Bogotá, D. C. Septiembre
13 de 1999
Compañeros:
Héctor Valencia.
Marcelo Torres.
Libardo Botero
Ramiro Rojas.
Ciudad.
Apreciados compañeros:
Con motivo de los preparativos
del pasado Paro del 31 de agosto, pudimos verificar las graves
consecuencias que, para el movimiento revolucionario colombiano,
entraña la atomización de las fuerzas que otrora
conformábamos el MOIR, el partido construido con sapiencia
y paciencia por el desaparecido líder Francisco Mosquera.
Constituye un espectáculo deplorable ver como personajes
grises y mediocres mal orientan las luchas de los trabajadores
y el pueblo colombiano, en tanto que quienes tuvimos la oportunidad
de aprender, de la mano del camarada Mosquera, las leyes de la
lucha de clases en Colombia, nos vemos relegados a papeles secundarios.
Eso es el resultado de lo insignificante de nuestras fuerzas y
la debilidad, mayor o menor, de todos los sectores en que se encuentra
dividido el MOIR, aquel partido en el que todos militamos orgullosos,
bajo la correcta orientación de su fundador y marcó
un hito en la historia nacional, durante los años setenta
y ochenta.
Precisamente en el momento
mas crucial de la vida de la nación, cuando se están
acelerando los procesos y agudizando las contradicciones latentes
en la sociedad colombiana, el pueblo colombiano se encuentra huérfano
de una vanguardia, con suficiente capacidad e influencia para
hacer confluir todas las batallas aisladas y dispersas que libra
la población. ¡Cuanta falta hacen la presencia física
y las orientaciones de aquel joven columnista de Vanguardia Liberal
que ya a finales de los años cincuenta comenzaba, con su
pluma, a darle luces al proceso revolucionario en Colombia, en
los sesenta dio la batalla en contra de las tendencias foquistas
de la extrema izquierda, en los setenta nos enseñó
cómo se construye un Frente antiimperialista, en los ochenta
enfrentó decididamente el socialimperialismo y, antes de
su temprano deceso, sentó las bases teóricas de
la lucha contra la recolonización económica!
Mas ante el ineluctable
hecho de que ya no contamos con él y sólo nos quedan
sus enseñanzas, no tenemos otra alterativa que hacer un
gran esfuerzo para tratar de cumplir con nuestro deber como revolucionarios.
A tal tarea aplicamos nuestros mejores y mayores esfuerzos, en
aras de reconstruir una fuerza política capaz de dirigir
a nuestro pueblo por las procelosas aguas que surcamos y de continuar
desarrollando el legado de los maestros del proletariado, en estos
lares sistematizado y adecuado a la realidad por el fundador del
MOIR.
1. En nuestro caso particular
fuimos expulsados de las filas del Partido, en las primeras de
cambio, después de la muerte de nuestro máximo ideólogo,
hace mas de tres años y consideramos que esos lamentables
episodios, afectaron los sagrados intereses de la revolución.
No podemos pasar por encima, a la torera, de las contradicciones
que nos han conducido a tan negativa circunstancia, pero debemos
hacer un esfuerzo para que se adelante una franca y leal discusión
para ver si es posible lograr acercamientos entre nuestras exiguas
fuerzas, que aun unidas son una ínfima minoría en
la sociedad colombiana.
Pese a que todos nos
reclamamos herederos del legado político dejado por Mosquera,
e invocamos su nombre en todas nuestras declaraciones habladas
y escritas, es evidente que el título de auténtico
continuador de su lucha y la de los demás maestros del
proletariado se lo ganaran aquellos que sepan interpretar sus
enseñanzas teóricas, logren poner el oído
sobre la tierra, ausculten la realidad nacional y orienten correctamente
las futuras batallas del pueblo colombiano en pos de su emancipación
definitiva.
Varios son los asuntos
que han estado en el centro de la discusión entre las diversas
tendencias.
