7. La Táctica de la "Eliminación
de los Conservadores del Gobierno"
El artículo arriba mencionado,
publicado en el órgano del "Comité"
menchevique de Tiflís (Sotsial-Demokrat, núm.
1) se titula "El Zemski Sobor y nuestra táctica".
Su autor no ha olvidado aún por completo nuestro programa;
lanza la consigna de la república, pero razona sobre
la táctica de la siguiente manera:
"Para la consecución de este objetivo (la república)
se pueden indicar dos caminos: o no prestar ninguna atención
al Zemski Sobor convocado por el gobierno y derrotar al gobierno
con las armas en la mano, formar un gobierno revolucionario
y convocar la Asamblea Constituyente, o declarar al Zemski
Sobor como centro de nuestra acción, presionando con
las armas en la mano sobre sus componentes, sobre su actividad,
y obligarle por la fuerza a declararse Asamblea Constituyente
o a convocar la Asamblea Constituyente por su conducto. Estas
dos tácticas se diferencian muy netamente la una de
la otra. Veamos, pues, cuál de las dos es más
ventajosa para nosotros".
He aquí cómo los
neoiskristas rusos exponen las ideas encarnadas ulteriormente
en la resolución examinada por nosotros. Observad que
esto fue escrito antes de Tsu-sima, cuando el "proyecto"
de Bulyguin no había salido aún a la luz. Hasta
los liberales perdieron la paciencia y expresaron su desconfianza
en las columnas de la prensa legal, en tanto que un socialdemócrata
neoiskrista resultaba ser más confiado que los liberales,
El declara que el Zemski Sobor "está en vías
de ser convocado" y cree en el zar hasta tal punto, que
propone hacer de este Zemski Sobor (o puede ser de una "Duma
de Estado" o de un "Sobor legislativo y consultivo")
inexistente aún, el centro de nuestra acción.
Más franco y más rectilíneo que los autores
de la resolución adoptada en la Conferencia, nuestro
ciudadano de Tiflís no considera como equivalentes
las dos "tácticas" (expuestas por él
con un candor inimitable), sino que declara que la segunda
es más "ventajosa". Escuchad:
"Táctica primera. Como vosotros sabéis,
la revolución inminente es una revolución burguesa,
es decir, esta dirigida a un cambio del régimen actual
en el cual (cambio) está interesado no sólo
d proletariado, sino toda la sociedad burguesa. Todas las
clases estan en oposición contra el gobierno, incluso
los mismos capitalistas. El proletariado que lucha y la burguesía
que lucha, van, en un cierto sentido juntos y atacan juntos
al absolutismo desde diversos lados. El gobierno está
completamente aislado y privado de la simpatía de la
sociedad. Por eso, es muy fácil destruirlo. Todo el
proletariado de Rusia no es aún consciente ni está
organizado como para poder realizar él solo la revolución.
Y si pudiera hacerlo, no realizaría una revolución
burguesa, sino proletaria (socialista). Por tanto, nos interesa
que el gobierno se quede sin aliados, que no pueda desunir
a la oposición, que no se atraiga a la burguesía,
ni deje aislado al proletariado"...
¡De manera que va en interés
del proletariado que el gobierno zarista no pueda separar
a la burguesía del proletariado! ¿No es por
error por lo que el órgano georgiano se llama Sotsial-Demokrat
en vez de llamarse Osvobozhdenie? ¡Mirad qué
inimitable filosofía de la revolución democrática!
¿No vemos nosotros aquí, con nuestros propios
ojos, al pobre ciudadano de Tiflís, desorientado totalmente
por la interpretación casuística y seguidista
del concepto "revolución burguesa"? El examina
la cuestión del posible aislamiento del proletariado
en la revolución democrática y se olvida ...,
se olvida de una minucia ..., ¡de los campesinos! Entre
los posibles aliados del proletariado, él conoce y
encuentra de su agrado a los terratenientes de los zemstvos,
pero no conoce a los campesinos. ¡Y esto en el Cáucaso!
Pues bien, ¿no llevábamos nosotros razón
cuando decíamos que la nueva Iskra con sus razonamientos
desciende hasta la burguesía monárquica, en
vez de levantar hacia sí, como aliados, a los campesinos
revolucionarios?
". . . En caso contrario,
la derrota del proletariado y la victoria del gobierno son
inevitables. Y precisamente es a esto a lo que tiende la autocracia.
Esta, no cabe duda, en su Zemski Sobor atraerá a su
lado a los representantes de la nobleza, de los zemstvos,
de las ciudades, de las universidades y demás instituciones
burguesas. Se esforzará en halagarlos con pequeñas
concesiones, y de esta manera, conciliarlos con ella. Reforzado
de este modo, dirigirá todos sus golpes contra el pueblo
obrero, que quedará aislado. Es nuestro deber impedir
desenlace tan desdichado. Pero ¿acaso se puede hacer
esto por el primer camino? Supongamos que no hemos prestado
ninguna atención al Zemski Sobor, sino que hemos empezado
a prepararnos, nosotros mismos, para la insurrección
y un buen día hemos salido armados a la calle, a la
lucha. Y he aquí que en lugar de encontrarnos con un
solo enemigo, nos encontramos con dos: el gobierno y el Zemski
Sobor. Mientras que nosotros nos preparábamos, ellos
han tenido tiempo de entenderse, de llegar a un acuerdo, de
elaborar una Constitución ventajosa para ellos y se
han repartido el Poder. Esta es una táctica directamente
beneficiosa para el gobierno, y nosotros debemos renunciar
a ella de la manera más enérgica"...
¡Eso es hablar con franqueza! ¡Hay que renunciar
resueltamente a la "táctica" de preparar
la insurrección, porque "mientras tanto"
el gobierno llegará a una componenda con la burguesía!
¿Sería posible encontrar en la vieja literatura
del más inveterado "economismo" algo parecido
a este modo de deshonrar a la socialdemocracia revolucionaria?
Las insurrecciones y las revueltas obreras y campesinas, que
tienen lugar aquí y allá, son hechos. El Zemski
Sobor es una promesa de Bulyguin. Y el Sotsial-Demokrat de
la ciudad de Tiflís decide: renunciar a la táctica
de preparar la insurrección y esperar el "centro
de acción", el Zemski Sobor. . .
". . . La segunda táctica, por el contrario, consiste
en colocar al Zemski Sobor bajo nuestra vigilancia, no darle
posibilidad de actuar según su voluntad y de llegar
a un acuerdo con el gobierno*.
Nosotros sostendremos al Zemski Sobor en tanto en que luche
contra la autocracia y lucharemos contra él en aquellos
casos en que se concilie con la autocracia. Por una intervencion
enérgica y por la fuerza, des uniremos a los diputados[*],
atraeremos hacia
________________________________________
* ¿Qué medios hay para privar de hacer su voluntad
a los miembros de los zemstvos? ¿No será esto
un papel de tornasol particular?
nosotros a los radicales, eliminaremos
del gobierno a los conservadores y, de esta manera, colocaremos
a todo el Zemski Sobor en el camino revolucionario. Gracias
a esta táctica, el gobierno quedará aislado
permanentemente, la oposición será fuerte y
con esto será facilitada la implantación de
un régimen democrático".
¡Sí! ¡Sí!
Que nos digan ahora que nosotros exageramos el viraje de los
neoiskristas hacia la variedad más vulgar del economismo.
Esto es ya exactamente igual que los famosos polvos contra
las moscas: se coge la mosca, se la espolvorea y muere. Desunir
por la fuerza a los diputados del Zemski Sobor, "eliminar
del gobierno a los conservadores", y todo el Zemski Sobor
adoptará el camino revolucionario. . . Todo eso, sin
ninguna clase de insurrección armada "jacobina",
muy noblemente, casi a la manera parlamentaria, "influenciando"
sobre los miembros del Zemski Sobor.
¡Pobre Rusia! Se ha dicho
de ella que lleva siempre los sombreros pasados de moda y
desechados en Europa. Nosotros no tenemos parlamento aún,
ni siquiera lo ha prometido Bulyguin, pero cretinismo parlamentario[15]
hay todo el que se quiera.
". . . ¿Cómo
debe producirse esta intervención? Ante todo, nosotros
exigiremos que el Zemski Sobor sea convocado mediante el sufragio
universal, igual, directo y screto. Junto con la publicación**
de este régimen electoral, debe ser consagrada por
la ley*** la completa libertad de agitación electoral,
es decir, la libertad de reunión, de palabra, de prensa,
la inmunidad de los electores y elegidos y la liberación
de todos los delincuentes políticos. La fecha de las
elecciones debe ser fijada lo más tarde posible con
el fin de que tengamos tiempo suficiente para
________________________________________
* ¡Vaya por Dios! ¡He aquí una táctica
"profundizada"! No hay fuerzas para luchar en la
calle, pero se puede "desunir a los diputados por la
fuerza". Escuche, camarada de Tiflís, se puede
mentir, pero hay que saber en qué medida. . .
** ¿En la Iskra?
*** ¿Por Nicolás?
informar y preparar al pueblo.
Y puesto que la elaboración del reglamento de convocatoria
del Sobor ha sido encargada a una comisión presidida
por el ministro del Interior, Bulyguin, debemos presionar
sobre esta comisión y sobre sus miembros [*]. Si la
Comisión Bulyguin se niega a satisfacer nuestras reivindicaciones
[**] y concede el derecho a elegir diputados sólo a
los pudientes, debemos intenenir en estas elecciones y obligar
por la vía revolucionaria a los electores a elegir
candidatos avanzados y exigir en el Zemski Sobor la Asamblea
Constituyente. En fin, por todos los medios: manifestaciones,
huelgas, y si es necesario, la insurrección, obligar
al Zemski Sobor a convocar la Asamblea Constituyente o a proclamarse
Asamblea Constituyente. El proletariado en armas debe ser
el defensor de la Asamblea Constituyente y ambos [***] juntos
marcharán hacia la república democrática.
Esta es la táctica socialdemócrata
y únicamente ella nos asegurará la victoria".
No piense el lector que todo este
increíble absurdo es un simple devaneo de la pluma
de cualquier neoiskrista irresponsable y sin influencia. No,
esto se dice en el órgano de todo un comité
de neoiskristas, el de Tiflís. Es más, este
absurdo es aprobado directamente por Iskra en su número
100, en el cual leemos estas líneas a propósito
de Sotsial-Demokrat.
"El número 1 está
redactado vivamente y con talento. Se nota la mano experta
y hábil de un redactor gue es a la vez un escritor.
. . Se puede decir con seguridad que el periódico cumplirá
brillantemente la tarea que ante sí tiene planteada
".
¡Sí! Si esta tarea
consiste en demostrar palmariamente a todos y cada uno la
plena descomposición ideológica del
________________________________________
* He ahí lo que significa la táctica de ¡"eliminar
a los conservadores del gobierno"!
** ¡Esto no puede suceder si nosotros usamos una táctica
tan acertada y tan profundamente meditada de nuestra parte!
*** ¿El proletariado en armas y los conservadores "eliminados
del gobierno"?
neoiskrismo, la ha cumplido efectivamente
de un modo "brillante". Nadie habría sabido
expresar más "vivamente, con mayor talento y habilidad"
el descenso de los neoiskristas hasta el oportunismo liberal-burgués.
8. LA TENDENCIA DE OSVOBOZHDENIE
Y EL NEOISERISMO
Ahora pasamos a otra confirmación patente de la significación
política del neoiskrismo.
En un artículo excelente,
magnifico, muy instructivo, titulado "Cómo encontrarse
a si mismo" (Osvobozhdenie, núm. 71), el señor
Struve hace la guerra al "revolucionismo programático"
de nuestros partidos extremos. El señor Struve se muestra
sobre todo descontento de mi*. Por lo
________________________________________
* "En comparación con el revolucionismo de los
señores Lenin y sus compañeros, el revolucionismo
de la socialdemocracia de Europa occidental, de Bebel y hasta
de Kautsky, es oportunismo, pero también las bases
de este revolucionismo, ya suavizado, han sido minadas y destruidas
por la historia". El ataque es muy serio. Pero hace mal
el señor Struve en pensar que se pueden amontonar cosas
sobre mí como sobre un muerto. A mí me basta
con hacer un reto al señor Struve, que él nunca
será capaz de aceptar. ¿Dónde y cuándo
he dicho yo que el revolucionismo de Bebel y de Kautsky sea
"oportunismo"? ¿Dónde y cuándo
he pretentido yo crear en la socialdemocracia internacional
una tendencia particular, no idénfica a la tendencia
de Bebel y de Kautsky? ¿Dónde y cuándo
han salido a la luz discrepancias, entre Bebel y Kautsky por
una parte, y yo, por otra, discrepancias que se aproximen
por su seriedad, aunque sea un poco, a las surgidas entre
Bebel y Kautsky, en Breslau, por ejemplo, en la cuestión
agraria? [16] Que pruebe el señor Struve a contestar
a estas tres preguntas.
