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Viene de Estrategia y Táctica. En Esta Sección Parte Cinco: El Partido.

VIII
EL PARTIDO

En el período prerrevolucionario, en el periodo de desarrollo más o menos pacífico, cuando los partidos de la II Internacional eran la fuerza predominante en el movimiento obrero y

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las formas parlamentarias de lucha se consideraban las fundamentales, en esas condiciones, el Partido no tenía ni podía tener una importancia tan grande y tan decisiva como la que adquirió más tarde, en las condiciones de choques revolucionarios abiertos. Kautsky, defendiendo a la II Internacional contra los que la atacan, dice que los partidos de la II Internacional son instrumentos de paz, y no de guerra, y que precisamente por eso se mostraron impotentes para hacer nada serio durante la guerra, en el período de las acciones revolucionarias del proletariado. Y así es, en efecto. Pero ¿qué significa esto? Significa que los partidos de la II Internacional son inservibles para la lucha revolucionaria del proletariado, que no son partidos combativos del proletariado y que conduzcan a los obreros al Poder, sino máquinas electorales, apropiadas para las elecciones al parlamento y para la lucha parlamentaria. Ello, precisamente, explica que, durante el período de predominio de los oportunistas de la II Internacional, la organización política fundamental del proletariado no fuese el Partido, sino la minoría parlamentaria. Es sabido que en ese período el Partido era, en realidad, un apéndice de la minoría parlamentaria y un elemento puesto a su servicio. No creo que sea necesario demostrar que, en tales condiciones y con semejante partido al frente, no se podía ni hablar de preparar al proletariado para la revolución.

Pero las cosas cambiaron radicalmente al llegar el nuevo período. El nuevo período es el de los choques abiertos entre las clases, el período de las acciones revolucionarias del proletariado, el período de la revolución proletaria, el período de la preparación directa de las fuerzas para el derrocamiento del imperialismo y la conquista del Poder por el proletariado. Este período plantea ante el proletariado nuevas tareas: la reor ganización de toda la labor del Partido en un sentido nuevo,

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revolucionario, la educación de los obreros en el espíritu de la lucha revolucionaria por el Poder, la preparación y la concentración de reservas, la alianza con los proletarios de los países vecinos, el establecimiento de sólidos vínculos con el movimiento de liberación de las colonias y de los países dependientes, etc., etc. Creer que estas tareas nuevas pueden resolverse con las fuerzas de los viejos partidos socialdemócratas, educados bajo las condiciones pacíficas del parlamentarismo, equivale a condenarse a una desesperación sin remedio, a una derrota inevitable. Hacer frente a estas tareas con los viejos partidos a la cabeza, significa verse completamente desarmado. Huelga demostrar que el proletariado no podía resignarse a semejante situación.

De aquí la necesidad de un nuevo partido, de un partido combativo, de un partido revolucionario, lo bastante intrépido para conducir a los proletarios a la lucha por el Poder, lo bastante experto para orientarse en ]as condiciones complejas de la situación revolucionaria y lo bastante flexible para sortear todos y cada uno de los escollos que se interponen en el camino hacia sus fines.

Sin un partido así, no se puede ni pensar en el derrocamiento del imperialismo, en la conquista de la dictadura del proletariado.

Este nuevo partido es el Partido del leninismo.

¿Cuáles son las particularidades de este nuevo partido?

1) El Partido como destacamento de vanguardia de la clase obrera. El Partido tiene que ser, ante todo, el destacamento de vangua~dia de la clase obrera. El Partido tiene que incorporar a sus filas a todos los mejores elementos de la clase obrera, asimilar su experiencia, su espíritu revolucionario, su devoción infinita a la causa del proletariado. Ahora bien, para ser un verdadero destacamento de vanguardia, el Partido

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tiene que estar pertrechado con una teoría revolucionaria, con el conocimiento de las leyes del movimiento, con el conocimien to de las leyes de la revolución. De otra manera, no puede dirigir la lucha del proletariado, no puede llevar al proletariado tras de sí. El Partido no puede ser un verdadero partido si se limita simplemente a registrar lo que siente y piensa la masa de la clase obrera, si se arrastra a la zaga del movimiento espontáneo de ésta, si no sabe vencer la inercia y la indiferencia política del movimiento espontáneo, si no sabe situarse por encima de los intereses momentáneos del proletariado, si no sabe elevar a las masas hasta la comprensión de los intereses de clase del proletariado. El Partido tiene que marchar al frente de la clase obrera, tiene que ver más lejos que la clase obrera, tiene que conducir tras de sí al proletariado y no arrastrarse a la zaga del movimiento espontáneo. Los partidos de la II Internacional, que predican el "seguidismo", son vehículos de la política burguesa, que condena al proletariado al papel de instrumento de la burguesía. Sólo un partido que se sitúe en el punto de vista del destacamento de vanguardia del proletariado y sea capaz de elevar a las masas hasta la comprensión de los intereses de clase del proletariado, sólo un partido así es capaz de apartar a la clase obrera de la senda del tradeunionismo y hacer de ella una fuerza política independiente.