Hagamos un breve recuento
de las principales entre ellas:
I
En primer lugar, lo
atinente a las características que ha tomado la presencia
norteamericana, a partir de lo que Mosquera denominó "la
neocolonización económica de América Latina
por parte del imperialismo yanqui". Al respecto vale la pena
refrescar lo presentado en innumerables documentos apoyados por
todos nosotros, cuando compartíamos la militancia en el
MOIR. Decíamos desde los años setenta que "Colombia
desde finales del siglo pasado y principios del presente comenzó
a caer bajo la dominación directa del imperialismo, especialmente
del imperialismo yanqui. En el transcurso de este siglo esta dominación
se ha venido acentuando y el imperialismo ha desarrollado una
burguesía intermediaria, parasitaria y antipatriótica:
la gran burguesía... Los blancos principales de ataque
de la revolución son el imperialismo yanqui y sus aliados
colombianos". (Colombia, tres vías a la revolución,
Entrevista a Francisco Mosquera).
Por esos mismos años,
señalábamos que "Ninguna de las funciones como
nación la ejercemos soberanamente. Han transcurrido cerca
de tres cuartas partes de este siglo desde la separación
de Panamá. Durante ese tiempo, Estados Unidos ha subyugado
y obligado al pueblo colombiano a trabajar para el enriquecimiento
de un puñado de monopolistas. Los tentáculos del
pulpo imperialista han ido atenazando los conductos arteriales
de la economía, la política y la cultura de Colombia,
hasta reducirla a lo que es hoy, una seudo república atrasada,
enajenada y miserable..." (Tribuna Roja # 9, Sept/73).
Criterio reiterado,
poco después, al afirmar que "A pesar de que la dominación
del imperialismo norteamericano sobre nuestra patria lleva tres
cuartos de siglo y de que las fuerzas populares han librado muchas
y perseverantes batallas contra los opresores extranjeros y sus
lacayos colombianos, nuestra revolución se encuentra aun
dispersa e incipiente. La dominación imperialista se ejerce
en todos los terrenos: en el económico, en el político,
en el cultural y en el militar". (Unidad y Combate. Pagina
194).
Nuestra añeja
condición de neocolonia norteamericana se caracterizó
correctamente al aseverar que ''Bajo el neocolonialismo la mas
vulgar y prostituida expoliación se pavonea de dama recatada
y pudorosa. La dependencia económica sustenta indirecta
pero eficazmente la intromisión política de los
magnates de las casas matrices, y sin arrancar de cuajo aquella
no se suprime esta". (Tribuna Roja #33 Febrero de 1979).
Tales conceptos que
no debieran ser materia de discusión, deben ser recogidos
y reiterados en la actual etapa, cuando se ha pasado de "...una
expoliación disimulada, astuta, que nos permitía
algún grado de desarrollo, complementario a la sustracción
de las riquezas del país.", a que "... con la
apertura la extorsión se ha tornado descarada, cruda, sin
miramiento alguno".
II
También ha formado
parte de los temas en debate, el referente a cual es el aspecto
principal de la ofensiva norteamricana sobre nuestro país.
En el pasado señalamos, sin que ninguno de nosotros lo
rechazara que “tras el eufemismo (de la apertura) lo que
se esconde es la mas grande ofensiva de colonización económica
sobre Colombia, pues tiene que ver con la suerte de la industria
y el agro, la penetración indiscriminada de las transnacionales...y
la enmienda regresiva y despótica del régimen jurídico...
estamos convencidos de que América Latina rueda hacia el
abismo de su plena colonización económica y quienes
no partan de este punto de vista no comprenderán ninguna
de las polifacéticas y absurdas consecuencias de los factores
enunciados, y acaso ni su propio drama". (Omnia Consumata
Sum. Noviembre 8 de 1990).
