Viene
de La Dictadura del Proletariado. En Esta Sección Parte
Tres: La Cuestión Campesina.
V
LA CUESTION CAMPESINA
Analizaré cuatro cuestiones de
este tema:
a) planteamiento de la cuestión;
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* Subrayado por mí. J. St.
pág. 53
b) el campesinado durante la revolución democrático-burguesa;
c) el campesinado durante la revolución
proletaria;
d) el campesinado después de
la consolidación del Poder Soviético.
1) Planteamiento de la cuestión.
Algunos piensan que lo fundamental en el leninismo es la cuestión
campesina, que el punto de partida del leninismo es la cuestión
del campesinado, de su papel, de su peso específico. Esto
es completamente falso. La cuestión fundamental del leninismo,
su punto de partida, no es la cuestión campesina, sino
la cuestión de la dictadura del proletariado, de las condiciones
en que ésta se conquista y de las condiciones en que se
consolida. La cuestión campesina, como cuestión
del aliado del proletariado en su lucha por el Poder, es una cuestión
derivada.
Sin embargo, esta circunstancia no reduce
en lo más mínimo la grande y candente importancia
que tiene, sin duda, esta cuestión para la revolución
proletaria. Es sabido que, entre los marxistas rusos, la cuestión
campesina empezó a estudiarse a fondo en vísperas
precisamente de la primera revolución (1905), cuando el
derrocamiento del zarismo y la realización de la hegemonía
del proletariado se plantearon en toda su magnitud ante el Partido
y la cuestión del aliado del proletariado en la revolución
burguesa inminente adquirió un carácter palpitante.
Es sabido también que la cuestión campesina cobró
en Rusia mayor actualidad todavía durante la revolución
proletaria, cuando la cuestión de la dictadura del proletariado,
de su conquista y de su mantenimiento planteó el problema
de los aliados del proletariado en la revolución proletaria
inminente. Es comprensible: quien marcha hacia el Poder y se prepara
para él, no puede dejar de interesarse por el proble ma
de sus verdaderos aliados.
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En este sentido, la cuestión campesina es una parte de
la cuestión general de la dictadura del proletariado y,
como tal, una de las cuestiones más palpitantes del leninismo.
La indiferencia, e incluso la actitud
francamente negativa de los partidos de la II Internacional ante
la cuestión campesina, no se debe sólo a las condiciones
específicas del desarrollo en el Occidente. Se debe, ante
todo, a que esos partidos no creen en la dictadura del proletariado,
temen la revolución y no piensan en llevar el proletariado
al Poder. Y quien teme la revolución, quien no quiere llevar
a los proletarios al Poder no puede interesarse por la cuestión
de los aliados del proletariado en la revolución; para
esa gente, la cuestión de los aliados es una cuestión
sin importancia, sin ninguna actualidad. Los héroes de
la II Internacional consideran su actitud irónica hacia
la cuestión campesina como de buen tono, como marxismo
"auténtico". En realidad, esta actitud no tiene
ni un ápice de marxismo, pues la indiferencia ante una
cuestión tan importante como la campesina, en vísperas
de la revolución proletaria, es el reverso de la negación
de la dictadura del proletariado, un síntoma indudable
de franca traición al marxismo.
La cuestión se plantea así:
¿están ya agotadas las posibilidades revolucionarias
que, como resultado de determinadas condiciones de su existencia,
encierra en su seno la masa campesina o no lo están? Y,
si no lo están, ¿hay la esperanza de aprovechar
estas posibilidades para la revolución proletaria, de convertir
al campesinado, a su mayoría explotada, de reserva de la
burguesía, como lo fue durante las revoluciones burguesas
del Occidente y lo sigue siendo en la actualidad, en reserva del
proletariado, en aliado de éste?, ¿hay fundamento
para ello?
El leninismo da a esta pregunta una
respuesta afirmativa, es decir, reconoce la existencia de una
capacidad revolucio-
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naria en la mayoría de los campesinos
y la posibilidad de aprovechar esa capacidad en interés
de la dictadura del proletariado.
La historia de tres revoluciones en
Rusia confirma plenamente las conclusiones del leninismo a este
respecto.
De aquí la conclusión
práctica de apoyar a las masas trabajadoras del campo en
su lucha contra el sojuzgamiento y la explotación, en su
lucha por redimirse de la opresión y de la miseria. Esto
no significa, naturalmente, que el proletariado deba apoyar todo
movimiento campesino. Debe apoyar, concretamente, los movimientos
y las luchas de los campesinos que contribuyan directa o indirectamente
al movimiento de liberación del proletariado, que, de una
u otra forma, lleven el agua al molino de la revolución
proletaria, que contribuyan a convertir a los campesinos en reserva
y aliado de la clase obrera.
2) El campesinado durante la revolución
democrático-burguesa. Este período se extiende de
la primera revolución rusa (1905) a la segunda (febrero
de 1917) inclusive. El rasgo característico de este período
consiste en que los campesinos se emancipan de la influencia de
la burguesía liberal, en que los campesinos se apartan
de los demócratas constitucionalistas, en que viran hacia
el proletariado, hacia el Partido Bolchevique. La historia de
este período es la historia de la lucha entre los demócratas
constitucionalistas (burguesía liberal) y los bolcheviques
(proletariado) por conquistar a los campesinos. La suerte de esta
lucha la decidió el período de las Dumas, pues el
período de las cuatro Dumas fue para los campesinos una
lección palmaria, y esa lección les hizo ver con
toda nitidez que de manos de los demócratas constitucionalistas
no recibirían ni la tierra ni la libertad, que el zar se
hallaba por entero al lado de los terratenientes y que los demócratas
cons-
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titucionalistas apoyaban al zar; que
la única fuerza con cuya ayuda podrían contar eran
los obreros de la ciudad, el proletariado. La guerra imperialista
no hizo más que confirmar la lección del período
de las Dumas, apartando definitivamente a los campesinos de la
burguesía, aislando definitivamente a la burguesía
liberal, pues los años de guerra demostraron qué
vano y qué ilusorio era esperar la paz de manos del zar
y de sus aliados burgueses. Sin las palmarias enseñanzas
del período de las Dumas hubiera sido imposible la hegemonía
del proletariado.