El Partido es el jefe político de la clase obrera.

He hablado más arriba de las dificultades de la lucha de la clase obrera, de la complejidad de las condiciones de la lucha, de ]a estrategia y de la táctica, de las reservas y de las maniobras, de la of ensiva y de la retirada. Estas condiciones son tan complejas, si no más, que las de la guerra. ¿Quién puede orientarse en estas condiciones?, ¿quién puede dar una orientación acertada a las masas de millones y millones de proletarios? Ningún ejército en guerra puede prescindir de un

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Estado Mayor experto, si no quiere verse condenado a la derrota. ¿Acaso no está claro que el proletariado tampoco puede, con mayor razón, prescindir de este Estado Mayor, si no quiere entregarse a merced de sus enemigos jurados? Pero ¿dónde encontrar ese Estado Mayor? Sólo el Partido revolucionario del proletariado puede ser ese Estado Mayor. Sin un partido revolucionario, la clase obrera es como un ejército sin Estado Mayor.

El Partido es el Estado Mayor de combate del proletariado.

Pero el Partido no puede ser tan sólo un destacamento de vanguardia, sino que tiene que ser, al mismo tiempo, un destacamento de la clase, una parte de la clase, íntimamente vinculada a ésta con todas las raíces de su existencia. La diferencia entre el destacamento de vanguardia y el resto dc la masa de la clase obrera, entre los afiliados al Partido y los sin-partido, no puede desaparecer mientras no desaparezcan las clases, mientras el proletariado vea engrosar sus filas con elementos procedentes de otras clases, mientras la clase obrera, en su conjunto, no pueda elevarse hasta el nivel del destacamento de vanguardia. Pero el Partido dejaría de ser el Partido si esta diferencia se convirtiera en divorcio, si el Partido se encerrara en sí mismo y se apartase de las masas sin-partido. El Partido no puede dirigir a la clase si no está ligado a las masas sin-partido, si no hay vínculos entre el Partido y las masas sin-partido, si estas masas no aceptan su dirección, si el Partido no goza de crédito moral y político entre las masas.

Hace poco se dio ingreso en nuestro Partido a doscientos mil obreros. Lo notable aquí es la circunstancia de que estos obreros, más bien que venir ellos mismos al Partido, han sido enviados a él por toda la masa de los sin-partido, que ha intervenido activamente en la admisión de los nuevos afiliados, que no eran admitidos sin su aprobación. Este hecho demuestra

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que las grandes masas de obreros sin-partido ven en nuestro Partido su partido, un partido entrañable y querido, en cuyo desarrollo y fortalecimiento se hallan profundamente interesados y a cuya dirección confían de buen grado su suerte. No creo que sea necesario demostrar que sin estos hilos morales imperceptibles que lo unen con las masas sin-partido, el Partido no habría podido llegar a ser la fuerza decisiva de su clase.

El Partido es parte inseparable de la clase obrera.

"Nosotros -- dice Lenin -- somos el Partido de la clase y, por ello, casi toda la clase (y en tiempo de guerra, en época de guerra civil, la clase entera) debe actuar bajo la dirección de nuestro Partido, debe tener con nuestro Partido la ligazón más estrecha posible; pero sería manilovismo y 'seguidismo' creer que casi toda la clase o la clase entera pueda algún día, bajo el capitalismo, elevarse hasta el punto de alcanzar el grado de conciencia y de actividad de su destacamento de vanguardia, de su partido socialdemócrata. Ningún socialdemócrata juicioso ha puesto nunca en duda que, bajo el capitalismo, ni aun la organización sindical (más rudimentaria, más asequible al grado de conciencia de las capas menos desarrolladas) esté en condiciones de englobar a toda o a casi toda la clase obrera. Olvidar la diferencia que existe entre el destacamento de vanguardia y toda la masa que gravita hacia él, olvidar el deber constante que tiene el destacamento de vanguardia de elevar a capas cada vez más amplias a su avanzado nivel, seria únicamente en gañarse a si mismo, cerrar los ojos ante la inmensidad de nuestras tareas, restringir nuestras tareas" (v. t. VI, págs. 205-206).

2) El Partido como destacamento organizado de la clase obrera. El Partido no es sólo el destacamento de vanguardia de la clase obrera. Si quiere dirigir realmente la lucha de su clase, tiene que ser, al mismo tiempo, un destacamento organizado de la misma. Las tareas del Partido en el capitalismo son extraordinariamente grandes y diversas. El Partido debe dirigir la lucha del proletariado en condiciones extraordinariamente difíciles del desarrollo interior y exterior; debe llevar al proletariado a la of ensiva cuando la situación exija la ofen siva, debe sustraer al proletariado de los golpes de un enemi-

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go fuerte cuando la situación exija la retirada; debe inculcar en las masas de millones y millones de obreros sin-partido e inorganizados el espíritu de disciplina y el método en la lucha, el espíritu de organización y la firmeza. Pero el Partido no puede cumplir estas tareas si él mismo no es la personificación de la disciplina y de la organización, si él mismo no es un destacamento organizado del proletariado. Sin estas condiciones, ni hablarse puede de que el Partido dirija verdaderamente a masas de millones y millones de proletarios.

