Viene
de Estrategia y Táctica. En Esta Sección Parte Cinco:
El Partido.
VIII
EL PARTIDO
En el período prerrevolucionario,
en el periodo de desarrollo más o menos pacífico,
cuando los partidos de la II Internacional eran la fuerza predominante
en el movimiento obrero y
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las formas parlamentarias de lucha se
consideraban las fundamentales, en esas condiciones, el Partido
no tenía ni podía tener una importancia tan grande
y tan decisiva como la que adquirió más tarde, en
las condiciones de choques revolucionarios abiertos. Kautsky,
defendiendo a la II Internacional contra los que la atacan, dice
que los partidos de la II Internacional son instrumentos de paz,
y no de guerra, y que precisamente por eso se mostraron impotentes
para hacer nada serio durante la guerra, en el período
de las acciones revolucionarias del proletariado. Y así
es, en efecto. Pero ¿qué significa esto? Significa
que los partidos de la II Internacional son inservibles para la
lucha revolucionaria del proletariado, que no son partidos combativos
del proletariado y que conduzcan a los obreros al Poder, sino
máquinas electorales, apropiadas para las elecciones al
parlamento y para la lucha parlamentaria. Ello, precisamente,
explica que, durante el período de predominio de los oportunistas
de la II Internacional, la organización política
fundamental del proletariado no fuese el Partido, sino la minoría
parlamentaria. Es sabido que en ese período el Partido
era, en realidad, un apéndice de la minoría parlamentaria
y un elemento puesto a su servicio. No creo que sea necesario
demostrar que, en tales condiciones y con semejante partido al
frente, no se podía ni hablar de preparar al proletariado
para la revolución.
Pero las cosas cambiaron radicalmente
al llegar el nuevo período. El nuevo período es
el de los choques abiertos entre las clases, el período
de las acciones revolucionarias del proletariado, el período
de la revolución proletaria, el período de la preparación
directa de las fuerzas para el derrocamiento del imperialismo
y la conquista del Poder por el proletariado. Este período
plantea ante el proletariado nuevas tareas: la reor ganización
de toda la labor del Partido en un sentido nuevo,
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revolucionario, la educación
de los obreros en el espíritu de la lucha revolucionaria
por el Poder, la preparación y la concentración
de reservas, la alianza con los proletarios de los países
vecinos, el establecimiento de sólidos vínculos
con el movimiento de liberación de las colonias y de los
países dependientes, etc., etc. Creer que estas tareas
nuevas pueden resolverse con las fuerzas de los viejos partidos
socialdemócratas, educados bajo las condiciones pacíficas
del parlamentarismo, equivale a condenarse a una desesperación
sin remedio, a una derrota inevitable. Hacer frente a estas tareas
con los viejos partidos a la cabeza, significa verse completamente
desarmado. Huelga demostrar que el proletariado no podía
resignarse a semejante situación.
De aquí la necesidad de un nuevo
partido, de un partido combativo, de un partido revolucionario,
lo bastante intrépido para conducir a los proletarios a
la lucha por el Poder, lo bastante experto para orientarse en
]as condiciones complejas de la situación revolucionaria
y lo bastante flexible para sortear todos y cada uno de los escollos
que se interponen en el camino hacia sus fines.
Sin un partido así, no se puede
ni pensar en el derrocamiento del imperialismo, en la conquista
de la dictadura del proletariado.
Este nuevo partido es el Partido del
leninismo.
¿Cuáles son las particularidades
de este nuevo partido?
1) El Partido como destacamento de vanguardia
de la clase obrera. El Partido tiene que ser, ante todo, el destacamento
de vangua~dia de la clase obrera. El Partido tiene que incorporar
a sus filas a todos los mejores elementos de la clase obrera,
asimilar su experiencia, su espíritu revolucionario, su
devoción infinita a la causa del proletariado. Ahora bien,
para ser un verdadero destacamento de vanguardia, el Partido
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tiene que estar pertrechado con una
teoría revolucionaria, con el conocimiento de las leyes
del movimiento, con el conocimien to de las leyes de la revolución.
De otra manera, no puede dirigir la lucha del proletariado, no
puede llevar al proletariado tras de sí. El Partido no
puede ser un verdadero partido si se limita simplemente a registrar
lo que siente y piensa la masa de la clase obrera, si se arrastra
a la zaga del movimiento espontáneo de ésta, si
no sabe vencer la inercia y la indiferencia política del
movimiento espontáneo, si no sabe situarse por encima de
los intereses momentáneos del proletariado, si no sabe
elevar a las masas hasta la comprensión de los intereses
de clase del proletariado. El Partido tiene que marchar al frente
de la clase obrera, tiene que ver más lejos que la clase
obrera, tiene que conducir tras de sí al proletariado y
no arrastrarse a la zaga del movimiento espontáneo. Los
partidos de la II Internacional, que predican el "seguidismo",
son vehículos de la política burguesa, que condena
al proletariado al papel de instrumento de la burguesía.
Sólo un partido que se sitúe en el punto de vista
del destacamento de vanguardia del proletariado y sea capaz de
elevar a las masas hasta la comprensión de los intereses
de clase del proletariado, sólo un partido así es
capaz de apartar a la clase obrera de la senda del tradeunionismo
y hacer de ella una fuerza política independiente.