Así fue como se llegó
a la alianza de los obreros y los campesinos en la revolución
democrático-burguesa. Así fue como se llegó
a la hegemonía (dirección) del proletariado en la
lucha conjunta por el derrocamiento del zarismo, hegemonía
que llevó a la revolución de febrero de 1917.
Las revoluciones burguesas del Occidente
(Inglaterra, Francia, Alemania, Austria) siguieron, como es sabido,
otro camino. Allí, la hegemonía no perteneció
al proletariado, que, por su debilidad, no era ni podía
ser una fuerza política independiente, sino a la burguesía
liberal. Allí, los campesinos no obtuvieron su liberación
del régimen de servidumbre de manos del proletariado, poco
numeroso y no organizado, sino de manos de la burguesía.
Allí, los campesinos marchaban contra el antiguo orden
de cosas al lado de la burguesía liberal. Allí,
los campesinos eran una reserva de la burguesía. Allí,
la revolución se tradujo, por las causas señaladas,
en un enorme aumento del peso político de la burguesía.
En Rusia, por el contrario, la revolución
burguesa tuvo resultados diametralmente opuestos. En Rusia, la
revolución no se tradujo en el fortalecimiento, sino en
el debilitamiento de la burguesía como fuerza política;
no aumentó sus reservas políticas, sino que le hizo
perder su reserva fundamental: el
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campesinado. En Rusia, la revolución
burguesa no colocó en primer plano a la burguesía
liberal, sino al proletariado revolucionario, agrupando en torno
a éste a los millones y millones de campesinos.
A ésta, entre otras razones,
se debe el que la revolución burguesa en Rusia se transformase,
en un plazo relativamente breve, en revolución proletaria.
La hegemonía del proletariado fue el germen de su dictadura,
el peldaño que llevó hasta ella.
¿A qué se debe este fenómeno
peculiar de la revolución rusa, este fenómeno sin
precedente en la historia de las revoluciones burguesas del Occidente?
¿Cuál es el origen de esta peculiaridad?
Se debe a que la revolución burguesa
tuvo lugar en Rusia en condiciones de un mayor desarrollo de la
lucha de clases que en el Occidente, a que el proletariado ruso
constituía ya, a la sazón, una fuerza política
independiente, mientras que la burguesía liberal, asustada
por el espíritu revolucionario del proletariado, había
perdido todo tinte revolucionario (particularmente después
de las enseñanzas de 1905) y había virado hacia
una alianza con el zar y con los terratenientes contra la revolución,
contra los obreros y los campesinos.
Conviene fijar la atención en
las siguientes circunstancias, que determinaron el carácter
peculiar de la revolución burguesa rusa:
a) La extraordinaria concentración
de la industria rusa en vísperas de la revolución.
Es sabido, por ejemplo, que el 54% de todos los obreros de Rusia
trabajaban en empresas de más de 500 obreros, mientras
que en un país tan desarrollado como los Estados Unidos
sólo trabajaban en empresas análogas el 33% de los
obreros. No creo que sea necesario demostrar que ya esta sola
circunstancia, unida a la existencia de un partido
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tan revolucionario como el Partido Bolchevique,
hacía de la clase obrera de Rusia la fuerza más
importante en la vida política del país.
b) Las escandalosas formas de explotación
que imperaban en las empresas, unidas al intolerable régimen
policíaco de los esbirros zaristas, hacían de toda
huelga importante de los obreros un acto político formidable
y templaban a la clase obrera como una fuerza consecuentemente
revolucionaria.
c) La flaqueza política de la
burguesía rusa, que después de la revolución
de 1905 se transformó en servilismo ante la autocracia
zarista y en contrarrevolución manifiesta, no sólo
porque el espíritu revolucionario del proletariado ruso
hizo a la burguesía rusa lanzarse en brazos del zarismo,
sino también porque esta burguesía dependía
directamente de los encargos del gobierno.
d) La existencia de los vestigios más
escandalosos y más intolerables de la servidumbre en el
campo, complementados por la omnipotencia de los terratenientes,
circunstancia que echó a los campesinos en brazos de la
revolución.
e) El zarismo, que ahogaba todo lo vivo
e intensificaba con sus arbitrariedades la opresión ejercida
por los capitalistas y los terratenientes, circunstancia que fundió
la lucha de los obreros y de los campesinos en un solo torrente
revolucionario.
f) La guerra imperialis.a, que fundió
todas estas contradicciones de la vida política de Rusia
en una profunda crisis revolucionaria y dio al empuje de la revolución
una fuerza increíble.
En estas condiciones, ¿hacia
dónde podían orientarse los campesinos? ¿En
quién iban a buscar apoyo contra la omnipotencia de los
terratenientes, contra las arbitrariedades del zar, contra la
guerra desastrosa, que arruinaba sus haciendas? ¿En la
burguesía liberal? La burguesía liberal era enemiga;
pág. 59
así lo había demostrado
la larga experiencia de las cuatro Dumas. ¿En los eseristas?
Los eseristas eran, naturalmente, "mejores" que los
demócratas constitucionalistas y tenían un programa
"aceptable", casi campesino; pero ¿qué
podían darles los eseristas, si pensaban apoyarse sólo
en los campesinos y eran débiles en la ciudad, de donde,
ante todo, sacaba sus fuerzas el enemigo? ¿Dónde
estaba la nueva fuerza que no se detendría ante nada, ni
en el campo ni en la ciudad, que se situaría valientemente
en las primeras filas en la lucha contra el zar y los terratenientes,
que ayudaría al campesinado a romper las cadenas de la
esclavitud, de la falta de tierra, de la opresión, de la
guerra? ¿Existía, en general, en Rusia semejante
fuerza? Sí, sí que existía. Era el proletariado
ruso, que había puesto ya de manifiesto en 1905 su fuerza,
su capacidad para luchar hasta el fin, su valentía, su
espíritu revolucionario.
En todo caso, no existía ninguna
otra fuerza semejante, ni había de dónde sacarla.
Por eso, los campesinos, después
de apartarse de los demócratas constitucionalistas y de
acercarse a los eseristas, llegaron a comprender la necesidad
de someterse a la dirección de un jefe de la revolución
tan valiente como el proletariado ruso.
