", ¿es tan grande la diferencia, por ejemplo, entre nosotros y el señor Struve? ¿No trabajamos ambos en periódicos "ilegales", introducidos "conspirativamente" en Rusia y que sirven a los grupos "clandestinos" del Soiús Osvobozhdenia o del P.O.S.D.R.? Nuestras reuniones obreras de masas son en muchos casos "conspirativas"; se comete este pecado. ¿Y las asambleas de los señores de Osvobozhdenie ? Señor Struve, ¿de qué puede usted presumir ante los despreciables partidarios de la despreciable conspiración?

Para proveer de armas a los obreros se necesita, es cierto, la conspiración más estricta. Aquí, el señor Struve habla ya con más franqueza. Escuchad: "Por lo que se refiere a la insurrección armada, o a la revolución, en el sentido técnico, sólo una propaganda de masas del programa democrático puede crear las condiciones psicológicas y sociales de la insurrección armada general. Así, pues, aun desde el punto de vista, no compartido por mí, que considera la insurrección armada como el coronamiento inevitable de la actual lucha por la emancipación, el inculcar en las masas las ideas de transformación democrática es la obra más fundamental y más necesaria".
El señor Struve trata de esquivar la cuestión. Habla de la inevitabilidad de la insurrección, en vez de hablar de su necesidad para la victoria de la revolución. Una insurrección, no preparada, espontánea, dispersa, ha empezado ya. Nadie podrá garantizar absolutamente que llegará hasta la insurrección popular armada integral y total, puesto que esto depende tanto del estado de las fuerzas revolucionarias (que no se puede medir más que en la propia lucha), como de la conducta del gobierno y de la burguesía y de una serie de otras circunstancias que no se pueden prever con exactitud. No se puede hablar de inevitabilidad en el sentido de esta seguridad absoluta en un acontecimiento concreto hacia la que se orienta la argumentación del señor Struve. Si se quiere ser partidario de la revolución, hay que hablar de si es necesaria la insurrección para la victoria de la revolución, de si es necesario o no preconizarla activamente, propagarla, prepararla inmediata y enérgicamente. El señor Struve no puede no comprender esta diferencia: por ejemplo, él no vela la cuestión, indiscutible para un demócrata, de la necesidad del sufragio universal con la cuestión, discutible y subalterna para todo hombre político, de la inevitabilidad de su consecución en el curso de la presente revolución. Al esquivar la cuestión de la necesidad de la insurrección, el señor Struve expresa el fondo más oculto de la posición política de la burguesía liberal La burguesía, en primer lugar, prefiere entenderse con la autocracia en vez de aplastarla; en todo caso, la burguesía deja la lucha armada para los obreros (esto en segundo lugar). He aquí la significación real que tienen las evasivas del señor Struve He aquí por qué recula ante la cuestión de la necesidad de la insurrección y se desvía hacia la cuestión de sus condiciones "psicológicas y sociales" y de la "propaganda" preliminar. Exactamente lo mismo que los charlatanes burgueses en el parlamento de Francfort en 1848 se ocupaban de componer resoluciones, declaraciones, decisiones, de la "propaganda de masas" y de la preparación de las "condiciones psicológicas y sociales", cuando de lo que se trataba era de resistir a la fuerza armada del gobierno, cuando el movimiento "había conducido a la necesidad" de la lucha armada, cuando la sola acción verbal (cien veces necesaria en el período de preparación) se había convertido en una vil inacción y cobardía burguesas, exactamente lo mismo el señor Struve dude la cuestión de la insurrección cubriéndose con frases. El señor Struve nos demuestra palmariamente lo que se empeñan en no ver muchos socialdemócratas, a saber: que los períodos revolucionarios se diferencian de los ordinarios y cotidianos, de los períodos históricos de preparación, en que el estado de espíritu, la excitación, la convicción de las masas deben traducirse, y se traducen, en hechos.

El revolucionarismo vulgar no comprende que la palabra es también un acto. Esta es una tesis incontestable, aplicada a la historia en general o a épocas de la historia en las que no hay acción política abierta de las masas, y esta acción no puede ser reemplazada ni creada artificialmente por ningún putch. El seguidismo de los revolucionarios no comprende que cuando ha comenzado el momento revolucionario, cuando la vieja "superestructura" se resquebraja en todas sus junturas, cuando la acción política abierta de las clases y de las masas, que crean para sí una nueva superestructura, se ha convertido en un hecho, cuando la guerra civil ha comenzado, limitarse entonces, como anteriormente, "a las palabras", no dando la consigna directa de pasar a los "hechos", zafarse entonces de la acción, invocando las "condiciones psicológicas", y la "propaganda" en general, significa falta de vitalidad, es un peso muerto, un verbalismo razonador, o entregar a la revolución y traicionarla. Los charlatanes de la burguesía democrática de Francfort son el ejemplo histórico inolvidable de una tal traición o de una tal estupidez casuística.

¿Queréis que os aclaremos esta diferencia entre el revolucionarismo vulgar y el seguidismo de los revolucionarios con ejemplos de la historia del movimiento socialdemócrata en Rusia? Os daremos esta explicación. Recordad los años 1901-1902, que están aún tan cerca y que nos parece ya ahora que pertenecen a un pasado muy lejano. Empezaron las manifestaciones. El revolucionarismo vulgar lanzó el grito de "al asalto" (Rabócheie Dielo [17]), fueron publicadas las "octavillas sangrientas" (de procedencia berlinesa, si la memoria no me engaña); fueron duramente atacados (Nadiezhdin)[18] el "mal literario" y el carácter de gabinete de la idea de hacer propaganda en toda Rusia por medio de un periódico. El seguidismo de los revolucionarios intenino entonces, al contrario, con las prédicas de que "la lucha económica es el mejor medio para la agitación política". ¿Qué posición fue la de la socialdemocracia revolucionaria? Ella atacó a estas dos tendencias. Condenó el "putchismo" y los gritos de "al asalto", pues todos veían o debian ver claro que la acción abierta de las masas era cosa del mañana. Condenó el seguidismo y planteó directamente la consigna incluso de la insurrección armada de todo el pueblo, no en el sentido de un llamamiento directo (llamamiento al "motin" no encontraria en aquel tiempo entre nosotros el señor Struve), sino en el sentido de una conclusión necesaria, en el sentido de la "propaganda" (de la que el señor Struve no se ha acordado hasta ahora; nuestro respetable señor Struve se retrasa siempre en unos cuantos años), en el sentido de la preparación justamente de estas mismas "condiciones psicológicas y sociales" de las cuales nos hablan hoy, "melancólicamente y a despropósito", los representantes de la regateadora burguesía. Entonces, la propaganda y la agitación, la agitación y la propaganda, eran realmente colocadas en primer plano por el estado objetivo de las cosas. Entonces, como piedra de toque del trabajo para la preparación de la insurrección podía plantearse (y se planteaba en ¿Qué hacer? ) la labor de crear un periódico político para toda Rusia, cuya salida semanal nos parecía un ideal. Entonces, las consignas: agitación de masas en lugar de acciones arma das directas y preparación de las condiciones psicológicas y sociales de la insurrección en lugar de putchs, eran las únicas consignas justas de la socialdemocracia revolucionaria.

¡Ahora, esas consignas han sido sobrepasadas por los acontecimientos, el movimiento se ha adelantado, no son más que frases, trastos viejos que no sirven más que para ocultar la hipocresía de la tendencia de Osvobozhdenie y el seguidismo neoiskrista!

¿O quizá yo me equivoco? ¿Es que la revolución no ha empezado aún? ¿No ha llegado aún el momento de acción política abierta de las clases? ¿Es que la guerra civil no ha comenzado aún y, por tanto, no ha llegado el momento de que la crítica por las armas sea el heredero necesario y obligatorio, el sucesor, el ejecutor testamentario, el colofón del arma de la crítica?

Mirad a vuestro alrededor, asomaos de vuestro gabinete a la calle para contestar a estas preguntas. ¿Acaso no ha sido el gobierno mismo el que ha comenzado ya la guerra civil asesinando en masa en todas partes a ciudadanos pacíficos e inermes? ¿Acaso no actúan las "centurias negras" armadas, como "argumento" del absolutismo? ¿Acaso la burguesía (hasta la burguesía) no ha reconocido la necesidad de una milicia cívica? ¿Acaso el mismo señor Struve, este mismo señor Struve tan idealmente moderado y puntual, no dice (¡Ah!, ¡lo dice para salir del paso!) que "el carácter abierto de las acciones revolucionarias [¡mirad cómo hablamos nosotros ahora!] es actualmente una de las condiciones más importantes de la influencia educativa sobre las masas populares"?

El que tenga ojos para ver, no puede dudar de qué manera debe ser planteada ahora por los partidarios de la revolución la cuestión de la insurrección armada. Pues bien, observad los tres modos de plantear esta cuestión, publicados en los órganos de prensa libre capaces de influir algo en las masas.

