Carta de Apoyo
Bogotá D. C. Febrero de 2006
Compañeros:
Jesús Bernal Amorocho y Pedro Contreras Rivera
Ciudad
Apreciados Amigos
De nuevo se encuentra el país
frente a definiciones, en el terreno político, que van
a tener grandes implicaciones para el futuro de los colombianos.
Las elecciones parlamentarias y, posteriormente las de Presidente
de la República, se desarrollan en medio de un clima de
polarización y pugnacidad sin precedentes en la historia
reciente. En medio de tales circunstancias el sector político
que representamos ha venido señalando que, si bien es cierto
la violencia y el terrorismo afectan en materia grave la vida
de la población, el problema principal es la aplicación
de las políticas económicas y sociales impuestas
a los países subdesarrollados por los Estados Unidos, a
través del control que ejercen sobre organismos internacionales,
como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
El gobierno nacional promueve la falsa
idea de que los males que nos aquejan son consecuencia del conflicto
armado que sostiene con las fuerzas insurgentes, de manera que
todo se resolverá mediante las políticas de “Seguridad
Democrática”. Lo curioso del asunto es que no son
pocos los sectores de izquierda que le hacen el juego a esa artimaña,
con la que se pretende desviar la atención del pueblo colombiano
y ponerlo a mirar hacia un solo lado, descuidando la vigilancia
de sus verdaderos problemas. Ustedes han coincidido con nosotros
en esta apreciación y han hecho importantes esfuerzos,
en el Parlamento y otros escenarios, para aclarar tan fundamental
asunto.
También hemos coincidido en que
la solución al añejo problema de la violencia se
debe dar con base en mecanismos políticos, que no impliquen
el abandono de las responsabilidades militares del Estado, cual
lo pretenden algunos sectores de la llamada izquierda. La búsqueda
de una salida de ese tipo no puede implicar una dilatada negociación,
como ha sucedido desde 1982, supeditada a que las transformaciones
que los alzados en armas no han podido imponer por la fuerza,
se hagan como resultado de una transacción, una fallida
y errada estrategia que ha entrañado la demora de la solución
y la agudización del conflicto. Hemos compartido el criterio
de que todas las fuerzas insurrectas, sean de derecha o de izquierda,
deben reconocer lo equivocado de sus métodos, tales como
el secuestro, la extorsión y el atentado personal y abandonarlos
sin condiciones, para contribuir a la construcción de un
ambiente de controversia civilizada en el que los seculares problemas
nacionales se puedan debatir sin temor a represalias ni intimidaciones.
Tampoco se han sumado ustedes, al coro
de quienes, abandonando viejos y correctos preceptos, han asumido
la defensa de la nefasta Constitución de 1991, como una
manera de acercarse a los sectores que desde una falsa izquierda
alientan las posiciones oportunistas y han servido de comodines
para la implantación de los esquemas neoliberales. En esa
materia nos hemos acogido a la concepción que señala
que sin desarrollo económico no puede haber desarrollo
social y, por lo tanto, no es posible garantizar los derechos
económicos y sociales de la población, en tanto
se aplican las recetas aperturistas del FMI. La Carta del 91 contempla
las políticas de internacionalización de la economía,
la privatización, la descentralización y regionalización
del país, la autonomía del Banco Emisor y la garantía
del pago de la deuda pública, elementos fundamentales del
nuevo evangelio económico que ha arruinado la producción
nacional. A la vez el texto constitucional contiene una amplia
gama de derechos y garantías, que constituyen la esencia
de lo que denominan el “estado social de derecho”,
cuyo cumplimiento en la práctica, no se da, convirtiéndolos
en una burla para el pueblo colombiano, cuya dimensión
es directamente proporcional a la gran cantidad de derechos desconocidos.
Nuestro respaldo a sus candidaturas
no puede interpretarse como un apoyo a las tesis del Polo Democrático
o del Partido Liberal, que hemos criticado acerbamente, en cuanto
no corresponden a las angustias y las necesidades del pueblo colombiano.
En el caso del Polo Democrático, nos parece que más
que un Frente de largo aliento, se trata de una colcha de retazos
a la que confluye la inmensa mayoría de las tendencias
de la izquierda, mas pensando en las angustias electorales, derivadas
del umbral y la cifra repartidora, que en los supremos intereses
de la Nación. En cuanto al Partido Liberal, su trayectoria,
a lo largo del siglo pasado y lo que va corrido del presente,
ha sido claramente contrario a las aspiraciones de nuestro pueblo,
un comportamiento que no ha variado, pese a la presencia de tendencias
de tinte progresista en su seno.
Hechas estas consideraciones invitaremos
a nuestros militantes y amigos a sufragar el 12 de marzo por ustedes,
una decisión que coincide con lo aprobado en la Confederación
de Trabajadores de Colombia, CTC. En cuanto a las candidaturas
presidenciales, no nos cabe duda acerca de la necesidad de oponernos
a la reelección de Uribe Vélez, el actual testaferro
de los intereses del capital financiero internacional. Pero también
debemos reiterarles nuestra apreciación de que ninguno
de los aspirantes que se han presentado a la contienda por ocupar
el Solio de Bolívar, representa un verdadero cambio ni
ha presentado soluciones de fondo a los graves males que aquejan
a la población colombiana. Por lo tanto, el 10 de mayo,
nos abstendremos de concurrir a las urnas.
Tenemos un pasado común y hemos
coincidido en muchas apreciaciones acerca del devenir nacional,
en gran medida ateniéndonos a las enseñanzas aprendidas
de Francisco Mosquera. Esperamos que esta fructífera relación
se mantenga y consolide hacia el futuro, de manera que podamos
contribuir a la construcción de un Gran Frente Antiimperialista,
la herramienta fundamental que requiere el pueblo colombiano para
librar la batalla por la segunda y definitiva independencia, requisito
indispensable para la construcción de una Colombia Soberana,
Próspera y Democrática, en la que los obreros, los
campesinos y los demás sectores patrióticos asuman
la conducción del Estado.
Moir Línea Francisco Mosquera
Comité Ejecutivo