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Bogotá, D. C. Septiembre 13 de 1999


Compañeros:
Héctor Valencia.
Marcelo Torres.
Libardo Botero
Ramiro Rojas.
Ciudad.

Apreciados compañeros:

Con motivo de los preparativos del pasado Paro del 31 de agosto, pudimos verificar las graves consecuencias que, para el movimiento revolucionario colombiano, entraña la atomización de las fuerzas que otrora conformábamos el MOIR, el partido construido con sapiencia y paciencia por el desaparecido líder Francisco Mosquera. Constituye un espectáculo deplorable ver como personajes grises y mediocres mal orientan las luchas de los trabajadores y el pueblo colombiano, en tanto que quienes tuvimos la oportunidad de aprender, de la mano del camarada Mosquera, las leyes de la lucha de clases en Colombia, nos vemos relegados a papeles secundarios. Eso es el resultado de lo insignificante de nuestras fuerzas y la debilidad, mayor o menor, de todos los sectores en que se encuentra dividido el MOIR, aquel partido en el que todos militamos orgullosos, bajo la correcta orientación de su fundador y marcó un hito en la historia nacional, durante los años setenta y ochenta.

Precisamente en el momento mas crucial de la vida de la nación, cuando se están acelerando los procesos y agudizando las contradicciones latentes en la sociedad colombiana, el pueblo colombiano se encuentra huérfano de una vanguardia, con suficiente capacidad e influencia para hacer confluir todas las batallas aisladas y dispersas que libra la población. ¡Cuanta falta hacen la presencia física y las orientaciones de aquel joven columnista de Vanguardia Liberal que ya a finales de los años cincuenta comenzaba, con su pluma, a darle luces al proceso revolucionario en Colombia, en los sesenta dio la batalla en contra de las tendencias foquistas de la extrema izquierda, en los setenta nos enseñó cómo se construye un Frente antiimperialista, en los ochenta enfrentó decididamente el socialimperialismo y, antes de su temprano deceso, sentó las bases teóricas de la lucha contra la recolonización económica!

Mas ante el ineluctable hecho de que ya no contamos con él y sólo nos quedan sus enseñanzas, no tenemos otra alterativa que hacer un gran esfuerzo para tratar de cumplir con nuestro deber como revolucionarios. A tal tarea aplicamos nuestros mejores y mayores esfuerzos, en aras de reconstruir una fuerza política capaz de dirigir a nuestro pueblo por las procelosas aguas que surcamos y de continuar desarrollando el legado de los maestros del proletariado, en estos lares sistematizado y adecuado a la realidad por el fundador del MOIR.

1. En nuestro caso particular fuimos expulsados de las filas del Partido, en las primeras de cambio, después de la muerte de nuestro máximo ideólogo, hace mas de tres años y consideramos que esos lamentables episodios, afectaron los sagrados intereses de la revolución. No podemos pasar por encima, a la torera, de las contradicciones que nos han conducido a tan negativa circunstancia, pero debemos hacer un esfuerzo para que se adelante una franca y leal discusión para ver si es posible lograr acercamientos entre nuestras exiguas fuerzas, que aun unidas son una ínfima minoría en la sociedad colombiana.

Pese a que todos nos reclamamos herederos del legado político dejado por Mosquera, e invocamos su nombre en todas nuestras declaraciones habladas y escritas, es evidente que el título de auténtico continuador de su lucha y la de los demás maestros del proletariado se lo ganaran aquellos que sepan interpretar sus enseñanzas teóricas, logren poner el oído sobre la tierra, ausculten la realidad nacional y orienten correctamente las futuras batallas del pueblo colombiano en pos de su emancipación definitiva.

Varios son los asuntos que han estado en el centro de la discusión entre las diversas tendencias.

Hagamos un breve recuento de las principales entre ellas:

I

En primer lugar, lo atinente a las características que ha tomado la presencia norteamericana, a partir de lo que Mosquera denominó "la neocolonización económica de América Latina por parte del imperialismo yanqui". Al respecto vale la pena refrescar lo presentado en innumerables documentos apoyados por todos nosotros, cuando compartíamos la militancia en el MOIR. Decíamos desde los años setenta que "Colombia desde finales del siglo pasado y principios del presente comenzó a caer bajo la dominación directa del imperialismo, especialmente del imperialismo yanqui. En el transcurso de este siglo esta dominación se ha venido acentuando y el imperialismo ha desarrollado una burguesía intermediaria, parasitaria y antipatriótica: la gran burguesía... Los blancos principales de ataque de la revolución son el imperialismo yanqui y sus aliados colombianos". (Colombia, tres vías a la revolución, Entrevista a Francisco Mosquera).