Y a los lectores les decimos: la burguesía liberal,
en todas partes y siempre, pone en juego el procedimiento
que consiste en hacer creer a sus adeptos en un país
determinado que los socialdemócratas de dicho país
son la gente más insensata, mientras que sus compañeros
del país vecino son "buenos chicos". La burguesía
alemana ha puesto cientos de veces como ejemplo ante Bebel
y Kautsky a los "buenos chicos" socialistas franceses.
La burguesía francesa, no hace mucho, puso como ejemplo
ante los socialistas franceses al "buen chico" Bebel.
¡Es un procedimiento viejo, señor Struve! En
esa trampa sólo podrá usted coger a los niños
y a los ignorantes. La solidaridad completa de la socialdemocracia
revolucionaria internacional en todas las grandes cuestiones
del programa y de la táctica es un hecho incontrovertible.
que se refiere a mi, estoy tan
contento con el señor Struve, que no es posible pedir
más: mejor aliado en la lucha contra el economismo
renaciente de los neoiskristas y contra la falta absoluta
de principios de los "socialrevolucionarios", yo
no podria desear. Ya hablaremos alguna otra vez de cómo
el señor Struve y Osvobozhdenie han demostrado en la
práctica todo el reaccionarismo de las "enmiendas"
al marxismo hechas en el proyecto de programa de los socialrevolucionarios.
De cómo el señor Struve me ha prestado un servicio
leal, honrado y verdadero cada vez que aprobaba en principio
a los neoiskristas, ya hemos hablado reiteradamente* y hablaremos
ahora otra vez.
________________________________________
* Recordamos al lector que al artículo "¿Qué
es lo que no hay que hacer?" (Iskra, núm. 52)
fue saludado a bombo y platillo por Osvobozhdenie como uo
"significativo viraje" hacia concesiones respecto
a 108 oportunistas. Las tendencias de principio del neoiskrismo,
Osvobozhdenie las ha aprobado particularmente en una nota
sobre la escisión entre los socialdemócratas
rusos. Respecto al folleto de Trotski "Nuestras tareas
políticas", Osvobozhdenie ha indicado la analogía
de las ideas de este autor con las que escribieron y expresaron
en un tiempo los colaboradores de Rabócheie Dielo (La
Causa Obrera ) Krichevski, Martínov, Akímov
(ved la hoja titulada "Un liberal servicial" editada
por Vperiod). El folleto de Martínov Dos dictaduras,
ha sido saludado por Osvobozhdenie (ved la nota de Vperiod,
núm. 9). En fin, las quejas tardías de Starovier
respecto a ia vieja consigna de la vieja Iskra : "primero
deslindar los campos y después unirse", han encontrado
la simpatía especial de Osvobozhdenie.
En el artículo del señor Struve hay toda una
serie de dedaraciones interesantísimas, que aquí
podemos señalar únicamente de paso. El abriga
el propósito de "crear una democracia rusa, apoyándose,
no en la lucha, sino en la colaboración de clases",
con la particularidad de que la "intelectualidad socialmente
privilegiada" (como la "nobleza culta", ante
la cual el señor Struve hace reverencias con la gracia
de un ... lacayo auténticamente mundano) aportará
el "peso de su situación social" (el peso
del saco de oro) a este partido, "que no será
de clase". El señor Struve expresa el deseo de
dar a conocer a la juventud la falsedad de ese "lugar
común radical según el cual la burguesía
se ha asustado y ha traicionado al proletariado y a la causa
de la libertad". (Saludamos de todo corazón este
deseo Nada confirmará la razón de ese "lugar
común" marxista, como el hecho de que el señor
Struve le haga la guerra. ¡Hágalo, señor
Struve, no retarde usted la ejecución de su excelente
plan, metiéndolo en el fondo de un cajón!)
Nos interesa señalar, para
tratar nuestro tema, contra qué consignas prácticas
combate en la actualidad un representante de la burguesía
rusa dotado de un instinto político tan fino y tan
sensible a la más pequeña variación del
tiempo. En primer lugar, contra la consigna del republicanismo.
El señor Struve está firmemente convencido de
que esta consigna es "incomprensible y ajena a las masas
populares". (El se olvida de añadir: ¡Es
comprensible, pero no conviene a la burguesía!) ¡Nosotros
desearíamos ver qué respuesta recibiría
el señor Struve de los obreros en nuestros círculos
y en nuestras reuniones de masas! ¿O es que los obreros
no son el pueblo? ¿Y los campesinos? Suelen profesar,
según el señor Struve, "un republicanismo
ingenuo" ("echar al zar"), pero la burguesía
liberal cree que el republicanismo ingenuo será reemplazado
Ino por un republicanismo consciente, sino por un monarquismo
consciente! Ça dépend, señor Struve,
esto depende aún de las circunstancias. Tanto el zarismo
como la burguesía no pueden dejar de oponerse a un
mejoramiento radical de la situación de los campesinos
a costa de la tierra de los terratenientes, y la clase obrera
no puede dejar de cooperar en ello con los campesinos.
En segundo lugar, el señor
Struve afirma que "en la guerra civil, la razón
nunca está de parte del atacante". Esta idea se
acerca mucho a las tendencias del neoiskrismo, expuestas más
arriba. No diremos, naturalmente, que en la guerra civil siempre
es ventajoso atacar; no, a veces la táctica defensiva
es obligatoria durante cierto tiempo, Pero exponer una tesis
como la del señor Struve y aplicarla a la Rusia de
1905 es, precisamente, mostrar un fragmento del "lugar
común radical" ("la burguesía se asusta
y traiciona la causa de la libertad") Quien no quiere
atacar ahora a la autocracia, a la reacción, quien
no se prepare para este ataque, quien no lo propugne, no puede
llamarse partidario de la revolución.
El señor Struve condena
las consignas: "conspiración" y "motin"
(que son una "insurrección en miniatura").
¡El señor Struve desprecia lo uno y lo otro desde
el punto de vista "del acceso a las masas"! Nosotros
preguntaríamos al señor Struve si él
puede indicarnos que se predique el motín en una obra,
por ejemplo, de un revolucionarista tan extremo, a su modo
de ver, como ¿Qué hacer?. Y, en cuanto a la
"conspiración", ¿es tan grande la
diferencia, por ejemplo, entre nosotros y el señor
Struve? ¿No trabajamos ambos en periódicos "ilegales",
introducidos "conspirativamente" en Rusia y que
sirven a los grupos "clandestinos" del Soiús
Osvobozhdenia o del P.O.S.D.R.? Nuestras reuniones obreras
de masas son en muchos casos "conspirativas"; se
comete este pecado. ¿Y las asambleas de los señores
de Osvobozhdenie ? Señor Struve, ¿de qué
puede usted presumir ante los despreciables partidarios de
la despreciable conspiración?
Para proveer de armas a los obreros
se necesita, es cierto, la conspiración más
estricta. Aquí, el señor Struve habla ya con
más franqueza. Escuchad: "Por lo que se refiere
a la insurrección armada, o a la revolución,
en el sentido técnico, sólo una propaganda de
masas del programa democrático puede crear las condiciones
psicológicas y sociales de la insurrección armada
general. Así, pues, aun desde el punto de vista, no
compartido por mí, que considera la insurrección
armada como el coronamiento inevitable de la actual lucha
por la emancipación, el inculcar en las masas las ideas
de transformación democrática es la obra más
fundamental y más necesaria".
El señor Struve trata de esquivar la cuestión.
Habla de la inevitabilidad de la insurrección, en vez
de hablar de su necesidad para la victoria de la revolución.
Una insurrección, no preparada, espontánea,
dispersa, ha empezado ya. Nadie podrá garantizar absolutamente
que llegará hasta la insurrección popular armada
integral y total, puesto que esto depende tanto del estado
de las fuerzas revolucionarias (que no se puede medir más
que en la propia lucha), como de la conducta del gobierno
y de la burguesía y de una serie de otras circunstancias
que no se pueden prever con exactitud. No se puede hablar
de inevitabilidad en el sentido de esta seguridad absoluta
en un acontecimiento concreto hacia la que se orienta la argumentación
del señor Struve. Si se quiere ser partidario de la
revolución, hay que hablar de si es necesaria la insurrección
para la victoria de la revolución, de si es necesario
o no preconizarla activamente, propagarla, prepararla inmediata
y enérgicamente. El señor Struve no puede no
comprender esta diferencia: por ejemplo, él no vela
la cuestión, indiscutible para un demócrata,
de la necesidad del sufragio universal con la cuestión,
discutible y subalterna para todo hombre político,
de la inevitabilidad de su consecución en el curso
de la presente revolución. Al esquivar la cuestión
de la necesidad de la insurrección, el señor
Struve expresa el fondo más oculto de la posición
política de la burguesía liberal La burguesía,
en primer lugar, prefiere entenderse con la autocracia en
vez de aplastarla; en todo caso, la burguesía deja
la lucha armada para los obreros (esto en segundo lugar).
He aquí la significación real que tienen las
evasivas del señor Struve He aquí por qué
recula ante la cuestión de la necesidad de la insurrección
y se desvía hacia la cuestión de sus condiciones
"psicológicas y sociales" y de la "propaganda"
preliminar. Exactamente lo mismo que los charlatanes burgueses
en el parlamento de Francfort en 1848 se ocupaban de componer
resoluciones, declaraciones, decisiones, de la "propaganda
de masas" y de la preparación de las "condiciones
psicológicas y sociales", cuando de lo que se
trataba era de resistir a la fuerza armada del gobierno, cuando
el movimiento "había conducido a la necesidad"
de la lucha armada, cuando la sola acción verbal (cien
veces necesaria en el período de preparación)
se había convertido en una vil inacción y cobardía
burguesas, exactamente lo mismo el señor Struve dude
la cuestión de la insurrección cubriéndose
con frases. El señor Struve nos demuestra palmariamente
lo que se empeñan en no ver muchos socialdemócratas,
a saber: que los períodos revolucionarios se diferencian
de los ordinarios y cotidianos, de los períodos históricos
de preparación, en que el estado de espíritu,
la excitación, la convicción de las masas deben
traducirse, y se traducen, en hechos.
El revolucionarismo vulgar no comprende
que la palabra es también un acto. Esta es una tesis
incontestable, aplicada a la historia en general o a épocas
de la historia en las que no hay acción política
abierta de las masas, y esta acción no puede ser reemplazada
ni creada artificialmente por ningún putch. El seguidismo
de los revolucionarios no comprende que cuando ha comenzado
el momento revolucionario, cuando la vieja "superestructura"
se resquebraja en todas sus junturas, cuando la acción
política abierta de las clases y de las masas, que
crean para sí una nueva superestructura, se ha convertido
en un hecho, cuando la guerra civil ha comenzado, limitarse
entonces, como anteriormente, "a las palabras",
no dando la consigna directa de pasar a los "hechos",
zafarse entonces de la acción, invocando las "condiciones
psicológicas", y la "propaganda" en
general, significa falta de vitalidad, es un peso muerto,
un verbalismo razonador, o entregar a la revolución
y traicionarla. Los charlatanes de la burguesía democrática
de Francfort son el ejemplo histórico inolvidable de
una tal traición o de una tal estupidez casuística.
¿Queréis que os aclaremos
esta diferencia entre el revolucionarismo vulgar y el seguidismo
de los revolucionarios con ejemplos de la historia del movimiento
socialdemócrata en Rusia? Os daremos esta explicación.
Recordad los años 1901-1902, que están aún
tan cerca y que nos parece ya ahora que pertenecen a un pasado
muy lejano. Empezaron las manifestaciones. El revolucionarismo
vulgar lanzó el grito de "al asalto" (Rabócheie
Dielo [17]), fueron publicadas las "octavillas sangrientas"
(de procedencia berlinesa, si la memoria no me engaña);
fueron duramente atacados (Nadiezhdin)[18] el "mal literario"
y el carácter de gabinete de la idea de hacer propaganda
en toda Rusia por medio de un periódico. El seguidismo
de los revolucionarios intenino entonces, al contrario, con
las prédicas de que "la lucha económica
es el mejor medio para la agitación política".