El Partido es el jefe político
de la clase obrera.
He hablado más arriba de las
dificultades de la lucha de la clase obrera, de la complejidad
de las condiciones de la lucha, de ]a estrategia y de la táctica,
de las reservas y de las maniobras, de la of ensiva y de la retirada.
Estas condiciones son tan complejas, si no más, que las
de la guerra. ¿Quién puede orientarse en estas condiciones?,
¿quién puede dar una orientación acertada
a las masas de millones y millones de proletarios? Ningún
ejército en guerra puede prescindir de un
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Estado Mayor experto, si no quiere verse
condenado a la derrota. ¿Acaso no está claro que
el proletariado tampoco puede, con mayor razón, prescindir
de este Estado Mayor, si no quiere entregarse a merced de sus
enemigos jurados? Pero ¿dónde encontrar ese Estado
Mayor? Sólo el Partido revolucionario del proletariado
puede ser ese Estado Mayor. Sin un partido revolucionario, la
clase obrera es como un ejército sin Estado Mayor.
El Partido es el Estado Mayor de combate
del proletariado.
Pero el Partido no puede ser tan sólo
un destacamento de vanguardia, sino que tiene que ser, al mismo
tiempo, un destacamento de la clase, una parte de la clase, íntimamente
vinculada a ésta con todas las raíces de su existencia.
La diferencia entre el destacamento de vanguardia y el resto dc
la masa de la clase obrera, entre los afiliados al Partido y los
sin-partido, no puede desaparecer mientras no desaparezcan las
clases, mientras el proletariado vea engrosar sus filas con elementos
procedentes de otras clases, mientras la clase obrera, en su conjunto,
no pueda elevarse hasta el nivel del destacamento de vanguardia.
Pero el Partido dejaría de ser el Partido si esta diferencia
se convirtiera en divorcio, si el Partido se encerrara en sí
mismo y se apartase de las masas sin-partido. El Partido no puede
dirigir a la clase si no está ligado a las masas sin-partido,
si no hay vínculos entre el Partido y las masas sin-partido,
si estas masas no aceptan su dirección, si el Partido no
goza de crédito moral y político entre las masas.
Hace poco se dio ingreso en nuestro
Partido a doscientos mil obreros. Lo notable aquí es la
circunstancia de que estos obreros, más bien que venir
ellos mismos al Partido, han sido enviados a él por toda
la masa de los sin-partido, que ha intervenido activamente en
la admisión de los nuevos afiliados, que no eran admitidos
sin su aprobación. Este hecho demuestra
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que las grandes masas de obreros sin-partido
ven en nuestro Partido su partido, un partido entrañable
y querido, en cuyo desarrollo y fortalecimiento se hallan profundamente
interesados y a cuya dirección confían de buen grado
su suerte. No creo que sea necesario demostrar que sin estos hilos
morales imperceptibles que lo unen con las masas sin-partido,
el Partido no habría podido llegar a ser la fuerza decisiva
de su clase.
El Partido es parte inseparable de la
clase obrera.
"Nosotros -- dice Lenin -- somos
el Partido de la clase y, por ello, casi toda la clase (y en tiempo
de guerra, en época de guerra civil, la clase entera) debe
actuar bajo la dirección de nuestro Partido, debe tener
con nuestro Partido la ligazón más estrecha posible;
pero sería manilovismo y 'seguidismo' creer que casi toda
la clase o la clase entera pueda algún día, bajo
el capitalismo, elevarse hasta el punto de alcanzar el grado de
conciencia y de actividad de su destacamento de vanguardia, de
su partido socialdemócrata. Ningún socialdemócrata
juicioso ha puesto nunca en duda que, bajo el capitalismo, ni
aun la organización sindical (más rudimentaria,
más asequible al grado de conciencia de las capas menos
desarrolladas) esté en condiciones de englobar a toda o
a casi toda la clase obrera. Olvidar la diferencia que existe
entre el destacamento de vanguardia y toda la masa que gravita
hacia él, olvidar el deber constante que tiene el destacamento
de vanguardia de elevar a capas cada vez más amplias a
su avanzado nivel, seria únicamente en gañarse a
si mismo, cerrar los ojos ante la inmensidad de nuestras tareas,
restringir nuestras tareas" (v. t. VI, págs. 205-206).
2) El Partido como destacamento organizado
de la clase obrera. El Partido no es sólo el destacamento
de vanguardia de la clase obrera. Si quiere dirigir realmente
la lucha de su clase, tiene que ser, al mismo tiempo, un destacamento
organizado de la misma. Las tareas del Partido en el capitalismo
son extraordinariamente grandes y diversas. El Partido debe dirigir
la lucha del proletariado en condiciones extraordinariamente difíciles
del desarrollo interior y exterior; debe llevar al proletariado
a la of ensiva cuando la situación exija la ofen siva,
debe sustraer al proletariado de los golpes de un enemi-
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go fuerte cuando la situación
exija la retirada; debe inculcar en las masas de millones y millones
de obreros sin-partido e inorganizados el espíritu de disciplina
y el método en la lucha, el espíritu de organización
y la firmeza. Pero el Partido no puede cumplir estas tareas si
él mismo no es la personificación de la disciplina
y de la organización, si él mismo no es un destacamento
organizado del proletariado. Sin estas condiciones, ni hablarse
puede de que el Partido dirija verdaderamente a masas de millones
y millones de proletarios.