Por esos mismos años, señalábamos que "Ninguna de las funciones como nación la ejercemos soberanamente. Han transcurrido cerca de tres cuartas partes de este siglo desde la separación de Panamá. Durante ese tiempo, Estados Unidos ha subyugado y obligado al pueblo colombiano a trabajar para el enriquecimiento de un puñado de monopolistas. Los tentáculos del pulpo imperialista han ido atenazando los conductos arteriales de la economía, la política y la cultura de Colombia, hasta reducirla a lo que es hoy, una seudo república atrasada, enajenada y miserable..." (Tribuna Roja # 9, Sept/73).

Criterio reiterado, poco después, al afirmar que "A pesar de que la dominación del imperialismo norteamericano sobre nuestra patria lleva tres cuartos de siglo y de que las fuerzas populares han librado muchas y perseverantes batallas contra los opresores extranjeros y sus lacayos colombianos, nuestra revolución se encuentra aun dispersa e incipiente. La dominación imperialista se ejerce en todos los terrenos: en el económico, en el político, en el cultural y en el militar". (Unidad y Combate. Pagina 194).

Nuestra añeja condición de neocolonia norteamericana se caracterizó correctamente al aseverar que ''Bajo el neocolonialismo la mas vulgar y prostituida expoliación se pavonea de dama recatada y pudorosa. La dependencia económica sustenta indirecta pero eficazmente la intromisión política de los magnates de las casas matrices, y sin arrancar de cuajo aquella no se suprime esta". (Tribuna Roja #33 Febrero de 1979).

Tales conceptos que no debieran ser materia de discusión, deben ser recogidos y reiterados en la actual etapa, cuando se ha pasado de "...una expoliación disimulada, astuta, que nos permitía algún grado de desarrollo, complementario a la sustracción de las riquezas del país.", a que "... con la apertura la extorsión se ha tornado descarada, cruda, sin miramiento alguno".

II

También ha formado parte de los temas en debate, el referente a cual es el aspecto principal de la ofensiva norteamricana sobre nuestro país. En el pasado señalamos, sin que ninguno de nosotros lo rechazara que “tras el eufemismo (de la apertura) lo que se esconde es la mas grande ofensiva de colonización económica sobre Colombia, pues tiene que ver con la suerte de la industria y el agro, la penetración indiscriminada de las transnacionales...y la enmienda regresiva y despótica del régimen jurídico... estamos convencidos de que América Latina rueda hacia el abismo de su plena colonización económica y quienes no partan de este punto de vista no comprenderán ninguna de las polifacéticas y absurdas consecuencias de los factores enunciados, y acaso ni su propio drama". (Omnia Consumata Sum. Noviembre 8 de 1990).

Este medular concepto fue reiterado, dos años después, indicando que "El imperio del Norte desempolva los artículos de fe del neoliberalismo, a los cuales encomienda los saqueos de su recuperación, una estrategia que no abandonará por las buenas, aun a costa de arrasar el Continente. Por eso la contradicción se torna antagónica e inevitable. Y se equivocan los ilusos o los timoratos cuando atribuyen los gravísimos quebrantos de nuestra nación a otras causas aleatorias, mientras se agazapan tras paliativos engañosos con la inconfesable intención de capitular ante los enemigos de la patria". (Por la Soberanía Económica, Resistencia Civil. Mayo 1° de 1992).

III

En el ultimo periodo, los Estados Unidos han intentado colocar como problema principal de sus relaciones con Colombia, el espinoso asunto del narcotráfico, en torno al cual también contamos con análisis elaborados por Mosquera. Ya en noviembre del 89, ante la decisión de concentrar las energías del agonizante gobierno de Virgilio Barco en la lucha contra el narcotráfico señaló que "Aquel azote ha sido desde luego una planta exótica que debe extirparse; sin embargo, no es el problema fundamental del país... puesto que los dueños de la república colocaron el país a mirar hacia un solo lado, desentendiéndolo por lo menos temporalmente de sus agobios principales". (Precisiones Necesarias. Noviembre 14 de 1989).

