Viene
de El Método. En esta Sección Parte Dos: La Teoría
III. LA TEORIA
Analizaré tres cuestiones de
este tema:
a) importancia de la teoría para
el movimiento proletario,
b) crítica de la "teoría"
de la espontaneidad,
c) teoría de la revolución
proletaria.
1) Importancia de la teoría.
Hay quien supone que el leninismo es la primacía de la
práctica sobre la teoría, en el sentido de que para
él lo fundamental es aplicar los principios marxistas,
"dar cumplimiento" a estos principios, al tiempo que
manifiesta bastante despreocupación por la teoría.
Sabido es que Plejánov se burló más de una
vez de la "despreocupación" de Lenin por la teoría,
y en especial por la filosofía. También es sabido
que muchos leninistas ocupados hoy en el trabajo práctico
no son muy dados a la teoría, por efecto, sobre todo, de
la enorme labor práctica que las circunstancias les obligan
a desplegar. He de declarar que esta opinión, por demás
extraña, que se tiene de Lenin y del leninismo es completamente
falsa y no corresponde en modo alguno a la realidad; que la tendencia
de los militantes ocupados en el trabajo práctico a desentenderse
de la teoría contradice a todo el espíritu del leninismo
y está preñada de grandes peligros para la causa.
La teoría es la experiencia del
movimiento obrero de todos los países, tomada en su aspecto
general. Naturalmente, la teoría deja de tener objeto cuando
no se halla vinculada a la práctica revolucionaria, exactamente
del mismo modo que la práctica es ciega si la teoría
revolucionaria no alumbra su camino. Pero la teoría puede
convertirse en una formidable fuerza del movimiento obrero si
se elabora en indisoluble ligazón con la práctica
revolucionaria, porque ella, y sólo ella, puede dar al
movimiento seguridad, capacidad para orientarse y la comprensión
de los vínculos internos entre los acontecimientos que
se producen en torno nuestro; porque ella, y sólo ella,
puede ayudar a la práctica a comprender, no sólo
cómo se mueven y hacia dónde marchan las clases
en el momento actual, sino también cómo deben moverse
y hacia dónde deben marchar en un futuro próximo.
¿Quién sino Lenin dijo y repitió decenas
de veces la conocida tesis de que:
"Sin teoría revolucionaria
no puede haber tampoco movimiento revolucionario"? [*] (v.
t. IV, pág. 380).
Lenin comprendía mejor que nadie
la gran importancia de la teoría, sobre todo para un partido
como el nuestro, en virtud del papel de luchador de vanguardia
del proletariado internacional, que le ha correspondido, y de
la complicada situación interior e internacional que lo
rodea. Previendo en 1902 este papel especial de nuestro Partido,
Lenin consideraba ya entonces necesario recordar que:
"Sólo un partido dirigido
por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión
de combatiente de vanguardia " (v. t. IV, pág. 380).
No creo que haya necesidad de demostrar
que ahora, cuando la predicción de Lenin sobre el papel
de nuestro Partido se ha convertido ya en realidad, esta tesis
de Lenin adquiere una fuerza y una importancia especiales.
Quizá la expresión más
clara de la alta importancia que Lenin otorgaba a la teoría,
sea el hecho de que fuera precisamente él quien asumió
el cumplimiento de una tarea tan grande como la de sintetizar,
desde el punto de vista de la filosofía materialista, los
más importantes adelantos de la ciencia en el período
comprendido desde Engels hasta Lenin y de someter a profunda crítica
las tendencias antimaterialistas entre los partidarios del marxismo.
"Cada descubrimiento trascendental -decía Engels-
obliga al materialismo a cambiar de forma" [9]. Es sabido
que fue precisamente Lenin quien, en su notable libro Materialismo
y Empiriocriticismo [10], cumplió esta tarea en relación
con su época. Es sabido que Plejánov, a quien gustaba
burlarse de la "despreocupación" de Lenin por
la filosofía, no se decidió siquiera a abordar seriamente
la realización de semejante tarea.
2) Critica de la "teoría"
de la espontaneidad, o sobre el papel de la vanguardia en el movimiento.
La "teoría" de la espontaneidad es la teoría
del oportunismo, la teoría de la prosternación ante
la espontaneidad en el movimiento obrero, la teoría de
la negación práctica del papel dirigente de la vanguardia
de la clase obrera, del Partido de la clase obrera.
La teoría de la prosternación
ante la espontaneidad es una teoría decididamente contraria
al carácter revolucionario del movimiento obrero, contraria
a la orientación del movimiento hacia la lucha contra los
fundamentos del capitalismo; aboga por que el movimiento marche
exclusivamente por la senda de las reivindicaciones "posibles",
"aceptables" para el capitalismo, aboga de manera absoluta
por la "vía de la menor resistencia". La teoría
de la espontaneidad es la ideología del tradeunionismo.
La teoría de la prosternación
ante la espontaneidad es decididamente contraria a que se imprima
al movimiento espontáneo un carácter consciente,
regular, es contraria a que el Partido marche al frente de la
clase obrera, a que el Partido haga conscientes a las masas, a
que el Partido marche a la cabeza del movimiento; aboga por que
los elementos conscientes del movimiento no impidan a éste
seguir su camino, aboga por que el Partido no haga más
que prestar oído al movimiento espontáneo y se arrastre
a la zaga de él. La teoría de la espontaneidad es
la teoría de la subestimación del papel del elemento
consciente en el movimiento, es la ideología del "seguidismo",
la base lógica de todo oportunismo.
Prácticamente, esta teoría,
que salió a escena ya antes de la primera revolución
rusa, llevó a que sus adeptos, los llamados "economistas",
negaran la necesidad de un partido obrero independiente en Rusia,
se manifestasen contra la lucha revolucionaria de la clase obrera
por el derrocamiento del zarismo, predicaran una política
tradeunionista en el movimiento y, en general, abandonasen a la
burguesía liberal la hegemonía en el movimiento
obrero.
La lucha de la vieja Iskra y la brillante
crítica de la teoría del "seguidismo"
hecha por Lenin en su folleto ¿Qué hacer?, no sólo
derrotaron al llamado "economismo", sino que, además,
sentaron las bases teóricas para un movimiento realmente
revolucionario de la clase obrera rusa.
Sin esta lucha, ni siquiera hubiera
podido pensarse en crear en Rusia un partido obrero independiente,
ni en el papel dirigente de éste en la revolución.
Pero la teoría de la prosternación
ante la espontaneidad no es un fenómeno exclusivamente
ruso. Esta teoría se halla muy extendida, cierto es que
bajo una forma algo distinta, en todos los partidos de la II Internacional,
sin excepción. Me refiero a la llamada teoría de
las "fuerzas productivas", vulgarizada por los líderes
de la II Internacional, teoría que lo justifica todo y
reconcilia a todos, que registra los hechos, los explica cuando
ya todo el mundo está harto de ellos y, después
de registrarlos, se da por satisfecha. Marx decía que la
teoría materialista no puede limitarse a interpretar el
mundo, sino que, además, debe transformarlo [11]. Pero
a Kautsky y Cía. no les preocupa esto y prefieren no rebasar
la primera parte de la fórmula de Marx.
He aquí uno de tantos ejemplos
de aplicación de esta "teoría". Dícese
que, antes de la guerra imperialista, los partidos de la II Internacional
amenazaban con declarar la "guerra a la guerra", en
el caso de que los imperialistas la comenzaran. Dicese que, en
visperas de la guerra, estos partidos metieron bajo el tapete
la consigna de "guerra a la guerra" y aplicaron la consigna
contraria, la consigna de "guerra por la patria imperialista".