El Partido es el destacamento organizado
de la clase obrera.
La idea del Partido como un todo organizado
está expresada en la conocida fórmula, expuesta
por Lenin en el artículo primero de los Estatutos de nuestro
Partido, donde se considera al Partido suma de sus organizaciones,
y a sus miembros, afiliados a una de las organizaciones del Partido.
Los mencheviques, que ya en 1903 rechazaban esta fórmula,
proponían, en su lugar, el "sistema" de autoadhesión
al Partido, el "sistema" de extender el "título"
de afiíiado al Partido a cualquier "profesor"
y a cualquier "estudiante", a cualquier "simpatizante"
y a cualquier "huelguista" que apoyara al Partido de
un modo u otro, aunque no formara ni desease formar parte de ninguna
de sus organizaciones. No creo que sea necesario demostrar que
este original "sistema", de haber arraigado en nuestro
Partido, habría llevado inevitablemente a inundarlo de
profesores y estudiantes y a su degeneración en una "entidad"
vaga, amorfa, desorganizada, que se hubiera perdido en el mar
de los "simpatizantes", habría borrado los ]ímites
entre el Partido y la clase y malogrado la tarea del Partido de
elevar a las masas inorganizadas al nivel del destacamento de
vanguardia. Huelga decir que, con un "sistema" oportunista
como ése, nuestro Partido no habría podido desempeñar
el papel
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de núcleo organizador de la clase
obrera en el curso de nuestra revolución.
"Desde el punto de vista del camarada
Martov -- dice Lenin --, las fronteras del Partido quedan absolutamente
indeterminadas, porque 'cualquier huelguista' puede 'declararse
miembro del Partido'. ¿Cuál es el provecho de semejante
vaguedad? La gran difusión del 'titulo'. Lo que tiene de
nocivo consiste en que origina la idea desorganizadora de la confusión
de la clase con el Partido" (v. t. VI, pág. 211).
Pero el Partido no es sólo la
suma de sus organizaciones. El Partido es, al mismo tiempo, el
sistema único de estas organizaciones, su fusión
formal en un todo único, con organismos superiores e inferiores
de dirección, con la subordinación de la minoría
a la mayoría, con resoluciones prácticas, obligatorias
para todos los miembros del Partido. Sin estas condiciones, el
Partido no podría formar un todo único y organizado,
ca paz de ejercer la dirección sistemática y organizada
de la lucha de la clase obrera.
"Antes -- dice Lenin --, nuestro
Partido no era un todo formalmente organizado, sino, simplemente,
una suma de diversos grupos, razón por la cual no podia
de ningún modo existir entre ellos más relación
que la de la influencia ideológica. Ahora somos ya un partido
organizado, y esto entraña la creación de una autoridad,
la transformación del prestigio de las ideas en el prestigio
de la autoridad, la sumisión de las instancias inferiores
a las instancias superiores del Partido" (v. t. VI, pág.
291).
El principio de la subordinación
de la minoría a la mayoría, el principio de la dirección
de la labor del Partido por un organismo central suscita con frecuencia
ataques de los elementos inestables, acusaciones de "burocratismo",
de "formalismo", etc. No creo que sea necesario demostrar
que la labor sistemática del Partido como un todo y la
dirección de la lucha de la clase obrera no serían
posibles sin la aplicación de estos principios. El leninismo
en materia de organización es la apli-
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cación indefectible de estos
principios. Lenin califica la lucha contra estos principios de
"nihilismo ruso" y de "anarquismo señorial",
digno de ser puesto en ridículo y repudiado.
He aquí lo que dice Lenin, en
su libro Un peso adelante, a propósito de estos elementos
inestables:
"Este anarquismo señorial
es algo muy peculiar del nihilista ruso. La organización
del Partido se le antoja una 'fábrica' monstruosa; la sumisión
de la parte al todo y de la minoría a la mayoría
le parece un 'avasallamiento'. . .; la división del trabajo
bajo la dirección de un organismo central le hace proferir
alaridos tragicómicos contra la transformación de
los hombres en 'ruedas y tornillos'. . .; la sola mención
de los estatutos de organización del Partido suscita en
él un gesto de desprecio y la desdeñosa . . . observación
de que se podria vivir sin estatutos".
"Está claro, me parece, que los clamores contra el
famoso burocratismo no son más que un medio de encubrir
el descontento por la composición de los organismos centrales,
no son más que una hoja de parra. . . ¡Eres un burócrata,
porque has sido designado por el Congreso sin mi voluntad y contra
ella! ¡Eres un formalista, porque te apoyas en los acuerdos
formales del Congreso, y no en mi consentimientol ¡Obras
de un modo brutalmente mecánico, porque te remites a la
mayoría 'mecánica' del Congreso del Partido y no
prestas atención a mi deseo de ser cooptado! ¡Eres
un autócrata, porque no quieres poner el poder en manos
de la vieja tertulia de buenos compadres!"* (v. t. VI, págs.
o y 287).