Primer planteamiento: Resolución del III Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia*. Se reconoce y se declara públicamente que el movimiento general democrático revolucionario ha conducido ya a la necesidad de la insurrección armada. La organización del proletariado para
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* He aquí su texto completo.
Considerando:
1) que el proletariado, que es por su situación la clase más avanzada y la única consecuentemente revolucionaria, por este mismo hecho está llamado a desempeñar d papel dirigente en el movimiento general democrático revolucionario de Rusia;
2) que este movimiento, en el momento actual, ya ha conducido a la necesidad de la insurrección armada;
3) que el proletariado jugará un muy enérgico e inevitable rol en esta insurrección, y ello determinará la suerte de la revolución en Rusia;
4) que el proletariado puede desempeñar el papel dirigente en esta revolución solamente estando agrupado en una fuerza política independiente y unida bajo la bandera del Partido Obrero Socialdemócrata, que dirige, no sólo ideológica, sino también prácticamente su lucha;
5) que sólo el cumplimiento de este papel puede asegurar al proletariado las condiciones más ventajosas para la lucha por el socialismo contra las clases poseedoras de la Rusia democrático-burguesa.
El III Congreso del P.O.S.D.R. reconoce que la tarea de organizar al proletariado para la lucha directa contra la autocracia por medio de la insurrección armada es una de las tareas principales e inaplazables del Partido en el momento revolucionario actual.
Por eso, el Congreso encarga a todas las organizaciones del Partido:
a) aclarar al proletariado por medio de la propaganda y de la agitación no sólo la significación política, sino el aspecto práctico y organizativo de la próxima insurrección armada,
b) aclarar en esa propaganda y agitación el papel de las huelgas políticas de masas, que pueden tener una gran importancia al principio y en la marcha misma de la insurrección,
c) tomar las medidas más enérgicas para armar al proletariado, y también para la elaboración del plan de la insurrección armada y de su dirección inmediata, creando para ello, en la medida que sea necesario, grupos apedales de entre los militantes del Partido. (Nota de Lenin para la edición de 1907. N. de la Red.)

la insurrección está planteada a la orden del día como una de las tareas esenciales, primordiales y necesarias del Partido. Ha encargado tomar las medidas más enérgicas para armar al proletariado y para asegurarle la posibilidad de la dirección inmediata de la insurrección.

Segundo planteamiento: El artículo de un carácter de principios en Osvobozhdenie, del "jefe de los constitucionalistas rusos" (así ha llamado no hace mucho al señor Struve un órgano tan influyente de la burguesía europea como la Gaceta de Francfort ), o del jefe de la burguesía progresiva rusa. El no comparte la opinión acerca de la inevitabilidad de la insurrección. La conspiración y el motín son procedimientos específicos de un revolucionarismo insensato. El republicanismo, un método de aturdimiento. La insurrección armada, de hecho, es una cuestión solamente técnica, mientras que "lo más fundamental y lo más necesario" es la propaganda de masas y la preparación de las condiciones psíquico-sociales.
Tercer planteamiento: La resolución de la Conferencia neoiskrista. Nuestra tarea es preparar la insurrección. La posibilidad de una insurrección según un plan está excluida. Las condiciones favorables para la insurrección se crearán por la desorganización gubernamental, por nuestra agitación, por nuestra organización. Solamente entonces "pueden adquirir una importancia más o menos seria los preparativos técnicos de combate".

¿Eso es todo? Eso es todo. Si la insurrección se ha hecho necesaria o no, eso los dirigentes neoiskristas del proletariado no lo saben aún. Si es inaplazable o no la tarea de organizar al proletariado para la lucha inmediata, no está claro aún para ellos. No es necesario llamar a la adopción de las medidas más enérgicas; es mucho más importante (en 1905 y no en 1902) aclarar, en líneas generales, en qué condiciones "pueden" estas medidas adquirir una importancia "más o menos seria"…
¿Veis ahora, camaradas neoiskristas, a dónde os ha llevado vuestro viraje hacia el Martínovismo? ¿Comprendéis que vuestra filosofía política ha resultado ser una reedición de la filosofía de los elementos de Osvobozhdenie, que os habéis colocado (contra vuestra voluntad y al margen de vuestra conciencia) a la cola de la burguesía monárquica? ¿No está claro ahora para vosotros que insistiendo en los viejos estribillos y perfeccionándoos en el verbalismo razonador, habéis perdido de vista la circunstancia de que -- hablando con las inolvidables palabras del inolvidable artículo de Piotr Struve -- "el carácter abierto de las acciones revolucionarias es actualmente una de las condiciones más importantes de la influencia educativa sobre las masas populares"?

9. ¿QUE SIGNIFICA SER EL PARTIDO DE LA OPOSICION EXTREMA DURANTE LA REVOLUCION?
Volvamos a la resolución sobre el gobierno provisional. Hemos señalado que la táctica de los neoiskristas impulsa la revolución no hacia delante -- cuya posibilidad querrían garantizar con su resolución --, sino hacia atrás. Hemos señalado que es precisamente esta táctica la que ata las manos de la socialdemocracia en la lucha contra la burguesía inconsecuente y que no la preserva de la dilución en la democracia burguesa. Se comprende que de las premisas falsas de la resolución resulta una consecuencia falsa: "Por esto la socialdemocracia no se debe proponer como fin tomar o compartir el Poder en el gobierno provisional, sino que debe seguir siendo el partido de la oposición revolucionaria extrema". Fijaos en la primera mitad de esta conclusión, que se refiere al planteamiento de los fines. ¿Asignan como fin los neoiskristas a la actividad socialdemócrata la victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo? Sí, la asignan. No saben formular acertadamente las condiciones de la victoria decisiva, desviándose hacia la formulación de Osvobozhdenie, pero el fin indicado lo plantean. Prosigamos. ¿Relacionan el gobierno provisional con la insurrección? Sí, lo relacionan de un modo directo al decir que el gobierno provisional "surgirá de la insurrección popular victoriosa". Finalmente, ¿se asignan el fin de dirigir la insurrección? Sí, esquivan, como el señor Struve, reconocer que la insurrección es necesaria y urgente, pero, al mismo tiempo, dicen, a diferencia del señor Struve, que la "socialdemocracia aspira a subordinarla (la insurrección) a su influencia y dirección y a utilizarla en interés de la clase obrera".

Qué coherente resulta todo esto, ¿verdad? Nos asignamos como fin subordinar la insurrección de las masas proletarias y no proletarias a nuestra influencia, a nuestra dirección, utilizarla en nuestro interés. Por consiguiente, nos asignamos como fin dirigir, durante la insurrección, al proletariado, a la burguesía revolucionaria y a la pequeña burguesía ("grupos no proletarios"), es decir, que la dirección de la insurrección la "compartan " la socialdemocracia y la burguesía revolucionaria. Nos asignamos como fin la victoria de la insurrección, la cual debe conducir a la instauración de un gobierno provisional ("surgido de la insurrección popular victoriosa"). ¡¡Por esto. . . por esto no debemos asignarnos como fin adueñarnos del Poder o compartir el mismo en el gobierno provisional revolucionario!!

Nuestros amigos no pueden, de ningún modo, atar cabos. Oscilan entre el punto de vista del señor Struve, que se aparta de la insurrección, y el punto de vista de la socialdemocracia revolucionaria, la cual incita a realizar esta tarea inaplazable. Oscilan entre el anarquismo, que condena desde el punto de vista de los principios, como una traición al proletariado, toda participación en el gobierno provisional revolucionario, y el marxismo, que exige dicha participación a condición de que la socialdemocracia ejerza una influencia dirigente en la insurrección*. No tienen ninguna posición independiente: ni la posición del señor Struve, que desea llegar a un compromiso con el zarismo y que, por este motivo, debe zafarse y andar con rodeos en la cuestión de la insurrección, ni la posición de los anarquistas, que condenan toda acción "desde arriba" y toda participación en la revolución burguesa. Los neoiskristas confunden el arreglo con el zarismo con la victoria sobre él. Quieren participar en la revolución burguesa. Han ido un poco más allá que Dos dictaduras de Martínov. Se hallan incluso conformes con dirigir la insurrección del pueblo, con tal de renunciar a dicha dirección inmediatamente después de la victoria (¿o acaso inmediatamente antes de la victoria?), esto es, con tal de no aprovecharse de los frutos de la victoria y ceder todos los frutos enteramente a la burguesía. Y a esto lo llaman "utilizar la insurrección en interés de la clase obrera"...
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* Véase Proletari, núm. 3, "Sobre el gobierno provisional revolucionario", artículo segundo. (V. I. Lenin, Obras Completas, t. VIII. N. de la Red.)
No hay necesidad de seguir deteniéndonos en este embrollo. Será más útil examinar el origen de dicho embrollo en la formulación de éste, que reza así: "Seguir siendo el partido de la oposición revolucionaria extrema".

Nos hallamos en presencia de una de las conocidas tesis de la socialdemocracia revolucionaria internacional. Esta tesis es completamente acertada. Se ha convertido en un lugar común para todos los adversarios del revisionismo o del oportunismo en los países parlamentarios. Ha adquirido derecho de ciudadanía como respuesta legítima y necesaria contra el "cretinismo parlamentario", el millerandismo, el bernsteinianismo, el reformismo italiano a lo Turati. Nuestros buenos neoiskristas se han aprendido esta buena tesis y la aplican celosamente de un modo completamente inoportuno. Las categorías de la lucha parlamentaria se incluyen en resoluciones escritas para condiciones en las cuales no existe parlamento alguno. El concepto de "oposición", que es el reflejo y la expresión de una situación política en la que nadie habla seriamente de insurrección, se traslada absurdamente a una situación en la que la insurrección ha empezado y en la que piensan en la dirección de la misma y hablan de ella todos los partidarios de la revolución. El deseo de "seguir " en la misma situación que antes, esto es, obrando sólo "desde abajo", se expresa de un modo pomposo y rimbombante precisamente cuando la revolución ha planteado la cuestión de la necesidad, en caso de victoria de la insurrección, de obrar desde arriba.

¡No, decididamente nuestros neoiskristas no tienen suerte! Incluso cuando formulan una tesis socialdemócrata acertada, no saben aplicarla acertadamente. No han pensado cómo se transforman y se convierten en su antítesis las nociones y los términos de la lucha parlamentaria en la época en que se ha iniciado la revolución, cuando no hay parlamento, cuando existe la guerra civil, cuando se producen explosiones de la insurrección. No han pensado que, en las circunstancias de que se trata, las enmiendas se proponen por medio de las manifestaciones en las calles, las interpelaciones se hacen mediante las acciones ofensivas de los ciudadanos armados y la oposición al gobierno se efectúa mediante el derrumbamiento violento del mismo.

