El
Pueblo Prepara su Segunda Independencia
En 1781 estalla
la insurrección. Sacudido por una fuerza telúrica,
el Virreinato se estremece, derrumbando las ideas que habían
servido de sustento a tres siglos de dominación, explotación
y vasallaje. Como un turbión la multitud se lanza a la
calle y a manotazos aleja a los fantasmas que la han mantenido
prisionera, inclinada la serviz ante la férula del amo.
Primero fue contra los estancos, alcabalas
y Armada de Barlovento. Luego contra los diezmos, y así
una tras otra se fueron sumando las reivindicaciones. A medida
que la rebelión se extendía, aparecieron nuevos
argumentos a favor del conflicto.
El 16 de abril un pregón incendiario
habla de independencia y pugna por que se grite ¡Viva el
Socorro y muera el mal gobierno! En la misma fecha se forma El
Común, en el cual las masas depositaran la jefatura del
alzamiento. En mayo, al compás de los pasos campesinos
que se enrumban a Santa Fe, el Común recoge a la indiada,
levanta la bandera de la propiedad de los resguardados, la abolición
de los tributos de indios y la devolución de las minas
de sal de Zipaquirá, Tausa y Nemocón.
Es una marcha inmensa, alegre, fiera.
Con la rudeza de quienes han templado sus músculos sembrando
el tabaco en los despeñaderos, con la alegría de
quienes saben que son una fuerza inatajable.
Hoy la marcha ha venido al Socorro.
Convocados por los comités cívicos populares “Comuneros
81”, por el Comité Nacional Comunero “El Común”,
que aguerridamente viene levantando la bandera de las reivindicaciones
populares frente a Emposan, venimos a decirle a todo el pueblo
de Colombia, asfixiado ahora por el yugo imperialista y amenazado
por el revisionismo soviético, que la bandera carmesí,
símbolo y emblema de Galán, no ha sido arriada.
Lo primero por decir es que la gran
desgracia de los movimientos populares en Colombia, consiste en
que el heroísmo lo han puesto las masas del Común,
y la felonía, la traición y la capitulación
quienes se han fingido sus capitanes. Capitulo Berbeo, cercenando
una revolución recién nacida y entregando a la vindicta
española la cabeza de sus aguerridos paladines. Renegó
Bolívar de la república luego de las guerras de
independencia, dejando sin recoger la semilla democrática
sembrada con la sangre de miles de labriegos en los campos de
batalla. Pactaron los radicales con la reacción terrateniente
luego de 1863, convirtiendo en humo el fuego de una lucha que
amenazó con extirpar de nuestro suelo el feudalismo. Uribe
Uribe y Benjamín Herrera arriaron la bandera de una revolución,
cuando era necesario que tremolara más alto, ante la arremetida
del imperialismo norteamericano contra nuestra patria.
Y en este siglo hemos visto cómo
algunos, usurpando el nombre de la clase obrera, no han pasado
de ser aduladores del régimen de turno, los mejores defensores
de la democracia oligárquica y del estado de los opresores.
No otra cosa ha sido el Partido Comunista, que de tal no tiene
más que el nombre. El berbeismo ha hecho carrera en Colombia
y hoy se hacen foros para defender la legalidad de los opresores,
se plantean capitulaciones, pactos sociales, “aperturas
democráticas” y nuevos “modelos de desarrollo”,
cuando no reuniones en Panamá. Los Berbeos de hoy claman
por mejorar las cargas sin tocar el Estado, propugnan miserables
reformas a nombre de la Constitución y las leyes de la
oligarquía, hacen demagogia con un paro cívico para
reclamar puestos en el Consejo Nacional de Salarios.
Lo segundo es recoger la experiencia
más clara del movimiento comunero; sólo un estado
mayor de la revolución, instruido con la teoría
revolucionaria, experto en la política, con una estrategia
firme, templado en muchas batallas, puede conducir el movimiento
a la victoria. Los comuneros carecieron de una jefatura con estas
virtudes. Sus más preclaros exponentes, con Galán
a la cabeza, llenos de coraje y convencidos de la justeza de su
combate contra la opresión y el oportunismo sacrificaron
sus vidas sin poder asir la presea de la victoria, por carecer
precisamente de una dirección sabia y experta en los zigzagueantes
senderos de la lucha.
Lo tercero es reiterar que desde hace
mucho tiempo la historia es universal. Los comuneros no escaparon
a esta ley. La revolución se precipitó por la crisis
mundial que daba nacimiento al capitalismo. Algunos capitanes
procuran vincular su lucha a la corriente revolucionaria de su
época pero no pudieron lograrlo.
Primero por carecer de una visión
de conjunto del acontecer internacional del siglo XVIII, de un
punto de vista que les permitieses interpretarlos acertadamente,
y segundo por no haberse desarrollado la insurrección,
la cual fue asesinada en su propia cuna. Hoy la lección
la tenemos aprendida, la revolución es nacional por su
forma pero internacional por su contenido.
A dos siglos de distancia, en otras
condiciones y bajo diferentes premisas históricas e ideológicas,
el pueblo colombiano y las fuerzas revolucionarias se preparan
meticulosamente para promover la segunda y definitiva independencia
nacional. De los forjadores del común, de los combatientes
que no arriaron la bandera de los centenares de hombres y mujeres
que persistieron en la causa, queda la imagen de Galán,
símbolo de la rebeldía de nuestro pueblo, de la
posición antagónica e irreconciliable con el enemigo.
(*) Extractos del discurso del dirigente
del MOIR, Gustavo Quesada en los 200 Años de la Revolución
Comunera en la celebración de Socorro Santander.