Este medular concepto
fue reiterado, dos años después, indicando que "El
imperio del Norte desempolva los artículos de fe del neoliberalismo,
a los cuales encomienda los saqueos de su recuperación,
una estrategia que no abandonará por las buenas, aun a
costa de arrasar el Continente. Por eso la contradicción
se torna antagónica e inevitable. Y se equivocan los ilusos
o los timoratos cuando atribuyen los gravísimos quebrantos
de nuestra nación a otras causas aleatorias, mientras se
agazapan tras paliativos engañosos con la inconfesable
intención de capitular ante los enemigos de la patria".
(Por la Soberanía Económica, Resistencia Civil.
Mayo 1° de 1992).
III
En el ultimo periodo,
los Estados Unidos han intentado colocar como problema principal
de sus relaciones con Colombia, el espinoso asunto del narcotráfico,
en torno al cual también contamos con análisis elaborados
por Mosquera. Ya en noviembre del 89, ante la decisión
de concentrar las energías del agonizante gobierno de Virgilio
Barco en la lucha contra el narcotráfico señaló
que "Aquel azote ha sido desde luego una planta exótica
que debe extirparse; sin embargo, no es el problema fundamental
del país... puesto que los dueños de la república
colocaron el país a mirar hacia un solo lado, desentendiéndolo
por lo menos temporalmente de sus agobios principales". (Precisiones
Necesarias. Noviembre 14 de 1989).
En marzo de 1990 se
preguntaba si "¿Prosperaría acaso el filón
de la coca sin la complicidad de los vasos comunicantes del sistema
bancario mundial que, entre sus múltiples servicios, proporciona
a sus clientes el del lavado de dólares? ¿No serán
capaces los Estados Unidos, recurriendo a su inmenso poder, de
acabar con la venta de estupefacientes dentro de sus fronteras?
Sí pueden mas no se lo proponen. La cruzada antidrogas
sostenida por Bush, que se realiza cueste lo que cueste, aun pasando
por encima de las estipulaciones del derecho internacional, es
un mero subterfugio para abrirle las puertas en América
Latina a la intromisión extranjera, romper el ordenamiento
jurídico de los países sometidos y suplantar a los
productores nacionales con los magnates de los monopolios imperialistas".
(El apoyo del MOIR a Durán Dussan. Marzo 4 de 1990).
IV
Es del abecé
del marxismo-leninismo, pensamiento Mao Tse Tung, fuente en la
cual decimos todos abrevar, que la victoria del proletariado en
los países neocoloniales y semifeudales, como el nuestro,
depende de la correcta aplicación de la política
de Frente Único, elaborada por el máximo dirigente
de la revolución china. Desde ese entonces se han precisado
con claridad absoluta los conceptos que deben guiar a quienes
aspiren a coronar con éxito el trabajo revolucionario.
Veamos algunos de sus aportes:
"El paso de la preponderancia de la burguesía a la
del proletariado es un largo proceso de lucha, de lucha por la
hegemonía cuyo éxito dependerá de los esfuerzos
del Partido Comunista por elevar el nivel de conciencia política
y de organización, tanto del proletariado como de los campesinos
y la pequeña burguesía urbana... El firme aliado
del proletariado es el campesinado, y en segundo término,
la pequeña burguesía urbana. Es la burguesía
la que se enfrenta con nosotros por la hegemonía."
(Luchemos por Incorporar a las Masas al Frente Unico, Tomo I).
"La burguesía
se divide en gran burguesía compradora y burguesía
nacional... La gran burguesía compradora es una clase al
servicio directo de los capitalistas de los países imperialistas
y sustentada por ellos... Por eso ha sido siempre un blanco, y
nunca una fuerza motriz, de la revolución... la burguesía
nacional es una clase de doble carácter... Por una parte
es oprimida por el imperialismo y constreñida por el feudalismo,
y de ahí su contradicción con ambos. En este sentido,
constituye una fuerza revolucionaria... Pero, por otra parte,
como es débil económica y políticamente y
no ha roto por completo sus lazos económicos con el imperialismo
y el feudalismo, le falta valor para llevar hasta el fin la lucha
antiimperialista y antifeudal... Este doble carácter hace
que la burguesía nacional, en determinados períodos
y hasta cierto punto. pueda tomar parte en la revolución...".