En marzo de 1990 se preguntaba si "¿Prosperaría acaso el filón de la coca sin la complicidad de los vasos comunicantes del sistema bancario mundial que, entre sus múltiples servicios, proporciona a sus clientes el del lavado de dólares? ¿No serán capaces los Estados Unidos, recurriendo a su inmenso poder, de acabar con la venta de estupefacientes dentro de sus fronteras? Sí pueden mas no se lo proponen. La cruzada antidrogas sostenida por Bush, que se realiza cueste lo que cueste, aun pasando por encima de las estipulaciones del derecho internacional, es un mero subterfugio para abrirle las puertas en América Latina a la intromisión extranjera, romper el ordenamiento jurídico de los países sometidos y suplantar a los productores nacionales con los magnates de los monopolios imperialistas". (El apoyo del MOIR a Durán Dussan. Marzo 4 de 1990).

IV

Es del abecé del marxismo-leninismo, pensamiento Mao Tse Tung, fuente en la cual decimos todos abrevar, que la victoria del proletariado en los países neocoloniales y semifeudales, como el nuestro, depende de la correcta aplicación de la política de Frente Único, elaborada por el máximo dirigente de la revolución china. Desde ese entonces se han precisado con claridad absoluta los conceptos que deben guiar a quienes aspiren a coronar con éxito el trabajo revolucionario. Veamos algunos de sus aportes:
"El paso de la preponderancia de la burguesía a la del proletariado es un largo proceso de lucha, de lucha por la hegemonía cuyo éxito dependerá de los esfuerzos del Partido Comunista por elevar el nivel de conciencia política y de organización, tanto del proletariado como de los campesinos y la pequeña burguesía urbana... El firme aliado del proletariado es el campesinado, y en segundo término, la pequeña burguesía urbana. Es la burguesía la que se enfrenta con nosotros por la hegemonía." (Luchemos por Incorporar a las Masas al Frente Unico, Tomo I).

"La burguesía se divide en gran burguesía compradora y burguesía nacional... La gran burguesía compradora es una clase al servicio directo de los capitalistas de los países imperialistas y sustentada por ellos... Por eso ha sido siempre un blanco, y nunca una fuerza motriz, de la revolución... la burguesía nacional es una clase de doble carácter... Por una parte es oprimida por el imperialismo y constreñida por el feudalismo, y de ahí su contradicción con ambos. En este sentido, constituye una fuerza revolucionaria... Pero, por otra parte, como es débil económica y políticamente y no ha roto por completo sus lazos económicos con el imperialismo y el feudalismo, le falta valor para llevar hasta el fin la lucha antiimperialista y antifeudal... Este doble carácter hace que la burguesía nacional, en determinados períodos y hasta cierto punto. pueda tomar parte en la revolución...". (La revolución China y el Partido Comunista de China, Tomo II).

"En consecuencia, como quiera que sea, el proletariado, el campesinado y los intelectuales y demás sectores de la pequeña burguesía de china constituyen las fuerzas fundamentales que deciden el destino del país. Estas clases, unas ya conscientes y otras en vías de serlo, necesariamente se convertirán en los elementos básicos en la estructura del Estado y del Poder de la republica democrática china, con el proletariado como fuerza dirigente" (Sobre la Nueva Democracia, Tomo II).

"La burguesía nacional es nuestra contrincante... Mera lucha sin unidad es error de izquierda, y mera unidad sin lucha, error de derecha... En los países víctimas de la opresión imperialista y feudal, el partido político del proletariado debe tomar en sus manos la bandera de la lucha nacional, darse un programa de unión nacional y unirse con todas las fuerzas unibles, exceptuando, desde luego, a los lacayos del imperialismo". (Algunas Experiencias en la Historia de Nuestro Partido, Tomo V).