El Partido es el destacamento organizado de la clase obrera.

La idea del Partido como un todo organizado está expresada en la conocida fórmula, expuesta por Lenin en el artículo primero de los Estatutos de nuestro Partido, donde se considera al Partido suma de sus organizaciones, y a sus miembros, afiliados a una de las organizaciones del Partido. Los mencheviques, que ya en 1903 rechazaban esta fórmula, proponían, en su lugar, el "sistema" de autoadhesión al Partido, el "sistema" de extender el "título" de afiíiado al Partido a cualquier "profesor" y a cualquier "estudiante", a cualquier "simpatizante" y a cualquier "huelguista" que apoyara al Partido de un modo u otro, aunque no formara ni desease formar parte de ninguna de sus organizaciones. No creo que sea necesario demostrar que este original "sistema", de haber arraigado en nuestro Partido, habría llevado inevitablemente a inundarlo de profesores y estudiantes y a su degeneración en una "entidad" vaga, amorfa, desorganizada, que se hubiera perdido en el mar de los "simpatizantes", habría borrado los ]ímites entre el Partido y la clase y malogrado la tarea del Partido de elevar a las masas inorganizadas al nivel del destacamento de vanguardia. Huelga decir que, con un "sistema" oportunista como ése, nuestro Partido no habría podido desempeñar el papel

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de núcleo organizador de la clase obrera en el curso de nuestra revolución.

"Desde el punto de vista del camarada Martov -- dice Lenin --, las fronteras del Partido quedan absolutamente indeterminadas, porque 'cualquier huelguista' puede 'declararse miembro del Partido'. ¿Cuál es el provecho de semejante vaguedad? La gran difusión del 'titulo'. Lo que tiene de nocivo consiste en que origina la idea desorganizadora de la confusión de la clase con el Partido" (v. t. VI, pág. 211).

Pero el Partido no es sólo la suma de sus organizaciones. El Partido es, al mismo tiempo, el sistema único de estas organizaciones, su fusión formal en un todo único, con organismos superiores e inferiores de dirección, con la subordinación de la minoría a la mayoría, con resoluciones prácticas, obligatorias para todos los miembros del Partido. Sin estas condiciones, el Partido no podría formar un todo único y organizado, ca paz de ejercer la dirección sistemática y organizada de la lucha de la clase obrera.

"Antes -- dice Lenin --, nuestro Partido no era un todo formalmente organizado, sino, simplemente, una suma de diversos grupos, razón por la cual no podia de ningún modo existir entre ellos más relación que la de la influencia ideológica. Ahora somos ya un partido organizado, y esto entraña la creación de una autoridad, la transformación del prestigio de las ideas en el prestigio de la autoridad, la sumisión de las instancias inferiores a las instancias superiores del Partido" (v. t. VI, pág. 291).

El principio de la subordinación de la minoría a la mayoría, el principio de la dirección de la labor del Partido por un organismo central suscita con frecuencia ataques de los elementos inestables, acusaciones de "burocratismo", de "formalismo", etc. No creo que sea necesario demostrar que la labor sistemática del Partido como un todo y la dirección de la lucha de la clase obrera no serían posibles sin la aplicación de estos principios. El leninismo en materia de organización es la apli-

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cación indefectible de estos principios. Lenin califica la lucha contra estos principios de "nihilismo ruso" y de "anarquismo señorial", digno de ser puesto en ridículo y repudiado.

He aquí lo que dice Lenin, en su libro Un peso adelante, a propósito de estos elementos inestables:

"Este anarquismo señorial es algo muy peculiar del nihilista ruso. La organización del Partido se le antoja una 'fábrica' monstruosa; la sumisión de la parte al todo y de la minoría a la mayoría le parece un 'avasallamiento'. . .; la división del trabajo bajo la dirección de un organismo central le hace proferir alaridos tragicómicos contra la transformación de los hombres en 'ruedas y tornillos'. . .; la sola mención de los estatutos de organización del Partido suscita en él un gesto de desprecio y la desdeñosa . . . observación de que se podria vivir sin estatutos".
"Está claro, me parece, que los clamores contra el famoso burocratismo no son más que un medio de encubrir el descontento por la composición de los organismos centrales, no son más que una hoja de parra. . . ¡Eres un burócrata, porque has sido designado por el Congreso sin mi voluntad y contra ella! ¡Eres un formalista, porque te apoyas en los acuerdos formales del Congreso, y no en mi consentimientol ¡Obras de un modo brutalmente mecánico, porque te remites a la mayoría 'mecánica' del Congreso del Partido y no prestas atención a mi deseo de ser cooptado! ¡Eres un autócrata, porque no quieres poner el poder en manos de la vieja tertulia de buenos compadres!"* (v. t. VI, págs. o y 287).