(La revolución China y el Partido Comunista de China, Tomo
II).
"En consecuencia,
como quiera que sea, el proletariado, el campesinado y los intelectuales
y demás sectores de la pequeña burguesía
de china constituyen las fuerzas fundamentales que deciden el
destino del país. Estas clases, unas ya conscientes y otras
en vías de serlo, necesariamente se convertirán
en los elementos básicos en la estructura del Estado y
del Poder de la republica democrática china, con el proletariado
como fuerza dirigente" (Sobre la Nueva Democracia, Tomo II).
"La burguesía
nacional es nuestra contrincante... Mera lucha sin unidad es error
de izquierda, y mera unidad sin lucha, error de derecha... En
los países víctimas de la opresión imperialista
y feudal, el partido político del proletariado debe tomar
en sus manos la bandera de la lucha nacional, darse un programa
de unión nacional y unirse con todas las fuerzas unibles,
exceptuando, desde luego, a los lacayos del imperialismo".
(Algunas Experiencias en la Historia de Nuestro Partido, Tomo
V).
En nuestro país,
el más importante ideólogo en esta materia fue,
sin lugar a dudas, Francisco Mosquera, quien desde sus primeros
escritos reiteró y desarrolló estas tesis, de cuya
correcta aplicación depende el triunfo, cuando decía:
"...las fuerzas principales de la revolución son los
proletarios y los campesinos pobres y jornaleros del campo; el
partido de la revolución debe señalar como línea
fundamental estratégica la alianza de estas dos fuerzas,
porque los obreros solos, sin la base campesina del movimiento
armado y los campesinos solos, sin la dirección ni el apoyo
del proletariado, no podrán liberarse... Experiencias muy
importantes en este sentido ha arrojado el Frente Unido de Camilo...
Las fuerzas revolucionarias no estaban lo suficientemente fuertes
como para ganarse o neutralizar estos sectores de la burguesía
y de la pequeña burguesía descontenta y en contradicción
con la gran burguesía lacaya y el imperialismo yanqui.
Por eso al final el Frente Unido del Pueblo se limitó a
las organizaciones revolucionarias y a sectores del pueblo que
en una forma u otra apoyaban o hablaban de apoyar la lucha armada
revolucionaria... esta es una experiencia importante. La mayor
o menor amplitud del frente unido lo determina el mayor o menor
fortalecimiento de las fuerzas políticas y militares revolucionarias".
(Hagamos del MOEC un Auténtico Partido Marxista Leninista.
Francisco Mosquera, Octubre de 1965).
Luego señaló
que "De todas maneras, las contradicciones que esta burguesía
tiene con el imperialismo la hace susceptible de engrosar las
filas de la revolución de nuestro pueblo; especialmente
cuando el proletariado y el campesinado consoliden y amplíen
su fuerza política ... este fenómeno se dará
indudablemente cuando se creen condiciones favorables en todo
el país, con el auge revolucionario de nuestro pueblo,
y, sobre todo con el fortalecimiento del Partido de la clase obrera
que, apoyado por el campesinado, la pequeña burguesía
urbana y la intelectualidad revolucionaria, logrará el
acercamiento a las posiciones auténticamente revolucionarias
de esos sectores de la burguesía que tienen contradicciones
con el imperialismo". (Colombia, Tres Vías a la Revolución.
Entrevista a Francisco Mosquera).
En consecuencia con
ello defendió que "Desdorar el programa para congraciarnos
con una oposición que, como cualquiera oposición
dentro de la democracia burguesa, está encargada de amansar
a los inconformes, sólo burla nos granjearía...