Del mismo modo que el famoso héroe de nuestra épica popular repetía los buenos consejos precisamente cuando eran inoportunos, también nuestros admiradores de Martínov repiten las lecciones del parlamentarismo pacífico precisamente cuando ellos mismos comprueban el comienzo de las operaciones militares directas. ¡No hay nada tan curioso como esta manera de formular con aire de importancia la consigna de "oposición extrema" en una resolución que empieza aludiendo a la "victoria decisiva de la revolución", a la "insurrección popular"! Reflexionad bien, señores: ¿qué significa representar el papel de "oposición extrema" en la época de la insurrección? ¿Significa esto desenmascarar el gobierno o derribarlo? ¿Significa esto votar contra el gobierno o infligir una derrota a sus fuerzas armadas en un combate abierto? ¿Significa esto negarse a llenar la caja del gobierno o significa esto apoderarse por vía revolucionaria de dicha caja para destinarla a satisfacer las necesidades de la insurrección, al armamento de los obreros y campesinos, a la convocatoria de la Asamblea Constituyente? ¿No empiezan ustedes a comprender, señores, que el concepto de "oposición extrema" no expresa más que una acción negativa: denunciar, votar contra, denegar? ¿Por qué es así? Porque esta noción se refiere sólo a la lucha parlamentaria, y esto en una época en la que nadie se asigna como fin inmediato de la lucha la "victoria decisiva". ¿No empiezan ustedes a comprender que las cosas varían de un modo cardinal en este sentido a partir del momento en que se empieza una resuelta ofensiva en toda la línea, del pueblo políticamente oprimido, para la lucha desesperada por la victoria?

Los obreros nos preguntan: ¿hay que emprender enérgicamente la obra inaplazable de la insurrección? ¿Qué hacer para que la insurrección empezada resulte victoriosa? ¿Cómo aprovecharse de la victoria? ¿Qué programa se puede y se debe realizar en este caso? Los neoiskristas, que están profundizando el marxismo, contestan: seguir siendo el partido de la oposición revolucionaria extrema. . . Ahora bien, ¿acaso no teníamos razón cuando calificábamos a esos caballeros de virtuosos del filisteísmo?

10. LAS "COMUNAS REVOLUCIONARIAS" Y LA DICTADURA REVOLUCIONARIO DEMOCRATICA DEL PROLETARIADO Y DE LOS CAMPESINOS
La Conferencia de los neoiskristas no se ha sostenido en la posición anarquista a la cual había llegado la nueva Iskra (sólo "desde abajo" y no "desde abajo y desde arriba"). Lo absurdo de admitir la insurrección y no admitir la victoria y la participación en el gobierno provisional revolucionario, saltaba demasiado a la vista. Por eso, la resolución ha introducido reservas y limitaciones en la solución dada a la cuestión por Martínov y Mártov. Examinemos estas reservas, expuestas en la siguiente parte de la resolución:
"Esta táctica ("seguir siendo el partido de la oposición revolucionaria extrema"), naturalmente, no excluye en lo más mínimo la conveniencia de la toma parcial, episódica del Poder y de la formación de comunas revolucionarias en tal o cual ciudad, en tal o cual región, con el interés exclusivo de contribuir a la extensión de la insurrección y a la desorganización del gobierno".

Si es así, quiere decir que en principio se acepta la acción no sólo desde abajo, sino también desde arriba. Quiere decir, que la tesis sostenida en el conocido folletón de L. Mártov en Iskra (núm. 93) se recha~a, y se reconoce como justa la táctica del periódico Vperiod : no sólo "desde abajo", sino también "desde arriba".

Además, la toma del Poder (aunque sea parcial, episódica, etc.) presupone, evidentemente, la participación no sólo de la socialdemocracia y no sólo del proletariado. Esta se debe a que no es sólo el proletariado el que está interesado en la revolución democrática y el que participa activamente en la misma. Esto se debe a que la insurrección es "popular", como se dice en el principio de la resolución examinada, que en ella participan asimismo "grupos no proletarios" (expresión de la resolución de los conferencistas sobre la insurrección), es decir, también la burguesía. Por consiguiente, ha sido arrojado por la borda por la Conferencia, como lo procuraba Vperiod, el principio según el cual toda participación de los socialistas, junto con la pequeña burguesía, en el gobierno provisional revolucionario, es una traición a la clase obrera. La "traición" no deja de ser traición por el hecho de que la acción que la determina sea parcial, episódica, regional, etc Por lo tanto, el equiparar la participación en el gobierno provisional revolucionario al jauresismo vulgar ha sido arrojado por la borda por la Conferencia, como lo procuraba Vperiod [19]. El gobierno no deja de ser gobierno por el hecho de que su poder se extienda no a muchas ciudades, sino a una ciudad, no a muchas regiones, sino a una región; como tampoco por el nombre que lleve dicho gobierno. Así, pues, la conferencia ha desechado ese planteamiento de la cuestión que la nueva Iskra intentó hacer desde el punto de vista de los principios.

Veamos ahora si son razonables las limitaciones que impone la Conferencia a la constitución, aceptada ahora en principio, de gobiernos revolucionarios, y a la participación en los mismos. No sabemos en qué se diferencia el concepto de "episódico" del concepto de "provisional". Tememos que, en este caso, una palabra extranjera y "nueva" no sirve aquí más que para ocultar la ausencia de una idea clara. Esto parece "más profundo", cuando, en realidad, sólo es más oscuro y confuso. ¿En qué se diferencia la "conveniencia" de la "toma" parcial "del Poder" en una ciudad o región, de la participación en el gobierno provisional revolucionario de todo un Estado? ¿Acaso entre las "ciudades" no las hay tales como Petersburgo, donde tuvo lugar el g de enero? ¿Acaso entre las regiones no está el Cáucaso, el cual es mayor que muchos Estados? ¿Acaso las tareas (que inquietaban en un tiempo a la nueva Iskra ) de la intervención en todo lo referente a las cárceles, a la policía, al Tesoro, etc. no se plantean también ante nosotros con la "toma del Poder" incluso en una ciudad, sin hablar ya de una región? Nadie negará, naturalmente, si las fuerzas son insuficientes, si el triunfo de la insurrección no es completo si la victoria no e6 decisiva, la posibilidad de gobiernos provisionales revolucionarios parciales, de ciudades y otros. Pero ¿a qué viene esto, señores? ¿¿No son ustedes mismos los que hablan, en el principio de la resolución, de la "victoria decisiva de la revolución", de la "insurrección popular victoriosa"?? ¿Desde cuándo los socialdemócratas toman sobre sí la obra de los anarquistas: dispersar la atención y los fines del proletariado, orientarlo hacia lo "particular" y no hacia lo general, único, integral y completo? Al presuponer la "toma del Poder" en una ciudad, vosotros mismos habláis de la "extensión de la insurrección" a otra ciudad -¿nos atreveremos a pensarlo?- , a todas las ciudades -¿será permitido esperarlo?-. Vuestras conclusiones, señores, son tan vacilantes y casuales, contradictorias y confusas, como vuestras premisas. El III Congreso del P.O.S.D.R. ha dado una respuesta completa y clara a la cuestión del gobierno provisional revolucionario en general. Esta respuesta se extiende asimismo a todos los gobiernos provisionales par ciales. En cambio, la respuesta de la Conferencia, sepa rando de un modo artificial y arbitrario una parte de la cuestión, no trata más que de esquivar (pero sin éxito) la cuestión en su conjunto y siembra la confusión.

¿Qué significa eso de las "comunas revolucionarias"? ¿Se distingue esta noción de la del "gobierno provisional revolucionario", y en caso afirmativo, en qué? Los mismos señores conferencistas lo ignoran. El confusionismo en la concepción revolucionaria les conduce, como sucede habitualmente, a la frase revolucionaria. Sí, el empleo del término "comuna revolucionaria" en la resolución de los representantes de la socialdemocracia es una frase revolucionaria, y nada más. Marx condenó más de una vez semejante frase, en la que se ocultan tras un término "sugestivo" de un pasado caduco las tareas del porvenir El carácter sugestivo de un término que ha desempeñado un papel en la historia se convierte en casos semejaMes en un oropel inútil y nocivo, en un sonajero, Nosotros necesitamos dar a los obreros y a todo el pueblo una noción clara e inequívoca de por qué queremos la constitución de un gobierno provisional revolucionario, de cuáles son precisamente las transformaciones que realizaremos si mañana ejercemos una influencia decisiva sobre el Poder, en caso de que la insurrección popular ya iniciada tenga un desenlace victorioso. He aquí las cuestiones planteadas ante los dirigentes políticos.