3) El Partido como forma superior de organización de clase del proletariado. El Partido es el destacamento organi zado de la clase obrera. Pero el Partido no es la única organi zación de la clase obrera. El proletariado cuenta con muchas otras organizaciones, sin las cuales no podría luchar con éxito contra el capital: sindicatos, cooperativas, organizaciones fa briles, fracciones parlamentarias, organizaciones femeninas


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* Se alude a la "tertulia" de Axelrod, Mártov, Potrésov y otros, que no se sometieron a los acuerdos del II Congreso y acusaban a Lenin de "burocratismo". J. St.
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sin-partido, prensa, organizaciones culturales y educativas, uniones de la juventud, organizaciones revolucionarias de combate (durante las acciones revolucionatias abiertas), Soviets de Diputados como forma de organización del Estado (si el proletariado se halla en el Poder), etc. La inmensa mayoría de estas organizaciones son organizaciones sin-partido, y sólo unas cuantas están directamente vinculadas al Partido o son ramificaciones suyas. En determinadas circunstancias, todas estas organizaciones son absolutamente necesarias para la clase obrera, pues sin ellas no sería posible consolidar las posiciones de clase del proletariado en los diversos terrenos de la lucha, ni sería posible templar al proletariado como la fuerza llamada a sustituir el orden de cosas burgués por el orden de cosas socialista. Pero ¿cómo llevar a cabo la dirección única, con tal abundancia de organizaciones? ¿Qué garantía hay de que esta multiplicidad de organizaciones no lleve a incoherencias en la dirección? Cada una de estas organizaciones, pueden decirnos, actúa en su propia órbita y por ello no pueden entorpecerse las unas a las otras. Esto, naturalmente, es cierto. Pero también lo es que todas estas organizaciones tienen que desplegar su actividad en una misma dirección, pues sirven a una sola clase, a la clase de los proletarios. ¿Quién -- cabe preguntarse -- determina la línea, la orientación general que todas estas organizaciones deben seguir en su trabajo? ¿Dónde está la organización central que no sólo sea capaz, por tener la experiencia necesaria, de trazar dicha línea general, sino que, además, pueda, por tener el prestigio necesario para ello, mover a todas estas organizaciones a aplicar esa línea, con el fin de lograr la unidad en la dirección y excluir toda posibilidad de intermitencias?

Esta organización es el Partido del proletariado.

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El Partido posee todas las condiciones necesarias para ello: primero, porque el Partido es el punto de concentración de los mejores elementos de la clase obrera, directamente vinculados a las organizaciones sin-partido del proletariado y que con frecuencia las dirigen; segundo, porque el Partido, como punto de concentración de los mejores elementos de la clase obrera, es la mejor escuela de formación de jefes de la clase obrera, capaces de dirigir todas las formas de organización de su clase; tercero, porque el Partido, como la mejor escuela para la formación de jefes de la clase obrera, es, por su experiencia y su prestigio, la única organización capaz de centralizar la dirección de la lucha del proletariado, haciendo así de todas y cada una de las organizaciones sin-partido de la clase obrera organismos auxiliares y correas de transmisión que unen al Partido con la clase.

El Partido es la forma superior de organización de clase del proletariado.

Esto no quiere decir, naturalmente, que las organizaciones sin-partido, los sindicatos, las cooperativas, etc., deban estar formalmente subordinadas a la dirección del Partido. Lo que hace falta es, simplemente, que los miembros del Pattido que integran estas organizaciones, en las que gozan de indudable influencia, empleen todos los medios de persuasión para que las organizaciones sin-partido se acerquen en el curso de su trabajo al Partido del proletariado y acepten voluntariamente la dirección política de éste.

Por eso, Lenin dice que el Partido es "la forma superior de unión de clase de los proletarios", cuya dirección política debe extenderse a todas las demás formas de organización del proletariado (v. t. XXV, pág. 194).

Por eso, la teoría oportunista de la "independencia" y de la "neutralidad" de las organizaciones sin-partido, que produ-

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ce parlamentarios independientes y publicistas desligados del Partido, funcionarios sindicales de mentalidad estrecha y cooperativistas imbuidos de espíritu pequeñoburgués, es completamente incompatible con la teoría y la práctica del leninismo.

