Viene
de La Cuestión Nacional. En esta Sección Parte Cuatro:
Estrategia y Táctica.
VII
ESTRATEGIA Y TACTICA
Analizaré seis cuestiones de
este tema:
a) la estrategia y la táctica
como la ciencia de dirigir la lucha de clase del proletariado;
b) las etapas de la revolución
y la estrategia;
c) los flujos y reflujos del movimiento
y la táctica;
d) la dirección estratégica;
e) la dirección táctica;
f) la táctica reformista y la
táctica revolucionaria.
1) La estrategia y la táctica
como la ciencia de dirigir la lucha de clase del proletariado.
El período en que dominó
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la II Internacional fue, principalmente,
un período de formación y de instrucción
de los ejércitos políticos proletarios en unas condiciones
de desarrollo más o menos pacífico. Fue el período
del parlamentarismo como forma preponderante de la lucha de clases.
Las cuestiones de los grandes choques de clases, de la preparación
del proletariado para las batallas revolucionarias, de las vías
para llegar a la conquista de la dictadura del proletariado, no
estaban entonces -- así lo parecía -- a la orden
del día. La tarea reducíase a utilizar todas las
vías de desarrollo legal para formar e instruir a los ejercitos
proletarios, a utilizar el parlamentarismo adaptándose
a las condiciones dadas, en las cuales el proletariado asumía
y debía asumir -- así lo parecía -- el papel
de oposición. No creo que sea necesario demostrar que,
en ese período y con semejante concepción de las
tareas del proletariado, no podía haber ni una estrategia
coherente ni una táctica bien elaborada. Había pensamientos
fragmentarios, ideas aisladas sobre táctica y estrategia,
pero no había ni táctica ni estrategia.
El pecado mortal de la II Internacional
no consiste en haber practicado en su tiempo la táctica
de utilizar las formas parlamentarias de lucha, sino en haber
sobreestimado la importancia de estas formas, considerándolas
casi las únicas; y cuando llegó el período
de las batallas revolucionarias abiertas y el problema de las
formas extraparlamentarias de lucha pasó a primer plano,
los partidos de la II Internacional volvieron la espalda a las
nuevas tareas, renunciaron a ellas.
Una estrategia coherente y una táctica
bien elaborada de la lucha del proletariado sólo pudieron
trazarse en el período siguiente, en el período
de las acciones abiertas del proletariado, en el período
de la revolución proletaria, cuando la cuestión
del derrocamiento de la burguesía pasó a ser una
cuestión de la actividad práctica inmediata, cuando
la cuestión de las
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reservas del proletariado (estrategia)
pasó a ser una de las cuestiones más palpitantes,
cuando todas las formas de lucha y de organización -- tanto
parlamentarias como extraparlamentarias (táctica) -- se
revelaron con toda nitidez. Fue precisamente en este período
cuando Lenin sacó a la luz las geniales ideas de Marx y
Engels sobre táctica y estrategia, emparedadas por los
oportunistas de la II Internacional. Pero Lenin no se limitó
a restaurar las distintas tesis tácticas de Marx y Engels.
Las desarrolló y las completó con nuevas ideas y
principios, compendiándolas en un sistema de reglas y principios
de orientación para dirigir la lucha de clase del proletariado.
Obras de Lenin como ¿Qué hacer?, Dos tácticas,
El imperialismo, El Estado y la revolución, La revolución
proletaria y el renegado Kautsky y La enfermedad infantil serán,
indiscutiblemente, una valiosísima aportación al
tesoro general del marxismo, a su arsenal revolucionario. La estrategia
y la táctica del leninismo son la ciencia de la dirección
de la lucha revolucionaria del proletariado.
2) Las etapas de la revolución
y la estrategia. La estrategia consiste en determinar la dirección
del golpe principal del proletariado, tomando por base la etapa
dada de la revolución, en elaborar el correspondiente plan
de disposición de las fuerzas revolucionarias (de las reservas
principales y secundarias), en luchar por llevar a cabo este plan
a todo lo largo de la etapa dada de la revolución.
Nuestra revolución ha pasado
ya por dos etapas y ha entrado, después de la Revolución
de Octubre, en la tercera. De acuerdo con esto, ha ido cambiando
de estrategia.
Primera etapa. 1903 -- febrero de 1917.
Objetivo: derrocar el zarismo, suprimir por completo las supervivencias
medievales. Fuerza fundamental de la revolución: el proletariado.
