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Viene de El Método. En esta Sección Parte Dos: La Teoría

III. LA TEORIA

Analizaré tres cuestiones de este tema:

a) importancia de la teoría para el movimiento proletario,

b) crítica de la "teoría" de la espontaneidad,

c) teoría de la revolución proletaria.

1) Importancia de la teoría. Hay quien supone que el leninismo es la primacía de la práctica sobre la teoría, en el sentido de que para él lo fundamental es aplicar los principios marxistas, "dar cumplimiento" a estos principios, al tiempo que manifiesta bastante despreocupación por la teoría. Sabido es que Plejánov se burló más de una vez de la "despreocupación" de Lenin por la teoría, y en especial por la filosofía. También es sabido que muchos leninistas ocupados hoy en el trabajo práctico no son muy dados a la teoría, por efecto, sobre todo, de la enorme labor práctica que las circunstancias les obligan a desplegar. He de declarar que esta opinión, por demás extraña, que se tiene de Lenin y del leninismo es completamente falsa y no corresponde en modo alguno a la realidad; que la tendencia de los militantes ocupados en el trabajo práctico a desentenderse de la teoría contradice a todo el espíritu del leninismo y está preñada de grandes peligros para la causa.

La teoría es la experiencia del movimiento obrero de todos los países, tomada en su aspecto general. Naturalmente, la teoría deja de tener objeto cuando no se halla vinculada a la práctica revolucionaria, exactamente del mismo modo que la práctica es ciega si la teoría revolucionaria no alumbra su camino. Pero la teoría puede convertirse en una formidable fuerza del movimiento obrero si se elabora en indisoluble ligazón con la práctica revolucionaria, porque ella, y sólo ella, puede dar al movimiento seguridad, capacidad para orientarse y la comprensión de los vínculos internos entre los acontecimientos que se producen en torno nuestro; porque ella, y sólo ella, puede ayudar a la práctica a comprender, no sólo cómo se mueven y hacia dónde marchan las clases en el momento actual, sino también cómo deben moverse y hacia dónde deben marchar en un futuro próximo. ¿Quién sino Lenin dijo y repitió decenas de veces la conocida tesis de que:

"Sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario"? [*] (v. t. IV, pág. 380).

Lenin comprendía mejor que nadie la gran importancia de la teoría, sobre todo para un partido como el nuestro, en virtud del papel de luchador de vanguardia del proletariado internacional, que le ha correspondido, y de la complicada situación interior e internacional que lo rodea. Previendo en 1902 este papel especial de nuestro Partido, Lenin consideraba ya entonces necesario recordar que:

"Sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de vanguardia " (v. t. IV, pág. 380).

No creo que haya necesidad de demostrar que ahora, cuando la predicción de Lenin sobre el papel de nuestro Partido se ha convertido ya en realidad, esta tesis de Lenin adquiere una fuerza y una importancia especiales.

Quizá la expresión más clara de la alta importancia que Lenin otorgaba a la teoría, sea el hecho de que fuera precisamente él quien asumió el cumplimiento de una tarea tan grande como la de sintetizar, desde el punto de vista de la filosofía materialista, los más importantes adelantos de la ciencia en el período comprendido desde Engels hasta Lenin y de someter a profunda crítica las tendencias antimaterialistas entre los partidarios del marxismo. "Cada descubrimiento trascendental -decía Engels- obliga al materialismo a cambiar de forma" [9]. Es sabido que fue precisamente Lenin quien, en su notable libro Materialismo y Empiriocriticismo [10], cumplió esta tarea en relación con su época. Es sabido que Plejánov, a quien gustaba burlarse de la "despreocupación" de Lenin por la filosofía, no se decidió siquiera a abordar seriamente la realización de semejante tarea.

2) Critica de la "teoría" de la espontaneidad, o sobre el papel de la vanguardia en el movimiento. La "teoría" de la espontaneidad es la teoría del oportunismo, la teoría de la prosternación ante la espontaneidad en el movimiento obrero, la teoría de la negación práctica del papel dirigente de la vanguardia de la clase obrera, del Partido de la clase obrera.

La teoría de la prosternación ante la espontaneidad es una teoría decididamente contraria al carácter revolucionario del movimiento obrero, contraria a la orientación del movimiento hacia la lucha contra los fundamentos del capitalismo; aboga por que el movimiento marche exclusivamente por la senda de las reivindicaciones "posibles", "aceptables" para el capitalismo, aboga de manera absoluta por la "vía de la menor resistencia". La teoría de la espontaneidad es la ideología del tradeunionismo.

La teoría de la prosternación ante la espontaneidad es decididamente contraria a que se imprima al movimiento espontáneo un carácter consciente, regular, es contraria a que el Partido marche al frente de la clase obrera, a que el Partido haga conscientes a las masas, a que el Partido marche a la cabeza del movimiento; aboga por que los elementos conscientes del movimiento no impidan a éste seguir su camino, aboga por que el Partido no haga más que prestar oído al movimiento espontáneo y se arrastre a la zaga de él. La teoría de la espontaneidad es la teoría de la subestimación del papel del elemento consciente en el movimiento, es la ideología del "seguidismo", la base lógica de todo oportunismo.

Prácticamente, esta teoría, que salió a escena ya antes de la primera revolución rusa, llevó a que sus adeptos, los llamados "economistas", negaran la necesidad de un partido obrero independiente en Rusia, se manifestasen contra la lucha revolucionaria de la clase obrera por el derrocamiento del zarismo, predicaran una política tradeunionista en el movimiento y, en general, abandonasen a la burguesía liberal la hegemonía en el movimiento obrero.

La lucha de la vieja Iskra y la brillante crítica de la teoría del "seguidismo" hecha por Lenin en su folleto ¿Qué hacer?, no sólo derrotaron al llamado "economismo", sino que, además, sentaron las bases teóricas para un movimiento realmente revolucionario de la clase obrera rusa.

Sin esta lucha, ni siquiera hubiera podido pensarse en crear en Rusia un partido obrero independiente, ni en el papel dirigente de éste en la revolución.

Pero la teoría de la prosternación ante la espontaneidad no es un fenómeno exclusivamente ruso. Esta teoría se halla muy extendida, cierto es que bajo una forma algo distinta, en todos los partidos de la II Internacional, sin excepción. Me refiero a la llamada teoría de las "fuerzas productivas", vulgarizada por los líderes de la II Internacional, teoría que lo justifica todo y reconcilia a todos, que registra los hechos, los explica cuando ya todo el mundo está harto de ellos y, después de registrarlos, se da por satisfecha. Marx decía que la teoría materialista no puede limitarse a interpretar el mundo, sino que, además, debe transformarlo [11]. Pero a Kautsky y Cía. no les preocupa esto y prefieren no rebasar la primera parte de la fórmula de Marx.

