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Colombia al Borde del Abismo

Causas y Consecuencias de la Actual Crisis

En medio de un acalorado debate acerca de los vínculos de importantes sectores políticos, económicos y sociales con el narcotráfico y las práctica del proselitismo político armado, el país avanza hacia el desbarajuste total.

Los escandalosos sucesos de los últimos meses han involucrado a los diversos estamentos del Estado, desde altos funcionarios designados directamente por el Ejecutivo, pasando por muchos e importantes miembros del Parlamento, la mayoría de ellos del bloque oficial, hasta algunos integrantes de la rama Judicial y de las Fuerzas Armadas. La sociedad en su conjunto ha sido permeable a la influencia del narcotráfico y hasta de importantes Multiacionales han pescado en río revuelto, haciéndoles el juego a los actores del conflicto armado, para salvaguardar sus intereses.

Sin embargo, son las políticas económicas y sociales aplicadas en los últimos lustros, las que han generado los más funestos efectos, que no han podido ser velados por la propaganda acerca de los supuestos éxitos de la política oficial. La manipulación de las estadísticas sirve para presentar una falsa realidad en materia de reducción de la pobreza y el desempleo y los índices de crecimiento de la producción. Lo que es fruto de la fase de expansión que vive la economía mundial, se exhibe como producto de las bondades de la política económica interna.

Por ejemplo, el incremento de las exportaciones obedece a la elevación de los precios de los bienes exportables, un efecto de la situación mundial, pero el volumen de nuestras exportaciones en muchos casos, como café, flores, banano y petróleo, se ha reducido sustancialmente. La devaluación del dólar, manejada desde las cumbres del poder económico mundial, genera aparentes reducciones del endeudamiento externo y aumentos del salario y el PIB, medidos en dólares, que tampoco son producidos por la magia de nuestras autoridades económicas.

En el mejor de los casos esta transitoria bonanza, tan sólo sirve para recuperara el terreno perdido en la pasada década y las ruidosas celebraciones se dan porque nos ubicamos en los mismos niveles de diez años atrás. Empero, el panorama hacia el futuro se vislumbra bastante oscuro, en cuanto a los indicadores mundiales, especialmente los de la economía norteamericana muestran claros signos de decadencia, lo cual, por nuestro alto grado de dependencia de la política del Norte, afectará severamente la producción nacional.

A ello se agrega la posible aprobación del TLC, sobre el cual diversos e importantes sectores de la sociedad colombiana han alertado, demostrando que su implantación agudizará el proceso de quiebra de la debilitada producción en la ciudad y el campo, sometida a una desventajosa competencia con la poderosa maquinaria productiva norteamericana. Como quiera que el TLC no contempla solamente el libre acceso a los mercados, a la vez se verán consecuencias de índole social, como las que tienen que ver con los precios de los medicamentos, a causa del reforzamiento de las normas de propiedad intelectual y de patentes. También nos veremos profundamente afectados por las ventajosas condiciones para la inversión extranjera y la entrega de las compras estatales a las multinacionales, contenidas en el leonino Tratado.

De contera, el gobierno pretende reducir la participación de los entes territoriales en las finanzas nacionales, las llamadas transferencias, lo cual lesionará seriamente las recién saneadas arcas departamentales y municipales. Ello implicará graves consecuencias en los programas de salud, educación y saneamiento ambiental, delegados en los entes territoriales, en virtud de la descentralización y, por ende, la obligatoriedad de generar más recursos propios, mediante la imposición de nuevos gravámenes a la población.

Por si fuera poco, se persiste en la política de subasta del patrimonio público, ahora referida a las electrificadoras y a la cuota inicial de la entrega del lucrativo negocio del petróleo a los intereses privados, mediante la venta del 20% de Ecopetrol. Además, se culmina la antipatriótica labor de convertir la salud en un negocio privado con la liquidación del ISS, a través de maniobras salidas de toda normatividad.

Estas son a grandes rasgos las principales preocupaciones que debieran concitar la atención de todos los colombianos, relegadas a un plano secundario por los vergonzosos hechos producidos por el fenómeno de la violencia, el otro problema que agrava nuestra dramática realidad. El proselitismo armado ha sido un fenómeno presente en la vida nacional, desde hace mucho tiempo, que ha desatado una cadena de acciones y reacciones que nos han conducido a un callejón sin salida. Desde ese entonces diversos sectores políticos alertaron acerca de los efectos perniciosos de tales prácticas, ahora generalizadas, en fracciones de la derecha y la “izquierda”. Nunca ha sido una práctica correcta pretender enfrentar un error táctico con otro error, lo que se ha covertido en una bola de nieve, que adquirió las características de un alud y amenaza con liquidar nuestra precaria institucionalidad.

De nuevo, abogamos porque todos los grupos al margen de la ley depongan las armas y se sometan, como el resto de los colombianos, a las normas vigentes, si desean hacer uso de los pocos o muchos gajes de la actual legalidad. El clima de controversia civilizada es una condición indispensable para el libre desarrollo de las contradicciones económicas y sociales, sin temor al chantaje, la extorsión o el secuestro, instrumentos que han sido utilizados indiscriminadamente para imponer una u otra opinión política.

Las fuerzas auténticamente patrióticas y democráticas deben pugnar por construir una salida pacífica al actual conflicto, sin dilaciones ni estratagemas ventajistas. Llamamos a los colombianos de bien, ajenos a los métodos violentos, a una gran confluencia social y política que condene el proselitismo armado en todas sus manifestaciones y trabaje por la constitución de una nueva Nación democrática, próspera y soberana, donde las verdaderas mayorías asuman la conducción del Estado y gobiernen en beneficio de Colombia y los colombianos. Los fundamentos que proponemos para conseguir tal propósito son:

1. Pugnar por la soberanía económica y política, la defensa de la producción nacional, los recursos naturales y el patrimonio público.

2. Impulsar el desarrollo agrario, con base en el freno a las importaciones y el acceso de los campesinos desposeídos a la tierra.
3. Proteger los intereses y desarrollar los derechos y libertades de los trabajadores y el conjunto del pueblo y construir un modelo de seguridad social integral, universal y solidario, a cargo del Estado.

4. Propender una política educativa que estimule la investigación científica y el florecimiento de una cultura nacional que, a la vez, recoja lo más avanzado de la humanidad.

5. Abogar por relaciones diplomáticas, comerciales y culturales con base en la igualdad, el respeto mutuo y beneficio recíproco.

6. Rechazar el secuestro, el atentado personal y el terrorismo y propender un ambiente de controversia civilizada, en el que todas las fuerzas políticas y sociales se encuentren en pie de igualdad.

Bogotá, Abril de 2007

Jesús A Bernal, Senador de la República
Pedro A Contreras, Concejal de Bogotá
Apécides Alvis, Presidente de la CTC
Iván Toro López, Dirigente del Moir Línea Francisco Mosquera

Apoyo de Firmas

Pedro Contreras al Concejo de Bogotá

 

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