Reserva inmediata: el campesinado. Dirección del golpe
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principal: aislar a la burguesía
liberal monárquica, que se esforzaba en atraerse a los
campesinos y en poner fin a la revolución mediante una
componenda con el zarismo. Plan de disposición de las fuerzas:
alianza de la clase obrera con los campesinos. "El proletariado
debe llevar a término la revolución democrática,
atrayéndose a la masa de los campesinos para aplastar por
la fuerza la resistencia de la autocracia y paralizar la inestabilidad
de la burguesía" (v. Lenin, t. VIII, pág. 96).
Segunda etapa. Marzo de 1917 -- octubre
de 1917. Objetivo: derrocar el imperialismo en Rusia y salir de
la guerra imperialista. Fuerza fundamental de la revolución:
el proletariado. Reserva inmediata: los campesinos pobres. Como
reserva probable, el proletariado de los países vecinos.
Como factor favorable, la guerra, que se prolongaba, y la crisis
del imperialismo. Dirección del golpe principal: aislar
a la democracia pequeñoburguesa (mencheviques y eseristas),
que se esforzaba en atraerse a las masas trabajadoras del campo
y en poner fin a la revolución mediante una componenda
con el imperialismo. Plan de disposición de las fuerzas:
alianza del proletariado con los campesinos pobres. "El proletariado
debe llevar a cabo la revolución socialista, atrayéndose
a la masa de los elementos semiproletarios de la población,
para romper por la fuerza la resistencia de la burguesía
y paralizar la inestabilidad de los campesinos y de la pequeña
burguesía" (v. lugar citado).
Tercera etapa. Comienza después
de la Revolución de Octubre. Objetivo: consolidar la dictadura
del proletariado en un solo país, utilizándola como
punto de apoyo para vencer al imperialismo en todos los países.
La revolución rebasa el marco de un solo país; comienza
la época de la revolución mundial. Fuerzas fundamentales
de la revolución: la dicta-
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dura del proletariado en un país
y el movimiento revolucionario del proletariado en todos los países.
Reservas principales: las masas semiproletarias y las masas de
pequeños campesinos en los países desarrollados,
así como el movimiento de liberación en las colonias
y en los países dependientes. Dirección del golpe
principal: aislar a la democracia pequeñoburguesa, aislar
a los partidos de la II Internacional, que son el puntal más
importante de la política de componendas con el imperialismo.
Plan de disposición de las fuerzas: alianza de la revolución
proletaria con el movimiento de liberación de las colonias
y de los países dependientes.
La estrategia se ocupa de las fuerzas
fundamentales de la revolución y de sus reservas. Cambia
al pasar la revolución de una etapa a otra, permaneciendo,
en lo fundamental, invariable a lo largo de cada etapa en cuestión.
3) Los flujos y reflujos del movimiento
y la táctica. La táctica consiste en determinar
la línea de conducta del proletariado durante un período
relativamente corto de flujo o de reflujo del movimiento, de ascenso
o de descenso de la revolución, la táctica es la
lucha por la aplicación de esta línea de conducta
mediante la sustitución de las viejas formas de lucha y
de organización por formas nuevas, de las viejas consignas
por consignas nuevas, mediante la combinación de estas
formas, etc., etc. Mientras el fin de la estrategia es ganar la
guerra, supongamos, contra el zarismo o contra la burguesía,
llevar a término la lucha contra el zarismo o contra la
burguesía, la táctica persigue objetivos menos esenciales,
pues no se propone ganar la guerra tomada en su conjunto, sino
tal o cual batalla, tal o cual combate, llevar a cabo con éxito
esta o aquella campaña, esta o aquella acción, en
correspondencia con la situación concreta del período
dado de ascenso o des-
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censo de la revolución. La táctica
es una parte de la estrategia a la que está supeditada,
a la que sirve.
La táctica cambia con arreglo
a los flujos y reflujos. Mientras que durante la primera etapa
de la revolución (1903 -- febrero de 1917) el plan estratégico
permaneció invariable, la táctica se modificó
varias veces. En 1903-1905, la táctica del Partido fue
una táctica ofensiva, pues se trataba de un período
de flujo de la revolución; el movimiento iba en ascenso,
y la táctica debía partir de este hecho. En consonancia
con ello, las formas de lucha eran también revolucionarias
y correspondían a las exigencias del flujo de la revolución.
Huelgas políticas locales, manifestaciones políticas,
huelga política general, boicot de la Duma, insurrección,
consignas revolucionarias combativas: tales fueron las formas
de lucha que se sucedieron durante este período. En relación
con las formas de lucha, cambiaron también, en este período,
las formas de organización. Comités de fábrica,
comités revolucionarios de campesinos, comités de
huelga, Soviets de Diputados Obreros, el Partido obrero más
o menos legal: tales fueron las formas de organización
durante este período.