He aquí uno de tantos ejemplos de aplicación de esta "teoría". Dícese que, antes de la guerra imperialista, los partidos de la II Internacional amenazaban con declarar la "guerra a la guerra", en el caso de que los imperialistas la comenzaran. Dicese que, en visperas de la guerra, estos partidos metieron bajo el tapete la consigna de "guerra a la guerra" y aplicaron la consigna contraria, la consigna de "guerra por la patria imperialista". Dícese que este cambio de consignas causó millones de victimas entre los obreros. Pero sería un error pensar que alguien tuvo la culpa de ello, que alguien fue infiel o traidor a la clase obrera. ¡Nada de eso! Ocurrió lo que tenía que ocurrir. En primer lugar, porque resulta que la Internacional es un "instrumento de paz", y no de guerra; y, en segundo lugar, porque, dado el "nivel de las fuerzas productivas" en aquel entonces, ninguna otra cosa podía hacerse. La "culpa" es de las "fuerzas productivas". Así, exactamente, "nos" lo explica la "teoría de las fuerzas productivas" del señor Kautsky. Y quien no crea en esta "teoría", no es marxista. ¿El papel de los partidos? ¿Su importancia en el movimiento? Pero ¿qué puede hacer un partido ante un factor tan decisivo como el "nivel de las fuerzas productivas"?. . .

Podríamos citar todo un montón de ejemplos semejantes de falsificación del marxismo.

No creo que sea necesario demostrar que este "marxismo" contrahecho, destinado a cubrir las verguenzas del oportunismo, no es más que una variante a la europea de esa misma teoría del "seguidismo" combatida por Lenin ya antes de la primera revolución rusa.

No creo que sea necesario demostrar que demoler esa falsificación teórica es una condición preliminar para la creación de partidos verdaderamente revolucionarios en el Occidente.

3) Teoría de la revolución proletaria. La teoría leninista de la revolución proletaria parte de tres tesis fundamentales.

Primera tesis. La dominación del capital financiero en los países capitalistas adelantados; la emisión de títulos de valor, como una operación importantisima del capital financiero; la exportación de capitales a las fuentes de materias primas, como una de las bases del imperialismo; la omnipotencia de la oligarquía financiera, como resultado de la dominación del capital financiero; todo esto pone al descubierto el burdo carácter parasitario del capitalismo monopolista, hace cien veces más doloroso el yugo de los trusts y de los sindicatos capitalistas, acrecienta la indignación de la clase obrera contra los fundamentos del capitalismo y lleva las masas a la revolución proletaria como única salvación (v. El Imperialismo [12], de Lenin ).

De aquí se desprende la primera conclusión: agudización de la crisis revolucionaria en los países capitalistas; acrecentamiento de los elementos de un estallido en el frente interior, en el frente proletario de las "metrópolis".

Segunda tesis. La exportación intensificada de capitales a las colonias y los países dependientes; la extensión de las "esferas de influencia" y de los dominios coloniales, que llegan a abarcar todo el planeta; la transformación del capitalismo en un sistema mundial de esclavización financiera y de opresión colonial de la gigantesca mayoría de la población del Globo por un puñado de países "adelantados"; todo esto, de una parte, ha convertido las distintas economías nacionales y los distintos territorios nacionales en eslabones de una misma cadena, llamada economía mundial; de otra parte, ha dividido a la población del planeta en dos campos: el de un puñado de países capitalistas "adelantados", que explotan y oprimen vastas colonias y vastos países dependientes, y el de la enorme mayoría de colonias y países dependientes, que se ven obligados a luchar por liberarse del yugo imperialista (v. El Imperialismo ).

De aquí se desprende la segunda conclusión: agudización de la crisis revolucionaria en las colonias; acrecentamiento de la indignación contra el imperialismo en el frente exterior, en el frente colonial.

Tercera tesis. La posesión monopolista de las "esferas de influencia" y de las colonias; el desarrollo desigual de los países capitalistas, que lleva a una lucha furiosa por un nuevo reparto del mundo entre los países que ya se han apoderado de los territorios y los que desean obtener su "parte"; las guerras imperialistas, como único medio de restablecer el "equilibrio" roto; todo esto conduce al fortalecimiento del tercer frente, del frente intercapitalista, que debilita al imperialismo y facilita la unión de los dos primeros frentes -el frente proletario revolucionario y el frente de la liberación colonial- contra el imperialismo (v. El Imperialismo ).

De aquí se desprende la tercera conclusión: ineluctabilidad de las guerras bajo el imperialismo e inevitabilidad de la coalición de la revolución proletaria de Europa con la revolución colonial del Oriente, formando un solo frente mundial de la revolución contra el frente mundial del imperialismo.

Lenin suma todas estas conclusiones en una conclusión general: "El imperialismo es la antesala de la revolución socialista " [**] (v. t. XIX, pág. 71).

En consonancia con esto, cambia el modo mismo de abordar el problema de la revolución proletaria, de su carácter, de su extensión y profundidad, cambia el esquema de la revolución en general.

Antes, el análisis de las premisas de la revolución proletaria solía abordarse desde el punto de vista del estado económico de tal o cual país. Ahora, este modo de abordar el problema ya no basta. Ahora hay que abordarlo desde el punto de vista del estado económico de todos o de la mayoría de los países, desde el punto de vista del estado de la economía mundial, porque los distintos países y las distintas economías nacionales han dejado ya de ser unidades autónomas y se han convertido en eslabones de una misma cadena, que se llama economía mundial; porque el viejo capitalismo "civilizado" se ha transformado en imperialismo, y el imperialismo es un sistema mundial de esclavización financiera y de opresión colonial de la inmensa mayoría de la población del Globo por un puñado de países "adelantados".

Antes solía hablarse de la existencia o de la ausencia de condiciones objetivas para la revolución proletaria en los distintos países o, más exactamente, en tal o cual país desarrollado. Ahora, este punto de vista ya no basta. Ahora hay que hablar de la existencia de condiciones objetivas para la revolución en todo el sistema de la economía imperialista mundial, considerado como una sola entidad; y la presencia, dentro de este sistema, de algunos países con un desarrollo industrial insuficiente no puede representar un obstáculo insuperable para la revolución, si el sistema en su conjunto o, mejor dicho, puesto que el sistema en su conjunto está ya maduro para la revolución.

Antes solía hablarse de la revolución proletaria en tal o cual país desarrollado como de una magnitud particular y autónoma, que se contraponía, como a su antípoda, al respectivo frente nacional del capital Ahora, este punto de vista ya no basta. Ahora hay que hablar de la revolución proletaria mundial, pues los distintos frentes nacionales del capital se han convertido en otros tantos eslabones de una misma cadena, que se llama frente mundial del imperialismo y a la cual hay que contraponer el frente general del movimiento revolucionario de todos los países.

Antes se concebía la revolución proletaria como resultado exclusivo del desarrollo interior del país en cuestión. Ahora, este punto de vista ya no basta. Ahora, la revolución proletaria debe concebirse, ante todo, como resultado del desarrollo de las contradicciones dentro del sistema mundial del imperialismo, como resultado de la ruptura de la cadena del frente mundial imperialista en tal o cual país.

¿Dónde empezará la revolución?, ¿dónde podrá romperse, en primer lugar, el frente del capital?, ¿en qué país?

Allí donde la industria esté más desarrollada, donde el proletariado forme la mayoría, donde haya más cultura, donde haya más democracia, solían contestar antes.

No, objeta la teoría leninista de la revolución, no es obligatorio que sea alli donde la industria esté más desarrollada, etc. El frente del capital se romperá allí donde la cadena del imperialismo sea más débil, pues la revolución proletaria es resultado de la ruptura de la cadena del frente mundial imperialista por su punto más débil; y bien puede ocurrir que el país que haya empezado la revolución, el país que haya roto el frente del capital, esté menos desarrollado en el sentido capitalista que otros países, los cuales, pese a su mayor desarrollo, todavía permanezcan dentro del marco del capitalismo.