El III Congreso del P.O.S.D.R. contesta a estas cuestiones con la más completa claridad, dando un programa completo de dichas transformaciones: el programa mínimo de nuestro Partido. Mientras que la palabra "comuna" no da respuesta alguna y no hace más que llenar la cabeza con conceptos difusos. . . o con frases vacías Cuanto más cara es para nosotros, por ejemplo, la Comuna de París de 1871, tanto menos tolerable es que salgamos del paso aludiendo a la misma sin examinar sus errores y sus condiciones peculiares. Hacer esto significaría reproducir el absurdo ejemplo de los blanquistas, ridiculizados por Engels, los cuales se prosternaban (en 1874, en su "Manifiesto") ante todo acto de la Comuna[20]. ¿Qué dirá el "conferencista" al obrero cuando éste le interrogue sobre esta "comuna revolucionaria" de que se habla en la resolución? Le podrá decir únicamente que en la historia se entiende por dicho nombre un gobierno obrero que no sabía y no podía en aquel entonces distinguir los elementos de la revolución democrática y socialista, que confundía las tareas de la lucha por la república con las tareas de la lucha por el socialismo, que no supo solucionar las tareas de una ofensiva militar enérgica contra Versalles, que cometió el error de no apoderarse del Banco de Francia, etc. En una palabra, tanto si os referís en vuestra respuesta a la Comuna de París como a otra cualquiera, vuestra respuesta será: éste fue un gobierno al cual el nuestro no se debe parecer. ¡Buena respuesta, ni que decir tienel ¿No atestigua esto el verbalismo razonador huero del exegeta y la impotencia de un revolucionario, cuando se guarda silencio sobre el programa práctico del Partido y se empieza inoportunamente a dar en la resolución una lección de historia? ¿No demuestra esto precisamente la existencia del error que querían en vano imputarnos a nosotros: la confusión de la revolución democrática y de la socialista, entre las cuales ninguna "comuna" ha establecido distinción?
Se presenta como fin "exclusivo" del gobierno provisional (tan inoportunamente calificado de comuna) la extensión de la insurrección y la desorganización del gobierno Este término "exclusivo" elimina, en el sentido literal de la palabra, cualquier otra tarea, siendo una reincidencia en la absurda teoría de "sólo desde abajo" Una eliminación semejante de otras tareas es, una vez más, prueba de miopía e irreflexión La "comuna revolucionaria", esto es, el Poder revolucionario aunque no sea más que en una ciudad, deberá ocuparse inevitablemente (aunque sea temporal, "parcial, episódicamente") de todos los asuntos del Estado, y, en este caso, es el colmo de lo irrazonable ocultar la cabeza bajo el ala. Dicho Poder deberá legalizar la jornada de ocho horas, instituir la inspección obrera de las fábricas, organizar la instrucción general gratuita, implantar la elegibilidad de los jueces y constituir Comités campesinos, etc.; en una palabra, deberá llevar a cabo, sin falta, una serie de reformas. Incluir dichas reformas en la noción de "contribuir a la extensión de la insurrección" significaría jugar con las palabras y aumentar deliberadamente la oscuridad allí donde hace falta una claridad completa.

La parte final de la resolución neoiskrista no suministra nuevos materiales para la crítica de las tendencias de principio del "economismo" resucitado en nuestro Partido, pero ilustra en otro aspecto un poco diferente lo dicho más arriba.

He aquí dicha parte:
"Sólo en un caso la socialdemocracia debería por su iniciativa encaminar sus esfuerzos en el sentido de adueñarse del Poder, retenerlo el mayor espacio posible de tiempo en sus manos; a saber: en el caso de que la revolución se extendiera a los países avanzados de la Europa occidental, en los cuales han alcanzado ya una cierta [?] madurez las condiciones para la realización del socialismo. En este caso, los limitados marcos históricos de la revolución rusa se podrían ensanchar considerablemente y aparecería la posibilidad de entrar en la senda de las transformaciones socialistas.

Basando su táctica en el propósito de conservar para el Partido Socialdemócrata, en el transcurso de todo el período revolucionario, la situación de oposición revolucionaria extrema con respecto a todos los gobiernos que se sucedan en el Poder durante la revolución, la socialdemocracia podrá prepararse del modo mejor también para la utilización del Poder gubernamental, si éste cae [??] en sus manos".

Aquí, la idea fundamental es la misma que ha formulado reiteradamente Vperiod, al decir que no debemos temer (como la teme Martínov) la victoria completa de la socialdemocracia en la revolución democrática, esto es, la dictadura revolucionario-democrática del proletariado y de los campesinos, pues una victoria tal nos dará la posibilidad de levantar a Europa; y el proletariado socialista europeo, sacudiéndose el yugo de la burguesía, nos ayudará, a su vez, a realizar la revolución socialista. Pero ved hasta qué punto aparece empeorada esta idea en la exposición de los neoiskristas. No nos detendremos en detalles, tales como el absurdo de que el Poder puede "caer" en las manos de un partido consciente, que considere como nociva la táctica de la toma del Poder; que en Europa las condiciones para el socialismo han alcanzado no una cierta madurez, sino madurez en general; que nuestro programa de partido no conoce ninguna transformación socialista, sino solamente la revolución socialista. Tomemos lo principal y fundamental que distingue las ideas de Vperiod de las de la resolución. Vperiod indicaba al proletariado revolucionario de Rusia una misión activa: triunfar en la lucha por la democracia y aprovecharse de esta victoria para trasladar la revolución a Europa. La resolución no comprende esta conexión existente entre nuestra "victoria decisiva" (no en el sentido neoiskrista) y la revolución en Europa, y, por esto, no habla de los fines del proletariado, ni de las perspectivas de su victoria, sino de una de las posibilidades en general: "Si la revolución se extendiera. . ." Vperiod indicaba de un modo directo y definido - y estas indicaciones entraron en la resolución del III Congreso del P.O.S.D.R. - cómo precisamente se puede y se debe "utilizar el Poder gubernamental" en interés del proletariado, teniendo en cuenta lo que se puede realizar inmediatamente, en el grado actual del desarrollo social, y lo que es necesario realizar primero como premisa democrática de la lucha por el socialismo. También en este sentido la resolución se arrastra sin remedio a la cola, al decir: "Podrá prepararse para la utilización", sin saber decir cómo es que puede prepararse, cómo ha de hacerlo y en qué sentido ha de utilizar esta preparación. No dudamos, por ejemplo, de que los neoiskristas "pueden prepararse para la utilización" de la situación directiva en el Partido, pero lo que hay es que hasta ahora su experiencia de dicha utilización, su preparación no influnden ninguna esperanza respecto a la transformación de la posibilidad en realidad ...

Vperiod decía con exactitud en qué consiste precisamente la "posibilidad" real "de mantener el Poder en nuestras manos": en la dictadura revolucionario-democrática del proletariado y de los campesinos, en su fuerza de masa conjunta, capaz de superar todas las fuerzas de la contra revolución, en su coincidencia inevitable de intereses en relación con las transformaciones democráticas. La resolución de la Conferencia tampoco da nada positivo en este sentido, limitándose sólo a soslayar la cuestión. Pues la posibilidad de sostener el Poder en Rusia debe estar condicionada por la composición de las fuerzas sociales de Rusia misma, por las condiciones de la revolución democrática que actualmente se está desarrollando en nuestro país. Pues la victoria del proletariado en Europa (y de la extensión de la revolución a Europa hasta la victoria del proletariado hay aún una cierta distancia) provocará una lucha contrarrevolucionaria desesperada de la burguesía rusa; y la resolución de los neoiskristas no dice ni una palabra sobre esta fuerza contrarrevolucionaria, cuya importancia es evaluada en la resolución del III Congreso del P.O.S.D.R. Si en la lucha por la república y la democracia no pudiéramos apoyarnos en los campesinos, además del proletariado, el "mantener el Poder" sería entonces una causa perdida. Si no es una causa perdida, si la "victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo" abre una posibilidad tal, debemos entonces indicarla, incitar activamente a su transformación en realidad, dar consignas prácticas, no sólo para el caso de que la revolución pase a Europa, sino también para que dicha extensión se lleve a cabo. ¡Los seguidistas de la socialdemocracia, al referirse a los "limitados marcos históricos de la revolución rusa", no hacen más que encubrir la concepción limitada que tienen de las tareas de esta revolución democrática y del papel avanzado del proletariado en esta revolución!

Una de las objeciones contra la consigna de "dictadura revolucionario-democrática del proletariado y de los campesinos" consiste en que la dictadura presupone la "unidad de voluntad" (Iskra, núm. 95), y la unidad de voluntad entre el proletariado y la pequeña burguesía es imposible. Esta objeción es inconsistente, porque se halla fundada en la interpretación abstracta, "metafísica", de la noción "unidad de voluntad". La voluntad puede estar unida en un sentido y no unida en otro. La ausencia de unidad en las cuestiones del socialismo y en la lucha por el socialismo no excluye la unidad de voluntad en las cuestiones del democratismo y en la lucha por la república. Olvidar esto significaría olvidar la diferencia lógica e histórica entre la revolución democrática y la revolución socialista. Olvidar esto significaría olvidar el carácter popular general de la revolución democrática: si es "popular", esto significa que hay "unidad de voluntad" precisamente en tanto en cuanto esa revolución satisface las necesidades y las exigencias del pueblo en general. Más allá de los límites del democratismo, ni siquiera se puede hablar de unidad de voluntad entre el proletariado y la burguesía campesina. La lucha de clases entre ellos es inevitable, pero en el terreno de la república democrática esta lucha será la lucha popular más profunda y más vasta por el socialismo. La dictadura revolucionario-democrática del proletariado y de los campesinos tiene, como todo en el mundo, su pasado y su porvenir. Su pasado es la autocracia, el régimen de la servidumbre de la gleba, la monarquía, los privilegios. En la lucha contra este pasado en la lucha frente a la contrarrevolución, es posible la "unidad de voluntad" del proletariado y de los campesinos, pues hay unidad de intereses.

Su porvenir es la lucha contra la propiedad privada, la lucha del obrero asalariado contra el patrono, la lucha por el socialismo. Aquí la unidad de voluntad es imposible[*]. Aquí nos hallamos en presencia no del camino que va de la autocracia a la república, sino del camino que conduce de la república democrática pequeño-burguesa al socialismo.