¿Qué posición fue la de la socialdemocracia
revolucionaria? Ella atacó a estas dos tendencias.
Condenó el "putchismo" y los gritos de "al
asalto", pues todos veían o debian ver claro que
la acción abierta de las masas era cosa del mañana.
Condenó el seguidismo y planteó directamente
la consigna incluso de la insurrección armada de todo
el pueblo, no en el sentido de un llamamiento directo (llamamiento
al "motin" no encontraria en aquel tiempo entre
nosotros el señor Struve), sino en el sentido de una
conclusión necesaria, en el sentido de la "propaganda"
(de la que el señor Struve no se ha acordado hasta
ahora; nuestro respetable señor Struve se retrasa siempre
en unos cuantos años), en el sentido de la preparación
justamente de estas mismas "condiciones psicológicas
y sociales" de las cuales nos hablan hoy, "melancólicamente
y a despropósito", los representantes de la regateadora
burguesía. Entonces, la propaganda y la agitación,
la agitación y la propaganda, eran realmente colocadas
en primer plano por el estado objetivo de las cosas. Entonces,
como piedra de toque del trabajo para la preparación
de la insurrección podía plantearse (y se planteaba
en ¿Qué hacer? ) la labor de crear un periódico
político para toda Rusia, cuya salida semanal nos parecía
un ideal. Entonces, las consignas: agitación de masas
en lugar de acciones arma das directas y preparación
de las condiciones psicológicas y sociales de la insurrección
en lugar de putchs, eran las únicas consignas justas
de la socialdemocracia revolucionaria.
¡Ahora, esas consignas han
sido sobrepasadas por los acontecimientos, el movimiento se
ha adelantado, no son más que frases, trastos viejos
que no sirven más que para ocultar la hipocresía
de la tendencia de Osvobozhdenie y el seguidismo neoiskrista!
¿O quizá yo me equivoco?
¿Es que la revolución no ha empezado aún?
¿No ha llegado aún el momento de acción
política abierta de las clases? ¿Es que la guerra
civil no ha comenzado aún y, por tanto, no ha llegado
el momento de que la crítica por las armas sea el heredero
necesario y obligatorio, el sucesor, el ejecutor testamentario,
el colofón del arma de la crítica?
Mirad a vuestro alrededor, asomaos
de vuestro gabinete a la calle para contestar a estas preguntas.
¿Acaso no ha sido el gobierno mismo el que ha comenzado
ya la guerra civil asesinando en masa en todas partes a ciudadanos
pacíficos e inermes? ¿Acaso no actúan
las "centurias negras" armadas, como "argumento"
del absolutismo? ¿Acaso la burguesía (hasta
la burguesía) no ha reconocido la necesidad de una
milicia cívica? ¿Acaso el mismo señor
Struve, este mismo señor Struve tan idealmente moderado
y puntual, no dice (¡Ah!, ¡lo dice para salir
del paso!) que "el carácter abierto de las acciones
revolucionarias [¡mirad cómo hablamos nosotros
ahora!] es actualmente una de las condiciones más importantes
de la influencia educativa sobre las masas populares"?
El que tenga ojos para ver, no
puede dudar de qué manera debe ser planteada ahora
por los partidarios de la revolución la cuestión
de la insurrección armada. Pues bien, observad los
tres modos de plantear esta cuestión, publicados en
los órganos de prensa libre capaces de influir algo
en las masas.
Primer planteamiento: Resolución
del III Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata
de Rusia*. Se reconoce y se declara públicamente que
el movimiento general democrático revolucionario ha
conducido ya a la necesidad de la insurrección armada.
La organización del proletariado para
________________________________________
* He aquí su texto completo.
Considerando:
1) que el proletariado, que es por su situación la
clase más avanzada y la única consecuentemente
revolucionaria, por este mismo hecho está llamado a
desempeñar d papel dirigente en el movimiento general
democrático revolucionario de Rusia;
2) que este movimiento, en el momento actual, ya ha conducido
a la necesidad de la insurrección armada;
3) que el proletariado jugará un muy enérgico
e inevitable rol en esta insurrección, y ello determinará
la suerte de la revolución en Rusia;
4) que el proletariado puede desempeñar el papel dirigente
en esta revolución solamente estando agrupado en una
fuerza política independiente y unida bajo la bandera
del Partido Obrero Socialdemócrata, que dirige, no
sólo ideológica, sino también prácticamente
su lucha;
5) que sólo el cumplimiento de este papel puede asegurar
al proletariado las condiciones más ventajosas para
la lucha por el socialismo contra las clases poseedoras de
la Rusia democrático-burguesa.
El III Congreso del P.O.S.D.R. reconoce que la tarea de organizar
al proletariado para la lucha directa contra la autocracia
por medio de la insurrección armada es una de las tareas
principales e inaplazables del Partido en el momento revolucionario
actual.
Por eso, el Congreso encarga a todas las organizaciones del
Partido:
a) aclarar al proletariado por medio de la propaganda y de
la agitación no sólo la significación
política, sino el aspecto práctico y organizativo
de la próxima insurrección armada,
b) aclarar en esa propaganda y agitación el papel de
las huelgas políticas de masas, que pueden tener una
gran importancia al principio y en la marcha misma de la insurrección,
c) tomar las medidas más enérgicas para armar
al proletariado, y también para la elaboración
del plan de la insurrección armada y de su dirección
inmediata, creando para ello, en la medida que sea necesario,
grupos apedales de entre los militantes del Partido. (Nota
de Lenin para la edición de 1907. N. de la Red.)
la insurrección está
planteada a la orden del día como una de las tareas
esenciales, primordiales y necesarias del Partido. Ha encargado
tomar las medidas más enérgicas para armar al
proletariado y para asegurarle la posibilidad de la dirección
inmediata de la insurrección.
Segundo planteamiento: El artículo
de un carácter de principios en Osvobozhdenie, del
"jefe de los constitucionalistas rusos" (así
ha llamado no hace mucho al señor Struve un órgano
tan influyente de la burguesía europea como la Gaceta
de Francfort ), o del jefe de la burguesía progresiva
rusa. El no comparte la opinión acerca de la inevitabilidad
de la insurrección. La conspiración y el motín
son procedimientos específicos de un revolucionarismo
insensato. El republicanismo, un método de aturdimiento.
La insurrección armada, de hecho, es una cuestión
solamente técnica, mientras que "lo más
fundamental y lo más necesario" es la propaganda
de masas y la preparación de las condiciones psíquico-sociales.
Tercer planteamiento: La resolución de la Conferencia
neoiskrista. Nuestra tarea es preparar la insurrección.
La posibilidad de una insurrección según un
plan está excluida. Las condiciones favorables para
la insurrección se crearán por la desorganización
gubernamental, por nuestra agitación, por nuestra organización.
Solamente entonces "pueden adquirir una importancia más
o menos seria los preparativos técnicos de combate".
¿Eso es todo? Eso es todo.
Si la insurrección se ha hecho necesaria o no, eso
los dirigentes neoiskristas del proletariado no lo saben aún.
Si es inaplazable o no la tarea de organizar al proletariado
para la lucha inmediata, no está claro aún para
ellos. No es necesario llamar a la adopción de las
medidas más enérgicas; es mucho más importante
(en 1905 y no en 1902) aclarar, en líneas generales,
en qué condiciones "pueden" estas medidas
adquirir una importancia "más o menos seria"…
¿Veis ahora, camaradas neoiskristas, a dónde
os ha llevado vuestro viraje hacia el Martínovismo?
¿Comprendéis que vuestra filosofía política
ha resultado ser una reedición de la filosofía
de los elementos de Osvobozhdenie, que os habéis colocado
(contra vuestra voluntad y al margen de vuestra conciencia)
a la cola de la burguesía monárquica? ¿No
está claro ahora para vosotros que insistiendo en los
viejos estribillos y perfeccionándoos en el verbalismo
razonador, habéis perdido de vista la circunstancia
de que -- hablando con las inolvidables palabras del inolvidable
artículo de Piotr Struve -- "el carácter
abierto de las acciones revolucionarias es actualmente una
de las condiciones más importantes de la influencia
educativa sobre las masas populares"?
9. ¿QUE SIGNIFICA SER EL
PARTIDO DE LA OPOSICION EXTREMA DURANTE LA REVOLUCION?
Volvamos a la resolución sobre el gobierno provisional.
Hemos señalado que la táctica de los neoiskristas
impulsa la revolución no hacia delante -- cuya posibilidad
querrían garantizar con su resolución --, sino
hacia atrás. Hemos señalado que es precisamente
esta táctica la que ata las manos de la socialdemocracia
en la lucha contra la burguesía inconsecuente y que
no la preserva de la dilución en la democracia burguesa.
Se comprende que de las premisas falsas de la resolución
resulta una consecuencia falsa: "Por esto la socialdemocracia
no se debe proponer como fin tomar o compartir el Poder en
el gobierno provisional, sino que debe seguir siendo el partido
de la oposición revolucionaria extrema". Fijaos
en la primera mitad de esta conclusión, que se refiere
al planteamiento de los fines. ¿Asignan como fin los
neoiskristas a la actividad socialdemócrata la victoria
decisiva de la revolución sobre el zarismo? Sí,
la asignan. No saben formular acertadamente las condiciones
de la victoria decisiva, desviándose hacia la formulación
de Osvobozhdenie, pero el fin indicado lo plantean. Prosigamos.
¿Relacionan el gobierno provisional con la insurrección?
Sí, lo relacionan de un modo directo al decir que el
gobierno provisional "surgirá de la insurrección
popular victoriosa". Finalmente, ¿se asignan el
fin de dirigir la insurrección? Sí, esquivan,
como el señor Struve, reconocer que la insurrección
es necesaria y urgente, pero, al mismo tiempo, dicen, a diferencia
del señor Struve, que la "socialdemocracia aspira
a subordinarla (la insurrección) a su influencia y
dirección y a utilizarla en interés de la clase
obrera".
Qué coherente resulta todo
esto, ¿verdad? Nos asignamos como fin subordinar la
insurrección de las masas proletarias y no proletarias
a nuestra influencia, a nuestra dirección, utilizarla
en nuestro interés. Por consiguiente, nos asignamos
como fin dirigir, durante la insurrección, al proletariado,
a la burguesía revolucionaria y a la pequeña
burguesía ("grupos no proletarios"), es decir,
que la dirección de la insurrección la "compartan
" la socialdemocracia y la burguesía revolucionaria.
Nos asignamos como fin la victoria de la insurrección,
la cual debe conducir a la instauración de un gobierno
provisional ("surgido de la insurrección popular
victoriosa"). ¡¡Por esto. . . por esto no
debemos asignarnos como fin adueñarnos del Poder o
compartir el mismo en el gobierno provisional revolucionario!!
Nuestros amigos no pueden, de ningún
modo, atar cabos. Oscilan entre el punto de vista del señor
Struve, que se aparta de la insurrección, y el punto
de vista de la socialdemocracia revolucionaria, la cual incita
a realizar esta tarea inaplazable. Oscilan entre el anarquismo,
que condena desde el punto de vista de los principios, como
una traición al proletariado, toda participación
en el gobierno provisional revolucionario, y el marxismo,
que exige dicha participación a condición de
que la socialdemocracia ejerza una influencia dirigente en
la insurrección*. No tienen ninguna posición
independiente: ni la posición del señor Struve,
que desea llegar a un compromiso con el zarismo y que, por
este motivo, debe zafarse y andar con rodeos en la cuestión
de la insurrección, ni la posición de los anarquistas,
que condenan toda acción "desde arriba" y
toda participación en la revolución burguesa.
Los neoiskristas confunden el arreglo con el zarismo con la
victoria sobre él. Quieren participar en la revolución
burguesa. Han ido un poco más allá que Dos dictaduras
de Martínov. Se hallan incluso conformes con dirigir
la insurrección del pueblo, con tal de renunciar a
dicha dirección inmediatamente después de la
victoria (¿o acaso inmediatamente antes de la victoria?),
esto es, con tal de no aprovecharse de los frutos de la victoria
y ceder todos los frutos enteramente a la burguesía.
Y a esto lo llaman "utilizar la insurrección en
interés de la clase obrera"...
________________________________________
* Véase Proletari, núm. 3, "Sobre el gobierno
provisional revolucionario", artículo segundo.
(V. I. Lenin, Obras Completas, t. VIII. N. de la Red.)
No hay necesidad de seguir deteniéndonos en este embrollo.