En 1917, la cadena del frente imperialista mundial resultó ser más débil en Rusia que en los demás países. Fue aquí donde se rompió, dando paso a la revolución proletaria, ¿Por qué?

Porque en Rusia se desarrollaba una gran revolución popular, a cuya cabeza marchaba el proletariado revolucionario, que contaba con un aliado tan importante como los millones y millones de campesinos oprimidos y explotados por los terratenientes. Porque frente a la revolución se alzaba aquí un representante tan repulsivo del imperialismo como el zarismo, falto de todo ascendiente moral y que se había ganado el odio general de la población. En Rusia, la cadena resultó ser más débil, aunque este país estaba menos desarrollado en el sentido capitalista que Francia o Alemania, Inglaterra o los Estados Unidos, pongamos por caso.

¿Dónde se romperá la cadena en el próximo futuro? Volverá a romperse allí donde sea más débil. No está excluido que la cadena pueda romperse, por ejemplo, en la India. ¿Por qué? Porque en la India hay un proletariado joven, combativo y revolucionario, que cuenta con un aliado como el movimiento de liberación nacional, aliado indudablemente fuerte, indudablemente importante. Porque frente a la revolución se alza allí un enemigo de todos conocido, el imperialismo extranjero, privado de crédito moral y que se ha ganado el odio general de las masas oprimidas y explotadas de la India.

También es perfectamente posible que la cadena se rompa en Alemania. ¿Por qué? Porque los factores que actúan, por ejemplo, en la India, empiezan a actuar también en Alemania; y se comprende que la inmensa diferencia entre el nivel de desarrollo de la India y el de Alemania no puede dejar de imprimir su sello a la marcha y al desenlace de la revolución en Alemania.

Por eso, Lenin dice:

"Los países capitalistas de la Europa Occidental llevarán a término su desarrollo hacia el socialismo . . . no por un proceso gradual de 'maduración' del socialismo en ellos, sino mediante la explotación de unos Estados por otros, mediante la explotación del primer Estado entre los vencidos en la guerra imperialista, unida a la explotación de todo el Oriente. Por otra parte, el Oriente se ha incorporado de manera definitiva al movimiento revolucionario, gracias precisamente a esta primera guerra imperialista, viéndose arrastrado definitivamente a la órbita general del movimiento revolucionario mundial" (v. t. XXVII, págs. 415-416).

Resumiendo: como regla general, la cadena del frente imperialista debe romperse allí donde sus eslabones sean más débiles y, en todo caso, no necesariamente allí donde el capitalismo esté más desarrollado, o donde los proletarios constituyan un determinado tanto por ciento de la población, los campesinos otro tanto por ciento determinado, etc., etc.

Por eso, los cálculos estadísticos sobre el porcentaje de proletariado en la población de un país determinado pierden, cuando se trata de resolver el problema de la revolución proletaria, la importancia excepcional que gustaban de atribuirles los exégetas de la II Internacional, que no han sabido comprender el imperialismo y temen a la revolución como a la peste.

Además, los héroes de la II Internacional afirmaban (y si guen afirmando) que entre la revolución democrático-burguesa, de una parte, y la revolución proletaria, de otra, media un abismo o, por lo menos, una muralla de China, que separa la una de la otra por un lapso de tiempo más o menos largo, durante el cual la burguesía, entronizada en el Poder, desarrolla el capitalismo, y el proletariado acumula fuerzas y se prepara para la "lucha decisiva" contra el capitalismo. Generalmente, este lapso se cuenta por decenios y decenios, si no más. No creo que sea necesario demostrar que, en el imperialismo, esta "teoría" de la muralla de China carece de toda base científica y no es ni puede ser más que un medio para encubrir, para disimular con bellos colores los apetitos contrarrevolucionarios de la burguesía. No creo que sea necesario demostrar que en el imperialismo, preñado de colisiones y guerras, que en la "antesala de la revolución socialista", cuando el capitalismo "floreciente" se convierte en capitalismo "agonizante" (Lenin ) y el movimiento revolucionario crece en todos los países del mundo; cuando el imperialismo se coliga con todas las fuerzas reaccionarias, sin excepción, hasta con el zarismo y la servidumbre, haciendo así necesaria la coalición de todas las fuerzas revolucionarias, desde el movimiento proletario del Occidente hasta el movimiento de liberación nacional del Oriente; cuando se hace imposible derrocar las supervivencias del régimen feudal y de la servidumbre sin una lucha revolucionaria contra el imperialismo; no creo que sea necesario demostrar que en un país más o menos desarrollado la revolución democrático-burguesa tiene que aproximarse, en estas condiciones, a la revolución proletaria, que la primera tiene que transformarse en la segunda. La historia de la revolución en Rusia ha evidenciado que esta tesis es cierta e indiscutible. Por algo Lenin, ya en 1905, en vísperas de la primera revolución rusa, presentaba la revolución democrático-burguesa y la revolución socialista, en su folleto Dos tácticas, como dos eslabones de la misma cadena, como un lienzo único y completo de la magnitud de la revolución rusa.

"El proletariado debe llevar a término la revolución democrática, atrayéndose a la masa de los campesinos, para aplastar por la fuerza la resistencia de la autocracia y paralizar la inestabilidad de la burguesía. El proletariado debe llevar a cabo la revolución socialista, atrayéndose a la masa de los elementos semiproletarios de la población, para romper por la fuerza la resistencia de la burguesia y paralizar la inestabilidad de los campesinos y de la pequeña burguesía. Tales son las tareas del proletariado, que los partidarios de la nueva Iskra conciben de un modo tan estrecho en todos sus razonamientos y resoluciones sobre la magnitud de la revolución" (v. Lenin, t. VIII, pág. 96).

Y no hablo ya de otros trabajos posteriores de Lenin, en los que la idea de la transformación de la revolución burguesa en revolución proletaria está expresada con mayor realce que en Dos Tácticas, como una de las piedras angulares de la teoría leninista de la revolución.

Según algunos camaradas, resulta que Lenin no concibió esta idea hasta 1916, y anteriormente consideraba que la revolución en Rusia se mantendría dentro de un marco burgués y que, por lo tanto, el Poder pasaría de manos del organismo de la dictadura del proltariado y del campesinado a manos de la burguesía, y no a manos del proletariado. Se dice que esa afirmación se ha deslizado incluso en nuestra prensa comunista. Debo señalar que esa afirmación es completamente falsa, que no corresponde, en lo más mínimo, a la realidad.

Podría remitirme al conocido discurso pronunciado por Lenin en el III Congreso del Partido (1905), en el que no calificó la dictadura del proletariado y del campesinado, es decir, el triunfo de la revolucion democrática, de "organización del 'orden'", sino de "organización de la guerra" (v. t. VII, pág. 264).