4) El Partido como instrumento de la dictadura del proletariado. El Partido es la forma superior de organización del proletariado. El Partido es el factor esencial de dirección en el seno de la clase de los proletarios y entre las organizaciones de esta clase. Pero de aquí no se desprende, ni mucho menos, que el Partido pueda ser considerado como un fin en sí, como una fuerza que se baste a sí misma. El Partido no sólo es la forma superior de unión de clase de los proletarios, sino que es, al mismo tiempo, un instrumento del proletariado para la conquista de su dictadura, cuando ésta no ha sido todavía conquistada, y para la consolidación y ampliación de la dictadura, cuando ya está conquistada. El Partido no podría elevar a tal altura su importancia, ni ser la fuerza rectora de todas las demás formas de organización del proletariado, si éste no tuviera planteado el problema del Poder, si las condiciones creadas por el imperialismo, la inevitabilidad de las guerras y la existencia de las crisis no exigieran la concentración de todas las fuerzas del proletariado en un solo lugar, la convergencia de todos los hilos del movimiento revolucionario en un solo punto, a fin de derrocar a la burguesía y conquistar la dictadura del proletariado. El proletariado necesita del Partido, ante todo, como Estado Mayor de combate, indispensable para la conquista victoriosa del Poder. No creo que sea necesario demostrar que, sin un partido capaz de reunir en torno suyo a las organizaciones de masas del proletariado y de centralizar, en el curso de la lucha, la dirección de todo el movimiento, el pro-

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letariado de Rusia no hubiera podido implantar su dictadura revolucionaria. Pero el proletariado no necesita del Partido solamente para conquistar la dictadura; aun le es más necesario para mantenerla, consolidarla y extenderla, para asegurar la victoria completa del socialismo.

"Seguramente -- dice Lenin --, hoy casi todo el mundo ve ya que los bolcheviques no se hubieran mantenido en el Poder, no digo dos años y medio, sino ni siquiera dos meses y medio, sin la disciplina rigurosísima, verdaderamente férrea, de nuestro Partido, sin el apoyo total e incondicional prestado a él por toda la masa de la clase obrera, es decir, por todo lo que ella tiene de consciente, honrado, abnegado, influyente y capaz de conducir tras de sí o de arrastrar a las capas atrasadas" (v. t. XXV, pág. 173).

Pero ¿qué significa "mantener" y "extender" la dictadura? Significa inculcar a las masas de millones y millones de proletarios el espíritu de disciplina y de organización; significa dar a las masas proletarias cohesión y proporcionarles un baluarte contra la influencia corrosiva del elemento pequeñoburgués y de los hábitos pequeñoburgueses; reforzar la labor de organización de los proletarios para reeducar y transformar a las capas pequeñoburguesas; ayudar a las masas proletarias a forjarse como fuerza capaz de destruir las clases y de preparar las condiciones para organizar la producción socialista. Pero todo esto sería imposible hacerlo sin un partido fuerte por su cohesión y su disciplina.

"La dictadura del proletariado -- dice Lenin -- es una lucha tenaz cruenta e incruenta, violenta y pacífica, militar y económica, pedagógica y administrativa, contra las fuerzas y las tradiciones de la vieja sociedad. La fuerza de la costumbre de millones y decenas de millones de hombres es la fuerza más terrible. Sin un partido férreo y templado en la lucha, sin un partido que goce de la confianza de todo lo que haya de honrado dentro de la clase, sin un partido que sepa pulsar el estado

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de espíritu de las masas e influir sobre él, es imposible llevar a cabo con éxito esta lucha" (v. t. XXV, pág. Igo).

El proletariado necesita del Partido para conquistar y mantener la dictadura. El Partido es un instrumento de la dictadura del proletariado.

Pero de esto se deduce que, con la desaparición de las clases, con la extinción de la dictadura del proletariado, deberá desaparecer también el Partido.

5) El Partido como unidad de voluntad incompatible con la existencia de fracciones. La conquista y el mantenimiento de la dictadura del proletariado son imposibles sin un partido fuerte por su cohesión y su disciplina férrea. Pero la disciplina férrea del Partido es inconcebible sin la unidad de voluntad, sin la unidad de acción, completa y absoluta, de todos los miembros del Partido. Esto no significa, naturalmente, que por ello quede excluida la posibilidad de una lucha de opiniones dentro del Partido. Al revés: la disciplina férrea no excluye, sino que presupone la crítica y la lucha de opiniones dentro del Partido. Tampoco significa esto, con mayor razón, que la disciplina debe ser "ciega". Al contrario, la disciplina férrea no excluye, sino que presupone la subordinación consciente y voluntaria, pues sólo una disciplina consciente puede ser una disciplina verdaderamente férrea. Pero, una vez terminada la lucha de opiniones, agotada la crítica y adoptado un acuerdo, la unidad de voluntad y la unidad de acción de todos los miembros del Partido es condición indispensable sin la cual no se concibe ni un Partido unido ni una disciplina férrea dentro del Partido.

"En la actual época de cruenta guerra civil -- dice Lenin --, el Partido Comunista sólo podrá cumplir con su deber si se halla organizado del modo más centralizado, si reina dentro de él una disciplina férrea, rayana en la disciplina militar, y si su organismo central es un

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organismo que goza de gran prestigio y autoridad, está investido de amplios poderes y cuenta con la confianza general de los afiliados al Partido" (v. t. XXV, págs. 282-283).

Así está planteada la cuestión de la disciplina del Partido en las condiciones de la lucha precedente a la conquista de la dictadura.