En nuestro país, el más importante ideólogo en esta materia fue, sin lugar a dudas, Francisco Mosquera, quien desde sus primeros escritos reiteró y desarrolló estas tesis, de cuya correcta aplicación depende el triunfo, cuando decía:
"...las fuerzas principales de la revolución son los proletarios y los campesinos pobres y jornaleros del campo; el partido de la revolución debe señalar como línea fundamental estratégica la alianza de estas dos fuerzas, porque los obreros solos, sin la base campesina del movimiento armado y los campesinos solos, sin la dirección ni el apoyo del proletariado, no podrán liberarse... Experiencias muy importantes en este sentido ha arrojado el Frente Unido de Camilo... Las fuerzas revolucionarias no estaban lo suficientemente fuertes como para ganarse o neutralizar estos sectores de la burguesía y de la pequeña burguesía descontenta y en contradicción con la gran burguesía lacaya y el imperialismo yanqui. Por eso al final el Frente Unido del Pueblo se limitó a las organizaciones revolucionarias y a sectores del pueblo que en una forma u otra apoyaban o hablaban de apoyar la lucha armada revolucionaria... esta es una experiencia importante. La mayor o menor amplitud del frente unido lo determina el mayor o menor fortalecimiento de las fuerzas políticas y militares revolucionarias". (Hagamos del MOEC un Auténtico Partido Marxista Leninista. Francisco Mosquera, Octubre de 1965).

Luego señaló que "De todas maneras, las contradicciones que esta burguesía tiene con el imperialismo la hace susceptible de engrosar las filas de la revolución de nuestro pueblo; especialmente cuando el proletariado y el campesinado consoliden y amplíen su fuerza política ... este fenómeno se dará indudablemente cuando se creen condiciones favorables en todo el país, con el auge revolucionario de nuestro pueblo, y, sobre todo con el fortalecimiento del Partido de la clase obrera que, apoyado por el campesinado, la pequeña burguesía urbana y la intelectualidad revolucionaria, logrará el acercamiento a las posiciones auténticamente revolucionarias de esos sectores de la burguesía que tienen contradicciones con el imperialismo". (Colombia, Tres Vías a la Revolución. Entrevista a Francisco Mosquera).

En consecuencia con ello defendió que "Desdorar el programa para congraciarnos con una oposición que, como cualquiera oposición dentro de la democracia burguesa, está encargada de amansar a los inconformes, sólo burla nos granjearía... El Partido Comunista de China, por ejemplo, suspendió la confiscación de la tierra de la clase terrateniente y redujo sus exigencias para el agro a pedir la disminución de los intereses del crédito y de los arrendamientos. ¿Cuál era la contraprestación? Ganar la aquiescencia de dicha clase en la guerra patriótica contra la invasión japonesa. Esta política obviamente fue correcta. Empero, ¿qué obtendríamos nosotros de pactar en la actualidad semejante acuerdo? Conseguiríamos la desmovilización de la masa campesina sin favorecer mayormente al frente único. ¿Y en qué consiste realmente el entendimiento programático insinuado por la tendencia liberalizante y el cretinismo parlamentario? Que se atenúen puntos concernientes a la independencia nacional y a la conformación de un nuevo Estado de las clases populares contra la minoría oligárquica destronada". (Tribuna Roja #33, Marzo de 1979).

En cuanto al problema de garantizar la dirección del proletariado en el Frente, afirmó que "En el período anterior le dimos relevancia a la necesidad de la alianza con la burguesía nacional, aunque no se manifestara claramente, fuera vacilante y representara la derecha en esa alianza... Hoy, en cambio, señalamos que ese sector no se manifiesta, que es vacilante y de derecha, así sea susceptible de aliarse con el proletariado en la lucha nacional y democrática. Esta formulación la hacemos destacando el otro aspecto, porque nos llaman a efectuar el compromiso a toda costa, aun renunciando a la dirección de la clase obrera dentro del Frente... Debemos correr todos los riesgos y hacer un gran esfuerzo por dilucidar la cuestión de quien dirige a quien; no tenemos otra alternativa... El proletariado combate al imperialismo desde sus posiciones avanzadas y no desde el punto de vista de las otras clases... No vamos a plantearle al imperialismo, por tanto, una lucha con las concepciones reaccionarias y atrasadas de la burguesía nacional, de la pequeña burguesía o del feudalismo, sino con la solución socialista. Los otros remedios están rebasados por la historia y no regresarán más que en las ilusiones que anidan en la mente de los hombres". (Informe de Francisco Mosquera en la Conferencia Nacional de 1981).