3) El Partido como forma superior de
organización de clase del proletariado. El Partido es el
destacamento organi zado de la clase obrera. Pero el Partido no
es la única organi zación de la clase obrera. El
proletariado cuenta con muchas otras organizaciones, sin las cuales
no podría luchar con éxito contra el capital: sindicatos,
cooperativas, organizaciones fa briles, fracciones parlamentarias,
organizaciones femeninas
--------------------------------------------------------------------------------
* Se alude a la "tertulia" de Axelrod, Mártov,
Potrésov y otros, que no se sometieron a los acuerdos del
II Congreso y acusaban a Lenin de "burocratismo". J.
St.
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sin-partido, prensa, organizaciones
culturales y educativas, uniones de la juventud, organizaciones
revolucionarias de combate (durante las acciones revolucionatias
abiertas), Soviets de Diputados como forma de organización
del Estado (si el proletariado se halla en el Poder), etc. La
inmensa mayoría de estas organizaciones son organizaciones
sin-partido, y sólo unas cuantas están directamente
vinculadas al Partido o son ramificaciones suyas. En determinadas
circunstancias, todas estas organizaciones son absolutamente necesarias
para la clase obrera, pues sin ellas no sería posible consolidar
las posiciones de clase del proletariado en los diversos terrenos
de la lucha, ni sería posible templar al proletariado como
la fuerza llamada a sustituir el orden de cosas burgués
por el orden de cosas socialista. Pero ¿cómo llevar
a cabo la dirección única, con tal abundancia de
organizaciones? ¿Qué garantía hay de que
esta multiplicidad de organizaciones no lleve a incoherencias
en la dirección? Cada una de estas organizaciones, pueden
decirnos, actúa en su propia órbita y por ello no
pueden entorpecerse las unas a las otras. Esto, naturalmente,
es cierto. Pero también lo es que todas estas organizaciones
tienen que desplegar su actividad en una misma dirección,
pues sirven a una sola clase, a la clase de los proletarios. ¿Quién
-- cabe preguntarse -- determina la línea, la orientación
general que todas estas organizaciones deben seguir en su trabajo?
¿Dónde está la organización central
que no sólo sea capaz, por tener la experiencia necesaria,
de trazar dicha línea general, sino que, además,
pueda, por tener el prestigio necesario para ello, mover a todas
estas organizaciones a aplicar esa línea, con el fin de
lograr la unidad en la dirección y excluir toda posibilidad
de intermitencias?
Esta organización es el Partido
del proletariado.
pág. 108
El Partido posee todas las condiciones necesarias para ello: primero,
porque el Partido es el punto de concentración de los mejores
elementos de la clase obrera, directamente vinculados a las organizaciones
sin-partido del proletariado y que con frecuencia las dirigen;
segundo, porque el Partido, como punto de concentración
de los mejores elementos de la clase obrera, es la mejor escuela
de formación de jefes de la clase obrera, capaces de dirigir
todas las formas de organización de su clase; tercero,
porque el Partido, como la mejor escuela para la formación
de jefes de la clase obrera, es, por su experiencia y su prestigio,
la única organización capaz de centralizar la dirección
de la lucha del proletariado, haciendo así de todas y cada
una de las organizaciones sin-partido de la clase obrera organismos
auxiliares y correas de transmisión que unen al Partido
con la clase.
El Partido es la forma superior de organización
de clase del proletariado.
Esto no quiere decir, naturalmente,
que las organizaciones sin-partido, los sindicatos, las cooperativas,
etc., deban estar formalmente subordinadas a la dirección
del Partido. Lo que hace falta es, simplemente, que los miembros
del Pattido que integran estas organizaciones, en las que gozan
de indudable influencia, empleen todos los medios de persuasión
para que las organizaciones sin-partido se acerquen en el curso
de su trabajo al Partido del proletariado y acepten voluntariamente
la dirección política de éste.
Por eso, Lenin dice que el Partido es
"la forma superior de unión de clase de los proletarios",
cuya dirección política debe extenderse a todas
las demás formas de organización del proletariado
(v. t. XXV, pág. 194).
Por eso, la teoría oportunista
de la "independencia" y de la "neutralidad"
de las organizaciones sin-partido, que produ-
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ce parlamentarios independientes y publicistas
desligados del Partido, funcionarios sindicales de mentalidad
estrecha y cooperativistas imbuidos de espíritu pequeñoburgués,
es completamente incompatible con la teoría y la práctica
del leninismo.