Otro tanto hay que decir, pero en grado todavía mayor, respecto a la disciplina del Partido después de la conquista de la dictadura.

"El que debilita, por poco que sea -- dice Lenin --, la disciplina férrea del Partido del proletariado (sobre todo en la época de su dictadura), ayuda de hecho a la burguesía contra el proletariado" (v. t. XXV. pág. 190).

Pero de aquí se desprende que la existencia de fracciones es incompatible con la unidad del Partido y con su férrea disciplina. No creo que sea necesario demostrar que la existencia de fracciones lleva a la existencia de diversos organismos centrales y que la existencia de diversos organismos centrales significa la ausencia de un organismo central común en el Partido, el quebrantamiento de la unidad de voluntad, el debilitamiento y la descomposición de la disciplina, el debilitamiento y la descomposición de la dictadura. Naturalmente, los partidos de la II Internacional, que combaten la dictadura del proletariado y no quieren llevar a los proletarios a la conquista del Poder, pueden permitirse un liberalismo como la libertad de fracciones, porque no necesitan, en absoluto, una disciplina de hierro. Pero los partidos de la Internacional Comunista, que organizan su labor partiendo de las tareas de conquistar y fortalecer la dictadura del proletariado, no pueden admitir ni el "liberalismo" ni la libertad de fracciones.

El Partido es la unidad de voluntad, que excluye todo fraccionalismo y toda división del poder dentro del Partido.

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De aquí, que Lenin hablara del "peligro del fraccionalismo para la unidad del Partido y para la realización de la unidad de voluntad de la vanguardia del proletariado, condición fundamental del éxito de la dictadura del proletariado". Esta idea fue fijada en la resolución especial del X Congreso de nuestro Partido "Sobre la unidad del Partido"[19].

De aquí, que Lenin exigiera "la supresión completa de todo fraccionalismo" y "la disolución inmediata de todos los grupos, sin excepción, formados sobre tal o cual plataforma", so pena de "expulsión incondicional e inmediata del Partido" (v. la resolución "Sobre la unidad del Partido").

6) El Partido se fortalece depurándose de los elementos oportunistas. El fraccionalismo dentro del Partido nace de sus elementos oportunistas. El proletariado no es una clase cerrada. A él afluyen continuamente elementos de origen campesino, pequeñoburgués e intelectual, proletarizados por el dcsarrollo del capitalismo. Al mismo tiempo, en la cúspide del proletariado, compuesta principalmente de funcionarios sindicales y parlamentarios cebados por la burguesía a expensas de los superbeneficios coloniales, se opera un proceso de descomposición. "Esa capa -- dice Lenin -- de obreros aburguesados o de 'aristocracia obrera', enteramente pequeñoburgueses por su género de vida, por sus emolumentos y por toda su concepción del mundo, es el principal apoyo de la II Internacional, y, hoy día, el principal apoyo social (no militar) de la burguesía. Porque son verdaderos agentes de la burguesía en el seno del movimiento obrero, lugartenientes obreros de la clase de los capitalistas. . . , verdaderos vehículos del reformismo y del chovinismo" (v. t. XIX, pág. 77).

Todos estos grupos pequeñoburgueses penetran de un modo o de otro en el Partido, llevando a éste el espíritu de vacilación y de oportunismo, el espíritu de desmoralización y de

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incertidumbre. Son ellos, principalmente, quienes constituyen la fuente del fraccionalismo y de la disgregación, la fuente de la desorganización y de la labor de destrucción del Partido desde dentro. Hacer la guerra al imperialismo teniendo en la retaguardia tales "aliados", es verse en la situación de gente que se halla entre dos fuegos, tiroteada por el frente y por la retaguardia. Por eso, la lucha implacable contra estos elementos, su expulsión del Partido es la condición previa para luchar con éxito contra el imperialismo.

La teoría de "vencer" a los elementos oportunistas mediante la lucha ideológica dentro del Partido, la teoría de "acabar" con estos elementos dentro del marco de un partido único es una teoría podrida y peligrosa, que amenaza con condenar al Partido a la parálisis y a una dolencia crónica, que amenaza con entregar el Partido a merced del oportunismo, que amenaza con dejar al proletariado sin Partido revolucionario, que amenaza con despojar al proletariado de su arma principal en la lucha contra el imperialismo. Nuestro Partido no hubiera podido salir a su anchuroso camino, no hubiera podido tomar el Poder y organizar la dictadura del proletariado, no hubiera podido salir victorioso de la guerra civil, si hubiese tenido en sus filas a los Mártov y a los Dan, a los Potrésov y a los Axelrod. Si nuestro Partido ha conseguido forjar dentro de sus filas una unidad interior y una cohesión nunca vistas, se debe, ante todo, a que supo librarse a tiempo de la escoria del oportunismo y arrojar del Partido a los liquidadores y a los mencheviques. Para desarrollar y fortalecer los partidos proletarios, hay que depurar sus filas de oportunistas y reformistas, de social-imperialistas y social-chovinistas, de social-patriotas y social-pacifistas.