Será más útil examinar el origen de dicho
embrollo en la formulación de éste, que reza
así: "Seguir siendo el partido de la oposición
revolucionaria extrema".
Nos hallamos en presencia de una
de las conocidas tesis de la socialdemocracia revolucionaria
internacional. Esta tesis es completamente acertada. Se ha
convertido en un lugar común para todos los adversarios
del revisionismo o del oportunismo en los países parlamentarios.
Ha adquirido derecho de ciudadanía como respuesta legítima
y necesaria contra el "cretinismo parlamentario",
el millerandismo, el bernsteinianismo, el reformismo italiano
a lo Turati. Nuestros buenos neoiskristas se han aprendido
esta buena tesis y la aplican celosamente de un modo completamente
inoportuno. Las categorías de la lucha parlamentaria
se incluyen en resoluciones escritas para condiciones en las
cuales no existe parlamento alguno. El concepto de "oposición",
que es el reflejo y la expresión de una situación
política en la que nadie habla seriamente de insurrección,
se traslada absurdamente a una situación en la que
la insurrección ha empezado y en la que piensan en
la dirección de la misma y hablan de ella todos los
partidarios de la revolución. El deseo de "seguir
" en la misma situación que antes, esto es, obrando
sólo "desde abajo", se expresa de un modo
pomposo y rimbombante precisamente cuando la revolución
ha planteado la cuestión de la necesidad, en caso de
victoria de la insurrección, de obrar desde arriba.
¡No, decididamente nuestros
neoiskristas no tienen suerte! Incluso cuando formulan una
tesis socialdemócrata acertada, no saben aplicarla
acertadamente. No han pensado cómo se transforman y
se convierten en su antítesis las nociones y los términos
de la lucha parlamentaria en la época en que se ha
iniciado la revolución, cuando no hay parlamento, cuando
existe la guerra civil, cuando se producen explosiones de
la insurrección. No han pensado que, en las circunstancias
de que se trata, las enmiendas se proponen por medio de las
manifestaciones en las calles, las interpelaciones se hacen
mediante las acciones ofensivas de los ciudadanos armados
y la oposición al gobierno se efectúa mediante
el derrumbamiento violento del mismo.
Del mismo modo que el famoso héroe
de nuestra épica popular repetía los buenos
consejos precisamente cuando eran inoportunos, también
nuestros admiradores de Martínov repiten las lecciones
del parlamentarismo pacífico precisamente cuando ellos
mismos comprueban el comienzo de las operaciones militares
directas. ¡No hay nada tan curioso como esta manera
de formular con aire de importancia la consigna de "oposición
extrema" en una resolución que empieza aludiendo
a la "victoria decisiva de la revolución",
a la "insurrección popular"! Reflexionad
bien, señores: ¿qué significa representar
el papel de "oposición extrema" en la época
de la insurrección? ¿Significa esto desenmascarar
el gobierno o derribarlo? ¿Significa esto votar contra
el gobierno o infligir una derrota a sus fuerzas armadas en
un combate abierto? ¿Significa esto negarse a llenar
la caja del gobierno o significa esto apoderarse por vía
revolucionaria de dicha caja para destinarla a satisfacer
las necesidades de la insurrección, al armamento de
los obreros y campesinos, a la convocatoria de la Asamblea
Constituyente? ¿No empiezan ustedes a comprender, señores,
que el concepto de "oposición extrema" no
expresa más que una acción negativa: denunciar,
votar contra, denegar? ¿Por qué es así?
Porque esta noción se refiere sólo a la lucha
parlamentaria, y esto en una época en la que nadie
se asigna como fin inmediato de la lucha la "victoria
decisiva". ¿No empiezan ustedes a comprender que
las cosas varían de un modo cardinal en este sentido
a partir del momento en que se empieza una resuelta ofensiva
en toda la línea, del pueblo políticamente oprimido,
para la lucha desesperada por la victoria?
Los obreros nos preguntan: ¿hay
que emprender enérgicamente la obra inaplazable de
la insurrección? ¿Qué hacer para que
la insurrección empezada resulte victoriosa? ¿Cómo
aprovecharse de la victoria? ¿Qué programa se
puede y se debe realizar en este caso? Los neoiskristas, que
están profundizando el marxismo, contestan: seguir
siendo el partido de la oposición revolucionaria extrema.
. . Ahora bien, ¿acaso no teníamos razón
cuando calificábamos a esos caballeros de virtuosos
del filisteísmo?
10. LAS "COMUNAS REVOLUCIONARIAS"
Y LA DICTADURA REVOLUCIONARIO DEMOCRATICA DEL PROLETARIADO
Y DE LOS CAMPESINOS
La Conferencia de los neoiskristas no se ha sostenido en la
posición anarquista a la cual había llegado
la nueva Iskra (sólo "desde abajo" y no "desde
abajo y desde arriba"). Lo absurdo de admitir la insurrección
y no admitir la victoria y la participación en el gobierno
provisional revolucionario, saltaba demasiado a la vista.
Por eso, la resolución ha introducido reservas y limitaciones
en la solución dada a la cuestión por Martínov
y Mártov. Examinemos estas reservas, expuestas en la
siguiente parte de la resolución:
"Esta táctica ("seguir siendo el partido
de la oposición revolucionaria extrema"), naturalmente,
no excluye en lo más mínimo la conveniencia
de la toma parcial, episódica del Poder y de la formación
de comunas revolucionarias en tal o cual ciudad, en tal o
cual región, con el interés exclusivo de contribuir
a la extensión de la insurrección y a la desorganización
del gobierno".
Si es así, quiere decir
que en principio se acepta la acción no sólo
desde abajo, sino también desde arriba. Quiere decir,
que la tesis sostenida en el conocido folletón de L.
Mártov en Iskra (núm. 93) se recha~a, y se reconoce
como justa la táctica del periódico Vperiod
: no sólo "desde abajo", sino también
"desde arriba".
Además, la toma del Poder
(aunque sea parcial, episódica, etc.) presupone, evidentemente,
la participación no sólo de la socialdemocracia
y no sólo del proletariado. Esta se debe a que no es
sólo el proletariado el que está interesado
en la revolución democrática y el que participa
activamente en la misma. Esto se debe a que la insurrección
es "popular", como se dice en el principio de la
resolución examinada, que en ella participan asimismo
"grupos no proletarios" (expresión de la
resolución de los conferencistas sobre la insurrección),
es decir, también la burguesía. Por consiguiente,
ha sido arrojado por la borda por la Conferencia, como lo
procuraba Vperiod, el principio según el cual toda
participación de los socialistas, junto con la pequeña
burguesía, en el gobierno provisional revolucionario,
es una traición a la clase obrera. La "traición"
no deja de ser traición por el hecho de que la acción
que la determina sea parcial, episódica, regional,
etc Por lo tanto, el equiparar la participación en
el gobierno provisional revolucionario al jauresismo vulgar
ha sido arrojado por la borda por la Conferencia, como lo
procuraba Vperiod [19]. El gobierno no deja de ser gobierno
por el hecho de que su poder se extienda no a muchas ciudades,
sino a una ciudad, no a muchas regiones, sino a una región;
como tampoco por el nombre que lleve dicho gobierno. Así,
pues, la conferencia ha desechado ese planteamiento de la
cuestión que la nueva Iskra intentó hacer desde
el punto de vista de los principios.
Veamos ahora si son razonables
las limitaciones que impone la Conferencia a la constitución,
aceptada ahora en principio, de gobiernos revolucionarios,
y a la participación en los mismos. No sabemos en qué
se diferencia el concepto de "episódico"
del concepto de "provisional". Tememos que, en este
caso, una palabra extranjera y "nueva" no sirve
aquí más que para ocultar la ausencia de una
idea clara. Esto parece "más profundo", cuando,
en realidad, sólo es más oscuro y confuso. ¿En
qué se diferencia la "conveniencia" de la
"toma" parcial "del Poder" en una ciudad
o región, de la participación en el gobierno
provisional revolucionario de todo un Estado? ¿Acaso
entre las "ciudades" no las hay tales como Petersburgo,
donde tuvo lugar el g de enero? ¿Acaso entre las regiones
no está el Cáucaso, el cual es mayor que muchos
Estados? ¿Acaso las tareas (que inquietaban en un tiempo
a la nueva Iskra ) de la intervención en todo lo referente
a las cárceles, a la policía, al Tesoro, etc.
no se plantean también ante nosotros con la "toma
del Poder" incluso en una ciudad, sin hablar ya de una
región? Nadie negará, naturalmente, si las fuerzas
son insuficientes, si el triunfo de la insurrección
no es completo si la victoria no e6 decisiva, la posibilidad
de gobiernos provisionales revolucionarios parciales, de ciudades
y otros. Pero ¿a qué viene esto, señores?
¿¿No son ustedes mismos los que hablan, en el
principio de la resolución, de la "victoria decisiva
de la revolución", de la "insurrección
popular victoriosa"?? ¿Desde cuándo los
socialdemócratas toman sobre sí la obra de los
anarquistas: dispersar la atención y los fines del
proletariado, orientarlo hacia lo "particular" y
no hacia lo general, único, integral y completo? Al
presuponer la "toma del Poder" en una ciudad, vosotros
mismos habláis de la "extensión de la insurrección"
a otra ciudad -¿nos atreveremos a pensarlo?- , a todas
las ciudades -¿será permitido esperarlo?-. Vuestras
conclusiones, señores, son tan vacilantes y casuales,
contradictorias y confusas, como vuestras premisas. El III
Congreso del P.O.S.D.R. ha dado una respuesta completa y clara
a la cuestión del gobierno provisional revolucionario
en general. Esta respuesta se extiende asimismo a todos los
gobiernos provisionales par ciales. En cambio, la respuesta
de la Conferencia, sepa rando de un modo artificial y arbitrario
una parte de la cuestión, no trata más que de
esquivar (pero sin éxito) la cuestión en su
conjunto y siembra la confusión.
¿Qué significa eso
de las "comunas revolucionarias"? ¿Se distingue
esta noción de la del "gobierno provisional revolucionario",
y en caso afirmativo, en qué? Los mismos señores
conferencistas lo ignoran. El confusionismo en la concepción
revolucionaria les conduce, como sucede habitualmente, a la
frase revolucionaria. Sí, el empleo del término
"comuna revolucionaria" en la resolución
de los representantes de la socialdemocracia es una frase
revolucionaria, y nada más. Marx condenó más
de una vez semejante frase, en la que se ocultan tras un término
"sugestivo" de un pasado caduco las tareas del porvenir
El carácter sugestivo de un término que ha desempeñado
un papel en la historia se convierte en casos semejaMes en
un oropel inútil y nocivo, en un sonajero, Nosotros
necesitamos dar a los obreros y a todo el pueblo una noción
clara e inequívoca de por qué queremos la constitución
de un gobierno provisional revolucionario, de cuáles
son precisamente las transformaciones que realizaremos si
mañana ejercemos una influencia decisiva sobre el Poder,
en caso de que la insurrección popular ya iniciada
tenga un desenlace victorioso. He aquí las cuestiones
planteadas ante los dirigentes políticos.
El III Congreso del P.O.S.D.R.
contesta a estas cuestiones con la más completa claridad,
dando un programa completo de dichas transformaciones: el
programa mínimo de nuestro Partido. Mientras que la
palabra "comuna" no da respuesta alguna y no hace
más que llenar la cabeza con conceptos difusos. . .
o con frases vacías Cuanto más cara es para
nosotros, por ejemplo, la Comuna de París de 1871,
tanto menos tolerable es que salgamos del paso aludiendo a
la misma sin examinar sus errores y sus condiciones peculiares.
Hacer esto significaría reproducir el absurdo ejemplo
de los blanquistas, ridiculizados por Engels, los cuales se
prosternaban (en 1874, en su "Manifiesto") ante
todo acto de la Comuna[20]. ¿Qué dirá
el "conferencista" al obrero cuando éste
le interrogue sobre esta "comuna revolucionaria"
de que se habla en la resolución? Le podrá decir
únicamente que en la historia se entiende por dicho
nombre un gobierno obrero que no sabía y no podía
en aquel entonces distinguir los elementos de la revolución
democrática y socialista, que confundía las
tareas de la lucha por la república con las tareas
de la lucha por el socialismo, que no supo solucionar las
tareas de una ofensiva militar enérgica contra Versalles,
que cometió el error de no apoderarse del Banco de
Francia, etc. En una palabra, tanto si os referís en
vuestra respuesta a la Comuna de París como a otra
cualquiera, vuestra respuesta será: éste fue
un gobierno al cual el nuestro no se debe parecer. ¡Buena
respuesta, ni que decir tienel ¿No atestigua esto el
verbalismo razonador huero del exegeta y la impotencia de
un revolucionario, cuando se guarda silencio sobre el programa
práctico del Partido y se empieza inoportunamente a
dar en la resolución una lección de historia?