4) El Partido como instrumento de la
dictadura del proletariado. El Partido es la forma superior de
organización del proletariado. El Partido es el factor
esencial de dirección en el seno de la clase de los proletarios
y entre las organizaciones de esta clase. Pero de aquí
no se desprende, ni mucho menos, que el Partido pueda ser considerado
como un fin en sí, como una fuerza que se baste a sí
misma. El Partido no sólo es la forma superior de unión
de clase de los proletarios, sino que es, al mismo tiempo, un
instrumento del proletariado para la conquista de su dictadura,
cuando ésta no ha sido todavía conquistada, y para
la consolidación y ampliación de la dictadura, cuando
ya está conquistada. El Partido no podría elevar
a tal altura su importancia, ni ser la fuerza rectora de todas
las demás formas de organización del proletariado,
si éste no tuviera planteado el problema del Poder, si
las condiciones creadas por el imperialismo, la inevitabilidad
de las guerras y la existencia de las crisis no exigieran la concentración
de todas las fuerzas del proletariado en un solo lugar, la convergencia
de todos los hilos del movimiento revolucionario en un solo punto,
a fin de derrocar a la burguesía y conquistar la dictadura
del proletariado. El proletariado necesita del Partido, ante todo,
como Estado Mayor de combate, indispensable para la conquista
victoriosa del Poder. No creo que sea necesario demostrar que,
sin un partido capaz de reunir en torno suyo a las organizaciones
de masas del proletariado y de centralizar, en el curso de la
lucha, la dirección de todo el movimiento, el pro-
pág. 110
letariado de Rusia no hubiera podido
implantar su dictadura revolucionaria. Pero el proletariado no
necesita del Partido solamente para conquistar la dictadura; aun
le es más necesario para mantenerla, consolidarla y extenderla,
para asegurar la victoria completa del socialismo.
"Seguramente -- dice Lenin --,
hoy casi todo el mundo ve ya que los bolcheviques no se hubieran
mantenido en el Poder, no digo dos años y medio, sino ni
siquiera dos meses y medio, sin la disciplina rigurosísima,
verdaderamente férrea, de nuestro Partido, sin el apoyo
total e incondicional prestado a él por toda la masa de
la clase obrera, es decir, por todo lo que ella tiene de consciente,
honrado, abnegado, influyente y capaz de conducir tras de sí
o de arrastrar a las capas atrasadas" (v. t. XXV, pág.
173).
Pero ¿qué significa "mantener"
y "extender" la dictadura? Significa inculcar a las
masas de millones y millones de proletarios el espíritu
de disciplina y de organización; significa dar a las masas
proletarias cohesión y proporcionarles un baluarte contra
la influencia corrosiva del elemento pequeñoburgués
y de los hábitos pequeñoburgueses; reforzar la labor
de organización de los proletarios para reeducar y transformar
a las capas pequeñoburguesas; ayudar a las masas proletarias
a forjarse como fuerza capaz de destruir las clases y de preparar
las condiciones para organizar la producción socialista.
Pero todo esto sería imposible hacerlo sin un partido fuerte
por su cohesión y su disciplina.
"La dictadura del proletariado
-- dice Lenin -- es una lucha tenaz cruenta e incruenta, violenta
y pacífica, militar y económica, pedagógica
y administrativa, contra las fuerzas y las tradiciones de la vieja
sociedad. La fuerza de la costumbre de millones y decenas de millones
de hombres es la fuerza más terrible. Sin un partido férreo
y templado en la lucha, sin un partido que goce de la confianza
de todo lo que haya de honrado dentro de la clase, sin un partido
que sepa pulsar el estado
pág. 111
de espíritu de las masas e influir
sobre él, es imposible llevar a cabo con éxito esta
lucha" (v. t. XXV, pág. Igo).
El proletariado necesita del Partido
para conquistar y mantener la dictadura. El Partido es un instrumento
de la dictadura del proletariado.
Pero de esto se deduce que, con la desaparición
de las clases, con la extinción de la dictadura del proletariado,
deberá desaparecer también el Partido.
5) El Partido como unidad de voluntad
incompatible con la existencia de fracciones. La conquista y el
mantenimiento de la dictadura del proletariado son imposibles
sin un partido fuerte por su cohesión y su disciplina férrea.
Pero la disciplina férrea del Partido es inconcebible sin
la unidad de voluntad, sin la unidad de acción, completa
y absoluta, de todos los miembros del Partido. Esto no significa,
naturalmente, que por ello quede excluida la posibilidad de una
lucha de opiniones dentro del Partido. Al revés: la disciplina
férrea no excluye, sino que presupone la crítica
y la lucha de opiniones dentro del Partido. Tampoco significa
esto, con mayor razón, que la disciplina debe ser "ciega".
Al contrario, la disciplina férrea no excluye, sino que
presupone la subordinación consciente y voluntaria, pues
sólo una disciplina consciente puede ser una disciplina
verdaderamente férrea. Pero, una vez terminada la lucha
de opiniones, agotada la crítica y adoptado un acuerdo,
la unidad de voluntad y la unidad de acción de todos los
miembros del Partido es condición indispensable sin la
cual no se concibe ni un Partido unido ni una disciplina férrea
dentro del Partido.
"En la actual época de cruenta
guerra civil -- dice Lenin --, el Partido Comunista sólo
podrá cumplir con su deber si se halla organizado del modo
más centralizado, si reina dentro de él una disciplina
férrea, rayana en la disciplina militar, y si su organismo
central es un
pág. 112
organismo que goza de gran prestigio
y autoridad, está investido de amplios poderes y cuenta
con la confianza general de los afiliados al Partido" (v.
t. XXV, págs. 282-283).
Así está planteada la
cuestión de la disciplina del Partido en las condiciones
de la lucha precedente a la conquista de la dictadura.
Otro tanto hay que decir, pero en grado
todavía mayor, respecto a la disciplina del Partido después
de la conquista de la dictadura.