El Partido se fortalece depurándose de los elementos oportunistas.

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"Teniendo en las propias filas a los reformistas, a los mencheviques -- dice Lenín --, no es posible triunfar en la revolución proletaria, no es posible defenderla. Esto es evidente desde el punto de vista de los principios. Esto lo confirman con toda claridad la experiencia de Rusia y la de Hungría. . . . En Rusia, hemos atravesado muchas veces por situaciones dificiles, en que el régimen soviético habría sido irremisiblemente derrotado si hubiesen quedado mencheviques, reformistas, demócratas pequeñoburgueses dentro de nuestro Partido . . . en Italia, don de, según la opinión general, las cosas marchan hacia batallas decisivas entre el proletariado y la burguesía por la conquista del Poder del Estado. En tales momentos, no sólo es absolutamente necesario expulsar del Partido a los mencheviques, a los reformistas, a los turatistas, sino que puede incluso resultar útil apartar de todos los puestos de responsabilidad a quienes, siendo excelentes comunistas, sean susceptibles de vacilaciones y manifiesten inclinación hacia la 'unidad' con los reformistas. . . En vísperas de la revolución y en los momentos de la lucha más encarnizada por su triunfo, la más leve vacilación dentro del Partido puede echarlo todo a perder, hacer fracasar la revolución, arrancar el Poder de manos del proletariado, porque este Poder no está todavía consolidado, porque las arremetidas contra él son todavía demasiado fuertes. Si, en tal momento, los dirigentes vacilantes se apartan, eso no debilita al Partido, sino que fortalece al Partido, al movimiento obrero, a la revolución" (v. t. XXV, págs. 462, 463 y 464).

IX
EL ESTILO EN EL TRABAJO

No se trata del estilo literario. Me refiero al estilo en el trabajo, a lo específico y peculiar que hay en la labor práctica del leninismo y que crea el tipo especial del militante leninista. El leninismo es una escuela teórica y práctica, que moldea un tipo especial de dirigente del Partido y del Estado, que crea un estilo especial de trabajo, el estilo leninista.

¿Cuáles son los rasgos característicos de este estilo? ¿Cuáles son sus particularidades?

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Estas particularidades son dos:

a) el ímpetu revolucionario ruso y

b) el sentido práctico norteamericano.

El estilo leninista es la combinación de estas dos particularidades en la labor del Partido y del Estado.

El ímpetu revolucionario ruso es el antídoto contra la inercia, contra la rutina, contra el conservadurismo, contra el estancamiento mental, contra la sumisión servil a las tradiciones seculares. El ímpetu revolucionario ruso es la fuerza vivificadora que despierta el pensamiento, que impulsa, que rompe el pasado, que brinda una perspectiva. Sin este ímpetu, no es posible ningún movimiento progresivo.

Pero el ímpetu revolucionario ruso puede muy bien degenerar en vacuo manilovismo "revolucionario", si no se une al sentido práctico norteamericano en el trabajo. Ejemplos de este tipo de degeneración los hay sobrados. ¿Quién no conoce la enfermedad del arbitrismo "revolucionario" y de la planomanía "revo]ucionaria", cuyo origen es la fe puesta en la fuerza del decreto que puede arreglarlo y transformarlo todo? Un escritor ruso, I. Ehrenburg, dibuja en el cuento "El homcomper" ("El hombre comunista perfeccionado") un tipo de "bolchevique" atacado de esta enfermedad, que se ha propuesto trazar el esquema del hombre idealmente perfecto y. . . se "ahoga" en esta "labor". El cuento exagera mucho la nota, pero es indudable que pinta la cnfermedad con acierto. Sin embargo, yo creo que nadie se ha burlado de esos enfermos con tanta saña y de un modo tan implacable como Lenin. "Presunción comunista": así calificaba Lenin esa fe enfermiza en el arbitrismo y en la decretomanía.

"La presunción comunista -- dice Lenin -- significa que una persona que está en el Partido Comunista y no ha sido todavía expulsada de

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él por la depuración, cree que puede resolver todos los problemas a fuerza de decretos comunistas" (v. t. XXVII, págs. 50-51).

Lenin solía oponer a la verborrea "revolucionaria" el trabajo sencillo, cotidiano, subrayando con ello que el arbitrismo "revolucionario" es contrario al espíritu y a la letra del auténtico leninismo.

"Menos frases pomposas -- dice Lenin -- y más trabajo sencillo, cotidiano. . ."
"Menos estrépito político y mayor atención a los hechos más sencillos, pero vivos . . . de la edificación comunista. . ." (v. t. XXIV, págs. 343 y 335).

El sentido práctico norteamericano es, por el contrario, un antídoto contra el manilovismo "revolucionario" y contra las fantasías del arbitrismo. El sentido práctico norteamericano es una fuerza indomable, que no conoce ni admite barreras, que destruye con su tenacidad práctica toda clase de obstáculos y que siempre lleva a término lo empezado, por mínimo que sea; es una fuerza sin la cual no puede concebirse una labor constructiva seria.