Dícese que este cambio de consignas causó millones
de victimas entre los obreros. Pero sería un error pensar
que alguien tuvo la culpa de ello, que alguien fue infiel o traidor
a la clase obrera. ¡Nada de eso! Ocurrió lo que tenía
que ocurrir. En primer lugar, porque resulta que la Internacional
es un "instrumento de paz", y no de guerra; y, en segundo
lugar, porque, dado el "nivel de las fuerzas productivas"
en aquel entonces, ninguna otra cosa podía hacerse. La
"culpa" es de las "fuerzas productivas". Así,
exactamente, "nos" lo explica la "teoría
de las fuerzas productivas" del señor Kautsky. Y quien
no crea en esta "teoría", no es marxista. ¿El
papel de los partidos? ¿Su importancia en el movimiento?
Pero ¿qué puede hacer un partido ante un factor
tan decisivo como el "nivel de las fuerzas productivas"?.
. .
Podríamos citar todo un montón
de ejemplos semejantes de falsificación del marxismo.
No creo que sea necesario demostrar
que este "marxismo" contrahecho, destinado a cubrir
las verguenzas del oportunismo, no es más que una variante
a la europea de esa misma teoría del "seguidismo"
combatida por Lenin ya antes de la primera revolución rusa.
No creo que sea necesario demostrar
que demoler esa falsificación teórica es una condición
preliminar para la creación de partidos verdaderamente
revolucionarios en el Occidente.
3) Teoría de la revolución
proletaria. La teoría leninista de la revolución
proletaria parte de tres tesis fundamentales.
Primera tesis. La dominación
del capital financiero en los países capitalistas adelantados;
la emisión de títulos de valor, como una operación
importantisima del capital financiero; la exportación de
capitales a las fuentes de materias primas, como una de las bases
del imperialismo; la omnipotencia de la oligarquía financiera,
como resultado de la dominación del capital financiero;
todo esto pone al descubierto el burdo carácter parasitario
del capitalismo monopolista, hace cien veces más doloroso
el yugo de los trusts y de los sindicatos capitalistas, acrecienta
la indignación de la clase obrera contra los fundamentos
del capitalismo y lleva las masas a la revolución proletaria
como única salvación (v. El Imperialismo [12], de
Lenin ).
De aquí se desprende la primera
conclusión: agudización de la crisis revolucionaria
en los países capitalistas; acrecentamiento de los elementos
de un estallido en el frente interior, en el frente proletario
de las "metrópolis".
Segunda tesis. La exportación
intensificada de capitales a las colonias y los países
dependientes; la extensión de las "esferas de influencia"
y de los dominios coloniales, que llegan a abarcar todo el planeta;
la transformación del capitalismo en un sistema mundial
de esclavización financiera y de opresión colonial
de la gigantesca mayoría de la población del Globo
por un puñado de países "adelantados";
todo esto, de una parte, ha convertido las distintas economías
nacionales y los distintos territorios nacionales en eslabones
de una misma cadena, llamada economía mundial; de otra
parte, ha dividido a la población del planeta en dos campos:
el de un puñado de países capitalistas "adelantados",
que explotan y oprimen vastas colonias y vastos países
dependientes, y el de la enorme mayoría de colonias y países
dependientes, que se ven obligados a luchar por liberarse del
yugo imperialista (v. El Imperialismo ).
De aquí se desprende la segunda
conclusión: agudización de la crisis revolucionaria
en las colonias; acrecentamiento de la indignación contra
el imperialismo en el frente exterior, en el frente colonial.
Tercera tesis. La posesión monopolista
de las "esferas de influencia" y de las colonias; el
desarrollo desigual de los países capitalistas, que lleva
a una lucha furiosa por un nuevo reparto del mundo entre los países
que ya se han apoderado de los territorios y los que desean obtener
su "parte"; las guerras imperialistas, como único
medio de restablecer el "equilibrio" roto; todo esto
conduce al fortalecimiento del tercer frente, del frente intercapitalista,
que debilita al imperialismo y facilita la unión de los
dos primeros frentes -el frente proletario revolucionario y el
frente de la liberación colonial- contra el imperialismo
(v. El Imperialismo ).
De aquí se desprende la tercera
conclusión: ineluctabilidad de las guerras bajo el imperialismo
e inevitabilidad de la coalición de la revolución
proletaria de Europa con la revolución colonial del Oriente,
formando un solo frente mundial de la revolución contra
el frente mundial del imperialismo.
Lenin suma todas estas conclusiones
en una conclusión general: "El imperialismo es la
antesala de la revolución socialista " [**] (v. t.
XIX, pág. 71).
En consonancia con esto, cambia el modo
mismo de abordar el problema de la revolución proletaria,
de su carácter, de su extensión y profundidad, cambia
el esquema de la revolución en general.
Antes, el análisis de las premisas
de la revolución proletaria solía abordarse desde
el punto de vista del estado económico de tal o cual país.
Ahora, este modo de abordar el problema ya no basta. Ahora hay
que abordarlo desde el punto de vista del estado económico
de todos o de la mayoría de los países, desde el
punto de vista del estado de la economía mundial, porque
los distintos países y las distintas economías nacionales
han dejado ya de ser unidades autónomas y se han convertido
en eslabones de una misma cadena, que se llama economía
mundial; porque el viejo capitalismo "civilizado" se
ha transformado en imperialismo, y el imperialismo es un sistema
mundial de esclavización financiera y de opresión
colonial de la inmensa mayoría de la población del
Globo por un puñado de países "adelantados".
Antes solía hablarse de la existencia
o de la ausencia de condiciones objetivas para la revolución
proletaria en los distintos países o, más exactamente,
en tal o cual país desarrollado. Ahora, este punto de vista
ya no basta. Ahora hay que hablar de la existencia de condiciones
objetivas para la revolución en todo el sistema de la economía
imperialista mundial, considerado como una sola entidad; y la
presencia, dentro de este sistema, de algunos países con
un desarrollo industrial insuficiente no puede representar un
obstáculo insuperable para la revolución, si el
sistema en su conjunto o, mejor dicho, puesto que el sistema en
su conjunto está ya maduro para la revolución.
Antes solía hablarse de la revolución
proletaria en tal o cual país desarrollado como de una
magnitud particular y autónoma, que se contraponía,
como a su antípoda, al respectivo frente nacional del capital
Ahora, este punto de vista ya no basta. Ahora hay que hablar de
la revolución proletaria mundial, pues los distintos frentes
nacionales del capital se han convertido en otros tantos eslabones
de una misma cadena, que se llama frente mundial del imperialismo
y a la cual hay que contraponer el frente general del movimiento
revolucionario de todos los países.
Antes se concebía la revolución
proletaria como resultado exclusivo del desarrollo interior del
país en cuestión. Ahora, este punto de vista ya
no basta. Ahora, la revolución proletaria debe concebirse,
ante todo, como resultado del desarrollo de las contradicciones
dentro del sistema mundial del imperialismo, como resultado de
la ruptura de la cadena del frente mundial imperialista en tal
o cual país.
¿Dónde empezará
la revolución?, ¿dónde podrá romperse,
en primer lugar, el frente del capital?, ¿en qué
país?
Allí donde la industria esté
más desarrollada, donde el proletariado forme la mayoría,
donde haya más cultura, donde haya más democracia,
solían contestar antes.
No, objeta la teoría leninista
de la revolución, no es obligatorio que sea alli donde
la industria esté más desarrollada, etc. El frente
del capital se romperá allí donde la cadena del
imperialismo sea más débil, pues la revolución
proletaria es resultado de la ruptura de la cadena del frente
mundial imperialista por su punto más débil; y bien
puede ocurrir que el país que haya empezado la revolución,
el país que haya roto el frente del capital, esté
menos desarrollado en el sentido capitalista que otros países,
los cuales, pese a su mayor desarrollo, todavía permanezcan
dentro del marco del capitalismo.