"El que debilita, por poco que
sea -- dice Lenin --, la disciplina férrea del Partido
del proletariado (sobre todo en la época de su dictadura),
ayuda de hecho a la burguesía contra el proletariado"
(v. t. XXV. pág. 190).
Pero de aquí se desprende que
la existencia de fracciones es incompatible con la unidad del
Partido y con su férrea disciplina. No creo que sea necesario
demostrar que la existencia de fracciones lleva a la existencia
de diversos organismos centrales y que la existencia de diversos
organismos centrales significa la ausencia de un organismo central
común en el Partido, el quebrantamiento de la unidad de
voluntad, el debilitamiento y la descomposición de la disciplina,
el debilitamiento y la descomposición de la dictadura.
Naturalmente, los partidos de la II Internacional, que combaten
la dictadura del proletariado y no quieren llevar a los proletarios
a la conquista del Poder, pueden permitirse un liberalismo como
la libertad de fracciones, porque no necesitan, en absoluto, una
disciplina de hierro. Pero los partidos de la Internacional Comunista,
que organizan su labor partiendo de las tareas de conquistar y
fortalecer la dictadura del proletariado, no pueden admitir ni
el "liberalismo" ni la libertad de fracciones.
El Partido es la unidad de voluntad,
que excluye todo fraccionalismo y toda división del poder
dentro del Partido.
pág. 113
De aquí, que Lenin hablara del "peligro del fraccionalismo
para la unidad del Partido y para la realización de la
unidad de voluntad de la vanguardia del proletariado, condición
fundamental del éxito de la dictadura del proletariado".
Esta idea fue fijada en la resolución especial del X Congreso
de nuestro Partido "Sobre la unidad del Partido"[19].
De aquí, que Lenin exigiera "la
supresión completa de todo fraccionalismo" y "la
disolución inmediata de todos los grupos, sin excepción,
formados sobre tal o cual plataforma", so pena de "expulsión
incondicional e inmediata del Partido" (v. la resolución
"Sobre la unidad del Partido").
6) El Partido se fortalece depurándose
de los elementos oportunistas. El fraccionalismo dentro del Partido
nace de sus elementos oportunistas. El proletariado no es una
clase cerrada. A él afluyen continuamente elementos de
origen campesino, pequeñoburgués e intelectual,
proletarizados por el dcsarrollo del capitalismo. Al mismo tiempo,
en la cúspide del proletariado, compuesta principalmente
de funcionarios sindicales y parlamentarios cebados por la burguesía
a expensas de los superbeneficios coloniales, se opera un proceso
de descomposición. "Esa capa -- dice Lenin -- de obreros
aburguesados o de 'aristocracia obrera', enteramente pequeñoburgueses
por su género de vida, por sus emolumentos y por toda su
concepción del mundo, es el principal apoyo de la II Internacional,
y, hoy día, el principal apoyo social (no militar) de la
burguesía. Porque son verdaderos agentes de la burguesía
en el seno del movimiento obrero, lugartenientes obreros de la
clase de los capitalistas. . . , verdaderos vehículos del
reformismo y del chovinismo" (v. t. XIX, pág. 77).
Todos estos grupos pequeñoburgueses
penetran de un modo o de otro en el Partido, llevando a éste
el espíritu de vacilación y de oportunismo, el espíritu
de desmoralización y de
pág. 114
incertidumbre. Son ellos, principalmente,
quienes constituyen la fuente del fraccionalismo y de la disgregación,
la fuente de la desorganización y de la labor de destrucción
del Partido desde dentro. Hacer la guerra al imperialismo teniendo
en la retaguardia tales "aliados", es verse en la situación
de gente que se halla entre dos fuegos, tiroteada por el frente
y por la retaguardia. Por eso, la lucha implacable contra estos
elementos, su expulsión del Partido es la condición
previa para luchar con éxito contra el imperialismo.
La teoría de "vencer"
a los elementos oportunistas mediante la lucha ideológica
dentro del Partido, la teoría de "acabar" con
estos elementos dentro del marco de un partido único es
una teoría podrida y peligrosa, que amenaza con condenar
al Partido a la parálisis y a una dolencia crónica,
que amenaza con entregar el Partido a merced del oportunismo,
que amenaza con dejar al proletariado sin Partido revolucionario,
que amenaza con despojar al proletariado de su arma principal
en la lucha contra el imperialismo. Nuestro Partido no hubiera
podido salir a su anchuroso camino, no hubiera podido tomar el
Poder y organizar la dictadura del proletariado, no hubiera podido
salir victorioso de la guerra civil, si hubiese tenido en sus
filas a los Mártov y a los Dan, a los Potrésov y
a los Axelrod. Si nuestro Partido ha conseguido forjar dentro
de sus filas una unidad interior y una cohesión nunca vistas,
se debe, ante todo, a que supo librarse a tiempo de la escoria
del oportunismo y arrojar del Partido a los liquidadores y a los
mencheviques. Para desarrollar y fortalecer los partidos proletarios,
hay que depurar sus filas de oportunistas y reformistas, de social-imperialistas
y social-chovinistas, de social-patriotas y social-pacifistas.