Reforzando estos conceptos con una clara caracterización de "La burguesía nacional, el menos firme de los integrantes potenciales del frente patriótico, por nutrirse también del trabajo asalariado y a pesar de sus confrontaciones insalvables con el imperialismo y sus lacayos, suele inclinarse a favor de una transacción con los detentadores del Poder, buscando restringir los efectos mas no las causas de la crónica y profunda crisis que la golpea. Está dispuesta a dejarse burlar de los 'de arriba' y burlarse de los 'de 'abajo'. Su sueño radica en resucitar la idílica república de la época de la libre competencia en un mundo irremisiblemente sujeto a la extorsión de los magnates de los trusts y de las altas finanzas. Cuando la revolución merma el empuje se acentúan sus elucubraciones retardatarias y se entrega dócilmente a los caprichos de los opresores. Sólo impelida por el auge de la marea popular llega a desembarazarse de su atolondramiento y a representar un papel objetivamente progresista. Por eso, si no deseamos ser víctimas de los engaños de la reacción, particularmente en los momentos de reflujo, tendremos que cuidamos de no morder el anzuelo arrojado por dicha burguesía". (Tribuna Roja #38. Mayo de 1981).
A mediados del decenio pasado insistía señalando que "Se confirma de nuevo la justa teoría de que el frente único antiimperialista ha de estar inspirado en un programa que, aunque tolere y estimule hasta cierta medida el capitalismo, elimine sus expresiones monopólicas a través de la confiscación y el control de un Estado revolucionario, y al tiempo rompa toda coyunda del extranjero. Obstinarse en forjarlo alrededor de las claudicantes postulaciones burguesas, arguyendo su máxima amplitud y su expeditiva hechura, sólo demoras y frustraciones acarrearía". (Causas y Efectos de la Ultima Crisis. Septiembre de 1984).

Ya en la era de la recolonización económica puntualizó que "Internamente, tanto a los sectores productivos como a las fuerzas políticas que aún conservan nexos con la nación, o con su historia, no les quedará otra disyuntiva que la de defender la soberanía y el progreso de Colombia. De esta obligación no excluyo a los productores conscientes, a los parlamentarios honestos, ni a los militares patrióticos, con quienes habremos de constituir un frente único por la salvación nacional". (La justeza de Nuestros Principios ha sido Demostrada en la Lucha de Clases. Francisco Mosquera, abril 15 de 1991).

V

Con base en los anteriores pareceres se debe Trazar una línea táctica para el actual período, la cual debe precisar cuál es el énfasis en el trabajo. Para algunos se trata de dedicarse a buscar prioritariamente los acuerdos con la llamada clase política, otros se esfuerzan por encontrar las expresiones de la burguesía nacional, principalmente entre los sectores empresariales y productivos, en la diversidad encontramos quienes alientan esperanzas en las fuerzas armadas o en las cortes judiciales. Todo esto es parte de la gran discusión, pues en nuestro modesto entender lo principal es fortalecer las huestes proletarias, mediante un trabajo paciente y sistematizado en los sectores obreros, campesinos y populares, aprovechando la creciente inconformidad que existe entre la población, ante la aplicación de las medidas aperturistas.

Respecto a la naturaleza de las instituciones que conforman el aparato del Estado, cabe recordar los criterios expresados por los maestros del proletariado. En su obra La Guerra Civil en Francia, al hacer el balance de la epopeya de La Comuna de París, Marx señala que "El poder estatal centralizado, con sus órganos omnipresentes: el ejército permanente, la policía, la burocracia, el clero y la magistratura -órganos creados con arreglo a un plan de división sistemática y jerárquica del trabajo-... fue adquiriendo cada vez más el carácter de poder nacional del capital sobre el trabajo, de fuerza pública organizada para la esclavización social, de máquina del despotismo de clase".