En el período de 1907-1912, el
Partido viose obligado a pasar a la táctica de repliegue,
pues asistíamos a un descenso del movimiento revolucionario,
a un reflujo de la revolución, y la táctica no podía
por menos de tener en cuenta este hecho. En consonancia con ello,
cambiaron tanto las formas de lucha como las de organización.
En vez del boicot de la Duma, participación en ella; en
vez de acciones revolucionarias abiertas fuera de la Duma, acciones
dentro de la Duma y labor en ella; en vez de huelgas generales
políticas, huelgas económicas parciales, o simplemente
calma. Se comprende que el Partido hubo de pasar en este período
a la clandestinidad; las organizaciones revolucionarias de masas
fueron sustituidas por orga-
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nizaciones culturales y educativas,
por cooperativas, mutualidades y otras organizaciones de tipo
legal.
Otro tanto puede decirse de la segunda
y la tercera etapas de la revolución, en el transcurso
de las cuales la táctica cambió decenas de veces,
mientras los planes estratégicos permanecían invariables.
La táctica se ocupa de las formas
de lucha y de organización del proletariado, de los cambios
y de la combinación de dichas formas. Partiendo de una
etapa dada de la revolución, la táctica puede cambiar
repetidas veces, con arreglo a los flujos y reflujos, al ascenso
o al descenso de la revolución.
4) La dirección estratégica.
Las reservas de la revolución pueden ser:
Directas: a) el campesinado y, en general,
las capas intermedias del país; b) el proletariado de los
países vecinos; c) el movimiento revolucionario de las
colonias y de los países dependientes; d) las conquistas
y las realizaciones de la dictadura del proletariado, a una parte
de las cuales puede el proletariado renunciar temporalmente, reservándose
la superioridad de fuerzas, con objeto de sobornar a un adversario
fuerte y conseguir una tregua.
Indirectas: a) las contradicciones y
conflictos entre las clases no proletarias del propio país,
contradicciones y conflictos que el proletariado puede aprovechar
para debilitar al adversario y para reforzar las propias reservas;
b) las contradicciones, conflictos y guerras (por ejemplo, la
guerra imperialista) entre los Estados burgueses hostiles al Estado
proletario, contradicciones, conflictos y guerras que el proletariado
puede aprovechar en su ofensiva o al maniobrar, caso de verse
obligado a batirse en retirada.
No vale la pena detenerse en las reservas
de la primera categoría, ya que su significación
es clara para todo el mun-
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do. En cuanto a las reservas de la segunda
categoría, cuya significación no es siempre clara,
hay que decir que tienen a veces una importancia primordial para
la marcha de la revolución. Difícilmente podrá
negarse, por ejemplo, la inmensa importancia del conflicto entre
la democracia pequeñoburguesa (eseristas) y la burguesía
liberal monárquica (demócratas constitucionalistas)
durante la primera revolución y después de ella,
conflicto que contribuyó, indudablemente, a liberar al
campesinado de la influencia de la burguesía. Y aun hay
menos razones para negar la importancia gigantesca que tuvo la
guerra a muerte librada entre los principales grupos imperialistas
en el período de la Revolución de Octubre, cuando
los imperialistas, ocupados en guerrear unos contra otros, no
pudieron concentrar sus fuerzas contra el joven Poder Soviético,
siendo precisamente esta circunstancia la que permitió
al proletariado entregarse de lleno a organizar sus fuerzas, a
consolidar su Poder y a preparar el aplastamiento de Kolchak y
Denikin. Es de suponer que hoy, cuando las contradicciones entre
los grupos imperialistas se acentúan cada vez más
y se hace inevitable una nueva guerra entre ellos, esta clase
de reservas tendrá para el proletariado una importancia
cada vez mayor.
La misión de la dirección
estratégica consiste en saber utilizar acertadamente todas
estas reservas, para conseguir el objetivo fundamental de la revolución
en cada etapa dada de su desarrollo.
¿En qué consiste el saber
utilizar acertadamente las reservas?