El Partido se fortalece depurándose
de los elementos oportunistas.
pág. 115
"Teniendo en las propias filas a los reformistas, a los mencheviques
-- dice Lenín --, no es posible triunfar en la revolución
proletaria, no es posible defenderla. Esto es evidente desde el
punto de vista de los principios. Esto lo confirman con toda claridad
la experiencia de Rusia y la de Hungría. . . . En Rusia,
hemos atravesado muchas veces por situaciones dificiles, en que
el régimen soviético habría sido irremisiblemente
derrotado si hubiesen quedado mencheviques, reformistas, demócratas
pequeñoburgueses dentro de nuestro Partido . . . en Italia,
don de, según la opinión general, las cosas marchan
hacia batallas decisivas entre el proletariado y la burguesía
por la conquista del Poder del Estado. En tales momentos, no sólo
es absolutamente necesario expulsar del Partido a los mencheviques,
a los reformistas, a los turatistas, sino que puede incluso resultar
útil apartar de todos los puestos de responsabilidad a
quienes, siendo excelentes comunistas, sean susceptibles de vacilaciones
y manifiesten inclinación hacia la 'unidad' con los reformistas.
. . En vísperas de la revolución y en los momentos
de la lucha más encarnizada por su triunfo, la más
leve vacilación dentro del Partido puede echarlo todo a
perder, hacer fracasar la revolución, arrancar el Poder
de manos del proletariado, porque este Poder no está todavía
consolidado, porque las arremetidas contra él son todavía
demasiado fuertes. Si, en tal momento, los dirigentes vacilantes
se apartan, eso no debilita al Partido, sino que fortalece al
Partido, al movimiento obrero, a la revolución" (v.
t. XXV, págs. 462, 463 y 464).
IX
EL ESTILO EN EL TRABAJO
No se trata del estilo literario. Me
refiero al estilo en el trabajo, a lo específico y peculiar
que hay en la labor práctica del leninismo y que crea el
tipo especial del militante leninista. El leninismo es una escuela
teórica y práctica, que moldea un tipo especial
de dirigente del Partido y del Estado, que crea un estilo especial
de trabajo, el estilo leninista.
¿Cuáles son los rasgos
característicos de este estilo? ¿Cuáles son
sus particularidades?
pág. 116
Estas particularidades son dos:
a) el ímpetu revolucionario ruso
y
b) el sentido práctico norteamericano.
El estilo leninista es la combinación
de estas dos particularidades en la labor del Partido y del Estado.
El ímpetu revolucionario ruso
es el antídoto contra la inercia, contra la rutina, contra
el conservadurismo, contra el estancamiento mental, contra la
sumisión servil a las tradiciones seculares. El ímpetu
revolucionario ruso es la fuerza vivificadora que despierta el
pensamiento, que impulsa, que rompe el pasado, que brinda una
perspectiva. Sin este ímpetu, no es posible ningún
movimiento progresivo.
Pero el ímpetu revolucionario
ruso puede muy bien degenerar en vacuo manilovismo "revolucionario",
si no se une al sentido práctico norteamericano en el trabajo.
Ejemplos de este tipo de degeneración los hay sobrados.
¿Quién no conoce la enfermedad del arbitrismo "revolucionario"
y de la planomanía "revo]ucionaria", cuyo origen
es la fe puesta en la fuerza del decreto que puede arreglarlo
y transformarlo todo? Un escritor ruso, I. Ehrenburg, dibuja en
el cuento "El homcomper" ("El hombre comunista
perfeccionado") un tipo de "bolchevique" atacado
de esta enfermedad, que se ha propuesto trazar el esquema del
hombre idealmente perfecto y. . . se "ahoga" en esta
"labor". El cuento exagera mucho la nota, pero es indudable
que pinta la cnfermedad con acierto. Sin embargo, yo creo que
nadie se ha burlado de esos enfermos con tanta saña y de
un modo tan implacable como Lenin. "Presunción comunista":
así calificaba Lenin esa fe enfermiza en el arbitrismo
y en la decretomanía.
"La presunción comunista
-- dice Lenin -- significa que una persona que está en
el Partido Comunista y no ha sido todavía expulsada de
pág. 117
él por la depuración,
cree que puede resolver todos los problemas a fuerza de decretos
comunistas" (v. t. XXVII, págs. 50-51).
Lenin solía oponer a la verborrea
"revolucionaria" el trabajo sencillo, cotidiano, subrayando
con ello que el arbitrismo "revolucionario" es contrario
al espíritu y a la letra del auténtico leninismo.
"Menos frases pomposas -- dice
Lenin -- y más trabajo sencillo, cotidiano. . ."
"Menos estrépito político y mayor atención
a los hechos más sencillos, pero vivos . . . de la edificación
comunista. . ." (v. t. XXIV, págs. 343 y 335).
El sentido práctico norteamericano
es, por el contrario, un antídoto contra el manilovismo
"revolucionario" y contra las fantasías del arbitrismo.
El sentido práctico norteamericano es una fuerza indomable,
que no conoce ni admite barreras, que destruye con su tenacidad
práctica toda clase de obstáculos y que siempre
lleva a término lo empezado, por mínimo que sea;
es una fuerza sin la cual no puede concebirse una labor constructiva
seria.