Naturalmente, en la situación histórica concreta se entrelazan los elementos del pasado y del porvenir, se confunden uno y otro camino. El trabajo asalariado y su lucha contra la propiedad privada existe también bajo la autocracia, nace incluso bajo el régimen feudal. Pero esto no nos impide en lo más mínimo distinguir lógica e históricamente las grandes fases del desarrollo. Pues todos nosotros contraponemos la revolución burguesa y la socialista, todos nosotros insistimos incondicionalmente en la necesidad de establecer una distinción rigurosa entre las mismas, pero ¿se puede negar que en la historia elementos aislados, particulares de una y otra revolución se entrelazan? ¿Acaso la época de las revoluciones democráticas en Europa no registra una serie de movimientos socialistas y de tentativas socialistas? ¿Y acaso la futura revolución socialista en Europa no tendrá todavía mucho que hacer en el sentido del democratismo?
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* El desarrollo del capitalismo, todavía más vasto y rápido bajo la libertad, inevitablemente pondrá rápido fin a la unidad de voluntad tanto más tápido cuanto con mayor rapidez sea aplastada la contrarrevolución y la reacción.

El socialdemócrata no debe olvidar nunca, ni por un instante, la inevitabilidad de la lucha de clase del proletariado por el socialismo, contra la burguesía y la pequeña burguesía más democráticas y republicanas. Esto es indiscutible. De esto se desprende la necesidad absoluta de un partido separado e independiente y rigurosamente clasista de la socialdemocracia. De aquí se desprende el carácter temporal de nuestra consigna de "batir junto" con la burguesía, el deber de vigilar rigurosamente "al aliado como si se tratara de un enemigo", etc., etc. Todo esto no ofrece tampoco la menor duda. Pero sería ridículo y reaccionario olvidar, desconocer o menospreciar, a causa de ello, las tareas esenciales del momento, aunque sean transitorias y temporales. La lucha contra la autocracia es una tarea temporal y transitoria de los socialistas, pero todo desconocimiento o menosprecio de esa tarea equivale a traicionar al socialismo y servir a la reacción. La dictadura revolucionario-democrática del proletariado y de los campesinos, es indiscutiblemente sólo una tarea transitoria y temporal de los socialistas, pero desentenderse de esta tarea en la época de la revolución democrática es directamente reaccionario.
Las tareas políticas concretas hay que plantearlas en la situación concreta. Todo es relativo, todo fluye, todo se modifica. La socialdemocracia alemana no incluye en el programa la reivindicación de la república. En dicho país, la situación es tal, que esta cuestión se puede difícilmente separar en la práctica de la cuestión del socialismo (¡si bien con respecto a Alemania, Engels, en sus observaciones sobre el proyecto de programa de Erfurt, en 1891, ponía en guardia contra la tendencia a menospreciar la importancia de la república y de la lucha por la misma![21]). En la socialdemocracia de Rusia ni siquiera ha surgido la cuestión de suprimir la reivindicadón de la república del programa y de la agitación, pues en nuestro país no se puede ni siquiera hablar de que exista un lazo indisoluble entre la cuestión de la república y la cuestión del socialismo. Un socialdemócrata alemán de 1898, que no colocara en primer término la cuestión especial de la república, era un fenómeno natural que no provocaba ni sorpresa ni censura. Un socialdemócrata alemán, que en 1848 dejara en la sombra la cuestión de la república, hubiera sido sencillamente un traidor a la revolución. No existe la verdad abstracta. La verdad es siempre concreta.

Llegará un tiempo -cuando haya terminado la lucha contra la autocracia rusa, cuando haya pasado para Rusia la época de la revolución democrática -- en el que será ridículo incluso hablar de la "unidad de voluntad" del proletariado y de los campesinos, de la dictadura democrática, etc. Entonces pensaremos de un modo inmediato en la dictadura socialista del proletariado y hablaremos de ella de un modo más detallado. Pero en la actualidad, el Partido de la clase de vanguardia no puede dejar de aspirar del modo más enérgico a la victoria decisiva de la revolución democrática sobre el zarismo. Y la victoria decisiva no es otra cosa que la dictadura revolucionario-democrática del proletariado y de los campesinos.

O b s e r v a c i ó n [22].
1. Recordamos al lector que en la polémica de Iskra con Vperiod, la primera aludía, entre otras cosas, a la carta de Engels a Turati en la que Engels ponía en guardia al jefe (futuro) de los reformistas italianos para que no confundiese la revolución democrática y la revolución socialista[23]. La revolución que se avecina en Italia -- escribía Engels a propósito de la situación política de Italia en 1894 --, será pequeñoburguesa, democrática y no socialista. Iskra reprochaba a Vperiod el haberse apartado del principio establecido por Engels. Este reproche es injusto, pues Vperiod (núm. 14)[*] reconocía plenamente en general la justeza de la teoría de Marx sobre las diferencias de las tres fuerzas principales de las revoluciones del siglo XIX. Según esta teoría, actúan contra el viejo régimen, contra la autocracia, el feudalismo y la servidumbre 1) la gran burguesía liberal; 2) la pequeña burguesía radical; 3) el proletariado. La primera no lucha más que por una monarquía constitucional; la segunda, por una república democrática, y el tercero por una revolución socialista. La confusión de la lucha pequeñoburguesa a favor de la revolución democrática completa con la lucha proletaria a favor de la revolución socialista amenaza a un socialista con el hundimiento político. Esta advertencia de Marx es completamente justa. Pero precisamente por esta razón es errónea la consigna de "comunas revolucionarias", pues las comunas que se conocen en la historia confundían la revolución democrática y la revolución socialista. Por el contrario, nuestra consigna de dictadura democrática revolucionaria del proletariado y de los campesinos nos preserva por completo de ese error. Nuestra consigna reconoce incondicionalmente el carácter burgués de la revolución, que no es capaz de rebasar de un modo inmediato el marco de una revolución solamente democrática; al propio tiempo, nuestra consigna impulsa adelante esta revolución concreta, trata de darle las formas más convenientes para el proletariado, trata, por lo tanto, de aprovechar al máximo la revolución democrática para que la lucha que ha de seguir el proletariado por el socialismo tenga el mayor éxito.
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* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. VIII. (N. de le Red.)

11. BREVE COMPARACION DE ALGUNAS RESOLUCIONES DEL III CONGRESO DEL P.O.S.D.R. Y DE LA "CONFERENCIA"
La cuestión del gobierno provisional revolucionario es el punto central de los problemas tácticos de la socialdemocracia en el momento actual. No hay ni posibilidad ni necesidad de detenerse tan en detalle en el resto de las resoluciones de la Conferencia. Nos limitaremos a indicar brevemente algunos puntos que confirman la diferencia de principios, analizada por nosotros más arriba, en cuanto a la orientación táctica, entre las resoluciones del III Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y las resoluciones de la Conferencia.

Tomad la cuestión de la actitud hacia la táctica del gobierno en vísperas de la revolución. Encontraréis de nuevo una respuesta completa a esta cuestión en la resolución del III Congreso del P.O.S.D.R. Esta resolución tiene en cuenta todas las diversas condiciones y tareas del momento peculiar: el desenmascaramiento de la hipocresía de las concesiones del gobierno, la utilización de las "formas caricaturescas de la representación popular", la realización revolucionaria de las reivindicaciones imperiosas de la clase obrera (en primer lugar, la jornada de ocho horas) y en fin, la resistencia a las centurias negras. En las resoluciones de la Conferencia, la cuestión está desperdigada en diversas secciones: "resistir a las fuerzas negras de la reacción" se menciona sólo en la exposición de motivos de la resolución acerca de las relaciones con otros partidos. La participación en las elecciones a las instituciones representativas es examinada separadamente de los "compromisos" del zarismo con la burguesía. En vez de exhortar a la implantación por vía revolucionaria de la jornada de ocho horas, una resolución especial titulada pomposamente "sobre la lucha económica" no hace más que repetir (después de palabras sonoras y muy poco inteligentes acerca del "lugar central que ocupa la cuestión obrera en la vida social rusa") la vieja consigna de hacer agitación por el "establecimiento legal de la jornada de ocho horas". La insuficiencia y el retraso de esta consigna en el momento presente son demasiado claros para que haya que detenerse en demostrarlos.

La cuestión de la acción política abierta. El III Congreso tiene en cuenta un próximo cambio radical de nuestra actividad. No se debe abandonar de ninguna manera la actividad conspirativa y el desarrollo del aparato conspirativo: esto sería hacer el juego a la policía y conveniente hasta más no poder para el gobierno. Pero ahora ya no se puede dejar de pensar tampoco en la acción abierta. Hace falta preparar en seguida las formas convenientes de esta acción y, por consiguiente, aparatos especiales -- menos conspirativos -- a este fin. Hace falta aprovechar las sociedades legales y semilegales, para convertirlas, en lo que sea posible, en puntos de apoyo del futuro Partido Obrero Socialdemócrata legal de Rusia.

También en esto la Conferencia fragmenta la cuestión sin dar ninguna consigna completa. Resalta especialmente el ridículo encargo dado a la Comisión de Organización, de ocuparse de la "colocación" de los literatos legales. Es completamente absurda la decisión de "someter a su influencia aquellos periódicos democráticos que se proponen como fin prestar colaboración al movimiento obrero". Este fin se lo plantean todos nuestros periódicos liberales legales, que siguen casi totalmente la orientación de Osvobozhdenie. ¿Por qué la redacción de Iskra no comienza ella misma por cumplir su consejo y no nos da el ejemplo de cómo hay que someter a Osvobozhdenie a la influencia socialdemócrata? En vez de la consigna de aprovechar las asociaciones legales para la creación de puntos de apoyo del Partido, nos dan, en primer lugar, un consejo particular únicamente sobre los "sindicatos" (participación obligatoria de los miembros del Partido en ellos) y, en segundo lugar, el consejo de dirigir "las organizaciones revolucionarias de los obreros", es decir, "las organizaciones no reglamentadas", o sea, "los clubs revolucionarios de los obreros". Cómo estos "clubs" han venido a parar entre las organizaciones no reglamentadas, qué clase de "clubs" son éstos, Alá lo sabe. En vez de directivas exactas y claras del organismo supremo del Partido, tenemos ante nosotros una especie de esbozo de pensamientos y un borrador de notas de literato. No aparece por ninguna parte el cuadro completo del comienzo del paso del Partido a una base totalmente diferente de todo su trabajo.