El Partido Comunista de China, por ejemplo, suspendió la
confiscación de la tierra de la clase terrateniente y redujo
sus exigencias para el agro a pedir la disminución de los
intereses del crédito y de los arrendamientos. ¿Cuál
era la contraprestación? Ganar la aquiescencia de dicha
clase en la guerra patriótica contra la invasión
japonesa. Esta política obviamente fue correcta. Empero,
¿qué obtendríamos nosotros de pactar en la
actualidad semejante acuerdo? Conseguiríamos la desmovilización
de la masa campesina sin favorecer mayormente al frente único.
¿Y en qué consiste realmente el entendimiento programático
insinuado por la tendencia liberalizante y el cretinismo parlamentario?
Que se atenúen puntos concernientes a la independencia
nacional y a la conformación de un nuevo Estado de las
clases populares contra la minoría oligárquica destronada".
(Tribuna Roja #33, Marzo de 1979).
En cuanto al problema
de garantizar la dirección del proletariado en el Frente,
afirmó que "En el período anterior le dimos
relevancia a la necesidad de la alianza con la burguesía
nacional, aunque no se manifestara claramente, fuera vacilante
y representara la derecha en esa alianza... Hoy, en cambio, señalamos
que ese sector no se manifiesta, que es vacilante y de derecha,
así sea susceptible de aliarse con el proletariado en la
lucha nacional y democrática. Esta formulación la
hacemos destacando el otro aspecto, porque nos llaman a efectuar
el compromiso a toda costa, aun renunciando a la dirección
de la clase obrera dentro del Frente... Debemos correr todos los
riesgos y hacer un gran esfuerzo por dilucidar la cuestión
de quien dirige a quien; no tenemos otra alternativa... El proletariado
combate al imperialismo desde sus posiciones avanzadas y no desde
el punto de vista de las otras clases... No vamos a plantearle
al imperialismo, por tanto, una lucha con las concepciones reaccionarias
y atrasadas de la burguesía nacional, de la pequeña
burguesía o del feudalismo, sino con la solución
socialista. Los otros remedios están rebasados por la historia
y no regresarán más que en las ilusiones que anidan
en la mente de los hombres". (Informe de Francisco Mosquera
en la Conferencia Nacional de 1981).
Reforzando estos conceptos
con una clara caracterización de "La burguesía
nacional, el menos firme de los integrantes potenciales del frente
patriótico, por nutrirse también del trabajo asalariado
y a pesar de sus confrontaciones insalvables con el imperialismo
y sus lacayos, suele inclinarse a favor de una transacción
con los detentadores del Poder, buscando restringir los efectos
mas no las causas de la crónica y profunda crisis que la
golpea. Está dispuesta a dejarse burlar de los 'de arriba'
y burlarse de los 'de 'abajo'. Su sueño radica en resucitar
la idílica república de la época de la libre
competencia en un mundo irremisiblemente sujeto a la extorsión
de los magnates de los trusts y de las altas finanzas. Cuando
la revolución merma el empuje se acentúan sus elucubraciones
retardatarias y se entrega dócilmente a los caprichos de
los opresores. Sólo impelida por el auge de la marea popular
llega a desembarazarse de su atolondramiento y a representar un
papel objetivamente progresista. Por eso, si no deseamos ser víctimas
de los engaños de la reacción, particularmente en
los momentos de reflujo, tendremos que cuidamos de no morder el
anzuelo arrojado por dicha burguesía". (Tribuna Roja
#38. Mayo de 1981).