En cumplir algunas condiciones necesarias,
entre las que deben considerarse principales las siguientes:
Primera. Concentrar contra el punto
más vulnerable del adversario las principales fuerzas de
la revolución en el mo-
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mento decisivo, cuando la revolución
ha madurado ya, cuando la ofensiva marcha a todo vapor, cuando
la insurrección llama a la puerta y cuando el acercar las
reservas a la vanguardia es una condición decisiva del
éxito. Como ejemplo demostrativo de lo que es saber utilizar
de este modo las reservas puede considerarse la estrategia del
Partido en el período de abril a octubre de 1917. Es indudable
que el punto más vulnerable del adversario durante este
período era la guerra. Es indudable que, tomando precisamente
este problema como el problema básico, fue como el Partido
agrupó en torno a la vanguardia proletaria a las más
amplias masas de la población. La estrategia del Partido
en dicho periodo consistía en entrenar a la vanguardia
en acciones de calle, por medio de manifestaciones y demostraciones
de fuerza, y, al mismo tiempo, en acercar las reservas a la vanguardia,
a través de los Soviets en la reta guardia y de los comités
de soldados en el frente. El resultado de la revolución
demostró que se habia sabido utilizar acertadamente las
reservas.
He aquí lo que a propósito
de esta condición del empleo estratégico de las
fuerzas revolucionarias dice Lenin, parafraseando las conocidas
tesis de Marx y Engels sobre la insurrección:
"1) No jugar nunca a la insurrección,
y, una vez empezada esta, saber firmemente que hay que llevarla
a término.
2) Hay que concentrar en el lugar y en el momento decisivos fuerzas
muy superiores, porque, de lo contrario, el enemigo, mejor preparado
y organizado, aniquilará a los insurrectos.
3) Una vez empezada la insurrección, hay que proceder con
la mayor decisión y pasar obligatoria e incondicionalmente
a la ofensiva. 'La defensiva es la muerte de la insurrección
armada'.
4) Hay que esforzarse en pillar al enemigo desprevenido, hay que
aprovechar el momento en que sus tropas se hallen dispersas.
5) Hay que esforzarse en obtener éxitos diarios, aunque
sean pequeños (incluso podría decirse que a cada
hora, si se trata de una sola
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ciudad), manteniendo a toda costa la
'superioridad moral'" (v. t. XXI, págs. 319-320).
Segunda. Elegir bien el momento del
golpe decisivo, el momento de comenzar la insurrección,
basándose para ello en el hecho de que la crisis ha llegado
ya a su punto álgido, de que la vanguardia está
dispuesta a luchar hasta el fin, de que la reserva está
dispuesta a sostener a la vanguardia y de que el desconcierto
en las filas del adversario ha alcanzado ya su grado máximo.
Se puede considerar completamente maduro
el momento de la batalla decisiva -- dice Lenin -- si "(1)
todas las fuerzas de clase que nos son adversas están suficientemente
sumidas en la confusión, suficientemente enfrentadas entre
sí, suficientemente debilitadas por una lucha superior
a sus fuerzas"; si "(2) todos los elementos vacilantes,
volubles, inconsistentes, intermedios, es decir, la pequeña
burguesía, la democracia pequeñoburguesa, que se
diferencia de la burguesía, se han desenmascarado suficientemente
ante el pueblo, se han cubierto suficientemente de oprobio por
su bancarrota práctica"; si "(3) en las masas
proletarias empieza a aparecer y a extenderse con poderoso impulso
el afán de apoyar las acciones revolucionarias más
resueltas, más valientes y abnegadas contra la burguesía.
En ese momento es cuando está madura la revolución,
en ese momento nuestra victoria está asegurada, si hemos
sabido tener en cuenta . . . todas las condiciones indicadas más
arriba y hemos elegido acertadamente el momento" (v. t. XXV,
pág. 229).
La insurrección de Octubre puede
considerarse un modelo de esa estrategia.
El incumplimiento de esta condición
conduce a un error peligroso, a lo que se llama "perder el
ritmo", que es lo que ocurre cuando el Partido queda a la
zaga de la marcha del movimiento o se adelanta demasiado, exponiéndose
al peligro de fracasar. Como ejemplo de lo que es "perder
el ritmo", como ejemplo de desacierto al elegir el momento
de la insurrección hay que considerar el intento de una
parte de los camaradas de comenzar la insurrección deteniendo
a los miembros de la
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Conferencia Democrática, en septiembre
de 1917, cuando en los Soviets se notaban aún vacilaciones,
el frente estaba aún en la encrucijada y las reservas no
habían sido aún aproximadas a la vanguardia.