Tales Lueron las circunstancias que
determinaron el carácter peculiar de la revolución
burguesa en Rusia.
3) El campesinado durante la revolución
proletaria. Este período se extiende de la revolución
de febrero (1917) a la Revolución de Octubre (1917). Es
un período relativamente breve, en total ocho meses, pero,
desde el punto de vista de la formación política
y de la educación revolucionaria de las masas, esos ocho
meses bien pueden ser equiparados a largos decenios de desarrollo
constitucional ordinario, pues son ocho meses de revolución.
El rasgo característico de este período
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es que los campesinos se hacen más
revolucionarios, se desengañan de los eseristas, se apartan
de ellos y dan un nuevo viraje para agruparse de manera directa
en torno al proletariado, como única fuerza revolucionaria
consecuente hasta el fin, capaz de llevar el país a la
paz. La historia de este período es la historia de la lucha
de los eseristas (democracia pequeñoburguesa) y de los
bolcheviques (democracia proletaria) por conquistar a los campesinos,
por ganarse a la mayoría de los campesinos. Decidieron
la suerte de esta lucha el período de la coalición,
el período de la kerenskiada, la negativa de los eseristas
y los mencheviques a confiscar las tierras de los terratenientes,
la lucha de los eseristas y los mencheviques por la continuación
de la guerra, la ofensiva de junio en el frente, la pena de muerte
para los soldados y la sublevación de Kornílov.
Si antes, en el período anterior,
la cuestión fundamental de la revolución era derrocar
al zar y el Poder de los terratenientes, ahora, en el período
siguiente a la revolucion de febrero, en el que ya no había
zar, y la guerra, interminable, daba el golpe de gracia a la economía
del país, arruinando enteramente a los campesinos, la cuestión
fundamental de la revolución era acabar con la guerra.
El centro de gravedad se había desplazado, sin dejar lugar
a dudas, de las cuestiones de carácter puramente interior
a la cuestión fundamental: a la cuestión de la guerra.
"Poner fin a la guerra", "librarse de la guerra":
tal era el clamor general del país extenuado y, sobre todo,
de los campesinos.
Ahora bien, para librarse de la guerra,
había que derrocar al Gobierno Provisional, había
que derrocar el Poder de la burguesía, había que
derrocar el Poder de los eseristas y los mencheviques, porque
eran ellos, y sólo ellos, quienes dilata ban la guerra
hasta "la victoria final". En realidad, no había
pág. 61
más camino para salir de la guerra
que el derrocamiento de la burguesía.
Fue aquélla una nueva revolución,
una revolución proletaria, porque arrojaba del Poder a
la última fracción, a la fracción de extrema
izquierda de la burguesía imperialista, a los partidos
eserista y menchevique, para crear un nuevo Poder, un Poder proletario,
el Poder de los Soviets, para llevar al Poder al Partido del proletariado
revolucionario, al Partido Bolchevique, al Partido de la lucha
revolucionaria contra la guerra imperialista y por una paz democrática.
La mayoría de los campesinos apoyó la lucha de los
obreros por la paz, por el Poder de los Soviets.
Para los campesinos no había
otra salida. No podía haber otra salida.
El período de la kerenskiada
fue, por tanto, la enseñanza más palmaria para las
masas trabajadoras del campo, pues demostró evidentemente
que, bajo el Poder de los eseristas y de los mencheviques, el
país no se libraría de la guerra, y los campesinos
no obtendrían ni la tierra ni la libertad; que los mencheviques
y los eseristas sólo se distinguían de los demócratas
constitucionalistas por sus discursos melifluos y sus promesas
engañosas, practicando, en realidad, la misma política
imperialista que los demócratas constitucionalistas; que
el único Poder capaz de sacar al país del atolladero
era el Poder de los Soviets La prolongación de la guerra
no hizo más que confirmar lo acertado de esta lección,
espoleando la revolución e impulsando a millones y millones
de campesinos y soldados a agruparse de manera directa en torno
a la revolución proletaria. El aislamicnto de los eseristas
y de los mencheviques llegó a ser un hecho indudable. Sin
las enseñanzas palmarias del período de la coalición,
no hubiera sido posible la dictadura del proletariado.
pág. 62
Tales fueron las circunstancias que facilitaron el proceso de
transformación de la revolución burguesa en revolución
proletaria.
Así se llegó en Rusia
a la dictadura del proletariado.
4) El campesinado después de
la consolidación del Poder Soviético. Si antes,
en el primer período de la revolución, la cuestión
consistía principalmente en derrocar el zarismo, y más
tarde, después de la revolución de febrero, consistía,
ante todo, en salir de la guerra imperialista mediante el derrocamiento
de la burguesía, ahora, después de terminada la
guerra civil y consolidado el Poder Soviético, pasan a
primer plano las cuestiones de la edificación económica.
Reforzar y desarrollar la industria nacionalizada; ligar, a este
efecto, la industria con la economía campesina a través
del comercio regulado por el Estado; sustituir el sistema de contingentación
por el impuesto en especie, para luego, disminuyendo gradualmente
este impuesto, pasar al cambio de artículos industriales
por productos de la economía campesina; reanimar el comercio
y desarrollar la cooperación, atrayendo a ésta a
millones de campesinos: así esbozaba Lenin las tareas inmediatas
de la edificación económica, encaminada a sentar
los cimientos de la economía socialista.
Dicen que esta tarea puede ser superior
a las fuerzas de un país campesino como Rusia. Algunos
escépticos llegan incluso a afirmar que esta tarea es puramente
utópica, irrealizable, porque los campesinos son campesinos,
es decir, pequeños productores, y no pueden, por tanto,
ser utilizados para organizar los cimientos de la producción
socialista.
