La
Nueva Alcaldía de Bogotá:
El “Centro Izquierda” Hereda Misión de la Derecha
La llegada de Luis Eduardo Garzón
a la Alcaldía de Bogotá ha generado una oleada de
entusiasmo alimentado por las ilusiones de que él representaba
un cambio frente al “modelo neoliberal”. También
ha suscitado una avalancha de escritos en la gran prensa en los
que se afirma que la izquierda ha conquistado el poder en la urbe
más importante del país gracias al abandono de los
radicalismos y a su desplazamiento hacia el centro. ¿Habrá
realmente un cambio de rumbo? ¿Que significa ese desplazamiento
de la izquierda hacia el centro? Veamos.
En su discurso de campaña Garzón
imploró que no se le viera como “el coco”,
pues con su receta de la concertación como panacea para
todos los males, antes que representar un peligro para los intereses
de la oligarquía, le ayudaría a ésta a apaciguar
la inconformidad del pueblo.
Los planteamientos de Garzón
fueron cuidadosamente elaborados para demostrar que bajo su mandato
se garantizaría la continuidad de las principales políticas
con las que se viene acondicionando la ciudad a las modalidades
del saqueo imperialista bajo la globalización. El programa
de gobierno, la conformación del gabinete, el discurso
en el acto de posesión, con la presencia del embajador
norteamericano, abundan en pruebas al respecto. Ofreció:
“Plenas garantías al capital extranjero” y
a los financistas, pero eso sí, “que permitan generar
empleo”. La apertura arrancó con la premisa de que
atraer los capitales crearía puestos de trabajo. El resultado
ha sido el contrario, pues los monopolios foráneos desplazan
la producción nacional al tiempo que el agio la estrangula.
Garzón plantea como medicina la misma pócima que
está matando al paciente.
Sacar adelante la “ciudad región”
orientada hacia el “fomento a las exportaciones”.
No es otra cosa que debilitar los estados nacionales impidiendo
que se cimente el mercado interno y fomentando un federalismo
que acrecienta la dependencia al concentrar la economía
en la maquila y en los servicios requeridos por los consorcios
de la metrópoli.
Combatir el desempleo con las manidas
fórmulas de “la micro, pequeña y mediana empresa”
y “la economía solidaria”, en fin, las propuestas
sociales del hijo de la humilde doña Eloisa no se diferencian
en nada de las del gran hacendado de Antioquia hoy acaballado
sobre la nación y suenan como dulce melodía a los
oídos de los agiotistas y de las multinacionales.
En cuanto a las finanzas distritales
Garzón peló el cobre. En la campaña prometió
que no acudiría a más impuestos, no obstante, Pedro
Rodríguez, su secretario de Hacienda, un tecnócrata
alcabalero que ocupó la Dirección de Presupuesto
durante la primera administración Mockus, ya salió
a defender el cobro de valorización para financiar los
parques y las obras viales distintas de Transmilenio. Para curarse
en salud, el funcionario le dijo a El Tiempo que “no se
trata de un impuesto sino de una contribución que pagan
las personas que se benefician con una obra”. Además,
se ha anunciado una segunda descapitalización de Emgesa
en 400 mil millones de pesos, como quien dice, devolverle al monopolio
español otros 200 mil millones del capital con el que adquirió
la mitad de la Empresa de Energía de Bogotá sin
mermar su participación accionaria, con tal de que la Alcaldía
pueda disponer de otro tanto para hacer populismo. Esto prueba
que como las anteriores administraciones, la del expresidente
de la CUT estará al servicio de los grandes consorcios.
Las otras propuestas carecen igualmente de originalidad: nuevos
créditos “mejorando el perfil de la deuda”;
medidas policivas “antievasión e incumplimiento”;
“venta de activos improductivos” (léase privatizaciones)
y “eficiencia”, “austeridad y control social”.
¿Hay algo de izquierda en todo esto? ¡Absolutamente
nada! Quizás por ello, Garzón exclamó en
su discurso de posesión: “Lo verdaderamente revolucionario
hoy es ser responsable en el manejo de las finanzas”. ¡Ni
más ni menos, que la misma divisa del Fondo Monetario Internacional!
Miremos ahora “lo social”
y “el día sin hambre”, su principal bandera.
Allí no encontramos otra cosa que el asistencialismo recomendado
por el Banco Mundial para que los gobiernos apliquen los respectivos
paños de agua tibia a los desastres provocados por el “mercado
libre”. Tanto que los programas propuestos ya venían
desarrollándose por la administración Mockus, verbigracia,
el complemento nutricional para niños menores de 12 años.
Así lo reconoció el propio alcalde en su discurso
de posesión: “Cualquiera que hubiese llegado a la
Alcaldía habría tenido que asumirla [la política
social]”.
El eslogan del burgomaestre será:
“Sin indiferencia”. No se trata, claro está,
de “polarizar” ni de introducir el odioso “concepto
de clase de pobres contra ricos”, sino de que los explotados
y los explotadores hagan “un compromiso con la sociedad”,
señaló el ex dirigente de la USO el 1° de enero.
A los monopolios se les suplicará que no sean indiferentes
ante el hambre de los de abajo y que donen mercados para aliviar
el mal, como si no fueran ellos sus causantes. A los trabajadores
de la Empresa de Acueducto se les exigirá que abandonen
sus reivindicaciones y que no sean indiferentes frente a las altas
tarifas que agobian a los bogotanos, que hagan el sacrificio de
entregar su convención colectiva, mientras a los fabulosos
negocios de los contratistas privados no se les tocará
un pelo. A los maestros se les conminará a que no sean
indiferentes ante la falta de cupos para cien mil niños
en la ciudad y que acepten cursos de 50 o 60 alumnos, dar clases
en los prados y trabajar horas extras, no remuneradas, mientras
la Nación y el Distrito cumplen religiosamente con el pago
del servicio de la deuda. ¿Habían soñado
los amos del capital un paraíso semejante?
En los únicos temas en los que
Garzón se distanció de sus antecesores, el pico
y placa, la “hora zanahoria” y la política
de espacio público, bastó con que un editorial del
diario de los Santos tronara que no se podía retroceder
en los esfuerzos hechos en los últimos años en estos
campos, para que el discípulo de Lula reculara presuroso.
Los vendedores ambulantes, que le aportaron unos buenos votos,
terminaron colgados de la brocha, pues su suerte quedó
en manos de una comisión de alto nivel creada por Mockus,
a cuyas recomendaciones se acogerá el alcalde del Polo
Democrático Independiente, PDI.
En el PDI confluyen varias vertientes
políticas que nunca aceptaron la lucha revolucionaria o
que renegaron de ella, reemplazándola por los llamados
a la conciliación de clases. Caen en flagrante contradicción
cuando se proclaman adalides de la lucha contra el hambre, el
desempleo y las desigualdades, al tiempo que se declaran defensores
del “Estado social de derecho” y de la Constitución
de 1991, base jurídica para implantar el neoliberalismo
que exacerbó los dramas sociales
Garzón no alcanza a ser ni siquiera
reformista. Su misión es darles curso a los planes imperialistas
creando la ilusión de que es posible la prosperidad de
la Capital y el bienestar del pueblo manteniendo intactos el régimen
de la extorsión financiera y el saqueo de los monopolios.
En el “centro izquierda” es donde comienza la derecha.
Quitémosle la máscara a estos falsos amigos del
pueblo.
Por
Francisco Cabrera
http://www.notasobreras.org/columnistas/franciscocabrera/garzon.htm
Febrero 1° de 2004