Tercera. Seguir firmemente el rumbo
tomado, por encima de todas y cada una de las dificultades y complicaciones
que se interpongan en el camino hacia el fin perseguido. Esto
es necesario para que la vanguardia no pierda de vista el objetivo
fundamental de la lucha y para que las masas, que marchan hacia
ese objetivo y se esfuerzan por agruparse en torno a la vanguardia,
no se desvíen del camino. El incumplimiento de esta condición
conduce a un enorme error, bien conocido por los marinos, que
lo llaman "perder el rumbo". Como ejemplo de lo que
es "perder el rumbo" hay que considerar la con ducta
equivocada de nuestro Partido inmediatamente después de
la Conferencia Democrática, al acordar tomar parte en el
anteparlamento. Era como si el Partido se hubiese olvidado, en
aquel momento, de que el anteparlamento era una tentativa de la
burguesía para desviar al país del camino de los
Soviets al camino del parlamentarismo burgués y de que
la participación del Partido en una institución
de esta índole podía confundir todas las cartas
y desviar de su camino a los obreros y campesinos, que libraban
una lucha revolucionaria bajo la consigna de "¡Todo
el Poder a los Soviets!". Este error fue corregido con la
retirada de los bolcheviques del anteparlamento.
Cuarta. Saber maniobrar con las reservas
con vistas a un repliegue ordenado cuando el enemigo es fuerte,
cuando la retirada es inevitable, cuando se sabe de antemano que
no con viene aceptar el combate que pretende imponernos el enemigo,
cuando, con la correlación de fuerzas existente, la retirada
pág. 90
es para la vanguardia el único
medio de esquivar el golpe y de conservar a su lado las reservas.
"Los partidos revolucionarios --
dice Lenin -- deben completar su instrucción. Han aprendido
a desplegar la ofensiva. Ahora deben comprender que esta ciencia
hay que completarla con la de saber retirarse acertadamente. Hay
que comprender -- y la clase revolucionaria aprende a comprenderlo
por su propia y amarga experiencia -- que no se puede triunfar
sin aprender a desplegar la ofensiva y a retirarse con acierto"
(v. t. XXV, pág. 177).
El fin de esta estrategia consiste en
ganar tiempo, desmoralizar al adversario y acumular fuerzas, para
luego pasar a la ofensiva.
Puede considerarse modelo de esta estrategia
la firma de la paz de Brest-Litovsk, que permitio al Partido ganar
tiempo, aprovechar los choques en el campo del imperialismo, desmoralizar
a las fuerzas del enemigo, conservar a su lado a los campesinos
y acumular fuerzas para preparar la ofensiva contra Kolchak y
contra Denikin.
"Concertando la paz por separado
-- dijo entonces Lenin --, nos libramos, en el mayor grado posible
en el momento actual, de ambos grupos imperialistas contendientes,
aprovechándonos de su hostilidad y de su guerra -- que
les diiiculta el cerrar un trato contra nosotros -- así
conseguimos tener las manos libres durante cierto tiempo para
proseguir y consolidar la revolución socialista" (v.
t. XXII, pag. 198).
"Ahora, hasta el más necio" ve -- decía
Lenin tres años después de firmarse la paz de Brest-Litovsk
-- "que 'la paz de Brest-Litovsk' fue una concesión
que nos fortaleció a nosotros y dividió las fuerzas
del imperialismo internacional" (v. t. XXVII, pág.
7).
Tales son las principales condiciones
que aseguran una dirección estratégica acertada.
5) La dirección táctica.
La dirección táctica es una parte de la dirección
estratégica, a cuyos objetivos y exigencias se supedita.
La misión de la dirección táctica consiste
en dominar todas las formas de lucha y de organización
del proletariado
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y en asegurar su empleo acertado para
lograr, teniendo en cuenta la correlación de fuerzas existente,
el máximo resultado, necesario para la preparación
del éxito estratégico.
¿En qué consiste la utilización
acertada de las formas de lucha y de organización del proletariado?
En cumplir algunas condiciones necesarias,
entre las cuales hay que considerar como principales las siguientes:
Primera. Poner en primer plano precisamente
las formas de lucha y de organización que mejor correspondan
a las condiciones de flujo y de reflujo del movimiento en el momento
dado y que faciliten y permitan conducir a las masas a posiciones
revolucionarias, incorporar a millones de hombres al frente de
la revolución y distribuirlos en dicho frente.
Lo que importa no es que la vanguardia
se percate de la imposibilidad de mantener el antiguo orden y
de la inevitabilidad de su derrocamiento. Lo que importa es que
las masas, millones de hombres, comprendan esa inevitabilidad
y se muestren dispuestas a apoyar a la vanguardia. Pero las masas
sólo pueden comprenderlo por experiencia propia. Dar a
las masas, a millones de hombres, la posibilidad de comprender
por experiencia propia que el derrocamiento del viejo Poder es
inevitable, poner en juego métodos de lucha y formas de
organización que permitan a las masas comprender más
fácilmente, por la experiencia, lo acertado de las consignas
revolucionarias: ésa es la tarea.