La "cuestión campesina" es planteada de manera totalmente distinta por el Congreso del Partido y por la Conferencia. El Congreso ha elaborado una resolución sobre "la actitud hacia el movimiento campesino". La Conferencia, otra sobre "el trabajo entre los campesinos". En el primer caso, son colocadas en primer plano las tareas de dirigir, en interés de la lucha general nacional contra el zarismo, todo el amplio movimiento revolucionario democrático. En el segundo, la cosa se reduce al "trabajo" entre una capa social determinada. En el primer caso, se plantea, como consigna central práctica de la agitación, la creación inmediata de comités revolucionarios campesinos para implantar todas las transformaciones democráticas. En el segundo, la "reivindicación de la organización de los comités" debe ser presentada a la Asamblea Constituyente. ¿Por qué debemos esperar necesariamente a esta Asamblea Constituyente? ¿Será, efectivamente, constituyente? ¿Será sólida sin la constitución previa y simultánea de los comités campesinos revolucionarios? Todas estas cuestiones han sido omitidas por la Conferencia. En todas sus resoluciones se refleja, en efecto, la idea general observada por nosotros de que en la revolución burguesa debemos limitarnos a nuestro trabajo especial únicamente, no planteándonos el objetivo de dirigir todo el movimiento democrático y de asumir la dirección nosotros mismos. Así como los economistas insistían permanentemente en que la lucha económica era para los socialdemócratas y la lucha política para los liberales, así también los neoiskristas insisten, en todo el proceso de sus razonamientos, en que nosotros ocupemos un modesto rincón a un lado de la revolución burguesa y que la burguesía la realice activamente.

Por último, no se puede menos de señalar la resolución sobre la actitud hacia los demás partidos. La resolución del III Congreso del P.O.S.D.R. habla de desenmascarar toda limitación e insuficiencia del movimiento burgués de liberación sin entregarse a la idea ingenua de enumerar de congreso en congreso todos los posibles casos de esta limitación y trazar una línea de demarcación entre los burgueses buenos y los burgueses malos. La Conferencia, repitiendo el error de Starovier, busca tenazmente este límite y desarrolla la famosa teoría del "papel de tornasol". Starovier partía de una idea muy buena: imponer a la burguesía condiciones más severas. Pero sólo olvidaba que todo intento de separar de antemano los demócratas burgueses que merecen aprobación, que merecen que se llegue a un acuerdo con ellos, etc. y los que no lo merecen, conduce a una "fórmula" que el desarrollo de los acontecimientos lanza en seguida por la borda y que lleva la confusión a la conciencia de clase del proletariado. El centro de gravedad se traslada de la unidad real en la lucha a declaraciones, promesas, consignas. Starovier consideraba que esta consigna radical era "el sufragio universal, igual, directo y secreto". No pasaron dos años cuando el "papel de tornasol" demostró su ineficacia; de la consigna del sufragio universal se apropiaron los elementos de Osvobozbdenie, más no sólo no aproximándose por esto a la socialdemocracia, sino, por el contrario, precisamente por medio de esta consigna intentando llevar al equívoco a los obreros y apartarlos del socialismo.

Ahora, los neoiskristas presentan "condiciones" aún más "severas", "exigen" de los enemigos del zarismo "apoyar de una manera enérgica e inequivoca (!?) toda acción decisiva del proletariado organizado", etc., e incluso hasta "una participación activa en la causa de armar al pueblo". La línea de demarcación ha sido llevada mucho más allá, y, a pesar de todo, ya ha quedado anticuada otra vez, ha demostrado inmediatamente ser inservible. ¿Por qué, por ejemplo, falta la consigna de la república? ¿Cómo es que, en interés de la "guerra revolucionaria implacable contra todos los fundamentos del régimen monárquico y de casta", los socialdemócratas "exigen" de los demócratas burgueses todo lo que queráis, menos la lucha por la república?

Que esto no son ganas de enredar, que el error de los neoiskristas tiene la importancia política más vital, lo demuestra la Unión de Emancipación de Rusia (véase el núm. 4 de Proletari )[*]. Estos "enemigos del zarismo" cabrán completamente dentro de las "reivindicaciones" de los neoiskristas. Pero nosotros hemos demostrado que el espíritu de Osvobozhdenie reina en el programa (o en la falta de programa) de esta Unión de Emancipación de Rusia y que las gentes de Osvobozhdenie pueden llevarla a remolque con facilidad. Sin embargo, la Conferencia declara al final de la resolución que "la socialdemocracia seguirá actuando como contra falsos amigos del pueblo contra todos aquellos partidos políticos que, enarbolando la bandera liberal y democrática, se niegan a ayudar efectivamente a la lucha revolucionaria del proletariado". La Unión de Emancipación de Rusia no sólo no rechaza, sino que ofrece con celo esta ayuda. ¿Es esto una garantía de que sus jefes no sean "falsos amigos del pueblo" aunque pertenezcan a Osvobozhdenie?

Ya lo veis: presentando de antemano "condiciones" y planteando "reivindicaciones", cómicas por su temible impotencia, los neoiskristas se colocan en el acto en situación ridicula Sus condiciones y reivindicaciones se demuestran inmediatamente como insuficientes para apreciar la realidad
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* En el núm. 4 de Proletari, aparecido el 4 de junio de 1905, ha sido publicado un extenso artículo titulado "Nueva Unión Obrera Revolucionaria" (Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. VIII. -- N. de la Red.). En el artículo se da a conocer el contenido del llamamiento de esta Unión que ha tomado el nombre de Unión de Emancipación de Rusia y que se plantea como objetivo convocar, con avuda de la insurrección armada, la Asamblea Constituvente. Más adelante, en el artículo se define la actitud de la socialdemocracia hacia estas asociaciones sin partido. No sabemos en absoluto en qué medida fue real dicha Unión y cuál fue su suerte en la revolución. (Nota de Lenin para la edición de 1907. N. de la Red.)

viva. Su afán por las fórmulas es vano, ya que ninguna fórmula es capaz de captar todas y cada una de las manifestaciones de la hipocresía, la inconsecuencia y la mezquindad de la democracia burguesa. La cuestión no consiste en el "papel de tornasol", ni en formas, ni en reivindicaciones escritas e impresas, ni en distinguir de antemano los falsos y verdaderos "amigos del pueblo", sino en la unidad real de la lucha, en la crítica persistente, por parte de los socialdemócratas, de todo paso "vacilante" de la democracia burguesa. Para la "cohesión auténtica de todas las fuerzas sociales interesadas en la reorganización democrática" no hacen falta los "puntos" sobre los cuales ha trabajado la Conferencia con tanto tesón y tan inútilmente, sino el saber lanzar consignas verdaderamente revolucionarias. Para esto son necesarias consignas que eleven hasta el nivel del proletariado a la burguesía revolucionaria y republicana, y no que rebajen las tareas del proletariado hasta el nivel de la burguesía monárquica. Para esto es necesaria la participación más enérgica en la insurrección y no oponer reservas basadas en verbalismo razonador a la tarea inaplazable de la insurrección armada.

12. ¿SERA MENOR LA ENVERGADURA DE LA REVOLUCION DEMOCRATICA SI LA BURGUESIA LE VUELVE LA ESPALDA?
Estaban ya escritas las líneas precedentes, cuando hemos recibido las resoluciones de la Conferencia caucasiana de los neoiskristas publicadas en Iskra. Pour la bonne bouche (para postre), no podíamos imaginar una mejor documentación.

La redacción de Iskra observa con razón: "En la cuestión fundamental de la táctica, la Conferencia caucasiana ha adoptado asimismo una decisión análoga [¡es verdad!] a la tomada por la Conferencia de toda Rusia" [es decir, la neoiskrista]. "La cuestión de la actitud de la socialdemocracia con respecto al gobierno provisional revolucionario ha sido resuelta por los camaradas caucasianos en el sentido de la actitud más negativa ante el nuevo método preconizado por el grupo Vperiod y por los delegados al llamado Congreso que se adhirieron a dicho grupo". "Hay que reconocer como muy afortuneda la formulación que la Conferencia ha dado de la táctica del Partido proletario en la revolución burguesa".

Lo que es verdad, es verdad Nadie hubiera podido dar una formulación más "afortunada" del error capital de los neoiskristas. Vamos a citar esta formulación completa, destacando primeramente entre paréntesis las flores y luego los frutos presentados al final.