Estos conceptos fueron reforzados y desarrollados por Lenin, en su escrito El Estado y la Revolución, donde afirma que el Estado es una "... fuerza que brota de la sociedad, pero que se sitúa por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella. ¿En qué consiste, fundamentalmente, esta fuerza? En destacamentos especiales de hombres armados, que tienen a su disposición cárceles y otros elementos... El ejército permanente y la policía son los instrumentos fundamentales de la fuerza del poder estatal. Pero ¿puede acaso ser de otro modo? Se forma el Estado, se crea una fuerza especial, destacamentos especiales de hombres armados, y cada revolución, al destruir el aparato estatal, nos muestra muy a las claras cómo la clase dominante se esfuerza por restaurar los destacamentos especiales de hombres armados a su servicio... La burocracia y el ejército permanente son un "parásito" adherido al cuerpo de la sociedad burguesa, un parásito engendrado por las contradicciones internas que dividen a esta sociedad, pero, precisamente, un parásito que "tapona" los poros vitales".

Por supuesto el parlamento forma parte del aparato del Estado que, en su conjunto, está al servicio de las clases dominantes, las cuales, a su vez, sirven de intermediarios para la entrega de la Nación a los intereses norteamericanos. Sobre el mismo tema Mosquera aseveró que "Los ideólogos del bipartidismo tradicional se quejan a menudo de que la 'extrema izquierda', al participar en las elecciones organizadas por el régimen, no cree en ellas ni en la bondad de los cuerpos parlamentarios. Al descrédito de unas y otros han contribuido más que la propaganda de los partidos revolucionarios, la rica e insustituible experiencia directa de las masas, las cuales han comprobado generación tras generación, cómo los mecanismos de la democracia burguesa en siglo y medio de vigencia nunca dejaron de ser una farsa ni unos instrumentos de la más cruel y despiadada dictadura contra el pueblo". (A la Revolución sólo la sostiene el Pueblo Tribuna Roja #21).

VI

Igualmente se ha venido discutiendo la posición que se debe asumir frente a la dirección del movimiento obrero colombiano, en la cual veníamos jugando un papel destacado, cuando estábamos unidos bajo la dirección del camarada Mosquera, en los inicios de la era neoliberal. En la cúpula de las centrales obreras se ha puesto de moda un estilo burocrático y poco democrático que ha conducido a las huestes proletarias a varios descalabros. Ya en 1989, Mosquera celebraba que "El movimiento sindical, por primera vez en mucho tiempo, se aglutina alrededor de sus reclamaciones y empuña las riendas de su protesta, proscribiendo de los actos del nueve el terrorismo y la injerencia de los provocadores". (Secundamos la Protesta de las Cuatro Centrales Obreras. Febrero 28 de 1989). Sin embargo tan alentadores augurios, reforzados con la patriótica declaración del 7 de agosto de 1990, titulada Que se suspenda la apertura económica y se discuta la política económica y laboral con los empresarios y los trabajadores, han venido perdiéndose en las nebulosas de la concertación, la conciliación y el oportunismo.

El día en que se fundaba la CGTD, Mosquera alertaba acerca de que "La fundación de la nueva central representa el último capítulo del prolongado proceso de lucha contra la decadencia de la corriente patronalista de la clase obrera". Al hacer un recuento de las trapisondas patronales de las viejas centrales obreras esperaba que "...con el cambio de la correlación de fuerzas que estamos celebrando logremos impedir, de hoy hacia el futuro, semejantes procedimientos ominosos". (Saludo del MOIR a la Confederación Unitaria CGTD. Abril 30 de 1992). Empero tales expectativas no se han cumplido y de nuevo el sindicalismo colombiano se enrutó por los senderos de la conciliación.