En 1917, la cadena del frente imperialista
mundial resultó ser más débil en Rusia que
en los demás países. Fue aquí donde se rompió,
dando paso a la revolución proletaria, ¿Por qué?
Porque en Rusia se desarrollaba una
gran revolución popular, a cuya cabeza marchaba el proletariado
revolucionario, que contaba con un aliado tan importante como
los millones y millones de campesinos oprimidos y explotados por
los terratenientes. Porque frente a la revolución se alzaba
aquí un representante tan repulsivo del imperialismo como
el zarismo, falto de todo ascendiente moral y que se había
ganado el odio general de la población. En Rusia, la cadena
resultó ser más débil, aunque este país
estaba menos desarrollado en el sentido capitalista que Francia
o Alemania, Inglaterra o los Estados Unidos, pongamos por caso.
¿Dónde se romperá
la cadena en el próximo futuro? Volverá a romperse
allí donde sea más débil. No está
excluido que la cadena pueda romperse, por ejemplo, en la India.
¿Por qué? Porque en la India hay un proletariado
joven, combativo y revolucionario, que cuenta con un aliado como
el movimiento de liberación nacional, aliado indudablemente
fuerte, indudablemente importante. Porque frente a la revolución
se alza allí un enemigo de todos conocido, el imperialismo
extranjero, privado de crédito moral y que se ha ganado
el odio general de las masas oprimidas y explotadas de la India.
También es perfectamente posible
que la cadena se rompa en Alemania. ¿Por qué? Porque
los factores que actúan, por ejemplo, en la India, empiezan
a actuar también en Alemania; y se comprende que la inmensa
diferencia entre el nivel de desarrollo de la India y el de Alemania
no puede dejar de imprimir su sello a la marcha y al desenlace
de la revolución en Alemania.
Por eso, Lenin dice:
"Los países capitalistas
de la Europa Occidental llevarán a término su desarrollo
hacia el socialismo . . . no por un proceso gradual de 'maduración'
del socialismo en ellos, sino mediante la explotación de
unos Estados por otros, mediante la explotación del primer
Estado entre los vencidos en la guerra imperialista, unida a la
explotación de todo el Oriente. Por otra parte, el Oriente
se ha incorporado de manera definitiva al movimiento revolucionario,
gracias precisamente a esta primera guerra imperialista, viéndose
arrastrado definitivamente a la órbita general del movimiento
revolucionario mundial" (v. t. XXVII, págs. 415-416).
Resumiendo: como regla general, la cadena
del frente imperialista debe romperse allí donde sus eslabones
sean más débiles y, en todo caso, no necesariamente
allí donde el capitalismo esté más desarrollado,
o donde los proletarios constituyan un determinado tanto por ciento
de la población, los campesinos otro tanto por ciento determinado,
etc., etc.
Por eso, los cálculos estadísticos
sobre el porcentaje de proletariado en la población de
un país determinado pierden, cuando se trata de resolver
el problema de la revolución proletaria, la importancia
excepcional que gustaban de atribuirles los exégetas de
la II Internacional, que no han sabido comprender el imperialismo
y temen a la revolución como a la peste.
Además, los héroes de
la II Internacional afirmaban (y si guen afirmando) que entre
la revolución democrático-burguesa, de una parte,
y la revolución proletaria, de otra, media un abismo o,
por lo menos, una muralla de China, que separa la una de la otra
por un lapso de tiempo más o menos largo, durante el cual
la burguesía, entronizada en el Poder, desarrolla el capitalismo,
y el proletariado acumula fuerzas y se prepara para la "lucha
decisiva" contra el capitalismo. Generalmente, este lapso
se cuenta por decenios y decenios, si no más. No creo que
sea necesario demostrar que, en el imperialismo, esta "teoría"
de la muralla de China carece de toda base científica y
no es ni puede ser más que un medio para encubrir, para
disimular con bellos colores los apetitos contrarrevolucionarios
de la burguesía. No creo que sea necesario demostrar que
en el imperialismo, preñado de colisiones y guerras, que
en la "antesala de la revolución socialista",
cuando el capitalismo "floreciente" se convierte en
capitalismo "agonizante" (Lenin ) y el movimiento revolucionario
crece en todos los países del mundo; cuando el imperialismo
se coliga con todas las fuerzas reaccionarias, sin excepción,
hasta con el zarismo y la servidumbre, haciendo así necesaria
la coalición de todas las fuerzas revolucionarias, desde
el movimiento proletario del Occidente hasta el movimiento de
liberación nacional del Oriente; cuando se hace imposible
derrocar las supervivencias del régimen feudal y de la
servidumbre sin una lucha revolucionaria contra el imperialismo;
no creo que sea necesario demostrar que en un país más
o menos desarrollado la revolución democrático-burguesa
tiene que aproximarse, en estas condiciones, a la revolución
proletaria, que la primera tiene que transformarse en la segunda.
La historia de la revolución en Rusia ha evidenciado que
esta tesis es cierta e indiscutible. Por algo Lenin, ya en 1905,
en vísperas de la primera revolución rusa, presentaba
la revolución democrático-burguesa y la revolución
socialista, en su folleto Dos tácticas, como dos eslabones
de la misma cadena, como un lienzo único y completo de
la magnitud de la revolución rusa.
"El proletariado debe llevar a
término la revolución democrática, atrayéndose
a la masa de los campesinos, para aplastar por la fuerza la resistencia
de la autocracia y paralizar la inestabilidad de la burguesía.
El proletariado debe llevar a cabo la revolución socialista,
atrayéndose a la masa de los elementos semiproletarios
de la población, para romper por la fuerza la resistencia
de la burguesia y paralizar la inestabilidad de los campesinos
y de la pequeña burguesía. Tales son las tareas
del proletariado, que los partidarios de la nueva Iskra conciben
de un modo tan estrecho en todos sus razonamientos y resoluciones
sobre la magnitud de la revolución" (v. Lenin, t.
VIII, pág. 96).
Y no hablo ya de otros trabajos posteriores
de Lenin, en los que la idea de la transformación de la
revolución burguesa en revolución proletaria está
expresada con mayor realce que en Dos Tácticas, como una
de las piedras angulares de la teoría leninista de la revolución.
Según algunos camaradas, resulta
que Lenin no concibió esta idea hasta 1916, y anteriormente
consideraba que la revolución en Rusia se mantendría
dentro de un marco burgués y que, por lo tanto, el Poder
pasaría de manos del organismo de la dictadura del proltariado
y del campesinado a manos de la burguesía, y no a manos
del proletariado. Se dice que esa afirmación se ha deslizado
incluso en nuestra prensa comunista. Debo señalar que esa
afirmación es completamente falsa, que no corresponde,
en lo más mínimo, a la realidad.
Podría remitirme al conocido
discurso pronunciado por Lenin en el III Congreso del Partido
(1905), en el que no calificó la dictadura del proletariado
y del campesinado, es decir, el triunfo de la revolucion democrática,
de "organización del 'orden'", sino de "organización
de la guerra" (v. t. VII, pág. 264).
Podría remitirme, además,
a los conocidos artículos de Lenin Sobre el Gobierno Provisional
(1905) [13], en los que, describiendo la perspectiva del desarrollo
de la revolución rusa, plantea al Partido la tarea de "conseguir
que la revolución rusa no sea un movimiento de algunos
meses, sino un movimiento de muchos años, que no conduzca
tan sólo a obtener pequeñas concesiones de los detentadores
del Poder, sino al derrumbamiento completo de éste",
y en los que, desarrollando todavía más esta perspectiva
y relacionándola con la revolución en Europa, prosigue:
"Y si esto se logra, entonces .