Pero los escépticos se equivocan,
porque no toman en consideración algunas circunstancias
que tienen, en este caso, una importancia decisiva. Veamos las
principales.
pág. 63
Primera. No hay que confundir al campesinado de la Unión
Soviética con el campesinado del Occidente. Un campesinado
que ha pasado por la escuela de tres revoluciones, que ha luchado
del brazo del proletariado y bajo la dirección del proletariado
contra el zar y el Poder burgués, un campesinado que ha
recibido de manos de la revolución proletaria la tierra
y la paz y que, por ello, se ha convertido en reserva del proletaria
do, este campesinado no puede por menos de diferenciarse del campesinado
que ha luchado en la revolución burguesa bajo la dirección
de la burguesía liberal, ha recibido la tierra de manos
de esta burguesía y se ha convertido, por ello, en reserva
de la burguesía. Huelga demostrar que el campesino soviético,
acostumbrado a apreciar la amistad política y la colaboración
política del proletariado y que debe su libertad a esta
amistad y a esta colaboración, no puede por menos de estar
extraordinariamente predispuesto a colaborar económicamente
con el proletariado.
Engels decía que "la conquista
del Poder político por el partido socialista se ha ido
dibujando como una meta próxima", que, "para
conquistar el Poder político, este partido tiene antes
que ir de la ciudad al campo y convertirse aquí en una
potencia" (v. Engels, El problema campesino, ed. 1922[16]).
Engels escribió estas palabras en el último decenio
del siglo pasado, refiriéndose a los campesinos del Occidente.
¿Es necesario demostrar que los comunistas rusos, que han
llevado a cabo en este terreno una labor gigantesca en el transcurso
de tres revoluciones, han conseguido crearse ya en el campo una
influencia y un apoyo con los que nuestros compañeros del
Occidente no pueden ni siquiera soñar? ¿Cómo
es posible negar que esta circunstancia no puede por menos de
facilitar de modo radical el establecimiento de la colaboración
económica entre la clase obrera y los campesinos de Rusia?
pág. 64
Los escépticos repiten machaconamente que los pequeños
campesinos son un factor incompatible con la edificación
socialista. Pero escuchad lo que dice Engels a propósito
de los pequeños campesinos del Occidente:
"Nosotros estamos resueltamente
de parte del pequeño campesino haremos todo cuanto sea
admisible para hacer más llevadera su suerte para hacerle
más fácil el paso al régimen cooperativo,
caso de que se decida a el, e incluso para facilitarle un largo
plazo de tiempo para que lo plense en su parcela, si no se decide
a tomar todavía esta determinación. Y lo haremos
así, no sólo porque consideramos posible el paso
a nuestro lado del pequeño campesino que trabaja su tierra,
sino además por un interés directo de partido. Cuanto
mayor sea el número de campesinos a quienes ahorremos su
caída efectiva en el proletariado, a quienes podamos ganar
ya para nosotros como campesinos, más rapida y fácilmente
se llevará a cabo la transformación social. No esta
en nuestro interés el tener que esperar, para esta transformación,
a que se desarrolle en todas partes, hasta sus últimas
consecuencias, la producción capitalista, a que hayan caído
en las garras de la gran explotación capitalista hasta
el último pequeño artesano y el último pequeño
campesino. Los sacrificios materiales que haya que hacer en este
sentido en interés de los campesinos, a costa de los fondos
públicos, podrán ser considerados, desde el punto
de vista de la economía capitalista, como dinero tirado,
pero serán a pesar de eso, una excelente inversión,
pues ahorrarán, tal vez, una cantidad decuplicada en los
gastos de la reorganización de la sociedad en general.
Por tanto, en este sentido podremos proceder con los campesinos
muy generosamente" (v. obra citada).
Así hablaba Engels, refiriéndose
a los campesinos del Occidente. Pero ¿no está claro,
acaso, que lo que Engels dice no puede llevarse a cabo en ningún
sitio con tanta facilidad ni plenitud como en el país de
la dictadura del proletariado? ¿Acaso no está claro
que sólo en la Rusia Soviética puede darse sin dilación
e íntegramente "el paso a nuestro lado del pequeño
campesino que trabaja su tierra" y que los "sacrificios
materiales" y la "generosidad respecto a los campesinos",
ne cesarios para ello, así como otras medidas análogas
en beneficio de los campesinos, se aplican ya en Rusia? ¿Cómo
puede
pág. 65
negarse que esta circunstancia tiene,
a su vez, que facilitar e impulsar la edificación económica
del País Sovietico?
Segunda. No hay que confundir la agricultura
de Rusia con la del Occidente. En el Occidente, la agricultura
se desarrolla siguiendo la ruta habitual del capitalismo, en medio
de una profunda diferenciación de los campesinos, con grandes
fincas y latifundios privados capitalistas en uno de los polos,
y, en el otro, pauperismo, miseria y esclavitud asalariada. Allí
son completamente naturales, a consecuencia de ello, la disgregación
y la descomposición. No sucede así en Rusia. En
nuestro país, la agricultura no puede desarrollarse siguiendo
esa ruta, ya que la existencia del Poder Soviético y la
nacionalización de los instrumentos y medios de producción
fundamentales no permiten semejante desarrollo. En Rusia, el desarrollo
de la agricultura debe seguir otro camino, el camino de la cooperación
de millones de campesinos pequeños y medios, el camino
del desarrollo de la cooperación en masa en el campo, fomentada
por el Estado mediante créditos concedidos en condicio
nes ventajosas. Lenin indicaba acertadamente, en sus artículos
sobre la cooperación, que el desarrollo de la agricultura
de nuestro país debía seguir un camino nuevo, incorporando
a la mayoría de los campesinos a la edificación
socialista a través de la cooperación, introduciendo
gradualmente en la economía rural el principio del colectivismo,
primero en la venta de los productos agrícolas y después
en su producción.
En este sentido, son sumamente interesantes
algunos fenómenos nuevos que se presentan en el campo,
en relación con la cooperación agrícola.
Es sabido que en el seno de la Unión de Cooperativas Agrícolas[17]
han surgido, en diferentes ramas de la economía rural --
en la producción de lino, de patata, de manteca, etc. --,
nuevas y fuertes organizaciones con un gran
pág. 66
porvenir. Entre ellas figura, por ejemplo,
la Cooperativa Central del Lino, que agrupa a toda una red de
cooperativas campesinas de producción de lino. La Cooperativa
Central del Lino se ocupa de suministrar a los campesinos semillas
e instrumentos de producción, compra después a los
mismos campesinos toda su producción de lino, la vende
en gran escala en el mercado, garantiza a los campesinos una participación
en los beneficios y, de este modo, liga la economía campesina,
a través de la Unión de Cooperativas Agrícolas,
con la industria del Estado. ¿Qué nombre debe darse
a semejante forma de organización de la producción?