Podría remitirme, además, a los conocidos artículos de Lenin Sobre el Gobierno Provisional (1905) [13], en los que, describiendo la perspectiva del desarrollo de la revolución rusa, plantea al Partido la tarea de "conseguir que la revolución rusa no sea un movimiento de algunos meses, sino un movimiento de muchos años, que no conduzca tan sólo a obtener pequeñas concesiones de los detentadores del Poder, sino al derrumbamiento completo de éste", y en los que, desarrollando todavía más esta perspectiva y relacionándola con la revolución en Europa, prosigue:

"Y si esto se logra, entonces . . . , entonces las llamas del incendio revolucionario prenderán en Europa; el obrero europeo, cansado de la reacción burguesa, se levantara a su vez y nos enseñará 'cómo se hacen las cosas'; entonces el impulso revolucionario de Europa repercutirá a su vez en Rusia y hará de una época de algunos años de revolución una época de varios decenios de revolución. . ." (v. lugar citado, pág. 191).

Podría remitirme, asimismo, a un conocido; artículo de Lenin, publicado en noviembre de 1915, que dice:

"El proletariado lucha y seguirá luchando abnegadamente por la conquista del Poder, por la república, por la confiscacion de las tierras . . . por la participación de las 'masas populares no proletarias' en la obra de liberar a la Rusia burguesa del 'imperialismo' militar-feudal (= zarismo). Y el proletariado aprovechará inmediatamente [***] esta liberación de la Rusia burguesa del yugo zarista, del poder de los terratenientes sobre la tierra, no para ayudar a los campesinos acomodados en su lucha contra los obreros agrícolas, sino para llevar a cabo la revolución socialista en alianza con los proletarios de Europa" (v. t. XVIII, pág. 318).

Podría, finalmente, remitirme al conocido pasaje del folleto de Lenin La revolución proletaria y el renegado Kautsky, en que, refiriéndose al pasaje más arriba citado de Dos Tácticas sobre la magnitud de la revolución, llega a la siguiente conclusión:

"Ha ocurrido tal y como nosotros dijimos. La marcha de la revolución ha confirmado la certeza de nuestro razonamiento. Al principio, con 'todos' los campesinos, contra la monarquía, contra los terratenientes, contra el medievalismo (y en este sentido, la revolución sigue siendo burguesa, democrático-burguesa). Después, con los campesinos pobres, con el semiproletariado, con todos los explotados, contra el capitalismo, comprendidos los ricachos del campo, los kulaks, los especuladores, y, por ello, la revolución se transforma en revolución socialista. Querer levantar una artificial muralla de China entre ambas revoluciones, separar la una de la otra por algo que no sea el grado de preparación del proletariado y el grado de su unión con los campesinos pobres, es la mayor tergiversación del marxismo, es adocenarlo, reemplazarlo por el liberalismo" (v. t. XXIII, pag. 391).

Me parece que con eso basta.

Bien, se nos dirá, pero ¿por qué, en este caso, Lenin combatió la idea de la "revolución permanente (ininterrumpida)"?

Porque Lenin proponía "sacar todo el partido posible" de la capacidad revolucionaria del campesinado y utilizar hasta la última gota su energía revolucionaria para la destrucción completa del zarismo, para pasar a la revolución proletaria, mientras que los partidarios de la "revolución permanente" no comprendían el importante papel del campesinado en la revolución rusa, menospreciaban la fuerza de la energía revolucionaria de los campesinos, menospreciaban la fuerza y la capacidad del proletariado ruso para llevar tras de sí a los campesinos y, de este modo, dificultaban la liberación de los campesinos de la influencia de la burguesía, la agrupación de los campesinos en torno al proletariado.

Porque Lenin proponía coronar la revolución con el paso del Poder al proletariado, mientras que los partidarios de la revolución "permanente" querían empezar directamente por el Poder del proletariado, sin comprender que, con ello, cerraban los ojos a una "pequeñez" como las supervivencias del régimen de servidumbre y no tomaban en consideración una fuerza tan importante como el campesinado ruso, sin comprender que semejante política únicamente podía ser un freno para la conquista de los campesinos por el proletariado.

Así, pues, Lenin no combatía a los partidarios de la revolución "permanente" por la cuestión de la continuidad, pues el propio Lenin sostenía el punto de vista de la revolución ininterrumpida, sino porque menospreciaban el papel de los campesinos, que son la reserva más importante del proletariado, y no comprendían la idea de la hegemonía del proletariado.

No puede decirse que la idea de la revolución "permanente" sea una idea nueva. El primero que la formuló fue Marx, a fines de la década del 40, en su conocido "Mensaje" a la "Liga de los Comunistas" (1850). De este documento fue de donde sacaron nuestros "permanentistas" la idea de la revolución ininterrumpida. Debe señalarse que, al tomar esta idea de Marx, nuestros "permanentistas" la modificaron un tanto, y, al modificarla, la "estropearon", haciéndola inservible para el uso práctico. Fue necesario que la mano experta de Lenin corrigiese este error, tomase la idea de Marx sobre la revolución ininterrumpida en su forma pura e hiciese de ella una de las piedras angulares de la teoría leninista de la revolución.

He aquí lo que dice Marx, en su "Mensaje", sobre la revolución ininterrumpida (permanente), después de haber enumerado una serie de reivindicaciones revolucionario-democráticas, a cuya conquista llama a los comunistas:

"Mientras que los pequeños burgueses democráticos quieren poner fin a la revolución lo más rápidamente que se pueda, después de haber obtenido, a lo sumo, las reivindicaciones arriba mencionadas, nuestros intereses y nuestras tareas consisten en hacer la revolución permanente hasta que sea descartada la dominación de las clases más o menos poseedoras hasta que el proletariado conquiste el Poder del Estado, hasta que la asociación de los proletarios se desarrolle, y no sólo en un país, sino en todos los países predominantes del mundo, en proporciones tales, que cese la competencia entre los proletarios de estos países, y hasta que por lo menos las fuerzas productivas decisivas estén concentradas en manos del proletariado" [14].

En otras palabras:

a) Marx no proponía, en modo alguno, comenzar la revolución, en la Alemania de la década del 50, directamente por el Poder proletario, contrariamente a los planes de nuestros "permanentistas" rusos;

b) Marx sólo proponía que se coronase la revolución con el Poder estatal del proletariado, desalojando paso a paso de las alturas del Poder a una fracción de la burguesía tras otra, para, una vez instaurado el Poder del proletariado, encender la revolución en todos los países. De completo acuerdo con lo enunciado está todo lo que enseñó y llevó a la práctica Lenin en el transcurso de nuestra revolución, aplicando su teoría de la revolución proletaria en las condiciones del imperialismo.

Resulta, pues, que nuestros "permanentistas" rusos no sólo menospreciaban el papel del campesinado en la revolución rusa y la importancia de la idea de la hegemonía del proletariado, sino que modificaban (empeorándola) la idea de Marx sobre la revolución "permanente", haciéndola inservible para su aplicación práctica.

Por eso Lenin ridiculizaba la teoría de nuestros "permanentistas", calificándola de "original" y de "magnífica" y acusándolos de no querer "reflexionar acerca del por qué la vida llevaba diez años, ni más ni menos, pasando de largo por delante de esta magnífica teoría" (el artículo de Lenin fue escrito en 1915, a los diez años de aparecer en Rusia la teoría de los "permanentistas". Véase t. XVIII, pág. 317).

Por eso Lenin tildaba esta teoría de semimenchevique, diciendo que "toma de los bolcheviques el llamamiento a la lucha revolucionaria decidida del proletariado y a la conquista del Poder político por éste, y de los mencheviques, la 'negación' del papel de los campesinos" (v. el artículo de Lenin, Sobre las Dos Líneas de la Revolución, lugar citado).