. . , entonces las llamas del incendio revolucionario prenderán
en Europa; el obrero europeo, cansado de la reacción burguesa,
se levantara a su vez y nos enseñará 'cómo
se hacen las cosas'; entonces el impulso revolucionario de Europa
repercutirá a su vez en Rusia y hará de una época
de algunos años de revolución una época de
varios decenios de revolución. . ." (v. lugar citado,
pág. 191).
Podría remitirme, asimismo, a
un conocido; artículo de Lenin, publicado en noviembre
de 1915, que dice:
"El proletariado lucha y seguirá
luchando abnegadamente por la conquista del Poder, por la república,
por la confiscacion de las tierras . . . por la participación
de las 'masas populares no proletarias' en la obra de liberar
a la Rusia burguesa del 'imperialismo' militar-feudal (= zarismo).
Y el proletariado aprovechará inmediatamente [***] esta
liberación de la Rusia burguesa del yugo zarista, del poder
de los terratenientes sobre la tierra, no para ayudar a los campesinos
acomodados en su lucha contra los obreros agrícolas, sino
para llevar a cabo la revolución socialista en alianza
con los proletarios de Europa" (v. t. XVIII, pág.
318).
Podría, finalmente, remitirme
al conocido pasaje del folleto de Lenin La revolución proletaria
y el renegado Kautsky, en que, refiriéndose al pasaje más
arriba citado de Dos Tácticas sobre la magnitud de la revolución,
llega a la siguiente conclusión:
"Ha ocurrido tal y como nosotros
dijimos. La marcha de la revolución ha confirmado la certeza
de nuestro razonamiento. Al principio, con 'todos' los campesinos,
contra la monarquía, contra los terratenientes, contra
el medievalismo (y en este sentido, la revolución sigue
siendo burguesa, democrático-burguesa). Después,
con los campesinos pobres, con el semiproletariado, con todos
los explotados, contra el capitalismo, comprendidos los ricachos
del campo, los kulaks, los especuladores, y, por ello, la revolución
se transforma en revolución socialista. Querer levantar
una artificial muralla de China entre ambas revoluciones, separar
la una de la otra por algo que no sea el grado de preparación
del proletariado y el grado de su unión con los campesinos
pobres, es la mayor tergiversación del marxismo, es adocenarlo,
reemplazarlo por el liberalismo" (v. t. XXIII, pag. 391).
Me parece que con eso basta.
Bien, se nos dirá, pero ¿por
qué, en este caso, Lenin combatió la idea de la
"revolución permanente (ininterrumpida)"?
Porque Lenin proponía "sacar
todo el partido posible" de la capacidad revolucionaria del
campesinado y utilizar hasta la última gota su energía
revolucionaria para la destrucción completa del zarismo,
para pasar a la revolución proletaria, mientras que los
partidarios de la "revolución permanente" no
comprendían el importante papel del campesinado en la revolución
rusa, menospreciaban la fuerza de la energía revolucionaria
de los campesinos, menospreciaban la fuerza y la capacidad del
proletariado ruso para llevar tras de sí a los campesinos
y, de este modo, dificultaban la liberación de los campesinos
de la influencia de la burguesía, la agrupación
de los campesinos en torno al proletariado.
Porque Lenin proponía coronar
la revolución con el paso del Poder al proletariado, mientras
que los partidarios de la revolución "permanente"
querían empezar directamente por el Poder del proletariado,
sin comprender que, con ello, cerraban los ojos a una "pequeñez"
como las supervivencias del régimen de servidumbre y no
tomaban en consideración una fuerza tan importante como
el campesinado ruso, sin comprender que semejante política
únicamente podía ser un freno para la conquista
de los campesinos por el proletariado.
Así, pues, Lenin no combatía
a los partidarios de la revolución "permanente"
por la cuestión de la continuidad, pues el propio Lenin
sostenía el punto de vista de la revolución ininterrumpida,
sino porque menospreciaban el papel de los campesinos, que son
la reserva más importante del proletariado, y no comprendían
la idea de la hegemonía del proletariado.
No puede decirse que la idea de la revolución
"permanente" sea una idea nueva. El primero que la formuló
fue Marx, a fines de la década del 40, en su conocido "Mensaje"
a la "Liga de los Comunistas" (1850). De este documento
fue de donde sacaron nuestros "permanentistas" la idea
de la revolución ininterrumpida. Debe señalarse
que, al tomar esta idea de Marx, nuestros "permanentistas"
la modificaron un tanto, y, al modificarla, la "estropearon",
haciéndola inservible para el uso práctico. Fue
necesario que la mano experta de Lenin corrigiese este error,
tomase la idea de Marx sobre la revolución ininterrumpida
en su forma pura e hiciese de ella una de las piedras angulares
de la teoría leninista de la revolución.
He aquí lo que dice Marx, en
su "Mensaje", sobre la revolución ininterrumpida
(permanente), después de haber enumerado una serie de reivindicaciones
revolucionario-democráticas, a cuya conquista llama a los
comunistas:
"Mientras que los pequeños
burgueses democráticos quieren poner fin a la revolución
lo más rápidamente que se pueda, después
de haber obtenido, a lo sumo, las reivindicaciones arriba mencionadas,
nuestros intereses y nuestras tareas consisten en hacer la revolución
permanente hasta que sea descartada la dominación de las
clases más o menos poseedoras hasta que el proletariado
conquiste el Poder del Estado, hasta que la asociación
de los proletarios se desarrolle, y no sólo en un país,
sino en todos los países predominantes del mundo, en proporciones
tales, que cese la competencia entre los proletarios de estos
países, y hasta que por lo menos las fuerzas productivas
decisivas estén concentradas en manos del proletariado"
[14].
En otras palabras:
a) Marx no proponía, en modo
alguno, comenzar la revolución, en la Alemania de la década
del 50, directamente por el Poder proletario, contrariamente a
los planes de nuestros "permanentistas" rusos;
b) Marx sólo proponía
que se coronase la revolución con el Poder estatal del
proletariado, desalojando paso a paso de las alturas del Poder
a una fracción de la burguesía tras otra, para,
una vez instaurado el Poder del proletariado, encender la revolución
en todos los países. De completo acuerdo con lo enunciado
está todo lo que enseñó y llevó a
la práctica Lenin en el transcurso de nuestra revolución,
aplicando su teoría de la revolución proletaria
en las condiciones del imperialismo.
Resulta, pues, que nuestros "permanentistas"
rusos no sólo menospreciaban el papel del campesinado en
la revolución rusa y la importancia de la idea de la hegemonía
del proletariado, sino que modificaban (empeorándola) la
idea de Marx sobre la revolución "permanente",
haciéndola inservible para su aplicación práctica.
Por eso Lenin ridiculizaba la teoría
de nuestros "permanentistas", calificándola de
"original" y de "magnífica" y acusándolos
de no querer "reflexionar acerca del por qué la vida
llevaba diez años, ni más ni menos, pasando de largo
por delante de esta magnífica teoría" (el artículo
de Lenin fue escrito en 1915, a los diez años de aparecer
en Rusia la teoría de los "permanentistas". Véase
t. XVIII, pág. 317).
Por eso Lenin tildaba esta teoría
de semimenchevique, diciendo que "toma de los bolcheviques
el llamamiento a la lucha revolucionaria decidida del proletariado
y a la conquista del Poder político por éste, y
de los mencheviques, la 'negación' del papel de los campesinos"
(v. el artículo de Lenin, Sobre las Dos Líneas de
la Revolución, lugar citado).