En estas circunstancias vuelven a ponerse al orden del día los criterios acerca de la unidad de la clase obrera, elaborados por Mosquera, en los lejanos tiempos de la Unión Nacional de Oposición, cuando señaló que "A la clase obrera, bajo el yugo imperialista y en la situación de esclavitud asalariada, le resulta muy difícil conseguir y consolidar una organización sindical única... la ausencia de una vanguardia política, fuerte y acatada por las masas trabajadoras proletarias y no proletarias, ha sido uno de los obstáculos más serios para que la clase obrera colombiana corone con éxito ésta y las otras tareas revolucionarias". (Tribuna Roja #9. Septiembre de 1973). Alrededor de estos criterios elaboró lo que se denominó La Unidad Obrera, una Política de Principios, la cual resumió en tres puntos:
Servir a la clase obrera y al pueblo "...consiste en velar tanto por sus intereses inmediatos como mediatos... deberá encabezar, organizar y apoyar las batallas económicas de las masas trabajadoras y convertirse en un instrumento útil a la lucha del pueblo colombiano por la liberación nacional y la revolución". Combatir y aislar a las camarillas vendeobreras, es decir contribuir a la lucha que "...adelanta desde siempre y naturalmente la clase obrera para limpiar su casa de esquiroles y traidores", y funcionar conforme a la democracia sindical, o sea "... ceñirse al sistema del centralismo democrático... sistema organizativo que garantiza la dirección colectiva y excluye las prácticas burocráticas por las cuales, una o dos personas, o un grupo de personas, toma resoluciones a espaldas de las mayorías y decide la suerte de éstas de manera arbitraria... una forma organizada y disciplinada de funcionamiento que exige obediencia a la dirección elegida democráticamente... y en los asuntos de interés general se tolera la libre discusión y se tiene en cuenta la opinión de las bases".

A ello cabría agregar la necesidad imperiosa de elevar el nivel de conciencia de las bases obreras, sumidas en el economicismo y el espontaneísmo, tendencias nocivas que, según Lenin implican "...precisamente la esclavización ideológica de los obreros por la burguesía.", reforzadas por quienes consideran"... imposible plantear ante el movimiento obrero de masas como primera tarea el derrocamiento de la autocracia, rebajando esta tarea (en nombre del movimiento de masas) al nivel de la lucha por reivindicaciones políticas inmediatas". ¿Qué hacer? No debemos olvidar que el Partido "... dirige la lucha de la clase obrera no sólo para obtener condiciones ventajosas de venta de la fuerza de trabajo, sino para que sea destruído el régimen social que obliga a los desposeídos a venderse a los ricos". Ibidem.

VII

Por último debemos retomar la discusión acerca del tema de la paz, puesta nuevamente de moda por el vástago de la Casa Pastrana, reeditando los fastos de la paz belisariana, pues en la medida en que "cada vez coinciden menos sus palabras con sus logros, le reporta innegables ventajas conseguir presentarse cual el mesías de la reconciliación y la tranquilidad ciudadanas". No podemos olvidar que "Para el buen suceso de las operaciones económicas burguesas siempre será preferible un clima de calma y transigencia a otro de zozobra y pugnacidad". Nunca hemos creído en el "manido pacto entre gobernantes y gobernados", menos ahora que incluye, con el concurso de Washington, el peligro de la desmembración nacional. Como lo dijera Mosquera, hace diecisiete años "Esperamos, primero, que a la postre salgan favorecidos unos métodos y una táctica revolucionarios y correctos, y, segundo, que en ningún momento dicha gestión sirva para ocultar aún más la índole antinacional y antipopular de los nuevos administradores de la vetusta república". (No Concurriremos a la Llamada Comisión de Paz. Septiembre 20 de 1982).

En síntesis se trata de adelantar un amplio debate en el cual se tengan en cuenta aspectos como el señalado por Lenin, cuando decía que "En estas condiciones, un error, "sin importancia" puede causar los más desastrosos efectos, y sólo gente míope puede encontrar inoportunas o superfinas las discusiones fraccionales y la delimitación rigurosa de los matices. De la consolidación de tal o cual 'matíz' puede depender el porvenir de la socialdemocracia rusa por años y años". ¿Qué hacer? . Los acercamientos, así no sean orgánicos, que pueda generar esta misiva deben darse dentro del más profundo respeto por la integridad y la unidad de cada sector, sin intrigas ni maquinaciones que generen un clima de desconfianza ni intentando ganarse a uno u otro cuadro, sonsacándolo de un lado para otro. En fín, que podamos, por lo menos, establecer relaciones civilizadas entre quienes alguna vez transitamos por el mismo camino y no sabemos si el decurso de los acontecimientos nos coloque en la misma orilla, así subsistan las diferencias. Si no podemos confluir en un mismo Partido, al menos trabajemos mancomunadamente en torno de unos principios básicos, que le sirvan al avance de la revolución colombiana.


MOIR LINEA FRANCISCO MOSQUERA
Comité Ejecutivo

Luis Alfredo Sánchez Iván Toro López Jairo Gutiérrez


Octubre 6 de 1999

 

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