Eso es lo que hay en cuanto a la idea de Lenin sobre la transformación de la revolución democrático-burguesa en revolución proletaria, sobre el aprovechamiento de la revolución burguesa para pasar "inmediatamente" a la revolución proletaria.

Además, antes se creía imposible la victoria de la revolución en un solo país, suponiendo que, para alcanzar la victoria sobre la burguesía, era necesaria la acción conjunta de los proletarios de todos los países adelantados o, por lo menos, de la mayoría de ellos. Ahora, este punto de vista ya no corresponde a la realidad. Ahora hay que partir de la posibilidad de este triunfo, pues el desarrollo desigual y a saltos de los distintos países capitalistas en el imperialismo, el desarrollo, en el seno del imperialismo, de contradicciones catastróficas que llevan a guerras inevitables, el incremento del movimiento revolucionario en todos los países del mundo; todo ello no sólo conduce a la posibilidad, sino también a la necesidad del triunfo del proletariado en uno u otro país. La historia de la revolución en Rusia es una prueba directa de ello. Unicamente debe tenerse en cuenta que el derrocamiento de la burguesía sólo puede lograrse si se dan algunas condiciones absolutamente indispensables, sin las cuales ni siquiera puede pensarse en la toma del Poder por el proletariado.

He aquí lo que dice Lenin acerca de estas condiciones en su folleto La Enfermedad Infantil:

"La ley fundamental de la revolución, confirmada por todas las revoluciones, y en particular por las tres revoluciones rusas del siglo XX, consiste en lo siguiente: para la revolucion no basta con que las masas explotadas y oprimidas tengan conciencia de la imposibilidad de seguir viviendo como viven y exijan cambios; para la revolución es necesario que los explotadores no puedan seguir viviendo y gobernando como viven y gobiernan. Sólo cuando los 'de abajo' no quieren y los 'de arriba' no pueden seguir viviendo a la antigua, sólo entonces puede triunfar la revolución. En otras palabras, esta verdad se expresa del modo siguiente: la revolución es imposible sin una crisis nacional general (que atecte a explotados y explotadores ) [****]. Por consiguiente, para hacer la revolución, hay, en primer lugar, que conseguir que la mayoría de los obreros (o, en todo caso, la mayoría de los obreros conscientes, reflexivos, políticamente activos) comprenda profundamente la necesidad de la revolución y este dispuesta a sacrificar la vida por ella; en segundo lugar, es preciso que las clases gobernantes atraviesen una crisis gubernamental que arrastre a la política hasta a las masas más atrasadas . . ., que reduzca a la impotencia al gobierno y haga posible su rápido derrocamiento por los revolucionarios" (v. t. XXV, pág. 222).

Pero derrocar el Poder de la burguesía e instaurar el Poder del proletariado en un solo país no significa todavía garantizar el triunfo completo del socialismo. Después de haber consolidado su Poder y arrastrado consigo a los campesinos, el proletariado del país victorioso puede y debe edificar la sociedad socialista. Pero ¿significa esto que, con ello, el proletariado logrará el triunfo completo, definitivo, del socialismo, es decir, significa esto que el proletariado puede, con las fuerzas de un solo país, consolidar definitivamente el socialismo y garantizar completamente al país contra una intervención y, por tanto, contra la restauración? No. Para ello es necesario que la revolución triunfe, por lo menos, en algunos países. Por eso, desarrollar y apoyar la revolución en otros países es una tarea esencial para la revolución que ha triunfado ya. Por eso, la revolución del país victorioso no debe considerarse como una magnitud autónoma, sino como un apoyo, como un medio para acelerar el triunfo del proletariado en los demás países.

Lenin expresó este pensamiento en dos palabras, cuando dijo que la misión de la revolución triunfante consiste en llevar a cabo "el máximo de lo realizable en un solo país para desarrollar, apoyar y despertar la revolución en todos los países " (v. t. XXIII, pág. 385).

Tales son, en términos generales, los rasgos característicos de la teoría leninista de la revolución proletaria.

IV. LA DICTADURA DEL PROLETARTADO

Analizaré tres cuestiones fundamentales de este tema:

a) la dictadura del proletariado como instrumento de la revolución proletaria;

b) la dictadura del proletariado como dominación del proletariado sobre la burguesía;

c) el Poder Soviético como forma estatal de la dictadura del proletariado.

1) La dictadura del proletariado como instrumento de la revolución proletaria. La cuestión de la dictadura del proletariado es, ante todo, la cuestión del contenido fundamental de la revolución proletaria. La revolución proletaria, su movimiento, su amplitud, sus conquistas, sólo toman cuerpo a través de la dictadura del proletariado. La dictadura del proletariado es el instrumento de la revolución proletaria, un organismo suyo, su punto de apoyo más importante, llamado a la vida, primero, para aplastar la resistencia de los explotadores derribados y consolidar las conquistas logradas y, segundo, para llevar a término la revolución proletaria, para llevarla hasta el triunfo completo del socialismo. Vencer a la burguesía y derrocar su Poder es cosa que la revolución podría hacer también sin la dictadura del proletariado. Pero aplastar la resistencia de la burguesía, sostener la victoria y seguir avanzando hasta el triunfo definitivo del socialismo, la revolución ya no puede si no crea, al llegar a una determinada fase de su desarrollo, un organismo especial, la dictadura del proletariado, que sea su principal apoyo.

"La cuestión del Poder es la fundamental en toda revolución" (Lenin ). ¿Quiere esto decir que todo queda limitado a la toma del Poder, a la conquista del Poder? No, no es así. La toma del Poder no es más que el comienzo. La burguesía, derrocada en un país, sigue siendo todavía durante largo tiempo, por muchas razones, más fuerte que el proletariado que la ha derrocado. Por eso, todo consiste en mantenerse en el Poder, en consolidarlo, en hacerlo invencible. ¿Que se precisa para alcanzar este fin? Se precisa cumplir, por lo menos, las tres tareas principales que se le plantean a la dictadura del proletariado "al día siguiente" de la victoria:

a) vencer la resistencia de los terratenientes y capitalistas derrocados y expropiados por la revolución, aplastar todas y cada una de sus tentativas para restaurar el Poder del capital;

b) organizar la edificación de modo que todos los trabajadores se agrupen en torno al proletariado y llevar a cabo esta labor con vistas a preparar la supresión, la destrucción de las clases;

c) armar a la revolución, organizar el ejército de la revolución para luchar contra los enemigos exteriores, para luchar contra el imperialismo.

Para llevar a cabo, para cumplir estas tareas, es necesaria la dictadura del proletariado.