¿No demuestra esto precisamente la existencia del error
que querían en vano imputarnos a nosotros: la confusión
de la revolución democrática y de la socialista,
entre las cuales ninguna "comuna" ha establecido
distinción?
Se presenta como fin "exclusivo" del gobierno provisional
(tan inoportunamente calificado de comuna) la extensión
de la insurrección y la desorganización del
gobierno Este término "exclusivo" elimina,
en el sentido literal de la palabra, cualquier otra tarea,
siendo una reincidencia en la absurda teoría de "sólo
desde abajo" Una eliminación semejante de otras
tareas es, una vez más, prueba de miopía e irreflexión
La "comuna revolucionaria", esto es, el Poder revolucionario
aunque no sea más que en una ciudad, deberá
ocuparse inevitablemente (aunque sea temporal, "parcial,
episódicamente") de todos los asuntos del Estado,
y, en este caso, es el colmo de lo irrazonable ocultar la
cabeza bajo el ala. Dicho Poder deberá legalizar la
jornada de ocho horas, instituir la inspección obrera
de las fábricas, organizar la instrucción general
gratuita, implantar la elegibilidad de los jueces y constituir
Comités campesinos, etc.; en una palabra, deberá
llevar a cabo, sin falta, una serie de reformas. Incluir dichas
reformas en la noción de "contribuir a la extensión
de la insurrección" significaría jugar
con las palabras y aumentar deliberadamente la oscuridad allí
donde hace falta una claridad completa.
La parte final de la resolución
neoiskrista no suministra nuevos materiales para la crítica
de las tendencias de principio del "economismo"
resucitado en nuestro Partido, pero ilustra en otro aspecto
un poco diferente lo dicho más arriba.
He aquí dicha parte:
"Sólo en un caso la socialdemocracia debería
por su iniciativa encaminar sus esfuerzos en el sentido de
adueñarse del Poder, retenerlo el mayor espacio posible
de tiempo en sus manos; a saber: en el caso de que la revolución
se extendiera a los países avanzados de la Europa occidental,
en los cuales han alcanzado ya una cierta [?] madurez las
condiciones para la realización del socialismo. En
este caso, los limitados marcos históricos de la revolución
rusa se podrían ensanchar considerablemente y aparecería
la posibilidad de entrar en la senda de las transformaciones
socialistas.
Basando su táctica en el
propósito de conservar para el Partido Socialdemócrata,
en el transcurso de todo el período revolucionario,
la situación de oposición revolucionaria extrema
con respecto a todos los gobiernos que se sucedan en el Poder
durante la revolución, la socialdemocracia podrá
prepararse del modo mejor también para la utilización
del Poder gubernamental, si éste cae [??] en sus manos".
Aquí, la idea fundamental
es la misma que ha formulado reiteradamente Vperiod, al decir
que no debemos temer (como la teme Martínov) la victoria
completa de la socialdemocracia en la revolución democrática,
esto es, la dictadura revolucionario-democrática del
proletariado y de los campesinos, pues una victoria tal nos
dará la posibilidad de levantar a Europa; y el proletariado
socialista europeo, sacudiéndose el yugo de la burguesía,
nos ayudará, a su vez, a realizar la revolución
socialista. Pero ved hasta qué punto aparece empeorada
esta idea en la exposición de los neoiskristas. No
nos detendremos en detalles, tales como el absurdo de que
el Poder puede "caer" en las manos de un partido
consciente, que considere como nociva la táctica de
la toma del Poder; que en Europa las condiciones para el socialismo
han alcanzado no una cierta madurez, sino madurez en general;
que nuestro programa de partido no conoce ninguna transformación
socialista, sino solamente la revolución socialista.
Tomemos lo principal y fundamental que distingue las ideas
de Vperiod de las de la resolución. Vperiod indicaba
al proletariado revolucionario de Rusia una misión
activa: triunfar en la lucha por la democracia y aprovecharse
de esta victoria para trasladar la revolución a Europa.
La resolución no comprende esta conexión existente
entre nuestra "victoria decisiva" (no en el sentido
neoiskrista) y la revolución en Europa, y, por esto,
no habla de los fines del proletariado, ni de las perspectivas
de su victoria, sino de una de las posibilidades en general:
"Si la revolución se extendiera. . ." Vperiod
indicaba de un modo directo y definido - y estas indicaciones
entraron en la resolución del III Congreso del P.O.S.D.R.
- cómo precisamente se puede y se debe "utilizar
el Poder gubernamental" en interés del proletariado,
teniendo en cuenta lo que se puede realizar inmediatamente,
en el grado actual del desarrollo social, y lo que es necesario
realizar primero como premisa democrática de la lucha
por el socialismo. También en este sentido la resolución
se arrastra sin remedio a la cola, al decir: "Podrá
prepararse para la utilización", sin saber decir
cómo es que puede prepararse, cómo ha de hacerlo
y en qué sentido ha de utilizar esta preparación.
No dudamos, por ejemplo, de que los neoiskristas "pueden
prepararse para la utilización" de la situación
directiva en el Partido, pero lo que hay es que hasta ahora
su experiencia de dicha utilización, su preparación
no influnden ninguna esperanza respecto a la transformación
de la posibilidad en realidad ...
Vperiod decía con exactitud
en qué consiste precisamente la "posibilidad"
real "de mantener el Poder en nuestras manos": en
la dictadura revolucionario-democrática del proletariado
y de los campesinos, en su fuerza de masa conjunta, capaz
de superar todas las fuerzas de la contra revolución,
en su coincidencia inevitable de intereses en relación
con las transformaciones democráticas. La resolución
de la Conferencia tampoco da nada positivo en este sentido,
limitándose sólo a soslayar la cuestión.
Pues la posibilidad de sostener el Poder en Rusia debe estar
condicionada por la composición de las fuerzas sociales
de Rusia misma, por las condiciones de la revolución
democrática que actualmente se está desarrollando
en nuestro país. Pues la victoria del proletariado
en Europa (y de la extensión de la revolución
a Europa hasta la victoria del proletariado hay aún
una cierta distancia) provocará una lucha contrarrevolucionaria
desesperada de la burguesía rusa; y la resolución
de los neoiskristas no dice ni una palabra sobre esta fuerza
contrarrevolucionaria, cuya importancia es evaluada en la
resolución del III Congreso del P.O.S.D.R. Si en la
lucha por la república y la democracia no pudiéramos
apoyarnos en los campesinos, además del proletariado,
el "mantener el Poder" sería entonces una
causa perdida. Si no es una causa perdida, si la "victoria
decisiva de la revolución sobre el zarismo" abre
una posibilidad tal, debemos entonces indicarla, incitar activamente
a su transformación en realidad, dar consignas prácticas,
no sólo para el caso de que la revolución pase
a Europa, sino también para que dicha extensión
se lleve a cabo. ¡Los seguidistas de la socialdemocracia,
al referirse a los "limitados marcos históricos
de la revolución rusa", no hacen más que
encubrir la concepción limitada que tienen de las tareas
de esta revolución democrática y del papel avanzado
del proletariado en esta revolución!
Una de las objeciones contra la
consigna de "dictadura revolucionario-democrática
del proletariado y de los campesinos" consiste en que
la dictadura presupone la "unidad de voluntad" (Iskra,
núm. 95), y la unidad de voluntad entre el proletariado
y la pequeña burguesía es imposible. Esta objeción
es inconsistente, porque se halla fundada en la interpretación
abstracta, "metafísica", de la noción
"unidad de voluntad". La voluntad puede estar unida
en un sentido y no unida en otro. La ausencia de unidad en
las cuestiones del socialismo y en la lucha por el socialismo
no excluye la unidad de voluntad en las cuestiones del democratismo
y en la lucha por la república. Olvidar esto significaría
olvidar la diferencia lógica e histórica entre
la revolución democrática y la revolución
socialista. Olvidar esto significaría olvidar el carácter
popular general de la revolución democrática:
si es "popular", esto significa que hay "unidad
de voluntad" precisamente en tanto en cuanto esa revolución
satisface las necesidades y las exigencias del pueblo en general.
Más allá de los límites del democratismo,
ni siquiera se puede hablar de unidad de voluntad entre el
proletariado y la burguesía campesina. La lucha de
clases entre ellos es inevitable, pero en el terreno de la
república democrática esta lucha será
la lucha popular más profunda y más vasta por
el socialismo. La dictadura revolucionario-democrática
del proletariado y de los campesinos tiene, como todo en el
mundo, su pasado y su porvenir. Su pasado es la autocracia,
el régimen de la servidumbre de la gleba, la monarquía,
los privilegios. En la lucha contra este pasado en la lucha
frente a la contrarrevolución, es posible la "unidad
de voluntad" del proletariado y de los campesinos, pues
hay unidad de intereses.
Su porvenir es la lucha contra
la propiedad privada, la lucha del obrero asalariado contra
el patrono, la lucha por el socialismo. Aquí la unidad
de voluntad es imposible[*]. Aquí nos hallamos en presencia
no del camino que va de la autocracia a la república,
sino del camino que conduce de la república democrática
pequeño-burguesa al socialismo.
Naturalmente, en la situación
histórica concreta se entrelazan los elementos del
pasado y del porvenir, se confunden uno y otro camino. El
trabajo asalariado y su lucha contra la propiedad privada
existe también bajo la autocracia, nace incluso bajo
el régimen feudal. Pero esto no nos impide en lo más
mínimo distinguir lógica e históricamente
las grandes fases del desarrollo. Pues todos nosotros contraponemos
la revolución burguesa y la socialista, todos nosotros
insistimos incondicionalmente en la necesidad de establecer
una distinción rigurosa entre las mismas, pero ¿se
puede negar que en la historia elementos aislados, particulares
de una y otra revolución se entrelazan? ¿Acaso
la época de las revoluciones democráticas en
Europa no registra una serie de movimientos socialistas y
de tentativas socialistas? ¿Y acaso la futura revolución
socialista en Europa no tendrá todavía mucho
que hacer en el sentido del democratismo?
________________________________________
* El desarrollo del capitalismo, todavía más
vasto y rápido bajo la libertad, inevitablemente pondrá
rápido fin a la unidad de voluntad tanto más
tápido cuanto con mayor rapidez sea aplastada la contrarrevolución
y la reacción.
El socialdemócrata no debe
olvidar nunca, ni por un instante, la inevitabilidad de la
lucha de clase del proletariado por el socialismo, contra
la burguesía y la pequeña burguesía más
democráticas y republicanas. Esto es indiscutible.
De esto se desprende la necesidad absoluta de un partido separado
e independiente y rigurosamente clasista de la socialdemocracia.
De aquí se desprende el carácter temporal de
nuestra consigna de "batir junto" con la burguesía,
el deber de vigilar rigurosamente "al aliado como si
se tratara de un enemigo", etc., etc. Todo esto no ofrece
tampoco la menor duda. Pero sería ridículo y
reaccionario olvidar, desconocer o menospreciar, a causa de
ello, las tareas esenciales del momento, aunque sean transitorias
y temporales. La lucha contra la autocracia es una tarea temporal
y transitoria de los socialistas, pero todo desconocimiento
o menosprecio de esa tarea equivale a traicionar al socialismo
y servir a la reacción. La dictadura revolucionario-democrática
del proletariado y de los campesinos, es indiscutiblemente
sólo una tarea transitoria y temporal de los socialistas,
pero desentenderse de esta tarea en la época de la
revolución democrática es directamente reaccionario.
Las tareas políticas concretas hay que plantearlas
en la situación concreta. Todo es relativo, todo fluye,
todo se modifica. La socialdemocracia alemana no incluye en
el programa la reivindicación de la república.
En dicho país, la situación es tal, que esta
cuestión se puede difícilmente separar en la
práctica de la cuestión del socialismo (¡si
bien con respecto a Alemania, Engels, en sus observaciones
sobre el proyecto de programa de Erfurt, en 1891, ponía
en guardia contra la tendencia a menospreciar la importancia
de la república y de la lucha por la misma![21]). En
la socialdemocracia de Rusia ni siquiera ha surgido la cuestión
de suprimir la reivindicadón de la república
del programa y de la agitación, pues en nuestro país
no se puede ni siquiera hablar de que exista un lazo indisoluble
entre la cuestión de la república y la cuestión
del socialismo. Un socialdemócrata alemán de
1898, que no colocara en primer término la cuestión
especial de la república, era un fenómeno natural
que no provocaba ni sorpresa ni censura. Un socialdemócrata
alemán, que en 1848 dejara en la sombra la cuestión
de la república, hubiera sido sencillamente un traidor
a la revolución. No existe la verdad abstracta. La
verdad es siempre concreta.