A mediados del decenio pasado insistía señalando
que "Se confirma de nuevo la justa teoría de que el
frente único antiimperialista ha de estar inspirado en
un programa que, aunque tolere y estimule hasta cierta medida
el capitalismo, elimine sus expresiones monopólicas a través
de la confiscación y el control de un Estado revolucionario,
y al tiempo rompa toda coyunda del extranjero. Obstinarse en forjarlo
alrededor de las claudicantes postulaciones burguesas, arguyendo
su máxima amplitud y su expeditiva hechura, sólo
demoras y frustraciones acarrearía". (Causas y Efectos
de la Ultima Crisis. Septiembre de 1984).
Ya en la era de la recolonización
económica puntualizó que "Internamente, tanto
a los sectores productivos como a las fuerzas políticas
que aún conservan nexos con la nación, o con su
historia, no les quedará otra disyuntiva que la de defender
la soberanía y el progreso de Colombia. De esta obligación
no excluyo a los productores conscientes, a los parlamentarios
honestos, ni a los militares patrióticos, con quienes habremos
de constituir un frente único por la salvación nacional".
(La justeza de Nuestros Principios ha sido Demostrada en la Lucha
de Clases. Francisco Mosquera, abril 15 de 1991).
V
Con base en los anteriores
pareceres se debe Trazar una línea táctica para
el actual período, la cual debe precisar cuál es
el énfasis en el trabajo. Para algunos se trata de dedicarse
a buscar prioritariamente los acuerdos con la llamada clase política,
otros se esfuerzan por encontrar las expresiones de la burguesía
nacional, principalmente entre los sectores empresariales y productivos,
en la diversidad encontramos quienes alientan esperanzas en las
fuerzas armadas o en las cortes judiciales. Todo esto es parte
de la gran discusión, pues en nuestro modesto entender
lo principal es fortalecer las huestes proletarias, mediante un
trabajo paciente y sistematizado en los sectores obreros, campesinos
y populares, aprovechando la creciente inconformidad que existe
entre la población, ante la aplicación de las medidas
aperturistas.
Respecto a la naturaleza
de las instituciones que conforman el aparato del Estado, cabe
recordar los criterios expresados por los maestros del proletariado.
En su obra La Guerra Civil en Francia, al hacer el balance de
la epopeya de La Comuna de París, Marx señala que
"El poder estatal centralizado, con sus órganos omnipresentes:
el ejército permanente, la policía, la burocracia,
el clero y la magistratura -órganos creados con arreglo
a un plan de división sistemática y jerárquica
del trabajo-... fue adquiriendo cada vez más el carácter
de poder nacional del capital sobre el trabajo, de fuerza pública
organizada para la esclavización social, de máquina
del despotismo de clase".
Estos conceptos fueron
reforzados y desarrollados por Lenin, en su escrito El Estado
y la Revolución, donde afirma que el Estado es una "...
fuerza que brota de la sociedad, pero que se sitúa por
encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella.
¿En qué consiste, fundamentalmente, esta fuerza?
En destacamentos especiales de hombres armados, que tienen a su
disposición cárceles y otros elementos... El ejército
permanente y la policía son los instrumentos fundamentales
de la fuerza del poder estatal. Pero ¿puede acaso ser de
otro modo? Se forma el Estado, se crea una fuerza especial, destacamentos
especiales de hombres armados, y cada revolución, al destruir
el aparato estatal, nos muestra muy a las claras cómo la
clase dominante se esfuerza por restaurar los destacamentos especiales
de hombres armados a su servicio... La burocracia y el ejército
permanente son un "parásito" adherido al cuerpo
de la sociedad burguesa, un parásito engendrado por las
contradicciones internas que dividen a esta sociedad, pero, precisamente,
un parásito que "tapona" los poros vitales".