"El paso del capitalismo al comunismo -dice Lenin- llena toda una época histórica. Mientras esta época histórica no finaliza, los explotadores siguen, inevitablemente, abrigando esperanzas de restauración, esperanzas que se convierten en tentativas de restauración. Después de la primera derrota seria, los explotadores derrocados, que no esperaban su derrocamiento, que no creían en él, que no accptaban ni siquiera la idea de él, se lanzan con energía decuplicada, con pasión furiosa, con odio centuplicado, a la lucha por la restitución del 'paraiso' que les ha sido arrebatado, por sus familias, que antes disfrutaban de una vida tan regalada y a quienes ahora la 'canalla vil' condena a la ruina y a la miseria (o a un trabajo 'vil' . . .). Y tras de los capitalistas explotadores se arrastra una vasta masa de pequeña burguesía, de la que decenios de experiencia histórica en todos los países nos dicen que titubea y vacila, que hoy sigue al proletariado y mañana se asusta de las dificultades de la revolución, se deja llevar del pánico ante la primera derrota o semiderrota de los obreros, se pone nerviosa, se agita, lloriquea, pasa de un campo a otro" (v. t. XXIII, pág. 355).

La burguesía tiene sus razones para hacer tentativas de restauración, porque después de su derrocamiento sigue siendo, durante mucho tiempo todavía, más fuerte que el proletariado que la derrocó.

"Si los explotadores son derrotados solamente en un país -dice Lenin-, y éste es, naturalmente, el caso tipico, porque la revolución simultánea en varios países constituye una excepción rara, seguirán siendo, no obstante, más fuertes que los explotados" (v. obra citada, pág. 354).

¿En qué consiste la fuerza de la burguesía derrocada?

En primer lugar, "en la fuerza del capital internacional, en la fuerza y la solidez de los vínculos internacionales de la burguesía" (v. t. XXV, pág. 173).

En segundo lugar, en que, "durante mucho tiempo después de la revolución, los explotadores siguen conservando, inevitablemente, muchas y enormes ventajas efectivas: les quedan el dinero (no es posible suprimir el dinero de golpe) y algunos que otros bienes muebles, con frecuencia valiosos; les quedan las relaciones, los hábitos de organización y administración, el conocimiento de todos los 'secretos' (costumbres, procedimientos, medios, posibilidades) de la administración; les quedan una instrucción más elevada y su intimidad con el alto personal técnico (que vive y piensa en burgués); les queda (y esto es muy importante) una experiencia infinitamente superior en lo que respecta al arte militar, etc., etc." (v. t. XXIII, pág. 354).

En tercer lugar, "en la fuerza de la costumbre, en la fuerza de la pequeña producción. Porque, desgraciadamente, queda todavía en el mundo mucha, muchisima pequeña producción, y la pequeña producción engendra capitalismo y burguesía constantemente, cada día, cada hora, espontáneamente y en masa". . . , porque "suprimir las clases no sólo significa expulsar a los terratenientes y a los capitalistas -esto lo hemos hecho nosotros con relativa facilidad-, sino también suprimir los pequeños productores de mercancías; pero a éstos no se les puede expulsar, no se les puede aplastar; con ellos hay que convivir, y sólo se puede (y se debe) transformarlos, reeducatlos, mediante una labor de organización muy larga, lenta y prudente" (v. t. XXV, págs. 173 y 189).

Por eso, Lenin dice:

"La dictaduta del proletariado es la guerra más abnegada y más implacable de la nueva clase contra un enemigo más poderoso, contra la burguesía, cuya resistencia se ve decuplicada por su derrocamiento",
"la dictadura del proletatiado es una lucha tenaz, cruenta e incruenta, violenta y pacífica, militar y económica, pedagógica y administrativa, contra las fuerzas y las tradiciones de la vieja sociedad" (v. obra citada, págs. 173 y 190).

No creo que sea necesario demostrar que es absolutamente imposible cumplir estas tareas en un plazo breve, llevar todo esto a la práctica en unos cuantos años. Por eso, en la dictadura del proletariado, en el paso del capitalismo al comunismo, no hay que ver un período efímero, que revista la forma de una serie de actos y decretos "revolucionarísimos", sino toda una época histórica, cuajada de guerras civiles y de choques exteriores, de una labor tenaz de organización y de edificación económica, de ofensivas y retiradas, de victorias y derrotas. Esta época histórica no sólo es necesaria para sentar las premisas económicas y culturales del triunfo completo del socialismo, sino también para dar al proletariado la posibilidad, primero, de educarse y templarse, constituyendo una fuerza capaz de gobernar el país, y, segundo, de reeducar y transformar a las capas pequeñoburguesas con vistas a asegurar la organización de la producción socialista.

"Tenéis que pasar -decía Marx a los obreros- por quince, veinte, cincuenta años de guerras civiles y batallas internacionales, no sólo para cambiar las relaciones existentes, sino también para cambiar vosotros mismos y llegar a ser capaces de ejercer la dominación política" (véase: C. Marx y F. Engels, Obras, t. VIII, pág. 506).

Continuando y desarrollando la idea de Marx, Lenin escribe:

"Bajo la dictadura del proletariado, habrá que reeducar a millones de campesinos y de pequeños propietarios, a centenares de miles de empleados, de funcionarios, de intelectuales burgueses, subordinándolos a todos al Estado proletario y a la dirección proletaria; habrá que vencet en ellos los hábitos burgueses y las tradiciones burguesas"; habrá también que ". . . reeducar . . . en lucha prolongada, sobre la base de la dictadura del proletariado, a los proletarios mismos, que no se desembarazan de sus prejuicios pequeñoburgueses de golpe, por un milagro, por obra y gracia del Espíritu Santo o por el efecto mágico de una consigna, de una resolución o un decreto, sino únicamente en una lucha de masas prolon gada y difícil contra la influencia de las ideas pequeñoburguesas entre las masas" (v. t. XXV, págs. 248 y 247).

2) La dictadura del proletetiado como dominación del proletariado sobre la burguesía. De lo dicho se desprende ya que la dictadura del proletariado no es un simple cambio de personas en el gobierno, un cambio de "gabinete", etc., que deja intacto el viejo orden económico y político. Los mencheviques y oportunistas de todos los países, que le temen a la dictadura como al fuego y, llevados por el miedo, suplantan el concepto dictadura por el concepto "conquista del Poder", suelen reducir la "conquista del Poder" a un cambio de "gabinete", a la subida al Poder de un nuevo ministerio, formado por individuos como Scheidemann y Noske, Mac-Donald y Henderson. No creo que sea necesario explicar que estos cambios de gabinete y otros semejantes no tienen nada que ver con la dictadura del proletariado, con la conquista del verdadero Poder por el verdadero proletariado. Los Mac-Donald y los Scheidemann en el Poder, dejando intacto el antiguo orden de cosas burgués, sus gobiernos -llamémoslos así- no pueden ser más que un aparato al servicio de la burguesía, un velo sobre las lacras del imperialismo, un instrumento de la burguesía contra el movimiento revolucionario de las masas oprimidas y explotadas. Esos gobiernos los necesita el capital como pantalla, cuando para él es inconveniente, desventajoso, difícil, oprimir y explotar a las masas sin una pantalla. Naturalmente, la aparición de esos gobiernos es síntoma de que "entre ellos" (es decir, entre los capitalistas), "en Chipka", no reina la tranquilidad [5], pero, no obstante, los gobiernos de este tipo son, inevitablemente, gobiernos del capital enmascarados. De un gobierno Mac-Donald o Scheidemann a la conquista del Poder por el proletariado hay tanto trecho como de la tierra al cielo. La dictadura del proletariado no es un cambio de gobierno, sino un Estado nuevo, con nuevos organismos de Poder centrales y locales; es el Estado del proletariado, que surge sobre las ruinas del Estado antiguo, del Estado de la burguesía.