Llegará un tiempo -cuando
haya terminado la lucha contra la autocracia rusa, cuando
haya pasado para Rusia la época de la revolución
democrática -- en el que será ridículo
incluso hablar de la "unidad de voluntad" del proletariado
y de los campesinos, de la dictadura democrática, etc.
Entonces pensaremos de un modo inmediato en la dictadura socialista
del proletariado y hablaremos de ella de un modo más
detallado. Pero en la actualidad, el Partido de la clase de
vanguardia no puede dejar de aspirar del modo más enérgico
a la victoria decisiva de la revolución democrática
sobre el zarismo. Y la victoria decisiva no es otra cosa que
la dictadura revolucionario-democrática del proletariado
y de los campesinos.
O b s e r v a c i ó n [22].
1. Recordamos al lector que en la polémica de Iskra
con Vperiod, la primera aludía, entre otras cosas,
a la carta de Engels a Turati en la que Engels ponía
en guardia al jefe (futuro) de los reformistas italianos para
que no confundiese la revolución democrática
y la revolución socialista[23]. La revolución
que se avecina en Italia -- escribía Engels a propósito
de la situación política de Italia en 1894 --,
será pequeñoburguesa, democrática y no
socialista. Iskra reprochaba a Vperiod el haberse apartado
del principio establecido por Engels. Este reproche es injusto,
pues Vperiod (núm. 14)[*] reconocía plenamente
en general la justeza de la teoría de Marx sobre las
diferencias de las tres fuerzas principales de las revoluciones
del siglo XIX. Según esta teoría, actúan
contra el viejo régimen, contra la autocracia, el feudalismo
y la servidumbre 1) la gran burguesía liberal; 2) la
pequeña burguesía radical; 3) el proletariado.
La primera no lucha más que por una monarquía
constitucional; la segunda, por una república democrática,
y el tercero por una revolución socialista. La confusión
de la lucha pequeñoburguesa a favor de la revolución
democrática completa con la lucha proletaria a favor
de la revolución socialista amenaza a un socialista
con el hundimiento político. Esta advertencia de Marx
es completamente justa. Pero precisamente por esta razón
es errónea la consigna de "comunas revolucionarias",
pues las comunas que se conocen en la historia confundían
la revolución democrática y la revolución
socialista. Por el contrario, nuestra consigna de dictadura
democrática revolucionaria del proletariado y de los
campesinos nos preserva por completo de ese error. Nuestra
consigna reconoce incondicionalmente el carácter burgués
de la revolución, que no es capaz de rebasar de un
modo inmediato el marco de una revolución solamente
democrática; al propio tiempo, nuestra consigna impulsa
adelante esta revolución concreta, trata de darle las
formas más convenientes para el proletariado, trata,
por lo tanto, de aprovechar al máximo la revolución
democrática para que la lucha que ha de seguir el proletariado
por el socialismo tenga el mayor éxito.
________________________________________
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. VIII. (N.
de le Red.)
11. BREVE COMPARACION DE ALGUNAS
RESOLUCIONES DEL III CONGRESO DEL P.O.S.D.R. Y DE LA "CONFERENCIA"
La cuestión del gobierno provisional revolucionario
es el punto central de los problemas tácticos de la
socialdemocracia en el momento actual. No hay ni posibilidad
ni necesidad de detenerse tan en detalle en el resto de las
resoluciones de la Conferencia. Nos limitaremos a indicar
brevemente algunos puntos que confirman la diferencia de principios,
analizada por nosotros más arriba, en cuanto a la orientación
táctica, entre las resoluciones del III Congreso del
Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y las resoluciones
de la Conferencia.
Tomad la cuestión de la
actitud hacia la táctica del gobierno en vísperas
de la revolución. Encontraréis de nuevo una
respuesta completa a esta cuestión en la resolución
del III Congreso del P.O.S.D.R. Esta resolución tiene
en cuenta todas las diversas condiciones y tareas del momento
peculiar: el desenmascaramiento de la hipocresía de
las concesiones del gobierno, la utilización de las
"formas caricaturescas de la representación popular",
la realización revolucionaria de las reivindicaciones
imperiosas de la clase obrera (en primer lugar, la jornada
de ocho horas) y en fin, la resistencia a las centurias negras.
En las resoluciones de la Conferencia, la cuestión
está desperdigada en diversas secciones: "resistir
a las fuerzas negras de la reacción" se menciona
sólo en la exposición de motivos de la resolución
acerca de las relaciones con otros partidos. La participación
en las elecciones a las instituciones representativas es examinada
separadamente de los "compromisos" del zarismo con
la burguesía. En vez de exhortar a la implantación
por vía revolucionaria de la jornada de ocho horas,
una resolución especial titulada pomposamente "sobre
la lucha económica" no hace más que repetir
(después de palabras sonoras y muy poco inteligentes
acerca del "lugar central que ocupa la cuestión
obrera en la vida social rusa") la vieja consigna de
hacer agitación por el "establecimiento legal
de la jornada de ocho horas". La insuficiencia y el retraso
de esta consigna en el momento presente son demasiado claros
para que haya que detenerse en demostrarlos.
La cuestión de la acción
política abierta. El III Congreso tiene en cuenta un
próximo cambio radical de nuestra actividad. No se
debe abandonar de ninguna manera la actividad conspirativa
y el desarrollo del aparato conspirativo: esto sería
hacer el juego a la policía y conveniente hasta más
no poder para el gobierno. Pero ahora ya no se puede dejar
de pensar tampoco en la acción abierta. Hace falta
preparar en seguida las formas convenientes de esta acción
y, por consiguiente, aparatos especiales -- menos conspirativos
-- a este fin. Hace falta aprovechar las sociedades legales
y semilegales, para convertirlas, en lo que sea posible, en
puntos de apoyo del futuro Partido Obrero Socialdemócrata
legal de Rusia.
También en esto la Conferencia
fragmenta la cuestión sin dar ninguna consigna completa.
Resalta especialmente el ridículo encargo dado a la
Comisión de Organización, de ocuparse de la
"colocación" de los literatos legales. Es
completamente absurda la decisión de "someter
a su influencia aquellos periódicos democráticos
que se proponen como fin prestar colaboración al movimiento
obrero". Este fin se lo plantean todos nuestros periódicos
liberales legales, que siguen casi totalmente la orientación
de Osvobozhdenie. ¿Por qué la redacción
de Iskra no comienza ella misma por cumplir su consejo y no
nos da el ejemplo de cómo hay que someter a Osvobozhdenie
a la influencia socialdemócrata? En vez de la consigna
de aprovechar las asociaciones legales para la creación
de puntos de apoyo del Partido, nos dan, en primer lugar,
un consejo particular únicamente sobre los "sindicatos"
(participación obligatoria de los miembros del Partido
en ellos) y, en segundo lugar, el consejo de dirigir "las
organizaciones revolucionarias de los obreros", es decir,
"las organizaciones no reglamentadas", o sea, "los
clubs revolucionarios de los obreros". Cómo estos
"clubs" han venido a parar entre las organizaciones
no reglamentadas, qué clase de "clubs" son
éstos, Alá lo sabe. En vez de directivas exactas
y claras del organismo supremo del Partido, tenemos ante nosotros
una especie de esbozo de pensamientos y un borrador de notas
de literato. No aparece por ninguna parte el cuadro completo
del comienzo del paso del Partido a una base totalmente diferente
de todo su trabajo.
La "cuestión campesina"
es planteada de manera totalmente distinta por el Congreso
del Partido y por la Conferencia. El Congreso ha elaborado
una resolución sobre "la actitud hacia el movimiento
campesino". La Conferencia, otra sobre "el trabajo
entre los campesinos". En el primer caso, son colocadas
en primer plano las tareas de dirigir, en interés de
la lucha general nacional contra el zarismo, todo el amplio
movimiento revolucionario democrático. En el segundo,
la cosa se reduce al "trabajo" entre una capa social
determinada. En el primer caso, se plantea, como consigna
central práctica de la agitación, la creación
inmediata de comités revolucionarios campesinos para
implantar todas las transformaciones democráticas.
En el segundo, la "reivindicación de la organización
de los comités" debe ser presentada a la Asamblea
Constituyente. ¿Por qué debemos esperar necesariamente
a esta Asamblea Constituyente? ¿Será, efectivamente,
constituyente? ¿Será sólida sin la constitución
previa y simultánea de los comités campesinos
revolucionarios? Todas estas cuestiones han sido omitidas
por la Conferencia. En todas sus resoluciones se refleja,
en efecto, la idea general observada por nosotros de que en
la revolución burguesa debemos limitarnos a nuestro
trabajo especial únicamente, no planteándonos
el objetivo de dirigir todo el movimiento democrático
y de asumir la dirección nosotros mismos. Así
como los economistas insistían permanentemente en que
la lucha económica era para los socialdemócratas
y la lucha política para los liberales, así
también los neoiskristas insisten, en todo el proceso
de sus razonamientos, en que nosotros ocupemos un modesto
rincón a un lado de la revolución burguesa y
que la burguesía la realice activamente.
Por último, no se puede
menos de señalar la resolución sobre la actitud
hacia los demás partidos. La resolución del
III Congreso del P.O.S.D.R. habla de desenmascarar toda limitación
e insuficiencia del movimiento burgués de liberación
sin entregarse a la idea ingenua de enumerar de congreso en
congreso todos los posibles casos de esta limitación
y trazar una línea de demarcación entre los
burgueses buenos y los burgueses malos. La Conferencia, repitiendo
el error de Starovier, busca tenazmente este límite
y desarrolla la famosa teoría del "papel de tornasol".
Starovier partía de una idea muy buena: imponer a la
burguesía condiciones más severas. Pero sólo
olvidaba que todo intento de separar de antemano los demócratas
burgueses que merecen aprobación, que merecen que se
llegue a un acuerdo con ellos, etc. y los que no lo merecen,
conduce a una "fórmula" que el desarrollo
de los acontecimientos lanza en seguida por la borda y que
lleva la confusión a la conciencia de clase del proletariado.
El centro de gravedad se traslada de la unidad real en la
lucha a declaraciones, promesas, consignas. Starovier consideraba
que esta consigna radical era "el sufragio universal,
igual, directo y secreto". No pasaron dos años
cuando el "papel de tornasol" demostró su
ineficacia; de la consigna del sufragio universal se apropiaron
los elementos de Osvobozbdenie, más no sólo
no aproximándose por esto a la socialdemocracia, sino,
por el contrario, precisamente por medio de esta consigna
intentando llevar al equívoco a los obreros y apartarlos
del socialismo.
Ahora, los neoiskristas presentan
"condiciones" aún más "severas",
"exigen" de los enemigos del zarismo "apoyar
de una manera enérgica e inequivoca (!?) toda acción
decisiva del proletariado organizado", etc., e incluso
hasta "una participación activa en la causa de
armar al pueblo". La línea de demarcación
ha sido llevada mucho más allá, y, a pesar de
todo, ya ha quedado anticuada otra vez, ha demostrado inmediatamente
ser inservible. ¿Por qué, por ejemplo, falta
la consigna de la república? ¿Cómo es
que, en interés de la "guerra revolucionaria implacable
contra todos los fundamentos del régimen monárquico
y de casta", los socialdemócratas "exigen"
de los demócratas burgueses todo lo que queráis,
menos la lucha por la república?
Que esto no son ganas de enredar,
que el error de los neoiskristas tiene la importancia política
más vital, lo demuestra la Unión de Emancipación
de Rusia (véase el núm. 4 de Proletari )[*].
Estos "enemigos del zarismo" cabrán completamente
dentro de las "reivindicaciones" de los neoiskristas.