Eso es lo que hay en cuanto a la idea
de Lenin sobre la transformación de la revolución
democrático-burguesa en revolución proletaria, sobre
el aprovechamiento de la revolución burguesa para pasar
"inmediatamente" a la revolución proletaria.
Además, antes se creía
imposible la victoria de la revolución en un solo país,
suponiendo que, para alcanzar la victoria sobre la burguesía,
era necesaria la acción conjunta de los proletarios de
todos los países adelantados o, por lo menos, de la mayoría
de ellos. Ahora, este punto de vista ya no corresponde a la realidad.
Ahora hay que partir de la posibilidad de este triunfo, pues el
desarrollo desigual y a saltos de los distintos países
capitalistas en el imperialismo, el desarrollo, en el seno del
imperialismo, de contradicciones catastróficas que llevan
a guerras inevitables, el incremento del movimiento revolucionario
en todos los países del mundo; todo ello no sólo
conduce a la posibilidad, sino también a la necesidad del
triunfo del proletariado en uno u otro país. La historia
de la revolución en Rusia es una prueba directa de ello.
Unicamente debe tenerse en cuenta que el derrocamiento de la burguesía
sólo puede lograrse si se dan algunas condiciones absolutamente
indispensables, sin las cuales ni siquiera puede pensarse en la
toma del Poder por el proletariado.
He aquí lo que dice Lenin acerca
de estas condiciones en su folleto La Enfermedad Infantil:
"La ley fundamental de la revolución,
confirmada por todas las revoluciones, y en particular por las
tres revoluciones rusas del siglo XX, consiste en lo siguiente:
para la revolucion no basta con que las masas explotadas y oprimidas
tengan conciencia de la imposibilidad de seguir viviendo como
viven y exijan cambios; para la revolución es necesario
que los explotadores no puedan seguir viviendo y gobernando como
viven y gobiernan. Sólo cuando los 'de abajo' no quieren
y los 'de arriba' no pueden seguir viviendo a la antigua, sólo
entonces puede triunfar la revolución. En otras palabras,
esta verdad se expresa del modo siguiente: la revolución
es imposible sin una crisis nacional general (que atecte a explotados
y explotadores ) [****]. Por consiguiente, para hacer la revolución,
hay, en primer lugar, que conseguir que la mayoría de los
obreros (o, en todo caso, la mayoría de los obreros conscientes,
reflexivos, políticamente activos) comprenda profundamente
la necesidad de la revolución y este dispuesta a sacrificar
la vida por ella; en segundo lugar, es preciso que las clases
gobernantes atraviesen una crisis gubernamental que arrastre a
la política hasta a las masas más atrasadas . .
., que reduzca a la impotencia al gobierno y haga posible su rápido
derrocamiento por los revolucionarios" (v. t. XXV, pág.
222).
Pero derrocar el Poder de la burguesía
e instaurar el Poder del proletariado en un solo país no
significa todavía garantizar el triunfo completo del socialismo.
Después de haber consolidado su Poder y arrastrado consigo
a los campesinos, el proletariado del país victorioso puede
y debe edificar la sociedad socialista. Pero ¿significa
esto que, con ello, el proletariado logrará el triunfo
completo, definitivo, del socialismo, es decir, significa esto
que el proletariado puede, con las fuerzas de un solo país,
consolidar definitivamente el socialismo y garantizar completamente
al país contra una intervención y, por tanto, contra
la restauración? No. Para ello es necesario que la revolución
triunfe, por lo menos, en algunos países. Por eso, desarrollar
y apoyar la revolución en otros países es una tarea
esencial para la revolución que ha triunfado ya. Por eso,
la revolución del país victorioso no debe considerarse
como una magnitud autónoma, sino como un apoyo, como un
medio para acelerar el triunfo del proletariado en los demás
países.
Lenin expresó este pensamiento
en dos palabras, cuando dijo que la misión de la revolución
triunfante consiste en llevar a cabo "el máximo de
lo realizable en un solo país para desarrollar, apoyar
y despertar la revolución en todos los países "
(v. t. XXIII, pág. 385).
Tales son, en términos generales,
los rasgos característicos de la teoría leninista
de la revolución proletaria.
IV. LA DICTADURA DEL PROLETARTADO
Analizaré tres cuestiones fundamentales
de este tema:
a) la dictadura del proletariado como
instrumento de la revolución proletaria;
b) la dictadura del proletariado como
dominación del proletariado sobre la burguesía;
c) el Poder Soviético como forma
estatal de la dictadura del proletariado.
1) La dictadura del proletariado como
instrumento de la revolución proletaria. La cuestión
de la dictadura del proletariado es, ante todo, la cuestión
del contenido fundamental de la revolución proletaria.
La revolución proletaria, su movimiento, su amplitud, sus
conquistas, sólo toman cuerpo a través de la dictadura
del proletariado. La dictadura del proletariado es el instrumento
de la revolución proletaria, un organismo suyo, su punto
de apoyo más importante, llamado a la vida, primero, para
aplastar la resistencia de los explotadores derribados y consolidar
las conquistas logradas y, segundo, para llevar a término
la revolución proletaria, para llevarla hasta el triunfo
completo del socialismo. Vencer a la burguesía y derrocar
su Poder es cosa que la revolución podría hacer
también sin la dictadura del proletariado. Pero aplastar
la resistencia de la burguesía, sostener la victoria y
seguir avanzando hasta el triunfo definitivo del socialismo, la
revolución ya no puede si no crea, al llegar a una determinada
fase de su desarrollo, un organismo especial, la dictadura del
proletariado, que sea su principal apoyo.
"La cuestión del Poder es
la fundamental en toda revolución" (Lenin ). ¿Quiere
esto decir que todo queda limitado a la toma del Poder, a la conquista
del Poder? No, no es así. La toma del Poder no es más
que el comienzo. La burguesía, derrocada en un país,
sigue siendo todavía durante largo tiempo, por muchas razones,
más fuerte que el proletariado que la ha derrocado. Por
eso, todo consiste en mantenerse en el Poder, en consolidarlo,
en hacerlo invencible. ¿Que se precisa para alcanzar este
fin? Se precisa cumplir, por lo menos, las tres tareas principales
que se le plantean a la dictadura del proletariado "al día
siguiente" de la victoria:
a) vencer la resistencia de los terratenientes
y capitalistas derrocados y expropiados por la revolución,
aplastar todas y cada una de sus tentativas para restaurar el
Poder del capital;
b) organizar la edificación de
modo que todos los trabajadores se agrupen en torno al proletariado
y llevar a cabo esta labor con vistas a preparar la supresión,
la destrucción de las clases;
c) armar a la revolución, organizar
el ejército de la revolución para luchar contra
los enemigos exteriores, para luchar contra el imperialismo.
Para llevar a cabo, para cumplir estas
tareas, es necesaria la dictadura del proletariado.
"El paso del capitalismo al comunismo
-dice Lenin- llena toda una época histórica. Mientras
esta época histórica no finaliza, los explotadores
siguen, inevitablemente, abrigando esperanzas de restauración,
esperanzas que se convierten en tentativas de restauración.