La dictadura del proletariado no surge sobre la base del orden de cosas burgués, sino en el proceso de su destrucción, después del derrocamiento de la burguesía, en el curso de la expropiación de los terratenientes y los capitalistas, en el curso de la socialización de los instrumentos y los medios de producción fundamentales, en el curso de la revolución violenta del proletariado. La dictadura del proletariado es un Poder revolucionario que se basa en la violencia contra la burguesía.

El Estado es una máquina puesta en manos de la clase dominante para aplastar la resistencia de sus enemigos de clase. En este sentido, la dictadura del proletariado realmente no se distingue en nada de la dictadura de cualquier otra clase, pues el Estado proletario es una máquina para aplastar a la burguesía. Pero hay aquí una diferencia esencial. Consiste esta diferencia en que todos los Estados de clase que han existido hasta hoy han sido la dictadura de una minoría explotadora sobre una mayoría explotada, mientras que la dictadura del proletariado es la dictadura de la mayoría explotada sobre la minoría explotadora.

En pocas palabras: la dictadura del proletariado es la dominación del proletariado sobre la burguesía, dominación no limitada por la ley, y basada en la violencia y que goza de la simpatía y el apoyo de las masas trabajadoras y explotadas (Lenin, El Estado y la Revolución ).

De aquí se desprenden dos conclusiones fundamentales.

Primera conclusión. La dictadura del proletariado no puede ser "plena" democracia, democracia para todos, para los ricos y para los pobres; la dictadura del proletariado "debe ser un Estado democrático de manera nueva (para [6] los proletarios y los desposeídos en general) y dictatorial de manera nueva (contra [7] la burguesía)" (v. t. XXI, pág. 393). Las frases de Kautsky y Cía. sobre la igualdad universal, sobre la democracia "pura", la democracia "perfecta", etc., no son más que la tapadera burguesa del hecho indudable de que la igualdad entre explotados y explotadores es imposible. La teoría de la democracia "pura" es una teoría de la aristocracia obrera, domesticada y cebada por los saqueadores imperialistas. Esta teoría fue sacada a luz para cubrir las lacras del capitalismo, para disfrazar el imperialismo y darle fuerza moral en la lucha contra las masas explotadas. Bajo el capitalismo no existen ni pueden existir verdaderas "libertades" para los explotados, aunque no sea más que por el hecho de que los locales, las imprentas, los depósitos de papel, etc., necesarios para ejercer estas "libertades", son privilegio de los explotadores. Bajo el capitalismo, no se da ni puede darse una verdadera participación de las masas explotadas en la gobernación del país, aunque no sea más que por el hecho de que, bajo el capitalismo, aun en el régimen más democrático, los gobiernos no los forma el pueblo, sino que los forman los Rothschild y los Stinnes, los Rockefeller y los Morgan. Bajo el capitalismo, la democracia es una democracia capitalista, la democracia de la minoría explotadora, basada en la restricción de los derechos de la mayoría explotada y dirigida contra esta mayoría. Sólo bajo la dictadura proletaria puede haber verdaderas libertades para los explotados y una verdadera participación de los proletarios y de los campesinos en la gobernación del país. Bajo la dictadura del proletariado, la democracia es una democracia proletaria, la democracia de la mayoría explotada, basada en la restricción de los derechos de la minoría explotadora y dirigida contra esta minoría.

Segunda conclusión. La dictadura del proletariado no puede surgir como resultado del desarrollo pacífico de la sociedad burguesa y de la democracia burguesa; sólo puede surgir como resultado de la demolición de la máquina del Estado burgués del ejército burgués, del aparato burocrático burgués, de la policía burguesa.

"La clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines", dicen Marx y Engels en el prefacio al Manifiesto del Partido Comunista. La revolucion proletaria debe ". . . no hacer pasar de unas manos a otras la máquina burocrático-militar, como venía sucediendo hasta ahora, sino demolerla . . . , y ésta es la condición previa de toda verdadera revolución popular en el continente", dice Marx en una carta a Kugelmann, escrita en 187l [15].

La salvedad hecha por Marx respecto al continente ha servido de pretexto a los oportunistas y mencheviques de todos los países para gritar que Marx admitía la posibilidad de transformación pacífica de la democracia burguesa en democracia proletaria, por lo menos en algunos países que no forman parte del continente europeo (Inglaterra, Norteamérica). Marx admitía, en efecto, esta posibilidad, y tenía fundamento para ello en el caso de Inglaterra y Norteamérica en la década del 70 del siglo pasado, cuando aun no existía el capitalismo monopolista, cuando no existía el imperialismo y estos países no tenían aún, debido a las condiciones especiales en que se desenvolvieron, un militarismo y un burocratismo desarrollados. Así fue hasta la aparición del imperialismo desarrollado. Pero luego, treinta o cuarenta años más tarde, cuando la situación en estos países cambió radicalmente, cuando el imperialismo se desarrolló, abarcando a todos los países capitalistas, sin excepción, cuando el militarismo y el burocratismo hicieron su aparición en Inglaterra y en Norteamérica, cuando las condiciones especiales del desarrollo pacífico de Inglaterra y de Norteamérica desaparecieron, la salvedad hecha con respecto a estos países debía desaparecer por sí sola.

"Ahora, en 1917, en la época de la primera gran guerra imperialista -dice Lenin-, esta salvedad hecha por Marx pierde su razón de ser. Inglaterra y Norteamérica, los principales y los últimos representantes -en el mundo entero- de la 'libertad' anglosajona en el sentido de ausencia de militarismo y de burocratismo, han rodado definitivamente al inmundo y sangriento pantano, común a toda Europa, de las instituciones burocrático-militares, que todo lo someten y todo lo aplastan. Ahora, en Inglaterra y en Norteamérica es 'condición previa de toda verdadera revolución popular' d e m o l e r, d e s t r u i r la 'máquina estatal existente' (que ha sido llevada allí, en los años de 1914 a 1917, a la perfección 'europea', a la perfección común a todos los países imperialistas)" (v. t. XXI, pág. 395).

En otras palabras: la ley de la revolución violenta del proletariado, la ley de la destrucción de la máquina del Estado burgués, como condición previa de esta revolución, es una ley inexcusable del movimiento revolucionario en los países imperialistas del mundo.

Claro está que, en un porvenir lejano, si el proletariado triunfa en los países capitalistas más importantes y el actual cerco capitalista es sustituido por un cerco socialista, será perfectamente posible la trayectoria "pacífica" de desarrollo para algunos países capitalistas, donde los capitalistas, debido a la "desfavorable" situación internacional, juzguen conveniente hacer "voluntariamente" al proletariado concesiones importantes. Pero esta hipótesis sólo se refiere a un porvenir lejano y probable. Para un porvenir cercano, esta hipótesis no tiene ningún fundamento, absolutamente ninguno. Por eso, Lenin tiene razón cuando dice:

"La revolución proletaria es imposible sin la destrucción violenta de la máquina del Estado burgués y sin su sustitución por una máquina nueva " (v. t. XXIII, pág. 342).