Se trata, a mi juicio, de un sistema doméstico de gran
producción agrícola socialista de Estado. Hablo
de un sistema doméstico de producción socialista
de Estado por analogía con el sistema de trabajo a domicilio
del capitalismo, por ejemplo, en la industria textil, donde los
artesanos, que recibían del capitalista la materia prima
y los instrumentos de trabajo y le entregaban toda su producción,
eran de hecho obreros semiasalariados a domicilio. Este es uno
de los numerosos ejemplos indicadores del camino que debe seguir
en nuestro país el desarrollo de la agricultura. Ya no
hablo aquí de otros ejemplos de la misma índole
en otras ramas de la agricultura.
No creo que sea necesario demostrar
que la inmensa mayoría de los campesinos seguirá
de buen grado esta nueva vía de desarrollo, rechazando
la vía de los latifundios privados capitalistas y de la
esclavitud asalariada, la vía de la miseria y de la ruina.
He aquí lo que dice Lenin de
las vías del desarrollo de nuestra agricultura:
"Todos los grandes medios de producción
en Poder del Estado y el Poder del Estado en manos del proletariado;
la alianza de este prole-
pág. 67
tariado con millones y millones de pequeños
y muy pequeños campesinos; asegurar la dirección
de los campesinos por el proletariado, etc., ¿acaso no
es esto todo lo que se necesita para edificar la sociedad socialista
completa partiendo de la cooperación, y nada más
que de la cooperación, a la que antes tratábamos
de mercantilista y que ahora, bajo la Nep, merece también,
en cierto modo, el mismo trato; acaso no es esto todo lo imprescindible
para edificar la sociedad socialista completa? Eso no es todavía
la edificación de la sociedad socialista, pero sí
todo lo imprescindible y lo suficiente para esta edificación"
(v. t. XXVIT, pág. 392).
Hablando más adelante de la necesidad
de prestar apoyo financiero y de toda otra índole a la
cooperación, como a un "nuevo principio de organización
de la población" y a un nue vo "régimen
social" bajo la dictadura del proletariado, Lenin dice:
"Todo régimen social surge
exclusivamente con el apoyo financiero de una clase determinada.
Huelga recordar los centenares y centenares de millones de rublos
que costó el nacimiento del 'libre' capitalismo. Ahora
debemos comprender, para obrar en consecuencia, que el régimen
social al que en el presente debemos prestar un apoyo extraordinario
es el régimen cooperativo. Pero hay que apoyarlo en el
verdadero sentido de la palabra, es decir, no basta con entender
por tal apoyo la ayuda prestada a cualquier cambio cooperativo,
sino que por tal apoyo hay que entender el prestado a un cambio
cooperativo en el que participen etectivamente verdederes rnasas
de la población " (v. lugar citado, pág. 393).
¿Qué nos dicen todas estas
circunstancias?
Nos dicen que los escépticos
no tienen razón.
Nos dicen que quien tiene razón
es el leninismo, que ve en las masas trabajadoras del campo la
reserva del proletariado.
Nos dicen que el proletariado en el
Poder puede y debe utilizar esta reserva, para vincular la industria
a la agricultura, para impulsar la construcción socialista
y dar a la dictadura del proletariado la base que nccesita y sin
la cual es imposible el paso a la economía socialista.
pág. 68
VI
LA CUESTION NACIONAL
Analizaré dos cuestiones fundamentales
de este tema:
a) planteamiento de la cuestión,
b) el movimiento de liberación
de los pueblos oprimidos y la revolución proletaria.
1) Planteamiento de la cuestión.
Durante los dos últimos decenios, la cuestión nacional
ha sufrido una serie de cambios muy importantes. La cuestión
nacional del período de la II Internacional y la cuestión
nacional del período del leninismo distan mucho de ser
lo mismo. No sólo se diferencian profundamente por su extensión,
sino por su carácter interno.
Antes, la cuestión nacional no
se salía, por lo común, de un estrecho círculo
de problemas, relacionados principalmente con las nacionalidades
"cultas". Irlandeses, húngaros, polacos, finlandeses,
servios y algunas otras nacionalidades europeas: tal era el conjunto
de pueblos sin plenitud de derechos por cuya suerte se interesaban
los personajes de la II Internacional. Los pueblos asiáticos
y africanos -- decenas y centenares de millones de personas --,
que sufren la opresión nacional en su forma más
brutal y más cruel, quedaban generalmentc fuera de su horizonte
visual. No se decidían a poner en un mismo plano a los
blancos y a los negros, a los pueblos "cultos" y a los
"incultos". De dos o tres resoluciones vacuas y agridulces,
en las que se eludía cuidadosamente el problema de la liberación
de las colonias, era todo de lo que podían vanagloriarse
los personajes de la II Internacional. Hoy, esa doblez y esas
medias tintas en la cuestión nacional deben considerarse
suprimidas. El leninismo ha puesto al desnudo esta incongruencia
escandalosa, ha demolido la muralla entre los blan-
pág. 69
cos y los negros, entre los europeos
y los asiáticos, entre los esclavos "cultos"
e "incultos" del imperialismo, y con ello ha vinculado
la cuestión nacional al problema de las colonias. Con ello,
la cuestión nacional ha dejado de ser una cuestión
particular e interna de los Estados para convertirse en una cuestión
general e internacional, en la cuestión mundial de liberar
del yugo del imperialismo a los pueblos oprimidos de los países
dependientes y de las colonias.
Antes, el principio de la autodeterminación
de las naciones solía interpretarse desacertadamente, reduciéndolo,
con frecuencia, al derecho de las naciones a la autonomía.