Después de la primera derrota seria, los explotadores derrocados,
que no esperaban su derrocamiento, que no creían en él,
que no accptaban ni siquiera la idea de él, se lanzan con
energía decuplicada, con pasión furiosa, con odio
centuplicado, a la lucha por la restitución del 'paraiso'
que les ha sido arrebatado, por sus familias, que antes disfrutaban
de una vida tan regalada y a quienes ahora la 'canalla vil' condena
a la ruina y a la miseria (o a un trabajo 'vil' . . .). Y tras
de los capitalistas explotadores se arrastra una vasta masa de
pequeña burguesía, de la que decenios de experiencia
histórica en todos los países nos dicen que titubea
y vacila, que hoy sigue al proletariado y mañana se asusta
de las dificultades de la revolución, se deja llevar del
pánico ante la primera derrota o semiderrota de los obreros,
se pone nerviosa, se agita, lloriquea, pasa de un campo a otro"
(v. t. XXIII, pág. 355).
La burguesía tiene sus razones
para hacer tentativas de restauración, porque después
de su derrocamiento sigue siendo, durante mucho tiempo todavía,
más fuerte que el proletariado que la derrocó.
"Si los explotadores son derrotados
solamente en un país -dice Lenin-, y éste es, naturalmente,
el caso tipico, porque la revolución simultánea
en varios países constituye una excepción rara,
seguirán siendo, no obstante, más fuertes que los
explotados" (v. obra citada, pág. 354).
¿En qué consiste la fuerza
de la burguesía derrocada?
En primer lugar, "en la fuerza
del capital internacional, en la fuerza y la solidez de los vínculos
internacionales de la burguesía" (v. t. XXV, pág.
173).
En segundo lugar, en que, "durante
mucho tiempo después de la revolución, los explotadores
siguen conservando, inevitablemente, muchas y enormes ventajas
efectivas: les quedan el dinero (no es posible suprimir el dinero
de golpe) y algunos que otros bienes muebles, con frecuencia valiosos;
les quedan las relaciones, los hábitos de organización
y administración, el conocimiento de todos los 'secretos'
(costumbres, procedimientos, medios, posibilidades) de la administración;
les quedan una instrucción más elevada y su intimidad
con el alto personal técnico (que vive y piensa en burgués);
les queda (y esto es muy importante) una experiencia infinitamente
superior en lo que respecta al arte militar, etc., etc."
(v. t. XXIII, pág. 354).
En tercer lugar, "en la fuerza
de la costumbre, en la fuerza de la pequeña producción.
Porque, desgraciadamente, queda todavía en el mundo mucha,
muchisima pequeña producción, y la pequeña
producción engendra capitalismo y burguesía constantemente,
cada día, cada hora, espontáneamente y en masa".
. . , porque "suprimir las clases no sólo significa
expulsar a los terratenientes y a los capitalistas -esto lo hemos
hecho nosotros con relativa facilidad-, sino también suprimir
los pequeños productores de mercancías; pero a éstos
no se les puede expulsar, no se les puede aplastar; con ellos
hay que convivir, y sólo se puede (y se debe) transformarlos,
reeducatlos, mediante una labor de organización muy larga,
lenta y prudente" (v. t. XXV, págs. 173 y 189).
Por eso, Lenin dice:
"La dictaduta del proletariado
es la guerra más abnegada y más implacable de la
nueva clase contra un enemigo más poderoso, contra la burguesía,
cuya resistencia se ve decuplicada por su derrocamiento",
"la dictadura del proletatiado es una lucha tenaz, cruenta
e incruenta, violenta y pacífica, militar y económica,
pedagógica y administrativa, contra las fuerzas y las tradiciones
de la vieja sociedad" (v. obra citada, págs. 173 y
190).
No creo que sea necesario demostrar
que es absolutamente imposible cumplir estas tareas en un plazo
breve, llevar todo esto a la práctica en unos cuantos años.
Por eso, en la dictadura del proletariado, en el paso del capitalismo
al comunismo, no hay que ver un período efímero,
que revista la forma de una serie de actos y decretos "revolucionarísimos",
sino toda una época histórica, cuajada de guerras
civiles y de choques exteriores, de una labor tenaz de organización
y de edificación económica, de ofensivas y retiradas,
de victorias y derrotas. Esta época histórica no
sólo es necesaria para sentar las premisas económicas
y culturales del triunfo completo del socialismo, sino también
para dar al proletariado la posibilidad, primero, de educarse
y templarse, constituyendo una fuerza capaz de gobernar el país,
y, segundo, de reeducar y transformar a las capas pequeñoburguesas
con vistas a asegurar la organización de la producción
socialista.
"Tenéis que pasar -decía
Marx a los obreros- por quince, veinte, cincuenta años
de guerras civiles y batallas internacionales, no sólo
para cambiar las relaciones existentes, sino también para
cambiar vosotros mismos y llegar a ser capaces de ejercer la dominación
política" (véase: C. Marx y F. Engels, Obras,
t. VIII, pág. 506).
Continuando y desarrollando la idea
de Marx, Lenin escribe:
"Bajo la dictadura del proletariado,
habrá que reeducar a millones de campesinos y de pequeños
propietarios, a centenares de miles de empleados, de funcionarios,
de intelectuales burgueses, subordinándolos a todos al
Estado proletario y a la dirección proletaria; habrá
que vencet en ellos los hábitos burgueses y las tradiciones
burguesas"; habrá también que ". . . reeducar
. . . en lucha prolongada, sobre la base de la dictadura del proletariado,
a los proletarios mismos, que no se desembarazan de sus prejuicios
pequeñoburgueses de golpe, por un milagro, por obra y gracia
del Espíritu Santo o por el efecto mágico de una
consigna, de una resolución o un decreto, sino únicamente
en una lucha de masas prolon gada y difícil contra la influencia
de las ideas pequeñoburguesas entre las masas" (v.
t. XXV, págs. 248 y 247).
2) La dictadura del proletetiado como
dominación del proletariado sobre la burguesía.
De lo dicho se desprende ya que la dictadura del proletariado
no es un simple cambio de personas en el gobierno, un cambio de
"gabinete", etc., que deja intacto el viejo orden económico
y político. Los mencheviques y oportunistas de todos los
países, que le temen a la dictadura como al fuego y, llevados
por el miedo, suplantan el concepto dictadura por el concepto
"conquista del Poder", suelen reducir la "conquista
del Poder" a un cambio de "gabinete", a la subida
al Poder de un nuevo ministerio, formado por individuos como Scheidemann
y Noske, Mac-Donald y Henderson. No creo que sea necesario explicar
que estos cambios de gabinete y otros semejantes no tienen nada
que ver con la dictadura del proletariado, con la conquista del
verdadero Poder por el verdadero proletariado. Los Mac-Donald
y los Scheidemann en el Poder, dejando intacto el antiguo orden
de cosas burgués, sus gobiernos -llamémoslos así-
no pueden ser más que un aparato al servicio de la burguesía,
un velo sobre las lacras del imperialismo, un instrumento de la
burguesía contra el movimiento revolucionario de las masas
oprimidas y explotadas. Esos gobiernos los necesita el capital
como pantalla, cuando para él es inconveniente, desventajoso,
difícil, oprimir y explotar a las masas sin una pantalla.
Naturalmente, la aparición de esos gobiernos es síntoma
de que "entre ellos" (es decir, entre los capitalistas),
"en Chipka", no reina la tranquilidad [5], pero, no
obstante, los gobiernos de este tipo son, inevitablemente, gobiernos
del capital enmascarados. De un gobierno Mac-Donald o Scheidemann
a la conquista del Poder por el proletariado hay tanto trecho
como de la tierra al cielo. La dictadura del proletariado no es
un cambio de gobierno, sino un Estado nuevo, con nuevos organismos
de Poder centrales y locales; es el Estado del proletariado, que
surge sobre las ruinas del Estado antiguo, del Estado de la burguesía.