3) El Poder Soviético como forma estatal de la dictadura del proletariado. El triunfo de la dictadura del proletariado significa el aplastamiento de la burguesía, la destrucción de la máquina del Estado burgués, la sustitución de la democracia burguesa por la democracia proletaria. Eso está claro. Pero ¿por medio de qué organizaciones se puede llevar a cabo esta gigantesca labor? Difícilmente podrá dudarse de que las viejas formas de organización del proletariado, surgidas sobre la base del parlamentarismo burgués, son insuficientes para ello. ¿Cuáles son, pues, las nuevas formas de organización del proletariado aptas para desempeñar el papel de sepultureros de la máquina del Estado burgués, aptas, no sólo para destruir esta máquina y no sólo para sustituir la democracia burguesa por la democracia proletaria, sino para constituir la base del Poder estatal proletario?

Esta nueva forma de organización del proletariado son los Soviets.

¿En qué consiste la fuerza de los Soviets, en comparación con las viejas formas de organización?

En que los Soviets son las organizaciones de masas del proletariado más vastas, pues los Soviets, y sólo ellos, encuadran a todos los obreros, sin excepción.

En que los Soviets son las únicas organizaciones de masas que engloban a todos los oprimidos y explotados, a los obreros y los campesinos, a los soldados y los marinos, y que, en con secuencia, permiten a la vanguardia de las masas, el proletariado, ejercer con la mayor sencillez y la mayor plenitud la dirección política de la lucha de las masas.

En que los Soviets son los organismos más poderosos de la lucha revolucionaria de las masas, de las acciones políticas de las masas, de la insurrección de las masas, organismos capaces de destruir la omnipotencia del capital financiero y de sus apéndices políticos.

En que los Soviets son organizaciones directas de las mismas masas, es decir, las organizaciones más democráticas y, por tanto, las que gozan de mayor prestigio entre las masas. Los Soviets facilitan al máximo la participación de las masas en la organización del nuevo Estado y en su gobernación y abren el máximo campo de acción a la energía revolucionaria, a la iniciativa y a la capacidad creadora de las masas en la lucha por la destrucción del antiguo orden de cosas, en la lucha por un orden de cosas nuevo, por un orden de cosas proletario.

El Poder Soviético es la unificación y estructuración de los Soviets locales en una organización general de Estado, en la organización estatal del proletariado como vanguardia de las masas oprimidas y explotadas y como clase dominante, su unificación en la República de los Soviets

La esencia del Poder Soviético consiste en que las organizaciones más de masas y más revolucionarias de las clases que, precisamente, eran oprimidas por los capitalistas y terratenientes, constituyen ahora "la base permanente y única de todo el Poder estatal, de todo el aparato del Estado", en que, "precisamente a estas masas, que hasta en las repúblicas burguesas más democráticas", aun siendo iguales en derechos según la ley, "se veían apartadas de hecho por mil procedimientos y artimañas, de la participación en la vida política y privadas de los derechos y de las libertades democráticas, se les da ahora una participación permanente, ineludible, y además decisiva, en la dirección democrática del Estado"[8] (v. Lenin, t. XXIV, pág. 13).

Por eso, el Poder Soviético es una nueva forma de organización estatal, que se distingue por principio de la vieja forma democrático-burguesa y parlamentaria, un nuevo tipo de Estado, no adaptado para la explotación y la opresión de las masas trabajadoras, sino para la liberación completa de estas masas de toda opresión y de toda explotación, adaptado para las tareas de la dictadura del proletariado.

Lenin tiene razón cuando dice que, con la aparición del Poder Soviético, "la época del parlamentarismo democrático-burgués ha terminado y se abre un nuevo capítulo de la historia universal: la época de la dictadura proletaria".

¿En qué consisten los rasgos característicos del Poder Soviético?

En que el Poder Soviético es la organización del Estado más de masas y más democrática de todas las organizaciones del Estado posibles mientras existan las clases, pues, siendo el terreno en que se realiza la alianza y la colaboración de los obreros y de los campesinos explotados en la lucha contra los explotadores, y apoyándose para su labor en esta alianza y en esta colaboración, constituye, por ello, el Poder de la mayoría de la población sobre la minoría, el Estado de esa mayoría, la expresión de su dictadura.

En que el Poder Soviético es la más internacionalista de todas las organizaciones estatales de la sociedad de clases, porque, destruyendo toda opresión nacional y apoyándose en la colaboración de las masas trabajadoras de distintas nacionalidades, facilita, por ello, la agrupación de estas masas en una sola entidad estatal.

En que el Poder Soviético facilita, por su misma estructura, la dirección de las masas oprimidas y explotadas por su vanguardia, por el proletariado, el núcleo más cohesionado y más consciente de los Soviets.

"La experiencia de todas las revoluciones y de todos los movimientos de las clases oprimidas, la experiencia del movimiento socialista mundial -dice Lenin-, nos enseña que sólo el proletariado es capaz de reunir y de llevar tras de sí a las capas dispersas y atrasadas de la población trabajadora y explotada" (v. t. XXIV, pág. 14). Y la realidad es que la estructura del Poder Soviético facilita la aplicación de las enseñanzas de esa experiencia.

En que el Poder Soviético, al fundir el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo en una organización única de Estado y sustituir los distritos electorales de tipo territorial por las unidades de producción -las fábricas-, pone a las masas obreras, y a las masas trabajadoras en general, en relación directa con el aparato de dirección del Estado y las enseña a gobernar el país.

En que sólo el Poder Soviético es capaz de liberar al ejército de su subordinación al mando burgués y de convertirlo, de un instrumento para oprimir al pueblo, como es bajo el régimen burgués, en un instrumento que libera al pueblo del yugo de la burguesía, tanto de la propia como de la ajena.

En que "sólo la organización soviética del Estado puede en realidad demoler de golpe y destruir definitivamente el viejo aparato, es decir, el aparato burocrático y judicial burgués" (v. lugar citado).

En que sólo la forma soviética de Estado, que incorpora a la participación permanente e incondicional en la dirección del Estado a las organizaciones de masas de los trabajadores y explotados, es capaz de preparar la extinción del Estado, lo que constituye uno de los elementos fundamentales de la futura sociedad sin Estado, de la sociedad comunista.

La República de los Soviets es, por lo tanto, la forma política buscada, y al fin descubierta, dentro de cuyo marco debe alcanzarse la liberación económica del proletariado, el triunfo completo del socialismo.

La Comuna de París fue el germen de esta forma. El Poder Soviético es su desarrollo y su coronamiento.

Por eso, Lenin dice que:

"la República de los Soviets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos no es sólo una forma de instituciones democráticas de tipo más elevado. . . . , sino la única [9]forma capaz de asegurar el tránsito menos doloroso al socialismo" (v. t. XXII, pág. 131).

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1 Subrayado por mí. J. St.
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2 Subrayado por mi. J. St. pág. 27

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3 Subrayado por mí. J. St. pág. 34

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4 Subrayado por mí. J. St. pág. 38

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5 Paráfrasis de la expresión "En Chipka reina la tranquilidad", que se refiere a la historia de la guerra ruso-turca de 1877-1878. Mientras en el desfiladero de Chipka se libraban encarnizados combates, el Estado Mayor de las tropas zaristas comunicaba en sus partes de guerra: "En Chipka reina la tranquilidad". -- N. del T.

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6 Subrayado por mí. J. St.

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7 Ibíd.

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8 Subrayado en todas partes por mí. J. St. pág. 51

Sigue Parte Tres: La Cuestión Campesina

 

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