Por la Defensa de la Caja
Agraria
Combatamos al Imperialismo y a su Agente
Ernesto Samper
En este año el proletariado colombiano
se apresta a librar importantes batallas. Los trabajadores de
Telecom, Ecopetrol y Caja Agraria, entre otros, se enfrentan a
la ofensiva privatizadora que el gobierno de Samper impulsa, atendiendo
los dictados de Washington. De igual manera, el magisterio sale
en defensa de sus reivindicaciones. En estas y en las demás
luchas que libra el pueblo, ondean las banderas de la resistencia
civil, como insignia del rescate de la soberanía económica,
cada día mas menoscabada por los embates de la recolonización
norteamericana.
Ante tales perspectivas, bien vale
la pena volver sobre verdades que durante 30 años nos han
orientado acertadamente en la lucha revolucionaria. El principal
enemigo de Colombia es el imperialismo norteamericano que saquea
las riquezas de nuestro suelo, entorpece el desarrollo económico,
explota el trabajo de los nacionales y atenta de innumerables
formas contra la soberanía del país, gracias, precisamente,
al contubernio con las oligarquías vendepatria que detentan
el poder. Como lo señala Francisco Mosquera: “Se
trata del neocolonialismo, (...) el desvalijamiento moderno que
no precisa de virreinatos o protectorados de ninguna especie para
llevar a feliz término la labor depredadora. Aun cuando
eche mano de los cuartelazos, las invasiones y las tomas territoriales,
dentro de su inclinación natural a esgrimir escuetamente
la represión siempre que sea indispensable, tolera la independencia
política, la república y los gobiernos elegidos
por sufragio, pues sus ganancias espectaculares y especulativas,
inherentes al capitalismo monopólico, estriban antes que
nada en la exportación de capitales”. (1)
Del señalamiento de lacayo no
se puede exonerar al régimen de Ernesto Samper. Su programa
de gobierno, el demagógico Salto Social, no es más
que la forma que adopta la apertura que impusiera César
Gaviria siguiendo los preceptos emanados de la Casa Blanca. Samper,
como ministro de Gaviria, trabajó activa y fielmente para
que se alienara la Nación. Para consolidar esa política
de expoliación, utiliza el embeleco del Pacto Social, en
su afán por ofrecerle a los conglomerados extranjeros mano
de obra barata. Esto lo sabe muy bien la mayoría de los
colombianos cuyo salario, reducido en el último quinquenio
en cerca del 10%, es pactado por debajo del costo de la vida con
la complicidad de Orlando Obregón, ex presidente de la
CUT y ahora flamante ministro de Trabajo.
El desempleo es otra tragedia que agobia
a los pobres. La ruina de la producción nacional ha dejado
sin trabajo a centenares de miles de campesinos y obreros, convirtiendo
la promesa de crear 1.600.000 nuevos puestos de trabajo, en una
burla con la que Samper agravia a los desposeídos. Las
regresivas normas laborales plasmadas en la Ley 50 de 1990, se
refuerzan con engendros como el Código Disciplinario Unico
o Ley 200 de 1995. Para financiar al Salto Social, patraña
orientada por el Fondo Monetario Internacional, recurre a la más
regresiva exacción contra las familias colombianas, incrementando
el IVA al 16% y endeuda al país con el BID. Y, como privatizador,
supera ampliamente a sus antecesores. A los voraces monopolios
les ha ofrecido bancos, la telefonía de larga distancia,
las empresas de energía eléctrica, los aeropuertos
y hasta las carreteras del país. Samper, pues, en la más
contundente demostración de servilismo, acoge y aplica
el recetario que en noviembre último le formulara el Fondo
Monetario Internacional. Allí se consigna el aumento de
las tarifas de energía y teléfonos, la sobretasa
y el reajuste al precio de la gasolina, la reducción de
los salarios, el drástico control monetario, la elevación
de las tasas de interés, la agilización del proceso
de privatización, entre otras exigencias.
Nadie puede, por lo tanto, llamarse
a engaño con respecto a Ernesto Samper, ni los gremios
ni las organizaciones sindicales ni las diferentes fuerzas de
izquierda. Ya en 1990 Francisco Mosquera había dado la
voz de alerta sobre el programa samperista, cuando escribió:
“Ernesto Samper, por ejemplo, en sus cuñas radiales,
se propone acabar el desempleo impulsando los pequeños
y medianos negocios, las cooperativas de producción y mercadeo,
el campesinado minifundista, el trabajo por cuenta propia y las
demás modalidades artesanales que, si todavía desempeñan
un rol económico, se explica por el rezago secular del
país. Y eso es casualmente lo que calculan los imperialismos,
que ellos se dediquen a la producción pesada, estratégica
y técnica, mientras el Tercer Mundo se recluye en la denominada
'economía informal', o sea, la venta ambulante, los tallercillos
de dos o tres operarios, el minifundio, las faenas domésticas
o las labores a destajo. En otras palabras, que nos confinemos
a la miseria”. (2)
A la terrible bancarrota que sufre
el país, se le ha agregado la inestabilidad producida por
las denuncias sobre falsedad en documentos públicos, recepción
de aportes de monopolios extranjeros y de grupos financieros colombianos,
así como del narcotráfico, para financiar la campaña
presidencial. La corrupción es una herramienta que los
monopolios y las grandes potencias utilizan para llevar a cabo
sus actividades expoliadoras. La actual coyuntura no ha sido la
excepción y Washington se mueve para presionar al régimen
títere a fin de obtener mayores prebendas e incluso hasta
para inmiscuirse en toda clase de instituciones, como la Fiscalía
o el DAS.
No señalar claramente la esencia
del régimen confunde al pueblo. Por todo lo anterior, el
proletariado, el campesinado y demás sectores populares,
los productores nacionales y todos aquellos que quieren una patria
democrática y soberana, deben aprovechar estos momentos
de crisis para levantarse contra el imperialismo norteamericano
y sus aliados, la oligarquía liberal conservadora, que
oprime y explota la nación.
Como parte de esta tarea revolucionaria,
apoyamos la lucha que Sintracreditario adelanta para evitar que
el actual régimen destruya la organización sindical
y despedace la Caja Agraria. Asimismo, nos solidarizamos con la
lucha del magisterio que, traicionado por una parte de la dirección
de Fecode, no se resigna a que se le escamotee su reivindicación
del salario profesional y por rescatar el Estatuto Docente. Otro
tanto haremos con las batallas que adelantan la USO y Sittelecom.
Del mismo modo nos sumamos a la convocatoria hecha para realizar,
el próximo 6 de marzo, una Jornada Nacional de Protesta.
Notas
(1) Francisco Mosquera. Resistencia Civil, pág. 126.
(2) Francisco Mosquera. Resistencia Civil, págs. 401- 402.
Asociación
Colombiana de Empleados Bancarios -ACEB
Junta Directiva Nacional
Comunicado Publicado en
El Tiempo, Febrero 4 de 1996.