La dictadura del proletariado no surge
sobre la base del orden de cosas burgués, sino en el proceso
de su destrucción, después del derrocamiento de
la burguesía, en el curso de la expropiación de
los terratenientes y los capitalistas, en el curso de la socialización
de los instrumentos y los medios de producción fundamentales,
en el curso de la revolución violenta del proletariado.
La dictadura del proletariado es un Poder revolucionario que se
basa en la violencia contra la burguesía.
El Estado es una máquina puesta
en manos de la clase dominante para aplastar la resistencia de
sus enemigos de clase. En este sentido, la dictadura del proletariado
realmente no se distingue en nada de la dictadura de cualquier
otra clase, pues el Estado proletario es una máquina para
aplastar a la burguesía. Pero hay aquí una diferencia
esencial. Consiste esta diferencia en que todos los Estados de
clase que han existido hasta hoy han sido la dictadura de una
minoría explotadora sobre una mayoría explotada,
mientras que la dictadura del proletariado es la dictadura de
la mayoría explotada sobre la minoría explotadora.
En pocas palabras: la dictadura del
proletariado es la dominación del proletariado sobre la
burguesía, dominación no limitada por la ley, y
basada en la violencia y que goza de la simpatía y el apoyo
de las masas trabajadoras y explotadas (Lenin, El Estado y la
Revolución ).
De aquí se desprenden dos conclusiones
fundamentales.
Primera conclusión. La dictadura
del proletariado no puede ser "plena" democracia, democracia
para todos, para los ricos y para los pobres; la dictadura del
proletariado "debe ser un Estado democrático de manera
nueva (para [6] los proletarios y los desposeídos en general)
y dictatorial de manera nueva (contra [7] la burguesía)"
(v. t. XXI, pág. 393). Las frases de Kautsky y Cía.
sobre la igualdad universal, sobre la democracia "pura",
la democracia "perfecta", etc., no son más que
la tapadera burguesa del hecho indudable de que la igualdad entre
explotados y explotadores es imposible. La teoría de la
democracia "pura" es una teoría de la aristocracia
obrera, domesticada y cebada por los saqueadores imperialistas.
Esta teoría fue sacada a luz para cubrir las lacras del
capitalismo, para disfrazar el imperialismo y darle fuerza moral
en la lucha contra las masas explotadas. Bajo el capitalismo no
existen ni pueden existir verdaderas "libertades" para
los explotados, aunque no sea más que por el hecho de que
los locales, las imprentas, los depósitos de papel, etc.,
necesarios para ejercer estas "libertades", son privilegio
de los explotadores. Bajo el capitalismo, no se da ni puede darse
una verdadera participación de las masas explotadas en
la gobernación del país, aunque no sea más
que por el hecho de que, bajo el capitalismo, aun en el régimen
más democrático, los gobiernos no los forma el pueblo,
sino que los forman los Rothschild y los Stinnes, los Rockefeller
y los Morgan. Bajo el capitalismo, la democracia es una democracia
capitalista, la democracia de la minoría explotadora, basada
en la restricción de los derechos de la mayoría
explotada y dirigida contra esta mayoría. Sólo bajo
la dictadura proletaria puede haber verdaderas libertades para
los explotados y una verdadera participación de los proletarios
y de los campesinos en la gobernación del país.
Bajo la dictadura del proletariado, la democracia es una democracia
proletaria, la democracia de la mayoría explotada, basada
en la restricción de los derechos de la minoría
explotadora y dirigida contra esta minoría.
Segunda conclusión. La dictadura
del proletariado no puede surgir como resultado del desarrollo
pacífico de la sociedad burguesa y de la democracia burguesa;
sólo puede surgir como resultado de la demolición
de la máquina del Estado burgués del ejército
burgués, del aparato burocrático burgués,
de la policía burguesa.
"La clase obrera no puede simplemente
tomar posesión de la máquina estatal existente y
ponerla en marcha para sus propios fines", dicen Marx y Engels
en el prefacio al Manifiesto del Partido Comunista. La revolucion
proletaria debe ". . . no hacer pasar de unas manos a otras
la máquina burocrático-militar, como venía
sucediendo hasta ahora, sino demolerla . . . , y ésta es
la condición previa de toda verdadera revolución
popular en el continente", dice Marx en una carta a Kugelmann,
escrita en 187l [15].
La salvedad hecha por Marx respecto
al continente ha servido de pretexto a los oportunistas y mencheviques
de todos los países para gritar que Marx admitía
la posibilidad de transformación pacífica de la
democracia burguesa en democracia proletaria, por lo menos en
algunos países que no forman parte del continente europeo
(Inglaterra, Norteamérica). Marx admitía, en efecto,
esta posibilidad, y tenía fundamento para ello en el caso
de Inglaterra y Norteamérica en la década del 70
del siglo pasado, cuando aun no existía el capitalismo
monopolista, cuando no existía el imperialismo y estos
países no tenían aún, debido a las condiciones
especiales en que se desenvolvieron, un militarismo y un burocratismo
desarrollados. Así fue hasta la aparición del imperialismo
desarrollado. Pero luego, treinta o cuarenta años más
tarde, cuando la situación en estos países cambió
radicalmente, cuando el imperialismo se desarrolló, abarcando
a todos los países capitalistas, sin excepción,
cuando el militarismo y el burocratismo hicieron su aparición
en Inglaterra y en Norteamérica, cuando las condiciones
especiales del desarrollo pacífico de Inglaterra y de Norteamérica
desaparecieron, la salvedad hecha con respecto a estos países
debía desaparecer por sí sola.
"Ahora, en 1917, en la época
de la primera gran guerra imperialista -dice Lenin-, esta salvedad
hecha por Marx pierde su razón de ser. Inglaterra y Norteamérica,
los principales y los últimos representantes -en el mundo
entero- de la 'libertad' anglosajona en el sentido de ausencia
de militarismo y de burocratismo, han rodado definitivamente al
inmundo y sangriento pantano, común a toda Europa, de las
instituciones burocrático-militares, que todo lo someten
y todo lo aplastan. Ahora, en Inglaterra y en Norteamérica
es 'condición previa de toda verdadera revolución
popular' d e m o l e r, d e s t r u i r la 'máquina estatal
existente' (que ha sido llevada allí, en los años
de 1914 a 1917, a la perfección 'europea', a la perfección
común a todos los países imperialistas)" (v.
t. XXI, pág. 395).
En otras palabras: la ley de la revolución
violenta del proletariado, la ley de la destrucción de
la máquina del Estado burgués, como condición
previa de esta revolución, es una ley inexcusable del movimiento
revolucionario en los países imperialistas del mundo.
Claro está que, en un porvenir
lejano, si el proletariado triunfa en los países capitalistas
más importantes y el actual cerco capitalista es sustituido
por un cerco socialista, será perfectamente posible la
trayectoria "pacífica" de desarrollo para algunos
países capitalistas, donde los capitalistas, debido a la
"desfavorable" situación internacional, juzguen
conveniente hacer "voluntariamente" al proletariado
concesiones importantes. Pero esta hipótesis sólo
se refiere a un porvenir lejano y probable. Para un porvenir cercano,
esta hipótesis no tiene ningún fundamento, absolutamente
ninguno. Por eso, Lenin tiene razón cuando dice:
"La revolución proletaria
es imposible sin la destrucción violenta de la máquina
del Estado burgués y sin su sustitución por una
máquina nueva " (v. t. XXIII, pág. 342).