Pero el sentido práctico norteamericano
puede muy bien degenerar en un utilitarismo mezquino y sin principios,
si no va asociado al ímpetu revolucionario ruso. ¿Quién
no conoce la enfermedad del practicismo mezquino y del utilitarismo
sin principios, que suele llevar a algunos "bolcheviques"
a la degeneración y al abandono de la causa de la revolución?
Esta enfermedad peculiar ha encontrado su reflejo en el relato
de B. Pilniak "El año desnudo", en el que se
pinta a tipos de "bolcheviques" rusos llenos de voluntad
y de decisión práctica, que "funcionan"
muy "enérgicamente", pero que carecen de perspectiva,
que no saben "el porqué de las cosas" y, debido
a ello, se desvían del camino del trabajo revolucionario.
Nadie se ha burlado con tanta saña como Lenin de esta enfermedad
pág. 118
del mezquino utilitarismo. "Practicismo
cretino", "utilitarismo estúpido": así
calificaba Lenin esta enfermedad. Lenin solía oponer a
esto la labor revolucionaria viva y la necesidad de una perspectiva
revolucionaria en toda nuestra labor cotidiana, subrayando con
ello que el utilitarismo mezquino y sin principios es tan contrario
al auténtico leninismo como el arbitrismo "revolucionario".
La unión del ímpetu revolucionario
ruso al sentido práctico norteamericano: tal es la esencia
del leninismo en el trabajo del Partido y del aparato del Estado.
Sólo esta unión nos da
el tipo acabado del militante leninista y el estilo del leninismo
en el trabajo.
J. V. Stalin, Obras, t. VI.
pág. 965
NOTAS
[1] Las conferencias de J. V. Stalin Los fundementos del leninismo
fueron publicadas en Pravda en abril y mayo de 1924. En mayo de
1924 apareció el folleto de J. V. Stalin Acerca de Lenin
y el leninismo, en el que figuraban su discurso titulado Lenin
y las conferencias Los fundamentos del leninismo. El trabajo de
J. V. Stalin Los fundamentos del leninismo figura en todas las
ediciones de su libro Cuestiones del leninismo. [pág. 1]
[2] Véase C. Marx y F. Engels,
Obras Completas, t. IV. [pág. 10]
[3] Se alude a las palabras de C. Marx
en su carta a F. Engels del 16 de abril de 1856. [pág.
15]
[4] Se alude al artículo de F.
Engels Los bakuninistas en acción. [pág. 16]
[5] V. I. Lenin, La enfermedad infantil
del "izquierdismo" en el comunismo. [pág. 17]
[6] V. I. Lenin, ¿Quiénes
son los "amigos del pueblo" y cómo luchan contra
los socialdemócratas? [pág. 17]
[7] El Congreso de Basilea de la II
Internacional se celebró el 24 y el 25 de noviembre de
1912. Fue convocado con motivo de la guerra de los Balcanes y
el peligro inminente de guerra mundial. El Congreso discutió
una sola cuestión: la situación internacional y
las acciones conjuntas contra la guerra. El manifiesto aprobado
por el Congreso llamaba a los obreros a utilizar la organización
y la fuerza del proletariado para la lucha revolucionaria contra
el peligro de guerra e invitaba a declarar la "guerra a la
guerra". [pág. 17]
[8] Véase Postfacio a la segunda
edición, El Capital de C. Marx, t. I. [pág. 19]
[9] Véase C. Marx y F. Engels,
Obras Completas, t. XXI. [pág. 22]
[10] Véase V. I. Lenin, Obras
Completas, t. XIV. [pág. 22]
[11] C. Marx, Tesis sobre Feuerbach,
Obras Completas, t. III. [pág. 24]
[12] V. I. Lenin, El imperialismo, fase
superior del capitalismo, Obras Completas, t. XXII. [pág.
25]
pág. 966
[13] J. V. Stalin se refiere a los artículos de V. I. Lenin,
escritos en 1905, La socialdemocracia y el gobierno provisional
revolucionario -- del que cita un extracto --, La dictadura democrática
revolucionaria del proletariado y el campesinado y Sobre el gobierno
provisional revolucionario. (Véase V. I. Lenin, Obras Completas,
t. VIII.) [pág. 32]
[14] C. Marx y F. Engels, Mensaje del
Comité Central a la Liga de los Comunistas, Obras Completas,
t. VII. [pág. 35]
[15] Véase C. Marx y F. Engels,
Correspondencias. [pág. 46]
[16] Véase C. Marx y F. Engels,
Obras Completas, t. XXII. [pág. 63]
[17] La Unión de Cooperativas
Agrícolas de toda Rusia existió desde agosto de
1921 hasta junio de 1929. [pág. 65]
[18] Véase el trabajo de V. I.
Lenin Acerca de la significación del oro en la actualidad
y después de la victoria completa del socialismo, Obras
Completas, t. XXXIII. [pág. 97].
[19] La resolución "Sobre
la unidad del Partido" fue escrita por V. I. Lenin y aprobada
por el X Congreso del P.C.(b) de Rusia, celebrado del 8 al 16
de marzo de 1921, Obras Completas, t. XXXII y "El P.C.U.S.
Resoluciones y acuerdos de los Congresos, Confcrencias y Plenos
del C.C.", parte II. [pág. 113].