La vanguardia habría quedado
desligada de la clase obrera, y la clase obrera hubiera perdido
el contacto con las masas, si el Partido no hubiese resuelto oportunamente
participar en la Duma, si no hubiese resuelto concentrar sus fuerzas
en el trabajo en la Duma y desenvolver la lucha a base de esta
labor, para facilitar que las masas se convenciesen por experiencia
pág. 92
propia de la inutilidad de aquella Duma,
de la falsedad de las promesas de los demócratas constitucionalistas,
de la imposibilidad de un acuerdo con el zarismo, de la necesidad
inevitable de una alianza entre los campesinos y la clase obrera.
Sin la experiencia de las masas durante el período de la
Duma, habría sido imposible desenmascarar a los demócratas
constitucionalistas y asegurar la hegemonía del proletariado.
El peligro de la táctica del
otsovismo[*] consistía en que amenazaba con desligar a
la vanguardia de sus reservas de millones y millones de hombres.
El Partido se habría desligado
de la clase obrera y la clase obrera hubiera perdido su influencia
en las amplias masas de campesinos y soldados, si el proletariado
hubiese seguido a los comunistas de "izquierda", que
incitaban a la insurrección en abril de 1917, cuando los
mencheviques y los eseristas no se habían desenmascarado
aún como partidarios de la guerra y del imperialismo, cuando
las masas no habían podido aún convencerse por experiencia
propia de la falsedad de los discursos de los mencheviques y de
los eseristas sobre la paz, la tierra y la libertad. Sin la experiencia
adquirida por las masas durante el período de la kerenskiada,
los mencheviques y los eseristas no se habrían visto aislados,
y la dictadura del proletariado hubiera sido imposible. Por eso,
la táctica de "explicar pacientemente" los errores
de los partidos pequeñoburgueses y de luchar abiertamente
dentro de los Soviets era entonces la única táctica
acertada.
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* Del ruso "otosvat": retirar, revocar. Partidarios
de una corriente oportunista pequeñoburguesa, surgida en
las filas del Partido bolchevique durante los años de la
reacción (1908-1912). Exigían que el Partido retirase
a los diputados socialdemócratas de la Duma y renunciase
en general a toda actuación dentro de los sindicatos y
otras organizaciones obreras legales. -- N del T.
pág. 93
El peligro de la táctica de los comunistas de "izquierda"
consistía en que amenazaba con transformar al Partido,
de jefe de la revolución proletaria, en un puñado
de conspiradores vacuos y sin base.
"Con la vanguardia sola -- dice
Lenin -- es imposible triunfar. Lanzar sola a la vanguardia a
la batalla decisiva, cuando toda la clase, cuando las grandes
masas no han adoptado aún una posición de apoyo
directo a esta vanguardia o, al menos, de neutralidad benevola
con respecto a ella . . . sería no sólo una estupidez,
sino, además, un crimen. Y para que realmente toda la clase,
para que realmente las grandes masas de los trabajadores y de
los oprimidos por el capital lleguen a ocupar esa posición,
la propaganda y la agitación, solas, son insuficientes.
Para ello se precisa la propia experiencia política de
las masas. Tal es la ley fundamental de todas las grandes revoluciones,
confirmada hoy, con fuerza y realce sorprendentes, no sólo
por Rusia, sino también por Alemania. No sólo las
masas incultas, y en muchos casos analfabetas, de Rusia, sino
también las masas de Alemania, muy cultas, sin un solo
analfabeto, necesitaron experimentar en su propia carne toda la
impotencia, toda la veleidad, toda la flaqueza, todo el servilismo
ante la burguesía, toda la infamia del gobierno de los
caballeros de la II Internacional, toda la ineluctabilidad de
la dictadura de los ultrarreaccionarios (Kornílov en Rusia,
Kapp* y compañía en Alemania), única alternativa
frente a la dictadura del proletariado, para orientarse decididamente
hacia el comunismo" (v. t. XXV, pág. 228).
Segunda. Ercontrar en cada momento dado,
en la cadena de procesos, el eslabón particular que permita,
aferrándose a él, sujetar toda la cadena y preparar
las condiciones para obtener el éxito estratégico.
Se trata de destacar, entre las tareas
que se le plantean al Partido, precisamente la tarea inmediata
cuya solución cons-
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* Kapp (1868-1922) fue uno de los principales líderes de
"putch de Kapp" -- el golpe de Estado contrarrevolucionario
de Alemania en 1920 -- y luego jefe del gobierno que unos días
después fue derrocado por la huelga general de los obreros
alemanes. -- N. del T.
pág. 94
tituye el punto central y cuyo cumplimiento
garantiza la feliz solución de las demás tareas
inmediatas.