Resolución de la Conferencia caucasiana de los neoiskristas sobre el gobierno provisional:
"Considerando que nuestra tarea consiste en utilizar el momento revolucionario para profundizar [¡si, naturalmente, sólo que habría que agregar: a la manera de Martínov!] la conciencia socialdemócrata del proletariado [¿únicamente para profundizar la conciencia y no para conquistar la re pública? ¡Qué "profunda" comprensión de la revolución!], la Conferencia, con el fin de garantizar al Partido la más completa libertad de crítica con relación al régimen estatal burgués naciente [¡nuestra misión no es garantizar la república! Nuestra misión es únicamente garantizar la libertad de crítica. Las ideas anarquistas engendran el lenguaje anarquista: ¡el régimen "estatal burgués"!], se declara contra la formación de un gobierno provisional socialdemócrata y contra la entrada en el mismo [acordaos de la resolución de los bakuninistas que cita Engels adoptada diez meses antes de la revolución española; véase: Proletari, núm. 3[24]] y juzga que lo más conveniente es ejercer desde fuera [desde abajo y no desde arriba] una presión sobre el gobierno provisional burgués para democratizar tanto como sea posible [?!] el régimen estatal La Conferencia estima que la formación de un gobierno provisional por los socialdemócratas, o su entrada en este gobierno, de un lado, alejaría del Partido Socialdemócrata a las grandes masas del proletariado, a las que el Partido habría decepcionado, pues la socialdemocracia, a pesar de la toma del Poder, no podría satisfacer las necesidades vitales de la clase obrera, comprendida la realización del socialismo [¡la república no es una necesidad vital! ¡Los autores no advierten, en su inocencia, que emplean un lenguaje puramente anarquista, como si se negasen a tomar parte en las revoluciones burguesas!] y, de otro lado, o b l i g e r í a a l a s c l a s e s b u r g u e s a s a d a r l a e s p a l d a a l a r e v o l u c i ó n y c o n e l l o d i s m i n u i r í a s u a l c a n c e ".

He aquí el nudo de la cuestión. He aquí donde las ideas anarquistas se entretejen (como les ocurre continuamente también a los bernsteinianos de Europa occidental) con el más puro oportunismo. Solamente figuraos: ¡no entrar en el gobierno provisional porque esto obligaría a la burguesía a volver la espalda a la revolución y disminuiría así el al chance de la revolución! Tenemos ya, pues, aquí ante nosotros, por entero, en su aspecto puro y consecuente, esa filosofía neoiskrista según la cual, puesto que la revolución es burguesa, debemos inclinarnos ante la vulgaridad burguesa y cederle la acera. Si nos dejamos guiar, siquiera parcialmente, siquiera un minuto, por esta consideración de que nuestra participación puede obligar a la burguesía a dar la espalda a la revolución, cedemos, a consecuencia de ello, totalmente la hegemonía en la revolución a las clases burguesas. Entregamos así enteramente el proletariado a la tutela de la burguesía (¡¡reservándonos la plena "libertad de crítica"!!), obligando al proletariado a ser moderado y dulce para evitar que la burguesía vuelva la espalda. Castramos las necesidades más vitales del proletariado, precisamente sus necesidades políticas, que nunca han comprendido bien los economistas y sus epígonos, las castramos para que la burguesía no vuelva la espalda. Pasamos totalmente del terreno de la lucha revolucionaria por la realización del democratismo en los límites necesarios al proletariado, al terreno del regateo con la burguesía, comprando, mediante nuestra traición a los principios, mediante la traición a la revolución, el consentimiento benévolo de la burguesía ("para que no vuelva la espalda").

En dos breves líneas, los neoiskristas del Cáucaso han sabido expresar toda la esencia de su táctica de traición a la revolución, de conversión del proletariado en un miserable apéndice de las clases burguesas. Lo que hemos deducido más arriba de los errores de los neoiskristas como una tendencia se erige ahora ante nosotros en un principio claro y determinado: ¡a la cola de la burguesía monárquica! Puesto que la realización de la república obligaría (y obliga ya: ejemplo, el señor Struve) a la burguesía a volver la espalda a la revolución, pues bien, ¡abajo la lucha por la república! Puesto que toda reivindicación democrática del pro letariado sostenida enérgicamente y llevada hasta el fin obliga siempre y en todas partes del mundo a la burguesía a volver la espalda, pues bien, escondeos en vuestros agujeros, camaradas obreros, obrad solamente desde fuera, no penséis en utilizar para la revolución las armas y los procedimientos del régimen "estatal burgués" y conservad vuestra "libertad de crítica"!

Aquí se manifiesta el error fundamental en la comprensión misma del término "revolución burguesa". La "comprensión" Martínoviana o neoiskrista del mismo lleva directamente a traicionar la causa del proletariado a favor de la burguesía.

Quien haya olvidado el antiguo economismo, quien no lo estudie y no se acuerde de él, difícilmente podrá comprender tampoco la actual reincidencia en el economismo. Recordad el "Credo"[25] bernsteiniano. De los puntos de vista y de los programas "puramente proletarios", esas gentes han deducido la conclusión siguiente: para nosotros, socialdemócratas, la economía, la verdadera acción obrera, la libertad de criticar toda politiquería, la verdadera profundización de la labor socialdemócratas; para ellos, para los liberales, la política. Dios nos libre de caer en el "revolucionismo"; esto obligaría a la burguesía a volver la espalda. Quien relea por entero el "Credo", o bien el suplemento especial al número 9 de Rabóchaia Misl [26] (septiembre de 1899), verá todo el curso de este razonamiento.

¡Ahora ocurre lo mismo, pero en gran escala, aplicado al enjuiciamiento de toda la "gran" revolución rusa, envilecida ¡ay! de antemano y rebajada al nivel de su caricatura por los teóricos del filisteísmo ortodoxo! Para nosotros, socialdemócratas, la libertad de crítica, el profundizamiento de la conciencia, la acción desde fuera. Para ellos, para las clases burguesas, la libertad de acción, el campo libre para su dirección revolucionaria (leed: liberal), la libertad de realización de "reformas" desde arriba.

Estos vulgarizadores del marxismo no han meditado jamás las palabras de Marx sobre la necesidad de reemplazar las armas de la crítica por la crítica de las armas[27]. Invocando en vano el nombre de Marx, de hecho elaboran resoluciones tácticas absolutamente en el espíritu de los charlatanes burgueses de Francfort que criticaban libremente el absolutismo, profundizaban la conciencia democrática y no comprendian que el tiempo de la revolución es el tiempo de la acción, de la acción tanto desde arriba como desde abajo. Al convertir el marxismo en verbalismo razonador, han hecho de la ideología de la clase de vanguardia, de la clase revolucionaria más decidida y enérgica una ideología de los sectores menos desarrollados de esta clase, los cuales esquivan las difíciles tareas democrático-revolucionarias y confían estas tareas democráticas a los señores Struve.

Si a consecuencia de la entrada de la socialdemocracia en el gobierno revolucionario, las clases burguesas vuelven la espalda a la causa de la revolución, "dismínuirán con ello su alcance".

¿Lo oís, obreros rusos? El alcance de la revolución será mayor si la hacen -- a menos que los socialdemócratas no les hagan volver la espalda -- los señores Struve, que quieren no obtener la victoria sobre el zarismo, sino pactar con él ¡El alcance de la revolución será mayor si, de los dos desenlaces posibles señalados más arriba por nosotros, es el primero el que se realiza, es decir, si la burguesía monárquica llega a entenderse con la autocracia sobre la base de una "constitución" a lo Shípov!

Los socialdemócratas, que en resoluciones destinadas a servir de directiva para todo el Partido, escriben cosas tan vergonzosas, o que aprueban esas "afortunadas" resoluciones, están hasta tal punto obcecados por el verbalismo razonador que ha despojado de toda vida al marxismo, que no ven cómo esas resoluciones convierten en frases vacías todas sus otras palabras excelentes. Tomad cualquier artículo de Iskra, tomad incluso el famoso folleto de nuestro ilustre Martínov y encontraréis en ellos divagaciones sobre la insurrección popular, sobre la necesidad de llevar la revolución hasta el fin, sobre la aspiración a apoyarse en las capas profundas del pueblo en la lucha contra la burguesía inconsecuente. Pero todas estas cosas buenas se convierten en frases miserables desde el momento en que adoptáis o aprobáis la idea de que el "alcance de la revolución disminuirá" si la burguesía se desentiende de ella. Una de dos, señores: o bien debemos aspirar a hacer la revolución con el pueblo y obtener una victoria completa sobre el zarismo, a pesar de la burguesía inconsecuente, egoísta y cobarde, o bien no admitimos este "a pesar", tememos que la burguesía "vuelva la espalda" y entonces entregamos al proletariado y al pueblo en manos de esta misma burguesía inconsecuente, egoísta y cobarde.

No tratéis de interpretar mis palabras a vuestra manera. No gritéis que se os acusa de traición consciente. No; habéis tendido siempre a hundiros, y estáis ahora hundidos en la charca, con la misma inconsciencia con que los antiguos economistas resbalaban irresistible e irremediablemente por la pendiente del "profundizamiento" del marxismo hasta el "raciocinio" antirrevolucionario, sin alma y sin vida.