Algunos líderes de la II Internacional llegaron incluso
a convertir el derecho a la autodeterminación en el derecho
a la autonomía cultural, es decir, en el derecho de las
naciones oprimidas a tener sus propias instituciones culturales,
dejando todo el Poder político en manos de la nación
dominante. Esta circuns tancia hacía que la idea de la
autodeterminación corriese el riesgo de transformarse,
de un arma para luchar contra las anexiones, en un instrumento
para justificarlas. Hoy, esta confusión debe considerarse
suprimida. El leninismo ha ampliado el concepto de la autodeterminación,
interpretándolo como el derecho de los pueblos oprimidos
de los países dependientes y de las colonias a la completa
separación, como el de recho de las naciones a existir
como Estados independientes. Con ello, se eliminó la posibilidad
de justificar las anexiones mediante la interpretación
del derecho a la autodeterminación como el derecho a la
autonomía. El principio mismo de autodeterminación,
que en manos de los socialchovinistas sirvió, indudablemente,
durante la guerra imperialista, de instrumento para engañar
a las masas, convirtióse, de este modo, en instrumento
para desenmascarar todos y cada uno de los apetitos imperialistas
y maquinaciones chovinistas, en instru-
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mento de educación política
de las masas en el espíritu del internacionalismo.
Antes, la cuestión de las naciones
oprimidas solía considerarse como una cuestión puramente
jurídica. Los partidos de la II Internacional se contentaban
con la proclamación solemne de la "igualdad de derechos
de las naciones" y con innumerables declaraciones sobre la
"igualdad de las naciones" encubriendo el hecho de que,
en el imperialismo, en el que un grupo de naciones (la minoría)
vive a expensas de la explotación de otro grupo de naciones,
la "igualdad de las naciones" es un escarnio para los
pueblos oprimidos. Ahora, esta concepción jurídica
burguesa de la cuestión nacional debe considerarse desenmascarada.
El leninismo ha hecho descender la cuestión nacional, desde
las cumbres de las declaraciones altisonantes, a la tierra, afirmando
que las declaraciones sobre la "igualdad de las naciones",
si no son respaldadas por el apoyo directo de los partidos proletarios
a la lucha de liberación de los pueblos oprimidos, no son
más que declaraciones hueras e hipócritas. Con ello,
la cuestión de las naciones oprimidas se ha convertido
en la cuestión de apoyar, de ayudar, y de ayudar de un
modo real y constante, a las naciones oprimidas en su lucha contra
el imperialismo, por la verdadera igualdad de las naciones, por
su existencia como Estados independientes.
Antes, la cuestión nacional se
enfocaba de un modo reformista, como una cuestión aislada,
independiente, sin relación alguna con la cuestión
general del Poder del capital, del derrocamiento del imperialismo,
de la revolución proletaria. Dábase tácitamente
por supuesto que la victoria del proletariado de Europa era posible
sin una alianza directa con el movimien to de liberación
de las colonias, que la cuestión nacional y colonial podía
resolverse a la chita callando, "de por sí",
al margen de la vía magna de la revolución proletaria,
sin una
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lucha revolucionaria contra el imperialismo.
Ahora, este pun to de vista antirrevolucionario debe considerarse
desenmas carado. El leninismo demostró, y la guerra imperialista
y la revolución en Rusia lo han corroborado, que el problema
nacional sólo puede resolverse en relación con la
revolución proletaria y sobre la base de ella; que el camino
del triunfo de la revolución en el Occidente pasa a través
de la alianza revolucionaria con el movimiento de liberación
de las colonias y de los países dependientes contra el
imperialismo. La cuestión nacional es una parte de la cuestión
general de la revolución proletaria, una parte de la cuestión
de la dictadura del proletariado.
La cuestión se plantea así:
¿se han agotado ya las posibilidades revolucionarias que
of rece el movimiento revolucionario de liberación de los
países oprimidos o no se han agotado? Y si no se han agotado,
¿hay la esperanza de aprovechar estas posibilidades para
la revolución proletaria, de convertir a los países
dependientes y a las colonias, de reserva de la burguesía
imperialista, en reserva del proletariado revolucionario, en aliado
suyo?, ¿hay fundamento para ello?
El leninismo da a esta pregunta una
respuesta afirmativa, es decir, reconoce que en el seno del movimiento
de liberación nacional de los países oprimidos hay
fuerzas revolucionarias y que es posible utilizar esas fuerzas
para el derrocamiento del enemigo común, para el derrocamiento
del imperialismo. La mecánica del desarrollo del imperialismo,
la guerra imperialista y la revolución en Rusia confirman
plenamente las conclusiones del leninismo a este respecto.
De aquí la necesidad de que el
próletariado de las naciones "imperiales" apoye
decidida y enérgicamente el movimiento de liberación
nacional de los pueblos oprimidos y dependientes.
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Esto no significa, por supuesto, que el proletariado deba apoyar
todo movimiento nacional, siempre y en todas partes, en todos
y en cada uno de los casos concretos. De lo que se trata es de
apoyar los movimientos nacionales encaminados a debilitar el imperialismo,
a derrocarlo, y no a reforzarlo y mantenerlo. Hay casos en que
los movimientos nacionales de determinados países oprimidos
chocan con los intereses del desarrollo del movimiento proletario.
Cae de su peso que en esos casos ni siquiera puede hablarse de
apoyo. La cuestión de los derechos de las naciones no es
una cuestión aislada, independiente, sino una parte de
la cuestión general de la revolución proletaria,
una parte supeditada al todo y que debe ser enfocada desde el
punto de vista del todo. En los años del 40 del siglo pasado,
Marx defendía el movimiento nacional de los polacos y de
los húngaros contra el movimiento nacional de los checos
y de los sudeslavos. ¿Por qué? Porque los checos
y los sudeslavos eran por aquel entonces "pueblos reaccionarios",
"puestos avanzados de Rusia" en Europa, puestos avanzados
del absolutismo, mientras que los polacos y los húngaros
eran "pueblos revolucionarios", que luchaban contra
el absolutismo. Porque apoyar el movimiento nacional de los checos
y de los sudeslavos significaba entonces apoyar indirectamente
al zarismo, el enemigo más peligroso del movimiento revolucionario
de Europa.
"Las distintas reivindicaciones
de la democracia -- dice Lenin --, incluyendo la de la autodeterminación,
no son algo absoluto, sino una partícula de todo el movimiento
democrático (hoy, socialista) mundial. Puede suceder que,
en un caso dado, una partícula se halle en contradicción
con el todo; entonces, hay que desecharla" (v. t. XIX, págs.
257-258).