Pero el sentido práctico norteamericano puede muy bien degenerar en un utilitarismo mezquino y sin principios, si no va asociado al ímpetu revolucionario ruso. ¿Quién no conoce la enfermedad del practicismo mezquino y del utilitarismo sin principios, que suele llevar a algunos "bolcheviques" a la degeneración y al abandono de la causa de la revolución? Esta enfermedad peculiar ha encontrado su reflejo en el relato de B. Pilniak "El año desnudo", en el que se pinta a tipos de "bolcheviques" rusos llenos de voluntad y de decisión práctica, que "funcionan" muy "enérgicamente", pero que carecen de perspectiva, que no saben "el porqué de las cosas" y, debido a ello, se desvían del camino del trabajo revolucionario. Nadie se ha burlado con tanta saña como Lenin de esta enfermedad

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del mezquino utilitarismo. "Practicismo cretino", "utilitarismo estúpido": así calificaba Lenin esta enfermedad. Lenin solía oponer a esto la labor revolucionaria viva y la necesidad de una perspectiva revolucionaria en toda nuestra labor cotidiana, subrayando con ello que el utilitarismo mezquino y sin principios es tan contrario al auténtico leninismo como el arbitrismo "revolucionario".

La unión del ímpetu revolucionario ruso al sentido práctico norteamericano: tal es la esencia del leninismo en el trabajo del Partido y del aparato del Estado.

Sólo esta unión nos da el tipo acabado del militante leninista y el estilo del leninismo en el trabajo.

J. V. Stalin, Obras, t. VI.

pág. 965

NOTAS


[1] Las conferencias de J. V. Stalin Los fundementos del leninismo fueron publicadas en Pravda en abril y mayo de 1924. En mayo de 1924 apareció el folleto de J. V. Stalin Acerca de Lenin y el leninismo, en el que figuraban su discurso titulado Lenin y las conferencias Los fundamentos del leninismo. El trabajo de J. V. Stalin Los fundamentos del leninismo figura en todas las ediciones de su libro Cuestiones del leninismo. [pág. 1]

[2] Véase C. Marx y F. Engels, Obras Completas, t. IV. [pág. 10]

[3] Se alude a las palabras de C. Marx en su carta a F. Engels del 16 de abril de 1856. [pág. 15]

[4] Se alude al artículo de F. Engels Los bakuninistas en acción. [pág. 16]

[5] V. I. Lenin, La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo. [pág. 17]

[6] V. I. Lenin, ¿Quiénes son los "amigos del pueblo" y cómo luchan contra los socialdemócratas? [pág. 17]

[7] El Congreso de Basilea de la II Internacional se celebró el 24 y el 25 de noviembre de 1912. Fue convocado con motivo de la guerra de los Balcanes y el peligro inminente de guerra mundial. El Congreso discutió una sola cuestión: la situación internacional y las acciones conjuntas contra la guerra. El manifiesto aprobado por el Congreso llamaba a los obreros a utilizar la organización y la fuerza del proletariado para la lucha revolucionaria contra el peligro de guerra e invitaba a declarar la "guerra a la guerra". [pág. 17]

[8] Véase Postfacio a la segunda edición, El Capital de C. Marx, t. I. [pág. 19]

[9] Véase C. Marx y F. Engels, Obras Completas, t. XXI. [pág. 22]

[10] Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. XIV. [pág. 22]

[11] C. Marx, Tesis sobre Feuerbach, Obras Completas, t. III. [pág. 24]

[12] V. I. Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo, Obras Completas, t. XXII. [pág. 25]

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[13] J. V. Stalin se refiere a los artículos de V. I. Lenin, escritos en 1905, La socialdemocracia y el gobierno provisional revolucionario -- del que cita un extracto --, La dictadura democrática revolucionaria del proletariado y el campesinado y Sobre el gobierno provisional revolucionario. (Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. VIII.) [pág. 32]

[14] C. Marx y F. Engels, Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas, Obras Completas, t. VII. [pág. 35]

[15] Véase C. Marx y F. Engels, Correspondencias. [pág. 46]

[16] Véase C. Marx y F. Engels, Obras Completas, t. XXII. [pág. 63]

[17] La Unión de Cooperativas Agrícolas de toda Rusia existió desde agosto de 1921 hasta junio de 1929. [pág. 65]

[18] Véase el trabajo de V. I. Lenin Acerca de la significación del oro en la actualidad y después de la victoria completa del socialismo, Obras Completas, t. XXXIII. [pág. 97].

[19] La resolución "Sobre la unidad del Partido" fue escrita por V. I. Lenin y aprobada por el X Congreso del P.C.(b) de Rusia, celebrado del 8 al 16 de marzo de 1921, Obras Completas, t. XXXII y "El P.C.U.S. Resoluciones y acuerdos de los Congresos, Confcrencias y Plenos del C.C.", parte II. [pág. 113].

 

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