Podría demostrarse la importancia
de esta tesis con dos ejemplos, uno tomado del pasado lejano (del
período de la formación del Partido) y otro, de
un pasado reciente (del período de la Nep).
En el período de la formación
del Partido, cuando los in numerables círculos y organizaciones
no estaban aún ligados entre sí, cuando los métodos
artesanos de trabajo y el espíritu de círculo corroían
al Partido de arriba abajo, cuando la dispersión ideológica
era el rasgo característico de la vida interna del Partido,
en este período, el eslabón fundamental de la cadena,
la tarea fundamental entre todas las que tenía planteadas
el Partido, era la fundación de un periódico clandestino
para toda Rusia (de la Iskra ). ¿Por qué? Porque
sólo por me dio de un periódico clandestino para
toda Rusia podía crearse dentro del Partido, en las condiciones
de aquel entonces, un núcleo sólido, capaz de unir
en un todo único los innumerables círculos y organizaciones,
preparar las condiciones para la unidad ideológica y táctica
y sentar, de este modo, los cimientos para la formación
de un verdadero partido.
En el período de transición
de la guerra a la edificación económica, cuando
la industria vegetaba entre las garras de la ruina y la agricultura
sufría escasez de artículos de la ciudad, cuando
la ligazón entre la industria del Estado y la economía
campesina se convirtió en la condición fundamental
del éxito de la edificación socialista, en este
período, el eslabón fundamental en la cadena de
los procesos, la tarea fundamental entre todas era el desarrollo
del comercio. ¿Por qué? Porque, en las condiciones
de la Nep, la ligazón entre la industria y la economía
campesina sólo es posible a través del comercio;
porque, en las condiciones de la Nep, una producción sin
ven-
pág. 95
ta es la muerte para la industria; porque
la industria sólo pue de ampliarse aumentando la venta
mediante el desarrollo del comercio; porque sólo después
de consolidarse en la esfera del comercio, sólo dominando
el comercio, sólo dominando este eslabón, puede
ligarse la industria con el mercado campesino y resolver con éxito
otras tareas inmediatas, a fin de crear las condiciones para echar
los cimientos de la economía socialista.
"No basta con ser revolucionario
y partidario del socialismo, o comunista en general . . . -- dice
Lenin --. Es necesario saber encontrar en cada momento el eslabón
particular al cual hay que aferrarse con todas las fuerzas para
sujetar toda la cadena y preparar sólidamente el paso al
eslabón siguiente". . .
"En el momento actual . . . ese eslabón es la reanimación
del comercio interior, regulado (orientado) con acierto por el
Estado. El comercio, he ahí el 'eslabón' de la cadena
histórica de acontecimientos, de las formas de transición
de nuestra edificación socialista en 1921-1922, 'al cual
hay que aferrarse con todas las fuerzas' . . ." (v. t. XXVII,
pág. 82).
Tales son las principales condiciones
que garantizan el acierto en la dirección táctica.
6) La táctica reformista y la
táctica revolucionaria. ¿En qué se distingue
la táctica revolucionaria de la táctica reformista?
Algunos creen que el leninismo está,
en general, en contra de las reformas, de los compromisos y de
los acuerdos. Eso es completamente falso. Los bolcheviques saben
tan bien como cualquiera que, en cierto sentido, "del lobo,
un pelo"; es decir, que en ciertas condiciones las reformas,
en general, y los compromisos y acuerdos, en particular, son necesarios
y útiles.
"Hacer la guerra -- dice Lenin
-- para derrocar a la burguesía internacional, una guerra
cien veces más difícil, prolongada y compleja que
la más encarnizada de las guerras corrientes entre Estados,
y renunciar de antemano a toda maniobra, a explotar los antagonismos
de intereses
pág. 96
(aunque sólo sean temporales)
que dividen a nuestros enemigos, renunciar a acuerdos y compromisos
con posibles aliados (aunque sean provisionales, inconsistentes,
vacilantes, condicionales), ¿no es, acaso, algo indeciblemente
ridículo? ¿No viene a ser eso como si, en la difícil
ascensión a una montaña inexplorada, en la que nadie
hubiera puesto la planta todavía, se renunciase de antemano
a hacer a veces zigzags, a desandar a veces lo andado, a abandonar
la dirección elegida al principio para probar otras direcciones?"
(v. t. XXV, pág. 210).
No se trata, evidentemente, de las reformas
o de los compromisos y acuerdos en si, sino del uso que se hace
de ellos.
Para el reformista, las reformas son
todo, y la labor revolucionaria cosa sin importancia, de la que
se puede hablar para echar tierra a los ojos. Por eso, con la
táctica reformista, bajo el Poder burgués, las reformas
se convierten inevitablemente en instrumento de consolidación
de este Poder, en instrumento de descomposición de la revolución.