Pero nosotros hemos demostrado que el espíritu de Osvobozhdenie
reina en el programa (o en la falta de programa) de esta Unión
de Emancipación de Rusia y que las gentes de Osvobozhdenie
pueden llevarla a remolque con facilidad. Sin embargo, la
Conferencia declara al final de la resolución que "la
socialdemocracia seguirá actuando como contra falsos
amigos del pueblo contra todos aquellos partidos políticos
que, enarbolando la bandera liberal y democrática,
se niegan a ayudar efectivamente a la lucha revolucionaria
del proletariado". La Unión de Emancipación
de Rusia no sólo no rechaza, sino que ofrece con celo
esta ayuda. ¿Es esto una garantía de que sus
jefes no sean "falsos amigos del pueblo" aunque
pertenezcan a Osvobozhdenie?
Ya lo veis: presentando de antemano
"condiciones" y planteando "reivindicaciones",
cómicas por su temible impotencia, los neoiskristas
se colocan en el acto en situación ridicula Sus condiciones
y reivindicaciones se demuestran inmediatamente como insuficientes
para apreciar la realidad
________________________________________
* En el núm. 4 de Proletari, aparecido el 4 de junio
de 1905, ha sido publicado un extenso artículo titulado
"Nueva Unión Obrera Revolucionaria" (Véase
V. I. Lenin, Obras Completas, t. VIII. -- N. de la Red.).
En el artículo se da a conocer el contenido del llamamiento
de esta Unión que ha tomado el nombre de Unión
de Emancipación de Rusia y que se plantea como objetivo
convocar, con avuda de la insurrección armada, la Asamblea
Constituvente. Más adelante, en el artículo
se define la actitud de la socialdemocracia hacia estas asociaciones
sin partido. No sabemos en absoluto en qué medida fue
real dicha Unión y cuál fue su suerte en la
revolución. (Nota de Lenin para la edición de
1907. N. de la Red.)
viva. Su afán por las fórmulas
es vano, ya que ninguna fórmula es capaz de captar
todas y cada una de las manifestaciones de la hipocresía,
la inconsecuencia y la mezquindad de la democracia burguesa.
La cuestión no consiste en el "papel de tornasol",
ni en formas, ni en reivindicaciones escritas e impresas,
ni en distinguir de antemano los falsos y verdaderos "amigos
del pueblo", sino en la unidad real de la lucha, en la
crítica persistente, por parte de los socialdemócratas,
de todo paso "vacilante" de la democracia burguesa.
Para la "cohesión auténtica de todas las
fuerzas sociales interesadas en la reorganización democrática"
no hacen falta los "puntos" sobre los cuales ha
trabajado la Conferencia con tanto tesón y tan inútilmente,
sino el saber lanzar consignas verdaderamente revolucionarias.
Para esto son necesarias consignas que eleven hasta el nivel
del proletariado a la burguesía revolucionaria y republicana,
y no que rebajen las tareas del proletariado hasta el nivel
de la burguesía monárquica. Para esto es necesaria
la participación más enérgica en la insurrección
y no oponer reservas basadas en verbalismo razonador a la
tarea inaplazable de la insurrección armada.
12. ¿SERA MENOR LA ENVERGADURA
DE LA REVOLUCION DEMOCRATICA SI LA BURGUESIA LE VUELVE LA
ESPALDA?
Estaban ya escritas las líneas precedentes, cuando
hemos recibido las resoluciones de la Conferencia caucasiana
de los neoiskristas publicadas en Iskra. Pour la bonne bouche
(para postre), no podíamos imaginar una mejor documentación.
La redacción de Iskra observa
con razón: "En la cuestión fundamental
de la táctica, la Conferencia caucasiana ha adoptado
asimismo una decisión análoga [¡es verdad!]
a la tomada por la Conferencia de toda Rusia" [es decir,
la neoiskrista]. "La cuestión de la actitud de
la socialdemocracia con respecto al gobierno provisional revolucionario
ha sido resuelta por los camaradas caucasianos en el sentido
de la actitud más negativa ante el nuevo método
preconizado por el grupo Vperiod y por los delegados al llamado
Congreso que se adhirieron a dicho grupo". "Hay
que reconocer como muy afortuneda la formulación que
la Conferencia ha dado de la táctica del Partido proletario
en la revolución burguesa".
Lo que es verdad, es verdad Nadie
hubiera podido dar una formulación más "afortunada"
del error capital de los neoiskristas. Vamos a citar esta
formulación completa, destacando primeramente entre
paréntesis las flores y luego los frutos presentados
al final.
Resolución de la Conferencia
caucasiana de los neoiskristas sobre el gobierno provisional:
"Considerando que nuestra tarea consiste en utilizar
el momento revolucionario para profundizar [¡si, naturalmente,
sólo que habría que agregar: a la manera de
Martínov!] la conciencia socialdemócrata del
proletariado [¿únicamente para profundizar la
conciencia y no para conquistar la re pública? ¡Qué
"profunda" comprensión de la revolución!],
la Conferencia, con el fin de garantizar al Partido la más
completa libertad de crítica con relación al
régimen estatal burgués naciente [¡nuestra
misión no es garantizar la república! Nuestra
misión es únicamente garantizar la libertad
de crítica. Las ideas anarquistas engendran el lenguaje
anarquista: ¡el régimen "estatal burgués"!],
se declara contra la formación de un gobierno provisional
socialdemócrata y contra la entrada en el mismo [acordaos
de la resolución de los bakuninistas que cita Engels
adoptada diez meses antes de la revolución española;
véase: Proletari, núm. 3[24]] y juzga que lo
más conveniente es ejercer desde fuera [desde abajo
y no desde arriba] una presión sobre el gobierno provisional
burgués para democratizar tanto como sea posible [?!]
el régimen estatal La Conferencia estima que la formación
de un gobierno provisional por los socialdemócratas,
o su entrada en este gobierno, de un lado, alejaría
del Partido Socialdemócrata a las grandes masas del
proletariado, a las que el Partido habría decepcionado,
pues la socialdemocracia, a pesar de la toma del Poder, no
podría satisfacer las necesidades vitales de la clase
obrera, comprendida la realización del socialismo [¡la
república no es una necesidad vital! ¡Los autores
no advierten, en su inocencia, que emplean un lenguaje puramente
anarquista, como si se negasen a tomar parte en las revoluciones
burguesas!] y, de otro lado, o b l i g e r í a a l
a s c l a s e s b u r g u e s a s a d a r l a e s p a l d
a a l a r e v o l u c i ó n y c o n e l l o d i s m
i n u i r í a s u a l c a n c e ".
He aquí el nudo de la cuestión.
He aquí donde las ideas anarquistas se entretejen (como
les ocurre continuamente también a los bernsteinianos
de Europa occidental) con el más puro oportunismo.
Solamente figuraos: ¡no entrar en el gobierno provisional
porque esto obligaría a la burguesía a volver
la espalda a la revolución y disminuiría así
el al chance de la revolución! Tenemos ya, pues, aquí
ante nosotros, por entero, en su aspecto puro y consecuente,
esa filosofía neoiskrista según la cual, puesto
que la revolución es burguesa, debemos inclinarnos
ante la vulgaridad burguesa y cederle la acera. Si nos dejamos
guiar, siquiera parcialmente, siquiera un minuto, por esta
consideración de que nuestra participación puede
obligar a la burguesía a dar la espalda a la revolución,
cedemos, a consecuencia de ello, totalmente la hegemonía
en la revolución a las clases burguesas. Entregamos
así enteramente el proletariado a la tutela de la burguesía
(¡¡reservándonos la plena "libertad
de crítica"!!), obligando al proletariado a ser
moderado y dulce para evitar que la burguesía vuelva
la espalda. Castramos las necesidades más vitales del
proletariado, precisamente sus necesidades políticas,
que nunca han comprendido bien los economistas y sus epígonos,
las castramos para que la burguesía no vuelva la espalda.
Pasamos totalmente del terreno de la lucha revolucionaria
por la realización del democratismo en los límites
necesarios al proletariado, al terreno del regateo con la
burguesía, comprando, mediante nuestra traición
a los principios, mediante la traición a la revolución,
el consentimiento benévolo de la burguesía ("para
que no vuelva la espalda").
En dos breves líneas, los
neoiskristas del Cáucaso han sabido expresar toda la
esencia de su táctica de traición a la revolución,
de conversión del proletariado en un miserable apéndice
de las clases burguesas. Lo que hemos deducido más
arriba de los errores de los neoiskristas como una tendencia
se erige ahora ante nosotros en un principio claro y determinado:
¡a la cola de la burguesía monárquica!
Puesto que la realización de la república obligaría
(y obliga ya: ejemplo, el señor Struve) a la burguesía
a volver la espalda a la revolución, pues bien, ¡abajo
la lucha por la república! Puesto que toda reivindicación
democrática del pro letariado sostenida enérgicamente
y llevada hasta el fin obliga siempre y en todas partes del
mundo a la burguesía a volver la espalda, pues bien,
escondeos en vuestros agujeros, camaradas obreros, obrad solamente
desde fuera, no penséis en utilizar para la revolución
las armas y los procedimientos del régimen "estatal
burgués" y conservad vuestra "libertad de
crítica"!
Aquí se manifiesta el error
fundamental en la comprensión misma del término
"revolución burguesa". La "comprensión"
Martínoviana o neoiskrista del mismo lleva directamente
a traicionar la causa del proletariado a favor de la burguesía.
Quien haya olvidado el antiguo
economismo, quien no lo estudie y no se acuerde de él,
difícilmente podrá comprender tampoco la actual
reincidencia en el economismo. Recordad el "Credo"[25]
bernsteiniano. De los puntos de vista y de los programas "puramente
proletarios", esas gentes han deducido la conclusión
siguiente: para nosotros, socialdemócratas, la economía,
la verdadera acción obrera, la libertad de criticar
toda politiquería, la verdadera profundización
de la labor socialdemócratas; para ellos, para los
liberales, la política. Dios nos libre de caer en el
"revolucionismo"; esto obligaría a la burguesía
a volver la espalda. Quien relea por entero el "Credo",
o bien el suplemento especial al número 9 de Rabóchaia
Misl [26] (septiembre de 1899), verá todo el curso
de este razonamiento.
¡Ahora ocurre lo mismo, pero
en gran escala, aplicado al enjuiciamiento de toda la "gran"
revolución rusa, envilecida ¡ay! de antemano
y rebajada al nivel de su caricatura por los teóricos
del filisteísmo ortodoxo! Para nosotros, socialdemócratas,
la libertad de crítica, el profundizamiento de la conciencia,
la acción desde fuera. Para ellos, para las clases
burguesas, la libertad de acción, el campo libre para
su dirección revolucionaria (leed: liberal), la libertad
de realización de "reformas" desde arriba.
Estos vulgarizadores del marxismo
no han meditado jamás las palabras de Marx sobre la
necesidad de reemplazar las armas de la crítica por
la crítica de las armas[27]. Invocando en vano el nombre
de Marx, de hecho elaboran resoluciones tácticas absolutamente
en el espíritu de los charlatanes burgueses de Francfort
que criticaban libremente el absolutismo, profundizaban la
conciencia democrática y no comprendian que el tiempo
de la revolución es el tiempo de la acción,
de la acción tanto desde arriba como desde abajo. Al
convertir el marxismo en verbalismo razonador, han hecho de
la ideología de la clase de vanguardia, de la clase
revolucionaria más decidida y enérgica una ideología
de los sectores menos desarrollados de esta clase, los cuales
esquivan las difíciles tareas democrático-revolucionarias
y confían estas tareas democráticas a los señores
Struve.
Si a consecuencia de la entrada
de la socialdemocracia en el gobierno revolucionario, las
clases burguesas vuelven la espalda a la causa de la revolución,
"dismínuirán con ello su alcance".
¿Lo oís, obreros
rusos? El alcance de la revolución será mayor
si la hacen -- a menos que los socialdemócratas no
les hagan volver la espalda -- los señores Struve,
que quieren no obtener la victoria sobre el zarismo, sino
pactar con él ¡El alcance de la revolución
será mayor si, de los dos desenlaces posibles señalados
más arriba por nosotros, es el primero el que se realiza,
es decir, si la burguesía monárquica llega a
entenderse con la autocracia sobre la base de una "constitución"
a lo Shípov!