¿De qué fuerzas sociales reales depende el "alcance de la revolución"? ¿Habéis pensado en ello, señores? Dejemos de lado las fuerzas de la política exterior y de las combinaciones internacionales, que se vuelven ahora completamente en nuestro favor, pero de las cuales todos nosotros hacemos caso omiso en nuestro examen, y lo hacemos con toda razón, puesto que de lo que se trata es de las fuerzas interiores de Rusia. Examinad estas fuerzas sociales interiores. Contra la revolución se alzan la autocracia, la corte, la policía, los funcionarios, el ejército y el pequeño grupito de la alta aristocracia. Cuanto más profunda es la indignación en el pueblo, menos seguro es el ejército, más aumenta la vacilación entre los funcionarios. Por otra parte, la burguesía, en su conjunto, está ahora por la revolución, y prueba su celo pronunciando discursos sobre la libertad, hablando cada vez con mayor frecuencia en nombre del pueblo e incluso en nombre de la revolución [*]. Pero todos nosotros, marxistas, sabemos por la teoría y observamos cada día y a cada hora, en el ejemplo de nuestros liberales, de las gentes de los "zemstvos" y de Osvobozhdenie, que la burguesía está por la revolución de una manera inconsecuente, egoísta y cobarde. La burguesía en su inmensa mayoría se volverá inevitablemente del lado de la contrarrevolución, del lado de la autocracia contra la revolución, contra el pueblo, en cuanto sean satisfechos sus intereses estrechos y egoístas, en cuanto "dé la espalda" al democratismo consecuente (¡y ya ahora le da la espalda! ). Queda "el pueblo", es decir, el proletariado y los campesinos: sólo el proletariado es capaz de ir seguro hasta el fin, pues va mucho más allá de la revolución democrática. Por eso, el proletariado lucha en vanguardia por la república, rechazando con desprecio los consejos necios e indignos de él de quienes le dicen que tenga cuidado de no asustar a la burguesía. Entre los campesinos hay, al lado de los elementos
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* En este sentido, es interesante la carta abierta del señor Struve a Jaurès, publicada recientemente por este último en L'Humanité [28] y por el señor Struve en Osvobozhdenie, núm.

pequeñoburgueses, una masa de elementos semiproletarios. Esto les hace ser también inestables, obligando al proletariado a fundirse en un partido rigurosamente de clase. Pero la inestabilidad de los campesinos es radicalmente distinta de la inestabilidad de la burguesía; pues, en este momento concreto, los campesinos se hallan menos interesados en que se mantenga indemne la propiedad privada que en arrebatar a los terratenientes sus tierras, que son una de las principales formas de aquella propiedad. Sin convertirse por ello en socialistas ni dejar de ser pequeños burgueses, los campesinos son susceptibles de actuar como los más perfectos y radicales partidarios de la revolución democrática. Los campesinos procederán invariablemente así, siempre y cuando la marcha de los acontecimientos revolucionarios que los alecciona no se interrumpa demasiado pronto por la traición de la burguesía y la derrota del proletariado. Los campesinos se convertirán invariablemente, bajo dichas condiciones, en un baluarte de la revolución y de la república, ya que sólo una revolución plenamente victoriosa puede darle al campesino, en materia de reforma agraria, todo cuanto el campesino quiere, con lo que sueña y lo que necesita realmente (no para destruir el capitalismo, como se figuran los "socialrevolucionarios", sino) para salir de la abyección de la semiservidumbre, de las tinieblas del embrutecimiento y del servilismo, para mejorar sus condiciones de existencia, en la medida en que esto es posible en el marco de la economía mercantil.

Hay más aún. Los campesinos se hallan vinculados a la revolución no solamente por la transformación agraria radical, sino, además, por todos sus intereses generales y permanentes. Incluso en la lucha contra el proletariado, el campesino tiene necesidad de la democracia, pues sólo el régimen democrático es capaz de expresar exactamente sus intereses y de darle la preponderancia como masa, como mayoría. Cuanto más instruido sea el campesino (y después de la guerra con el Japón se instruye con una rapidez que muchos ni siquiera sospechan, habituados como están a medir la instrucción únicamente con el rasero escolar), de un modo tanto más consecuente y decidido estará a favor de la revolución democrática completa, porque no tiene miedo, como la burguesía, a la soberanía del pueblo; por el contrario, ve en ella una ventaja. La república democrática se convertirá en su ideal en cuanto comience a librarse de su monarquismo ingenuo, pues el monarquismo consciente de la burguesía traficante (con su Cámara alta, etc.) promete al campesino la misma ausencia de derechos, el mismo embrutecimiento, la misma ignorancia, ligeramente teñidos de un barniz constitucional a la europea.

He aquí por qué la burguesía, como clase, tiende natural e inevitablemente a esconderse bajo el ala del partido liberal monárquico, y los campesinos, como masa, tienden a colocarse bajo la dirección del partido revolucionario y republicano. He aquí por qué la burguesía no es capaz de llevar la revolución democrática hasta el fin, mientras que los campesinos son capaces de llevar la revolución hasta el fin, y nosotros debemos ayudarles en esto con todas nuestras fuerzas.

Se me objetará: no hay necesidad de probar esto; es el abecé; todos los socialdemócratas lo comprenden perfectamente No; eso no lo comprenden los que son capaces de hablar de la "disminución del alcance" de la revolución en el caso de que la burguesía se aparte de ella. Esas gentes repiten frases de nuestro programa agrario, aprendidas de memoria, pero sin comprender su sentido; pues, de otro modo, no tendrían miedo a la idea de la dictadura revolucionario-democrática del proletariado y de los campesinos, que se desprende necesariamente de toda la concepción marxista y de nuestro programa; de otro modo, no limitarían el alcance de la gran revolución rusa al alcance que pretende darle la burguesía. Esas gentes aplastan sus frases marxistas revolucionarias abstractas con el peso de sus resoluciones concretas, antimarxistas y antirrevolucionarias.

Quien comprende verdaderamente cuál es el papel de los campesinos en la revolución rusa victoriosa, será incapaz de decir que el alcance de la revolución se reduce si la burguesía le vuelve la espalda, pues, en realidad, la revolución rusa no comenzará a adquirir su verdadero alcance, no comenzará a adquirir realmente la mayor envergadura posible en la época de la revolución democrático-burguesa, hasta que la burguesía no le vuelva la espalda y el elemento revolucionario activo sea la masa campesina, en unión con el proletariado. Para ser llevada consecuentemente hasta su término, nuestra revolución democrática debe apoyarse en fuerzas capaces de contrarrestar la inevitable inconsecuencia de la burguesía (es decir, capaces precisamente de "obligarla a volver la espalda", lo que temen, en su simplicidad, los partidarios caucasianos de Iskra ).

El proletariado debe llevar a término la revolución democrática, atrayéndose a la masa de los campesinos, para aplastar por la fuerza la resistencia de la autocracia y paralizar la inestabilidad de la burguesía. El proletariado debe llevar a cabo la revolución socialista, atrayéndose a la masa de los elementos semiproletarios de la población, para des trozar por la fuerza la resistencia de la burguesía y paralizar la inestabilidad de los campesinos y de la pequeña burguesía. Tales son las tareas del proletariado, que los partidarios de nueva Iskra conciben de un modo tan estrecho en todos sus razonamientos y resoluciones sobre la amplitud de la revolución.
Sólo que no hay que olvidar una circunstancia que se pierde frecuentemente de vista cuando se discurre sobre esta "envergadura". No hay que olvidar que no hablamos aquí de las dificultades del problema, sino de la vía en la cual hay que buscar y procurar su solución. No se trata de que sea fácil o difícil hacer que el alcance de la revolución sea potente e invencible, sino de cómo hay que proceder para que su alcance sea mayor. El desacuerdo se refiere precisamente al carácter fundamental de la actividad, de su misma orientación. Lo subrayamos, porque gentes negligentes o poco escrupulosas confunden con harta frecuencia dos cuestiones diferentes: la cuestión del camino a seguir, es decir, de la elección entre dos caminos diferentes, y la cuestión de la facilidad o de la proximidad del fin a alcanzar por el camino emprendido.

No nos hemos referido a esta última cuestión en la exposición precedente, porque dicha cuestión no ha suscitado desacuerdos y divergencias en el seno de nuestro Partido. Pero, naturalmente, la cuestión es en sí sumamente importante y digna de la mayor atención por parte de todos los socialdemócratas. Sería de un optimismo imperdonable olvidar las dificultades que suponc el incorporar al movimiento no sólo a la masa de la clase obrera, sino también a la masa campesina. Contra estas dificultades precisamente se han estrellado más de una vez los esfuerzos realizados para llevar hasta el fin la revolución democrática, con la particularidad de que ha triunfado lo más frecuentemente la burguesía más inconsecuente y más egoísta, que "obtenía capital" de la defensa que la monarquía le aseguraba contra el pueblo y, al mismo tiempo, "conservaba la inocencia" del liberalismo. . . o de la tendencia de Osvobozhdenie. Pero dificultad no es imposibilidad de realización. Lo que importa es estar seguros de haber elegido el buen camino, y esta seguridad centuplica la energía revolucionaria y el entusiasmo revolucionario, que son capaces de realizar milagros.

El grado de profundidad del desacuerdo existente entre los socialdemócratas de nuestros días, a propósito de la elección del camino a seguir, aparece en seguida con evidencia cuando se compara la resolución de los neoiskristas caucasianos con la del III Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. La resolución del Congreso declara: la burguesía es inconsecuente, tratará sin falta de arrancarnos las conquistas de la revolución. Por lo tanto, preparaos más enérgicamente a la lucha, camaradas obreros, armaos, atraed a vuestro lado a los campesinos. No cederemos sin combate a la burguesía egoísta nuestras conquistas revolucionarias. La resolución de los neoiskristas caucasianos dice: la burguesía es inconsecuente, puede volver la espalda a la revolución. Por eso, camaradas obreros: ¡no penséis, por favor, en participar en el gobierno provisional; pues, en este caso, la burguesía volverá seguramente la espalda, y el alcance de la revolución, por tanto, será menor!
Los unos dicen: impulsad la revolución hacia adelante, hasta el fin, a pesar de la resistencia o de la pasividad de la burguesía inconsecuente.
Los otros dicen: no penséis en llevar la revolución hasta el fin de una manera independiente; pues, entonces, la burguesía inconsecuente le volverá la espalda.

¿Es que no nos hallamos en presencia de dos rutas diametralmente opuestas? ¿No es evidente que una táctica excluye absolutamente la otra y que la primera es la única táctica acertada de la socialdemocracia revolucionaria, mientras que la segunda es, en el fondo, una táctica puramente en el espíritu de Osvobozhdenie?

Notas:

(*) EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS
Pekín 1976
Primera edición 1973
(2a impresión 1976)

Continúa

 

 

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