Por supuesto el parlamento
forma parte del aparato del Estado que, en su conjunto, está
al servicio de las clases dominantes, las cuales, a su vez, sirven
de intermediarios para la entrega de la Nación a los intereses
norteamericanos. Sobre el mismo tema Mosquera aseveró que
"Los ideólogos del bipartidismo tradicional se quejan
a menudo de que la 'extrema izquierda', al participar en las elecciones
organizadas por el régimen, no cree en ellas ni en la bondad
de los cuerpos parlamentarios. Al descrédito de unas y
otros han contribuido más que la propaganda de los partidos
revolucionarios, la rica e insustituible experiencia directa de
las masas, las cuales han comprobado generación tras generación,
cómo los mecanismos de la democracia burguesa en siglo
y medio de vigencia nunca dejaron de ser una farsa ni unos instrumentos
de la más cruel y despiadada dictadura contra el pueblo".
(A la Revolución sólo la sostiene el Pueblo Tribuna
Roja #21).
VI
Igualmente se ha venido
discutiendo la posición que se debe asumir frente a la
dirección del movimiento obrero colombiano, en la cual
veníamos jugando un papel destacado, cuando estábamos
unidos bajo la dirección del camarada Mosquera, en los
inicios de la era neoliberal. En la cúpula de las centrales
obreras se ha puesto de moda un estilo burocrático y poco
democrático que ha conducido a las huestes proletarias
a varios descalabros. Ya en 1989, Mosquera celebraba que "El
movimiento sindical, por primera vez en mucho tiempo, se aglutina
alrededor de sus reclamaciones y empuña las riendas de
su protesta, proscribiendo de los actos del nueve el terrorismo
y la injerencia de los provocadores". (Secundamos la Protesta
de las Cuatro Centrales Obreras. Febrero 28 de 1989). Sin embargo
tan alentadores augurios, reforzados con la patriótica
declaración del 7 de agosto de 1990, titulada Que se suspenda
la apertura económica y se discuta la política económica
y laboral con los empresarios y los trabajadores, han venido perdiéndose
en las nebulosas de la concertación, la conciliación
y el oportunismo.
El día en que
se fundaba la CGTD, Mosquera alertaba acerca de que "La fundación
de la nueva central representa el último capítulo
del prolongado proceso de lucha contra la decadencia de la corriente
patronalista de la clase obrera". Al hacer un recuento de
las trapisondas patronales de las viejas centrales obreras esperaba
que "...con el cambio de la correlación de fuerzas
que estamos celebrando logremos impedir, de hoy hacia el futuro,
semejantes procedimientos ominosos". (Saludo del MOIR a la
Confederación Unitaria CGTD. Abril 30 de 1992). Empero
tales expectativas no se han cumplido y de nuevo el sindicalismo
colombiano se enrutó por los senderos de la conciliación.
En estas circunstancias
vuelven a ponerse al orden del día los criterios acerca
de la unidad de la clase obrera, elaborados por Mosquera, en los
lejanos tiempos de la Unión Nacional de Oposición,
cuando señaló que "A la clase obrera, bajo
el yugo imperialista y en la situación de esclavitud asalariada,
le resulta muy difícil conseguir y consolidar una organización
sindical única... la ausencia de una vanguardia política,
fuerte y acatada por las masas trabajadoras proletarias y no proletarias,
ha sido uno de los obstáculos más serios para que
la clase obrera colombiana corone con éxito ésta
y las otras tareas revolucionarias". (Tribuna Roja #9. Septiembre
de 1973). Alrededor de estos criterios elaboró lo que se
denominó La Unidad Obrera, una Política de Principios,
la cual resumió en tres puntos:
Servir a la clase obrera y al pueblo "...consiste en velar
tanto por sus intereses inmediatos como mediatos... deberá
encabezar, organizar y apoyar las batallas económicas de
las masas trabajadoras y convertirse en un instrumento útil
a la lucha del pueblo colombiano por la liberación nacional
y la revolución". Combatir y aislar a las camarillas
vendeobreras, es decir contribuir a la lucha que "...adelanta
desde siempre y naturalmente la clase obrera para limpiar su casa
de esquiroles y traidores", y funcionar conforme a la democracia
sindical, o sea "... ceñirse al sistema del centralismo
democrático... sistema organizativo que garantiza la dirección
colectiva y excluye las prácticas burocráticas por
las cuales, una o dos personas, o un grupo de personas, toma resoluciones
a espaldas de las mayorías y decide la suerte de éstas
de manera arbitraria... una forma organizada y disciplinada de
funcionamiento que exige obediencia a la dirección elegida
democráticamente... y en los asuntos de interés
general se tolera la libre discusión y se tiene en cuenta
la opinión de las bases".