Así se plantea la cuestión
de los distintos movimientos nacionales, y del carácter,
posiblemente reaccionario, de
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estos movimientos, siempre y cuando,
naturalmente, que no se los enfoque desde un punto de vista formal,
desde el punto de vista de los derechos abstractos, sino en un
plano concreto, desde el punto de vista de los intereses del movimiento
revolucionario.
Otro tanto hay que decir del carácter
revolucionario de los movimientos nacionales en general. El carácter
indudablemente revolucionario de la inmensa mayoría de
los movimientos nacionales es algo tan relativo y peculiar, como
lo es el carácter posiblemente reaccionario de algunos
movimientos nacionales concretos. El carácter revolucionario
del movimiento nacional, en las condiciones de la opresión
imperialista, no presupone forzosamente, ni mucho menos, la existencia
de elementos proletarios en el movimiento, la existencia de un
programa revolucionario o republicano del movimiento, la existencia
en éste de una base democrática. La lucha del emir
de Afganistán por la independencia de su país es
una lucha objetivamente revolucionaria, a pesar de las ideas monárquicas
del emir y de sus partidarios, porque esa lucha debilita al imperialismo,
lo descompone, lo socava. En cambio, la lucha de demócratas
y "socialistas", de "revolucionarios" y republicanos
tan "radicales" como Kerenski y Tsereteli, Renaudel
y Scheidemann, Chernov y Dan, Henderson y Clynes durante la guerra
imperialista era una lucha reaccionaria, porque el resultado que
se obtuvo con ello fue pintar de color de rosa, fortalecer y dar
la victoria al imperialismo. La lucha de los comerciantes y de
los intelectuales burgueses egipcios por la independencia de Egipto
es, por las mismas causas, una lucha objetivamente revolucionaria,
a pesar del origen burgués y de la condición burguesa
de los líderes del movimiento nacional egipcio, a pesar
de que estén en contra del socialismo. En cambio, la lucha
del gobierno "obrero" inglés por mantener a
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Egipto en una situación de dependencia
es, por las mismas causas, una lucha reaccionaria, a pesar del
origen proletario y del título proletario de los miembros
de ese gobierno, a pesar de que son "partidarios" del
socialismo. Y no hablo ya del movimiento nacional de otras colonias
y países dependientes más grandes, como la India
y China, cada uno de cuyos pasos por la senda de la liberación,
aun cuando no se ajuste a los requisitos de la democracia formal,
es un terrible mazazo asestado al imperialismo, es decir, un paso
indiscutiblemente revolucionario.
Lenin tiene razón cuando dice
que el movimiento nacional de los países oprimidos no debe
valorarse desde el punto de vista de la democracia formal, sino
desde el punto de vista de los resultados prácticos dentro
del balance general de la lucha contra el imperialismo, es decir,
que debe enfocarse "no aisladamente, sino en escala mundial"
(v. t. XIX, pág. 257).
2) El movimiento de liberación
de los pueblos oprimidos y la revolución proletaria. Al
resolver la cuestión nacional el leninismo parte de los
principios siguientes:
a) el mundo está dividido en
dos campos: el que integran un puñado de naciones civilizadas,
que poseen el capital financiero y explotan a la inmensa mayoría
de la población del planeta, y el campo de los pueblos
oprimidos y explotados de las colonias y de los países
dependientes, que forman esta mayoría;
b) las colonias y los países
dependientes, oprimidos y explotados por el capital financiero,
constituyen una formidable reserva y el más importante
manantial de fuerzas para el imperialismo;
c) la lucha revolucionaria de los pueblos
oprimidos de las colonias y de los países dependientes
contra el imperialismo es
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el único camino por el que dichos
pueblos pueden emanciparse de la opresión y de la explotación;
d) las colonias y los países
dependientes más importantes han iniciado ya el movimiento
de liberación nacional, que tiene que conducir por fuerza
a la crisis del capitalismo mundial;
e) los intereses del movimiento proletario
en los países desarrollados y del movimiento de liberación
nacional en las colonias exigen la unión de estas dos formas
del movimiento revolucionario en un frente común contra
el enemigo común, contra el imperialismo;
f) la clase obrera en los países
desarrollados no puede triunfar, ni los pueblos oprimidos liberarse
del yugo del imperialismo, sin la formación y consolidación
de un frente revolucionario común;
g) este frente revolucionario común
no puede formarse si el proletariado de las naciones opresoras
no presta un apoyo directo y resuelto al movimiento de liberación
de los pueblos oprimidos contra el imperialismo "de su propia
patria", pues "el pueblo que oprime a otros pueblos
no puede ser libre" (Engels );
h) este apoyo significa: sostener, defender
y llevar a la práctica la consigna del derecho de las naciones
a la separación y a la existencia como Estados independientes;
i) sin poner en práctica esta
consigna es imposible lograr la unificación y la colaboración
de las naciones en una sola economía mundial, que constituye
la base material para el triunfo del socialismo en el mundo entero;
j) esta unificación sólo
puede ser una unificación voluntaria, erigida sobre la
base de la confianza mutua y de relaciones fraternales entre los
pueblos.
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De aquí se derivan dos aspectos, dos tendencias en la cuestión
nacional: la tendencia a liberarse políticamente de las
cadenas del imperialismo y a formar Estados nacionales independientes,
que ha surgido sobre la base de la opresión imperialista
y de la explotación colonial, y la tendencia al acercamiento
económico de las naciones, que ha surgido a consecuencia
de la formación de un mercado y una economía mundiales.
"El capitalismo en desarrollo --
dice Lenin -- conoce dos tendencias históricas en la cuestión
nacional. Primera: el despertar de la vida nacional y de los movimientos
nacionales, la lucha contra toda opresón nacional, la creación
de Estados nacionales. Segunda: el desarrollo y la multiplicación
de vínculos de todo género entre las naciones, la
destrucción de las barreras nacionales, la creación
de la unidad internacional del capital, de la vida economica en
general, de la política, de la ciencia, etc.
Ambas tendencias son una ley mundial del capitalismo. La primera
predomina en los comienzos de su desarrollo; la segunda catacteriza
al capitalismo maduro, que marcha hacia su transformación
en sociedad socialista" (v. t. XVII, pags. 139-140).