3) El Poder Soviético como forma
estatal de la dictadura del proletariado. El triunfo de la dictadura
del proletariado significa el aplastamiento de la burguesía,
la destrucción de la máquina del Estado burgués,
la sustitución de la democracia burguesa por la democracia
proletaria. Eso está claro. Pero ¿por medio de qué
organizaciones se puede llevar a cabo esta gigantesca labor? Difícilmente
podrá dudarse de que las viejas formas de organización
del proletariado, surgidas sobre la base del parlamentarismo burgués,
son insuficientes para ello. ¿Cuáles son, pues,
las nuevas formas de organización del proletariado aptas
para desempeñar el papel de sepultureros de la máquina
del Estado burgués, aptas, no sólo para destruir
esta máquina y no sólo para sustituir la democracia
burguesa por la democracia proletaria, sino para constituir la
base del Poder estatal proletario?
Esta nueva forma de organización
del proletariado son los Soviets.
¿En qué consiste la fuerza
de los Soviets, en comparación con las viejas formas de
organización?
En que los Soviets son las organizaciones
de masas del proletariado más vastas, pues los Soviets,
y sólo ellos, encuadran a todos los obreros, sin excepción.
En que los Soviets son las únicas
organizaciones de masas que engloban a todos los oprimidos y explotados,
a los obreros y los campesinos, a los soldados y los marinos,
y que, en con secuencia, permiten a la vanguardia de las masas,
el proletariado, ejercer con la mayor sencillez y la mayor plenitud
la dirección política de la lucha de las masas.
En que los Soviets son los organismos
más poderosos de la lucha revolucionaria de las masas,
de las acciones políticas de las masas, de la insurrección
de las masas, organismos capaces de destruir la omnipotencia del
capital financiero y de sus apéndices políticos.
En que los Soviets son organizaciones
directas de las mismas masas, es decir, las organizaciones más
democráticas y, por tanto, las que gozan de mayor prestigio
entre las masas. Los Soviets facilitan al máximo la participación
de las masas en la organización del nuevo Estado y en su
gobernación y abren el máximo campo de acción
a la energía revolucionaria, a la iniciativa y a la capacidad
creadora de las masas en la lucha por la destrucción del
antiguo orden de cosas, en la lucha por un orden de cosas nuevo,
por un orden de cosas proletario.
El Poder Soviético es la unificación
y estructuración de los Soviets locales en una organización
general de Estado, en la organización estatal del proletariado
como vanguardia de las masas oprimidas y explotadas y como clase
dominante, su unificación en la República de los
Soviets
La esencia del Poder Soviético
consiste en que las organizaciones más de masas y más
revolucionarias de las clases que, precisamente, eran oprimidas
por los capitalistas y terratenientes, constituyen ahora "la
base permanente y única de todo el Poder estatal, de todo
el aparato del Estado", en que, "precisamente a estas
masas, que hasta en las repúblicas burguesas más
democráticas", aun siendo iguales en derechos según
la ley, "se veían apartadas de hecho por mil procedimientos
y artimañas, de la participación en la vida política
y privadas de los derechos y de las libertades democráticas,
se les da ahora una participación permanente, ineludible,
y además decisiva, en la dirección democrática
del Estado"[8] (v. Lenin, t. XXIV, pág. 13).
Por eso, el Poder Soviético es
una nueva forma de organización estatal, que se distingue
por principio de la vieja forma democrático-burguesa y
parlamentaria, un nuevo tipo de Estado, no adaptado para la explotación
y la opresión de las masas trabajadoras, sino para la liberación
completa de estas masas de toda opresión y de toda explotación,
adaptado para las tareas de la dictadura del proletariado.
Lenin tiene razón cuando dice
que, con la aparición del Poder Soviético, "la
época del parlamentarismo democrático-burgués
ha terminado y se abre un nuevo capítulo de la historia
universal: la época de la dictadura proletaria".
¿En qué consisten los
rasgos característicos del Poder Soviético?
En que el Poder Soviético es
la organización del Estado más de masas y más
democrática de todas las organizaciones del Estado posibles
mientras existan las clases, pues, siendo el terreno en que se
realiza la alianza y la colaboración de los obreros y de
los campesinos explotados en la lucha contra los explotadores,
y apoyándose para su labor en esta alianza y en esta colaboración,
constituye, por ello, el Poder de la mayoría de la población
sobre la minoría, el Estado de esa mayoría, la expresión
de su dictadura.
En que el Poder Soviético es
la más internacionalista de todas las organizaciones estatales
de la sociedad de clases, porque, destruyendo toda opresión
nacional y apoyándose en la colaboración de las
masas trabajadoras de distintas nacionalidades, facilita, por
ello, la agrupación de estas masas en una sola entidad
estatal.
En que el Poder Soviético facilita,
por su misma estructura, la dirección de las masas oprimidas
y explotadas por su vanguardia, por el proletariado, el núcleo
más cohesionado y más consciente de los Soviets.
"La experiencia de todas las revoluciones
y de todos los movimientos de las clases oprimidas, la experiencia
del movimiento socialista mundial -dice Lenin-, nos enseña
que sólo el proletariado es capaz de reunir y de llevar
tras de sí a las capas dispersas y atrasadas de la población
trabajadora y explotada" (v. t. XXIV, pág. 14). Y
la realidad es que la estructura del Poder Soviético facilita
la aplicación de las enseñanzas de esa experiencia.
En que el Poder Soviético, al
fundir el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo en una organización
única de Estado y sustituir los distritos electorales de
tipo territorial por las unidades de producción -las fábricas-,
pone a las masas obreras, y a las masas trabajadoras en general,
en relación directa con el aparato de dirección
del Estado y las enseña a gobernar el país.
En que sólo el Poder Soviético
es capaz de liberar al ejército de su subordinación
al mando burgués y de convertirlo, de un instrumento para
oprimir al pueblo, como es bajo el régimen burgués,
en un instrumento que libera al pueblo del yugo de la burguesía,
tanto de la propia como de la ajena.
En que "sólo la organización
soviética del Estado puede en realidad demoler de golpe
y destruir definitivamente el viejo aparato, es decir, el aparato
burocrático y judicial burgués" (v. lugar citado).
En que sólo la forma soviética
de Estado, que incorpora a la participación permanente
e incondicional en la dirección del Estado a las organizaciones
de masas de los trabajadores y explotados, es capaz de preparar
la extinción del Estado, lo que constituye uno de los elementos
fundamentales de la futura sociedad sin Estado, de la sociedad
comunista.
La República de los Soviets es,
por lo tanto, la forma política buscada, y al fin descubierta,
dentro de cuyo marco debe alcanzarse la liberación económica
del proletariado, el triunfo completo del socialismo.
La Comuna de París fue el germen
de esta forma. El Poder Soviético es su desarrollo y su
coronamiento.
Por eso, Lenin dice que:
"la República de los Soviets
de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos no es sólo
una forma de instituciones democráticas de tipo más
elevado. . . . , sino la única [9]forma capaz de asegurar
el tránsito menos doloroso al socialismo" (v. t. XXII,
pág. 131).
--------------
1 Subrayado por mí. J. St.
--------------
2 Subrayado por mi. J. St. pág.
27
--------------
3 Subrayado por mí. J. St. pág.
34
--------------
4 Subrayado por mí. J. St. pág. 38
--------------
5 Paráfrasis de la expresión "En Chipka reina
la tranquilidad", que se refiere a la historia de la guerra
ruso-turca de 1877-1878. Mientras en el desfiladero de Chipka
se libraban encarnizados combates, el Estado Mayor de las tropas
zaristas comunicaba en sus partes de guerra: "En Chipka reina
la tranquilidad". -- N. del T.
--------------
6 Subrayado por mí. J. St.
--------------
7 Ibíd.
---------
8 Subrayado en todas partes por mí. J. St. pág.
51
Sigue
Parte Tres: La Cuestión Campesina