Para el revolucionario, en cambio, lo
principal es la labor revolucionaria, y no las reformas; para
él, las reformas son un producto accesorio de la revolución.
Por eso, con la táctica revolucionaria, bajo el Poder burgués,
las reformas se convierten, naturalmente, en un instrumento para
descomponer este Poder, en un instrumento para vigorizar la revolución,
en un punto de apoyo para seguir desarrollando el movimiento revolucionario.
El revolucionario acepta las reformas
para utilizarlas como una ayuda para combinar la labor legal con
la clandestina, para aprovecharlas como una pantalla que permita
intensificar la labor clandestina de preparación revolucionaria
de las masas con vistas a derrocar a la burguesía.
En eso consiste la esencia de la utilización
revolucionaria de las reformas y los acuerdos en las condiciones
del imperialismo.
El reformista, por el contrario, acepta
las reformas para renunciar a toda labor clandestina, para minar
la preparación
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de las masas con vistas a la revolución
y echarse a dormir a la sombra de las reformas "otorgadas"
desde arriba.
En eso consiste la esencia de la táctica
reformista.
Así está planteada la
cuestión de las reformas y los acuerdos bajo el imperialismo.
Sin embargo, una vez derrocado el imperialismo,
bajo la dictadura del proletariado, la cosa cambia un tanto. En
ciertas condiciones, en cierta situación, el Poder proletario
puede verse obligado a apartarse temporalmente del camino de la
reconstrucción revolucionaria del orden de cosas existente,
para seguir el camino de su transformación gradual, "el
camino reformista", como dice Lenin en su conocido artículo
"Acerca de la significación del oro"[18], el
camino de los rodeos, el camino de las reformas y las concesiones
a las clases no proletarias, a fin de descomponer a estas clases,
dar una tregua a la revolución, acumular fuerzas y preparar
las condiciones para una nueva ofensiva. No se puede negar que,
en cierto sentido, este camino es un camino "reformista".
Ahora bien, hay que tener presente que aquí se da una particularidad
fundamental, y es que, en este caso, la reforma parte del Poder
proletario, lo consolida, le da la tregua necesaria y no está
llamada a descomponer a la revolución, sino a las clases
no proletarias.
En estas condiciones, las reformas se
convierten, como vemos, en su antítesis.
Si el Poder proletario puede llevar
a cabo esta política, es, exclusivamente, porque en el
periodo anterior la revolución ha sido lo suficientemente
amplia y ha avanzado, por tanto, lo bastante para tener a dónde
retirarse, sustituyendo la táctica de la of ensiva por
la del repliegue temporal, por la táctica de los movimientos
de flanco.
pág. 98
Así, pues, si antes, bajo el Poder burgués, las
reformas eran un producto accesorio de la revolución, ahora,
bajo la dictadura del proletariado, las reformas tienen por origen
las conquistas revolucionarias del proletariado, las reservas
acumuladas en manos del proletariado y compuestas por dichas conquistas.
"Sólo el marxismo -- dice
Lenin -- ha definido con exactitud y acierto la relación
entre las reformas y la revolución, si bien Marx tan sólo
pudo ver esta relación bajo un aspecto, a saber: en las
condiciones anteriores al primer triunfo más o menos sólido,
más o menos duradero del proletariado, aunque sea en un
solo país. En tales condiciones, la base de una relación
acertada era ésta: las reformas son un producto accesorio
de la lucha revolucionaria de clase del proletariado. . . Después
del triunfo del proletariado, aunque sólo sea en un país,
aparece algo nuevo en la relación entre las reformas y
la revolución. En principio, el problema sigue planteado
del mismo modo, pero en la forma se produce un cambio, que Marx,
personalmente, no pudo prever, pero que sólo puede ser
comprendido colocándose en el terreno de la filosofía
y de la política del marxismo. . . Después del triunfo,
ellas (es decir, las reformas. J. St.) (aunque en escala internacional
sigan siendo el mismo 'producto accesorio') constituyen, además,
para el país en que se ha triunfado, una tregua necesaria
y legitima en los casos en que es evidente que las fuerzas, después
de una tensión extrema, no bastan para llevar a cabo por
via revolucionaria tal o cual transición. El triunfo proporciona
tal 'reserva de fuerzas', que hay con qué mantenerse, tanto
desde el punto de vista material como del moral, aun en el caso
de una retirada forzosa" (v. t. XXVII, págs. 84-85).
Sigue
Parte Cinco: El Partido