El Estado
Bajo el Régimen de Explotación,
la Mejor Democracia del Mundo es Falsa
Las clases dominantes explotadoras realizan
elecciones o las suspenden, abren sus parlamentos o los cierran,
imponen gobiernos civiles mediante votaciones o caudillos militares
mediante 'cuartelazos', según, donde y cuando les convenga.
Esta ha sido la historia hasta hoy de la casi totalidad de las
repúblicas latinoamericanas, para no salirnos de nuestro
continente, o por lo menos es la experiencia de Colombia. El Estado
y sus instituciones representativas tienen su definida naturaleza
de clase y son instrumentos de dominación de una determinada
clase. Las clases revolucionarias no pueden esperar a que el Estado
de las clases reaccionarias y sus instituciones representativas
se pongan a su servicio, así aquéllas consigan las
mayorías en unos comicios generales. Si aspiran a emanciparse
y a transformar la sociedad, las clases trabajadoras oprimidas
están obligadas a construir, sobre los escombros del Estado
opresor destruido revolucionariamente, su propio Estado con sus
instituciones diferentes a las desaparecidas.
(...) Bajo el régimen de explotación
y represión, en el cual los grandes potentados internacionales
y sus sirvientes criollos se hartan de riquezas a cambio del sudor
y la sangre de las mayorías, y mientras continúe
el imperialismo controlando los resortes vitales de la economía
y por ende se mantenga en lo fundamental intacta su influencia
política, bajo este régimen, la mejor democracia
del mundo es falsa; que sólo en un Estado de obreros, de
campesinos y del resto del pueblo, independiente y soberano, con
sus organismos representativos auténticamente democráticos,
las masas podrán gozar de todos sus derechos y participar
plenamente en la política.
Educaremos a las clases revolucionarias
en la idea leninista de que ‘la revolución debe consistir
no en que la clase nueva mande y gobierne con la vieja máquina
del Estado, sino que destruya esa máquina y mande, gobierne
con ayuda de otra nueva. (...) La esencia de la cuestión
radica en si se mantiene la vieja máquina estatal (enlazada
por miles de hilos a la burguesía y empapada hasta el tuétano
de rutina e inercia) o si se le destruye, sustituyéndola
por otra nueva’”. ("Algo más Sobre la
Política de Unidad y Combate", Tribuna Roja N°
9, Septiembre de 1973, en Unidad y Combate, op. cit).
"En la historia de la lucha de
clases no se ha dado aún el primer caso en que los opresores
entreguen pacíficamente a los oprimidos las riendas de
la sociedad. E inclusive el ejemplo chileno, sobre el que tanto
se teorizaba diciendo que había iniciado la época
de las revoluciones incruentas, que era el otro experimento latinoamericano
después de Cuba, la 'nueva apertura' revolucionaria, el
modelo viviente de la 'vía electoral', 'un camino para
explorar hacia el socialismo' y demás estulticias, se vino
al suelo hecho trizas con el cuartelazo sanguinario de Augusto
Pinochet y el sacrificio de Salvador Allende". ("Una
Posición Consecuentemente Unitaria", Tribuna Roja
N° 16, Septiembre 12 de 1975, en MOIR: Unidad y Combate, op.
cit.).
"Los obreros demostrarán
ante sí mismos y ante el pueblo, no el respeto, sino la
profunda repugnancia que les produce la democracia oligárquica,
con sus derechos y libertades para matar de hambre a los desposeídos:
con sus leyes y sus jueces para hacer del pillaje un negocio lucrativo
y honesto; con sus cárceles y verdugos uniformados para
mantener la santa paz social (...). ("El Congreso de la CSTC".
Tribuna Roja No. 13, Febrero, 27 de 1975. MOIR: Unidad y Combate,
op. cit.).
"La legalidad en todos los tiempos
en que ha imperado no ha sido más que el instrumento de
dominación de unas clases sobre otras, como el Estado,
el ejército, la democracia, la libertad, el derecho y la
superestructura entera de la sociedad. La legalidad de la organización
social neocolonial y semifeudal vigente en Colombia es un elemento
de la dictadura del imperialismo norteamericano y de sus agentes
colombianos. Nunca esta legalidad se ha visto en armonía
con los intereses de la nación y del pueblo. No obstante,
la experiencia histórica indica que las clases explotadoras
dominantes no tienen el menor estorbo para violar su propia ley,
siempre y cuando lo requieran sus mezquinos propósitos.
Merced a ello la legalidad como su violación son medios
de sojuzgación de clase". ("Una Posición
Consecuentemente Unitaria". op. cit.)