Los socialdemócratas, que
en resoluciones destinadas a servir de directiva para todo
el Partido, escriben cosas tan vergonzosas, o que aprueban
esas "afortunadas" resoluciones, están hasta
tal punto obcecados por el verbalismo razonador que ha despojado
de toda vida al marxismo, que no ven cómo esas resoluciones
convierten en frases vacías todas sus otras palabras
excelentes. Tomad cualquier artículo de Iskra, tomad
incluso el famoso folleto de nuestro ilustre Martínov
y encontraréis en ellos divagaciones sobre la insurrección
popular, sobre la necesidad de llevar la revolución
hasta el fin, sobre la aspiración a apoyarse en las
capas profundas del pueblo en la lucha contra la burguesía
inconsecuente. Pero todas estas cosas buenas se convierten
en frases miserables desde el momento en que adoptáis
o aprobáis la idea de que el "alcance de la revolución
disminuirá" si la burguesía se desentiende
de ella. Una de dos, señores: o bien debemos aspirar
a hacer la revolución con el pueblo y obtener una victoria
completa sobre el zarismo, a pesar de la burguesía
inconsecuente, egoísta y cobarde, o bien no admitimos
este "a pesar", tememos que la burguesía
"vuelva la espalda" y entonces entregamos al proletariado
y al pueblo en manos de esta misma burguesía inconsecuente,
egoísta y cobarde.
No tratéis de interpretar
mis palabras a vuestra manera. No gritéis que se os
acusa de traición consciente. No; habéis tendido
siempre a hundiros, y estáis ahora hundidos en la charca,
con la misma inconsciencia con que los antiguos economistas
resbalaban irresistible e irremediablemente por la pendiente
del "profundizamiento" del marxismo hasta el "raciocinio"
antirrevolucionario, sin alma y sin vida.
¿De qué fuerzas sociales
reales depende el "alcance de la revolución"?
¿Habéis pensado en ello, señores? Dejemos
de lado las fuerzas de la política exterior y de las
combinaciones internacionales, que se vuelven ahora completamente
en nuestro favor, pero de las cuales todos nosotros hacemos
caso omiso en nuestro examen, y lo hacemos con toda razón,
puesto que de lo que se trata es de las fuerzas interiores
de Rusia. Examinad estas fuerzas sociales interiores. Contra
la revolución se alzan la autocracia, la corte, la
policía, los funcionarios, el ejército y el
pequeño grupito de la alta aristocracia. Cuanto más
profunda es la indignación en el pueblo, menos seguro
es el ejército, más aumenta la vacilación
entre los funcionarios. Por otra parte, la burguesía,
en su conjunto, está ahora por la revolución,
y prueba su celo pronunciando discursos sobre la libertad,
hablando cada vez con mayor frecuencia en nombre del pueblo
e incluso en nombre de la revolución [*]. Pero todos
nosotros, marxistas, sabemos por la teoría y observamos
cada día y a cada hora, en el ejemplo de nuestros liberales,
de las gentes de los "zemstvos" y de Osvobozhdenie,
que la burguesía está por la revolución
de una manera inconsecuente, egoísta y cobarde. La
burguesía en su inmensa mayoría se volverá
inevitablemente del lado de la contrarrevolución, del
lado de la autocracia contra la revolución, contra
el pueblo, en cuanto sean satisfechos sus intereses estrechos
y egoístas, en cuanto "dé la espalda"
al democratismo consecuente (¡y ya ahora le da la espalda!
). Queda "el pueblo", es decir, el proletariado
y los campesinos: sólo el proletariado es capaz de
ir seguro hasta el fin, pues va mucho más allá
de la revolución democrática. Por eso, el proletariado
lucha en vanguardia por la república, rechazando con
desprecio los consejos necios e indignos de él de quienes
le dicen que tenga cuidado de no asustar a la burguesía.
Entre los campesinos hay, al lado de los elementos
________________________________________
* En este sentido, es interesante la carta abierta del señor
Struve a Jaurès, publicada recientemente por este último
en L'Humanité [28] y por el señor Struve en
Osvobozhdenie, núm.
pequeñoburgueses, una masa
de elementos semiproletarios. Esto les hace ser también
inestables, obligando al proletariado a fundirse en un partido
rigurosamente de clase. Pero la inestabilidad de los campesinos
es radicalmente distinta de la inestabilidad de la burguesía;
pues, en este momento concreto, los campesinos se hallan menos
interesados en que se mantenga indemne la propiedad privada
que en arrebatar a los terratenientes sus tierras, que son
una de las principales formas de aquella propiedad. Sin convertirse
por ello en socialistas ni dejar de ser pequeños burgueses,
los campesinos son susceptibles de actuar como los más
perfectos y radicales partidarios de la revolución
democrática. Los campesinos procederán invariablemente
así, siempre y cuando la marcha de los acontecimientos
revolucionarios que los alecciona no se interrumpa demasiado
pronto por la traición de la burguesía y la
derrota del proletariado. Los campesinos se convertirán
invariablemente, bajo dichas condiciones, en un baluarte de
la revolución y de la república, ya que sólo
una revolución plenamente victoriosa puede darle al
campesino, en materia de reforma agraria, todo cuanto el campesino
quiere, con lo que sueña y lo que necesita realmente
(no para destruir el capitalismo, como se figuran los "socialrevolucionarios",
sino) para salir de la abyección de la semiservidumbre,
de las tinieblas del embrutecimiento y del servilismo, para
mejorar sus condiciones de existencia, en la medida en que
esto es posible en el marco de la economía mercantil.
Hay más aún. Los
campesinos se hallan vinculados a la revolución no
solamente por la transformación agraria radical, sino,
además, por todos sus intereses generales y permanentes.
Incluso en la lucha contra el proletariado, el campesino tiene
necesidad de la democracia, pues sólo el régimen
democrático es capaz de expresar exactamente sus intereses
y de darle la preponderancia como masa, como mayoría.
Cuanto más instruido sea el campesino (y después
de la guerra con el Japón se instruye con una rapidez
que muchos ni siquiera sospechan, habituados como están
a medir la instrucción únicamente con el rasero
escolar), de un modo tanto más consecuente y decidido
estará a favor de la revolución democrática
completa, porque no tiene miedo, como la burguesía,
a la soberanía del pueblo; por el contrario, ve en
ella una ventaja. La república democrática se
convertirá en su ideal en cuanto comience a librarse
de su monarquismo ingenuo, pues el monarquismo consciente
de la burguesía traficante (con su Cámara alta,
etc.) promete al campesino la misma ausencia de derechos,
el mismo embrutecimiento, la misma ignorancia, ligeramente
teñidos de un barniz constitucional a la europea.
He aquí por qué la
burguesía, como clase, tiende natural e inevitablemente
a esconderse bajo el ala del partido liberal monárquico,
y los campesinos, como masa, tienden a colocarse bajo la dirección
del partido revolucionario y republicano. He aquí por
qué la burguesía no es capaz de llevar la revolución
democrática hasta el fin, mientras que los campesinos
son capaces de llevar la revolución hasta el fin, y
nosotros debemos ayudarles en esto con todas nuestras fuerzas.
Se me objetará: no hay necesidad
de probar esto; es el abecé; todos los socialdemócratas
lo comprenden perfectamente No; eso no lo comprenden los que
son capaces de hablar de la "disminución del alcance"
de la revolución en el caso de que la burguesía
se aparte de ella. Esas gentes repiten frases de nuestro programa
agrario, aprendidas de memoria, pero sin comprender su sentido;
pues, de otro modo, no tendrían miedo a la idea de
la dictadura revolucionario-democrática del proletariado
y de los campesinos, que se desprende necesariamente de toda
la concepción marxista y de nuestro programa; de otro
modo, no limitarían el alcance de la gran revolución
rusa al alcance que pretende darle la burguesía. Esas
gentes aplastan sus frases marxistas revolucionarias abstractas
con el peso de sus resoluciones concretas, antimarxistas y
antirrevolucionarias.
Quien comprende verdaderamente
cuál es el papel de los campesinos en la revolución
rusa victoriosa, será incapaz de decir que el alcance
de la revolución se reduce si la burguesía le
vuelve la espalda, pues, en realidad, la revolución
rusa no comenzará a adquirir su verdadero alcance,
no comenzará a adquirir realmente la mayor envergadura
posible en la época de la revolución democrático-burguesa,
hasta que la burguesía no le vuelva la espalda y el
elemento revolucionario activo sea la masa campesina, en unión
con el proletariado. Para ser llevada consecuentemente hasta
su término, nuestra revolución democrática
debe apoyarse en fuerzas capaces de contrarrestar la inevitable
inconsecuencia de la burguesía (es decir, capaces precisamente
de "obligarla a volver la espalda", lo que temen,
en su simplicidad, los partidarios caucasianos de Iskra ).
El proletariado debe llevar a término
la revolución democrática, atrayéndose
a la masa de los campesinos, para aplastar por la fuerza la
resistencia de la autocracia y paralizar la inestabilidad
de la burguesía. El proletariado debe llevar a cabo
la revolución socialista, atrayéndose a la masa
de los elementos semiproletarios de la población, para
des trozar por la fuerza la resistencia de la burguesía
y paralizar la inestabilidad de los campesinos y de la pequeña
burguesía. Tales son las tareas del proletariado, que
los partidarios de nueva Iskra conciben de un modo tan estrecho
en todos sus razonamientos y resoluciones sobre la amplitud
de la revolución.
Sólo que no hay que olvidar una circunstancia que se
pierde frecuentemente de vista cuando se discurre sobre esta
"envergadura". No hay que olvidar que no hablamos
aquí de las dificultades del problema, sino de la vía
en la cual hay que buscar y procurar su solución. No
se trata de que sea fácil o difícil hacer que
el alcance de la revolución sea potente e invencible,
sino de cómo hay que proceder para que su alcance sea
mayor. El desacuerdo se refiere precisamente al carácter
fundamental de la actividad, de su misma orientación.
Lo subrayamos, porque gentes negligentes o poco escrupulosas
confunden con harta frecuencia dos cuestiones diferentes:
la cuestión del camino a seguir, es decir, de la elección
entre dos caminos diferentes, y la cuestión de la facilidad
o de la proximidad del fin a alcanzar por el camino emprendido.
No nos hemos referido a esta última
cuestión en la exposición precedente, porque
dicha cuestión no ha suscitado desacuerdos y divergencias
en el seno de nuestro Partido. Pero, naturalmente, la cuestión
es en sí sumamente importante y digna de la mayor atención
por parte de todos los socialdemócratas. Sería
de un optimismo imperdonable olvidar las dificultades que
suponc el incorporar al movimiento no sólo a la masa
de la clase obrera, sino también a la masa campesina.
Contra estas dificultades precisamente se han estrellado más
de una vez los esfuerzos realizados para llevar hasta el fin
la revolución democrática, con la particularidad
de que ha triunfado lo más frecuentemente la burguesía
más inconsecuente y más egoísta, que
"obtenía capital" de la defensa que la monarquía
le aseguraba contra el pueblo y, al mismo tiempo, "conservaba
la inocencia" del liberalismo. . . o de la tendencia
de Osvobozhdenie. Pero dificultad no es imposibilidad de realización.
Lo que importa es estar seguros de haber elegido el buen camino,
y esta seguridad centuplica la energía revolucionaria
y el entusiasmo revolucionario, que son capaces de realizar
milagros.
El grado de profundidad del desacuerdo
existente entre los socialdemócratas de nuestros días,
a propósito de la elección del camino a seguir,
aparece en seguida con evidencia cuando se compara la resolución
de los neoiskristas caucasianos con la del III Congreso del
Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. La resolución
del Congreso declara: la burguesía es inconsecuente,
tratará sin falta de arrancarnos las conquistas de
la revolución. Por lo tanto, preparaos más enérgicamente
a la lucha, camaradas obreros, armaos, atraed a vuestro lado
a los campesinos. No cederemos sin combate a la burguesía
egoísta nuestras conquistas revolucionarias. La resolución
de los neoiskristas caucasianos dice: la burguesía
es inconsecuente, puede volver la espalda a la revolución.
Por eso, camaradas obreros: ¡no penséis, por
favor, en participar en el gobierno provisional; pues, en
este caso, la burguesía volverá seguramente
la espalda, y el alcance de la revolución, por tanto,
será menor!
Los unos dicen: impulsad la revolución hacia adelante,
hasta el fin, a pesar de la resistencia o de la pasividad
de la burguesía inconsecuente.
Los otros dicen: no penséis en llevar la revolución
hasta el fin de una manera independiente; pues, entonces,
la burguesía inconsecuente le volverá la espalda.
¿Es que no nos hallamos
en presencia de dos rutas diametralmente opuestas? ¿No
es evidente que una táctica excluye absolutamente la
otra y que la primera es la única táctica acertada
de la socialdemocracia revolucionaria, mientras que la segunda
es, en el fondo, una táctica puramente en el espíritu
de Osvobozhdenie?
Notas:
(*) EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS
Pekín 1976
Primera edición 1973
(2a impresión 1976)
Continúa