A ello cabría
agregar la necesidad imperiosa de elevar el nivel de conciencia
de las bases obreras, sumidas en el economicismo y el espontaneísmo,
tendencias nocivas que, según Lenin implican "...precisamente
la esclavización ideológica de los obreros por la
burguesía.", reforzadas por quienes consideran"...
imposible plantear ante el movimiento obrero de masas como primera
tarea el derrocamiento de la autocracia, rebajando esta tarea
(en nombre del movimiento de masas) al nivel de la lucha por reivindicaciones
políticas inmediatas". ¿Qué hacer? No
debemos olvidar que el Partido "... dirige la lucha de la
clase obrera no sólo para obtener condiciones ventajosas
de venta de la fuerza de trabajo, sino para que sea destruído
el régimen social que obliga a los desposeídos a
venderse a los ricos". Ibidem.
VII
Por último debemos
retomar la discusión acerca del tema de la paz, puesta
nuevamente de moda por el vástago de la Casa Pastrana,
reeditando los fastos de la paz belisariana, pues en la medida
en que "cada vez coinciden menos sus palabras con sus logros,
le reporta innegables ventajas conseguir presentarse cual el mesías
de la reconciliación y la tranquilidad ciudadanas".
No podemos olvidar que "Para el buen suceso de las operaciones
económicas burguesas siempre será preferible un
clima de calma y transigencia a otro de zozobra y pugnacidad".
Nunca hemos creído en el "manido pacto entre gobernantes
y gobernados", menos ahora que incluye, con el concurso de
Washington, el peligro de la desmembración nacional. Como
lo dijera Mosquera, hace diecisiete años "Esperamos,
primero, que a la postre salgan favorecidos unos métodos
y una táctica revolucionarios y correctos, y, segundo,
que en ningún momento dicha gestión sirva para ocultar
aún más la índole antinacional y antipopular
de los nuevos administradores de la vetusta república".
(No Concurriremos a la Llamada Comisión de Paz. Septiembre
20 de 1982).
En síntesis se
trata de adelantar un amplio debate en el cual se tengan en cuenta
aspectos como el señalado por Lenin, cuando decía
que "En estas condiciones, un error, "sin importancia"
puede causar los más desastrosos efectos, y sólo
gente míope puede encontrar inoportunas o superfinas las
discusiones fraccionales y la delimitación rigurosa de
los matices. De la consolidación de tal o cual 'matíz'
puede depender el porvenir de la socialdemocracia rusa por años
y años". ¿Qué hacer? . Los acercamientos,
así no sean orgánicos, que pueda generar esta misiva
deben darse dentro del más profundo respeto por la integridad
y la unidad de cada sector, sin intrigas ni maquinaciones que
generen un clima de desconfianza ni intentando ganarse a uno u
otro cuadro, sonsacándolo de un lado para otro. En fín,
que podamos, por lo menos, establecer relaciones civilizadas entre
quienes alguna vez transitamos por el mismo camino y no sabemos
si el decurso de los acontecimientos nos coloque en la misma orilla,
así subsistan las diferencias. Si no podemos confluir en
un mismo Partido, al menos trabajemos mancomunadamente en torno
de unos principios básicos, que le sirvan al avance de
la revolución colombiana.
MOIR LINEA FRANCISCO MOSQUERA
Comité Ejecutivo
Luis Alfredo Sánchez
Iván Toro López Jairo Gutiérrez
Octubre 6 de 1999