Para el imperialismo, estas dos tendencias
son contradicciones inconciliables, porque el imperialismo no
puede vivir sin explotar a las colonias y sin mantenerlas por
la fuerza en el marco de "un todo único"; porque
el imperialismo no puede aproximar a las naciones más que
mediante anexiones y conquistas coloniales, sin las que, hablando
en términos generales, es inconcebible.
Para el comunismo, por el contrario,
estas tendencias no son más que dos aspectos de un mismo
problema, del problema de liberar del yugo del imperialismo a
los pueblos oprimidos, porque el comunismo sabe que la unificación
de los pueblos en una sola economía mundial sólo
es posible sobre la base de la confianza mutua y del libre consentimiento
y que para llegar a la unión voluntaria de los pueblos
hay que pasar por la
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separación de las colonias del
"todo único" imperialista y por su transformación
en Estados independientes.
De aquí la necesidad de una lucha
tenaz, incesante, resuelta, contra el chovinismo de gran potencia
de los "socialistas" de las naciones dominantes (Inglaterra,
Francia, Estados Unidos de América, Italia, Japón,
etc.), que no quieren combatir a sus gobiernos imperialistas ni
apoyar la lucha de los pueblos oprimidos de "sus" colonias
por liberarse de la opresión, separarse y formar Estados
independientes.
Sin esta lucha es inconcebible la educación
de la clase obrera de las naciones dominantes en un espíritu
de verdadero internacionalismo, en un espíritu de acercamiento
a las masas trabajadoras de los países dependientes y de
las colonias, en un espíritu de verdadera preparación
de la revolución proletaria. La revolución no habria
vencido en Rusia, y Kolchak y Denikin no hubieran sido derrotados,
si el proletariado ruso no hubiese tenido de su parte la simpatía
y el apoyo de los pueblos oprimidos del antiguo Imperio Ruso.
Ahora bien, para ganarse la simpatía y el apoyo de estos
pueblos, el proletariado ruso tuvo, ante todo, que romper las
cadenas del imperialismo ruso y librarlos de la opresión
nacional.
De otra manera, hubieLa sido imposible
consolidar el Poder Soviético, implantar el verdadero internacionalismo
y crear esa magnífica organización de colaboración
de los pueblos que lleva el nombre de Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas y que es el prototipo viviente de
la futura unificación de los pueblos en una sola economia
mundial.
De aquí la necesidad de luchar
contra el aislamiento nacional, contra la estrechez nacional,
contra el particularismo de los socialistas de los países
oprimidos, que no quieren subir más arriba de su campanario
nacional y no comprenden la
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relación existente entre el movimiento
de liberación de su país y el movimiento proletario
de los países dominantes.
Sin esa lucha es inconcebible defender
la política independiente del proletariado de las naciones
oprimidas y su solidaridad de clase con el proletariado de los
países dominantes en la lucha por derrocar al enemigo común,
en la lucha por derrocar al imperialismo.
Sin esa lucha, el internacionalismo
sería imposible.
Tal es el camino para educar a las masas
trabajadoras de las naciones dominantes y de las oprimidas en
el espíritu del internacionalismo revolucionario.
He aquí lo que dice Lenin de
esta doble labor del comunismo para educar a los obreros en el
espíritu del internacionalismo:
"Esta educacion . . . ¿puede
ser concretamente igual en las grandes naciones, en las naciones
opresoras, que en las pequeñas naciones oprimidas, en las
naciones anexionistas que en las naciones anexionadas?
Evidentemente, no. El camino hacia el objetivo común --
la completa igualdad de derechos, el más estrecho acercamiento
y la ulterior fusión de todas las naciones -- sigue aquí,
evidentemente, distintas rutas concretas, lo mismo que, por ejemplo,
el camino conducente a un punto situado en el centro de esta página
parte hacia la izquierda de una de sus márgenes y hacia
la derecha de la margen opuesta. Si el socialdemócrata
de una gran nación opresora, anexionista, profesando, en
general, la teoría de la fusión de las naciones,
se olvida, aunque sólo sea por un instante, de que 'su'
Nicolás II, 'su' Guillermo, 'su' Jorge, 'su' Poincare,
etc., etc. abogan también por la fusión con las
naciones pequeñas (por medio de anexiones) -- Nicolás
II aboga por la 'fusión' con Galitzia, Guillermo II por
la 'fusión' con Bélgica, etc. --, ese socialdemócrata
resultará ser, en teoría, un doctrinario ridículo
y, en la práctica, un cómplice del imperialismo.
El centro de gravedad de la educación internacionalista
de los obreros de los países opresores tiene que estar
necesariamente en la prédica y en la defensa de la libertad
de separación de los países oprimidos. De otra manera,
no hay internacionalismo. Tenemos el derecho y el deber de tratar
de imperialista y de canalla a todo socialdemócrata de
una
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nación opresora que no realice
tal propaganda. Esta es una exigencia incondicional, aunque, el
caso de la separación no sea posible ni 'realizable' antes
del socialismo más que en el uno por mil de los casos.
. .
Y, a la inversa, el socialdemócrata de una nación
pequeña debe tomar como centro de gravedad de sus campañas
de agitación la primera palabra de nuestra fórmula
general: 'unión voluntaria' de las naciones. Sin faltar
a sus deberes de internacionalista, puede pronunciarse tanto a
favor de la independencia política de su nación
como a favor de su incorporación al Estado vecino X, Y,
Z, etc. Pero debera luchar en todos los casos contra la mezquina
estrechea nacional, contra el aislamiento nacional, contra el
particularismo, por que se tenga en cuenta lo total y lo general,
por la supeditación de los intereses de lo particular a
los intereses de lo general.
A gentes que no han pene~rado en el problema, les parece 'contradictorio'
que los socialdemócratas de las naciones opresoras exijan
la 'libertad de separación' y los socialdemócratas
de las naciones oprimidas la 'libertad de unión'. Pero,
a poco que se reflexione, se ve que partiendo de la situación
dada, no hay ni puede haber otro camino hacia el internacionalismo
y la fusión de las naciones, no hay ni puede haber otro
camino que conduzca a este fin" (v. t. XIX, págs.
261-262).
Sigue
Parte Cuatro: Estrategia y Táctica